¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Recomendación musical: コンプレックス・イマージュBy Ayane (Archive Lovers)
Notas:
Presente
[Pasado]
"Pensamientos"
[Teléfono/Mensajes/Cartas]
Narrador extra
Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna
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Acto I. La caída del telón.
Escena IV. Política siniestra (4).
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Abrió la puerta sin siquiera tocar, recibiendo algunos gritos sorprendidos junto a un puñado de sabanas cayendo en su rostro, descendiendo hasta transformarlo en un fantasma.
Inmediatamente, la sirvienta se disculpó con él, con reverencias seguidas y sus manos temblorosas, acercándose a Carsein para comenzar a retirar las sabanas con gran cuidado de no tocar innecesariamente al joven caballero. Las mejillas de la sirvienta estaban coloreadas en un rosa pálido por la vergüenza de semejante error.
Una vez que las sabanas vueltas una masa amorfa de tela en sus manos, volvió a disculparse, inclinando su cabeza con su frente pegada a la blanca sabana.
—Realmente, realmente lo lamento Sir Carsein. Estaba distraída.
Esperando pacientemente el castigo a sus atrevidos actos, mantuvo la mirada oculta, suprimiendo cualquier otro ruido que pudiera molestar al joven.
Por el contrario, él le dijo que podía levantar su cabeza, sonriendo divertido, desconcertó a la joven sirvienta. Ella acaba de humillarlo al arrojarle las sabanas de la cama, a menos que, esa sonrisa fuera una declaración para un severo castigo.
Dejo caer esta vez las sabanas por completo, arrodillándose y con las manos apoyadas en el suelo, bajo su frente hasta el nivel de este. Rogando por el perdón, prometiendo no cometer esta clase de errores nuevamente.
Confundido por el actuar de la sirvienta, se rasco la mejilla con el índice, pidiéndole que se pusiera de pie.
Ella negó firmemente, hasta que Carsein la perdono —incomodo—, repitiéndole nuevamente que se pusiera de pie. La joven sorbio su nariz, secando con el dorso de su mano las gotas salinas acumuladas en las esquinas de sus ojos.
Pasando por alto el extraño drama montado, busco con la mirada a una burlona peli blanca que estuviera disfrutando silenciosamente del espectáculo. No encontró su cabeza blanca como cebolla, bastante inusual, si el decorativo de la habitación hacia resaltar el nuevo color de su cabello.
La sirvienta se apartó del camino, permitiendo a Carsein acceder por completo al interior de la habitación y silenciosamente lo siguió con la mirada, mientras inspeccionaba por cada parte, buscando algo —o alguien— se detuvo delante del baño, parándose derecho y tocando tres veces a la puerta, sin respuesta aparente, ingreso con un quedo: Con permiso; e inmediatamente salió con el ceño considerablemente marcado, acompañado de una inusual confusión. Sin más lugar en el cual buscar, su atención se dirigió expresamente a la sirvienta parada cerca de la puerta de la habitación.
—¿Dónde está? —No había necesidad de mencionar su nombre, solo ella ocupaba esa habitación y ya era famosa entre la servidumbre con el altercado experimentado hace cuatro días.
Ella parpadeo, ladeando el rostro confundida por la pregunta, dejando que los pocos segundos de procesamiento hicieran los últimos arreglos para poner a trabajar su cerebro. Las mejillas de la joven se llenaron de un rojo intenso, disculpándose nuevamente al estar increíblemente distraída ese día.
A gran velocidad, explicó la joven: —Lady Grasper dejo la habitación veinte minutos antes de que vinieran por las maletas. Ehm… —Apretando el mandil por encima de su vestido, prosiguió — Ella menciono una visita a Lady Rua y el bebé, ya que… — La mirada azulina de Carsein comenzaba a quemarla por su intensidad. Solo era una común empleada en una gran casa noble, no escondía nada ni tampoco mentía. Trago saliva, escondiéndose en la seguridad de su flequillo.
—… No tuvo muchas oportunidades de convivir con Lady Rua.
Sin dudarlo se llevó ambas manos al pecho, mandando plegarias a Vita para que perdonara su vida, si es que había cometido algún tipo pecado o comió demasiados dulces al final del mes.
Por primera vez, en mucho tiempo, confirmaría sin miedo a equivocarse o escuchar las risas incrédulas de sus compañeras, que Sir Carsein realmente es hijo de la Duquesa.
—Hm. ¿De verdad?
—¿He? —Dijo ella, recomponiéndose al instante y asintiendo repetidamente hasta sentir la cabeza por los movimientos aleatorios a gran velocidad.
Con la confirmación dada por la sirvienta, Carsein apretó los dientes, dando un fuerte pisotón contra el suelo, ella iba a terminar sacándole canas y todo tenía que agradecerlo a su padre.
Conteniéndose en soltar exclamaciones vulgares o gritos en nombre de esa mujer, termino por despedirse de la sirvienta, deteniéndose en el marco de la puerta, preguntando, solo para confirmar el paradero exacto y evitar gastar más tiempo del que ya no disponían —alargando su condena personal—.
—Está en la habitación de Lady Rua.
—Entendido. Gracias, y… —Notó la pila de sábanas blancas, enrolladas en el suelo. —Disculpa por el susto.
Sus pasos veloces se escucharon por el pasillo, disminuyendo el sonido con cada centímetro agregado para crear distancia.
La joven sirvienta finalmente sintió un agradable soplo de alivio, apurándose en tomar las colchas ya no tan limpias del suelo y comenzar a doblarlas otra vez. Por suerte, hoy tocaba lavar blancos y entre ellos, las sabanas de la habitación de Lady Grasper.
Teniendo este pequeño tiempo para ella misma, su mente comenzó a divagar por las expresiones combinadas de desesperación e irritación del joven segundo hijo del Duque. Particularmente evitaba seguir la corriente de los chismes o rumores más recientes que se repartían por boca de todos o de nadie en particular, concentrándose exclusivamente en atender sus actividades del día sin ser reprendida por el ama de llaves, el mayordomo o alguna de sus compañeras.
Como, el cambio repentino en sus modales al convivir con la hija del Marqués la Monique; su rechazo a cualquier señorita noble durante las fiestas o bailes; el triángulo amoroso formado junto al hijo del Duque Verita; la prueba de su gran amor por Lady Aristia al protegerla y casi quedar ciego comprometiendo su futuro; y el romance secreto a espaldas del Emperador, a pesar de ser un tema recurrente entre la alta sociedad. Finalizando en una derrota aplastante por el propio Emperador que ama y es devoto a su única prometida Lady Aristia.
Admitiría que cada historia comenzaba a ser más jugosa que la anterior, material ideal de novelas románticas entre nobles con diferentes estatus, interesados en una misma mujer. Esta mujer debía ser increíblemente fascinante y perfecta, para que cada caballero amara una particularidad suya y al final toda su esencia.
Sin embargo, ella es una mera plebeya, ciudadana común y corriente del poderos Imperio de Castina, tales sueños seguían siendo solo eso, se consideraba una persona más tradicional, hasta cierto punto simple. No pide exactamente un príncipe o un galante caballero de armadura brillante, se limitaría a tener un marido trabajador y respetuoso con quien formaría su pequeña y feliz familia, envejecería al lado de su esposo hasta conocer a sus nietos y muriendo de vejez.
El plan perfecto.
Aunque…
Dejar su mente divagando con tal libertad, la llevo a un deseo secreto que ocultaba de todos, incluso de sus compañeras de trabajo. La simple idea le avergonzaba terriblemente.
¿Cómo tenía la desfachatez de considerarlo como una opción?
Suprimió un pequeño grito, palmeando las blancas sabanas dobladas en perfectos rectángulos apilados una sobre otra.
Tal vez, era mejor simplemente aceptarlo, que romperse inútilmente la cabeza creando excusas para ocultar la vergonzosa verdad.
Asintiendo para ella misma, tomo las sabanas, apretándola contra su pecho, giro su cuello en dirección a la puerta aun abierta de la habitación. Sus ojos de un café opaco brillaban con la cálida luz del sol entrando por las ventanas, el sonroso en sus mejillas crecía en intensidad y una sonrisa boba extendiéndose por sus labios, estirando sus mejillas.
—"Ojalá que Sir Carsein, pueda ser feliz al lado de Lady Grasper." —Girando el resto de su cuerpo, se encorvo en su lugar, ocultando su rostro rojo entre las telas. — "Hacen una linda pareja".
Rio entre dientes, enderezándose de un salto camino del otro lado de la habitación, arrojando las sabanas en la canasta de la ropa de cama. Las fundas ya estaban incluidas y volvería más tarde para colocar los nuevos cambios.
Apoyándose en sus piernas, bajo a la mitad su cintura, haciendo palanca para tomar la pesada canasta y que su espalda no terminara dislocada en el proceso.
—"Un príncipe de lavandería, eso sí serviría." —Con la carga en sus manos, se dispuso a salir de la habitación, resoplando en frustración al bajar de nuevo la canasta para cerrar.
Con el metálico clic del picaporte, volvió por su canasta de ropa, caminando en pequeños pasos, pidiendo por algo de ayuda mentalmente si encontraba a algún caballero por los alrededores. El trabajo manual es su especialidad y levantar cargas pesadas es un ejercicio práctico que le ha entregado algo de musculo a sus flacuchos brazos, pero, perderse la emotiva despedida de Lady Grasper y Sir Carsein con el Duque y la Duquesa. ¡Inconcebible!
—"Vamos Dorothea. ¡Es por Sir Carsein y Lady Grasper!" —Se animó con cada paso más largo que el anterior, tomando grandes bocanadas de aire. —"El momento en que su gran historia de amor, comenzara."
El corazón de la joven Dorothea cayo preso del romance presenciado —supuesto— del enternecedor momento entre Lady Grasper y Sir Carsein durante el almuerzo de cuatro días atrás, hecho con la intención de cuidar la salud de Lady Grasper al experimentar una terrible secuela por salvar al Marqués la Monique.
Sellando con broche de oro, cuando Lady Grasper compartió la sopa de su plato con Sir Carsein, correspondiendo a los sentimientos de preocupación mostrados por él.
Autentico y verdadero amor.
Incluso al hablarlo con su compañera ese día, recibió como respuesta: —Admito que fue tierno, pero con Lady Monique, el joven Carsein sonríe más.
Jamás en su vida había sentido tal agravio en su corazón, eligiendo dejar el tema por la paz, limitándose a sencillamente mirarlos y escuchar atentamente a los comentarios nada sutiles de sus compañeras.
Tristemente ninguna de ellas secundaba el emparejamiento de Sir Carsein y Lady Grasper.
Guardaría este secreto hasta su último aliento, llevándoselo directo a su tumba, nadie más, entendería la belleza y perfección en la pareja formada por el hijo menor del Duque y la niña bendita de Dios.
—"Me atrevería a decir, que opacan al mismo Emperador y Lady Monique"
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[Dos semanas y cuatro días antes]
Disminuyo el trato del caballo, hasta detenerse a medio camino, frente a uno de los guardias del terreno interior. El hombre hizo una reverencia, caminando tranquilamente hasta sujetar las riendas, explicando que el capataz necesitaba inspeccionar al animal, por un chuequeo rutinario.
Elevando una ceja, Carsein simplemente asintió, dejando que las riendas del animal quedaran en manos del otro, descendiendo de la silla de un salto, palmeo al caballo, despidiéndose con un simple movimiento de mano.
—Disculpe los inconveniente, Sir Carsein.
—No te fijes demasiado. Si el capataz lo necesita, lo necesita.
El caballero asintió, agradeciendo por las comprensivas palabras del segundo hijo del Duque, retirándose junto al caballo en dirección contraria.
Mantuvo su mirada sobre él, hasta que su figura disminuyo de tamaño, dando un giro en una esquina, dejando como único rastro el agitar de la cola del animal.
Bufando exhausto, empezó a caminar el resto de la distancia que le faltaba, tomándose su tiempo para digerir el resto de la animada conversación con Ruveliss.
Una conversación repleta de gran cantidad de información —desconocida—, incomodidad y un trato seco entre los dos, empeorando al tomar consciencia del peligro que Aristia podía sufrir y él tenía sus manos atadas gracias a su propia madre y las órdenes del Emperador.
Todo dependía de la resolución en la reunión de mañana junto a los guardias enviados por el mismo Emperador y los caballeros de la casa Monique.
Suspiro exhausto, sintiendo el gran vacío bajo sus pies, el pesar aplastando sus hombros y un sabor amargo estacionándose en su boca. Simplemente deseaba arrojar todo a un lado, las palabras de su madre, la supuesta promesa —orden— de Ruveliss y la demoniaca mujer dormitando tranquilamente en su casa; y verificar que Aristia estuviera bien e incluso el Marqués que tuvo una herida fatal —de muerte— recuperándose como si se trata de un resfriado o fiebre.
Era como si…
Todo girara entorno a la supuesta niña bendita de Dios, quien no posee nada, siendo una completa extraña y apoyada únicamente por la fe ciega de los plebeyos.
—Gano en astucia y sigilo contra el Duque Jena.
Las palabras de Ruveliss resonaron en eco dentro de su mente, logrando detenerlo a menos de diez metros para subir las escaleras respectivas a la puerta de entrada para la mansión.
Planteándose la pregunta, ¿Cómo supero al viejo?, ¿Qué hizo exactamente que nadie más noto?
Se llevo la mano bajo la barbilla, meditando concienzudamente estos dos cuestionamientos, teniendo como resultado los recuerdos de un día particular y bastante esperado para su familia. La visita de Lady Grasper para beber el té y comer, contando como una de las reuniones permitidas para conocer a las familias candidatas a adoptarla.
Incluso su padre, menciono, graciosamente, la salvación que sería para su casa la llegada de otra señorita dentro de la familia Rass, equilibrando la cantidad de hombres y mujeres con el apellido, agregando que finalmente él tendría una adorable hermana menor a la cual cuidar y no tener por qué continuar desempeñando ese rol con la hija de Keiran.
Fue absolutamente incomodo, imaginarse convivir junto a una mujer que provocaba expresiones de angustia en Aristia. ¿Su hermana menor o familia?
Antes muerto a aceptarla.
Lo interesante de estas visitas se encontraba en el otro acompañante de Lady Grasper, un caballero imperial, concedido por el mismo Emperador Mirkan, asegurándose de protegerla en todo momento y evitando presiones abruptas de las familias propuestas en ser elegidas. Y sin ser dicho claramente, cada que el caballero dejara a la niña bendita de Vita devuelta en los terrenos de la familia Monique, regresaría inmediatamente al palacio e informaría al Emperador de los eventos con el más mínimo de los detalles sin saltarse insignificancias.
Ese mismo caballero, tendría que haber estado con ella durante las visitas extra a la familia Jena, en el comienzo de los rumores sobre los planes de Lady Grasper en contender por el puesto de Emperatriz, a pesar de su rechazo inicial.
Lo que el caballero informara no pudo ser registrado, salvo, que tuviera a alguien escribiendo dicho informe, pero… esas serian demasiadas personas involucradas y no conseguirían mantenerlo en secreto con cierta neutralidad otorgada por la decisión final de Lady Grasper. Al menos, si no, había prueba del escrito en físico, tenía que existir un escrito del listado de las familias con los días de visita.
Chasqueo los dedos, al obtener la revelación: Su horario de actividades del día.
Una persona en entrenamiento para ocupar un puesto relacionado directamente al Imperio, debía ser un erudito —Allendis— o de mente flexible y ágil —Aristia—, pero, ella al no tener ese tipo de capacidades demostradas, requería de un rigurosos entrenamiento para compensar los años perdidos.
La siguiente pregunta aterrizaba en, ¿Cómo conseguir ese horario?
Si disponía de una diversidad de tutores, ninguno poseería el horario completo solo sus días asignados y el tiempo estimado, ella debió tener algún asistente presentado por el emperador, tal vez una sirviente personal siguiéndole muy de cerca el paso para cumplir en tiempo y forma con la agenda.
—Tengo que ir con Aristia.
—No. Tu no iras a ver a la hija del Marqués.
En el mismo instante que identifica esa voz con la autoridad de un general de guerra, enfoca su mirada a la mujer con un elegante vestido color vino, regresándole la mirada y apretando entre sus manos enguantada un abanico del mismo tono que su indumentaria.
Muerde el interior de su mejilla, molesto consigo mismo al hablar en voz alta, ignorando lo cerca que quedo de la casa y el taconeo de su madre al ir bajando cada escalón. Estaba demasiado distraído para prestar atención a un detalle importante como ese, ni siquiera en los entrenamientos se permitía ese tipo de errores de novato.
Trato de hacerse el desentendido, saludándola casualmente —tanto como le es posible — al regresar de su importante entrega para el Emperador, dejando los detalles para después.
Su madre no parece estar complacida, remarcando las arrugas del ceño y los estiramientos en sus labios, definitivamente esta furiosa y eso no es buena señal, instintivamente retrocede un solo paso atrás.
Nadie dirá que Carsein de Rass es un cobarde, sin embargo, retar directamente el temperamento de su madre, es una batalla a la cual prefiere razón con el dialogo. Se llama estrategia.
—Dejaste al cochero esperando. Y te llevaste uno de los caballos para revisión del capataz. —enumero. — ¿Planeas abandonar tus labores tan pronto como la hija del Marqués está involucrada?
—¿He?, n-no. ¡No!, Tia no tiene nada que ver, simplemente… —Desvió la mirada, ingeniando alguna excusa. Mordió su labio inferior, soltando lo primero que se le ocurrió —pensé en voz alta, es… mi amiga y no he ido a visitarla, es todo.
Cada pequeña palabra dicha se trataba de un cuchillo clavándose en su corazón, malditamente doloroso y reconocerlo plenamente lastimándolo en profundidad.
Su madre exhalo, asintiendo. Los temas del amor serian un campo de guerra por una larga temporada para él, si es que volviera a enamorarse sería un gran chiste para contar. Jamás podría volver a abrir su corazón de la misma manera que con Aristia, simplemente cedería al compromiso político antes de alcanzar una edad supuestamente inadecuada para contraer matrimonio.
Pocas personas —como sus padres o su hermano— conseguían casarse por amor. Una pena que él no siguiera la tradición familiar.
—Entremos. Necesitas cambiarte antes de la cena. —Carsein se limitó a asentir, caminando a un lado de su madre al subir las escaleras.
El cómodo silencio entre ellos, se rompió a penas un pie estuvo dentro de la mansión y la puerta se cerró a espaldas de Ernia. Con el abanico en su mano, tomo el extremo con la otra, llamando a su hijo antes de que subiera a su habitación.
—¿Sí?
—Mañana tu padre hablara contigo. También, quiero que tomes en cuenta tu visita y… lo que Ruveliss te dijera. —Detuvo a Carsein a medio sonido, señalándole silencio al levantar el abanico de forma vertical. — Lady Grasper es nuestra invitada y tienes el deber de protegerla hasta el día que abandone las tierras de la familia Rass.
—Lo entiendo. —Respondió forzadamente, rodando los ojos. La ceja alzada de Ernia señalaba que estaba en desacuerdo con su respuesta. Gruño por dentro, apretando los puños a cada lado, pasándose la mano por el flequillo — Mamá, hoy fue un día raro y… —Bufó. — Me has dejado las manos atadas, estoy tan enjaulado como ella.
—Es una pena escuchar que piensos ello de una digna labor. —Aunque la decepción era lo que sus palabras dictaban, era contrario al disgusto en su tono de voz. Ciertamente a ella tampoco le fascinaba la idea de mantener a su hijo conviviendo con una supuesta traidora.
Pero, de eso se trataba ser una familia afiliada al Emperador, la responsabilidad y madurar.
—Puede ser, solo lo hago por ti, "Y Aristia". Después de esto, me mantendré a un kilómetro lejos de esa mujer. —Señaló el pasillo que conectaba el hala donde hospedaban a su especial invitada.
Siguiendo la dirección del brazo de su hijo, Ernia asintió.
—Me parece justo. Sube a cambiarte, después de la cena empieza tu trabajo de vigilancia.
Con una breve despedida para reencontrarse en el comedor, Carsein empezó su recorrido a la comodidad de su propia habitación. Ernia lo miro por unos instantes, dejando caer sus hombros tensos, yendo a la última verificación en la habitación de Lady Grasper.
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A punto de arrancarse cada cabello desde la raíz hasta la punta del mismo, quedo de pie ante las puertas de la habitación de Kaysian y Rua, frenando su mano apenas rozando el material brillante y frio del pomo, volvió su mano un puño, eligiendo dar tres golpes seguidos con una considerable fuerza para que su resonar llegara perfectamente al interior.
El silencio que le siguió se volvió en una punzada en su cabeza, el dolor de cabeza que imaginaba aliviado, regresaba nuevamente y la causa ni siquiera tomaría la responsabilidad adecuada para disculparse.
Ninguno de los dos.
Ella burlándose de cuantas maneras ridículas se le pudieron ocurrir, actuando como una delicada dama al punto en que sus lágrimas falsas conmovían los corazones de las sirvientas, llegando tan lejos para que el cocinero se esforzara en comidas más suaves en ser digeridas y el jardinero enviara flores frescas para animarla. Su monótona habitación no tardo en llenarse de color y aromas diversos, desde rosas hasta girasoles, como pequeñas galletas espolvoreadas y caramelos contrabandeados por las mismas sirvientas.
Su padre tan considerado y estimando a la joven salvadora del Marqués, le aseguro que el crimen de la sirvienta contra su persona no quedaría impune. Agregando con una pésima sutileza—preguntándole directamente si disfruta de pasear al aire libre— un regalo especial para ella, considerado exclusivamente ante su delicada estado de salud por las constantes presiones desde su despertar. Salir de la capital imperial, por una corta temporada, dejando a su cuerpo recuperarse completamente con el aire fresco de las montañas, solo rodeada por la frondosidad de los árboles y arrullada por las sutiles sonidos del viento y la calidez del sol.
Era una excusa tan mala que su madre se pasó la mano por la cara, negando de un lado a otro.
Pero, Lady Grasper acepto encantada, comentando que en su anterior hogar no tuvo la oportunidad de viajar, agradeciendo cortésmente por tan generoso regalo del Duque.
En ese momento, su dolor de estómago casi logra doblarlo en su asiento. La dulzura y afectuosidad con que entonaba cada palabra, expresándolas en un rostro radiante y exagerando sus movimientos le recordaba a una niña pequeña feliz de conseguir cumplidos sus caprichos tras una insistencia consecutiva sin pausas ni descansos.
La cuestión que se planteó tras esa charla, zumbaba como un mosquito, ¿Quién exactamente es el dueño del capricho?
Ella por alejarse —no permanentemente de Castina— o su padre al asignarlo como el caballero escolta durante la estancia —de tiempo desconocido— en el campo.
Ambos se presentaban en su mente con la imagen total de un par de diablillos, con la sonrisa burlona y un par de cuernos triangulares puntiagudos encima de sus cabezas.
Volvió a golpear con mayor insistencia, escuchando pasos acercarse y la puerta siendo abierta finalmente por la sirvienta personal de Rua, inclinando respetuosamente su cabeza le deseo una buena tarde.
—¿En qué puedo ayudarle, Sir Carsein?
Se trago la respuesta sarcástica con un elevado tono de voz, asustando a los residentes dentro. Apretando con fuerza los puños a los lados, trato de mirar por encima de la sirvienta, teniendo solo una pequeña parte de la puerta abierta y ella delante como una fiel barrera.
Comenzaba a molestarla este síntoma de protección dedicado a Lady Grasper.
Su cuñada tenía el corazón digno de una princesa y una amabilidad inigualable, si esa muer se atrevía a herirla de alguna manera, lo pagaría muy caro.
Guardo el instinto protector familiar para más tarde, la sirvienta seguía tan neutral como una perfecta pared de mármol blanco, su nivel de dominio en expresión facial competiría reñidamente al de otros nobles.
—Lady Grasper. El coche nos está esperando.
Tenían un estúpido horario por cumplir y el límite extra designado por su madre se acercaba al peligroso final, sin consideraciones a excusas viables. Él mismo se levantó una hora antes de lo acostumbrado para cumplir con su entrenamiento matutino, pasando a verificar el coche que los transportaría, el mapa del área y que su equipaje estuviera bien equipado —su espada— en caso de un regreso inesperado o extender la prorroga en su descanso en el campo.
Tomo el desayuno un poco más tarde en el comedor y espero, encontrarse con ella, ya que, su madre también le dio un horario de preparativos antes del viaje. Sorprendentemente esfumo su presencia de cada esquina en la cual pudieran cruzarse más allá de una mera casualidad.
Primero desea no verla a menos que sea por un kilómetro de distancia y ahora, tiene que buscarla él mismo.
Su vida estaba plagándose lentamente de ironías. ¿Qué seguía?, ¿Atesorar a la hierba?
—Entiendo. Pase. —Se hizo a un lado, abriendo la puerta, extendió su brazo, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto. —Justo ahora beben algo de té.
Se detuvo a medio paso, mirando por encima de su hombro a la sirvienta que continuaba con la mirada gacha sin cerrar la puerta. Haciendo una rápida búsqueda en la propia habitación, la noto completamente sola, desprovista de dos mujeres y un bebé, en cambio, noto el movimiento de las cortinas rojas con un velo en un tono crema agitarse por la fuerza del viento del medio día.
Sin la necesidad de replantear la pregunta a la misma persona, camino a pasos seguros y veloces a la ventana que conectaba el acceso para el balcón.
Perfectamente espacioso para colocar una banca o una mesa con dos sillas y una cuna al lado, agregando una distancia considerable de la entrada a la recamara, dificultando escuchar a quien tocara para entrar, además, el sonido de espadas chocando sumaba interferencia acústica.
Apartando con su palma las cortinas y sujetando con sus dedos la tela para que esta no callera sobre su rostro, el amable rostro de Rua le saludo, bajando cuidadosamente su taza de té de regreso al platillo.
Alzando su mano en un rápido movimiento de su muñeca, movió sus ojos de la figura grácil de su cuñada, apreciando la mata de cabellos albino que le daba la espalda e intentaba girar sobre su torso para verle, en cambio volvió a colocarse con su atención puesta al frente justo a la barandilla de piedra, meciendo su cuerpo al mismo tiempo que un sonido peculiar brotaba de ella.
Rua suprimió una pequeña risa, indicándole que se acercara.
Hasta que noto la cuna vacía a la izquierda de su cuñada y el pequeño bulto de finas mantas rojas sostenido por Lady Grasper es que sus ojos casi se salen de las cuencas en su cara.
La indiferente mujer, capaz de pasar de una cálida sonrisa a la vacía expresión sin ningún remordimiento al dejar salir palabras crueles que serían confundidas como halagos o muestras de buena fe. Una mentirosa de profesión y una malvada por el simple placer de divertirse…
Cargaba con gran cuidado el frágil, pequeño y esponjado cuerpo de su sobrino Anwar. Su pequeña cabecita adornada en mechones finos de rojo claro se sostenía en uno de los brazos de Lady Grasper, el resto de su cuerpo descansaba perfectamente en los brazos rodeándolo como una canasta sin fondo, asegurándose de tenerlo pegado a su pecho.
Escucho el sonido de un: Shh…, en tonadas a una canción de cuna, no, una solicitud para que Anwar volviera a cerrar sus ojos y continuara con su siesta de la tarde.
Dejo escapar un resoplido aliviado de sus labios coloreados en rosa claro, sonriéndole al pequeño bebé de mejillas redondas.
En algún lugar, en lo más profundo de él, considero, tan solo por un insignificante instante, que ella parecía una madre, con cierto toque de nostalgia brillando en sus ojos.
Jieun paso delicadamente los dedos de su mano sobre la mejilla regordeta, dejando su índice hundirse en esta y creando un pequeño pocillo con el cual provoco el más adorable de los ceños fruncidos. Anwar movió su cabecita en dirección al objeto que molestaba su recién recuperado sueño, consiguiendo capturar el dedo con su pequeña mano e intentar meterlo a su boca, pero, antes de ver cumplida esa venganza, Jieun logro recuperar su dedo del firme agarre del pequeño, meciéndolo nuevamente hasta que su expresión se relajó y continúo durmiendo.
La molestia y frustración empezaban a chocar contra la confusión que le ocasionaba presenciar una nueva e inusual faceta de una mujer que vela solo por sí misma, capaz de colocarse en peligros absurdos como si estuviera jugando y sonriendo falsamente, ganándose los corazones de otros. Agito su cabeza, él no caería por este espectáculo, ella simplemente mentía para obtener una mínima de simpatía.
Usar al pequeño Anwar, es algo que una persona sin escrúpulos solo concebiría como ideal.
—¡Tienes un talento natural, Lady Grasper! — Aplaudió Rua sonriendo dulcemente que parecía brillar entre rayos dorados. Ella giro el rostro en dirección a Carsein, guiñándole un ojo, causando cierta incomodidad en el peli rojo, sin darle oportunidad de hablar, regreso a hablar con su invitada. —Siempre tengo dificultades en conseguir que Anwar duerma antes de comer. La niñera dice que puede deberse a una necesidad de apego conmigo. ¿Usted qué piensa?
—Ah… Bueno… —Mirando entre la dulce princesa y el caballero molesto, un suspiro desganado salió de sus labios, concentrándose en el pequeño infante durmiendo plácidamente, la extraña calidez que pensó extinguida hace varios años ya, se apodero de ella una vez que conoció al bebé de la Princesa de Rass. Una sonrisa triste se extendió por su boca. —Creo, es solo normal para un hijo buscar a su madre.
El recuerdo lejano de su primer vida, en que la noticia de su embarazo le llego como el mejor regalo del mundo, incomparable a cualquier otro objeto material otorgado por Ruveliss en su tiempo de marido y mujer. Las lágrimas de felicidad corriendo por sus ojos, abrazando al hombre que más amaba, segura de que nunca se apartaría de su lado.
Opacando ese incesante dolor de traición ocasionado por Aristia el esperar un hijo de Ruveliss, ella quien fue sincera desde el primer momento y anhelaba su compañía y comprensión en vivir en una tierra desconocida, le apuño por la espalda con su propio marido. Las lamentaciones le siguieron, no entendía el razonamiento de ese mundo para tener más de una esposa.
Alejando tales ideas que no le darían una respuesta certera, prefirió concentrarse en el pequeño ser creciendo en su vientre.
Todo se derrumbó en un instante ante las palabras venenosas de una persona obsesionada con el poder y el restablecimiento del linaje noble.
Y ella vivió bajo la sombra de quien se llevó una culpa injustificada, el auténtico criminal continuaba deambulando libremente, el amor profesado de irrompible se fracturo con la facilidad de una copa de cristal. La felicidad desapareció, voces susurrantes la criticaban sin dar la cara, cayendo en la abismo de la desesperación.
No, de la realidad.
Lo que podía estar escrito en un libro de cuento de hadas, se limitaba únicamente al papel desempeñado por la amada protagonista con ayuda de sus amigos, luchando ante la maldad y superando increíbles obstáculos, teniendo la recompensa del amor verdadero de un atractivo príncipe.
Una boda de ensueño y las palabras que cerraban ese capítulo: El fin.
¿Y qué pasaba con el príncipe y la protagonista?, ¿Ambos serian reyes? Y, ¿Cómo cuidarían al reino y su gente?, ¿Qué seguía para ellos luego de una aventura mágica e ideal?
Por supuesto que nunca se tomaría en cuenta, si eso ocurriera la fina línea entre la realidad y la fantasía desapareciera y por tanto, no existiera una manera de escapar de las dificultades cotidianas o encontrar esperanza de que un día las cosas cambiaran para ir a mejor.
La única respuesta se limitaba a: Haz las cosas por ti mismo.
Así fue como obtuvo su segundo embarazo, no hubo sentimientos de por medio o vergüenza en mostrar su cuerpo desnudo ante el hombre que amo. Solo una agradable charla en el palacio de la Emperatriz un té normal y dispuso del Emperador como mejor le pareció.
Cualquiera podría criticar sus métodos, incluso difamarla, para lo mucho que le importaran opiniones ajenas a ella. Admitiría que su cordura estaba alejándose peligrosamente al elaborar un plan increíblemente desesperado con tal de no ser abandonada y olvidada justo como Aristia.
Ya no era el regalo que mostraba la prueba de su amor, se volvió el medio de mantenerse viva y a salvo.
Su segundo peor error —el primero ser Emperatriz— confiar en el viejo del Duque Jena. Las amigables pero aterradoras conversaciones entre ellos, la empujaron a sus límites.
Escapando a tan pocos minutos de dar a luz, con un pequeño bebé envuelto en mantas y sin su amado Ruveliss para que la protegiera. Tantas preguntas cruzaron por su cabeza, tanto odio se acumuló en su cuerpo.
Al primer rayo de luz al cruzar el pasadizo secreto, no tuvo la oportunidad de apreciar el encantador rostro de su bebé, ni darle el nombre adecuado o jurar por su propia vida que le protegería de cualquier mal.
La sangre escapo de sus labios, la voz se perdió en la lejanía y solo la imagen de Jena sosteniendo a su bebé en las mantas quedo grabada a fuego en su mente.
Con la venganza como su objetivo primordial y fallando miserablemente en la segunda oportunidad, es, que no pudo apreciar esta sutileza que se le escapo y ahora que todo parecía ir en un mejor rumbo para ella.
No podía evitar a las lágrimas humedecer sus ojos.
Seguramente no se habría convertido en la madre ideal o del año con su segundo bebé, ni tendría a quien pedirle consejo si comenzaba a llorar, ensuciaba su ropa o tenía hambre. Pero, la sola idea de una pequeña vida nacida a partir de ella, mejoraba esta larga cadena de desgracias.
Hace tanto que olvido el rostro de sus padres, apenas podía tener sus voces sonando en su cabeza, si es que lo eran. Se permitió un diminuto espejismo de un futuro imposible, ella en la sala de un hogar, con el sillón en color café y una cubierta florida, cargando a un niño de cabellos plateados, la molesta voz de su hermana desde la cocina trayéndole un biberón, siendo detenida por su madre para comprobar que la temperatura sea perfecta.
A su padre entrando por la puerta junto a… esa persona, cargando cajas de pañales y regalos innecesarios para su primer nieto. Disfrutando de esa paz ideal, del calor familiar, de la normalidad arrebatada.
—Oye. ¿Estás bien?
El sonar de una voz familiar, le devolvió a la realidad, levantando de golpe su cabeza, notando a Carsein bastante cerca y a Rua con sus cejas caídas mostrando cierto apuro dirigido a ella.
Trato de asentir, excepto que la mano de Carsein tocando bajo sus ojos se lo impidió, limpio el rastro de lágrimas, presionando su piel de forma que eso impidiera el avance de estas. Parpadeo repetidamente sin entender el comportamiento del caballero peli rojo, algunas veces un bruto insensible y otras un hombre considerado y sensible.
—"Me pregunto… ¿Qué vio Tia en Ruveliss, que tu no tengas, Carsein?"
Retiro el toque en su piel al no tener más rastros de humedad.
—Lady Grasper. — Llamó la mujer rubia sentada al otro lado de la mesa. — ¿Algo le preocupa? —Con una mano en el pecho, la Princesa de Rass se inclinó en la silla, estirando su otro brazo y con la punta de sus dedos tocándole el ante brazo, en una señal de simpatía.
Si fuera la joven Jieun de 17 años (mentales) dejaría a sus lágrimas correr libremente, encogiéndose sobre sí misma, apretando al pequeño bebé y asintiendo con palabras entre cortadas. Contando su triste historia: Me trajeron de otro mundo a este, me dijeron que si no me casaba sufriría por ser mujer. Todo se trató de mentiras del Duque Jena para tomar el trono. Mori y reviví dos veces más e intente vengarme de todos en la segunda ocasión, ahora, solo quiero disfrutar del resto de mi existencia tranquilamente.
Otro de los grandes aprendizajes de acumular 17 años —más cuatro extra y una bonificación especial de cinco—es, mantener verdades ocultas y soltar mentiras a medias. La bondad, amabilidad, la justicia y el honor, están disponibles para aquellos nacidos directamente en la nobleza, con limitadas excepciones a los plebeyos al capturar la atención de algún otro noble que pueda respaldarlo.
¿Ella con que cuenta?, solo la red de mentiras tejidas diligentemente con sus recuerdos recuperados; un trato de dudosa procedencia y sentimientos problemáticas bloqueados con pesadas cadenas y un lindo cerrojo.
No podía ni quería volver a la antigua Jieun, la débil, tonta y frágil chica que requería de ser guardada en una vitrina de vidrio, saliendo a conveniencia de cada quien para ser admirada a la distancia.
Respiro hondo, soltando el aire despacio. Sintiendo el temblor de sus labios, sonrió tensamente.
—Les pido disculpas, Princesa y Sir Carsein. He dejado que mis emociones tomen el control, pero, al ver al pequeño Anwar me ha traído viejas memorias de mi hermana menor.
Esa tenía que ser la más gorda de las mentiras, Jisoo fue una bebé quisquillosa y extremadamente llorona, debía cuidarla cuando su mamá hacia la comida, lavaba la ropa o alguna tarea domestica que requiriera de toda su concentración. Hasta que su hermana alcanzo una edad cercana a la pubertad, es que su relación mejoro considerablemente en ocasiones podía ser quisquillosa y ruidosa, sin embargo, continuaba siendo su única hermana menor.
Jamás imagino el día, en que extrañaría a esa pequeña busca problemas, amante de mundos fantásticos.
—¡Oh!, pensé que Lady Grasper no tenía familia en Castina.
—No la tengo. De mi mundo, donde nací, están mis padres y mi hermana menor. Discúlpeme si he arruinado el estado de ánimo con viejas historias sin importancia.
—Para nada. Debió ser difícil para usted atender el llamado de Dios, pero, seguramente su familia estuvo feliz con su elección.
—"Ellos no saben que me fui o si me recuerdan o existí para ellos." Gracias, Princesa.
Poniéndose en pie, entrego a Anwar de regreso a su madre.
El tiempo de visita a la futura Duquesa ya había excedido el límite, además de irritar a Carsein para que la buscara incesantemente, su elección de proponer tomar el té en el balcón dio su resultado esperado.
—He disfrutado de nuestra conversación, pero me temo, que he de partir. No es así, ¿Sir Carsein?
—Si, el coche ya debe estar listo.
—Una lástima verla partir, Lady Grasper. Ha su regreso deseo que ambas nos volvamos más cercanas y me revele su secreto para conseguir que Anwar duerma.
—Con placer, comparto ese mismo deseo Princesa. Me retiro. —Reverenció, alzando ligeramente la falda de su vestido. — Tenga un maravilloso día.
Dejo el balcón con su cabeza en alto, olvidando a quien le busco —obligo a buscarla —diligentemente. La misma sirvienta que les preparo los bocadillos y trajo el té, dejo de doblar la ropa de Anwar para abrir la puerta, con una simple sonrisa extendiendo sus labios, agradeció, continuando con su camino a las puertas principales de la mansión.
El sonido de pasos detrás de ella hizo que se detuviera y girara sobre sus pies. El cabello del singular rojo como las fuertes llamas en el plumaje de un fénix, se agito con los movimientos veloces de su dueño.
Frenándose a poca distancia, le vio tomar grandes bocanadas de aire, sosteniéndose de la pared a su derecha, secando las gotas de sudor cayendo de su frente, le miro con el ceño fruncido.
En sus largas vacaciones indeseadas, disfrutaría de la peor compañía con grandes probabilidades de diversión, con su escolta personal, Carsein de Rass.
—"¿Sera muy tarde para considerar ser la hija adoptiva del Duque?" —Pensó con cierta burla. —Vamos retrasados, Sir Carsein. —Dijo inocentemente señalando el reloj invisible de su muñeca.
—¿Y de quien crees que es la culpa? —Escupió la pregunta, reteniendo un gruñido.
Fingió considerar la respuesta entre varias opciones, ciertamente ninguna, con el dedo índice apoyado bajo su barbilla, termino por señalarlo en un giro de su muñeca.
—Uhm, ¿Suya?
—¡MALDITA SEA, NO! —Y exploto como un olla de presión lista para sacar el arroz. — ¡He pasado casi una hora buscándote por la casa!
Con una mano en el corazón, fingió sentirse avergonzada, hablando con la voz más femeninamente chillona que pudo.
—Sus sentimientos por mí son tan apasionados como siempre, tristemente no soy capaz de corresponderlos. —Ocultó la mitad de su rostro con la palma de su mano, girándose al lado contrario en que la miraba Carsein.
—¡AGH!, —Presionó ambos puños contra su cabeza en lugar de tomar su cabello. Mirandola directamente, apunto en su dirección con el dedo índice. — ¡Yo no siento nada por ti! Y si fuera así, preferiría mil veces al cabeza de pasto que a ti.
—Usted le da singulares apodos a quienes aprecia, ¿no?, es adorable.
—Te odio. —Susurró entre dientes.
El brillo de diversión en los ojos de Jieun se apagó, la gran sonrisa estirando sus mofletes se volvió una diminuta línea y la perfecta línea en que mantenía su espalda se curvo.
Cruzo ambos brazos sobre su pecho, resoplando en fastidio, cargo su espalda contra la pared contraria.
—Vaya novedad. —Rodó los ojos, centrándose en el decorado de las ventanas al frente. — Al menos esfuérzate un poco más, por mi parte tengo una lista completa de formas prácticas para sacarte de quicio, considerando que estamos en la obligación de convivir juntos.
—Eres un constante dolor de cabeza. Son ordenes de mi padre, no mi gusto, si estuviera en mi-
Interrumpió el largo y precioso juramento de lealtad con amor eterno de Carsein para Aristia, moviendo su mano izquierda como si se tratara de una marioneta hablando, imito su voz.
—Irías con Tia para acompañarla en estos difíciles momentos con su padre en cama, buah~, buah~. —Deslizó el dedo, desde su ojo hasta la mejilla, siguiendo el recorrido de una mejilla. Mostrándole la lengua y con un giro de muñeca, desestimando su alegato diario.— Para lo que me importan tus lamentaciones de cachorro sin dueño.
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Continuara…
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
