¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Recomendación musical: コンプレックス・イマージュBy Ayane (Archive Lovers)
Notas:
Presente
[Pasado]
"Pensamientos"
[Teléfono/Mensajes/Cartas]
Narrador extra
Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna
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Acto I. La caída del telón.
Escena IV. Política siniestra (5).
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Cruzó la habitación de su cuñada y entro a ese balcón con la intención de regañarla directo y conciso, excusándose con Rua por alterar su agradable paz, pero necesitaban irse inmediatamente o tendrían a más de tres caballeros buscándolos por cada rincón, en lugar de solo él revisando los lugares en que acostumbraba pasar el rato Lady Grasper.
Biblioteca, jardín trasero, campo de entrenamiento de los caballeros y en la habitación de la misma peli blanca. Ni una sola señal de ella, cada sirvienta le decía que buscara en el siguiente lugar por orden de la misma señorita, siguió las migajas que dejo de un camino trazado con anterioridad.
Cayendo directamente en su trampa, preparada meticulosamente, usando el encanto natural de su cuñada y la adorable forma de su pequeño sobrino. Siendo solo, una mujer triste y solitaria, mirando a una de las criaturas más hermosas de la creación, un bebé, un ser repleto de la pureza que solo los Sacerdotes de Vita podrían mantener con sus años dedicados a la fe.
Resistió perfectamente al encogimiento de su corazón a la enternecedora escena de ella con su sobrino, inclusive a la pregunta nada maliciosa de su cuñada, además de esa bizarra señal de guiñarle un ojo.
Entonces lo inimaginable ocurrió, lagrimas cristalinas fluían como ríos buscando una desembocadura, los finos labios temblaban y eran mordidos para sumirse en el interior. Su mirada ya no estaba puesta en el pequeño Anwar, simplemente un punto del vacío, como si su alma estuviera en algún otro lugar.
Rua exclamo asustada, llamándola en repetidas ocasiones sin moverse de su asiento, girando a verle en busca de ayuda, no necesito dos veces escuchar su nombre o que Rua siquiera lo pronunciara, él ya había corrido al lado de Lady Grasper.
Sencillamente no entendía, no se entendía a sí mismo, ¿Qué fuerza misteriosa se empeñaba a empujarlo en mostrar un poco de compasión por esta mujer?
Las ridículas palabras de Ruveliss caían como bloques pesados, apartándolas inmediatamente como moscas zumbando cerca de sus oídos. Sus sentimientos no van a flaquear por una simple cara bonita.
La sujeto firmemente por los hombros, moviéndola suavemente hasta conseguir una reacción, seguido de su nombre y una exclamación, acompañada de una pregunta común sobre su estado de ánimo. La luz volvió a su mirada, sorprendida de tenerlo tan de cerca, apenas su mecánico asentimiento iba a ser su respuesta, él retiro las gotas salinas por encima de sus mejillas, dejando que la presión de sus pulgares impidiera continuar.
En repetidas ocasiones ha sido regañado por su madre y Aristia al no reconocer el significado de Espacio personal, a ella no parecía interesarle, aun cuando su expresión indicara otra cosa. Otro travieso pensamiento fugaz cruzo por su mente al traspasar sin consciencia la barrera de distancia entre ambos.
Tan ridículo que se dejó permanecer unos segundos más tocando el rostro de Lady Grasper.
—"Es… bonita."
Quito la mano del rostro de Lady Grasper, retrocediendo dos pasos hasta apoyarse en la barandilla, viendo hacia otro lado, dejando a Rua hacer las preguntas correspondientes que les dieran información de este animo cambiante de la joven dama santa.
Un poco de color se puso en sus mejillas y el golpeteo en su corazón parecía el sonido de un tambor anunciando la llegada de toda una armada para un combate sin cuartel. Exactamente, ¿Qué demonios le pasaba con la estúpida chica bendecida de Vita?
No hay mujer que le interese y ame más que Aristia, ella es hermosa, elegante, valiente y de un corazón enorme, capaz de enfrentarse sin dar su brazo a torcer a los nobles cascarrabias, como la representante de la poderosa familia Monique, la más fiel al Emperador y el escudo de todo el Imperio.
Su mente le juega una ridícula broma de concebir a esta mujer digna de un calificativo que solo ha entregado a quien ama profundamente. Las mismas palabra de Ruveliss con una risa grotescamente satisfactoria retumbo dentro de él.
¡Todo era culpa esa mujer burlona, de su padre y del estúpido de su primo!
Cada uno planto su propia semilla que germino en la irritación que colmaba su mente de incoherencias, también la falta de sueño adecuado tendrían que ser el segundo factor.
Usaría para él mismo la excusa de las vacaciones obsequiadas sin motivos ulteriores a Lady Grasper para descansar y recuperar los días de entrenamiento perdido.
Manteniéndose lejos por voluntad propia de la conversación, consiguió escuchar el razonamiento de la dama peli blanca en mostrar un derroche de emocionalidad indigno de una persona educada en ser una noble. Por poco exclama con una exigencia clara, acerca, de esa hermana menor con la que confundió a Anwar.
Y si eran tan ciertas sus lamentaciones de extrañar a su familia, ¿Qué estaba haciendo en Castina en primer lugar?
Definitivamente más mentiras.
Ella se retiró al confirmar con él las preparaciones del coche, despidiéndose de Rua sin esperarle, abandono el balcón.
Cansado de este pequeño juego de persecuciones, se dispuso a despedirse apropiadamente de su cuñada y el bebé dormido entre los brazos de esta. En cambio, ella lo retuvo unos instantes más.
—Carsein.
—¿Sí?
—Cuida de Lady Grasper, parece necesitar un amigo.
—¿Qué?, ¿Ella?, ¿Un amigo? —Rua asintió seriamente, mirándolo con su suave expresión completamente segura en sus palabras. — No bromees. A ti te agrada Aristia, ¿cierto?
—Por supuesto. Lady Aristia es una amiga importante para mí, además de una dama ejemplar y la Emperatriz ideal, pero, no hablamos sobre ella, sino de la señorita que ha derramado lagrimas al extrañar su hogar. —palmeo la espalda de Anwar, mirando el lugar antes ocupado por Grasper.
—D-de acuerdo, si tú lo dices. — Una vez más, aterrizaba a la misma conclusión respecto a las mujeres, son complicadas y dejan todo a un misterio que tiene que resolverse con las mínimas pistas dejadas por ellas. Exhalo, masajeando su cuello, viendo por las cortinas moverse a Lady Grasper atravesar la puerta de la habitación. — Aunque, no te tomes tan enserio sus palabras, ella retuerce todo a su conveniencia, es falsa y mentirosa. Y eso de su familia, tal vez nunca la tuvo y quiere agradarte para que estés de su lado.
—Lo sé. —Dijo, sonriendo delicadamente, giro en su asiento, colocando a Anwar de regreso a la cuna, arreglando las delgadas cobijas sobre su cuerpo. — Seria un desperdicio el que ella viviera en esta casa sin haber cruzado palabra o un simple saludo. Contrario a mi expectativa vino directamente a buscarme o, en su caso, a buscar a Anwar.
—¡¿Le hizo algo raro a Anwar?! —Preguntó de inmediato, acercándose a la cuna, verificando posibles señas de moretones, alguna marca extraña o una herida diminuta.
Rua abrió sus ojos, con sus labios temblando, dejo escapar una clara risa, negando con su mano levantada en vertical, agitándola de un lado a otro.
—Desconfías exageradamente de Lady Grasper.
Obviamente desconfía de esa mujer, pensó Carsein, alzando ambas cejas y sus ojos fijos como un ave visualizando el panorama de caza. Entrando sin invitación al palacio Imperial, eligiendo a los Monique como sus guardianes, jugando con las personas como si pudiera descartarlas fácilmente como piezas de ajedrez.
Aprovechando el beneficio de inmunidad otorgado por su padre, hasta que las negociaciones con el grupo de plebeyos de la religión fundada con ella como figura principal de veneración concluyeran en un acuerdo mutuo, ella desaparecería momentáneamente del ojo público.
— No hizo nada. —Dijo Rua para su alivio. Sirviendo el té en su taza, dejando la tetara al centro, movió el líquido al sujetarla por la oreja de cerámica, tomo un sorbo, con la orilla apenas rozando sus labios. — Solo lo cargo y le canto canciones de cuna, también me pidió que le describiera todo de mi embarazo incluido el alumbramiento.
Cada acción, cada palabra, cada movimiento de Lady Grasper, le conducía a una única descripción aparte de lo seriamente trastornada mentalmente que se deja ver en sus días malos. Como esa noche que la mudaron a una habitación en el edificio principal y camino con solo una vela y su camisón blanco entre los pasillos oscuros porque necesitaba beber agua.
Las sirvientas al día siguiente contaban historias de una supuesta alma en pena rondando en la mansión del Duque, algo sobre una esposa anterior que murió en agonía.
—Es… es una mujer extraña.
—Si. —Coincidió, viendo el líquido brillante, soltando la taza de regreso a la mesa. Junto las manos en su regazo, levantando el rostro para ver directamente a su cuñado. — Dime, Carsein, considerarías ese favor que te pido, ¿Serás amigo de Lady Grasper?
Negarse era todo lo que tenía por respuesta, continuar volviéndose cercano a esa mujer le daría un dolor de cabeza permanente que ni los médicos o bendiciones del templo aminorarían. Y sin embargo, asintió con un suspiro de derrota.
Maldecía una y mil veces las concesiones especiales que comenzó a cumplir en nombre de las mujeres más cercanas a él.
Con la promesa de por medio, se despidió de Rua, recibiendo un pañuelo color rosado de ella, se tocó la cara buscando alguna mancha o herida que fuera notoria. A lo que le dijo: —Es posible que a Lady Grasper le resulte incomodo subir al coche con su maquillaje arruinado.
El pedazo de tela cuadrado, con los bordes tejidos en un holán transparente de un rosa claro y pequeñas hendiduras florales, quedo guardado en el interior de su bolsillo.
A penas la alcanzo por el pasillo, ella regreso a su personalidad original, burlándose abiertamente de él, creando chismes estúpidos que estarían a nada en los oídos de cada sirviente y sus padres.
Estaba lo suficientemente harto de este condescendiente trato por ella, caer con sus lágrimas falsas, las desesperanzadoras expresiones mostradas y esa constante aura de soledad a la que se aferraba con su propia vida.
Jamás había sentido tal desprecio por un ser humano, pronto esto sería nada más que odio.
Si eso es lo que ella quería, con gusto, cumpliría sus repugnantes deseos.
—Basura mentirosa. Llorando silenciosamente frente a mi cuñada, teniendo la desfachatez de tratar a Anwar tiernamente. ¿Y para qué?, ganarte un resguardo provisional en caso de ser exhibida como el fraude que eres. Una patética y mediocre mujer.
—…
—Nada que decir, ¿he?— Sonrió con prepotencia, mirándola por encima de su nariz. La expresión de Lady Grasper se mantenía neutral, aunque una pequeña arruga se marcaba en la esquina de su boca. — Eso es lo mejor, que te quedes callada y obedezcas dócilmente. Porque sabes lo que mejor te conviene si quieres mantener la cabeza pegada al cuello.
Paso a su lado, dando por terminada esta incomoda conversación, deteniéndose al escuchar su voz repleta de un jubilo retorcido, se dio la vuelta, para verla de frente.
La gran sonrisa plasmada con su mano izquierda bajo la barbilla apoyando dos dedos en su mejilla, teniendo la otra sosteniendo el codo contrario en apoyo.
— Impresionante. Parece que has aprendido correctamente como ladrar, perro rojo. Espero que eso aplique a tu mordida o me decepcionare mucho.
—Vete al infierno, bruja albina.
Los buenos modales de caballero se reservaron exclusivamente para las damas auténticas, no, en desperdicios que imitaban a mujeres de linaje noble, con educación y presencia.
Abrió su boca, formando una O, volviendo a reír.
—¿B-bruja albina?, ja, ja, ja. ¡Bravo!, ¡Bravo!, sigue ladrando perrito.
Hay pocas personas capaces de romper su estado de serenidad y paciencia —además de la mecha corta por la que es reconocido—, gracias al cabeza de pasto consiguió trabajar en su propia cara de póker, con las correcciones de Aristia en sus modales tiene un mejor dominio respecto a las conversaciones sociales en que es necesario simpatizar y halagar por mera cortesía aunque piense y sienta todo lo contrario por dicha persona. Incluso, fanfarronear respecto a la gran cantidad de señoritas rodeándole en eventos a los que es invitado con su familia, manteniéndolas en una zona de limite que ellas no cruzan y él tampoco.
Incluso con el mismo Ruveliss, con su presunción del puesto de prometido con Aristia, resiste insultarlo, criticarlo y mandarlo callar, porque, eso no significa —significaría — nada, si el corazón de la mencionada está dirigido a ser entregado a otro. Eso último, lo hiere más al ser recordado.
Por tanto, esta desconocida energía, fuerza, castigo divino, lo ha orillado a cruzar el espacio distanciándolos a ambos, con la ira quemando su interior, tensando cada uno de sus músculos, sin pensar realmente en lo que sus acciones conllevarían, hasta que esos ojos oscuros se dilatan por una fracción de segundo es que reacciona.
—Eres una-
Escuchando su propia voz, gruesa, alta y salvaje que un escalofrió recorre por su espina dorsal.
Su mano firmemente prensada del adorno en moño colgando en el cuello y parte de la tela en la zona del pecho del vestido, la otra, vuelta un puño firme, con sus nudillos perfectamente marcados en la piel, levantado en lo alto y hacia atrás, esperando a ser lanzado justo como la bala de una pistola sin seguro, tras presionar el gatillo.
Empieza a abrir lentamente su puño y bajar el codo del brazo, pero le exige una respuesta a esta retirada en su actuar.
—¿Por qué te has detenido?—Toma la mano que la sostiene por el cuello, siente el temblor de su toque, el dolor y temor ante ser dañada físicamente. Aun así, ella lo reta con una voz alta, burlona y nerviosa. — ¡Golpéame!
Aparta de un manotazo el toque de Jieun de él, su otro brazo ya ha bajado, manteniéndose lejos de ella, observa su mano, sus dedos moviéndose entumecidos. Unas vibraciones diminutas estacionadas en sus brazos le hacen sentir frio.
Otro juego más.
La manipulación de esta mujer no conocía los límites, seguir sus deseos, estar en contra de ellos, la elección daba exactamente lo mismo, con ambas estarías a su merced y sin elegir realmente, terminarías siendo empujado según su humor en ese día específicamente.
Noto como arreglaba el moño desecho en su cuello sin un espejo, su cabello suelto tenía hebras de cabellos disparejas, dos mechones acentuando su rostro contrastaban con la sombra oscurecida de su maquillaje arruinado efecto de las lágrimas.
Si está planeado el convivir juntos por una indefinida temporada, diría su opinión respecto a ella. Nada cambiaria, al final.
—Estas muy enferma, bruja. Tocarte es una de las cosas que es preferible evitar, no por el miedo a las posibles consecuencias, sino, a la promesa de proteger a alguien valiosa, alguien quien realmente vale este sufrimiento, con tal de verla sonreír verdaderamente resistiré cada obstáculo que pongas.
Con su expresión recompuesta, Jieun dijo tranquilamente:—Tia es un auténtico tesoro, Sein. —El uso de sus nombres, le desagrado. Ella puso ambas manos detrás de su espalda, moviendo la punta del pie contra el suelo, dejando inclinado su cuello a la derecha. — Aun cuando no es tuyo, ¿Te es suficiente cuidarlo a la distancia?
Exhalo, frunciendo el ceño, el juego del día terminaba en ese momento. Ir por la ruta directa, de eso se trataba todo esto.
Lo lamentaba por Rua, esa promesa era algo que no cumpliría ni en esta vida o las posteriores.
—No hay valor alguno en responderte. —Concluyó, medio girando con un pie delante y el otro atrás — Muévete, el coche nos espera. ¡Ah!, casi lo olvido. —Se detuvo, hurgando en su bolsillo, obteniendo el pañuelo finamente bordado, volviéndolo una pequeña bolita de tela, devolviendo un par de pasos, arrojo la bolita directo a la chica, quien dejo que esta cayera al suelo.—Rua me pidió entregarte esto. — Él señaló el pedazo de tela y luego debajo de sus ojos. Empezando a caminar nuevamente por el pasillo, se detuvo, hablándole de espaldas. — También aprende a llamarme adecuadamente, es Sir Carsein.
Sin verla realmente, una pequeña risa vibro por el pecho de Jieun. Ella se agacho tomando el pañuelo rosado, intercalando sus ojos entre el pedazo de tela y el hombre alejándose.
—A la orden, respetable genio de la espada, Sir Carsein de Rass. —Reverencio alzando las puntas de su vestido.
El sonar de sus apresurados tacones bajos, indico que le seguía de cerca, apurándose en alcanzar su paso, deteniéndose por momentos al susurrar indecencias por no tener un espejo a la mano que le facilitara el retirar el maquillaje espeso bajo sus ojos.
Si le preguntara, admitiría que parecía un animal peludo con extraños patrones negros, que en lugar de hacerla lucir tierna, bonita o agradable, le provocaba más burlarse y lamentarse del pobre animal que trataba de imitar.
Porque se sentiría mal por el animal, no por ella.
El lapso de tiempo que les tomaría en llegar a la entrada principal fue llenado con sus pasos distanciándolo de la maniaca blanca, ella batallando con eliminar el maquillaje y sus saltos de conejito siguiéndolo. Bien, eso, contaba como su moneda de pago, que lo siguiera silenciosamente hasta la puerta, su maquillaje arruinado y posiblemente algo malo en su peinado.
¿Infantil su resolución?, ¡Por supuesto!
Pero algo tenía que compensar esa hora interminable y la ridícula batalla de insultos diarios que soportaba como buen caballero.
Ante las puertas de madera sin abrir, la sirvienta en la habitación de Jieun los vio llegar, aliviada encontrarlos a tiempo, su semblante se transformar en pánico, corriendo presura a ambos. Por reflejo Carsein se detuvo, colocándose en una posición defensiva.
—¡Lady Grasper!, ¡Su hermoso maquillaje! —Gritó mortificada, teniendo un pañuelo blanco sacado de su delantal.
Vio a ambas mujeres parada una frente a la otra. Jieun bajo su mano con el pañuelo rozado manchado de negro, saludando a la sirvienta animadamente, ella no actuó de la misma manera, colocando inmediatamente el pañuelo bajo sus ojos manchados de negro retirando el excedente más las partes esparcidas a sus mejillas.
—Je, je, je. Dorothea eso hace cosquillas.
—Lady Grasper usted es una mujer naturalmente bella, que le ocurriera esta calamidad seguro le resulta mortificante.
—Muchas gracias. Tus cumplidos son siempre agradables de escuchar.
—¡Oh! —Las mejillas de Dorothea se llenaron de color al recibir un agradecimiento de Lady Grasper, recomponiéndose del bullicio en su corazón, continúo limpiando las marcas oscuras, consiguiendo ver el color de la piel. Saco un segundo pañuelo quitando los últimos retazos. — ¡Esta lista! Disculpe que no tenga un espejo a disposición.
—Tranquila. —Se tocó el rostro, deslizando un dedo, notando la menor cantidad de polvo negro, dejando a Dorothea verlo. —Me salvaste del desastre en que me convertí, je, je, je.
—Lady Grasper, usted es tan humilde.
—Me harás sonrojar.
Ambas mujeres charlaban como un par de amigas cercanas, sin considerar su alrededor, los pocos sirvientes deteniéndose de sus labores, unas miradas indiscretas y él exudando impaciencia con el movimiento insistente del pie contra el suelo.
Tosió con fuerza usando su mano empuñada para remarcar el gesto.
Dorothea se hizo a un lado, con una reverencia apenada de entorpecer su camino. Jieun no parecía lamentarlo, aunque tampoco sonrió con diversión, centrando su atención a la sirvienta a punto de caer por la presión.
—Lo lamento Dorothea, ya tenemos que irnos. —Tocó el hombro de la mujer, tratando de calmarla —Gracias por cuidarme hasta hoy.
—Lady Grasper. No, no diga eso. ¡Para mí ha sido un placer servir a una persona de tan amable y agradable personalidad!, ¡El honor es mío!
—Entonces —Tomo las manos de Dorothea entre la suyas, el color rosa paso a un intenso rojo en las mejillas de la sirvienta, todo su cuerpo temblaba ansioso. — Esta bien se me llamas Jieun.
—¿D-di-disculpé?, no, no, eso nunca… yo…
—Después de todo, solo cuento con el porte de un noble. Piénsalo, ¿Sí? —Dejó ir las manos de la mujer. — La próxima vez que nos veamos, podemos ser amigas.
Despidiéndose de la boca abierta sirvienta, ella avanzo al lado de Carsein, empezando a dirigirse a la puerta de entrada por la que ambos desaparecieron cuando el caballero peli rojo giro el picaporte dejando a Lady Grasper salir primero, seguido de él que solo asintió en su dirección.
Las piernas de Dorothea temblaron, dejándose caer en medio de la habitación, su corazón latiendo a una velocidad alarmante, su rostro caliente y nada más que pensamientos de absoluta devoción a la mujer que se convertiría —próximamente— en la esposa del segundo hijo del Duque.
—"Ella… ella… ¡ELLA ES TAN GENIAL!" ¡KYAAAAAAAA!
Carsein quedo congelado en el último escalón, creyendo haber escuchado un peculiar chillido familiar venir del interior de la mansión. Espesor por algún movimiento en las puertas o más ruidos extraños, movió su cabeza en negativa descendiendo el escalón faltante.
Lady Grasper se mantuvo a su lado, con el pañuelo rosado —ahora negro—apretado en la palma de su mano, considero ofrecer guardarlo, luego recordó su pequeña riña anterior. Era mucho mejor estar callados e incomodos hasta subir al maldito coche, esas vacaciones sonaban bastante bien ahora.
Su padre le saludo alegremente y su madre se alejó de cuatro guardias exteriores, despidiendo a otros cuatro interiores. Realmente estaba a nada de enviarlos a buscarlos.
Por pura suerte y persistencia, dio con ella antes que su madre entrara en acción.
—Se que no merezco esta solicitud, pero discúlpeme profundamente por el retraso, Duque de Rass. — Dijo Jieun, bajando su cabeza. —Nuevamente le causo problemas a pesar de ser nada más que una invitada que ha recibido su generosidad. Perdone mi ingratitud.
Aquello tomo por sorpresa a todos los presentes, su padre dejo salir una risa incomoda, calmando a la joven dama a que alzara su rostro.
Jieun asintió insegura, susurrando una nueva disculpa, casi a punto de llorar. Carsein apretó los puños, de nuevo, ese demonio controlador hacía de la suyas.
Tal vez la loca sirvienta que intento matarla estaba en lo correcto al referirse a ella como una bruja.
Demonio.
Bruja.
Cabeza de cebolla blanca…
Cada uno de esos nombres quedaba cual anillo al dedo para Lady Grasper.
Suspiro con desgano al ver la agradable conversación formándose entre su padre y el demonio con cara de mujer.
—¿Algo va mal, Carsein? —Su madre se acercó a él, distrayéndolo de los otros dos. Ernia siguió la dirección de la mirada de su hijo, cerro sus ojos, relajando el fruncimiento de su entrecejo. —Serán dos semanas, te enviare una carta antes de que empiece la segunda semana.
—Gracias, mamá. —Suspiró otra vez —Estoy bien… solo pagando lo que mi gran bocotá ocasiona.
—Es una buena oportunidad para que reflexiones en privado, querido. Cuídate.
—Lo hare. —Abrazó a la mujer, siendo correspondido de inmediato, sintiendo sus manos acariciar su cabellera. —Tú también cuídate.
El enternecedor, perfecto y afectuoso momento entre una madre preocupada y un hijo terco se arruino completamente en el instante que Lady Grasper los vio, seguido del Duque, quien, excusándose un momento se unió al abrazo sin ser invitado.
Siendo apartado al mismo tiempo tanto por su esposa como su hijo.
—¡Sein, no seas así!, papá también va a extrañar a su bebé.
—¡Púdrete viejo ridículo! —Empujó con más fuerza el rostro de su padre, oportunidad aprovechada por su madre alejándose del alcance de Arlin y caminando tranquilamente hasta un lado de Lady Grasper. —"¡MAMÁ NO ME USES DE CARNE DE CAÑÓN, PARA ESCPARTE DEL VIEJO!"
Agrego su otro brazo empujándolo por el pecho, plantando sus dos pies al suelo, uno delante del otro, evitando retroceder de esta manera y que su padre consiguiera abrazarlo.
—Sein~, lastimas el corazón de tu amado padre. — Lloriqueó, agitando sus brazos graciosamente. Hasta que una idea maravillosamente ingeniosa y para nada diabólica ilumino su agraciada mente —Lady Grasper. —Entonó el nombre con burla bien disimulada. — Dígale a Sein que no desprecie los afectos sinceros de su padre.
El aura de Carsein exudaba una promesa de venganza con la declaración de una espada clavada en alguna zona vital de su padre. Con la fuerza producto de la adrenalina, empujo a Arkint asegurando estar fuera de su zona de abrazos pegajosos.
—¡A ella no la metas, viejo idiota!
—Oh~, nuestro pequeño Sein esta avergonzado. Crecen tan rápido. —Secó una lagrima falsa, sin desistir en abrazar a su hijo menor.
Si no es por la melódica y autoritaria intervención de Ernia cortando de raíz esta ridícula demostración de amor entre padre e hijo, divirtiendo a más de uno —guardias, sirvientas, el mayordomo y el conductor —
Ambos quedaron estáticos, alineando las arrugas en sus ropas, formándose en una línea lateral como si ella fuera un general o comandante.
La mujer de cabellera azul exhalo cansada, mirando a la silenciosa invitada que movía la comisura de su labio izquierdo suprimiendo una risa.
—"Al menos, sabe comportarse". Arkint estas retrasándolos.
—Tienes razón, querida. — Palmeó la espalda de Carsein. — Suerte en su viaje, cuídala de que tenga un descanso correcto.
—Aja. —Se alejó tan pronto como pudo, empezando a ir directo al coche.
Jieun permaneció quieta en su lugar, reverenciando a ambos Duques, lista para seguir al otro.
—Lady Grasper. —Detuvo su avance, asintiendo en señal de escuchar a Ernia. La hermosa mujer de cabellos azules y un porte envidiable por cada doncella en el Imperio, le dio su mejor advertencia silenciosa con aquellos ojos vueltos dagas heladas. Sin sonreír hablo. — Disfrute su tiempo en el campo y cuide su salud.
—Gracias, Duquesa de Rass. Así será. Me despido. —Reverencio nuevamente.
Echando a correr —una caminata veloz — levanto su falda para que sus pies no se entorpecieran a su destino final.
El sencillo coche de una tonalidad oscura, cubría sus ventanas con cortinas de un rojo sombrío, en la puerta le esperaban un caballero y Carsein.
Pasando deliberadamente a su nuevo caballero escolta, le pidió dulcemente al otro caballero que le ayudara a subir.
Un nervioso Sí pronuncio el caballero, dando su mano para que ella la utilizara de soporte, al poner un pie en el escalón del coche e impulsándose de un salto, entro al coche.
Desde el interior le dio las gracias.
Carsein guardo su mano tan pronto Lady Grasper se dirigió al caballero nervioso que no pudo rechazar a su acto de niña frágil. Choco los dientes enojado, ella siempre tenía que hacer algún pequeño teatro.
Vio a sus padres una última vez, alzando un brazo y moviendo la mano en señal de despedida. Subió al coche y la puerta fue cerrada desde el exterior. Las cortinas rojas descendieron y se escuchó el relinchido de los caballos ante el jalón de las riendas del cochero.
Un último vistazo por las cortinas entre abiertas, dejando los terrenos de la familia de Rass.
Aparto la mano, acomodando su espalda en el asiento mullido, notando a su acompañante dejar de espirar por una abertura entre las cortinas, recargando la cabeza contra la pared del coche.
—Voy a dormir.
Sin otra palabra, ella apoyo las manos contra su regazo y el rostro volteado al lado contrario. Pasaron unos pocos minutos, creyendo que saltaría de su lugar o se burlaría de él, una vez que se acercara a comprobar que efectivamente dormía.
Nada. Su respiración se había regulado y su pecho subía y bajaba lentamente.
Dejo escapar un gran suspiro, pasándose ambas manos por la cara. Las dos semanas más largas de su vida, apenas empezaban, casi perdía los estribos en la mansión en medio del pasillo.
Pero, prometió sobrevivir a cada una de las atrocidades que la trastornada mente de Lady Grasper armara por cada día, hora, minuto o segundo. Con la sonrisa de Aristia siempre presente, nada le es imposible, aún más, si se trata de él, Carsein de Rass.
_oOo_
La noche cubría los cielos de la hermosa Capital de Castina, el epicentro de la más grande revolución, desde la fundación del Imperio hace más de ocho siglos.
El suave viento nocturno agitaba las hojas en las ramas de los árboles, pequeñas ramas se movían en el suelo. El silencio cubriendo por todo el lugar, agitaba los inquietos corazones de sus pobladores.
¿La razón?
Es una historia que por los próximos siglos que vendrán se contara como uno de los puntos de inflexión más relevantes y cambiantes.
En un día como cualquier otro, de la vida de nobles y plebeyos, la más grande maravilla ocurrió. La hija de Vita descendió de los cielos en dorada torre de luz que ilumino más allá de la Capital Imperial, anunciando su llegada.
Trato de ser conducida por la avaricia de los nobles que ansiaban poseerla para ganar el favor del Emperador y gobernar indirectamente al Imperio. Sus intenciones malvadas fueron rechazadas por la niña bendita de Vita quien los puso a prueba para ver si eran dignos de su confianza, manteniéndose neutral al elegir hospedarse con la más noble de las familias, los Monique.
Junto a Lady Aristia la Monique aprendería de las costumbres, las tradiciones, la etiqueta y los conocimientos para vivir en el poderoso Imperio de Castina.
Su corazón no se abriría sinceramente con los nobles que buscaban su poder por conveniencia. La niña bendita de Vita caminaría por las calles de la Capital entraría a los suburbios menos favorecidos y con una hermosa sonrisa, repleta de calidez y buena voluntad, ayudaría a todos aquellos perdidos en la desesperación, les entregaría un nuevo motivo para vivir.
Limpiaría de ellos toda la tristeza, el odio y el malestar. Con su luz sagrada, les mostraría que ellos tienen derecho a la vida, lo maravilloso de vivir, apreciando cada pequeño momento de esta.
Ella libro a esta tierra de un gran criminal, el Duque Jena, puso su propia vida en peligro, fingiendo apoyar a un mensajero del mal como el Duque. Salvo de la muerte al Marqués la Monique.
Y mostro que su lealtad siempre está del lado de la justicia, con lo cual, ilumino la mente del Emperador, liberándola de todo crimen.
En la remodelada zona residencial, cercada por piedras y varias ramas atadas, vigilada constantemente por un grupo de plebeyos, ejerciendo de guardias, un pequeño grupo encapuchado entraba a una de las casas reparadas, específicamente una tienda de artículos para costura.
Observaron a través de la ventana por un momento, asintieron entre ellos, caminando a la parte trasera.
Una habitación iluminada por velas les recibió, decorada por cajas de material, piezas de madera rotas y herramientas de carpintería. Al centro, una mesa rectangular, en donde se disponían al menos ocho sillas, cuatro a cada lado, por lo largo.
Cuatro de las sillas ya se ocupaban por tres hombres y una mujer.
Los otros cuatro encapuchados asintieron nerviosos entre ellos, cuando un hombre de barba tupida y rostro serio les indico que entraran, cerrando la puerta una vez dentro.
Dieron pasos inseguros a las sillas. Continuaron temblando, incluso, cuando la mujer abandono su lugar y les ofreció una bebida, regresando a su propio asiento.
La tensión era lo suficientemente densa para ser cortada con un cuchillo y ver su marca dejada en el aire.
—Gracias por acompañarnos esta noche. —dijo el hombre de rostro serio, sonriendo amable. —Me permito presentarles a mis hermanos de campaña. August —señalo al hombre a su izquierda de rostro delgado y ojeras profundos, su cabello se veía grisáceo — Samara —señalo a la mujer que había servido las bebidas sin tocar, de rostro rechoncho, cubierto en pecas, una trenza atada al lado en color anaranjado —Y por último mi cuñado Simón. —Sentado a la izquierda de Samara, un hombre robusto de mirada fuerte les saludo con un asentimiento. —Y yo soy Baltasar. El líder de nuestra respetable congregación.
—Si. Gracias por las presentaciones, nosotros-
—¡Oh, por favor!, no necesita presentarse. —Interrumpió Baltasar con una sonrisa tan amistosa que al estirar sus pómulos, daba la apariencia de un diablillo burlón. — Ya conocemos a cada uno de ustedes, así que preferimos ahorrarnos los nombres.
—Solo hablen del propósito por el cual nos han mandado dicho mensaje. —Dijo Samara, bebiendo de su propia taza.
—Tenemos pocos conocimientos, pero, sabemos cómo movernos por estas calles. —Hablo August, cruzándose de brazos.
Simón no dijo nada, manteniendo sus ojos puestos en los encapuchados temblando. Escondiendo en sus manos, debajo de la mesa, un pequeño cuchillo, no generaría una herida fatal, pero tomaría suficiente sangre para mostrar que con ellos no podían jugar o mostrar tratos a medias.
El tercer encapuchado, aclaro su garganta, resistiendo todo lo que pudo el temblor de su cuerpo. Moviendo los pliegues oscuros de su capucha, extrajo un grueso compendio de hojas, deslizándolo al centro de la mesa y que fue tomado por Simón, pasándoselo a Samara, quien extrajo un par de lentes del escote en su pecho.
—Es una propuesta —dijo el tercer encapuchado —Al caer el Duque Jena, nos hemos dado cuenta… —miro por debajo de la tela cubriendo su rostro — que el sistema noble está podrido. Lady Grasper con la voluntad de Dios en ella, nos hizo ver eso.
—S-sí. —dijo el primer encapuchado. —E-esta. ¡Esto es ju-justicia divina!, ¡Queremos apoyarlos en todo lo que sea posible! Y-y…
*PAM*
Un cuchillo afilado se enterró más allá de la línea divisora para la mitad, el primer encapuchado salto en su lugar con un grito chillón; y Simón era detenido del hombro por Baltasar, devolviéndolo a sentarse en su lugar y retirando el arma.
—Disculpen por eso. Mi cuñado tuvo un altercado con cierto noble para el que trabajaba, ¿sabe?, le quito a su esposa para usarla de amante y después la mato.
La primera capucha se encogió en su lugar, disculpándose y abrazándose a sí mismo.
Dejando que la tercera capucha se encargara de las negociaciones.
Habían visto el poder de Lady Grasper al movilizar un puñado de plebeyos inferiores; las historias que se contaban en los círculos sociales por una mujer dulce pero distante.
Nunca podrían volver a ver al Emperador a la cara con orgullo por la traición del Duque Jena, necesitaba aliarse con personas más poderosas e irónicamente venían siendo plebeyos que era lo que más despreciaba Jena.
Con la popularidad de Lady Grasper tanto dentro como fuera del Imperio, se fortalecerían y ocuparían un lugar nuevamente digno de su estatus.
Siendo humanitarios con plebeyos cegados por la religión y moviéndose a su conveniencia en nombre de una mujer designada de Santa. Seguramente, lograrían llevarla al puesto de Emperatriz, antes de que siquiera la heredera Monique pudiera citar el: Si acepto, en una ceremonia de bodas.
—Entendemos. También me disculpo por mi compañero. Veo que… la señorita Samara puede leer.
—Si, ¿O esperaba que fuéramos simples campesinos idiotas? —Respondió con desagrado la de trenzas, volviendo al documento. Apenas iba por la segunda hoja. Una lectora lenta, quizás por los términos políticos.
—No. Disculpe si le he insultado de alguna manera. —Samara bufó, dando vuelta a la tercera página. La tercera capucha, tosió. — Como dijo, el señor Baltasar, ahorrando los detalles, crearemos una nueva facción, independiente de apoyar los derechos de los nobles o apoyar el poder del Emperador. —Los cuatro pares de ojos se centraron en la tercera capucha que no se había detenido. El interés que se mostró en sus rostros, lo hizo sonreír, esa era justo la expresión que necesitaban —Sera una facción que valga para, por y de los ciudadanos del Imperio, siendo nobles o plebeyos, dentro de esta facción apoyaremos la opinión del pueblo. ¡Será la facción igualitaria! —Golpeo la mesa con su palma, agregándole un efecto dramática al develar el nombre.
Atraer a los miembros de la facción aristocrática había sido un gran problema, no estaban dispuestos a asociarse con plebeyos o considerarse sus iguales, pero, necesitaban ser conscientes de una vez por todas, que su poder contra la facción imperial cayo en picada.
Debian renacer con un cambio de mentalidad. Con la mentalidad que Lady Grasper transmitía por los círculos nobles y estaba comenzando a tomar seriedad con los plebeyos llegando a la Capital, fortaleciéndose en zonas marginadas y declarando sus intenciones serias de hablar directamente con el Emperador.
Serian el tercer nuevo contrapeso de toda la sociedad. Y los plebeyos y Lady Grasper eran el medio para ese fin.
Un fuerte aplauso resonó en el interior de la habitación, siete personas miraron con asombro, como el serio rostro de Baltasar se deformaba por las lágrimas brillantes corriendo por sus ojos, se había puesto de pie y continuaba aplaudiendo sin parar.
Pidió una disculpa, sacando un pañuelo viejo del bolsillo en su pantalón y de una manera escandalosa sonó su nariz. Tomándose un momento en controlar la emocionalidad que cruzo por todo su cuerpo.
—Puede escuchar eso, su santidad. —entrelazo sus manos, delante de su rostro, hablando hacia arriba —Estos nobles podridos en los lujos, la avaricia y el derroche, han sido purificados con su maravillosa luz. ¡Amen!
Las cuatro capuchas se miraron entre sí, creyendo que el hombre Baltasar había enloquecido, pero sus otros tres compañeros asintieron, secando lagrimas menos escandalosas que las de él.
La tercer capucha, claro de nuevo su garganta para tener su atención. Olvidaba cuan ridículos pueden ser los plebeyos.
—Como decía. La facción igualitaria estará compuesta de nobles y plebeyos. Yo me encargare de transmitir a su majestad cualquier deseo que tengan y-
—No se preocupe por eso. —Interrumpió Baltasar, sonando por última vez su nariz, regresando a sentarse. —Yo mismo soy capaz de hablar por mis hermanos de fe. Con su ayuda, conseguiré hablar con su majestad el Emperador.
Un escalofrió paso por la columna de la tercera capucha. La sonrisa agradable, el tono de voz educado, crispaba cada uno de sus nervios, llevándolo a un punto de alerta, en que sintió a la segunda capucha aferrarse a su pierna.
—P-pero…—Trato de negociar.
—No, no. —Movió de un lado a otro su cabeza. — Como ahora somos aliados en conjunto de un mismo objetivo, debemos apoyarnos. A menos que… —Su tono de voz cambio de amable a uno profundo, con hostilidad. —¿Sea una mentira y solo trata de usar la presión que significamos para el Emperador?
La alerta de muerte retumbo en las cabezas de los cuatro encapuchados, negando frenéticamente y riendo nerviosamente, sobre qué tal posibilidad sería imposible. Simplemente deseaban evitarles la fatiga de ir hasta el palacio Imperial, soportando miradas juzgadoras de nobles con pensamientos pasados o exageradamente tradicionalistas.
—Su consideración hacia nosotros es inigualable. —agradeció Baltasar con una reverencia.
—A partir de ahora, la confianza y la verdad es el camino que recorreremos unidos. —dijo Samara, brindando con su taza de una bebida que seguía sin ser tocada por las capuchas.
—Si sus mentes han sido libradas del error. Con gusto les llamare camaradas —August sonrió discretamente, llevando la mano derecha a su corazón.
—La mentira es el veneno del alma, pero, somos humanos y merecemos una segunda oportunidad. En nombre de la Santa Grasper, les daré ese maravilloso regalo. —Fueron las palabras de Simón, declarando con sus ojos un mensaje sutil: Traten de engañarnos o traicionarnos y estarán muertos.
Samara se levantó de su asiento, trayendo más bebidas de una puerta oculta en ese pequeño espacio a pedido de Baltasar.
Todos tuvieron una taza con algo parecido al vino, levantándolos como si fueran copas, brindaron, declarando por el nuevo amanecer de Castina y una era que traería la auténtica dicha y felicidad a todos sus ciudadanos.
—¡Salud! —chocaron sus tazas, bebiendo de un solo trago el líquido.
En esta noche sin luna llena, el viento gélido susurrando entre las ramas de los árboles, llevándose a las hojas solitarias, arrastrándolas hasta una puerta de diseño humilde, en que se apreciaban elementos y materiales de costura de una tienda al final de la calle de una antes reconocida zona marginada considerablemente peligrosa.
Dentro de la humilde tienda, a unos cuantos pasos más allá del mostrador, en la puerta para la bodega interior se escuchaba claramente la celebración con regocijo del nacimiento de una nueva y nunca antes considerada alianza desde la fundación del Imperio y sus reinos vecinos.
Nobles y plebeyos unidos sin distinción de rango, dando como resultado, a la primera en su clase, ¡La facción igualitaria!
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Continuara…
Dorothea es TeamCarseinxJieun.
Escogí el nombre de Anwar porque buscaba algo cercano a "Amanecer" y basándome en el diseño de personaje de la princesa Rua más la encantadora personalidad de Kaysian, el nombre de Anwar quedo perfecto para su pequeño retoño.
¡Les presento a Anwar de Rass! *Lanza confetis*
*Anuar: Derivado de Anwar, es un nombre de origen árabe que significa, "más brillante".
Y ¡Bienvenida sea la tercera facción!, ¡La facción Igualitaria!
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
