¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Recomendación musical: "CATALRHYTHM" By OLDCODEX

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra

Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna

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Intermedio I. – La llegada de Jieun –

Parte I. La niña bendita y amada de Vita. Grasper. (2)

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—Eligere... Eligere… Eligere…

El sonido de una voz llamando a alguien me empuja a separar mis parpados. Estoy rodeada de una luz amarilla verdaderamente cálida, mi cuerpo se siente extraño. Levanto mi mano derecha, notando la manga de una ropa oscura recubrir el inicio de mi muñeca, sigo con la mirada el resto de mi brazo, apreciando que también sube por parte de mi vientre a mi pecho e incluso mi otro brazo.

Hay una minúscula falda debajo, medias oscuras y zapatos café.

Toco la tela, es bastante áspera, luego hay un moño rojo, es de un bonito diseño y más suave que el resto.

Miro a ambos lados, buscando al dueño de la voz que me estuvo llamando pero no hay nadie. Es inquietante, ¿Por qué tengo un mal presentimiento?

El pecho empieza a dolerme, y lo sujeto instantáneamente con ambas manos, volviéndome un ovillo, es una opresión tremenda.

Me asusta.

—¡Me asusta demasiado!, ¡Qué alguien lo detenga!

Alzo mi rostro, este lugar está vacío, no hay nadie que pueda socorrerme. Al cerrar mis ojos, una gran variedad de imágenes pasan, ya no es el pecho el que me lastima, mi cabeza pesa.

Grito desde el fondo de mi garganta, sujetándome la cabeza. Aprieto los mechones de cabello entre mis dedos, estirando mi cuello hacia arriba, la espalda esta por rompérseme, pero, la cabeza me va a estallar.

Todas esas imágenes me están llenando, a penas noto los rostros de las personas, un color, hay un color. Es un color que desprecio y… da miedo.

—¡ALEJATE! —Le grito. Tratando de retroceder en ese espacio brillante.

La luz dorada está abandonándome, me sumerge una gran sombra oscura, empieza a subir por mis pies, tomando mis piernas, jalándome de los brazos.

Es horrible, es espantoso. ¿Por qué estoy sufriendo todo esto?, ¡No lo entiendo!

Las ultimas lagrimas caen de mis ojos, la sombra negra me sumerge y el brillo dorado se pierde.

Siento el cuerpo rígido, no sé si tengo los ojos abiertos o cerrados, pero todo está en una bruma. Escucho pasos, voces pelando entre sí.

Creo que he alzado el rostro, doy, lo que supongo, es mi primer paso, parece que estoy yendo delante de esta espesa bruma, ahora todo regresa a ser dorado, las voces se han más fuertes, mis piernas avanzan sin dudar, aunque yo no he intentado frenarlas.

Debe ser mil veces mejor estar afuera que en esta extraña luz y oscuridad.

Cierro los ojos al salir por el cambio de luminosidad, estoy algo confundida. Hay muchas personas delante de mí viéndome con la misma expresión de asombras, portando ropas extrañas.

Mi propia ropa tampoco me resulta familiar.

Antes de que pueda pronunciar una misera palabra, sonidos metálicos resuenan a mi alrededor y una gran cantidad de hombres están acercándose de manera agresiva.

Esa no es buena señal. Todo mi interior grita: ¡Corre!

Al buscar una ruta de escape entre esos hombres de ropas similares, es que una de las figuras de pie delante de mí, llama mi atención, doy un paso hacia atrás, mi corazón empieza a latir velozmente, el sentimiento de terror me invade.

—"E-ese… ese… ¡ESE COLOR!"

Los hombres con objetos metálicos en sus manos, empezaron a acercase. Nuevas lagrimas empiezan a empañar mi mirada, estando dispuesta a entregarme a un trágico final, otro color sobresalió de la multitud de personas.

Ese color… una punzada clavándose en mi pecho, no es lo mismo que el otro color, hay algo diferente, un viejo anhelo nostálgico por ese color.

Exhalo a través de mis fosas nasales. Mis opciones son limitadas y el tiempo para considerar cada una de ellas tan fríamente cómo es posible al tener un puñado de personas de ropas similares y cosas metálicas extrañas ejerce una adecuada presión.

Ignoro el color aterrador, concentrándome en el que está justo delante de mí. Hay considerables aperturas entre quienes me rodean con intenciones desagradables, obstaculizando la distancia que me separa del color nostálgico y el aterrador. Aprieto mis manos en puño a cada lado de mi cuerpo.

—"¡Tengo que ser valiente!"

Bajo mi cabeza, dejando que el cabello delante de mi cara cubra mis ojos, y al instante en que escucho el primer movimiento de una de las personas con las cosas metálicas me lanzo hacia adelante.

Los escucho gritar de sorpresa, esos son segundos valiosos, sin embargo, no soy rival, mi cuerpo es minúsculo y no tengo nada con lo que protegerme.

—Derecha. Izquierda. Izquierda. Agáchate e Izquierda. Derecha. Derecha otra vez y sigue recto.

Ordenes desconocidas resonaron en el interior de mi cabeza en una voz monótona. Automáticamente mi cuerpo siguió estas perfectas indicaciones, esquivando a cada uno de mis atacantes, a pesar del temblor los músculos de mis piernas no me detuve, agradecí lo corto de mi vestimenta y el cabello que no estorbaba en mi visión.

Desee detenerme solo una vez y tomar otra ruta, el color temible estaba igual de cerca que el color nostálgico. Negue para mí misma, el mantenerme a salvo significaba ir con el color nostálgico y tomando en cuenta a las otras personas alrededor, por poco me freno, no solo era el color aterrador, también estaba ese… ¡EL COLOR DE LA MUERTE!

Detrás de mí los escucho llamar a alguien: —¡PRINCIPE HEREDERO!

Con mi corazón estando a punto de salirse de mi pecho, aprete fuertemente los dientes dentro de mi boca, pasando de largo al color aterrador, apenas rozando nuestros hombros.

Solo un poco más, solo necesito correr un poco más y entonces… ¡Me salvare!

Freno mis pasos en una fracción de segundo creyendo que me caeré por el repentino movimiento. El aire me falta, respirando por mi boca, miro el amplio pecho usando una ropa azul con varios adornos plateados, trago saliva y empiezo a levantar mi cuello lentamente hasta que me encuentro con su rostro.

Los ojos se me llenan de lágrimas. No conozco a esta persona, pero es el color nostálgico. Me he equivocado pero eso no importa ya. Impulsándome por última vez con mis piernas, lo rodeo con mis brazos pegándome a su pecho, llorando con fuerza y rogando por su ayuda.

Seguramente si estoy con esta persona encontrare al dueño original del color nostálgico.

Hubo una gran consternación entre las personas alrededor y una extraña risa burlona justo al lado del color nostálgico, ignore cada una, continuando con mi misera suplica. ¿Tendría que pedirle que me llevara directamente con el color nostálgico?

Mientras nuevos planes se formaban en mi cabeza, un agarre firme se posó en mis hombros, separándome del pecho en el que lloraba. Levante mi rostro lleno de lágrimas y mucosidad de inmediato supe que había cometido un error.

Su expresión repleta de frialdad, declarando plenamente que acabaría conmigo a la más mínima oportunidad. Apretó su agarre en mí, resistí el gritar de dolor, además del miedo.

Poco a poco fue agachándose hasta quedar a mi altura, nuestros rostros bastante cerca, como si no quisiera que nada más viera lo que estaba a punto de decir. Alcance a ver por mi lateral que un individuo de vestimentas brillantes rojizas se interponía como barrera para los otros.

—¿Quién eres?

—¿He?

—Respóndeme, ¿Quién eres?, ¿De dónde has venido?

Soy una estúpida.

Cierro los ojos empezando a soltar pequeños hipos, confié en un simple color cuando mis recuerdos están difusos y moriré.

Las manos que me sostenían con fuerza disminuyeron y un suspiro salió de la persona delante. A pesar de relajar el fruncimiento en sus cejas, sus ojos seguían siendo fríos, con un tono más suave repitió la pregunta.

—No lo sé. —Dije, bajándome mi mirada, las gotas salinas colgando en la punta de mi nariz.

Dudando de la autenticidad de mis palabras, insistió en que le diera mi nombre a lo que yo negué con mi cabeza, cambiando a otra pregunta sobre memorias perdidas, esta vez asentí.

—¿Sabes dónde estás?

—No.

Este pequeño interrogatorio siguió con algunas cosas más, si conocía al hombre parado lejos de nosotros, negué; si había llegado completamente sola, asentí; y si tenía intenciones de quedarme a vivir ahí, volví a negar.

Sorbí mi decadente nariz con mucosidad, notando como se enderezaba soltaba algo parecido a un suspiro. Con tranquilidad pude limpiar las lágrimas, usando las mangas de mi ropa.

Un brazo cayó sobre mis hombros, haciéndome girar desprevenidamente, estaba pegada nuevamente al pecho del no autentico color nostálgico. Con temor mire hacia arriba, ¿Qué iba a hacer conmigo?

—Necesita descansar. —Dijo, mostrando un rostro neutral, con la mirada al frente, seguí su línea de visión y mi piel se crispo al instante. El no autentico color nostálgico hablaba con el color aterrador, mi sentencia de muerte estaba alzando sus primeras llamadas al escenario.

Trate de apartarme del toque de su brazo, él no cedió, presionando sus dedos en mi hombro, indicándome que no hiciera algún otro movimiento o terminaría mal.

—Informare a su majestad el Emperador y asumiré la responsabilidad.

Por supuesto, la responsabilidad de ser quien termine con mi vida. Hah… quizás, ese espacio de luz y oscuridad no era tan malo después de todo.

Un aire frio paso cerca de mi cuello, girando mi cuello de la dirección en que se encontraba el color aterrador, mis ojos se posaron en el grupo de personas detrás del dueño de la ropa colorida. Más allá, mirándome directamente, arrugas en su viejo rostro y tranquilo como un árbol en medio del bosque, sus ojos brillaban con la promesa de la muerte.

El firme agarre que me servía de apoyo ya no estaba, baje mi rostro, concertada en el resonante latido chocando contra mi pecho, preparándose en huir, el sudor frio filtrándose por los poros de mi piel. Me percate del desenfoque en mi mirar al parpadear repetidas veces, entrecerré mis parpados creyendo que eso me ayudaría a mejorar.

Todo comenzó a dar vueltas, las piernas me dolían y el aire no me llegaba.

En un instante vi el familiar color aterrador pero más claro, encima de mí, cerré los ojos cediendo a la debilidad. Algo jalo de mi saco, manteniéndome en pie.

Tocaron mi rostro y frente, luego de eso mi cuerpo se elevó, mi cabeza recargada a una zona calidad. La voz del no color nostálgico parecía levemente preocupada.

Caí en la nada, escuchándole pedir por un médico.

_oOo_

Lidiar con el tema de la sequía azotando el Imperio, requería del trabajo conjunto de todos los nobles, sin que se vieran afectados por pertenecer a dos facciones distintas, cada una sumergida en sus propios intereses.

Al final, todo conjuntaba lo mismo, el valor del propio Imperio de Castina.

Desgraciadamente, eso es un deseo inocente cuando se tienen a hombres poderosos encerrados en la misma pequeña habitación pensando soluciones o acordando planes que no gasten más de los recursos que están dispuestos a otorgar.

Dejar tal labor en manos de su único hijo mostraría el valor del príncipe heredero en lidiar con asuntos políticos extremadamente tensos y llegar a la solución no que beneficie o alegre a ambas partes, sino, la que mejor convenga para el Imperio, como futuro Emperador su palabra es ley.

Entonces, una luminosidad radiante filtrándose por las ventanas del palacio proveniente del jardín, le hizo abandonar su documentación pendiente, corriendo en dirección al grupo del gabinete y su hijo, capturando el momento exacto para ver a uno de sus mejores caballeros cargar a una misteriosa mujer de cabello negro, siguiendo a una sirvienta y los médicos imperiales.

Alzo una ceja curioso, siguiéndoles de cerca sin revelar su presencia.

Al doblar por el pasillo, vio a la sirvienta abrir ambas puertas de una habitación, dejando que el Marqués la Monique entrara, depositando suavemente a la inconsciente dama.

Tras ello, el médico Imperial le pidió que se retirara mientras comprobaban el estado de salud de la joven, antes de que se negara a acatar dicha solicitud, el Emperador eligió ese instante para hacer de conocimiento público su presencia.

Los rostros pálidos le divirtieron un poco, instándolos a que olvidaran el protocolo y atendieran a la joven enferma.

Así de rápido dio su permiso a continuar, el Marqués se acercó tratando de explicarse, siendo detenido por la mano del Emperador, señalando a que le acompañará de regreso a la oficina.

Dejando la responsabilidad de informar sobre la joven misteriosa en la sirvienta que abrió la habitación.

Caminaron silenciosamente hasta la oficina, pasando a las sirvientas susurrantes, los caballeros confundidos y deteniendo a los nobles que regresaban de su paseo en el jardín junto al príncipe heredero.

Tan sereno en su expresión, les prometió hablar adecuadamente con todos, primero, necesitaba discutir un asunto de gran relevancia con el Marqués.

Ambos se encerraron en la habitación, pasando a sentarse en los sillones dispuestos en medio con una pequeña mesa entre estos. Relajándose notoriamente, el Emperador cruzo una pierna sobre la otra, sonriendo amable y cerrando sus ojos.

Una sombra oscura se posaba en el rostro del Marqués.

—Hay alguna razón, ¿Para que la lanza del Imperio, lleve a señoritas a las habitaciones vacías de mi palacio?

La pregunta tan inocente como salió, crispo al Marqués. El tomar tales libertad en el palacio Imperial sin solicitar permiso previo del príncipe heredero o enviar un mensaje que informara de ello al Emperador, traería gran vergüenza a la familia Monique.

—Me disculpo, su majestad. —Apoyando ambas manos en sus rodillas, bajo la cabeza. —Recibiré el castigo que considere más adecuado.

El emperador exhalo con cierto aburrimiento, su broma no había salido exactamente de la manera que deseaba, probablemente a que ya no son tan jóvenes para considerar ese tipo de romances o aventuras de una sola vez.

—Levanta tu cabeza, Keiran. No voy a darte un castigo por ayudar a una joven enferma.

—Agradezco humildemente la infinita bondad y misericordia que posee, Emperador.

Asintiendo, ahora con los brazos puestos en la pierna que descasaba encima de la otra, cambio su expresión a una más seria. Varios nobles esperaban tras la puerta, ansiosos de discutir el mismo tema que mantenía al Marqués en una comprometida posición.

—¿Qué ocurrió?, una luz lleno el palacio como el amanecer en todo su esplendor y coloco a todos en pánico por un castigo de Vita cayendo sobre nosotros.

El Marqués apretó en una fina línea sus labios, desviando por breves segundos su mirada del Emperador. Tomo una inhalación profunda, enderezándose en su lugar, borro cualquier rastro de emocionalidad, hablando solemnemente.

—Caminábamos por los jardines para tomar un poco de aire fresco a sugerencia del príncipe, entonces, una torre brillante apareció justo delante de nosotros. Permanecimos quietos a una considerable distancia, pero el Príncipe heredero decidió inspeccionar más de cerca.

Se detuvo, viendo al Emperador asentir moviendo su mano para que continuara.

—Luego, ella salió y la luz desapareció. Se quedo quieta, me pareció que miraba fijamente al Príncipe. Los guardias no tardaron en rodearla para apresarla, ella reacciono temblando, empezando a buscar una salida, empezó a correr, los guardias trataron de atraparla, pero…

—¿Pero?

—Los esquivo… a cada uno, fácilmente.

El emperador rio divertido, callando al ver, por la expresión seria del Marqués que no se trataba de una broma.

Una joven mujer, esquivo a guardias imperiales en pleno campo abierto, además de ingresar sin invitación al interior del palacio. Podría tratarse como dijeron los sirvientes, ¿De una señal por parte de Vita?

O, ¿Un mal presagio?

—Pensé que atacaría al príncipe, pero paso a su lado sin siquiera mirarlo. Antes de que pudiera desenfundar mi espada, se detuvo delante de mí, me vio con lágrimas y se lanzó encima pidiendo por ayuda.

—Una mujer extraña, te ha puesto en apuros, Marqués. ¿Te dijo algo más?

—Desgraciadamente nada útil. Sus recuerdos parecen estar perdidos y no sabe a dónde llego. Iba a llevarla dentro e informarle a usted de esto, pero, ella empezó a hiperventilarse, perdió el equilibrio y su temperatura subió de golpe.

—Comprendo Marqués. Hah… —Exhaló pesadamente. Deshizo el cruce de sus piernas, inclinándose hacia adelante, apoyo los codos sobre sus piernas, entrelazando los dedos en sus manos dejando su barbilla reposar por encima. —¿Deberíamos encerrarla?

—Es una opción lógica, su majestad. Si me permite, sugiero que esperemos a que su salud mejore e interrogarla.

—Puede representar un verdadero peligro para el Imperio, Marqués. Una mujer NORMAL no es capaz de sobrepasar las habilidades de caballeros entrenados en combate.

El tono del Emperador fue completamente frio, desprovisto de emoción. A pesar de simpatizar con los débiles y velar por aquellos con menos que nada, abrir presurosamente su corazón a una mujer que no era débil, pondría en juicio su lugar como el monarca del Imperio.

Bajando su cabeza de nuevo, el Marqués se disculpó.

—El Emperador posee una visión más amplia de la cual soy incapaz de comprender siquiera una parte.

—Tampoco menosprecias tu propio juicio, Keiran. —Masajeó el lateral de su frente. Las voces detrás ya se habían apartado, pero podía recordar los susurros mal disimulados comentando sobre el regalo enviado de Vita. — El resto de nobles, seguro tendrán algo por decir con respecto a ella.

—¿Y qué seria eso, su majestad?

—Yo también me lo pregunto. —Respondió vagamente, sonriendo de lado.

Un golpe a la puerta interrumpió la conversación, el Emperador dio acceso a la persona detrás, develándose la joven sirvienta que dejo a cargo de la mujer inconsciente.

Reverencio a ambos, disculpándose por la interrupción, a pasos calmados se paró al frente con sus manos reposando en su vientre.

Mordió su labio inferior, apartando la vista, cerro sus ojos y comenzó a hablar.

—El médico Imperial no está seguro de lo que le ocurre, no tiene heridas visibles, marcas o lesiones, tampoco presenta signos de envenenamiento. Y su fiebre va subiendo por minuto. —La consternación paso por el rostro de ambos hombres, la sirvienta temblaba por la ansiedad, dejando caer su mirada —El médico… piensa que sería adecuado llamar a una de las raíces.

—¡¿QUÉ?! —Exclamó Keiran, parándose de repente, consiguiendo que la sirvienta retrocediera en sorpresa. —Otorgar ese favoritismo a una desconocida, por la incompetencia del médico en su diagnóstico, tal atrevimiento. ¡ES IMPENSABLE!

—P-pero… ella e-esta…

La sirvienta trato de alegar por la mujer en cama, a pesar de no conocerla, el ver morir a un ser humano era un peso con el cual no deseaba cargar de por vida. Se encogió sobre su cuerpo, sintiendo las lágrimas apilarse en las esquinas de sus ojos.

Una voz tranquila detuvo la explosión iracunda del Marqués.

—Envía un coche con un par de escoltas al templo y que traigan a Tertius. Si preguntan la razón, es una orden directa del Emperador, después de que la revise, hablare personalmente con él.

La sirvienta asintió, dando media vuelta y apresurándose a salir en busca de los escoltas y un coche disponible.

Keiran se quedó callado, enviando una interrogativa silenciosa al Emperador.

El gobernante del Imperio se puso de pie y sin decir nada, camino hacia la puerta, deteniéndose solo para mirar sobre su hombro y con una sonrisa enigmática, invito al Marqués a acompañarle.

—¿A dónde, su majestad?

—Eso es bastante obvio. —Giró la perilla, empujando la puerta — Con la chica medio muerta que rivaliza a caballeros imperiales.

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Continuara…

¡RECUERDEN!

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Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*