¡RECUERDEN!
A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Me voy a tomar unas vacaciones… mi mente lo necesita, mis manos también… ¡Así que aquí les dejo un regalito!
Recomendación musical: "Beat Hit!" by Miyazaki Ayumi.
Notas:
Presente
[Pasado]
"Pensamientos"
[Teléfono/Mensajes/Cartas]
Narrador extra.
Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna
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Intermedio I. – La llegada de Jieun –
Parte II. Mi nombre es Eligere. (1)
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Este es un viejo y vergonzoso recuerdo de mis años infantiles. El cual me es posible admitir manteniendo un cierto grado de vergüenza, debido a mi falta de madurez o solo algo de preocupación genuina al guiarme por las palabras dichas de un montón de personas sin autentica relevancia.
Tal conflicto se reflejó en mis problemas para dormir por la noche a mi hora señalada. Paseaba y paseaba por mi habitación, pensando que una caminata me ayudaría a cansarme más pronto, también, que si salía al pasillo y con una vela en la mano, me encontraría con alguna de las sirvientas en su última ronda o a los caballeros que vigilan entre lapsos de dos horas.
Lo mejor para mí, era mantenerme en la comodidad de mi habitación, además, con que por el tamaño no recorría el límite de una pared a otra con más de cinco pasos, al menos veinte de mis pasos eran necesarios, quizás más.
Supongo que la parte divertida de mi insomnio estaba en despertar al día siguiente, escuchar a mi sirvienta personal gritar asustada por no verme en la cama y salir rápidamente por la puerta. Ese era uno de los puntos fuertes de mi sirvienta personal, su perfectamente elevado tono de voz que funciona para sacarme la somnolencia y comprobar en qué lugar decidí dormir por la noche.
Tenía al menos tres lugares específicos para caer en un sueño profundo; el suelo, el sillón al frente de mi cama con una mesita para el té; y el alfeizar al lado de mi ventana. Siempre tenía preparada en cada uno de esos lugares una manta, para evitar resfriados inesperados.
Doblaba la manta y la devolvía a su lugar, dejaba mi sustituto de cama e iba al armario para escoger un nuevo atuendo.
Con mi atuendo para el día en mis manos, caminaba de regreso a mi cama, dejando la ropa encima de las colchas y antes de desabotonarme la camisa o sacarla por mi cabeza, la puerta a medio cerrar era derriba estruendosamente por la entrada dramática de mis padres junto a mi hermana mayor.
Cada uno, portando un arma en caso de atacar o defender, mi padre su espada sin desenfundar, mi madre un libro grueso y mi hermana su propia espada de entrenamiento, creo, que la única que no llevaba un arma como tal, vendría siendo madre.
Al momento de verme y yo verlos a ellos, les saludaba con un: —Buenos días. —Bastante normal.
La siguiente reacción provenía de mi adorada hermana mayor, quien soltaba rápidamente su espada de entrenamiento, abrazándome con gran fuerza, a veces podía sentir mis pulmones comprimirse.
Madre resoplaba, bajando su libro y mirando a padre con un ligero asentimiento, daba media vuelta para salir de la habitación e ir a calmar a los sirvientes en el segundo y primer piso. Y padre, me daba una mirada de reproche frunciendo el ceño unos segundos y relajando su expresión casi de inmediato, se acercó a nosotros para acariciar mis cabellos despeinados, dejando a mi hermana mayor encargarse de ayudarme con mi vestimenta.
—No tarden, el desayuno se servirá pronto. —Dijo él, reprimiéndose en completar esa oración con algo más.
—¡Entendido, Capitán! —Exclamó mi hermana, imitando erróneamente el saludo militar, consiguiendo que padre sonriera ligeramente.
Se despidió de nosotros, cerrando la puerta detrás de él.
Esa era la rutina en que habíamos caído cada mañana, al menos por un mes, siempre que mi sirvienta no me viera durmiendo en mi cama o un lugar visible, ella gritaría a todo pulmón y correría en dirección a mis padres. Después entrarían a mi habitación —casi derribando la puerta— con armas en sus manos, preparados para el combate, excepto por madre, ella cargaba un objeto diferente cada vez, supongo que tomaba lo primero que estuviera a su alcance.
En una ocasión trajo su alhajero, se podían distinguir unos cuantos collares colgando y un fino arete a punto de deslizarse. Solo pensé: —"¿Enserio?, ¿De verdad piensa a atacar a un secuestrador o asesino con una caja repleta de joyas?"
Tal imagen mental era bastante graciosa, considerando que madre es el tipo de persona que no consigues anticipar sus acciones o saber que está pensando a primera vista. En ese sentido, padre es igual a ella, un porte serio repleto de dignidad cual fortaleza impenetrable, excepto que él, es bastante más afectivo con nosotros que mamá.
Y mi hermana mayor, no consigue mantener una expresión neutral, siempre dice lo que siente y está llena de energía. Supongo que de eso deriva su deseo en entrenar para volverse un caballero.
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Cada miembro en mi familia es único, que si sus imágenes se preservaran en un lienzo pintado, serian exhibidos como una de las obras más representativas del siglo.
Por supuesto dejaría una sola pregunta al aire: ¿Dónde quedo yo?
Realmente fue la pregunta que rondaba por mi mente en las noches, simplemente no me parezco en nada a mis padres o mi hermana mayor.
Mi cabello es un tono sombrío, apenas pueden distinguirse mis ojos azul marino y mi piel pálida me hace lucir fantasmal al contraste de mi cabello. A diferencia de mi hermana, soy reservado y me gustan los lugares silenciosos, podría considerarme un tanto tímido, así que elijo ser bastante formal para disimular.
El otro aspecto, es que en mi familia nos distinguimos por usar tonos oscuros, especialmente en colores azul y negro, en raras ocasiones cambiamos a colores más vivos, incluso, hay vestimentas formales que son de un gris brillante casi plateado.
Ningún otro tipo de color se permite entrar a los armarios de nuestra casa, eso está comprobado un cien por ciento. Una modista trajo un vestido en morado para mi hermana y antes de que ella regresara de su entrenamiento para probárselo, madre saco a la pobre mujer de la casa, exigiéndole que trajera el vestido del color plateado con negro que pidió explícitamente, ignorando las sugerencias de la mujer sobre que ese color era la tendencia o muy popular para las niñas de su edad.
La palabra de madre era ley dentro de casa, y retarla era lo último que se debía hacer. Repitió su orden, usando su voz fría, recubierta en furia, mirando a la mujer con desprecio.
Mi hermana tuvo su vestido plateado con negro, agradeciéndole a madre; esa fue la última entrega de esa mujer, porque cambio de modista para los siguientes atuendos de mi hermana mayor.
Para los círculos sociales, el usar un color que distinga a tu familia es clave, el hecho de que nosotros siempre vistamos con tales tonalidades como si estuviéramos en un luto eterno ha creado rumores extraños, que simplemente son callados ante la presencia de mis progenitores en una fiesta.
¿Por qué?
Es una razón totalmente obvia. El propio tono de sus cabellos y sus pieles claras son lo que da el contraste adecuado al vestir de negro o azul índigo oscuro, pero cuando usan las vestimentas plateadas con el mismo patrón de diseño, es que causan un impacto total.
Mi hermana mayor no se queda atrás, la han llamado en varias ocasiones un hada lunar, debido a su belleza y encanto natural. Posee la perfecta combinación de los genes de nuestros padres, físicamente se parece a madre, por su cabello claro y sus ojos negros; por parte de padre tiene la convicción de no darse por vencida y ser justa.
Y yo, francamente yo no me parezco en nada a mis padres, a penas mis ojos son del mismo color que padre y debido a mi cabello es que no resalto a pesar de las ropas más claras que pueda usar. Se me señalo como un niño no deseado, una especie de maldición, el que no heredo ninguna cualidad rescatable de mis padres.
Llegando al grado en que las amistades de mi hermana mayor sentían lastima por ella, quien siendo lo suficientemente amable, trataba como familia, al hijo de una aventura secreta.
Francamente, empecé a considerar como verdaderas esas palabras.
Mi hermana, tiene un nombre hermoso, yo, tengo un nombre extraño y mi apariencia no viene heredada de ninguno de ellos.
Si desapareciera, no sería extrañado, ninguna lagrima se derramaría por mí y la vida de todos ellos continuaría como si nada. Simplemente no soy amado.
—Con que aquí estabas.
Escuchar su voz me sorprendió.
Levante la vista del gran libro en mis piernas, encontrándome con la sonrisa discreta de madre.
Sus anteojos cristalinos colgaban de un hilo alrededor de su cuello. Usaba una camisa blanca, con las mangas hasta los codos, un corsé negro alrededor de su cintura y pantalones del mismo tono, junto a unas botas que le llegaban a la mitad de la pierna. Su largo cabello blanco atado en una coleta alta, brillaba con los rayos del sol atravesando las hojas de los árboles.
Si mi hermana era el hada lunar, básicamente madre vendría siendo la reina de las hadas, pero, entonces, ¿Eso volvería a mi hermana en una princesa?
—¿En qué piensas? —Madre volvió a hablar, sacándome de mis cavilaciones personales, ella eligió sentarse a mi lado, mostrando interés por el libro entre mis piernas, para seguidamente mover sus ojos hacia mí y sonreír suavemente otra vez.
Sentí una extraña calidez brotando en mi pecho, negando de inmediato, ese tipo de afectos ni siquiera eran reales, no podía engañarme con vagas esperanzas.
Me abstuve de responderle, dando vuelta a la siguiente página sin terminar la anterior, si fingía concentrarme en la lectura ella se rendiría, me dejaría solo y buscaría a mi hermana, quizás padre o alguna de las sirvientas, recordándole su trabajo pendiente en la oficina.
Esos preciosos segundo en que ninguno de los dos hablo, me parecieron completamente tensos, mi corazón palpitaba por los nervios y podía ver mis manos temblar. Ya ni seguía las letras escritas, solo me concentraba en los diseños decorando los contornos en las páginas.
Por el rabillo del ojo, la vi meditando sin apartar su mirada de mí, de inmediato sentí las mejillas calientes.
—¿Es porque Lumen se comió tu merienda salada ayer? —Preguntó, ladeando su rostro y sujetándose la barbilla con su mano izquierda.
Deje que el libro en mis piernas se deslizara hasta el pasto, gire la cara en dirección a madre y estoy seguro de que mostraba una enorme sorpresa en mi rostro, ya que, ella asintió, susurrando algo que no conseguí descifrar.
Ciertamente, el día de ayer, teníamos la merienda con un platillo que madre prepara exclusivamente para mi hermana Lumen y para mí, excepto, que ella ya había comido su porción después de su entrenamiento y yo no, porque elegí dormir una siesta al concluir mis clases de etiqueta.
Bajé de mi habitación al comedor —aun adormilado— entonces, encontré a mi hermana en mi asiento, comiéndose mi Bulgogi y viéndose casi culpable de tomar mi porción con su plato limpio al otro lado de la mesa.
Ni siquiera me esforcé en decirle algo, gritarle o ponerme a llorar, le pedí a mi sirvienta que me subiera una taza de té y galletas. Me di media vuelta y subí de nuevo a mi habitación.
Realmente no es que me importe que mi hermana acapare la comida —la mayoría de las veces— solo que lo haga sin pedirlo primero.
Eso explicaría porque se esforzó en el desayuno para darme la mitad de su porción.
—No.— Le respondí a madre. Tratando de tomar el libro de regreso.
—¿No? — Repitió ella confundida, yo asentí, buscando la página en que iba —Entiendo que es tu hermana y la quieres mucho, pero está bien si te enojas con ella. No fue correcto que se comiera tu parte del Bulgogi.
Madre no es particularmente estricta el hecho de que se esté esforzando tanto para hacerme ver que le dio una correcta reprimenda a Lumen, seguramente vendría de su papel a interpretar como una madre adecuada.
—Está bien. —Volví a excusar el comportamiento de Lumen. — Ella necesita comer más que yo por su entrenamiento.
Madre negó, exhalando profundamente y marcando un ceño en su frente.
—De todas maneras, aunque exista una justificación a sus actos, no deja de existir el hecho, tiene que ser responsable.
Sin argumento con el cual debatir las palabras de madre, me limite a asentir.
—Hmm, sí. Madre tiene razón.
Mi respuesta la hizo feliz, o eso me pareció, porque sonrió aliviada, despeinando mis cabellos y prometiéndome una gran cacerola de Bulgogi solo para mí.
—Madre está siendo cruel con Lumen. —De inmediato hable por mi hermana, si hay otra cosa que conozco bien de ella, es que no solo disfruta de llenarse de pasteles o correr por todo el jardín ignorando el vestido que trae puesto, sino que de verdad adora comer cualquier platillo hecho por madre y yo también.
Ese tipo de extraños lujos, solo ocurren en momentos especiales o que madre considera especiales para dejar la oficina y meterse a la cocina.
—No te preocupes por eso. —Intentó tranquilizarme, colocando su mano en mi mejilla, acariciándola con su pulgar. — Ella ya pasa suficiente tiempo con tu padre, así que tómalo como un tiempo para que convivamos nosotros dos.
—¿C-c-co-convivir?, ¿S-solo madre y yo?
La propuesta de madre parecía un sueño hecho realidad.
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Usualmente se encierra en su oficina o sale de la mansión a su trabajo en la ciudad, solo podemos verla durante el desayuno o la cena un corto lapso de tiempo, cuando decide quedarse en casa, acepta tomar el té con nosotros y las conversaciones pasan a centrarse exclusivamente en Lumen.
Me pregunte si estaría bien disfrutar del egoísmo que conlleva monopolizar el tiempo de madre.
Sin mi hermana, sin padre, solo una imagen perfecta de madre y yo juntos comiendo, era tal la felicidad que por ese instante olvide el hecho de no ser su hijo.
—Si, porque Corvum es muy lindo.
—…
Al escucharla decir ese halago especifico, empapado con un inusual afecto, mi corazón sintió la opresión de la cruel realidad.
Ella me regalaba este falso aprecio, un amor supuestamente incondicional y promesas de apariencia sincera para cumplir con su rol de madre. Tal vez una de las sirvientas fue a decirle de lo ocurrido con la merienda.
Un pesado suspiro escapo de mis labios.
—¿Paso algo? —Preguntó, ladeando el rostro y moviendo los cabellos en mi flequillo que ocultaban mi mirada.
—Yo… yo no soy lindo. —Dije con mi voz titubeando, frunciendo los labios en un puchero.
Ella rio encantadoramente, colocando un mechón de mi cabello tras la oreja y cepillando con sus dedos mi flequillo.
Su toque era increíblemente reconfortante que me dolía el pecho.
—Si, si lo eres. —Deseaba que se detuviera, mis ojos me picaban por las lágrimas acumuladas.
Ella empezó a reír suavemente por algún viejo recuerdo, mirando al cielo sin apartar esa mueca divertida de su hermoso rostro, dijo: — Bastante adorable debo agregar, ¿Sabías que tu padre y Lumen amenazaban con la mirada a cualquier que se te acercara el día que naciste? —Negó, con los brazos cruzados. —Es una suerte que sea tu madre o me verían de la misma manera.
Era tan extraño.
Sumamente extraño verla demostrando sus expresiones con tal libertad mientras contaba historias que posiblemente me avergonzarían o me llenarían de la misma diversión que ella.
Lo único que causo en mi fue la indignación. Por muy pequeño que continuara siendo, mi inteligencia es adecuada para entender mi propio lugar en la familia.
Cerré el libro de golpe, dejándolo al lado derecho, empezando a levantarme de mi lugar en el pasto, girándome a verla de frente, apretando con fuerza los puños, luchando contra las lágrimas queriendo escaparse.
Mi voz estaba cargada de resentimiento, una especie de veneno que un niño como yo jamás tendría que dirigir a sus mayores y especialmente a su familia.
—Madre no me mientas de esa manera. —Pedí, lo más amable posible. Ella parpadeo confundida.
Una exhalación escapo de mis labios, era estúpido tener que explicarme más allá de la obviedad, ella se empeñaba en fingir ignorancia, actuar como si fuéramos una verdadera familia. Las punzadas atacando mi corazón, con el tiempo de calmarían. Hoy terminaría con esta larga mentira.— Después de todo, no soy alguien hermoso, tampoco importante para que padre o hermana hagan ese tipo de cosas.
Abrió los ojos hasta donde sus parpados alcanzaban a llegar, con sus cejas dispuestas a saltarse de su frente al levantarla, de inmediato negó disipando el disgusto cambiándolo a una autentica preocupación.
—¿Corvum?, ¿Tienes fiebre? —Coloco su palma sobre mi frente, verificando la temperatura, el acto me asqueo suficiente para alejarme de su toque.
—¡No! —Grite, dejando ver la furia que había reservado exclusivamente en mi interior, poco a poco las lágrimas descendían a través de mis mejilla. — Yo… yo… ¡YO NO SOY TU HIJO! —Hice la confesión que re direccionaría el resto de mi vida.
Las mentiras finalizarían, las máscaras se abandonarían, mi amada hermana mayor sabría que no compartíamos la misma sangre.
Pasaría a ser de conocimiento público mi origen bastardo y seria desechado al ya no servir de un perfecto peón en el tablero dispuesto por esta familia. Grite fuerte, mi garganta ardiendo al forzar mi voz.
— ¡TAMPOCO SOY HIJO DE PADRE!, ¡Y NO SOY HERMANO DE LUMEN! —Mis lagrimas no paraban de salir, aprete mis parpados mientras me cubría el rostro con ambas manos. —¡No pertenezco a esta familia!, solo dime la verdad… dime… que no soy su hijo…
—…
Ella se había quedado sin una respuesta para darme, era la elección más sabia. ¿Qué podría decirme al yo saber la verdad?
Un inútil último esfuerzo para apaciguar mi corazón, intentar consolarme con un afecto completamente falso. Seguramente me volvería un niño más entre las calles, luchando por sobrevivir, quizás, esperar un poco más hasta que alcanzara la edad adulta hubiera sido preferente.
Simplemente ya estaba cansado.
—No tienes que fingir amarme. —Le dije, tratando de sonreír irónicamente. Sorbí mi nariz, apartando las manos de mis ojos.— Y…
*Clap*
Resonó la bofetada contra mi mejilla.
—¡Auch! —Exclamé adolorido. Cubriéndome la zona golpeada, las lágrimas se frenaron un instante, el calor en mi mejilla se sentía firme, dejaría una marca bastante clara.
De verdad se notaba molesta. Bufo exasperada, jalándome por el brazo para sentarme de regreso al pasto.
—¡Cálmate! —Me tomo firmemente de los hombros, mirándome con una extraña determinación en su mirada. —Hah… —Suspiró, quitando la mano derecha de mi hombro y pasándola por su flequillo, llevándolo hacia atrás y dejándolo caer de nuevo — ¡De verdad!, ¡Ustedes dos son idénticos!, —Me regañó.— Adelantándose a la cosas y hablando puras tonterías. ¡¿Quién te dijo que no eres mi hijo?!, ¡Para ir a torturarlo!
Una extraña llama de ira se había encendido en ella, sin embargo, yo no era el receptor de este deseo de pura sangre que exudaba de su persona.
Ella prometía lastimar seriamente a cualquiera que me estuviera causando daño con tales declaraciones viles. Serian castigados justamente.
Continuaba admirando su ferviente intención de mantener la farsa.
—Todos lo dicen, además es cierto. —Me libre de su toque en el otro hombro, bajando la mirada al pasto. Aprete los ojos ante la nueva ola de llanto acercándose. —No me parezco a madre, ni a padre. Solo Lumen es idéntica a ti.
Nuevamente me sorprendió con sus palabras tercas en la supuesta verdad.
—Eso no es verdad. Además Lumen no se parece tanto a mí. —Madre podría ser muy ciega ante los hechos irrefutables enfrente. Mi hermana mayor es su vivo reflejo. — Honestamente pienso que saco esa personalidad por Jisoo.
La mención de un nombre desconocido me hizo levantar el rostro, mirando directamente a madre, quien fruncia los labios a un lado y entrecerraba los ojos al traer recuerdos de un pasado lejano.
Una persona de un nombre bastante extraño, ¿Compartía una similitud con mi hermana?, ¿Por qué?
—Ji…¿soo? —Trate de pronunciar el nombre de la misma manera que madre, pero no estaba seguro de si era del todo correcto.
Al escucharme, ella regreso de sus recuerdos personales, agitando la mano en mi dirección restándole importancia a la desconocida persona a la cual Lumen se parecía.
—Luego te hablare de ella.
Asentí obedientemente.
Podría ser, ¿Qué madre nos adoptara tanto a Lumen y a mí?
Eso explicaría la falta de parecido entre los dos, aunque no terminaría de explicar el parecido entre madre y ella. Nunca tome en cuenta que nuestra familia guardara más secretos que la del uso inusual de colores oscuros y negros en la ropa.
Madre aclaró su garganta, sentándose lo más recta posible, coloco ambas manos sobre sus piernas.
—¡Ahora! —Elevó su voz, recuperando mi atención en ella. — Sobre ese punto de que no eres mi hijo porque no te pareces a tu padre o a mí, es un error. —El único error es continuar aferrándose a una mentira. Ella, dio su explicación, empezando al tocar los mechones de mi flequillo. —Tu cabello es lacio como el de tu padre, el color de tus ojos es el de tu padre; tu color de piel es de mi parte y el color de tu cabello es del mismo color que el mío.
Lo más absurdo fue que dijera sobre el color, no tenía ninguna relación ni por insignificante que fuera.
Claramente la diferencia se veía como el día y la noche.
—Madre eso no es-
—Es la verdad. —Ella me interrumpió.
Firme en su respuesta, cruzando los brazos sobre su pecho. Exhalo y desvió la mirada, pasando los dedos de su otra mano por las hebras delgadas en la coleta. Sonrió con cierta nostalgia, mirándome nuevamente.
—O lo era hace algunos años. —Se encogió de hombros. — Perdí el color de mi cabello en un incidente, algo peculiar. —Ahorro los detalles de su afirmación simple.
Curiosamente, sentí que sus palabras portaban un tanto de verdad o me afectaba que empezara a verme con gran cariño a la vez que peinaba mis cabellos. Incluso sino soy su hijo como ella está jurando, jamás negaría mi propia verdad, que amo a mi familia.
—En términos de personalidad, tienes una mezcla entre tu padre y yo. ¿Alguna otra duda?
Mis ojos se empañaban en lágrimas, el corazón latía contra mi pecho, ¿Seria tonto aferrarme a este tipo de esperanza?
Donde me dice una cierta verdad, en que no soy despreciado por mi origen y se me cubre de afectos.
Una pequeña mentira piadosa, ¿Sería tan malo aceptarla?, a pesar de mentalizarme a lo peor a las consecuencias temibles, ella me brindaba comprensión.
Sorbí con fuerza mi nariz, secando la mucosidad colgando en la punta de mi nariz. Tome las manos de madre entre las mías, eran las manos más cálidas que había tomado alguna vez, su piel ya no era suave pero podía identificar el arduo trabajo grabado en cada pequeña marca.
Las manos de una frágil mujer eran fuertes, repletas de confianza y calidez. Era la primera vez que un simple tacto me producía tal variedad de emociones.
Me arme de valor y pregunte:—¿Por qué me llamo Corvum? —Levante la mirada, avergonzado. —El nombre de mi hermana tiene un significado más bonito.
Este era mi pequeño y vergonzoso secreto, la envidia por el nombre de mi hermana mayor además de su belleza natural
—El tuyo también es bonito.
—No, no es cierto.
—Lo es. —Al verme inflar las mejillas en un puchero, madre ladeo la cara, notándose derrotada por mi adorable expresión. Masajeo el puente de su nariz, maldiciendo por lo bajo, algo sobre hermosos ojos azules. — Te puse ese nombre, porque deseé para ti la fuerza de mantenerte firme a las adversidades, de que todo aquello malo o negativo pudieras sobrellevarlo y navegar a través de esto, siempre en busca de lo que te de felicidad.
Abrí mi boca en asombro, percatándome de ello, al sentir tu suave toque empujando mi barbilla hacia arriba para cerrarla.
Tal significado profundo, en un nombre que me recordaba a un ave.
El calor agradable en mi pecho volvía, tenía que preguntar una última cosa.
—¿Y el de Lumen?
—Porque es la luz del inicio. —De nuevo esa mirada nostálgica, incluso un poco triste, ¿Qué le causaba tal pesar al decir el significado del nombre de mi hermana?, si es hermoso como pensaba —Su brillo atrae a muchos a su alrededor, pero esa no es la intención en su nombre, sino el aprecio a las cosas más insignificantes, dispuesta a escuchar antes de juzgar.
La intención en ambos nombres distaba mucho de lo que parecía a primera vista, el de mi hermana se encaminaba a la sabiduría, el mío a la fortaleza espiritual.
Pero como un niño, eso no poseía suficiente valor para mi.—Sigo pensando que el de Lumen es más bonito.
Infle mis mejillas sin considerarlo dos veces y con ello mi ceño fruncido. Estaba actuando sin reparo como un niño mimado.
Eso me otorgo el placer de escuchar la carcajada de madre.
—Ja, ja, ja. Ella piensa que el tuyo es mucho más genial. —Luchó en reprimir la risa para poder hablar. —Porque cuando se vuelva caballero no podrá asustar a los enemigos con su nombre. Ja, ja, ja.
Era obvio que estuviera riéndose de mis quejas, yo mostraba la injusticia de que mi nombre a pesar de sonar fuerte no es hermoso; y mi hermana mayor al tener un nombre hermoso no demuestra su fortaleza nata.
De inmediato sentí el calor subiendo desde mi cuello hasta mi cara. Ambos no podíamos ser así de tontos a ojos de madre o padre. Era absolutamente vergonzoso.
—¿Hermana dijo eso? —Pregunte, jugando con las yemas de mis dedos.
—Si. —Madre asintió. —¿Todavía te preocupa algo?
Definitivamente, quise decirle, pero me abstuve. Mi lado racional me decía que dudara de sus explicaciones, de los parecidos auténticos y reales, aun así, del otro lado, tenía el extenso amor mostrado por mi madre al darme un nombre, de lo valioso que era para padre y Lumen.
Me había preparado para lo peor y aquí estaba viendo una última esperanza a la que aferrarme.
Las lágrimas escaparon de mis ojos una vez más, solté las manos de madre, repleto de valor me acerque a ella, abrazándola, me aferre a su pecho.
El amor por mi familia y la familia que me ama, ninguna de ellos es una mentira.
—Lamento haber sido grosero y gritarte y…
—No importa. —Acarició mi cabello y palmeo mi espalda. —Soy tu madre, Corvum. —me despego de la calidez de su pecho, levantando mi barbilla para verla. —Es mi trabajo lidiar con un niño pequeño como tú, además de regañar a tu hermana cuando se come tu comida.
Era una pésima broma pero me hacía sonreír.
Seque mis lágrimas, disfrutando de ser completamente mimado por ella. Recordando su propuesta anterior, atraje su atención.
—Madre.
—¿Sí?
—Te ayudare a preparar el Bulgogi, a cambio no le daremos ni a padre ni a Lumen.
Atesoraría cada pequeño momento, al fin y al cabo, estoy en la edad donde se me permite ser egoísta.
—Es un trato. —Extendió su mano a mi dirección, yo la tome y con un simple apretón quedo sellado.
No es necesario citar que Lumen realmente se molestó al enterarse que mientras ella iba a una de las inspecciones de padre en la ciudad, madre y yo —junto a algunos de los sirvientes— comimos una cacerola de Bulgogi.
Padre también se veía algo decepcionado de no probar la comida de madre, a pesar de que no disfruta de la misma manera, que Lumen, madre o yo, el comer Bulgogi.
Luego de una larga charla entre Lumen y madre, finalmente mi hermana se notaba avergonzada de haberse comido mi porción, prometiendo no volver a hacerlo, después vino conmigo a disculparse, llorando exageradas lágrimas y tomándome de las manos, arrodillándose para estar a la misma altura.
Esa disculpa me dejo dos cosas, la nobleza de mi hermana al reconocer sus actos y una dotación de un mes de sus postres para mí. Definitivamente no me quejaría de ese tipo de intercambio.
Tuve una buena noche de sueño al final del día, terminé durmiendo en la habitación de mis padres, Lumen su unió a nosotros después de buscarme en mi habitación para leerme un cuento y ser informada por mi sirvienta personal.
Los siguientes días, la rutina de recibir a mis padres y hermana en mi habitación cesaron, salvo por preferir dormir en cualquier otro lugar menos mi cama.
Pensé y seguí pensando, el ser un hijo bastardo, un niño adoptado o cualquier otro no importaba, mucho menos que mi nombre carezca de belleza o mi apariencia no coincida con ellos, porque siempre seria amado por mi familia.
Y mientras tales sentimientos persistan, soy feliz.
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Continuara…
Dato curioso que a nadie le interesa y tampoco pidieron…Me cansé a las 11k de palabras y por eso dividí el One-Shot por capítulos.
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
