¡RECUERDEN!
A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Recomendación musical: "Beat Hit!" by Miyazaki Ayumi.
Notas:
Presente
[Pasado]
"Pensamientos"
[Teléfono/Mensajes/Cartas]
Narrador extra.
Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna
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Intermedio I. – La llegada de Jieun –
Parte II. Mi nombre es Eligere. (2)
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La oscuridad se cierne alrededor, mis pensamientos están nublados y mi cuerpo se siente como una ligera pluma. Recuerdo haber estado en un lugar brillante, después salir y ver personas con ropas coloridas, sus rostros no me fueron familiares y también esos colores causándome sentimientos diversos.
Capto un fragmento de luz que está por encima, trato de alcanzarlo al estirar mi mano. Sin embargo no alcanzo a tomarlo, ni siquiera rozarlo.
Brilla con fuerza, es increíblemente hermoso. Si solo…
—Esto marca la despedida, Eligere.
Escucho una voz monótona, un rastro de preocupación persiste. ¿Acaso está hablando conmigo?
Debe serlo, ya que no logro identificar la presencia de alguien más a mi alrededor, también, no es que pueda mirar algo más allá de mi propia nariz.
Asiento lentamente.
—Te ayude solo una vez, además de eso, ya no se me permite intervenir más.
—¿Intervenir?
—En efecto. —Me explico a detalle. Parecía poseer una enorme sabiduría y confianza cada vez que su voz resonaba en este espacio extenso. — A partir de este momento tu destino empezara a girar con nuevos engranes y tendrás el poder de direccionarlos a placer.
—¿Mi destino?, ¿Engranes?, ¿A qué te refieres? —Llevo ambas manos a cada lado de mi cabeza, pequeñas punzadas empiezan a latir ante las palabras de la voz monótona.
—Tranquila, poco a poco la información grabada volverá, tardará un tiempo en organizarse, y de esa manera, también me olvidaras. —Parecía dar todas las respuestas a mis dudas, sin embargo, eso solo dejaba más huecos. Me llamaba por un nombre extraño, daba vueltas alrededor de mi primera cuestión y seguía yendo por el mismo rumbo.
Tocando solo la superficie. Al menos, sería bueno conocer el nombre de quien posee una voz monótona.
—No estoy entendiendo nada. ¿Quién eres?
La voz se mantuvo en silencio produciendo una inquietante sensación de temor combinada con la angustia, algo como un deja vú. Me abrace a mí misma, intentando reconfortarme.
Empezaba a tener algo de frio.
Antes de que pudiera hacerle otra pregunta, le escuche reír, una risa muy extraña para una voz enteramente monótona.
Una especie de tacto aterrizo en mis mejillas y un cálido abrazo me cubrió. Mi corazón latió apresurado, el miedo se disipaba lentamente, lagrimas gruesas rodaban desde mis ojos.
Era como si mi alma estuviera llorando por un consuelo que no sabía que necesitaba. Me lleve las manos al rostro, tratando de parar este llanto espontaneo.
—Hasta nunca, joven elegida de Vita.
—¿He?
Fue todo lo que pude decir, mis ojos se cerraron de inmediato y ya no pude sentir el espacio donde me encontraba retozando.
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Un sabor amargo persistió en el interior de mi boca, dolían partes de mi cuerpo y la pesadez en mis parpados ardía extrañamente.
Voces llorosas y desconocidas sonaban cerca de mí. De inmediato trate de identificar la voz extraña que estuvo hablándome, desgraciadamente ninguna se le parece, ni por el tono o la calidad en su volumen.
Todas son voces bastante suaves, delicadas y chillonas, eso ultimo me molesta, porque me siento cansada al menos si hablaran un poco más bajo, podría volver a dormir y entonces… ¿Qué?
¿Exactamente que estaba haciendo?
Justo cuando esa pregunta corre por mi mente, elijo abrir mis párpados, deseaba hacerlo de forma rápida y levantarme, pero como suponía, los párpados me dolían y la luz entrando por las ventanas me lastimaba.
Seguramente el gemido incomodo que lance, alerto a una de las personas gritonas más cercanas a mí.
—¡Traigan al médico imperial ahora!
Finalmente había alcanzado mi cometido al abrir mis ojos e inspeccionar el lugar donde me encontraba.
Una habitación con una decoración bastante extraña, podía afirmar que se trataba de algo lujoso, bastante caro. La cama en que me encontraba igualmente se sentía suave y olía bastante bien, las cobijas cubriendo mi cuerpo eran pesadas pero de un rico tejido.
Si el cuerpo no me doliera como el infierno mismo, bien podría quedarme profundamente dormida e ignorar a las alteradas voces chillonas con su escándalo por verme de una pieza.
Alce mi mano del lado por el que entraba la luz, creando una sombra sobre mis ojos, esa pequeña acción logro que una mujer de ropas extrañas se acercara a la ventana paralela a la cama, empezando a cerrar las cortinas, oscureciendo la mitad de la habitación.
Agradecí por ello, dejando caer mi brazo sobre la cama.
—¿Cómo se siente? —Escuche la voz preocupada cerca de mí. Giré la cabeza y me encontré con otra mujer usando las mismas ropas curiosas, manteniendo las manos sobre su pecho e inclinada ligeramente para disminuir su altura.
Traté de sonreírle, pero por su expresión, conseguí el efecto equivocado y lágrimas se acumulaban en sus ojos.
Honestamente no sabía quién era esta persona o porque empezaba a llorar por mí. Exhalé por mis fosas nasales, intentando sentarme en la cama, pronto recibí la ayuda de la llorosa mujer, además de sus pedidos de tomármelo con calma.
Coloco un par de almohadones grandes y esponjados detrás de mi espalda, subió las mantas hasta mi regazo y comprobó mi temperatura corporal en mi frente en contraste de la propia.
Recibir un trato tan personal me incomodo de cierta manera, pero, no es que fuera una mala agradecida si están tomándose todas estas molestias conmigo. Le mostré mi gratitud sinceramente e inclina mi cabeza de forma respetuosa, aunque no sabía el porqué, cuando miré nuevamente a la mujer el color en sus mejillas era intenso y comenzó a tartamudear, negando con su cabeza de un lado a otro.
¿Había sido irrespetuosa?
Antes de poder encontrar mi voz, una mujer más joven entro anunciando la llegada del médico imperial.
La avergonzada mujer no dijo nada más, haciéndose a un lado y permitiendo al médico imperial revisarme.
Salude con otro intento de sonrisa amable e igualmente me regreso una expresión incomoda, disimulada por la seriedad con que se tomaba su trabajo en revisar mis signos vitales.
Una de las mujeres le acerco una silla elegante para que tomara asiento, con una tela blanca en la palma de su mano, sostuvo mi muñeca, dejando otro trozo de tela sobre esta y tocando la zona con dos de sus dedos. Se quedo unos minutos quieto, asintiendo para sí mismo.
Después saco un estuche rectangular de entre las mangas de sus ropas, abriéndolo y tomando un palillo aplanado de madera, me pidió sacar la lengua, obedecí sin rechistar. Por poco me ahogo con ese palito de madera entrando tan profundo en mi boca.
Le explico a una de las mujeres que se acercara y pusiera su mano en mi frente, ella le dijo que ya había checado mi temperatura, encontrándola perfecta.
Deje caer mi espalda contra las esponjadas almohadas, una vez que termino la inspección sobre mi cuerpo, le indico a una de las mujeres con ropas extrañas que se acercara, le susurro algunas palabras al oído cubriéndose con la mano, impidiendo que pudiera alcanzar algo de ese intercambio. Ella asintió, dando media vuelta y saliendo por la puerta.
Definitivamente sus acciones secretas me inquietaban.
Solo un momento, veía a muchas mujeres llorando por estar despierta, tratándome amablemente y volviendo mi estancia en esta rara habitación suficientemente cómoda. Incluso un médico que checa si mi estado corporal es óptimo.
Y si… ¿Soy una persona mala?
No, ese no podía ser el caso, porque, ¿A qué mala persona le das una habitación super lujosa y le das un tratamiento personal?
—Necesito me responda unas preguntas, ehm… ¿Señorita?
Atrajo mi atención, moviendo su mano frente a mi rostro. Estando un poco apenada por ignorarlo abiertamente, me disculpe sonriendo tensamente.
Dependiendo de mis respuestas, ¿Contaría como un procedimiento médico o un procedimiento interrogativo?
Ahora empezaba a tener un dolor de cabeza.
—¿Cuál es su nombre?
—¿Mi nombre? —Repetí estúpidamente.
El médico imperial asintió, frunciendo el entrecejo.
Supongo que esto si era un procedimiento médico combinado a un interrogatorio, suspire con desgano, dejando caer mis hombros.
Empecé a buscar en las memorias de mi cerebro y me percaté de cierta obviedad que había saltado porque el lugar donde desperté ya era extraño por sí mismo.
¿Quién soy?, ¿Tengo un nombre?, ¿Una familia?
Me mordí el labio inferior, esquivando la mirada del serio médico. Aprete las cobijas a mi alcance.
Tenía, no, ¡Debía darle una respuesta!, pero, ¿Cuál?
Un nombre, necesitaba inventar un nombre pronto o si no, yo…
—Eligere.
Repetí el nombre pronunciado por la voz monótona dentro de mi cabeza.
Mire en ambas direcciones y al frente de la habitación, esperando encontrarme con un rostro burlándose de mi al caer presa de una trampa perfectamente elaborada. Nada.
Todos seguían igualmente preocupados, ansiosos de mi respuesta. A penas podía confiar en esa extraña voz.
No volvería a ayudarme, ¿Ya había intervenido suficiente?, ¡Si, claro!
Trague saliva, refrescando mi garganta. Apostaría todo en este pequeño riesgo.
—¿Hm?, ¿Eligere? —Sonaba más a una pregunta que una aseveración.
El médico imperial no resalto ese detalle, limitándose dar un suave asentimiento. Prosiguió con su siguiente pregunta.
—¿Sabe su edad?
—No.
—¿De dónde viene usted?
—No lo sé.
Todo era culpa de la estúpida voz monótona que no se dignó en explicarme nada, simplemente me deseo una buena suerte y que progresivamente se solucionaría mi falta de memoria. Darles ese tipo de excusa sin fundamente solo porque escuche a una voz rara hablándome en quien sabrá donde, me tacharía inmediatamente de loca, fuera de mis facultades mentales y menos que creíble.
Tenía tantas ganas de llorar por la frustración.
El médico se detuvo de preguntarme por información personal, probablemente se compadeció de mi demacrada apariencia. Masajeo su barbilla e hizo una pregunta que creí me sería más fácil responder.
—¿Qué es lo último que recuerda?
Fruncí los labios. Recabando en mis aparentemente únicos recuerdos, los rostros estaban difuminados a penas reconocibles en mi mente, pero, aunque estuvieran con mejor claridad ni siquiera podría afirmar que conocía a los dueños de dichos rostros. Lo que destacaba por encima de sus rostros, eran las ropas extrañas y colores diversos.
Abrí mis ojos al tener una imagen más nítida de dos colores específicos.
De verdad quería reírme de mi misma y de esa voz misteriosa que me abandono a mi suerte, mi falta de memoria al menos era útil para mantenerme tranquila, porque al traer a la superficie esos colores el miedo y el horror se apoderaron de mi cuerpo, empecé a temblar desde mis hombros, bajando mi rostro hasta ser cubierto por cabellos negros.
—"Así que mi cabello es negro, ja, ja."
El médico al notar mi estado agitado, cambio su tono por uno más amable, pidiéndome tranquilizarme. ¡No podía tranquilizarme!
¡Estúpido momento de consciencia para llegar ahora!
Si cada una de mis memorias iban a inducirme a tal estado de temor, prefería quedarme en blanco para siempre. Arroje las cobijas lejos de mí, notando el precioso camisón rosa claro que estaba usando.
Luchaba contra las pobres mujeres sujetándome de cada brazo para regresar a recostarme en la cama, el médico tomando por los hombros para mantenme sentada. Mi pie izquierdo ya sentía la frialdad del suelo, mientras que el otro continuaba en la cama.
El médico me suplico que regresara a recostarme, esta vez no podía obedecerlo diligentemente.
Era mi super vivencia o mi estado de salud aparentemente delicado. Obviamente elegí la primera opción, si ellos conocían a los poseedores de tales colores repulsivos, yo no me quedaría a esperar mi muerte con una sonrisa.
De un jalón, libere mi mano diestra, empujando a la mujer que me sostenía, cayo de espaldas contra el suelo, soltando un quejido de dolor.
Con una mano libre, sujete una de las muñecas del médico, retirando la manga de su ropa y clavando mis dientes sobre su piel, tal vez era todo gracias a la adrenalina o mi sentido de vivir a toda costa, pero el médico lanzo un enorme grito de dolor, liberándome de inmediato y deje de morderlo.
La otra mujer temió por su propia integridad corporal, retrocediendo y mirándome con verdadera horror. Ahora extrañaba sus miradas de preocupación por mí.
Un sabor metálico se extendía dentro de mi boca, notando la manera en que el médico se aferraba en sujetar la zona mordida por mí, la respuesta llego de inmediato, junto a unas pequeñas gotas rojizas deslizándose por entre los dedos.
Aprovechando la distracción, salto fuera de la cama, sosteniéndome por fin en mis propios pies, la sensación de estar completamente erguida es desagradable, un malestar sube desde mi estómago, deteniéndose a penas en mi garganta. Me apoyo en la mesita colocada al lado de la cama y me cubre el rostro con mi otra mano, observando a través de los dedos, todos están quietos.
Respiro profundo, tratando de calmar las náuseas. Miro alrededor, son menos personas de las que imaginaba por el escándalo entre gritos chillones que armaban al estar durmiendo.
Es difícil determinar una vía de escape, excepto, que son lo suficientemente consideradas para señalarme la salida.
—¡La puerta! —Grita una de las mujeres en la habitación.
Dos de ellas están bloqueando con verdadera valentía la puerta. Una mirándome de frente fungiendo de escudo a quien se encuentra de espaldas, impidiendo la entrada desde el exterior.
Sonreí satisfecha e inmediatamente me encaminé a su dirección con pasos temblorosos.
El médico imperial ordena que alguien me detenga, pero ninguna se atreve a ello, con solo unos pasos de diferencia la sirvienta que cubría a la otra, se dejó caer al suelo en un mar de lágrimas, arrastrándose a una de las otras mujeres.
¿Acaso mi apariencia era tan amenazante?
Quizás. Luego de morder a un hombre al extremo de sacarle la sangre.
La otra mujer, una chica más joven me ve con grandes ojos repletos de horror. Se aferra con fuerza a una cosita de metal pegada a mi ruta de escape.
Casi me da lástima que le cause ese tipo de emociones agotadores, al tratarme de buena voluntad, pero, debo vivir.
Extiendo mi mano, apenas rozando con las yemas de mis dedos sus mejillas, ella retrocede, apartando mi toque con sus brazos, pasa a un lado mío, empujándome por el hombro, consigue que retroceda un paso por la falta de equilibrio.
Detrás de mi todas las mujeres lloran, el médico les exige que dejen de actuar ridículamente y me atrapen.
Sonrió, mirando mi mano, de verdad soy esa clase de persona, ¿No?
Alguien aterrador que causa angustia, temor y está destinada a morir. Las lágrimas caen de mis ojos, empiezo a secarlas rápidamente, este no es el momento ni el lugar.
¡Tengo que escapar!
*Clic*
Ese insignificante sonido envía una corriente eléctrica a cada rincón de mi cuerpo, se me eriza la piel. Lentamente la puerta comienza a abrirse delante de mí, doy un par de pasos hacia atrás, evitando que esta me golpee.
Se me seca la garganta.
¡Es otra persona la que ha entrado!, usa ropa extraña con una combinación de colores fuertes y uno más claro. No se ha movido, yo tampoco.
Los temblores vuelven a mí, estoy arruinada, completamente arruinada, las lágrimas también salen, ¡No quiero levantar los ojos!
La puerta se cierra detrás de él.
—¡Marqués!—Grita el médico avergonzado. —Lamento tanto que se encuentre con este deplorable escenario.
El médico sigue hablando, colocando una excusa tras otra, elevando su voz evitando ser opacado por las mujeres llorando que piden y ruegan ser protegidas por el mencionado Marqués.
Entonces, eso me colocaría en el papel malvado, por supuesto, soy malvada al tratar de vivir usando trucos sucios y lastimando personas inocentes en el camino.
Deseo tanto poder regresar a ese espacio negro en donde solo éramos la voz monótona y yo. No deseo ningún recuerdo, tampoco un trato cálido y amable, quiero estar sola.
Mis ruegos no alcanzan a ser escuchados, en cambio, escucho la voz de aquel que llaman Marqués.
Es fría, seria y profunda la manera en que habla. Niego sin saber que dijo.
Por la distancia tan cerca en que estamos, alcanzo a percibir un suspiro cansado, después de eso vuelve a hablar, dirigiéndose al médico.
—Reportare de este incidente a su majestad, el Emperador.
—Con el debido respeto, Marqués Monique, apenas es un accidente que requiera la atención de su majestad, el Emperador.
—¿Estas cuestionando mi decisión? —Transmite una peligrosa advertencia en sus palabras, el médico chilla, negando y disculpándose en su atrevimiento. —Bien. Ahora, necesita curar esa herida y-
Deje de prestar atención a la conversación que mantienen entre ellos, las mujeres lloronas se detuvieron y ahora susurran entre ellas.
La esperanza me ha dejado de lado.
A penas termine el Marqués de conversar con el médico, se informará de mi condición al Emperador, quizás la persona con mayor poder en este lugar, dada la resiliencia del médico de permitir al Marqués ir con el Emperador.
Me abrace a mí misma, deslizando las palmas de las manos por mis brazos, la tela del camisón rosado era verdaderamente suave y agradable a mi piel, incluso un poco abrigadora. Pase más rápido las manos por los brazos cubiertos, eso calmaría mi ansioso corazón, junto al escalofrió que me hacía temblar.
Aprete los dedos contra mis brazos, las pequeñas uñas se encajaban fervientemente, lentamente alce mi cabeza, dejando que mis ojos pasearan por la figura imponente delante de mí, retrase tanto como pude el verle directamente, pero estando tan cerca del inicio de su barbilla me acobarde.
Tome grandes bocanadas de aire, sintiendo el sudor frio deslizarse por mi frente, el pecho empezó a dolerme y mis piernas de por si débiles, fallaron el continuar sosteniéndome. Estire la mano hacia adelante por reacción en equilibrarme, y lo que toque fue un puñado de la tela en la ropa del Marqués.
Vaya patético intento de mi parte en huir.
A pesar de tener la tela prensada por mis manos, no era suficiente, mi espíritu ya se había dado por vencido. Los mareos regresaron y mi cuerpo cedió a la debilidad, antes de siquiera poder aterrizar en el suelo, mi espalda se apoyaba en algo y la mano que se había aferrado a la ropa del Marqués era tomada por otra que estaba cubierta por un guante blanco.
Dada mi posición inclinada, pude conocer —finalmente— el rostro del Marqués.
Un rostro hermoso, con una nariz recta, pómulos firmes, ojos serenos y una boca fina. Sin embargo, lo que me mantuvo viéndolo fijamente fue su cabello de un color inusual.
No, no era inusual. Era ese color que me hizo sentir nostálgica.
Al cerrar mis ojos, mis pies dejaron el suelo, sintiendo el roce del viento en mis dedos, mi cabeza se reclino a una zona tibia y empecé a ser movida. Entre abrí los parpados notando que era observada atentamente por las mujeres chillonas y el médico, gire ligeramente el cuello, notando que a donde se dirigía era a la cama.
Suavemente me coloco en el colchón, alejando su toque de mí.
El movimiento de las hebras de su cabello tenía toda mi atención, era un color que me resultaba muy familiar, tal vez por ello, es que mi ansiedad se calmó un poco.
Lentamente alce mi mano, las puntas de mis dedos tocaron su mejilla, él se sobresaltó ante mi acción precipitada, tan concentrado en cubrirme con las cobijas que no noto mi movimiento, apoyo cada una de sus manos sobre el colchón para mantener el equilibrio.
Su piel estaba tibia, pero no era lo que quería, apoye por unos segundos la palma de mi mano, empezando a ascender por la lateral de su cara, llegando a su frente, peine con mis dedos el flequillo que caía.
Quede completamente asombrada.
Tan suave, delgado, manejable e increíblemente brillante, el cabello más hermoso que no recordaba tocar alguna vez.
Mi visión se nublaba, indicio de que regresaría a la inconsciencia y con suerte —si es que la hay— escucharía a la voz monótona.
Pase la lengua sobre mis labios, separándolos ligeramente, esta iba a ser la primera vez que hablara sin ocupar monosílabos.
—"Tal vez me he vuelto loca" —Sonreí a la ironía. Deje mi mano volver a acunar la mejilla del Marqués, asegurando que mis dedos quedaran enredados entre sus cabellos.
—Que… Hm… —Tosí un poco —¿Qué color es este?
—Plateado. —Respondió.
Me sentí aliviada de que entendiera a lo que me refería, sin tener que recurrir a más detalles o que me hiciera preguntas.
—P-Pla-Plateado —Repetí la palabra como si se trata de un encantamiento. —Me gusta.
Le dije, sonriendo levemente y cerrando mis ojos. Separe los parpados para verlo una última vez antes de quitar mi mano.
—Me gusta el plateado.
Estaba alegre de tener algo más a que aferrarme además del nombre extraño con que me llamo la voz monótona, pero, una pequeña sensación de incomodidad se filtró en mi al conocer el nombre de dicho color.
Sentimientos nostálgicos era lo que me despertaba, su rostro no me era familiar, probablemente conocí a otra persona con ese mismo tono de cabello.
Antes de tener algún otro pensamiento, deje caer mis parpados al agotamiento que estaba pasándome factura. Las voces se escuchaban distintas, molestas, angustiadas y dudosas.
Ya no les preste atención, empecé a sumergirme en el completo reposo del sueño. Debido a él, a esa persona plateada, es que las inquietudes se calmaron, cuando despertara, le agradecería correctamente.
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Continuara…
¡RECUERDEN!
A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
