¡RECUERDEN!

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Recomendación musical: "Beat Hit!" by Miyazaki Ayumi.

Notas:

[Presente]

[Pasado]

["Pensamientos"]

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra.

Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna

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Intermedio I. – La llegada de Jieun –

Parte II. Mi nombre es Eligere. (4)

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La carta en un sobre hermosamente plateado con los bordes color azul oscuro, le trajo una gran paz y felicidad.

Más de una semana permaneciendo en el palacio Imperial, para mantener en estricta vigilancia a la mujer de negro por orden del Emperador.

Un plan sencillo, llevar el conteo de rotación de cada sirviente, caballero y el médico, agregando vigilancia extra sobre las tres sirvientas principales y el médico que la atendieron aquel día.

Por mínima que fuera la información difundida, un chisme sin bases sólidas, alteraría más a los exigentes miembros de la facción aristocrática que deseaban ver a la verdadera niña de la bendición de Dios.

El Emperador ya había hecho su parte en controlar a los alterados nobles que presenciaron la llegada de la niña bendita, usando su grave estado de salud para mantenerlos a raya con la promesa de una futura reunión para discutir el asunto en cuestión, al mismo tiempo en que se llevaban investigaciones respecto a la verdadera identidad de la joven mujer.

Simplemente no se podía descartar el hecho como la voluntad de Dios, teniendo en cuenta la posibilidad de una entrada dramática bajo el uso de un poder maligno o magia desconocida con la cual no se familiariza el Imperio.

Gano un tiempo estimado de tres días completos, en el cuarto día, los miembros de la facción aristocrática volvieron a exigir por la aparición de la niña bendita.

Fue ingenuo creer que los nobles se quedarían quietos a la oportunidad de desprestigiar a Aristia como la única niña de la profecía y autentica futura Emperatriz de Castina. Ellos ya habían hecho sus propias investigaciones, comenzando con una visita al templo de Vita y escuchando de los mismos sacerdotes que un mensaje enviado por Dios se presenció luego de la luminosa torre de luz en el jardín imperial.

El Emperador entrego la misma palabra a los molestos nobles.

—Ella no se encuentra en condiciones de participar en un juicio o interrogatorio.

El serio tono usado por su majestad, transmitía una sola cosa a esos tercos hombres avariciosos, un castigo peor que la muerte misma. Unos pocos se amedrentaron, regresando a la rutina derrochadora de sus vidas y continuar con la administración de sus posiciones.

Solo el resto, especialmente el Duque Jena, regreso, con una actitud de profundo pesar y preocupación a la especial invitada de su majestad, el Emperador. Alegando que en una situación tan crítica, era indispensable conocer la salud de la joven para proceder inmediatamente y verla recuperada.

Si su vida estaba en peligro, necesitaban saberlo.

Esa ínfima expresión de honestidad reactivo a los nobles, agregando que la noticia de una mujer apareciendo en los jardines y recibiendo un nombre de parte de Vita ya estaba transmitiéndose por la Capital.

Para calmar sus ánimos, el sexto día el Emperador revelo que la condición de la joven requería de absoluto silencio y mantenerla en una habitación alejada del bullicio del palacio principal, por lo que había sido traslada el día anterior por orden del médico imperial al palacio Rose, con pocas sirvientas atendiéndola y monitoreando cada pequeño cambio e incluso el médico se trasladó con ella al mismo palacio para atenderla a la brevedad posible.

Se dejo por fuera la visita inicial de Tertius, retrasando cuanto pudieron la aparición de algún Sacerdote o el llamar nuevamente a la tercera raíz. El uso del poder sagrado en la joven mujer simplemente la lastimaría y aceleraría sus síntomas en lugar de curarlos.

Los nobles se fueron satisfechos —en parte— que el Emperador estuviera encargándose personalmente del cuidado de la joven, atento a todas sus necesidad y procurándola especialmente. Pequeños rumores iniciarían, sobre el cambio en la preferencia del Emperador para la futura esposa de su hijo, en donde reconocía a la joven de aspecto extraño como la auténtica hija de la bendición de Dios.

Con ese rumor absurdo, le siguieron los miembros de la facción imperialista preocupados de que su majestad, decidiera inclinar la balanza a favor de la facción aristocrática que usaban el pretexto de la verdadera niña de la bendición de Dios para aumentar sus beneficios y ganar el favor de la familia imperial.

Si Mirkan Lu Shana Castina, consiguió el puesto de Emperador, no fue, precisamente por su encanto natural o la sólida y ciega confianza de sus vasallos sobre él. Todo se trató de escalar entre la pila de cadáveres dejados atrás, tomar la oportunidad del trono en sus manos y explotar cada migaja de su poder, incrementarlo al reunir aliados que perseguirían el mismo objetivo, obligando a otros tantos, finalmente sometiéndolos al terror de ir contra sus deseos.

Hace mucho que dejo de ser ingenuo. Solo existen dos tipos de colores en el corazón de una persona, un color puro y un color ensombrecido, la libertad de cada quien, se demuestra al permitir que su corazón se pinte de uno solo de estos.

En la facción aristocrática, todos los corazones están manchados por sombras oscuras. Él no es mejor en ese aspecto, apenas hay una mancha pura que le mantiene pensando en el bienestar de su Imperio, porque ha dejado que las sombras se apoderen para tener la firmeza en nunca cuestionar sus decisiones, si al final, cada una, trae una luz total sobre Castina.

Expreso con sinceridad —excluyendo detalles— ante los miembros de la facción imperialista, que mantenía a la joven recluida en una habitación del palacio Rose por auténticamente estar enferma y que si su vida se perdía, varias preguntas rondarían en la Capital, aumentarían los rumores, trayendo dudas sobre la decisión del Emperador al encarcelar o dejar morir a la niña de la bendición de Dios.

Ella merecía el beneficio de la duda, no ataco al príncipe heredero, ni a ninguno de los aristócratas ese día, simplemente pidió un poco de ayuda.

—"Es absurdo." —Pensó Keiran.

Varias hojas de registro de la rotación del día anterior de los caballeros se dispersaban en su escritorio, faltándole la hoja de rotación de las sirvientas.

Explícitamente les dijo, que una vez se enviara la hoja de los caballeros, ellas también tenían que adjuntar la suya con la firma del médico en ambas para comprobar doblemente que todos llegaban al mismo tiempo para iniciar las rondas pertinente y que el médico continuaba dentro del palacio.

Ahora tendría que ir al palacio Rose, retrasar la entrega del informe del día anterior, llenar el libro con los registros de ayer y hoy, mientras entrevista a las sirvientas desocupadas de sus rondas respecto a las tareas delegadas para ese día, los caballeros vigilándolas, también tendría que ir más tarde con los que estuvieran libre de sus rondas y los del patrullaje externo, recién asignado.

Un profundo suspiro salió de los labios de Keiran.

Estaba trabajando en exceso, llenando informes, completando libros de registro y siguiendo a cada una de las personas asignadas para este absurda vigilancia con cuidados médicos.

Había dejado el entrenamiento de los caballeros en manos de Kaysian, además de pedirle que enviara cartas en caso de algún cambio o incidente entre las tropas. Para su alivio personal, el hijo mayor de Arkint es suficientemente competente en dirigirlos sin dudar por un instante, solicitando por su consejo, ayuda, etc., eso disminuía la carga en sus hombros.

La única preocupación, además de montones de papeles, es que Aristia ha estado completamente sola en la mansión y él no ha sido capaz de abandonar las paredes del palacio.

En sus cartas enviadas, le ha puesto al tanto de la situación, de la llegada sorpresa de la joven, su actuación y la enfermedad que padece. Aristia no menciono nada de los cambios repentinos en la llegada de la niña bendecida a como lo recordaba y le había dicho, una vez.

Ella se limitó a desearle éxito en su deber, feliz de que el Emperador confiara en él y ansiosa de poder volver a verla para cenar juntos.

Keiran también anhelaba verla, estrecharla en sus brazos, diciéndole que todo estaría bien y no necesitaba angustiarse o tener miedo. La protegería con cada onza de su vida, hasta su último aliento.

Guardo el sobre de la carta en el cajón izquierdo del escritorio.

Levantándose de su silla, tomo el saco colgado en el respaldo y se lo puso, cerrando cada uno de los botones, alisando las posibles arrugas en la tela por pasar unas horas apoyado contra esta. Finalmente la espada, iba atada a su cintura.

Caminando a la puerta de su oficina, se detuvo antes de tocar el picaporte, al escuchar pasos sonoros desde el pasillo, eligió una pose defensiva en caso de un ataque sorpresa.

En cuanto la puerta se abrió, una cansada sirvienta es quien se aferraba al marco de entrada y temblaba ajustando su agarre en el picaporte. A penas una reverencia disculpándose al ingresar bruscamente.

Él quito importancia a la falta de modales, pidiendo que hablara de inmediato.

Las palabras de la sirvienta tan cortas, ante su falta de aire en los pulmones, consiguieron que el Marqués la apartara de su camino, corriendo directo a la habitación de la mujer en el palacio Rose.

—"¡Despertó!"

Corrió con la adrenalina al tope en su cuerpo, esquivando a cuanta persona se cruzará en su camino, o simplemente se apartaban al percibir el aura pesada cargada por él.

Incluso, olvido a la pobre sirvienta que intentaba igualarle el paso, deteniéndose entre lapsos de tiempo para recuperar el aliento.

En un instante, Keiran ya estaba frente al palacio Rose, saludando a los guardias de la entrada, ingreso a paso firme, aumentando la velocidad en cada zancada, respirando solo por la nariz, recuperando el aliento.

Su último encuentro con ella había resultado en un actuar violento, lastimando —con una almohada— al Emperador e infringiendo heridas mínimas sobre las sirvientas que le cuidaban.

Debía estar preparado para lo peor.

Y por la expresión en los rostros de los guardias en la puerta, algo estaba ocurriendo de nuevo en la habitación. Uno de ellos parecía estar aferrándose al picaporte, mientras susurraba algunas palabras a quien estuviera pegada del otro lado; dejando a su compañero en una indecisión sobre qué hacer.

Con un paso adelante, hizo notar su presencia, y el guardia inquieto le saludo respetuosamente, el otro apenas hizo una pequeña reverencia, frunciendo el entrecejo para continuar sosteniendo el picaporte.

—Voy a entrar. —Dijo, parándose delante de la puerta. Ordenándoles que se quitaran del medio.

—P-pero… —Intentó alegar el guardia nervioso, desviando la mirada. —¿Esta seguro?, la situación no es la adecuada para que usted entre, Marqués.

—Y será mucho peor sino lo hago. ¡Apártense los dos de una vez o lo considerare desacato!

El que dudaran en darle el paso, irrito aún más a Keiran. Eso demostraba que ellos le temían a una débil y enferma mujer más de lo que podrían temerle a su reacción o la del Emperador.

Una estupidez tras otra.

El guardia que intento persuadirlo, asintió a su compañero, compartiendo la idea, cada uno se hizo a un lado de la entrada.

Keiran cerro sus ojos, tomando una profundo inhalación, dejando salir el aire lentamente por sus labios, calmando el latido descolocado de su corazón. Cualquier tipo de preparación mental le serviría de poco, prefiriendo mantener la serenidad ante todo, puso la mano en el picaporte de la puerta, le dio un giro y en el momento que la puerta hizo el correspondiente sonido metálico que señalaba su apertura, empujo lentamente.

Se quedó congelado en su lugar, esperaba a las sirvientas asustadas, a un médico considerablemente herido e incluso una paciente poco cooperativa, pero ella estaba de pie, delante de él, usando un camisón nuevo, sus pies descalzos y el cabello un desastre de color negro.

Estaba encorvada, con los puños a cada lado de su cuerpo, temblando como un gato asustado. Otra vez.

Entrecerró los ojos, frunciendo el ceño, ¿Por qué se estaba comportando de la misma manera?, ¿Era parte de algún elaborado plan actuar lastimosamente?

Con un pequeño movimiento de su cabeza en dirección a los guardias, estos cerraron la puerta.

Antes de poder tocarla para que levante su mirada, la voz del médico llena la habitación, disculpándose sinceramente de que presencie una escena penosa como esta.

Keiran da una completa mirada a la habitación y coincide, pero, no está sorprendido. Ella actúo violentamente para protegerse al sentirse en peligro o eso fue lo que Tertius dijo con su burda explicación de dos poderes benditos en el cuerpo de la mujer.

Si repetía el patrón de comportamiento, tenía que ser por la misma causa, excepto que ella no le gruñía o veía, solo estaba quieta, temblando como el animal arrinconado que interpretaba.

Definitivamente odiaba a esa pequeña y burda mujer.

—La señorita ha despertado apenas. Es normal que se encuentre confundida, las sirvientas hicieron todo cuanto pudieron en mantenerla tranquila, pero, me temo que ella seguía bastante sensible por su fiebre constante. —Dijo el médico.

—¡Wuah!, ¡Lamentamos nuestra incompetencia Marqués!

—¡Estábamos asustadas cuando la señorita se puso agresiva!

—¡Temimos que nos matara!

—¡Por favor ayúdenos, Marqués!

—¡Rogamos por la salvación de su generoso corazón!, ¡Y perdone nuestra debilidad!

Lloraban las sirvientas, abrazadas unas de otras. Esquivando la mirada indignada del médico y la del mismo Keiran.

—Silencio. —Su voz sale más hastiada de lo que le hubiera gustado, incluso indiferente. En ese momento, todos entienden que están actuando patéticamente, dejándose impresionar por una actitud parecida al de un berrinche en una joven mujer, recién levantada de diez días en cama.

Mira a la persona delante, pequeña y patética, temblando temerosa. Keiran se detesta por la siguiente pregunta que hará.

—¿Cómo te sientes?

Su estado de salud le da igual, pero, es una encomiendo dada por el Emperador, además de tomar la responsabilidad de ella justo delante del príncipe heredero. Una de las peores ideas que concibió.

Ella no le responde, solo niega de un lado a otro, reduciendo su tamaño al encorvarse. Trató de formular otra pregunta, pero la mujer no parece dispuesta a cooperar.

Keiran suspiró.

—"Si ella está más lucida que la otra vez. Puedo dejar a las sirvientas y el médico." —Mira al médico que sostiene su mano. Un poco de sangre se ve corriendo en una fina línea. Mandaría un par de guardias para ayudar a las sirvientas. —Reportare de este incidente a su majestad, el Emperador.

—Con el debido respeto, Marqués Monique, apenas es un accidente que requiera la atención de su majestad, el Emperador.

Keiran levanto una ceja, mirando directamente al médico que trataba de ser razonable sobre la prematura decisión que estaba tomando.

Intentaba detenerlo de cumplir el final de su labor, ¿Por algo asociado a sentirse humillado en ser herido por una mujer?, o, ¿Realmente quería guardar este secreto para que no se dudaran de sus habilidades médicas?

Si tenía motivaciones personales para ocultar información al Emperador, entonces, descubrió a un posible sospechoso de quien enviara información a la facción aristocrática.

—¿Estas cuestionando mi decisión? —Preguntó rudamente sin ocultar más la ira acumulada por diez días.

—¡Gyah! —Chilló extrañamente el médico. Negando fervientemente, inclinándose para disculparse por su atrevimiento, apretó la parte sangrante de su brazo, ampliando la cantidad de sangre que escurría.

Keiran asintió. Pasando una mirada por el resto de la habitación.

Las sirvientas que estaba abrazadas, ya se habían separado y las del suelo se ponían de pie, limpiando los restos de lágrimas secas, sonando sus narices con los pañuelos guardados en sus delantales.

—Bien. Ahora, necesita curar esa herida y regresar a su habitación. Desde aquí yo me hare cargo. —Dio su orden, centrando la mirada en el médico, nuevamente. Atento por el rabillo del ojo derecho a cualquier movimiento de la joven mujer.

—N-no. Esto solo ha sido una herida menor.

—Menor o mayor. Tienes que mostrarte en tus mejores condiciones para cumplir con tus deberes de médico imperial. Además cuentas con la confianza de su majestad, el Emperador para apoyar en la estabilización de la salud en la joven invitada de su majestad. ¿O me equivoco?

El médico se sonrojo de vergüenza, notando las miradas condescendientes e indiscretos susurros de las sirvientas entre ellas.

Se contuvo de mostrar su enojo al apretar los dientes en el interior de su boca. Por supuesto, le había llenado de dicha, orgullo y placer, que el Emperador cediera el gran honor de cuidar a la joven enviada por Vita, sin embargo, tal honor se traducía en ser un simple sirviente que se la pasaba dándole los primeros auxilios básicos, limpiando sangre vomitada y reportando todo al Marqués, como si ese insulso hombre de batalla, entendiera una mínima parte de todo el conocimiento que ha adquirido en largos años de estudio.

Ya estaba siendo considerablemente opacado en su labor, para que el Marqués entrara con sus aires de nobleza y le explicaría una verdad que entendía a la perfección.

Cerro sus ojos y con un resoplido, asintió. Cambio su mirada del Marqués a la joven que seguía temblando, realmente le había dolido que ella le mordiera como un animal salvaje, pero, eso venia en sus responsabilidades como médico. Solo esperaba, que sinceramente el líder de la casa Monique no asustara o estresara más a la desorientada jovencita.

En ese pequeño lapso de pensamiento, vio consternado a la joven de cabellos negros tambalearse, con la forma brusca en que se levantó más el desgaste de luchar contra ellos para ponerse de pie, había agotado la poca energía recuperada.

A penas un lapso de fracción de segundo en que grito, atrayendo la atención de las otras personas en la habitación. Vio como la cabellera negra de la joven se agitaba mientras aferraba su pálida mano en el saco del Marqués.

El Marqués se mantuvo quieto, extrañado y enojado de que la joven invadiera su espacio personal.

Todo el delgado cuerpo de la mujer tembló. Aun cuando tuviera un agarre firme a la ropa del Marqués o que el cuerpo de este sirviera de soporte, la joven no estaba consiguiendo un buen equilibrio y los temblores en sus piernas en la tela del comisión la delataban.

Intento dar indicaciones a las sirvientas para que la tomaran de cada brazo y se volvieran su apoyo, nuevamente fue tarde, la joven estaba cayendo hacia atrás, dejando ir su única vía de estabilización.

Con una rapidez, que apenas fue capaz de ver con claridad, el Marqués Monique la sujeto por la espalda con su brazo derecho y tomándola de la mano con la otra. Lentamente ayudo a la joven a descender al suelo, cuidando que su cabeza no estuviera en un ángulo incorrecto, la inclino ligeramente hacia arriba, estando él con una rodilla en el suelo y la otra pierna flexionada.

El médico pensó algo extraño y tuvo la sensación aún más extraña de estar presenciando una escena única e irrepetible, que quizás cambiaria la dirección del destino mismo.

—"Esto es lo que llaman, ¿Romance de dos mundos distintos?"

Todos quedaron hechizados por el momento, excepto, que el Marqués nuevamente les saco del ensoñamiento con una orden para las sirvientas en despejar la cama.

Levantándose de su posición medio arrodillada en el suelo, cargo a la joven de cabellos negro en sus brazos, caminando directo a la cama.

La mirada de la joven se notaba nebulosa manteniendo un poco de consciencia.

Cuidadosamente deposito el cuerpo de la joven en el suave colchón, ni un pequeño quejido broto de ella.

Keiran jalo las cobijas enrolladas a la mitad de la cama sobre el cuerpo de la joven, empezando por cubrirle las piernas y subiéndolas hasta su vientre. Tan concentrado estaba, que a penas noto los fríos y delgados dedos tocando su mejilla, cuando la sensación al tacto fue completa movió su cabeza con sorpresa, mirando el rostro de la joven.

Estaba a punto de apartarse de ella, deteniéndose al notar que sus ojos negros como la noche se esforzaban por mantener la consciencia y un pequeño brillo parpadeo en estos, casi agonizante. Apoyo las manos en la orilla del colchón libre que ella dejo, sosteniéndose a sí mismo por encima del cuerpo de la joven.

Después la palma de la joven se paseaba osadamente por su mejilla, ascendiendo a su frente y jugueteando con el cabello de su flequillo. Una diminuta sonrisa se extendió en los labios de la joven.

—"¿Qué pasa con ella?" —, pensó Keiran.

Sus toques no poseían malicia, solo un sentimiento de curiosidad satisfecha. Un último deseo a cumplir antes de morir, le pareció.

Si ella moría, ¿Todo se resolvería?, ¿Verdad?

El sufrimiento de Aristia nunca sucedería, los sentimientos y recuerdos que atormentaban a su hija, solo quedarían como un mal sueño opacado ante la felicidad de su actual vida. Y el príncipe jamás cedería sus sentimientos a una mujer simple, extraña y adjudicándose el nombre de la niña de la bendición de Dios.

La fría y delgada mano regreso a acunar su mejilla, los dedos frágiles se enredaban en su cabello. Podía hacer esto, cederle un último deseo antes de su deceso, porque eso parecía al emplear cada gramo restante de su energía solo para tocarle y sonriéndole sin ningún tipo de arrepentimiento.

—"Una chica desdichada. Las dos bendiciones en tu cuerpo, es lo que salvara a Aristia."

La joven se esforzó en abrir su boca, intentando usar sus cuerdas vocales para producir el sonido de su voz, primero solo un pequeño silbido, siguiéndole a un tono suave, ligeramente profundo, quizás otra consecuencia de dormir diez días enteros.

—Que… Hm…—Tosió, forzando su garganta. —¿Qué color es este? —Las primeras palabras que le escucho en tanto tiempo, era una pregunta ridícula.

Sin embargo, ella realmente parecía no saberlo, la perdida de sus recuerdos no se debía a las dos energías benditas dentro, eso era algo que mostraba desde su aparición. Ahora, seguramente son sus delirios hablando por ella.

La mirada de la joven no estaba en sus ojos o en su rostro, iban directamente a los cabellos que ella peinaba lentamente.

—Plateado.—Le respondió, sin nada más por decir.

Ella abrió sus ojos levemente y una absurda sonrisa más amplia empezó a extenderse.

—P-Pla-Plateado.—Tuvo dificultad en repetir la palabra y ella parecía feliz de conocer el nombre del color en el cabello de Keiran. La vitalidad volvió nuevamente, a la vez que entonaba con satisfacción un quedo: —Me gusta.

Keiran, la vio cerrar sus ojos una vez más, tomando un poco de aire por su nariz, para decir una última vez.

—Me gusta el plateado.

Lentamente su mano dejo de tocar su mejilla y estaba apoyada con su propio pecho, mostrando como este subía y bajaba apenas por sus respiraciones acompasadas. Aun con la sonrisa en sus labios, ella fue cerrando sus ojos hasta que sus ojos no pudieron ser vistos.

Permaneció reclinado sobre ella un instante, impulsándose con sus manos se mantuvo erguido frente a la cama. Antes de decir que había muerto, el médico paso a su lado, tomando la mano de la joven comprobando su pulso y presionando su palma en la frente por la temperatura.

Keiran notó que la mano del médico tenía envuelto una tela desecha, coloreada por las gotas de sangre filtradas.

A su espalda las voces de las sirvientas se escuchaban temerosas que el destino de la joven de cabellos negros se decidiera en ese instante, presenciando como alguien de una edad temprana perdía la vida.

—¡Cállense! —Les grito el médico, mirando por encima del hombro. —Con sus voces molestando, no me puedo concentrar. —Las mujeres se pusieron las manos sobre la boca, disculpándose con una inclinación de cabeza. El médico vio a Keiran parado a una corta distancia detrás de él. —Lamento eso, Marqués.

—No se preocupe. Usted continúe.

El médico volvió el rostro al frente. Calmando el temblor de su mano, sostuvo correctamente la muñeca de la joven, encontrando su pulso débil pero presente, agradeció que este no empezara a hacer más pequeño.

Por último, presiono la palma de su mano en la frente, la temperatura también estaba descendiendo.

Lagrimas se formaron en las esquinas de sus ojos. Ella, ¡Finalmente estaba recuperándose!, ¡Triunfo sobre la enfermedad!

Se seco de inmediato las lágrimas con la manga de su ropa, girándose para ver al Marqués y las sirvientas. Repleto de regocijo les dio la gran noticia a todos los presentes.

—Vivirá. Por la fiebre y el esfuerzo de levantarse se debilito, con un poco de descanso y una alimentación adecuada, estará en óptimas condiciones. —Aseguró.

Las sirvientas soltaron el aire contenido en sus pulmones, aliviadas de escucharlo. El Marqués tan silencioso asintió, mirando a la joven en cama.

—Ahora podrá ir a tratarse adecuadamente la herida. —Dijo Keiran, señalando el vendaje improvisado del médico.

—Si. Estaba pensando pedirle a una de las sirvientas que me traiga el botiquín y-

—Yo me quedare a cuidar de ella. Admiro su entrega al trabajo, pero no olvide que su salud es también importante.

El médico dudo por un momento, eran palabras amables con una gran frialdad.

Tomo la amable oferta del Marqués, reverenciándolo, jurando no tardar mucho tiempo. Dio una última mirada a la joven y se apresuró a salir de la habitación.

Las sirvientas se impacientaron al notar que la crisis ya estaba superada, pero no tenían ni idea de que hacer a continuación.

—Sigan con sus actividades pendientes del día. —Indicó Keiran, caminando lejos de la cama y volteando a verlas a todas. —Las que estén a cargo de ella para atender sus necesidades háganlo,

Tres sirvientas asintieron, empezando a moverse por la habitación.

—¿Quién está libre?

Una levanto la mano.

—Ve a avisar a su majestad, el Emperador que ella despertó pero volvió a dormir porque sigue débil, que te acompañe uno de los dos guardias en la puerta.

La joven sirvienta asintió.

El resto de sirvientas empezaron a movilizarse por la habitación y fuera de esta.

Keiran trajo una silla junto al sillón en el centro, para sentarse y verla directamente. Retiro la espada en su cintura, apoyándola en la mesa de noche.

Se cruzo de brazos, apreciando el movimiento del pecho de la joven al respirar, la expresión relajada en su rostro y sus ojos moviéndose dentro de sus parpados al soñar.

La absoluta tranquilidad que desprendía le molestaba nuevamente. Su esperanza de saberla muerta, fue solo producto de su imaginación, ignorando la lógica básica de una persona enferma que ha padecido una larga fiebre.

Solo estaba agotada.

E igualmente él estaba agotado.

—"Eres extremadamente persistente, mujer de negro." — Suspiro, apretando las manos contra sus brazo cruzados, entrecerrando los ojos. — "Si eres la verdadera hija de la bendición de Dios, ¿Puedes entenderlo?, con tu desaparición harías un gran bien."

En pocas ocasiones, Keiran la Monique ha deseado la muerte de otra persona. Solo en casos extremadamente necesarios es que esta—la muerte—, tiene que ser solicitada, anhelada o volverla real.

Por lo tanto, él considera a la mujer de negro, uno de esos casos especiales.

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Continuara…

Honestamente, no me acuerdo a que trato llego Mirkan y Aristia, solo que había quedado la promesa de que rompería el compromiso y pues, ya no se dijo nada al respecto. Ja, ja, ja. Creo se les olvido.

¡RECUERDEN!

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*