¡RECUERDEN!

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

En este punto de la historia… ya ni me creo a mí misma que los capítulos serán cortos y la trama es simple. Chale, me hice el auto sabotaje, ja, ja, ja. Tampoco es que me queje, pero meh~.

Dedicación especial para todas esas bellas personas que comentan en cada capítulo ^^. Sus palabras me llenan de ánimo y decir: Lo hiciste bien puerco, lo hiciste bien. (Si usted entendió esta referencia, usted sabe de películas~)

¡Disfruten el drama con muchas dosis de imaginación!

Recomendación musical: "Blue Bird" interpretado por Simone Anisinger/"Blue Bird" by Ikimono Gakari

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra.

Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna

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Intermedio I. – La llegada de Jieun –

Parte III. Santa y Marqués. (1)

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Los sedosos y largos cabellos lacios plateados se alzaron en una coleta alta con la ayuda de un perfecto y fuerte listón de color negro. Hizo un nudo sencillo, asegurándolo con un moño. Observo atentamente su rostro en el espejo, comprobando la correcta alineación de la mitad del flequillo en su frente, dejando el resto despejado.

Sonrió con satisfacción.

Admirando el conjunto ligero de blusa blanca con manga de tres cuartos, un pantalón negro y botas a por debajo de la rodilla, elegido precisamente para su primer día libre en mucho tiempo, tras incluir lecciones de esgrima a su apretada agenda.

Negó de un lado a otro. Arrepentirse apenas iniciando y con un gran objetivo por delante, era definitivamente un insulto a su propia persona.

Por lo cual, un adecuado descanso es lo que ayudaría a centrar su mente.

Girando a la izquierda se encamino a su escritorio, un desastre de tareas escritas apiladas y algunos libros, junto a una olvidada charola de cartas pendientes. Arrastro la preciosa silla de madera con un acolchado tejido en azul oscuro con detalles en plateado que simulaba las estrellas, sentándose en esta, recogió el montón de cartas.

Frunció sus delgados labios a los sobres de colores familiares.

Eran dos sobres azules con plateado, un sobre azul oscuro, un sobre rojo y otro verde. Esperaba recibir los azules con plata, pero el azul oscuro, el rojo y el verde, solo le llegaban a su madre o padre.

Reviso el reverso de los tres últimos sobres y con un asentimiento para ella sola, confirmo lo que ya sabía de antemano.

Apilo los tres sobres, en su lado vacío del escritorio. En cuanto terminara de revisar su correspondencia iría a la oficina de su padre a entregarle las cartas, si no recordaba mal, ese día le toco a su madre salir a atender la clínica o algún llamado especial de la reina.

Se inclino sobre el escritorio apoyando su barbilla sobre sus brazos. Un largo suspiro escapo de sus labios.

Definitivamente iba a disfrutar de un día libre en muchos meses, sin embargo, su corazón infantil se oprimía ante el recuerdo que hoy no gozaría de la convivencia familiar completa. Seguramente su padre estaría tan ocupado en la oficina o los campos de entrenamiento que apenas intercambiarían algunas palabras, su madre volvería tarde o quizás hasta la noche.

Unas cuantas lágrimas se asomaban en las esquinas de sus ojos oscuros.

Y como si alguna entidad misteriosa o mágica, escuchara sus refunfuños infantiles, el sonido del pestillo alerto sus sentidos, logrando que se recompusiera rápidamente, secando las primeras gotas deslizándose, se dio varias palmaditas consecutivas a sus mejillas. Giro el rostro en dirección a la puerta que se abría lentamente.

La más grande de las sonrisas se extendió en su rostro e ignorando cualquier tipo de etiqueta o formalidad, se empujó a si misma apoyándose del escritorio, levantándose de un salto y casi tirando la silla en el proceso.

Resistió dar saltos como un conejo en un prado, caminando pasos cortos a la entrada. Se detuvo, hasta que su invitado despidió a la sirvienta que se quedó de pie afuera de la habitación.

La sirvienta reverencio, dirigiéndole una amable sonrisa a ella, cerrando lentamente la puerta.

Los grandes ojos color azul oscuro se alzaron para verla, los rastros del sueño aún se mostraban en su redondo rostro infantil. Mejillas perfectas con una suave tonalidad roja por lo blanco de su piel, un cabello tan bello como la noche misma sin estrellas, combinado a un hermoso atuendo de dormir en color negro, con un lindo listón de un negro más claro, alrededor del cuello.

Buenos días, hermana mayor.

Cualquier inhibición se perdió al instante en que la dulce y angelical voz de su hermano menor se escuchó.

Un grito inadecuado para una dama salió de ella. Ignorando el susto que eso implico para el más pequeño.

No dudo ni un momento más, cruzando la distancia que los separaba y cargando entre sus brazos, el cuerpo más pequeño.

¡Mi adorable Cori!

Hermana. —Dijo él, con un sonrojo extendiéndose por sus mejillas, tratando de rodear a su hermana con sus pequeños brazos al no sentir el piso.

La niña de cabellos plateados dio algunas vueltas con su hermano en brazos, imitando algún tipo de danza sin música con un paso de baile establecido. Solo, vueltas y vueltas.

Ella estaba más que feliz de tener a su único y precioso hermano menor en su habitación, especialmente, luego del incidente de la merienda robada.

—"Nunca más lastimare a mi adorado Cori." —Juró la niña, sujetando con un solo brazo el torso del niño, empuñando su otra mano.

Ignorando por completo la mueca de mareo en el pequeño niño en sus brazos o como se aferraba con sus manos a sus ropas, rodeándole la cintura con las piernas.

H-hermana. —Trató de hablar con su tono suave, pero no hubo efecto, solo los ojos brillantes de ella, perdidos en sus propias divagaciones — Hermana Lu. —Apoyó su frente contra el hombro de ella y tomando una gran respiración. Alzo la voz. —¡Hermana Lumen!

¿Hm? —Parpadeó confundida, afianzando el agarre en el cuerpo de su hermano. Ladeo el rostro, curiosa de que su hermano se volviera una bolita, a pesar de lo adorable que le pareciera, eligió concentrarse. —¿Paso algo, Cori?

N-na-nauseas.

¡Oh, no!, ¡Lo lamento, Cori!

Llevando al niño hasta la cama, arrastro varias almohadas para una pared mullida, sentó al pequeño, cuidando que su espalda y cabeza quedaran recargadas en estas.

Paso una mano por su frente, comprobando que no tuviera temperatura.

Hermana.

¿Sí? —El tono preocupado y los ojos de cachorro desprendidos de Lumen, enternecieron el corazón del más joven, quien alzo su mano más pequeña en dirección al rostro de ella. Rápidamente, Lumen se inclinó para quedar a la misma altura, atenta a cualquier cosa que necesitara su querido hermano menor.

Tienes la cara suavecita.

Cori eso es muy- ¡Auch! —Gritó de dolor, apartándose de la pinza formada por los regordetes dedos pálidos. Sujetándose la zona dañada, miro a su dulce hermano menor mostrándole la lengua al mismo tiempo que colocaba el dorso de su mano contra su frente. Un solo pensamiento cruzo la mente de Lumen. —"Es … ¡Demasiado tierno!" —Permaneciendo unos largo segundos casi un minuto, apreciando la angelical figura de su hermano menor, Lumen regreso a sus sentidos, medio sentándose en la orilla de la cama, quito la mano del rostro de su hermano, mirándolo directo a los ojos —Eso me dolió.

Y tienes las mejillas esponjosas. —Contradijo el pequeño peli negro, señalando sus propias mejillas.— Yo creo que no dolió tanto.

¡Corvum!—Infló las mejillas, entrecerrando los ojos, tratando de verse amansadora.

Sin embargo, el efecto resulto contrario, ante la risa divertida del pequeño peli negro. Sus ojos azules brillaban repletos de diversión, a la par que sostenía su estómago, olvidándose de la pequeña nausea producida por los arrebatos juguetones de su hermana mayor.

Ja, ja, ja. Te ves como una ardilla. —Señaló, con su índice en dirección a Lumen.

¿U-una a-ardilla? —Un suave sonroso se transformó rápidamente en un rojo carmesí. Confundida entre sentirse halagada u ofendida. Eligio debatir entre la capacidad de lucha de la ardilla con el animal insignia de su casa. Teniendo la respuesta a su comparativo personal, se puso de pie, apretando los puños a cada lado de su cuerpo. — ¡Oye!, ¡Soy un poderoso lobo plateado!

Creo que una ardilla plateada también se vería bien en ti, hermana mayor.

Contradijo Corvum, llevando la mano debajo de su barbilla, fingiendo formar una imagen mental sonriendo suavemente a Lumen, destruyendo cualquier tipo de defensa o argumento para discutir.

Ah… —Dudó en hablar. Bajando la mirada, jugueteo con el largo de su flequillo — T-tú… ¿T-tú crees? —Preguntó avergonzada.

¡Si!

Afirmó con gran jovialidad el menor.

Logrando plasmar una boba sonrisa en el rostro de Lumen.

Usualmente, ella es conocida por toda la casa y el territorio familiar —incluida la Capital— como la hija mayor de la familia Stella Noctis, incapaz de mostrar feminidad más allá de sus modales al saludar o una fiesta de té, a pesar de heredar los rasgos más hermosos de sus padres.

Su madre la Vizcondesa Stella Noctis no se muestra interesada en corregir el comportamiento de su hija, su argumento, es que si Lumen sigue cada pauta establecida en la etiqueta, ¿Qué importa el resto?

Por el otro lado, el Vizconde Stella Noctis es reacio a que su pequeña hija tenga un trato amable con los jóvenes herederos de las familias en el reino, en resumen, está feliz con la pequeña tormenta plateada.

Es llamada una hermosa hada en las fiestas, pero, al escucharla hablar, ese fantástico sueño se rompe en muchos pedazos diminutos.

Pero aunque esas habladurías corren en todos los círculos sociales, solo una persona o más bien un infante, pasa por alto esos rumores o el comportamiento poco femenino de Lumen Stella Noctis.

Y ese es, el segundo hijo de la familia Stella Noctis, Corvum Stella Noctis.

Es innegable que la belleza física de su hermana es el faro de luz que atrae a las polillas curiosas, hipnotizadas e ignorantes, pero, es su encanto natural, la sonrisa amigable, su habla animada y un férreo sentido de la justicia y honor, que la vuelve no en un simple y burdo objeto bonito de admiración, sino en una autentica dama resplandeciente.

La hermosa hada lunar a quien ama con todo su corazón.

—… ¿O qué opinas de un lobo plateado que caza ardillas plateadas?

Aunque a veces, su hermosa hada lunar, es increíblemente torpe, pero, no por ello, menos encantadora.

Eso sería muy raro. —Dijo Corvum, recargándose en las esponjosas almohadas.

Lumen cruzo los brazos, delante de su pecho, mirando hacia el techo, intentando pensar en una buena combinación entre una ardilla y un lobo. Ella recibió palabras dulces de su único hermano menor, aunque odiaba las comparativas con animales pequeños o criaturas esponjadas, simplemente no podía destruir el puro corazón de Corvum.

Necesitaba encontrar el punto medio.

El agotador trabajo mental de Lumen finalizo por la exclamación maravillada de Corvum.

¡Lo tengo! —Aplaudió, riendo bajito y mostrando un color rojizo en sus pálidas mejillas.

Lumen asintió velozmente, dispuesta a escuchar las sabías palabras del pequeño peli negro.

Corvum se tomó su tiempo, aclarando innecesariamente su garganta y arreglando las mangas en su ropa. Abriendo ambos brazos a cada lado y con las palmas extendidas al frente, revelo la esperada respuesta: — ¡Mi hermana podría ser la princesa plateada del bosque de las hadas!

Yo no quiero ser una princesa.

Sin discutir o mostrarse enojada, Lumen negó el rol otorgado por Corvum, regresando nuevamente a la difícil unión de una ardilla y un lobo.

El joven Corvum no esperaba una negativa tan férrea de su hermana y no tenía sentido para él, así que procedió a indagar.

¿Por qué? —Los ojos negros de Lumen se posaron de regreso en él.—Mi hermana es la más bonita de todas para ser una princesa.

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La sinceridad en las palabras de Corvum era tal, que el corazón de Lumen no evito enternecerse aún más, resistió melodramáticas lágrimas por la dulzura de su hermano menor.

Con una cálida y tranquila expresión, se acercó a la cama, acariciando los cabellos negros en la coronilla de Corvum.

Claro que no. —La intrépida Lumen de Noctis, con la más despampanante de las sonrisas, eligió sincerarse también con su hermano. — El único bonito para ser una princesa, eres tú, Corvum.

—…

—…

Ambos se mantuvieron callados.

Lumen sonreía alegremente, continuando con el suave masaje al cuero cabelludo de Corvum.

En cambio Corvum, tenía un ligero tic en su ojo izquierdo. Suspiro pesadamente, pasando ambas manos por su rostro.

Mirandola a través de los dedos, frunció el ceño.

Hermana… —Dijo despacio. — Eso no tiene sentido. —Aparto el toque de su cabeza. —Además soy un niño.

Lumen parpadeo, manteniendo la misma agradable sonrisa.

Claro que Corvum es un niño. El día que naciste las matronas dijeron: Es un varón.

Bien. Porque eso no me vuelve una princesa.

Si, si lo eres.

¡Deja de decir tonterías! —Grito, rojo de vergüenza. Su hermana alababa cada momento lo precioso que era para ella y cuan adorable le resultaba, pero su orgullo como futuro caballero necesitaba mantenerse. — No soy una princesa. ¡Soy un niño!

Eres un niño, pero también eres una princesa. —Explicó diligentemente, sin un atisbo de duda en sus palabras. —Mi princesa Corvum.

La melodiosa forma en que Lumen pronuncio la última parte de su frase, envió un escalofrió incomodo por el cuerpo de Corvum.

Pocas eran las ocasiones en que el pequeño peli negro mostraba enojo o alguna emoción aversiva dirigida a su hermana mayor. En este momento, el hilo de paciencia de Corvum se rompió al tensarse más allá de lo posible.

Hermana. ¡Ya basta! ¡No soy tu princesa!

Corvum es mi princesa

Reafirmo Lumen, sin detenerse a ver la clara molestia en el rostro del menor, desatando una profunda contiende de opiniones entre ambos hermanos, cuyas voces aumentaban de volumen y empezaban a escucharse en el pasillo cercano a la habitación de la peli plateada.

¡No!

¡Si!

¡No!, ¡No! —Agitó sus brazos. Remarcando el fruncimiento de su ceño, molesto que su única hermana, lo comparara con una niña, sin embargo, su veloz mente se dirigió a otra opción, que ya había olvidado con la última conversación que tuvo con su madre aquel día bajo la sombra del árbol en el jardín.

Un pequeño dolor e inquietud se albergó en el pecho de Corvum, le hizo bajar el tono de su voz y flexionando las piernas sobre la cama hasta pegarlas a su pecho, las rodeo con sus brazos.

¿Acaso preferirías tener una hermana en lugar de a mí?

Ninguna duda del amor de sus padres o el de su hermana, tenía que seguir existiendo. Si Lumen había cambiado de opinión, ¿Qué podría hacer él?

La peli plateada se mantuvo callada, lo que serían angustiosos segundos para el pequeño Corvum quien resistía las gruesas lágrimas listas a escapar, sin apartar la mirada de Lumen, preparando su corazón para lo que ella estuviera a punto de responderle.

¿Tendría dos Corvums en lugar de uno?

¡¿Ha?! —Giró a verla estupefacto. La clara inocencia con la que ella hablo, mermo la tristeza de Corvum, regresándolo al enojo. — ¡Hermana!, ¡Ni siquiera estas escuchando!

Lo hago. —Asintió ella, sentándose de regreso en la cama, sacando un pañuelo del bolsillo en su pantalón. Tomo el rostro de su hermano, secando las diminutas gotas salinas. — Amaría a los dos Corvums igual, entonces serian dos princesas para proteger.

Eso no tiene… —Se detuvo a media frase, levantando la mirada hacia su hermana. —¿Qué dijiste?

Amaría a los dos Corvums igual.

Después de eso.

¿Dos princesas?

Más adelante…

¡Ah!~ —Rio, mostrando la lengua. Bajando el pañuelo a su regazo. —Que protegería a las dos princesas.

Dijo ella, sonriendo de oreja a oreja sin la mínima duda que sus palabras fueran incorrecta o erradas, ignorante a los efectos causados en el interior de Corvum.

Algo tan infantil, que solo un niño podría decir a la niña a quien le profesa un cariño profundo y está dispuesto a enfrentar grandes peligros con tal de mantenerla a salvo y feliz.

Lumen, estaba haciendo exactamente lo mismo, algo de lo cual no tenía necesidad de llevar tan lejos, sin embargo, una pequeña parte del corazón de Corvum se sentía dichoso ante las consideraciones especiales mostradas por ella.

¿Conoces el juramento? —Aventuró a preguntar Lumen, ladeando el rostro y sosteniéndose la barbilla con su mano libre.

¿Juramento? —Repitió Corvum. Viendo a su hermana asentir. Recordaba vagamente una mención de ello durante la cena por parte de su padre mientras hablaba con Lumen sobre su rutina de entrenamiento. —¿Es como los votos matrimoniales?

Algo parecido, pero no del todo. Veras… —Empezó, intentando resumir la mayor parte de la información. —Cuando un aprendiz de caballero, como yo, pasamos a ser nombrados caballeros oficiales, tenemos que jurar nuestra lealtad, desde un miembro de una familia noble hasta la propia familia real.

¿Cómo madre que atiende el llamado de la reina?

Misma idea, diferente ejecución. Madre tiene un tipo de contrato con la reina.

Comprendo. Y, ¿Eso cómo se relaciona a la protección y ser calificado de princesa?

Lumen dejo caer los hombros, negando de un lado a otro, resistiendo reírse ante la inocencia de su hermano. Aunque, en primer lugar era absurdo llenar la cabeza de Corvum con términos difíciles y rebuscados.

Ella misma se molestaba ante la misteriosa forma de hablar de su padre o el afecto distante pero cálido de su madre. Con esas dos referencias, decidió ser siempre franca y directa con su hermano menor, aun si aquello, era menos fructífero de lo que hubiera esperado.

Rascando su mejilla con algo de rosa, entrecerró los ojos, bajando ligeramente su tono de voz.

Lo reservaba para tu fiesta de mayoría de edad. —Suspiró —En fin. ¡Ya no importa!

De un salto, Lumen se levantó de la cama, girando sobre sus pies y tomando la mano de Corvum entre las suyas, hizo una pequeña reverencia, flexionando cuidadosamente sus rodillas segura de no perder el equilibrio y con ello, llevar a su hermano en una absurda caída, arruinando sus improvisadas acciones.

¿Hermana?

Yo, Lumen Gidae Stella Noctis, juro ser valiente en los momentos de desesperanza, mostrar cortesía ante aquellos merecedores de un trato digno, proteger con la fuerza y poder de un inamovible escudo. Sobre estos tres preceptos, te entrego por siempre mi más sincera y única lealtad y con ello, mi vi-aham.

La boca de Lumen fue inmediatamente cubierta con la mano libre de Corvum, impidiéndole terminar con el juramento.

Ella trato de quitarse, pero él no lo permitió, encajando con fuerza las yemas de sus dedos y lo corto de sus uñas.

El corazón del pequeño Corvum latía velozmente, sus ojos abiertos de par en par, casi listos a salirse de las cuencas en su rostro. Había previsto recibir una respuesta aparentemente simple con una explicación rebuscada, lo que nunca imagino, es que Lumen no se limitara al juramento mismo, sino la mención de su segundo nombre dentro de este.

Un nombre, un prefijo y apellido es la regla general para la nobleza con títulos otorgados por la reina. Los nobles sin títulos poseen solo un nombre y un apellido. Y los plebeyos, solo tienen un nombre y en escasos excepciones quienes han logrado un remarcable logro dentro de la sociedad se les proporciona un apellido y según las consideraciones de la reina pueden ser portadores de alguno de los otros prefijos sin ser directamente familiares de una familia noble de renombre o gran estatus.

Eso es, la regla general, como tal.

Dentro del reino o cualquier otro país del continente, ninguna familia o persona posee un segundo nombre. El único merecedor de tal regalo es el gobernante absoluto del Imperio más grande dentro del continente, así como los miembros de su familia.

Entonces, ¿Cómo dos infantes sin estar directamente unidos al Imperio, cargan con un segundo nombre?

No había respuesta —de momento—. Lo único que ambos debían siempre recordar, era, que su segundo nombre es increíblemente valioso, nadie salvo ellos mismos y la persona quien los eligió ha de conocerlo.

Al tomar la elección de hacerlo público a un tercero, entregaban una parte de su ciega e inamovible confianza a esa persona, así, como su vida.

Lo que Lumen, estuvo por hacer —completar— era la estupidez más grande de todas.

Un caballero, solo tiene una vida para dar, ella, entregaba más vida de la que tenían en sus manos, el control total a disposición de una persona.

Para él, eso, era una estupidez. Una estupidez de la que no planeaba tomar partido.

No. ¡Ni siquiera te atrevas a completar esa frase! —Exigió, liberando su otra mano del agarre de su hermana, presionando ahora ambas palmas contra sus labios. — ¡Puedes jugar conmigo a ser una princesa, pero nunca entregues un juramento a la ligera!

—…

Te soltare, solo… si prometes, abstenerte de decir eso. ¿De acuerdo?

Parecía que Lumen iba a discutir la proposición, sin embargo, resoplo por sus fosas nasales, asintiendo obedientemente. Corvum suspiro aliviado, alejando lentamente sus manos de la boca de Lumen.

Vio a su hermana, enderezarse, masajeándose la quijada. Una sombra oscura se cernía en la mirada de Lumen y el más insignificante de los ceños fruncidos.

No es una broma. —Dijo ella, con una frialdad que encapsulaba la seriedad de su expresión. —Seré el caballero de Corvum.

¿Ah?, eso no tiene sentido. Tú no puedes, no debes.

Es una lástima, porque está hecho. Me decidí a ser un caballero digno de protegerte. ¡Es imposible que me arrepienta!

Corvum mordió su labio inferior, apretando sus manos en puños.

Mi complexión es fina y más pequeña que la de otros niños. —Tragó saliva, sintiendo con asco el paso de esta por su garganta.— ¿A tus ojos soy débil? —Soltó la pregunta con la amargura dispersándose en el interior de su boca. Arrastro su cuerpo por la cama, dejando sus piernas colgando en la orilla.

El valor, un valor cuantificable que se da a una persona en el preciso momento en que se integra a la sociedad, se transforma en una expectativa y finalmente en la pesada cadena de la cual no puede librarse con solo ignorar.

La carga aumenta, con cada palabra dicha, mirada burlona, el simplemente ser juzgado y tratado amablemente.

Como el segundo hijo de la familia Stella Noctis, ya tenía suficientes malas opiniones con BUENOS DESEOS de un futuro prometedor. Académicamente mostraba sus habilidades, en cuanto al área física, carecía de los elementos básicos.

Corvum sabía que no callaría las voces de personas entrometidas, había elegido aceptar su situación, abrazarla y amarla a cada momento.

Del otro lado, se susurraba que la hija mayor de los Stella Noctis inicio el entrenamiento de caballero y dio seriedad a sus clases, preparándose para asumir el liderazgo de la familia, debido a la debilidad física del segundo hijo, quien, sería el verdadero heredero, como único varón.

Le asombraba la amabilidad de su hermana, una amabilidad que estaba lastimándolo.

—"Soy así de patético"

¿De qué tonterías estás hablando? —Levantó el rostro de Corvum con sus dos manos, presionando las mejillas, causando que los labios de su hermano se fruncieran. Lumen frunció el ceño, estupefacta. —No hay en esta tierra, persona más digna, sabia y hermosa que tu Corvum. Para mí, el ser tu hermana es un regalo y volverme tu caballero el más grande honor.

—…

El hijo menor de los Stella Noctis lo odiaba. Odiaba la facilidad con que las palabras de Lumen impactaban con gran potencia en su corazón y sin una pizca de falsedad le miraba con ojos tan negros como la noche, que si prestabas la correcta atención, el brillo de su cabello plateado contrastaría y pequeñas estrellas brillarían en su interior.

Sus lágrimas fluyeron sin remedio, esta vez, definitivamente fue imposible detenerse.

Los cálidos brazos de Lumen lo rodearon, una de sus manos le daba un masaje circular en la espalda y la otra alisando sus cabellos negruzcos. Mientras él se aferraba a la blusa blanca, ahora húmeda por su llanto.

Pasaría casi media hora antes de que Corvum recordara la razón de ir a la habitación de su hermana en su día libre, e igualmente esto se aplicaba a Lumen, al dejar su correspondencia sin revisar y tres sobres de ser pendientes en devolver correctamente.

Después de todo, disponían del resto de horas de un anhelado día de descanso.

¿Preferirías príncipe?

¡Oh!, ¡Cállate!, ¡Hermana Lu!

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Continuara…

¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*