¡RECUERDEN!

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Recomendación musical: "Blue Bird" interpretado por Simone Anisinger/"Blue Bird" by Ikimono Gakari

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra.

Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna

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Intermedio I. – La llegada de Jieun –

Parte III. Santa y Marqués. (2)

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Al abrir mis ojos me encuentro nuevamente en el espacio oscuro, mi cuerpo con una increíble ligereza está flotando sin una dirección especifica. No caigo, pero tampoco subo, me mantengo en un avance suave.

Intento pronunciar alguna palabra, nada sale de mi garganta, ni el más diminuto de los ruidos.

Tampoco escucho a la voz montaña.

De verdad se fue, esa voz sin emoción alguna, me dijo cosas extrañas, despidiéndose ridículamente, dejándome a la deriva con tantas dudas, mi mente en una nebulosa sin aparente fin y un nombre extraño. No hay nada a que aferrarme.

¡Nada!

Me sujeto la cabeza con desespero. Lágrimas acumuladas en las esquinas de mis ojos, volviéndome un ovillo y sumergiéndome en este abismo de desesperanza.

El único lugar al que pertenezco, uno donde no hay nada. No se dice nada.

Yo, soy nada.

—Plateado.

Su voz distante, un espejismo ha resonada dentro de mí, trayéndome paz una vez más. Bajo lentamente las manos de mi cabeza, enderezándome.

—"Es cierto." —Me dije a mi misma.

Hay recuerdos. Tengo recuerdos de un momento antes de la oscuridad.

Una habitación extraña pero muy cara, mujeres de ropas inusuales, un hombre. Voces poco conocidas para mí.

Y… él, su color de cabello único.

Un cabello tan hermoso, tan mágico, que verlo por primer y última vez fue un regalo. Presiono ambas manos contra mi pecho ante la felicidad experimentado con el plateado, una felicidad olvidada y preciosa que trae una especie de dolor que lucha por superponerse.

Tales sensaciones experimentadas procedentes de un solo color, significaba que mis memorias se relacionaban con ese color. Intente forzarlas a salir de entre los escondrijos de mi mente, en cambio un sonido inesperado de una clara tonalidad, atraviesa el espacio.

*Plop*

*Plop* *Plop*

*Plop*

Va repitiéndose una y otra vez. Giro mi rostro en todas direcciones forzando mis ojos a notar algo más allá de esta oscuridad.

*Plop*

Pauso la búsqueda, prestando especial atención a lo que se escucha a mi espalda, lentamente voy girando, inclinando mi cuerpo tratando de captar el sonido con mis oídos. *Plop* *Plop*

Un poco lejano, pero estoy segura de la procedencia de ese único sonido, al mismo tiempo, giro mi rostro captando un diminuto brillo a la lejanía.

Por primera vez, mis pies están tocando algo firme y me muevo hacia delante. Un paso, dos pasos, tres más hasta volverse un pequeño trote.

Mi respiración se aceleró, mis piernas duelen al forzarlas y mis brazos se agitaron.

Es extraño.

Sigo un sonido misterioso apuntando a un brillo peculiar, confiando en que la dirección tomada es la correcta y que no terminare tropezando hasta hundirme en un agujero o regresar a flotar.

*Plop* *Plop* *Plop* *Plop* *Plop* *Plop*

*Plop* *Plop**Plop* *Plop*

*Plop* *Plop*

Es más fuerte, su constancia aumenta y la velocidad de mis piernas igual.

El brillo peculiar, es ahora una gran luz, trago saliva nerviosa para con mi último aliento me impulso desde mis pies, lanzándome al interior de esta.

Preparada a cualquier golpe.

No hay dolor, ni un quejido.

—"¿Qué ocurrió?, ¿Dónde estoy?" —Me pregunto, bajando los brazos de mi rostro lentamente y abriendo los ojos.

Otro paisaje me da la bienvenida.

Árboles, estructuras metálicas extrañas, niños, adultos, algunos más jóvenes. Caminando en sus propios asuntos, descansando en alguna especie de asiento rectangular.

*Plop* *Plop*

—¡Otra vez!

Doy media vuelta y una estructura de mármol con agua está goteando. Son diminutas las gotas, la cantidad es mayor, volviéndose en chorros delgados que van cayendo como hilos perfectos.

Son un espectáculo precioso que atrae la atención de una niña pequeña.

Al terminar y volver con el chapoteo de las gotas, la niña aplaude emocionada e intenta acercarse para ver mejor el funcionamiento de ese objeto.

Trato de detenerla, pero mi voz no sale a tiempo. Salvo que la niña frena sus pasos y comienza a girarse, en ese instante, mi corazón parece detenerse.

Cabello negro corto sujeto en dos coletas, ojos del mismo color, piel clara vestimenta sencilla de dos piezas una blusa rosa de mangas cortas y una falda de tablones, calcetines cortos y tenis.

Ella sonríe emocionada, agitando sus brazos y saltando.

—¡Jieun!

—Querida, ¿Por qué corriste tan lejos?

Dos personas más se acercan a la niña, específicamente un hombre y una mujer.

El hombre de cabellos negros su flequillo lacio en picada cae a un lado en su frente, ojos del mismo color, portando gafas, usa una vestimenta sencilla camisa, pantalones y zapatos, cargando una bolsa grande y rectangular, es el primero en llegar con la pequeña, arrodillándose a su misma altura, dejando caer la pesada bolsa y abrazando con fuerza a la niña.

La mujer tarda unos segundos en alcanzarlos, también su color de cabello es negro, un poco ondulado con un corte que le llega a la barbilla, sus ojos un tono de café claro, su vestimenta es más complicada ante la falda larga, una blusa y un suéter sobre sus hombros, complementando su andar lento con zapatos descubiertos con un pequeño bulto rechoncho de cabellos negros y una ropa rosada que ríe alegremente ante el paseo.

Una exhalación pesada escapa de los labios de la mujer al detenerse frente a los dos.

El hombre se pone de pie, acariciando los cabellos cortos del bulto rechoncho en los brazos de la mujer.

La mujer toma un poco de aire para recuperarse, frunce el ceño y antes de que pueda regañar a la pequeña niña, el rechoncho bulto en sus brazos está riendo a la vez que aplaude.

La estructura de mármol está lanzando su espectáculo con los chorros de agua mágicos.

—¡Vamos, mamá y papá!, ¡Jisoo quiere ver también!

Ella intenta jalarlos por la muñeca de sus brazos, pero los dos adultos se mantienen firmes en su lugar. El hombre le envía una señal a la mujer, pidiendo permiso a ceder al pedido de su hija.

La mujer niega, entregándole el bulto rechoncho al hombre. Ella se agacha, mirando a los ojos a la niña y tomando sus dos manos la detiene de intentar correr por su cuenta a la estructura de mármol.

—Mamá, suéltame. Quiero ver el agua de la fuente.

—No, Jieun. Prometiste que si te traíamos a jugar al parque, terminarías tu tarea.

—¡Jieun quiere ver la fuente! —Levanta su rostro al hombre, con sus grandes ojos acuosos intentando convencerlo. —¡Papá!

Le llama en repetidas ocasiones, esperando recibir su ayuda en convencer a la mujer adulta. Pero su papá simplemente niega, arrullando al bulto rechoncho de nombre Jisoo.

—¡No!, ¡No!, ¡Jieun quiere ver la fuente!

—Aunque hagas berrinche, no cambiare de opinión.

—¡Ugh! —Apretó sus pequeños labios, encogiéndose sobre sí misma, las lágrimas pronto salieron y con ello un enorme reclamo infantil. — ¡Es injusto!, ¡Mamá prefiere a Jisoo que Jieun!

—Cariño, estas siendo injusta con tu madre. —Intervino el hombre, palmeando la espalda del bebé de nombre Jisoo.

La pequeña Jieun con sus ojos repletos de furia, miraron a ambos adultos, y su intención de compartir el espectáculo de la fuente con Jisoo quedo olvidado.

—Mentirosos. ¡Ambos son unos mentirosos!

Los fuertes y agudos gritos de Jieun atrajeron más atención de los transeúntes, sentí un poco de lastima por los padres, tener que soportar tal actitud grosera mientras se mantienen lo más tranquilos posibles a la vez que cuidan del bebé Jisoo.

¿Cómo es que Jieun no entendía la amabilidad de sus padres?

En un pestañeo y bufido de mi parte, Jieun consiguió liberarse del agarre de su mamá gracias a su distracción al comenzar a discutir con el papá de Jieun.

La estatura de la niña de coletas era perfecta para darle una mayor agilidad a sus movimientos.

Sin embargo, eso trajo gritos asustados de la mamá que se quedó congelada en el suelo y el papá incapaz de alcanzar a la pequeña al tener a Jisoo en sus brazos.

Quise ir en su ayuda, desgraciadamente, mis pies no mostraban signos de obedecerme, ni otra persona en los alrededores. Entre mi desidia de alzar la voz o esforzarme en mover, Jieun llego a la fuente e inclinándose para ver más de cerca el comienzo del espectáculo de agua, sus pies resbalaron por los charcos en el suelo.

Lo siguiente que vi, fue a la mamá de Jieun llorar con un grito el nombre de la niña, arrastrándose por el suelo y de un salto, levantarse y correr para sacar a la niña de la fuente. El papá con Jisoo en brazos se acercaron al igual que el resto de transeúntes mirones.

De alguna forma misteriosa llegué al lado de la mamá de Jieun, quise agacharme y ayudar en sacarla —al menos— pero mis brazos no me respondían. Con más esfuerzo me estire, poniendo mi mano sobre el hombro de la mujer para tranquilizarla, le atravesó ligeramente, no, todo mi cuerpo atravesó a la preocupada mujer que se inclinaba sobre la fuente para sacar a su pequeña hija.

Mire con miedo ambas manos, ¿Atravesé el cuerpo de una persona?, me pregunte, negando de inmediato. Mirando más abajo, note que mi cuerpo se paraba sobre la fuente, el agua no me tocaba ni siquiera había humedad.

Algo raro, algo definitivamente raro y anormal estaba ocurriendo conmigo. Mis preguntas y el pánico se suprimieron al escuchar toser a Jieun.

Gire para dejar de dar la espalda.

La mamá de Jieun había entrado a la fuente, cargando en sus brazos el cuerpo de su hija y golpeando su pequeña espalda para sacar el agua consumida.

Al terminar de expulsar el agua, los ojos de Jieun estaban llorosos, rojos de las esquinas, algo de moco escurría de su nariz, también saliva. Y cuando su vista se enfocó en su madre asustada, los ojos de la pequeña se humedecieron.

Imagine que su mamá la regañaría por jugar estúpidamente con su vida solo para ver una fuente, al contrario de mi expectativa, la mujer mayor compartió un profundo llanto, sin importarle que sus ropas se mojaran o las personas susurrando con desagradado. La mujer mayor se aferró ese pequeño cuerpo, apretándola con tal fuerza que parecía dispuesta a nunca dejarla ir. Como si ella… como si…

—No aceptara una vida sin su existencia. —Dije. Parpadee incomoda, algo comenzó a correr por mi mejilla, después ambas.

Mi vista se empaño.

Aparte las lágrimas que impedían a mi vista aclararse, la imagen ante era difusa, me dolía el pecho.

Ambas habían salido de la fuente, yendo con el papá de Jieun y Jisoo.

Todos se abrazaron. Más llantos compartidos, las disculpas por ambas partes, una justa promesa de no repetir eso en un futuro cercano o lejano.

Poco a poco se alejaban de la fuente. El público que llenaba ese mini escenario se dispersos, regresado a la cotidianidad de sus vidas.

Yo no quería que se fueran. No quería que me dejaran aquí.

Estire mi brazo en un deseo sin sentido.

—¡No se vayan! —Grite, reencontrando mi voz. Una voz desesperada. Avance tanto como podía, mis brazos sin bajar, queriendo disminuir la distancia. —¡Esperen!, ¡No se vayan!, ¡Por favor!

Sus espaldas desaparecían, cada vez más pequeñas, más lejanas.

Una profunda desesperación me carcomía por dentro.

—¡Mamá!, ¡Papá!, ¡Jisoo!

Les llame, nunca voltearon. Nunca me vieron.

Algo se quebró dentro de mí.

El agua que no me mojaba, empezó a subir por mis piernas, el paisaje se disipo en trozos, todo se inundó, burbujas salieron por mis labios pero no me ahogue.

Las lágrimas se enjuagaron con el agua.

Poco a poco, con cada burbuja que explotaba por mi respiración que salía, traía un recuerdo, una memoria perdida, no, una memoria sellada.

Las lágrimas no se detuvieron, mi cuerpo no subió a la superficie, termino hundiéndose al fondo, tocando el suelo con mi espalda, mis brazos a cada lado, mis piernas abiertas y mis pies con la punta de los dedos hacia arriba. Notaba mis cabellos negros moverse por el peso del agua.

Toque con la punta de los dedos en mi mano derecha, una de las burbujas, esta exploto y al cerrar mis ojos, pude escuchar sus voces.

—Ten un buen día en la escuela, cariño. —Esa era la voz de mamá, sonriendo y recogiendo mis platos del desayuno.

—Recuerda volver directo a casa, te llevare a comprar la guía de la Universidad. —Ese era papá, terminando su desayuno mientras cambiaba el canal de la televisión.

—¿He?, ¡Yo también quiero ir a la librería!, ¡Salió un nuevo volumen de mi novela favorita! —Esa era la voz de Jisoo, dejando caer el arroz dentro de su boca a cada exclamación.

Ese día, decidí salir antes de casa, para estudiar un poco antes del examen. Me despedí de ellos y caminé por la misma ruta a la escuela.

Sin saber que mi rutina, terminaría por una moneda plateada.

Era muy doloroso. Me dolía que las personas que más amaba, nunca más seria capaz de verlas.

¿A esto se refería la voz monótona?

¿Esa selección especial?

Cada uno de mis recuerdos volvería, pero, ¿Por qué debo sufrir?, ¿Por qué tengo tanto dolor y anhelo?

¡Si me dieron una oportunidad!, ¡Un regalo!

¡Al menos que me devolvieran al lugar donde era más feliz!

No necesitaba tales memorias pasadas que me hicieran ver lo que tenía y lo que perdí.

—"Mamá… papá… Jisoo… por favor… no me olviden."

Esa era yo, la pequeña Jieun que en su infancia quería egoístamente ver una fuente, olvidando que su papá salió temprano de la oficina para ayudar en casa, a la vez que su mamá se recuperaba de un resfriado y cargaba con Jisoo hasta el parque, dejando la comida a medio preparar.

La misma Jieun que deseaba seguir en los pensamientos de su familia. Incluso si ese deseo, también los lastimaba.

Así de egoísta soy.

—"No me abandonen…"

Sentí el cuerpo pesado. Llore mis ultimas lágrimas, las burbujas cada vez eran diminutas y mis ojos se cerraron.

_oOo_

Abrí mis ojos y boca, lanzándome hacia delante, quedando sentada en una superficie esponjada.

El repentino recordatorio de mi cuerpo ante el funcionamiento normal de mis pulmones fue una desagradable sensación. Tosi con fuerza queriendo expulsar la nada existente atorada en mi garganta.

Deje rastros de saliva escurriendo de mis labios a mi barbilla.

Tome grandes y seguidas bocanadas de aire, intentando aminorar la agitación que se trasladaba a cada región de mi cuerpo.

La cabeza me palpitaba, escuchaba ecos en mis oídos y el golpeteo del corazón contra mi pecho, apenas note que estaba de regreso en la habitación de que trate de salir.

Había tanta agua en ese lugar, agua, burbujas y recuerdos.

Recuerdos de una vida común y corriente, de una vida simple… de una vida que ya no era mía para vivir.

Las lágrimas ascendían desde el interior de mis lagrimales, me cubrí la boca con mi mano derecha, notando el temblor repentino, quise detenerla usando mi otra mano, pero al dar un jalón moderado, quedo trabada.

Confundida, gire mi cuello en la dirección de mi brazo, incline ligeramente la barbilla hacia abajo, de inmediato me mordí la lengua evitando soltar una exclamación de sorpresa, excepto, que mi cuerpo reboto en el espacio esponjoso inevitablemente.

Mi mano estaba prensada de otra mucho más grande y recubierta de un fino guante blanco. Aprete sin querer el agarre, pero, ahí estaba la sensación de la tela contra mi piel.

Una sensación real.

—"¿Sera posible?"

Guiándome desde la mano enguantada poco a poco subí la vista, tragué saliva y mantuve mis ojos cubiertos por el flequillo como una especie de barrera.

Del guante blanco, había una manga larga del mismo color, más arriba un pecho amplio y firme con una camisa blanca. Un cuello largo y fuerte, la barbilla afilada, labios delgados, una nariz cincelada, pómulos elevados, ojos alargados sin doble parpado de un azul marino, sus cejas gruesas y el cabello… el cabello plateado.

—"Plateado"

Me le quede mirando, olvidando mi intención inicial de disculparme al tomar descuidadamente la mano de una persona desconocida.

Inclinándome hacia él, alcé mi mano libre y con la punta de mis dedos sentí la tibieza de su piel, de verdad estaba tocando su piel. Sonreí levemente. Deje que mi palma acunara su mejilla y deslice mi pulgar por la piel.

—Estoy despierta. —Dije en voz alta.

—Lo está.

Me respondió, mirándome fijo también. Un leve escalofrió me recorrido, él no parecía cómodo por mi toque.

—Ah… lo… lo lamento. Solo —Intente darle una razón, nada se me ocurrió, aunque sabía que tenía que decir, nada broto de mí. ¿Por qué era tan difícil hablar con esta persona?

Si era la misma persona con la que me he encontrado antes.

Tiene un color que me gusta y… quizás él me está ayudando. Aunque su mirada me inquieta un poco, no muestra malicia hacia mí.

—"Nadie ha sido malo conmigo"

Me quede tan aturdida en mis pensamientos, mirando más allá de esta persona plateada que el repentino toque de su mano sobre la que sostenía su mejilla, me hizo saltar de la sorpresa.

Un movimiento suave y gentil para detener los movimientos circulares que ejercía con mi pulgar en su cara. Me sentí avergonzada.

Comportándome infantilmente frente a quien me ayuda. Negue de un lado a otro.

Primero debía calmarme, luego ofrecer una disculpa y por último… ¡Presentarme!

—"¿O primero va la presentación?" —Ladee el rostro. Mis recuerdos habían vuelto, pero seguía confusa en la parte de los modales si es que son iguales aquí que en Corea.

—Sería tan amable en soltarme.

—¿He?

Regrese mi atención a su persona, viendo que mis manos continuaban tomando las suyas, moviéndolas de arriba hacia abajo.

Esta vez el calor inundo mi rostro completamente, parpadeé y lo solté rápidamente, llevándome las manos contra el pecho.

Acomode mi espalda contra esponjosas almohadas, centrando mi vista al frente, no podía verlo a la cara con tal comportamiento digno de una niña pequeña. Solo describiría esta situación como humillante, bochornosa y absurda.

—¿Cómo se siente?

Pregunto tranquilo.

Aun con el calor en mi rostro, gire el cuello en su dirección evitando mirarlo directamente. Mordí mi labio inferior, pensando en que responderle.

—¿Recuerda algo?

—¿Recordar? —Repetí, sonriendo irónicamente, volviendo mi rostro a los pies de la cama. Todo se trataba de lo mismo, recuerdos, memorias, vidas anteriores.

Vida…

Sinceramente quería reír.

Una vida que era mía y ya no tenía. Las lágrimas comenzaban su escala al exterior. Soy demasiado sensible para mi propio bien.

Sorbí mi nariz. Negando y tomando fuertemente las cobijas cubriendo la mitad inferior de mi cuerpo, tome una profunda respiración, exhalando lentamente.

Tenía que mantener la calma.

Separe mis labios, formando más de una oración corta.

—Recuerdo desayunar con mi familia, mamá preparo algo delicioso, papá se quejó de la sal extra y mi hermana menor no dejaba el teléfono. Sali temprano para estudiar por los exámenes, pero, en el camino… —Fruncí el ceño, apretando mis labios. Que difícil era. Respire de nuevo. — Una moneda, una moneda plateada estaba en el suelo y la recogí. Después de eso, nada.

Si me creía o no, daba igual, la historia era ridícula. Mi situación una estupidez. Solo con ver la elegante —gigante— habitación, las cobijas esponjosas, suaves y caras, el atractivo hombre de cabellos plateados sentado a un lado de la cama, podía entender que ya no estaba en Corea, sino en otra dimensión o planeta.

El pánico inicial paso en el instante que esa voz misteriosa y monótona hablo todo lo que quiso sin darme una respuesta directa. También con el regreso de las memorias de una vida a la cual ya no pertenecía, varias incógnitas se develaron.

Incluso, esa moneda plateada transportándome a un mundo con estilo medieval sea una mera creación de mi cerebro antes de morir. Un poco de alivio tras una muerte miserable, espantosa y dolorosa.

En las novelas de Jisoo, ¿Cómo le llamarían?, ¿El error de Dios?

Tal error es compensando en varias formas, dependiendo de la idea general manejada por la narrativa de la historia. Regresar al pasado, dar una habilidad especial, un sueño premonitorio, cambiar de cuerpo, introducir al mundo de la novela que estuvo leyendo o enviar a otro mundo.

La recompensa de Dios, de la voz monótona, fue enviarme a otro mundo de manera que comenzara mi vida nuevamente.

En cualquier otra persona junto a mi hermana menor este desenlace bizarro de eventos se tomaría como una bendición a una larga vida agotadora de realidad constante con rutinas diarias.

¡Un sin sentido!, ¡Una maldición!, ¡Un absoluto castigo!

Estaba atrapada en un mundo al que no pertenecía. La sensación de pánico e incertidumbre regreso a mí, el frágil atisbo de tranquilidad se disolvió de mis manos cual neblina matutina.

Confié en asimilar esta situación, ¿Soy así de segura?, ¿Tengo una fortaleza mental impenetrable?

¡Por supuesto que no!

Soy una común y corriente estudiante adolescente coreana de 16 años. Diligente sin ser excelente en mis estudios, apuntando a una carrera de entre 4-5 años en la Universidad. Apenas me he relacionado a novelas de fantasía y romance medieval gracias a los constante alegatos de Jisoo sobre estas.

Un pensamiento pasa fugaz por mi mente. Si mi cuerpo está aquí, sentí la suavidad de la ropa contra mi piel, el calor de las cobijas, lo mullido del colchón y las almohadas, además de tocar el rostro y manos del hombre de cabello plateado.

Mis padres no tendrán nada para buscar o enterrar.

O, ¿Este de verdad es mi cuerpo?

Una pequeña risa salió de mis labios, mis hombros temblaron, volviéndose una gran carcajada sosteniéndome el estómago con una mano y la otra dando palmadas contra las cobijas y el colchón.

Dios es cruel, no, finalmente he enloquecido.

¿Real?, ¿Ficción?, ¿Verdad o mentira?

—¡No!, ¡No! —Grite en alto. — Me niego a aceptarlo.

Saldría de este lugar a encontrar mis propias respuestas.

Arroje las cobijas a un lado, de un rápido movimiento mis piernas ya estaban tocando el suelo pero antes de poder levantarme algo ejercía una presión sobre mis hombros, impidiéndome moverme.

—¿Qué cree que hace?

Lo había olvidado por completo. El hombre de cabello plateado seguía conmigo en la habitación. Tan profundos estaban siendo mis pensamientos que ni siquiera recordé su compañía.

Levante la vista y él se había levantado de la silla, con sus dos manos sobre cada uno de mis hombros, impedía que saliera de la cama.

Un rostro precioso con una expresión molesta además de su voz carente de sentimientos amigables. Que ciega estaba siendo a la realidad, no fue amabilidad ni preocupación, solo… una coincidencia.

Me aferre a esta persona entre el miedo y la confusión.

—"No maldad o bondad... Es indiferente." P-por favor, déjame.

—Primero responda, ¿Qué cree que hace?

—N-nada. Solo, solo apártate. —Sujete sus muñecas con mis manos, estirando con toda mi fuerza sus muñecas para quitarlas. Un esfuerzo inútil. —Suéltame.

—Lo hare si responde.

—Ya te lo dije. Nada.

Él no parecía creerme, moví mi cuerpo de un lado a otro, su agarre no cedió ni un centímetro.

— Solo quiero salir. —Dije, mirando esos fríos ojos, es que mis lágrimas cedieron ante la impotencia y desesperación de una libertad perdida. —… Déjame salir… —Suplique, mis manos cayendo lentamente a cada lado. — Papá… mamá… Jisoo… —Murmure, sus rostros apareciendo en mi mente. La última imagen de ellos en el desayuno. —¡WUAH! —Grite. Bajando la cara y cubriéndola con mis manos.

Mi voz sonaba horrible, las lágrimas no paraban de fluir y el moco en mis manos era pegajoso.

En algún momento deje de sentir la presión sobre mis hombros.

Cada sentimiento, cada emoción, tal combinación de tristeza, miedo, preocupación, anhelo y confusión, salía a través de un llanto sin aparente final.

Lo odio.

Odio a Dios, odio a la voz monótona.

¿Por qué me hizo esto?, ¿Por qué?

Arrebatándome mi vida, corrigiendo su error y dejándome en este lugar.

—"Estoy sola."

Terminare hundiéndome en la desesperación, la locura producto del temor a lo desconocido, sin nadie a mi lado que me apoye.

Absolutamente nadie.

—Cálmate.

—"¿Qué?"

Su voz atravesó el llanto que llenaba la habitación. ¿Quién?, ¿Quién hablaba?

¿Me habla a mí?

Lentamente deslice los dedos por mi cara al mismo tiempo que me enderezaba de mi posición encorvada.

Era él. De nuevo.

—"¿Por qué seguía aquí?"

En las historias de los cuentos, el guapo caballero o el galante príncipe se esfuerzan al máximo para apoyar a la bella princesa o la amable plebeya, es tan fuerte el sentimiento de un amor destinado que consiguen llegar al buen final, el que les promete ser felices por siempre y jamás preocuparse de sufrir nuevamente, mientras estén juntos, todo saldrá bien.

Nada de eso se aplicaba al hombre de cabellos plateados parado frente a mí, la expresión en su rostro mostraba su incomodidad al lidiar con las tambaleantes emociones de una adolescente.

Era mejor si solo se iba.

—Toma.

Por supuesto su forma de hablar tampoco es la de alguien interesado en proteger o priorizar los sentimientos de una mujer desconocida.

Guiándome desde su brazo extendido, baje el rostro, notando un lindo pañuelo color azul con un bardado triangular plateado. A primera vista, un simple pedazo de tela que podrías comprar o fabricar fácilmente, pero, si apreciabas los detalles en el bordado, estos brillaban con un poco de luz.

—"¿Podría estar bordado con auténticos hilos de plata?"

Era absurdo que se desperdiciará un objeto caro en secar los rastros salinos y pegajosos dejados en mi rostro. Especialmente si dicho objeto no es entregado de buena fe.

—G-gracias, pero no. —Intente sonreír, mi voz temblaba, acercándose a un susurro. —Es un pañuelo muy bonito para ensuciarlo.

Al negarme en recibir este deficiente consuelo él se abstendría de continuar dentro de la habitación, dejándome sola con mi miseria.

Extrañaba a mi familia, pero, no quería el consuelo de una persona que no mostraba ni un poco de pena por mí.

— "¿Estoy rogando por amabilidad?, ¿Comprensión?, ¿Cómo pueden las protagonistas de este tipo de novelas ser tan positivas al respecto?"

El pañuelo dejo de estar al alcance de mi vista, sorbí mi nariz, quitando con el dorso de mi mano las pocas lagrimas que continuaban acumulándose.

Cerré los ojos, tallándolos con fuerza esperando de esta manera detener las lágrimas, entonces, la suavidad de algo rozo por debajo de mis ojos llegando a la mitad de mi mejilla.

Separe los parpados, notando por la periferia un color azul claro deslizarse y al mover mi mirada, el hombre de cabello plateado estaba hincado en ambas rodillas, la mano que no sostenía el pañuelo se apoyaba en el filo de la cama.

Me mantuve callada hasta que termino de secar mis lágrimas, dejando el pañuelo tendido en mis manos.

Estaba perpleja, pasando mi vista de la tela usada y la persona que decidió usarla. ¿Debía entender eso como alguna clase de mensaje?

Demasiado pensamientos complicados y ridículos entorno a un simple —elegante—pañuelo proveniente de un hombre desconocido que no tiene la mínima simpatía por mí. En este punto, tal vez, soy la única que no quiere ser grosera… ¡Al diablo!

Tome el pañuelo, estrellándolo directamente en el pecho del hombre de cabello plateado.

Mis cejas se juntaron en el medio de mi frente, apenas me vería algo intimidante, pero quería dejar en claro que estaba molesta, con él, con la situación, con todo. Presione con fuerza el pañuelo contra su pecho, tensionando mi brazo desde el hombro hasta la muñeca.

—He dicho… que no lo quiero. Es tuyo.

—…

Por supuesto que no me respondió.

Sin esperar a que tomara una decisión, abandone el pañuelo y mi toque sobre este, apenas notando como este se caía.

Puse las manos sobre mi regazo, girando el rostro a la derecha, apreciando con claridad los lujos con que se adornaba la habitación, además, el tamaño, casi el doble que el apartamento en que vivía con mis padres.

Una triste sonrisa se posó en mis labios.

Este, sería el tipo de lugar que Jisoo disfrutaría gratamente, corriendo por toda la habitación, saltando en la cama, divirtiéndose en probar una gran variedad y selección de vestidos coloridos.

Probablemente a mis padres les interesaría más la construcción detallada, los muebles finos y probar la comida típica del lugar.

Teniendo al final, un agradable viaje familiar.

—"El día que me graduara… todos iríamos de viaje."

Demasiadas lamentaciones acumuladas que se liberaban con la misma facilidad que una burbuja reventándose.

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Continuara…

¡RECUERDEN!

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*