¡RECUERDEN!
A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Recomendación musical: "Blue Bird" interpretado por Simone Anisinger/"Blue Bird" by Ikimono Gakari
Notas:
Presente
[Pasado]
"Pensamientos"
[Teléfono/Mensajes/Cartas]
Narrador extra.
Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna
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Intermedio I. – La llegada de Jieun –
Parte III. Santa y Marqués. (3)
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—Una dama…
—…
Ante el sonido de su voz sin un sentimiento, gire robóticamente mi cuello, centrando mi vista en el largo flequillo plateado ocultando la mitad de su rostro.
Luchaba, estaba claro, con la línea tensa de sus labios y ese temblor alrededor de sus hombros, además, ¿Lo escuche bien?, ¿Se refería a mi como una dama?
Sinceramente quería reírme de este drástico cambio de acontecimientos absurdos, uno tras otro, sin darme un solo respiro adecuado para poner mi mente en orden.
Tal vez, este burdo intento de subirme el ánimo, cuente como una bocanada de aliento durante una larga maratón.
Relajante y ridículo al mismo tiempo. Parecía estar murmurando algo para sí mismo, negó e intento repetir sus palabras nuevamente desde el principio, con ello, alzo su rostro hacia mí, los ojos azules brillantes en la determinación de decir, lo que fuera.
Un acto repleto de amabilidad para terceros, para mí, un patético intento de simpatizar con una persona lamentable. Negue.
—Una dama no-
—Detente, por favor. —Levante ambas manos con la palma hacia delante. —Se ve que… tienes algo que decirme y… supongo lo agradezco, pero, no hagas esto. —Señalándonos a los dos.
—…
Él no dijo nada, tome eso como mi oportunidad de entablar al menos una especie de conversación o, la única manera de desahogarme y conociera las inquietudes de mi interior.
—Desperté en un lugar extraño con personas desconocidas, mi cabeza es un desastre de recuerdos y detalles, a partir de lo cual me he dado cuenta que no volveré a ver a mi familia. —Sorbí mi nariz, pasando el dorso de mi mano bajo la mejilla — Entonces, discúlpame si no puedo estar calmada o responder a tus preguntas, pero yo, yo…—Llanto deslizando gota por gota— He perdido a las únicas personas a quienes amaba más que a nadie.
—… Lamento… escuchar eso.
Inesperadamente sus palabras de consolación me sonaron sinceras.
Sonreí levemente en ironía, dando un ligero asentimiento y sorbiendo mi nariz.
Nuevamente el pañuelo regreso a mi rostro, secando el desastre en que me volví.
—Eres muy raro.
—¿Lo soy?
—Un poco. Hm… Gracias. —Me encogí de hombros, tomando el pañuelo por mi cuenta, sonándome la nariz e ignorando la mueca del rostro del hombre de cabello plateado, al notar que su precioso pañuelo fue usado para limpiar el moco acumulado. —"Hace caras divertidas" —Resistí reír, inflando mis mejillas y sumiendo mis labios.
—…
—…
El silencio fue agradable e incómodo.
Había conseguido calmarme y ahora, solo escuchaba el latido de mi corazón, sentía la frialdad en mis mejillas y un húmedo pañuelo reposando entre mis manos.
No era la persona más sociable del mundo, pero, intentaría mostrar un poco de educación.
Tosi, atrayendo la atención del hombre de cabello plateado.
—Mi nombre es Sahng Jieun. Es un placer conocerte. —Con todo respeto, incline mi cabeza, contando los segundos para enderezarme. Obteniendo una respuesta extraña por el semblante de él, sin darle mayor importancia, continúe: —Jieun es mi nombre, Sahng es mi apellido.
Explique, deduciendo que por el estilo medieval de la habitación, ropas y modales, la escritura de sus nombres comenzara de la forma occidental.
Contaba con que los modales, seguirían siendo modales, sin importar el lugar o la época.
Espere pacientemente a que me dijera su nombre. No lo hizo.
Trague saliva, considerando el agregar un enfoque distinto al plan de romper el hielo con este hombre.
Mostrarse directo, amigable y casi familiar estaba reservado solo para algunas personas.
—"Es fácil. Aquí voy" — Respire profundo, luchando en mostrar una increíblemente radiante sonrisa mientras ladeaba mi rostro a la derecha.
—Puedes decirme Jieun. "¡Esto es MUY penoso!"
—¿Ji-eun? —Repitió él separando las silabas, dudando en la pronunciación.
—Aja, Jieun, ese es mi nombre. ¿Y tú eres…?
Antes de responder, se puso de pie, sacudiendo el polvo y arrugas dejados en las rodillas de sus pantalones, percatándome que en todo el lapso de mis lloriqueos y conversación la paso en el suelo.
Sinceramente no tenía ni la remota idea para sacar eso a relucir, mi expresión de sorpresa no debió ser pasada por alto, porque sus ojos continuaron atentos aun cuando estuviera concentrado en ponerse el saco dejado en el respaldo de la silla.
Solo podía limitarme a mantener una tensa sonrisa con la que esperaba su contestación.
—Soy el Marqués Keiran la Monique.
—Oh. —Asentí, colocando parte de mi cabello detrás de la oreja. Medite levemente mis siguientes palabras o solo jugaba a tirar convenientemente los dados del destino. — Entonces… ¿Tu nombre es Keiran?, ¿Puedo decirte Keiran-oppa?
Mi corazón latía como un loco tras terminar mi pequeña y absurda solicitud. Mejillas calientes ante mi audacia.
La más loca de las ideas desencadeno estas acciones precipitadas.
Si me aferraba a esta persona, encontraría ese final feliz que a Jisoo tanto le fascinaba leer en cada una de sus novelas, el guapo hombre de mirada fría que se enamora de la chica inocente y tonta que viene de otro mundo.
¿Podría sentirme aliviada de mi perdida con un nuevo amor?
Quiero decir, a penas en casa era popular entre los chicos, dos o tres confesiones al año no era un numero a presumir, mis amistades podían contarlas con los dedos de una sola mano, mi interés por alguien quedaba reducido a un vistazo al pasillo o los rumores circulando cada pocos días.
Tengo una idea general del amor en si, por lo cual, si esta mi oportunidad de experimentar lo que es el amor verdadero o un romance de en sueño. ¿Valdría la pena tomar este riesgo?
Dividida entre el sufrimiento y el consuelo momentáneo. Cualquier tipo de alivio que esto me dejara al final no tendría que ser malo, después de todo, es uno de los principales sueños que toda mujer desea ver cumplidos, el matrimonio.
Estar con quien amas por el resto de la vida criando a sus hijos ver a los nietos crecer y cediendo al paso de la vejez para descansar en paz. Eso, debía ser mi plan de acción ahora, ¿verdad?
Detenerme de llorar sobre las pérdidas y afrontar mi presente. Porque, seguramente eso, es lo que a mis padres les gustaría…
—"Siento nauseas." —Presione la palma de mi mano contra mi vientre.
Estaba tan concentrada en el repentino asco que poseyó mi cuerpo que apenas escuche las frías y duras palabras de Keiran.
—Ese tipo de solicitudes solo son concedidas para familiares o amigos cercanos. Usted y yo, no somos ninguno de ellos. Lady Sahng.
—"¿He?" —Parpadee confusa por el cambio de ambiente. Mantuve mi mueca amigable, deslizando mi mano por mi vientre, queriendo dar alivio a mi malestar. — Suena muy formal y extraño, puedes decirme Jieun. Sahng es mi apellido.
—Entiendo que la señorita esta confusa por la enfermedad que la ha estado presionando por casi dos semanas, sin embargo, me es imposible pasar por alto su ignorancia deliberada.
—"¿Ignorancia deliberada?, ¡Solo quiero una charla normal!"
Me abstuve de responderle, mordiendo mi labio inferior, sintiendo el retorcer de mis tripas en el interior de mi cuerpo.
—Usted entro sin invitación a los terrenos de la familia imperial, eso es un crimen por sí mismo, agregando que su apariencia es inusual para cualquier ciudadanos del Imperio o el continente.
—"¿Está siendo racistas o clasista?"
—También huyo de los guardias. Se me acerco inapropiadamente y pidió un rescate innecesario donde claramente la criminal es usted, sin embargo, me fue imposible obtener algo más de usted dadas las condiciones inesperadas de su enfermedad.
—…
—El Emperador en toda su bondad y comprensión, cedió a mi falta de análisis correcto de la situación, perdonando mi osadía. Permitiendo que usted fuera atendida por el médico en lugar de ser encerrada en un calabozo y morir en poco tiempo. En resumen, usted no es una invitada pero tampoco es una prisionera.
Mi cerebro tuvo un corto circuito, las estúpidas imágenes de un futuro color de rosa compartidas con este hombre se quemaron hasta ser cenizas. Un viejo y poco usado interruptor de furia se encendió, el dolor de mi estomago avivo las llamas.
Por supuesto que no tendría felicidad alguna si fui arrebatada de mi vida con mis padres, lanzada aun lugar extraño con imágenes raras rebotando como pelotas sin detenerse.
Recordaba exactamente como llegué, igualmente a esas personas de las que quería escapar hasta que me detuve delante de él, ¿Razón?
El maldito color de su cabello que me parecía familiar. ¿Quién?, ¡A saber quién mierda tiene el cabello de ese color!
De Corea no podía ser, ¿en que otro lugar pude conocer a esa persona?, ¿y porque tenía sentimientos contradictorios?, a penas mis propias memorias tendrían esa respuesta, si es que existía.
Bufe, enterrando las uñas de mis dedos sobre la tela y la piel debajo. Si continuaba manteniendo la dulce sonrisa, estaba siendo un éxito para actuar.
—¿Eso significa que no me dirás Jieun?
—…
—…
Ante su ceño marcado y su propio enojo contenido, sentí una mínima victoria.
Este hombre de apariencia hermosa, la viva imagen de lo que supongo es un caballero ideal que muestra un poco de amabilidad ante una situación injusta, cambio en un santiamén tratando de corregir mis propios modales agregando con ello palabras rudas y crueles.
—"Me culpas a mí de invadir propiedad ajena. Ni siquiera parezco el tipo de persona que se metería a una casa para robar. Y si empieza por citar mi cabello o cualquier cosa de mi apariencia, ¡Es porque soy una típica ciudadana adolescente coreana!"
—He sido bastante claro con usted, mostrando cortesía y explicarle de manera sencilla la posición en la que se encuentra.
—Supongo. Entonces, ¿Cómo sugieres que te llame?
—Marqués Monique.
—De acuerdo, lo tengo. Marqués Monique, en ese caso, ¿Podrías llamarme Lady Jieun?, eso es mejor a solo decir mi nombre y mantenemos la cortesía reciproca.
—Lady Jieun.
—¿Sí? —Respondí, sonriendo ante otro triunfo a la bolsa.
—Aprenda que la ignorancia no es algo que hace bella o radiante a una mujer, solo terminara causándole problemas en el futuro. —La mirada dirigida de este hombre a mi persona era completamente de menosprecio. Por supuesto que me tacharía de idiota si me porto como una chica dulce e inocente que es más cercana a una niña que recién está entrando a la escuela primaria. Una exhalación por parte del Marqués y cruzo los brazos sobre su pecho —Hemos gastado suficiente tiempo en charlas innecesarias, traeré al médico y las sirvientas para que cuiden de usted.
Sin esperar a que dijera otra cosa, me dio la espalda, tomando una espada que estaba recargada justo detrás de la mesita de noche junto a la cama, sujeto la espada a su cinturón y comenzó a caminar, deteniéndose al abrir la puerta, me miro por encima del hombro.
—Y absténgase de cualquier tipo de huida furtiva o ataques premeditados. Tenga un buen día Lady Jieun.
La advertencia quedo bastante clara, salía de esta habitación, me escapaba por la ventana—si es que el suelo no estaba como a más de un metro— o me comportaba agresivamente, todo este cuidado delicado, la habitación cara, la ropa fina y el trato humanitario se esfumarían de un chasquido.
Temblé, sujetándome el estómago con ambas manos. Escuche los gruñidos y me deje caer contra el colchón volviéndome un ovillo.
—Hah…—exhale por mi boca, subiendo las rodillas hasta presionar mi vientre. —Estoy metida en una gran mierda. —Entrecerré los ojos, viendo la puerta que seguía cerrada, saque la lengua y levante el dedo de en medio —Estúpido Keiran-goon. —Susurre. —"¡Jodete!"
Después de contar cuarenta decoraciones en el techo, la puerta volvió a abrirse. Baje mi mano, ocultándola entre las cobijas.
Varias sirvientas entraron y con ello un hombre de ropas largas con una especie de capucha rara con un gorrito raro sosteniéndola. Parecían extrañamente aliviados, sonriéndome dulcemente.
—Bienvenida de nuevo, Lady Jieun. —Saludo el hombre de las ropas raras. —Soy el médico a cargo de usted. Le hare una pequeña revisión, si no es molestia.
—Ah… claro, adelante. —Me enderece de mi posición en ovillo, recargándome en la cabecera de la cama.
Deje que me examinara, notando que las sirvientas me miraban en momentos a la vez que susurraban, movían cosas de aquí y allá, también trajeron la comida, mi estomago gruño en reacción, finalmente las náuseas se estaban yendo, dando paso al hambre.
—"Un momento." —pestañee una vez recupere mi brazo del toque del médico, viéndolo anotar sus observaciones en una hoja. —"¿Cómo supo mi nombre?"
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[Un día antes…]
El médico y varias sirvientas habían dejado la habitación, las pocas que se quedaron, decidieron salir prometiendo volver para cambiar la ropa y sabanas, permitiendo al Marqués pasar un tiempo a solas con la inconsciente y misteriosa chica.
Con los brazos cruzados sobre el pecho, miro cuidadosamente a la joven y su respiración calmada, bastante lenta y débil. El enrojecimiento de su piel disminuía con unas pocas gotas de sudor deslizándose por su sien.
Un lado siniestro, una voz burlona que guardaba en un escondite profundo parecía susurrarle palabras prohibidas, pero, concordaba con ellas.
Para Keiran sería tan fácil, desenvainar su espada y de un fino corte, separar la cabeza del cuello, una fuente de sangre mancharía la ropa de la joven mujer además de las cobijas y sabanas en la cama, siendo imposible volver a usarlas. O también, empleando la afilada punta de la espada, encajándola justo en el vientre y dejarla morir desangrada lentamente.
Ambas parecían excelentes ideas, la primera más piadosa que la segunda, con eso, ella ya no sufriría.
El único inconveniente seria la explicación a tratar con el Emperador. No sería la primera vez que se acabara con la vida de una persona que es un riesgo para el Imperio.
¿Qué le frenaba a terminar con la vida de esta mujer?, es lo que se preguntó.
Ella, quien solo es una intrusa, una ladrona y el enemigo de su única hija.
Keiran comenzó a ver todo en rojo, moviéndose en automático, deshizo el cruce de sus brazos, alargando lentamente su mano hacia su espada que descansaba cómodamente contra la mesa de noche, a penas sus dedos enguantados rozaron con el mango de la espada, escucho los pasos acercándose y después la puerta siendo abierta.
Retrajo la mano, poniéndose de pie, girando y saludando con respeto al Emperador.
—Un gusto volver a verte Marqués Monique.
—Me honra con sus palabras, su majestad, el Emperador.
Mirkan rio entre dientes, negando, despidió a la sirvienta que se mantenía parada a un lado de la puerta, ordenándole que trajera una bandeja con galletas y postres para la hora del té.
La sirvienta asintió sin hacer preguntas, saliendo por la puerta y cerrándola a espaldas del Emperador.
El hombre de cabellos canosos, camino tranquilamente con las manos detrás de su espalda y sin apartar su vista de la joven en cama, presto cuidadosa atención a algún detalle particular.
Solo una sencilla y humilde señorita recuperándose de una terrible enfermedad.
Negó, las apariencias podían decir mucho de una persona, hasta lo que ocultan a primera vista. Apenas termino de verificar la siguiente mitad de su agenda para la tarde, postergando visitas con los miembros de ambas facciones, una sirvienta llego corriendo junto a dos guardias.
La sirvienta, faltándole al aire, le dijo en un susurro que su invitada había despertado, estando el Marqués Monique a cargo de cuidarla mientras el médico volvía de curar un corte en su muñeca.
Todo había quedado cancelado de inmediato.
Siguiendo al guardia y la sirvienta hacia el palacio Rose, sintió sus hombros ligeros. Más de una semana sin respuestas, esperando silenciosamente a que ella recuperara el conocimiento o más bien, sobreviviera al poder de dos bendiciones en su cuerpo.
El médico solo estaba para comprobar que su cuerpo continuara funcionando, llamar a Tertius nuevamente para que consiguiera despertarla era inútil, la prueba estaba en la sangre vomitada al colocar una pisca de bendición sobre ella.
Del lado en que se inclinara la balanza quedaría a elección de Vita. Ellos solo observarían y respetarían su deseo.
Mirkan actuaria dependiendo la situación, una expresión de lamentación y pesar ante la desdichada muerte de la joven; por el otro absoluta neutralidad y un trato atento para obtener información.
Si era o no, la niña de la bendición de Dios, si era o no, una enviada por el mismo Vita, una sola cosa estaba clara en la mente del Emperador, por nada del mundo, permitiría que ella fuera con la facción noble.
El palacio Rose estaba bastante animado entre los guardias deteniéndose en sus patrullajes y las sirvientas fingiendo limpiar el mismo adorno. Le saludo a todos con un simple: —Buenos días.
Dejándolos continuar con sus atareadas agendas establecidas por el Marqués.
Nuevamente la puerta estaba delante de él y un par de guardias la cuidaban, la sirvienta abrió la puerta y por una fracción de segundo pudo ver al Marqués Monique listo para tomar la espada.
Conocía de años a este hombre y las únicas veces que lo ha visto desafiar su autoridad son contadas, específicamente dos, el matrimonio con Ernia y su elección de Aristia para prometida de Ruveliss. Ahora, los colmillos ocultos de este hombre volvían a relucir, centrando el ataque para la niña de la bendición de Dios.
Su querido amigo, aún podía sorprenderlo.
Ambos hombres parados uno al lado del otro estuvieron callados un largo tiempo, simplemente viendo la acompasada respiración de la chica traída por una torre de luz.
—Una de las sirvientas junto a un guardia, me dijeron que ella había recobrado el sentido.
—Lo hizo, momentáneamente. Ataco al médico y algunas sirvientas, termino asustándolas.
—Ja, ja, ja. —La risa divertida del Emperador confundió al Marqués. —¿Sabes lo que veo, Keiran?
—Me temo que no, su majestad, el Emperador.
—Veo a una frágil jovencita de no más edad que tu hija. Bastaría un soplido de aire para tumbarla, está empeñada por sobrevivir. Admirable, pero, molesto.
—…
—¡Oh!, ¿Qué cara es esa, Keiran?
Los ojos del Marqués Monique, como joyas azul marino, siempre brillantes con un toque cálido solo visible al estar con su hija, estaba totalmente ensombrecido por las últimas palabras del Emperador. Sin una expresión transparente, frio como un tempano de hielo, solo apretando la quijada al ver que el Emperador sonreí astutamente.
Ambos lo sabían, bastaba la orden directa para que el simple pensamiento no quedara varado y se solucionarían los problemas que su mera existencia ya estaba ocasionando.
Sobraría alguna explicación, se callarían a los sirvientes, los guardias que la cuidaron y por último al médico que la examino. El diagnostico de Tertius sobre dos poderes divinos seria su comodín final, en caso de más dudas.
*Toc* *Toc*
Con una suave voz el Emperador permitió el acceso, una sirvienta venia con un carrito bastante repleto en dulces, tetera, dos tazas, las cucharillas, azúcar y algo de leche. Justo detrás el medico con dos sirvientas más que cargaban cambios de ropa, toallas extra y una charola con frascos de colores diversos.
Todos dieron una reverencia al darse cuenta de la presencia del Emperador.
El médico fue el primero en tomar la palabra.
—Gloria al Gran Sol del Imperio, que gusto que visite a la paciente. —Repletó de confianza, se movió por la habitación, señalando en la mesa del centro para que se dejara la charola con frasco junto a las tollas extra. —Con placer permítame decirle que ella está mostrando una gran mejoría. Hoy por primera vez abrió sus ojos y camino un poco por la habitación.
—¿De verdad? —Preguntó, fingiendo sorpresa. Mirando por el rabillo del ojo a Keiran, que se mostraba tenso ante la manera de hablar del médico. —Es curioso, el Marqués Monique me conto algo muy diferente, pareciera como si estuvieran mintiendo o en su caso, mostrando una perspectiva diferente de los hechos.
—Ah… ja, ja, ja. Si, bueno. —Tosió, bajando la orilla de la manga en sus ropas ocultando el vendaje, deseando que ninguna de las sirvientas abriera la boca. —Siempre existen detalles inusuales en un paciente tan delicado, como lo es la señorita.
—Estaría encantado de escuchar esos detalles con una buena taza de té. —Dijo el Emperador, señalando el carrito que fue dejado al lado de la mesa en el centro de la habitación.
El médico dudo en responder positivamente a la propuesta de una bebida, notando ese peculiar brillo de superioridad y control total que solo un gran hombre como el Emperador era capaz de mostrar incluso si estaba sonriendo con total jovialidad.
Apenas un vistazo al Marqués y tranquilo e impermutable como una estatua se mantenía de pie.
Ese era el tipo de situación con la que no quería lidiar, dar respuestas a incógnitas desconocidas, ser presionada por altas expectativas de su majestad, el Emperador, develando cualquier misterio que pudiera esconder una chica en una pésima condición.
Debía ser suficiente con el hecho de saber que continuaba viva y mejorando.
Respiro profundo, calmando su pulso descolocado, sintiendo el sudor corriendo por las palamas de sus manos, asintió extendiendo sus labios en una especie de sonrisa.
Antes de que Mirkan se moviera de su lugar a los sillones en el centro junto a la mesa, el médico levanto la mano seguido de su dedo índice.
—Solo, una solicitud, su majestad, el Emperador.
—Le escucho. —Levanto una ceja, sorprendido de que el hombre pudiera pronunciar una oración sin temblarle la voz.
—Tomemos el té en otra habitación. Ciertamente la condición de la paciente es estable, pero, aglomerar su espacio le restaría la cantidad de oxígeno que va llegando a sus pulmones. Además. —Agregó, rezando porque las sirvientas apoyaron su idea. — Necesita que limpien su cuerpo y cambien sus ropas.
Por un instante, le pareció que el Emperador se reprimía de burlarse ante el descaro de pedirle que se trasladara a otra habitación simplemente para la comodidad de una desconocida.
En parte era cierto, el otro lado de la historia, se encontraba en extremar precauciones, si la joven despertaba actuando agresivamente. Otro denigrante escenario como ese, no podía mostrarlo ante el Emperador.
Mirkan asintió.
—Si son las órdenes del médico, lo cumpliremos. —Con un movimiento de muñeca, señalo la puerta a la sirviente que devolvía la porcelana al carrito y ordenaba nuevamente los postres. —Iremos a la pequeña sala que esta dos habitaciones a la izquierda.
—Muchas gracias, su majestad, el Emperador.
—Vamos, no hay necesidad de que te arrodilles es por el bien de tu paciente. Ahora, ¿Le gustaría al Marqués Monique acompañarnos?
Otra invitación, imposible de rechazar, la lealtad y total obediencia del Marqués al Emperador es perfectamente conocida por cada rincón del Imperio. Estaba clara la intención de Mirkan al llevar consigo a Keiran, en lugar, de simplemente esperar fuera de la habitación de la joven o en su oficina en el edificio principal del palacio.
Comprobar que lo dicho por el médico fuera la completa verdad, sin guardar detalles u ocultar información a consideración de otro individuo que no fuera el Emperador, como innecesaria.
—Si. Yo también quisiera una taza de té.
—¡Maravilloso! —Aplaudió Mirkan, riendo satisfecho.—Andando, el tiempo apremia y hemos retrasado suficiente el trabajo de las sirvientas.
Mirkan sin esperar a ninguno de los dos o la sirvienta con el carrito del té, se encamino a la puerta, Keiran tomo su espada olvidada en la mesa junto a la cama, dando una última mirada al rostro durmiente, volviéndose y atando el mango de la espada al cinturón de sus ropas.
El médico le entrego a una de las sirvientas una botellita con olor a lavanda para masajear los músculos de la joven, explicando que eso ayudaría en relajarla, dejando el resto de frascos a ser guardados en el tocador.
_oOo_
Mirkan asintió, dejando la taza de té devuelta al platillo, el codo de su brazo izquierdo se apoyaba en el respaldo del sillón a la vez que su mejilla se presionaba contra sus nudillos, manteniendo una pose inadecuada para un Emperador.
La joven, que respondió al nombre de Eligere, según el médico, estaba bastante confundida, sin aparentes recuerdos, excepto el nombre.
Estuvo quieta y en un instante ataco a las sirvientas e incluido él, recordándole a una bestia salvaje acorralada, justo como el día que la conoció personalmente.
Era tal el miedo e inquietud que su sola presencia causo, generando rumores absurdos e impidiendo a Keiran verla personalmente. Los guardias en la puerta cedieron a base de amenazas, lo que encontró, era la chica inquieta y temerosa, con un susurro, luego de una incómoda conversación con el miedo que no deseaba hacer llegar esto a Mirkan.
La joven Eligere cedió al agotamiento de su cuerpo, siendo devuelta a la cama por el propio Keiran.
Una diminuta sonrisa se extendió por el rostro de Mirkan al mirar en dirección del Marqués, quien bajaba su propia taza de té.
—Plateado.
—¿Disculpe, su majestad?
—Ja, ja, ja. —Una jocosa risa broto de los labios de Mirkan, confundiendo enormemente a Keiran. Tomándose un respiro, aclaro su garganta al toser. —Es sorprende que continúes atrapando el corazón de las mujeres.
Keiran guardó silencio, encontrando el comentario del Emperador como uno de mal gusto.
La simple idea, de involucrarlo románticamente o no, con esa mujer, le repugnaba. Ni en esta vida o la siguiente transmitiría sentimientos de amor por ella, mucho menos, aceptaría tal absurdez.
—"Esa es la mujer que está destinada al príncipe heredero. Sus sentimientos van en una sola dirección."
—No te lo tomes enserio, Keiran. Dudo mucho que a tu hija le gustaría tener una nueva madre que sea de su misma edad.
—Majestad, por favor.
—Está bien, está bien. Ja, ja, ja. —agito su mano, restándole importancia. Volvió a tomar su taza de té para dar un sorbo.
Sin mirar directamente a Keiran, hablo: —Realmente ibas a matarla.
—…
—Primero la llevas al interior del palacio sin permiso, después explicas su situación, acepto mantenerla en observación dada su misteriosa enfermedad de dos bendiciones y… —Pausó, dejando la taza en el platillo, delineando el contorno de esta con su índice. Los ojos clavados directo en Keiran —Al ella despertar, ¿Quieres matarla?, ¿Por qué?, ¿Qué te hizo cambiar repentinamente de parecer?
—…
—Keiran.
Mirkan eligió una confrontación directa hacia Keiran, usando un comentario mordaz sin disimular lo que sus ojos vieron al entrar, de la misma manera en que repetía el hecho con total tranquilidad.
Le era curioso esta particular forma de Keiran en ceder a sus impulsos, anteponiendo sentimientos personales a los deseos del Emperador. ¿Le temía?, ¿La odiaba?, ¿O se arrepintió de su decisión?
—He cometido demasiados errores su majestad, la muerte de esa mujer no significaba para mi obtener su perdón, solamente, quería mi propia tranquilidad.
—Es tanta tu inquietud por esa mujer que desenfundarías tu espada en su contra. ¿Hay algo que no me estás diciendo?
—No, no lo hay. Es la resolución a la que he llegado tras mis propias decisiones sin consciencia.
—Te lo dije, Keiran. No te juzgare por salvar a una chica enferma. Hasta que ella no esté despierta en su totalidad y con la capacidad de hablar, esperaremos. Peligro o no, sigue siendo solo una persona.
—Usted es realmente amable, Emperador.
—Jo, jo, jo. Me halagas Marqués, me halagas.
Tras una corta serie de intercambio de cumplidos vacíos, la hora del té termino e incluido el tiempo que dejaron al médico terminar con su revisión a la delicada paciente.
Recorrieron el mismo camino, dejando a los guardias abrirles la puerta.
En la habitación, el médico les esperaba, sentado tranquilamente junto a la paciente, una taza vacía reposaba en la mesa de noche. Les dio la bienvenida de regreso con una reverencia resumiendo la explicación sin saltarse detalles.
—¿Ella va a despertar?
—Definitivamente, su majestad. Ahora solo duerme, ha dejado de luchar contra la enfermedad o su fiebre, simplemente es agotamiento. Calculo que dentro de dos días máximo abrirá los ojos.
—Una noticia maravillosa. Haz hecho un excelente trabajo. —Felicitó Mirkan, palmeando el hombro del médico.
—Disculpe mi atrevimiento si rechazo aceptar el reconocimiento de este mérito, su majestad. —Masajeó el reverso de su cuello, evitando la mirada de Mirkan. — Simplemente apoye en lo que podía el propio esfuerzo de la señorita Eligere. Es ella quien triunfo sobre la enfermedad.
Mirkan levanto una ceja asombrado que el médico mostrara tal humildad, esperaba más quejas del hombre, sobre todo con el ataque que recibió de parte de la joven.
Si su presencia traía tales efectos secundarios en quienes la rodeaban, se asociaría a lo que Tertius dijo de las dos bendiciones. El Emperador volvería al palacio a enviar una carta directamente al templo para reunirse con la tercera raíz.
—Tiene un futuro prometedor como médico. —Alabo Mirkan.
El médico simplemente asintió, riendo con nerviosismo.
—Me quedare con ella para cuidarla directamente, en caso de que despierte, evaluare nuevamente sus signos vitales y llamara al Marqués Monique y el Emperador.
—Eso es innecesario.
—¿Su majestad?
—El Marqués Monique puede encargarse de esa labora perfectamente, tú ve a descansar te lo mereces.
Ante la mejor intención del Emperador, el Marqués y el médico compartieron un intercambio de miradas silencioso. Ambos sabían la carga innecesaria de trabajo administrativo designada por el Emperador con tal de mantener discreción respecto a todo lo acontecido dentro del palacio.
El médico no había tenido oportunidad de salir del límite interior, además, de pasar cada día con su paciente en la misma habitación o en su propia habitación designada leyendo los libros y manuscritos traídos para investigar.
Un día de descanso, era, un obsequio sumamente valioso.
Aun así, intento convencer al Emperador, este negó, señalando el vendaje en su muñeca y las prominentes ojeras ocultas por los anteojos redondos.
—Pero el Marqués también está ocupado. —Quiso apelar por el tercero, creyendo que se libraría.
—Tonterías. El Marqués es capaz de completar su papeleo en esta habitación mientras cuida de la señorita. ¿Cierto, Marqués?
Una exhalación escapo de los labios de Keiran, asintiendo sin rechistar.
El médico sin otra opción agradeció el permiso otorgado por Mirkan, disculpándose silenciosamente con Keiran al dejarlo atrapado en una responsabilidad que él mismo debía atender.
Con una última reverencia, salió de la habitación. Pensando en que, el corazón de su majestad el Emperador era increíblemente noble y generoso al permitirle pausar su trabajo.
—"Espero que no se altere de nuevo." —Alejándose de la puerta y con un ligero asentimiento a los caballeros que esperaban en la pared paralela, desapareció en el interior de su propia habitación, tomaría una larga —merecida —siesta.
La ilusa creencia de la bondad del Emperador alejando al médico hacia un merecido descanso, era una maravillosa estratagema. Simplemente, aprovecho la oportunidad para dejar a Keiran con la total vigilancia sobre la chica de la bendición de Dios.
Si ella despertaba conforme al límite de tiempo establecido por el médico, sería más sencillo que el Marqués estuviera presente y evitando otra penosa actuación como las dos anteriores. También, una pequeña prueba sin gran malicia, dejándolo completamente solo, sin vigilancia, con la plena fe y confianza de mantenerla a salvo.
¿Sedería a la tentación de matarla o continuaría como un noble caballero?
Mirkan recibiría la respuesta mañana por la mañana.
—Dejo todo en tus manos, Marqués.
—Por supuesto, su majestad, Emperador.
Con eso en mente, sin otra razón para quedarse en el palacio, se despidió de Keiran. Saliendo calmadamente y cerrando con suavidad la puerta, Mirkan les dijo a ambos guardias que trasladaran el trabajo del Marqués a la habitación de su invitada y que las sirvientas estuvieran atentas a cualquier solicitud por su parte, especialmente con la hora de comer bastante cerca.
Mirkan tenía una larga carta que redactar a Tertius, junto a su ajetreada agenda perdida del día.
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Continuara…
¡RECUERDEN!
A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
