¡RECUERDEN!

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Recomendación musical: "Blue Bird" interpretado por Simone Anisinger/"Blue Bird" by Ikimono Gakari

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra.

Los personajes de The Abandoned Empress son propiedad de Jeong Yuna

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Intermedio I. – La llegada de Jieun –

Parte III. Santa y Marqués. (5)

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Sin los ojos de las sirvientas monitoreándolo a cada pequeño paso, Keiran noto un jalón en su mano a penas les dio la primera indicación de que abandonaran la habitación. Ella comenzaba a retorcerse, apretando los ojos, frunciendo los labios e intentando librarse de las cobijas.

A la segunda orden de que salieran de la habitación, procedió a amenazarlos, solo de esa manera estarían lejos del gran espectáculo que se avecinaba.

Como previo, los ojos negros se abrieron al mismo tiempo que la boca, en un repentino intento de respirar ella se levantó, ejerciendo fuerza en su mano encajándole las uñas en la tela del guante.

Respiro agitadamente, tosiendo fuerte y repetidamente que la saliva escurrió por sus labios, y fue capaz de controlar sus inspiraciones, parecía que su sentido de equilibrio funcionaba por los movimientos pausados en explorar la habitación.

Cabello negro sin un brillo particular, hebras finas lacias que se escapaban, el flequillo cayendo sobre sus ojos del mismo tono oscurecido.

Ella no parecía consciente de su presencia, dadas las lágrimas que se deslizaron lentamente, volviéndose en gotas más gruesas. Por su mano sostenido es que sintió el temblor de sus hombros, que se cubría la boca con la mano derecha para impedir grito pero al querer hacer lo mismo con su izquierda le fue imposible.

Se giro con total curiosidad, primero mirando para abajo y saltando por la sorpresa. Lentamente levanto su rostro, asegurando que su fleco estuviera sobre sus ojos en todo momento.

—"¿Está siendo cuidadosa?" —Se preguntó Keiran.

Los ojos oscuros se encontraron por un momento con los azul marino, no duraron mucho tiempo en una vista fija, hizo una pausa en cada rasgos del rostro de Keiran, hasta que su atención de clavo específicamente en los cabellos platinados.

Era tal la fascinación brillando en sus oscuros ojos, que él se sintió incomodo, preparado a detenerla, excepto que sus palabras se quedaron atoradas en su garganta.

Ella sonreía ligeramente, dejando que su mano sostuviera su mejilla y deslizara su pulgar por esta, en una caricia afectuosa.

—"Descaro… simplemente descaro. ¿Qué cree que está haciendo?"

A pesar de su ceño fruncido y la irritación corriendo por cada uno de sus poros, la joven estaba sumergida en su propio pequeño mundo, hablando consigo misma.

—Estoy despierta.

—Lo está.

Le respondió Keiran suavizando su expresión y mirándola a los ojos. Ella pareció entender que él no soporto la invasión a su espacio personal.

—Ah… lo… lo lamento. Solo…

Su mediocre disculpa apenas convenció a Keiran, ella seguía con su mano sobre su rostro, acariciándolo con esmero.

Quedo atrapada de nuevo en su pequeño mundo, mirando por encima del hombro de Keiran.

Sin soportarlo un minuto más, Keiran tomó la mano de la joven para separarla de su mejilla, asustándola ante lo repentino de su toque. Un suave rubor se extendió por encima de la nariz de la joven, ella negó con su cabeza y frunció el entrecejo como una niña haciendo un puchero.

Keiran aprovecho esos instantes de distracción para apartar por completo sus manos del toque de la joven, pero ella recupero fuerza al mismo tiempo en que ladeaba el rostro jugueteando con las manos de Keiran, moviéndolas de arriba hacia abajo.

Él negó. Hablando más alto para que su voz traspasara esa delgada barrera mental de distracción puesta por la joven.

—Sería tan amable en soltarme.

—¿He?

Ella volvió su vista a él, luego a sus manos que se movían en automático, parpadeo confundida y el rojo invadió todo su rostro, soltando a Keiran y encogiéndose en su lugar en la cama, manteniendo las manos pegadas a su pecho.

En silencio, ella se recargo contra las almohadas, esquivando la mirada de Keiran y jugueteando con sus manos.

Keiran observo sus propios dedos, aun cuando la tela cubriera la piel, la sensación de esa mano pequeña y delicada enviaba sensaciones nauseabundas a todo su cuerpo, reprimió el impulso de apartarla sin consideración e incluso tomarla por el cuello del camisón para obligarla a hablar.

Guardo cada onza de desprecio y odio hacia esta mujer que imitaba a un cachorro asustado en la espera de este momento, obtendría todas las respuestas sin falta.

Y con ello, apartaría uno de los más grandes males de la vida de su hija.

Con un tono calmado pregunto:—¿Cómo se siente? —Ella giro en su dirección, cuidando que sus ojos no se encontraran. — ¿Recuerda algo?

—¿Recordar?

La misteriosa chica de negro sonrió con una insana diversión, inquietando a Keiran, sin más, sus ojos se opacaron, regresando a mirar el final de las cobijas.

Los movimientos de su rostro parecían tensos al deshacer la sonrisa de sus labios hasta una línea pequeña cayendo por las comisuras, sus hombros cayendo hacia delante, la fuerza con que apretaba las cobijas y el sonido de su nariz al sorber la mucosidad a punto de escurrir.

Keiran creyó que ella lloraría.

Al contrario, simplemente respiro profundo y exhalo sin dejar ir las cobijas bajo sus manos, podían verse sus nudillos marcados.

Su forma de hablar aunque segura cargaba matices de miedo y duda no en lo que dijera, sino como seria tomado por su receptor.

—Recuerdo desayunar con mi familia, mamá preparo algo delicioso, papá se quejó de la sal extra y mi hermana menor no dejaba el teléfono. Sali temprano para estudiar por los exámenes, pero, en el camino… —Se detuvo, resistiendo las lágrimas y como su voz caía en decibeles a punto de explotar en llanto. Dio una gran exhalación y continuo. —Una moneda, una moneda plateada estaba en el suelo y la recogí. Después de eso, nada.

Concluyo su historia sin agregar explicaciones extras o detalles redundantes, era como si estuviera repitiendo una repuesta previamente establecida. Aun si todo lo que Keiran pudiera obtener era una palabra extraña como teléfono, que ella provenía de una familia compuesta por cuatro miembros, ella incluida y parecía estar familiarizada con la educación dado que estaba yendo a algún tipo de evaluación.

Y sus ropas escandalosas debieron ser su uniforme designado para poder entrar al lugar en que se llevaría a cabo su evaluación.

La parte extraña y discordante estaba en la mencionada moneda plateada, ninguna de las sirvientas que cambio y lavo su ropa encontraron ese objeto o algo similar, solo obtuvo las mejillas sonrosadas de las mujeres al mostrar la diminuta falda.

Había poca evidencia para confiar del todo en su historia, de la misma forma que podían negarla. Sus únicas pruebas continuaban siendo los testigos que presenciaron la torre de luz y Tertius que afirmo sentir la bendición de Vita en el cuerpo de la joven.

Su última fuente de información continuaba en manos de ella. Si venia de otro mundo o no, ella podría confirmarlo al encontrar diferencias, señalar sus ropas o darle un resumen innecesariamente lleno de cosas ridículas, como el tipo de comida, sus gustos, la forma de vestirse o como se organizaba su sociedad.

Ella debía contar con una buena posición en su sociedad para estar recibiendo educación exclusiva y portar un uniforme que la identificara como miembro e incluso que se venerara la imagen de Vita bajo algún nombre distinto.

A pesar de la lógica teoría formada en su cabeza a base de lo poco dicho, seguía sin gustarle del todo que la elección de Vita se redujera a una simple mujer sin características remarcables salvo por su apariencia inusual.

Además, si Aristia retrocedió en el tiempo y recibió su segundo nombre bautismal de parte de Vita, ¿Por qué volver a enviarla a ella?, ¿Por qué escoger a la misma mujer como su hija bendita?

Tenía que existir una persona más calificada en el otro mundo para asumir la responsabilidad como la hija bendita.

Ella fingió todo un acto, mostraba algunas lágrimas, se volvía pequeña al encorvarse, temblando y ¿Una deforme sonrisa?

Keiran parpadeo confundido. La mujer sonreía, soltando algunas risas desagradables que pasaron a ser carcajadas, sostenía su estómago con una mano y con la otra daba manotazos contra la cama.

—¡No!, ¡No! —Grito, sus pupilas empequeñecidas, presa de la locura. — Me niego a aceptarlo. —Aparto de un golpe las cobijas, Keiran arrastro la silla hacia atrás, evitando que lo pateara.

Su mirada enfocada únicamente en la puerta le advirtieron de sus intenciones en escapar, de inmediato se levantó de la silla, impidiéndole moverse al presionar sus hombros hacia abajo.

Los repentinos golpes contra la puerta alcanzaron los oídos de Keiran.

Definitivamente no permitiría que todo se repitiera y perder la oportunidad de exprimir cada onza de verdad.

—¿Qué cree que hace? —Preguntó, mirando fijamente ese par de cuentas negras carentes de consciencia. No había sentimiento que lo delatara en su voz o expresión, manteniéndose inamovible como una muralla.

—P-por favor, déjame.

Intento luchar al jalar su cuerpo, lo único que obtuvo fue que Keiran encajara sus dedos al sostenerla.

—Primero responda, ¿Qué cree que hace?

Dejaría marcas rojas, tal vez un moretón, poco le importaba dañar el cuerpo de esa mujer.

—N-nada. Solo, solo apártate. Suéltame. —Con esas frágiles manos trato de apartar las de Keiran, presionando el dedo índice y pulgar en el centro de sus muñeca creyendo que al interferir con el flujo sanguíneo cedería en abrir la pinza de sus dedos y la firme palma clavada.

—Lo hare si responde.

—Ya te lo dije. Nada. —Ella volvió a luchar sin obtener resultados —Solo quiero salir.

Keiran entrecerró los ojos, el dolor de cabeza pulsaba en una esquina de sus sienes.

Los golpes en la puerta pausaban entre segundos y se podía escuchar a las sirvientas alteradas por entrar nuevamente mientras eran detenidas por los guardias.

Por un instante considero en romperle los brazos, el dolor la distraería y estaría imposibilitada en escapar, bastaba aplicar más fuerza y…

Gotas húmedas cayeron sobre el guante blanco.

Gruesas lagrimas cristalizaron los ojos de la mujer, el agua salda corría como un rio en desembocadura, sus finos labios temblaron y con una voz agonizante dijo:—… Déjame salir…

Las manos que tomaban las muñecas de Keiran se deslizaron sin fuerza, sus ojos no dejaban de gotear, ella ya no parecía estar viéndolo, más bien, recordaba los rostros de las personas a quienes llamo entre sueños. —Papá… mamá… Jisoo…

Sorbio su nariz húmeda y en un fuerte grito, estalló.—¡WUAH!

Al mismo tiempo las puertas de la habitación se abrieron, Keiran retrocedió, quitando sus manos de los hombros y cambiando su expresión sorprendida por el frágil control emocional de ella, giro sobre sí mismo, cubriéndola con su cuerpo y encontrándose con las sirvientas.

La misma mujer de cabellera rizada rubia a pesar de temerosa en hablar, estaba decidida a dar un paso adelanta y consolar a la pequeña llorona, incluso si terminaba herida, con moretones o golpes graves.

Darle un poco de misericordia a esa mujer no valdría la pena, ella no Valia pena, pero, siendo una hija bendita de Dios, automáticamente se le otorgaba la favorabilidad de las personas a su alrededor, amor y aprecio incondicionales, eclipsando sus anteriores agresiones.

Ni siquiera era una noble o miembro de la familia imperial para disfrutar de tal inmunidad.

Una imagen glorificada de una santa, capaz de capturar los corazones de las personas, ¿Surtiría el mismo efecto en el príncipe heredero?

Una vez que su alteza real se encontrara con esta mujer, se desencadenaría ese evento que tanto temía su hija.

Dos personas unidas previamente por los designios del destino, declarando como enemigos o peligrosos a aquellos que estuvieran en contra de la hija de la bendición de dios o del mismo príncipe heredero.

Al menos sabia, por las expresiones preocupadas e iracundas de las sirvientas, que, ellas veían a la joven mujer de negro como alguien precioso a proteger incluso si eso significaba terminar heridas. Era incomprensible que la amaran profundamente sin conocer la verdad detrás de esas lágrimas y gritos ahogados.

La de cabellos rizados, se detuvo, intentando mirar por un lado a la joven mujer encogida y llorando, ella se notaba disgustada.

—Marqués… —Dijo lentamente, enderezándose en su postura, levanto la barbilla e inflo el pecho. —Nosotras nos encargare-

—Eso no es necesario. —La detuvo enseguida, mirando por encima de la nariz a la sirvienta.

Quienes observaban silenciosamente desde la puerta retrocedieron un paso. Los guardias palmearon los hombros de las otras dos mujeres, jalándolas por el brazo para que evitaran posibles castigos de este enfrentamiento absurdo.

—Pedí explícitamente que salieran y me dejaran a solas con ella. ¿Has estado espiando desde ese momento?

—No. —Respondió con seguridad, lo cual era mentira. Hablaron entre ellos lo más bajo posible, esperando un momento adecuado para entrar o simplemente tocar. No esperaban los gritos de la joven. —Pasaba por el pasillo a ver al médico, necesitaba recoger las sabanas y traer unas nuevas. Escuche un grito y me preocupo lo que estuviera pasando.

—Gracias. Pero, como te repetí, necesito estar a solas con ella.

—Marqués.

—¿Olvidaste lo que paso? —Keiran se cansó de estar debatiendo un tema que no tenía razón de ser puesto a la mesa.

La sirvienta retrocedió, crispando sus hombros ante el brusco cambio de tono en la voz de Keiran, trago saliva y desvió la vista con un pequeño giro de su cabeza, esperando que su apoyo continuara en la puerta.

Ni las dos mujeres, ni los dos guardias.

—"¡Traidores!" —Gritó en su mente, apretando las manos que se mantenían unidas. Suspiro, volviendo la vista a Keiran. —No lo he olvidado, Marqués. Pero, por favor, muestre consideración, es solo una mujer asustada.

—Se le han brindado excesivas consideraciones, ¿Tienes TÚ el derecho de establecer que es y no es una consideración? —Avanzo un par de pasos, plantándose frente a la sirvienta. — Cruzando la línea entre la bondad y la lealtad, ¿Quién es tu señor?, dime, ¿¡A quien sirves!?

—…

—Respóndeme. ¿¡A quién sirves!?

La sirvienta apretó sus dientes, tragándose su audaz contestación, bajando su rostro, cerro con fuerza las manos entrelazadas, exhalando por la nariz.

—A su majestad… el Emperador…

—¿Y? —Presionó Keiran, levantando una ceja.

—Lamento ser impertinente y dudar de la benevolencia del Emperador, siendo yo, una simple sierva a disposición de mi señor.

—Omitiremos este incidente, sirvienta. Retírate.

La mujer de cabellos rubios asintió en silencio, manteniendo oculta su mirada dura por su cabeza agachada.

Caminó lentamente a la puerta, cerrando despacio, Keiran noto la sombra de la inconformidad alrededor de los ojos avellana de la sirvienta, cuando quedo un pequeño espacio entre abierto, después, alcanzo a distinguir el uniforme del guardia, apresurándose en tomar el picaporte y cerrar totalmente la puerta.

Las sirvientas se alejaban y los guardias parecían quedarse en su posición.

Keiran exhalo, llevando una mano a la parte trasera de su cuello, masajeando los músculos tensos.

El terrible lloriqueo de la mujer seguía, siendo eclipsado de momento ante la discusión entre la sirvienta y Keiran. Si esto seguía, no se libraría de ellas de la misma forma o peor… atraería la atención de su majestad Mirkan.

Resignado, dio media vuelta, rebuscando en el interior de su saco, extrajo un pañuelo azul con bordados triangulares plateados.

Sostuvo la tela entre sus dedos, remarcando las arrugas en un solo punto de presión, exhalo e inhalo dos veces hasta sentir sus músculos destensarse, volteando de frente a la mujer de cabellos negros.

—Cálmate.

Keiran uso una voz de mando necesariamente alta, eclipsando los incesantes llantos de la mujer.

Al verla dar unos hipos y el deslizamiento de sus manos por el rostro al mismo tiempo en que estira su cuello, los ojos opacos con un atisbo de locura, crecen de sorpresa, pareciera que lo ha reconocido.

Ella no dijo nada, solo lo observa atentamente y en silencio. Su rostro esta manchado de lágrimas y moco, por debajo de sus ojos la piel se nota irritada, las mejillas caídas y sonrosadas por el esfuerzo respiratorio en cada vocalización para llorar.

—Toma.

Estiro el brazo, mostrando el pañuelo sostenido por una sola esquina.

Una señal de amabilidad que rayaba con cuanta hipocresía había gastado desde el mismo instante en que la cargo y entro al palacio por ayuda médica.

Ella miro el pañuelo tendido, alzo su rostro y con un intento de sonrisa, dijo:—G-gracias, pero no. Es un pañuelo muy bonito para ensuciarlo.

Keiran presiono la tela entre sus dedos con disgusto, esa mujer, ¿Lo rechazo?, y ¿Uso un tono condescendiente?

Incluso desvió el rostro, jugueteando con sus dedos, ignorándolo. Estaba dándole la oportunidad de abandonar la habitación y que ya no viera ningún otro de sus humillantes desplantes.

Casi suelta una risa irónica. La mujer poseía alguna especie de orgullo.

Orgullo que se derrumbó con las nuevas lagrimas saliendo, apretó sus labios y frunció el ceño, luchando ella misma por apartar los rastros salinos de su rostro tallando fuertemente hasta dejarlo rojo e irritado.

Si continuaba, se causaría una infección en los ojos, y él, ya no tenía la paciencia en ejercer de niñera personal.

Agotado del drama, se arrodillo e inclinándose uso el colchón de apoyo, cuando una de las manos de ella dejo descubierto un ojo hinchado y húmedo, él paso suavemente la tela por debajo, llevándose las lágrimas y teniendo su mirada atraída a él.

Tan silenciosa como podía, detuvo el tallado mortífero sobre sus ojos, bajando las manos a su regazo, permitiendo a Keiran secarle el rostro.

Al cruzar miradas, distinguió partículas brillantes resplandecían en el interior de los ojos oscuros de la joven, recordándole a un cielo nocturno repleto de estrellas. Un escalofrió recorrido la espina dorsal de Keiran e inmediatamente finalizo el secado de lágrimas, entregándole el pañuelo directamente en las manos de la joven.

Ella intercalo su vista del pañuelo a él y viceversa.

Su boca abierta tenía que haber sido una señal. Estrujo el pañuelo entre sus manos como si quisiera romperlo y por primera vez, demostró un sentimiento más allá de llorar a mares o reír maniáticamente, sus cejas se unieron en el centro de su frente a la vez que empujaba su puño contra el pecho de Keiran.

Keiran parpadeo.

—"¿Está enojada?"

La mujer de negro agrego un empuje extra la clavar sus nudillos en el pecho de Keiran, arrugando la tela de la camisa, pero apenas moviéndolo de su posición arrodillada.

—He dicho… que no lo quiero. Es tuyo.

—…

Keiran no tenía una respuesta con la que pudiera transmitir todo el enojo y confusión provocado por esa mujer. Todo lo que necesitaba era calmarla lo suficiente para mantener una conversación civilizada y que su interrogatorio tapara los espacios vacíos del rompecabezas.

El pañuelo quedo rezagado en el suelo.

La infame mujer con un puchero en sus labios prefirió distraerse al mirar la habitación y él, solo quería arrancarse el cabello por toda la frustración.

Si era tosco ella comenzaba a llorar.

Si era indiferente ella solo temblaría.

Si era caballeroso, entonces, le frunciría el ceño.

Nada complacía a esa mujer, ninguna parecía ser la respuesta correcta, nada funcionaba como tendría que…

Apretó su mano libre, usando de apoyo la cama para levantarse y abandonar la habitación.

Al subir la vista por una última vez, una línea de lágrimas se deslizaba tenuemente por las mejillas con manchas secas de sus anteriores llantos.

De frente el rostro de la mujer estaba decaído, carente de cualquier tipo de belleza, pero, en el perfil, se mostraba lejanía, anhelo, deseo y tristeza.

La profunda lamentación de haber decepcionada a alguien que se quedó varado a la mitad del camino, no, que ella, tuvo que abandonar ese camino.

El rostro sonriente de Jeremiah cargando a Aristia se filtró de los recuerdos de Keiran, incitándolo a pronunciar el mismo consejo que una vez le dio a su hija, tras la fiesta de mayoría de edad del príncipe heredero.

—Una dama…

—…

Su lengua se trabó al inicio de la oración. Oculto su rostro con ayuda del flequillo, volviendo sus manos en puños se tensó completamente, sus labios finos en una temblorosa línea, no estaba seguro de entregar esas palabras cariños y comprensivas a una mujer como ella.

No merecía nada.

Ella no tenía que mostrarse miserable sabiendo los lujos y el amor que la esperaban. Solo era un perfecto acto creado, cada palabra, cada acción previamente preparados, para llegar a un resultado.

—Ser la Emperatriz. —Susurró por lo bajo.

Negando de inmediato, por nada del mundo permitiría que ese escenario cobrara vida y si para ello tendría que vender su alma al mismísimo demonio.

Con gusto lo haría.

Tomo una gran bocanada de aire y elevo su rostro, ojos azul marino cargados de determinación conectados a ojos de un negro profundo plagado de misterios.

—Una dama no-

—Detente, por favor.

Ambas manos de la joven se interpusieron, prohibiéndole continuar. Ella asintió, retrayendo los brazos a su persona, desvió su mirada, parpadeo y aclaro su garganta.

Regresando a verlo con una complaciente sonrisa.

—Se ve que… tienes algo que decirme y… supongo lo agradezco, pero, no hagas esto.

Hizo una simple señalética entre ambos con su dedo índice, sonriendo comprensivamente.

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Continuara…

¡RECUERDEN!

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Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*