XXlalalulu: Hola! De seguro el cap anterior se acordaron de mi mamacita ¡Pues no me importa! XD. Bueno… Veremos cómo hacen nuestros protagonistas para salvar su matrimonio de un drama que parece no tener fin ¿Encontraran uno de ellos la manera de hacerlo funcionar? Gracias a todos los que se siguen sumando.
Advertencia, esto no tiene Lemon, sino SMUT, MUCHO SMUT ¿Por qué? Porque soy una maldita pervertida. XD
No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…
Capítulo 23
Amanecía y Serena se despertaba, el letargo de llorar la inundaba, pero se sentía despabilada. Faltaba casi media hora para que sonara la alarma. Se levanta y la desactiva, luego ve el scouter de su esposo…Se acerca y también la desactiva. Va a bañarse, al salir lo ve que sigue dormido en la misma posición que anoche, se acerca a la ventana, cierra bien las cortinas para dejarlo descansar. Toma su comunicador y comienza a ver las actividades de ambos en el día, ya que aún tienen sincronizadas sus actividades. Se viste y se peina frente al espejo, da un suspiro grande se para derecha y firme…Esto bastará por hoy. Se siente con energías y ánimos de perderse en la rutina y el trabajo.
—Su Alteza…— Saluda Bardock, inclinándose junto con Kakarotto y Nappa.
—Buenos días, hoy los acompañaré yo. — Con tono normal y una mirada bastante firme, Serena los deja sorprendidos.
—Eeemmm…Su Alteza… ¿Está segura?— Kakarotto con tono preocupado mira a su vientre, Mina le había contado que ayer se había descompensado.
—Jaja. —Una risita apagada. —Sí, además no voy a hacer esfuerzo ni correr, necesito tomar aire, salir un poco de aquí. Y mi esposo necesita descansar. — Les sonríe.
—Sí, estoy seguro…Pero mejor llamamos al Príncipe y que también nos acompañe. —Bardock estaba por marcar en su scouter.
— ¡General!— Con tono autoritario, Serena explota de tantas interrupciones. — ¡Le voy a decir lo mismo que le dije al Comandante una vez! ¡Él no es mi padre, es mi esposo! ¡Y si vamos a seguir perdiendo el tiempo me voy sola ahora mismo!— Los tres pegan un salto al ser reprendidos por La Princesa. Se inclinan con respeto y la siguen, tendrán que usar transporte por el estado de la princesa.
Primero fueron a ver el estado de los ejércitos, los soldados también quedaron sorprendidos, al verla hacer las inspecciones que debía hacer el Príncipe. Sobretodo verla con ganas de aprender y entender el procedimiento de manera práctica, ya que se notaba que la teoría ella la tenía bastante adherida. En las salas de entrenamiento varios Saiyajines estaban haciendo combate cuerpo a cuerpo tres contra tres. Un Saiyajin bastante sorprendido de verla se detiene del enfrentamiento y se acerca a saludarla a toda velocidad, de manera casi instintiva, Bardock y Kakarotto se ponen en postura defensiva entre la Princesa y el soldado.
—S-S-Su…Su Alteza…— Nervioso se inclinaba frente a ése ser de cabellos dorados, de quien corrían tantas historias que siempre parecen quedar cortas.
—Soldado, continúe con sus labores. — Bardock lo manda a volar de inmediato.
—General…— Muy amable Serena le pedía que lo dejara hablar. — Hable soldado ¿Qué necesita?
—Mi…Mi…— Sudaba nervioso. — Mi pareja está preñada. Q-Q-Quería pedirle si puede enviarle un saludo. — Se levanta y sólo puede notar los rayos negros que salían de las miradas de sus superiores.
—Ah…— Parpadea sorprendida. —Jajaja, claro. — Reía divertida. — Pero seguro no la necesita con un soldado que siempre está pensando en ella como usted. Lo he dicho antes, no soy nadie especial. Pero si a ella la deja más tranquila para llevar su embarazo, no tengo problemas. — Veía al Saiyajin ponerse rojo hasta las orejas, sacaba su Scouter y la Princesa grababa un saludo. Le parecía chistoso a Serena sentirse como una celebridad. De inmediato todos se detuvieron a ver lo que hacía, y empezaron a desearle buena suerte con su embarazo, sólo buenos deseos y amabilidad salía de ellos. La hacía sentir con esperanza, tocaba su vientre feliz de tantas felicitaciones. Incluso se encontró con la misma situación reunida en una de las oficinas del Palacio con algunos coroneles y representantes de los cuadrantes de Vegeta-sai. Sólo felicitaciones y buenos deseos para sus bebés, ansiosos de que nazcan y el Príncipe ascienda a Rey. Incluso en su nueva visita en el centro de natalidad, ya no sólo había mujeres, sino también sus parejas, todos le deseaban salud y felicidad, hasta parecían más entusiasmados que su esposo, por verlo con el título de Rey. Ella dedicaba sonrisas y palabras amables a todos sin parar, le alegra darse cuenta que la vista en las salas de espera ya no sea tan fría como la primera vez que vino. En especial por ver a más hombres acompañando a sus parejas.
Recorría la zona del desastre que habían limpiado del salón del trono, junto con el arquitecto y el ingeniero, muy poco le importaba, sólo con unas cuatro paredes era suficiente, le trae malos recuerdos. Y sólo lo usarían para eventos o recibir a invitados. También se pone a caminar por uno de los pasillos de la oficina del Rey, donde debe firmar algunos documentos, y verificar los pagos de los soldados. Se detiene al ver un cuadro donde están el Rey Vegeta, el Príncipe, y la Reina. Nunca prestó verdadera atención, pero el príncipe se parece a su mamá en los ojos, y su nariz. No está Tarble, y al ver la fecha nota que es de un año antes de que naciera. Volvía a mirar a su madre, realmente su postura segura, altiva, se compara con cualquier soldado Élite. Parecía que podía comerse el mundo de un bocado…Luego recuerda la historia de los Reyes y Reinas de Vegeta-sai, y le da mucha pena…La mayoría había elegido a su esposa como de un catálogo, buscando a la más fuerte. Incluso tomándolas a la fuerza, como era el caso del abuelo de Vegeta. Para ellos las mujeres eran un objeto para concebir o dar placer. Todos tenían harenes, amantes o concubinas, y a veces todo junto, como el Rey Vegeta I. Se paró derecha como imitando a la difunta Reina, y pensaba en su deber. Pensaba en cómo pudo haber separado ambas cosas, como si fueran independientes en su posición. Ella sabía dónde se metía, y lo había asumido… ¿Qué pasó entonces?
—"Te enamoraste, Serena tonta."— Su subconsciente le daba la respuesta como una cachetada fría de realidad…Pero, no todo fue malo, su esposo nunca la forzó a nada, era atento con ella, hasta donde su orgullo se lo permitiera. Tocaba su vientre, debe ver por el bien de sus bebés, sabe que son importantes, ya no sólo para ella, sino para el reino. Se siente culpable de creer de manera egoísta, que esto es sólo un asunto personal. Prometió esforzarse una vez, y vuelve a hacerlo, sus responsabilidades serán lo primero. La población de Vegeta-sai espera mucho de ella y no los va a dejar en el camino, por sus dramas tontos. Toma aire y entra en la oficina.
Vegeta se despertaba, no quería abrir los parpados, ya que se sentía fulminar por la luz tenue del borde de las cortinas. Toma aire y se da cuenta, que solo llego a su habitación se quitó las botas y cayó inconsciente sin más. Mira el lado de la cama de su esposa y no está. Se para bruscamente, dándose cuenta por la luz del sol, que es pasado mediodía. Mira la hora de su scouter ¡Carajo! El impacto le quita la resaca. Llama a Monaka.
—Monaka. — Se paraba y se alistaba para una ducha que le quite la peste a alcohol. — Necesito que reprogrames algunas cosas que me salté hoy. Te envío la lista, y en veinte minutos te veo en mi oficina.
—Señor, no hace falta, revise su agenda. — Monaka le pedía, y Vegeta revisaba mientras estaba en la llamada, habían cosas que se marcaban realizadas. Pone una cara confundida. — La Señora me dejó las cosas del Castillo a mí, Sailor Mars, y Sailor Mercury. Ella está haciendo sus obligaciones en el Palacio y el ejército.
— ¡¿Qué?!— Resopla y empieza a caminar de un lado al otro. — Gracias Monaka. —Corta la llamada. Está con una mezcla de emociones, enojado de imaginarse a su esposa caminar entre la mirada de los soldados, molesto porque se nota que ella apagó su alarma…Y con culpa de haberse ido anoche a beber con unas hembras y un antiguo conocido, dejándola seguramente muy triste, y preocupada porque no le dijo dónde iría. Seguro está enojada, ahora mismo él debe ser lo último que ella quiere ver. Pero irá a encontrarla de todas formas, debió ser agotador en su estado caminar tanto, junto con las perdidas y no sabe cómo está su Ki. Rápido se baña, se viste y sale sólo tomando agua hasta casi ahogarse. El apetito lo siente cortado hasta saber qué pasa con ella.
Al llegar todos los soldados pegan un salto sorprendidos y saludan nerviosos, aunque Vegeta apenas les dedica una mirada y va directo donde siente el Ki de su esposa. Está en el recibidor anterior a la oficina que era de su padre. La siente estable y tranquila, incluso demasiado, como si ni siquiera hubiera enojo en ella. Toma aire al acercarse. Ve a Nappa y Kakarotto parados en el marco de la puerta.
—Buenos días Su Alteza. — Saluda Kakarotto, lo ve enojado y sabe por qué. Su esposa es más valiente que él, al desafiar tan de frente el carácter explosivo del Príncipe de los Saiyajin.
—Su Alteza, intentamos que- Lo corta poniendo un puño en su pecho, no lo golpeó pero sí le hace un poco de presión. Nappa está congelado, esperando ser fulminado.
—Sé muy bien…Que ella es demasiado cabeza dura. — Le dedica una mirada y entra a la oficina. Ahí estaba tranquila, se paraba para saludarlo, junto con un par de Coroneles y el General, con quien charlaban de la vigilancia de algunas zonas que se dedicaban al comercio y agricultura. —Buenas…Tardes…— Es pasado mediodía se siente tranquilo de verla estable, y sentada descansando. Está con un bonito vestido rosa con lazos blancos y dorados, con un medio corsé, su cabello abundante está atado en forma de cola.
—Buenas tardes esposo. — Serena le dedicaba un saludo formal inclinándose un poco. Vegeta se veía confundido, se notaba que recién se bañó y se puso una de sus armaduras azules de pechera blanca, muy sencilla. — Mis disculpas, no quería que el trabajo se te acumulara, justo estábamos terminando, si quieres acompañarnos. — Sus ojos azules lo miraban natural, como si nada, le ofrecía asiento.
— Sí…—Aclaraba su garganta. — ¿Puedo quedarme a solas con mi esposa?— Mira muy serio a todos y no hizo falta que repitiera, todos salían disparados.
Serena acomodaba un par de carpetas en la mesa, junto con su laptop y comunicador. — Qué bueno verte bien. — Le sonreía sincera. Pero no era su sonrisa o su tono tranquilo lo que hacía estrujar el pecho de Vegeta, sino, su mirada plana, sin enojo, sin miedo…Como si hubiera quemado todas sus emociones hasta hacerse humo y cenizas.
—No debiste. No me gustó imaginar a los soldados comiéndote con la vista. O que estuviste caminando de aquí para allá en tu estado delicado. — Con el ceño fruncido la regañaba, ella lo escuchaba muy atenta.
—Sí, pero pude sentarme la mayoría del tiempo, me hizo bien salir y tomar aire. Pero entiendo, discúlpame, debí dejarte un mensaje. — Se inclinaba un poco en forma de disculpa.
—Bueno, ya no tienes nada más que hacer, yo me ocuparé del resto. —Con un tono enojado y serio, pero que enseguida se suaviza, al darse cuenta que ella se disculpa, y no pretende para nada enfrentársele.
—Me parece bien. Envié la información pertinente a tu scouter. Pero quiero suponer que no me equivoqué en nada. Jaja…—Una risita apagada sale de ella y se levanta para irse.
Vegeta no entiende qué sucede, por qué no está reclamándole lo de anoche, y teme sacar el tema y terminar gritándose de nuevo…Quizá es eso lo que ella quiere evitar, para no empeorar su estado, pero ya no quiere que su mirada esté así con él…Ausente… —Anoche…Yo…— Reprime su enojo al recordar los insultos que ella le dijo. Pero la ve detenerlo con una mano antes de seguir.
—Lo sé. Saliste a beber y…—Traga duro saliva, no quiere confirmar con sus propias palabras lo que hizo, incluso quizá ni él se acuerde, piensa que cabe la posibilidad que haya sido un error de borracho. —…Nos insultamos. No es bueno para ninguno de los dos. He pensado en tomar más en serio mis responsabilidades…Y si la Doctora me lo permite y veo que es demasiado para mí, haré la extracción. — Lo ve tomar aire sorprendido. — Los bebés son muy importantes, si vieras la cantidad de buenos deseos que recibí hoy, seguro la noticia correrá como pólvora. Están ansiosos de verte coronado Rey. —Le sonríe ampliamente contenta.
El Príncipe resopla por la nariz, bastante sorprendido de su cambio de actitud…Parece que todo lo que dice es bueno…Pero ¿Por qué no se siente correcto? No se siente bien. — Tú serás mi Reina…—Se acerca y la ve dar un paso hacia atrás instintivamente.
—Yo…Estaré a tu lado, de eso no te preocupes. — Le sonríe y se da cuenta que sin querer hizo un paso atrás, cuando él se acercó. Ella decide entonces acercársele, hasta ponerse frente a él, que sepa que ella no sería como su padre y lo abandonaría cuando él fracasara, o que no lo odiaría como hizo su madre. — Siempre…—Tomaba su mano y la estrujaba, él no perdía el tiempo y la abrazaba enteramente. Ella se relajaba al sentir solamente el olor de su esposo en su pecho, su cola se envolvía en su cintura. Su vientre se apretaba un poco contra él.
A vegeta le gustó sentirla así, como siempre, y no fría como temía. Se alejó para verla y de nuevo chocó con su mirada fría, quizá…Ella ya no siente lo mismo. La culpa lo inundó sin remedio, ya no podía disimularlo. La vió fruncir el ceño angustiada por su mirada.
Serena lo vió con la mirada totalmente llena de arrepentimiento y culpa… ¿Acaso es porque se acostó con otra anoche? Sólo pensarlo hace que su pecho duela, y que la angustia y la depresión explote dentro de ella. Debe respirar, y relajarse, por sus bebés. — Eeemmm…Creo que necesito un poco de Ki…Jeje. Me dio una pequeña punzada. — Toca su vientre relajando la suave punzada que sintió.
—De inmediato…—La sentó y tomaba un poco su espalda y su pecho transfiriéndole su Ki, su mirada angustiada puede que haya sido por sentir esa molestia en las crías. Luego se paraban y la acompañaba hasta afuera. Ella rozaba sus dedos en su nuca, lo hacían respirar un poco más tranquilo. Tomaba su fina mano y la besaba.
Aun en la noche cuando se acomodaban para dormir, había un silencio ondeante, que para ambos era conveniente. Él no quería que le confirmara que ya no se sentía de la misma manera, y ella no quería enfrentarse a la confesión de su infidelidad. Serena salía del baño algo aliviada, ya salía muchísima menos sangre. Y por lo menos podría tachar eso de su lista. Vegeta la vió recostarse en la cama y se le ocurrió cubrirla con las sabanas. Se acercaba a ella con una sonrisa agridulce, igual que la de ella. Por lo menos se sentía aliviado de no sentirse rechazado, al abrazarla muy tiernamente, sin ninguna intención, mucho menos al seguir sintiendo el olor a sangre sobre ella.
…
—Te lo juro Raditz…Hay algo que no está bien con ella. — Rei hablaba con su esposo mientras le daba la botella a su bebé. — La veo sonreír, hablar de los bebés, también habla sin falta con su madre día por medio…Pero falta algo. En su mirada, hay algo que no está bien.
—Haaaa…No he notado nada raro, sí supe, por medio de mi hermano y mi padre, que una vez pelearon luego de que se descompensó…Y bueno…Vegeta salió a beber por ahí. Es todo lo que averigüé, él no va a decirme ningún otro detalle. ¡Auch!— Gritaba al sentir a su esposa darle un golpe en la nuca. — ¡Oye, yo no hice nada, te trato de conseguir información, es todo lo que pude sacar!— Enojado resoplaba.
—Lo siento amor…— Daba un beso donde lo había golpeado. — El bebé se durmió…Qué bueno que tiene el sueño pesado. Jaja— Rei llevaba a Kyüri a su habitación y volvía con Raditz, pero Raditz la intercepta al salir y la alzaba en un hombro. — ¡Hey! ¡Hombre mono! Jajaja— Reía traviesa. Y él le daba una palmada a su trasero.
—Vamos necesito un poco de sexo cavernícola con mi dulce esposa…Jaja…— Reía mientras pateaba la puerta de su habitación arrojándola en la cama, en realidad quería calmarla, confía en que su sexto sentido no se equivoca respecto a la princesa…Pero quizá sea un asunto que deben arreglar los involucrados y nada más.
—Jeje…Raditz. — Rei se arrodilla en la cama y empieza a desnudarse, muy divertida de ver la mirada pervertida de su esposo, él se acercaba a besarla y masajear sus pechos sin piedad y empezar a succionar sus pezones. — Raditz…Deja algo para tu bebé…—Advierte en amenaza.
—Mmmm…Delicioso. — Se sube a besarla, se desnuda casi instantáneamente. Gruñe al sentirla tan mojada y caliente contra la punta de su polla, la toma de la espalda, y arrodillado la levanta para bajarla muy lento encima de su miembro. Suspiran sintiéndose unidos, Rei comienza a moverse muy lento con la ayuda de su esposo para subir y bajar.
—Aaahh…No me quejo pero… ¿No dijiste sexo cavernícola?—Rei muy coqueta mordía los labios de Raditz.
—Mmm…Mujer… La idea siempre me choca en la mente, pero al tocarte, eres una hembra tan fascinante, que calmas la bestia que hay en mí…— Se apretaban uno al otro, dejándose ir en el movimiento suave, la luz de la tarde que entraba por el ventanal, hacía brillar sus cuerpos bañados en sudor.
—Te amo…Hazme acabar Raditz…—Rei susurraba a su oído.
—Ah, mi Rei…— Gruñía mientras caían en el clímax, la sentía flácida en sus brazos y la recostaba totalmente sobre él. Acariciaba su cabello y se dejaba llevar por el ritmo de sus latidos.
…
—Jajaja, los ejercicios son buenos para el bebé. — Mina comenta, mientras Lita y Serena la acompañan con alfombras y unas pelotas inflables en el piso.
—Serena ¿Estas bien?— Lita preguntaba, por si acaso.
—Jaja, sí chicas. La Doctora me dio permiso…Además ya no tengo perdidas hace varios días. Todo va bien. —Se tocaba el vientre.
—El mío ya empezó a moverse. — Mina comenta y las chicas se acercan a sentirlo. — No quiero ni imaginarme como te irá a ti Serena, al ser dos mira cómo crecen sin parar.
—Pero no te asustes, estaremos contigo. — Lita trataba de relajarla si bien ella reía y hacía chistes como siempre, de a ratos una mirada triste se le asomaba.
Vegeta las sentía reír en la sala de entrenamientos, se asomaba y la veía haciendo algunos estiramientos, a pesar que la doctora la autorizó, no sabe si es conveniente. Una sonrisa ladina se dibujó al verla tan risueña, se cruzó de brazos y se apoyó en el marco. De pronto sus miradas se cruzan brillantes, por unos segundos sus problemas desaparecen. Ve el gesto de ella con las manos en su vientre, últimamente lo hace mucho, él creía que era porque le daba punzadas o dolor, pero verificaba su Ki y no era nada. Creyó que el silencio que empezaron a compartir era algo bueno, para calmar la tormenta, pero se estaba convirtiendo en un espacio infinito que le era más difícil acortar. Veía a sus Sailors con sus embarazos casi en la última mitad de la gestación. Había seguido bien a cada uno para estar listo pero…Parpadea dándose cuenta que hubo un embarazo híbrido saiyajin al que no había tomado en consideración…La Reina Serenity. Se enderezaba y desaparecía yendo a su oficina, aprovechando que su esposa se distraía de nuevo con sus amigas. Debe investigar cómo fue su extracción, si bien, toda ésa historia de su padre fue clandestina, si une algunos puntos, de seguro encuentra quien fue el Doctor a cargo, seguro su padre lo hizo pasar como un viaje de misiones o purga…Y sin muchos problemas revisando los antiguos registros de viaje de su padre, encontró al médico que lo acompañaba en "Viajes de Campo" ¡Viejo maldito! El descaro de su progenitor lo enerva. Pero veía que el encargado del área médica seguía vivo, está retirado…La curiosidad lo vence y va a buscarlo.
— ¿Te vas a algún lado?— Serena le consultaba a Vegeta viendo que se pone ropa sencilla y bastante informal.
—Sí, pero volveré antes de cenar, lo juro. —La ve sentarse viendo triste al piso, se estruja una mano en el pecho. —Haaaa…Mujer, juro que no es nada grave. Mira…—Le muestra su scouter.
Por un segundo Serena creyó que iría con otra mujer, pero al ver el Scouter. — Es un Doctor, pero…Está retirado. — Serena le devuelve el Scouter.
—Sí creo que es el mismo que estuvo a cargo de la extracción de tu madre. — Al tomar el scouter de sus manos roza sus finos dedos. — Quiero averiguar lo que más pueda…Para estar prevenidos, nada más.
—Sí, me parece correcto. — Sonríe de nuevo y otra vez sus miradas quedan conectadas. Vegeta se acerca, ya no soporta, la toma del mentón y la acerca para besarla, ella cierra la mirada, mientras sus labios se conectan. El Príncipe siente que sus labios no le mienten, aún está ahí, quizá ya muy en el fondo, pero sus sentimientos ni los de él han cambiado. La abraza y siente como el tamaño de su vientre choca contra él.
— ¡Hm!— Gruñe y mira hacia abajo, traga duro un poco. — Aun no se mueven. — Hace un gesto que da escalofríos a Serena, Vegeta pone ambas manos en su vientre y le transmite su Ki. — Me alegra sentirte bien…— Da un beso en su frente.
—Vegeta…Yo…— Quiere decirle, quiere hablar sobre aquella noche, quiere decirle que sabe que estuvo con otra, pero de inmediato se dispara el estrés en ella y no se siente bien.
—Sshhh…Tranquila. Ya te siento mal de pronto. Debes tratar de no estresarte. — Se aleja de ella y se termina de alistar. — Yo trataré de no darte motivos para hacerlo, si tú te esfuerzas en lo mismo. — La ve asentir muy vehemente.
El príncipe llega a una pequeña casa a través del camino de un bosque, le pareció pintoresca la vista, al llegar vió un viejo Saiyajin ocupándose de una huerta, apenas puso un pie en el suelo el anciano pegó un salto asustado al verlo.
—Buenas. No se asuste. — Una risa burlona sale de Vegeta, junto con una mirada maligna.
—Su Alteza. — Rápido intenta inclinarse pero su estado de vejez no lo deja. Vegeta lo excusa algo molesto por su patético intento.
—Mire, sólo vine a preguntar por una información…Que usted y mi padre tuvieron bien guardada. — Lo ve saltar del susto otra vez. — Creo que sabe a qué me refiero…Bien, eso va ahorrarme tanta charla inútil. — Desde el punto de vista de Vegeta, el viejo no era nada más que un esbirro de su padre, culpable de la tragedia que tuvo que pasar su suegra.
—Sí…—Se lamenta bajando la cabeza y le ofrece entrar para hablar más en privado. Le da una taza de té, que Vegeta acepta de mala gana. Y se sientan en una pequeña mesa de madera que tiene dos sillas. —Verá su Alteza…Si…Me explicara. — Rápidamente Vegeta le muestra la memoria drive donde guarda el registro de ése viaje en particular. Frunce el ceño con una mirada asesina, para que no lo tome por estúpido. —Bien, lo siento, es mi instinto de preservación. Esa cría que busca…Si sigue viva, está en la Tierra de la Vía Láctea. Cuando trajeron a la hembra, juro que no sabía de quien se trataba hasta mucho después, la orden era sacar la cría sin importar lo que pasara, creímos que al dejarlo en la incubadora y no en el tanque, moriría sin más, pero a las horas, se había regenerado sus propios pulmones. Tenía casi seis meses de gestación y su Ki era bajísimo. No entendíamos bien. Incluso su padre se puso fúrico creyendo que nosotros habíamos hecho algo para mantenerlo vivo, pero no. En ése momento me dí cuenta que el híbrido era un bastardo del que el Rey quería deshacerse. — Empieza a mirar sus manos recordando. — Su padre dio la orden de enviarlo a estrellarse por ahí y que no quedaran rastros, pero…Cuando escuché el grito de dolor de la Reina…No pude. — Se le cortaba la voz por alguna razón. —Yo…Siempre fui un Saiyajin más, y más por trabajar con el Rey, la paga era excelente, en ése momento yo…Me sacié de la hembra a la cual me había unido y la abandoné con dos crías. Muy poco me importaba, si contaba con el favor del Rey…Pero nunca en mi vida escuché algo así.
Mira al Príncipe que lo escuchaba atento. — Y estoy seguro que su padre tampoco, no pudo dormir por casi diez días seguidos, hasta que lo inducimos a dormir. —Toma aire y aclara su garganta. — Luego de ése grito, que al parecer nos quitó el objetivo de nuestra misión. No pude hacerlo, tenía miedo que la conciencia, la poca que me quedaba, me torturara…Tomé a la cría y lo puse en una nave cápsula, pero, no para estrellarse, sino para aterrizar a salvo, luego desarmarse y no dejar evidencia de que era nuestra. Las posibilidades de que saliera vivo después de tanto eran pocas, pero era mejor que cero; inyecté una gran dosis de fórmula que damos a los recién nacidos y lo envié a la Tierra. Jamás hablé de esto. —Queda mirando al Príncipe, resignado de que si lo mata, será el destino.
Vegeta grababa toda la información, tomaba aire…El viejo se veía arrepentido. Ahora sólo le da pena, por lo que se ve su vida es muy solitaria. —Creo que lo del grito era por haberle quitado la cría y hacerle creer que estaba muerta.
—No Príncipe Vegeta… — Niega con la cabeza, resoplando hacia abajo. — Por quitarle la oportunidad de conocerlo, ellos no ven el concebir como lo vemos nosotros, como una obligación para sacar lo mejor de nuestra genética guerrera, sino como una decisión…Y lo más asombroso es que dejan a ése ser extraño elegir también, por más buen guerrero que sea, si decide hacer otra cosa, sin dañar a nadie, puede hacerlo.
— ¡Hm!... ¿Emocional anciano?... — Vegeta le levanta una ceja al verlo hablar con emoción.
—Ja…No, sólo anciano…— Una sonrisa agridulce se dibujó en él.
Era de noche y terminaban de hablar sobre lo que pudo averiguar del anciano, al parecer los híbridos de su esposa serían muy resistentes, y cabía la posibilidad que ella pudiera lograrlo de forma natural. Después de todo ella le aseguró que si pasaba algo malo, ella se aseguraría de ver por la extracción.
Serena pega un salto al sentirlo cerca cuando se mete en la cama, trata de disimular su exaltación. La recuesta muy suave, toma uno de sus pies y le da risa verla retorcerse por las cosquillas. Sus pies están un poco hinchados y los masajea. Por primera vez la Princesa se siente incómoda que su cuerpo la traicione, ése contacto hizo que se excitara. Vegeta abrió los ojos parpadeando ante el olor tan repentino, se da vuelta con una sonrisa maligna y ahí está ella con su rostro rojo brillante, jadeando. Por fin una mirada que le gusta, se asegura de nuevo con su olfato que ella no esté sangrando, y se acerca como acechándola, pero ella no se mueve, se queda esperando ser devorada, por ésa mirada maliciosa. Ella tiene un conjunto de seda de pantalón corto y una remera de tiras que apenas tapa su vientre. Él aún no se había cambiado para dormir, tenía su camisa y pantalón, se arrodilló a horcajadas en las piernas de ella y se quitaba la camisa. Su cola ondeaba, mientras retiraba su pantalón, y al quitar su bóxer no pudo evitar ver como abre grande sus ojos azules, y sus pupilas estaban dilatadas de deseo. Se recuesta abriéndole las piernas y se da cuenta que ella está con ambas manos en su pecho…Como resistiéndose a él, sin tocarlo…
— ¿No quieres?— Fija su mirada en ella, traga duro saliva esperando. Sube su cola por su pantorrilla haciéndola reprimir un gemido en su mano. — Sabes que…No te obligaría.
—Eeemmm…Sólo, apaga la luz, me da pena…Estoy más…—Infla sus mejillas y hace señas como de ancha.
—Jaja…Mujer…— Susurra en su oído y quita su ropa, cómo puede decirle que no va a sentirse excitado con su cuerpo, se ve hermosa, sus muslos suaves, no puede resistirse recorrerlos con su cola, por fin sentía sus finos dedos en su pecho. Siempre le había dado igual si una hembra lo tocaba para tener sexo…Pero con su esposa, había momentos que no podía saciarse de sus manos. Sostenía su peso con cuidado de que ése "bulto molesto" no quedara aplastado, reía un poco del pequeño chiste en su mente. Una mano masajeaba la carne de sus senos, mientras se baja a tomar sus pezones con la boca, acomoda su virilidad y entra de a poco, la veía atento de que le avisara por alguna molestia. Pero sólo salían gemidos de ella al sentir su polla caliente estirando su centro chorreante. Fue hasta el fondo y empezó a moverse. ¡Mierda! Sólo pasaron unos días luego de su pelea, y ya la necesidad se había acumulado, las caricias de su esposa le daban escalofríos, cerraban sus ojos y se unían en un beso ¡Carajo! Cuando se trataba de esto Serena definitivamente tenía la guerra perdida de antemano, y según le aseguraron sus amigas, con el tiempo será peor. Jadea al unísono de cada embestida, él trata de no aplastarla, de eso se da cuenta de inmediato. Él se endereza un poco y se aferra a uno de sus muslos con la mano, mientras su cola le da suaves caricias a su trasero. Es demasiado para ambos…— Ah, Serena, te sientes tan bien… ¡Ah! ¡Es demasiado! ¡Mía, Mi Mujer!—Gruñe apretando su mandíbula.
Las palabras de su esposo pusieron su mente en blanco arqueando su espalda, en tanto la lava de su vientre bajaba para explotar contra su miembro palpitante. — ¡Soy Tuya Vegeta! Ah, más, sí…— Jadeaban cayendo en el orgasmo al mismo tiempo. Se acomodaban para dormir, pero algo hizo llenar de alegría a Serena…El príncipe la abrazaba, y abrazaba su vientre de forma protectora, como nunca lo hizo, casi llora de alegría, pensando que su esposo quiere a sus hijos. Respira tratando de disimular las lágrimas.
— ¿Serena?— La voltea para verla con los ojos brillosos…— ¿Estas bien?— Ahora siente un poco de miedo de haberla lastimado.
—Sí…vamos a dormir. — Le sonríe brillante, y él siente que el alma le vuelve al cuerpo de verla otra vez como antes, verla con amor en sus ojos…Vuelve acomodarse contento, pasa un brazo por su vientre muy firme y ruega que todo salga bien. Su cola sube y baja por su pierna, sin parar de contenta. — Vegeta…Me haces cosquillas…— Lo siente reírse y detiene su cola, ella acaricia su pelaje con sus dedos. Por fin se siente en paz con ella misma, no le importa lo que haya pasado ésa noche, fue algo de una noche, y se nota que él ni lo recuerda…Tiene que ver hacia adelante, él la ama, aunque no lo diga.
…
—Entonces, nombres de niña…Vamos de nuevo…— Bardock y Lita discutían algunos nombres en su mañana libre.
—Pues…Lilian, Amber, Ginger me había gustado, ésa vez que Ami lo mencionó…— Lita trataba de tirar algunos para estar de acuerdo.
—Agh…Ninguno me gusta…—Frustrado se tiraba en la cama. — ¿Acaso seré mal padre para una niña?
—No creo, además mira lo bien que estamos cuidando a Nashi— Lita había sugerido cuidarla de vez en cuando, luego del susto que se llevó Bardock al saber que era una niña.
—Se la pasa durmiendo…No creo que cuente…— Se acerca a la bebé y la pica suave con un dedo, en verdad es una linda niña. — Haaaa…Es frustrante…— Se tira en el regazo de Lita y toma su mano para besarla.
—Ya veras, no será muy complicado…—Acaricia su cabello.
—Además…Nunca hice algo así con…Mis otros hijos. De eso se ocupó Gine sola y yo estaba todo el tiempo o entrenando o en otro planeta.
—Ja, te lo dije antes, eres buen padre…Mmm… ¿Entonces te gusto con mi vientre enorme?— Algo en broma se la plantea.
—Sí, en especial noté esto…— Toma sus senos sin aviso. —Tus tetas están grandes…Me gusta…— Susurra divertido y las masajea.
—Pues tendrás que esperar a la noche porque la niña despertó. — Señala a la bebé que los mira sonriendo, Bardock quita sus manos rápido y avergonzado. Lita ríe de sus nervios. —Jajaja ten cuidado con lo que deseas…
Mientras tanto Nappa y Ami disfrutan de su intimidad, no es que la bebé sea un estorbo o muy exigente, pero disfrutan de esos momentos libres al máximo.
—Espero que…Ah…No quieran que luego le devolvamos el favor…— Nappa ve a Ami subir y bajar encima de él. En tanto él está recostado en el respaldo de la cama.
—Jeje…No creo…En parte somos nosotros los que le estamos haciendo el favor…Aaahh…El General no sabe cómo cuidar una niña. — Lo mira de pronto muy pensativo y distraído. — Oh qué mal…Perdí mi habilidad de quitarte el habla. —Ami le da un beso y lo mira algo traviesa.
—Eh… ¿Cómo…?— No pudo decir más, Ami se sostuvo de sus hombros y empezó a subir y bajar sin piedad por su polla, haciendo saltar sus pechos. Nappa tomaba ambos con las manos, le gusta que se sientan un poco más grandes y suaves. Tiran la cabeza hacia atrás al sentirse explotar, paraban muy lento las embestidas. Ami se asombra de sentir su semen, pero su miembro sigue duro.
— ¿Una más?— Ami recupera el aire, y sorprende a Nappa retomando pero con un ritmo más lento. A veces siente que se va a despertar de un sueño, pero toda ella es tan real, que no se cansa de sentir su cuerpo, que ahora tiene las curvas más pronunciadas y carnosas. Su esposa en verdad lo tenía extasiado.
…
De pronto las esperanzas de Serena se desplomaban tan rápido como habían tomado vuelo… La primera vez que se sintió curiosa de saber qué hacia su esposo cuando se iba, Kakarotto se puso nervioso por la pregunta, evadió, y ni siquiera a Mina le había dicho nada. Pero decidió dejarla al margen, ya que muy pronto iba a nacer su bebé. Pero sus sospechas aumentaban cuando Vegeta volvía y sólo le decía que venía de entrenar de las montañas…Pero… ¿Sólo? Y ¿Por qué necesitaría la teletransportación? Además vuelve y se mete de inmediato a ducharse solo, como no queriendo que ella vea nada. Serena suspira totalmente frustrada ¿Desde cuándo se había vuelto tan insegura? Trata de meditarlo, repitiéndose que no debe ser nada, pero los meses pasan y sus escapadas se hacen asiduas. Se alegra de que tenga la decencia, de verse con la otra, y luego bañarse antes de tocarla o compartir la cama. También se alegra de que él prefiera su cama y no la de ella para dormir. Los días que se escapa ella hace su esfuerzo y lo rechaza, sólo tienen relaciones cuando está segura que no se vió con la otra. De nuevo en el principio…Toca su vientre en tanto lo ve irse con la otra, y se promete sólo encargarse de sus bebés y ya no estresarse pensando en él.
Su esposa había cambiado, su cuerpo se ensanchó un poco más en las caderas, y sus pechos los sentía hinchados, y sus pezones estaban tan sensibles, que con sólo soplarlos suavemente se ponían erectos sin más. Así la tomaba, acostada, mientras él está arrodillado entre sus piernas. La acomoda de costado, juntando sus rodillas a un lado, ella sigue de frente aferrada a las sábanas, gimiendo y retorciéndose. En ésta posición puede masajear mejor su trasero, mientras su cola busca sus senos, se hace hacia adelante y apoya su peso sobre un brazo, con la otra mano acaricia un poco su cintura y pasa por su vientre engrandecido. — Perfecta. — Vegeta gime, mientras apoya ambas manos a los costados de ella y comienza a acelerar las embestidas.
— ¡Ah! ¡Vegeta!— Serena aprieta sus manos en las almohadas, sintiendo su polla vibrar. Él sabe exactamente cómo y dónde sin que ella se lo diga. A ella le encanta eso, y es la razón por la cual siente tanto odio hacia ella misma, hoy debió rechazarlo, hoy se vió con la otra. Pero su toque, sus caricias, su voz clamando por ella, es demasiado. Ya está por el sexto mes de embarazo, en ése sentido ya no tuvo que preocuparse, su gestación se estabilizó. Y como Mina y Lita ya tuvieron a sus bebés, cree que es hora de dar éste asunto por terminado, no puede seguir así ni un día más.
Al otro día, luego de llamar a su madre para darle la noticia que serán un niño y una niña, y que aún no estaban de acuerdo con los nombres. Está sentada en su oficina, sabe que Vegeta tiene unos diez minutos libres, toma valor y va a decirle, de la mejor manera posible, que ya no tiene nada que ocultarle. Suspira y abre la puerta.
—Vegeta… ¿Tienes unos minutos?— Muy suave le pregunta, su idea no es pelear. Es más desde aquella noche que no pelean, cree que es bueno, pero… ¿Por qué no se sentía bien?
El Príncipe ve a su esposa preguntarle con mucha timidez, le parece tierno y le regala una sonrisa ladina. —Mujer… Seguro, espero no sea nada malo. —Lo dijo medio en chiste y la ve con la mirada triste en el piso. Traga duro, por su reacción, pero se congela del susto cuando ella levanta la vista hacia él, y su mirada vacía se fija en sus ojos negros. Justo que le iba a volver a preguntar, ella lo detiene con una mano.
—Creo que ya estoy más estable, y no debes preocuparte porque me altere. Los bebés están bien. Y creo que si los educamos haciéndoles entender que es la costumbre de aquí, ellos lo verán natural. — Entrelaza sus dedos frente a ella y toma ésa posición que recuerda en la firma del tratado. Firme, como un digno monarca. Pero no ve ni una pizca de miedo en ella.
—Serena ¿De qué hablas?— Se aleja un poco del respaldo de su silla, queriendo entender. Frunce el ceño, queriendo saber a qué mierda se refiere.
Serena lo siente como un total extraño, ahora es él quien se hace el tonto, en parte quiere ver qué tan bueno es mintiéndole en la cara. — Creo que no es justo que tu amante esté aislada de mí. Debo conocerla, y…Darle su lugar, como tenían las chicas de tu Harén aquí.
Vegeta sacude la cabeza y se levanta. — ¿Pero de qué mierda hablas?— Sisea enojado.
—Sé que te estás viendo con ella desde hace meses. Cuando saliste a beber aquella vez…— Traga duro, como si fuera vidrio molido…No debe llorar. — Sentí su olor en tu camisa…
— ¡¿Qué?! ¡No!— Grita, pero no enojado, sino queriendo convencerla, trata de alcanzarla con su mano y ella instintivamente se hace hacia atrás. Ahora entiende porqué lo hacía, eso hace que se estruje su pecho, aprieta fuerte la mandíbula y sus puños. — ¿Alguien te contó algo?— Quizá hay algún rumor del que él no sabía, pero hasta ahora sólo oía rumores sobre el sexo de las crías.
—Te dije que no hizo falta, me dí cuenta sola. Al principio creí que era un "error de borracho". Pero al notar que la visitabas seguido…Me dí cuenta que es algo más. — Lo miraba fría.
—Tú eres mi esposa…No tengo a nadie más que a ti. —Sisea enojado y dolido, quizá debió contarle lo que sucedió ésa noche, no quiso hacerlo porque no lo creyó importante.
—Éste matrimonio no va a ir bien si tú sigues mintiendo. No soy una niñita, sé que yo no te he satisfecho como corresponde. Si hubiera sabido, hubiera mantenido tu Harén, al menos a las chicas las conocía. — Da un pequeño suspiro frustrada y espera a que él le diga la verdad.
— ¡No he estado con ninguna otra mujer desde que te conocí! ¡No necesito a nadie más! — Ruge ya exaltado, pero se da cuenta que a ella no le mueve ni un pelo.
—Ayer a la tarde fuiste a verla…Me mientes diciendo que vas a entrenar, pero no soy tonta. — Lo ve parpadear como notando que lo ha arrinconado.
—Eso es lo que he ido a hacer ¡No te miento!— Ahora se siente en un dilema, si le dice lo que ha sucedido…Puede que en verdad ella no le perdone que haya dejado pasar el tiempo sin decirle. Unos golpes en la puerta resuenan para su próxima reunión. Tienen gente esperando detrás de la puerta.
—No me importa que tú tengas otra o…Quizás otras, ahora tengo algo más importante. — Apoya sus manos en su vientre, está enorme, y sonríe pensando qué nombres ponerles.
— ¡Serena no me estoy cogiendo a otra!— Suelta rabioso y casi fuera de control, pero ella está como en su propia burbuja, vuelve a mirarlo y rápido sale de su oficina al pasillo. Se encuentra con gente que la saluda y camina veloz muy lejos. Lo siente ir detrás de ella. Vegeta esquiva a todos. — ¡En diez minutos!— Sisea una mentira, sólo quiere quitarse a todos de encima e ir tras ella, pero hay mucha gente para usar su velocidad Saiyajin.
Serena se siente salir del estado de coraje y valentía que la había inundado, ahora sólo siente que si no llega a algún lugar donde pueda acostarse, estallará en un llanto nervioso. Acelera al escuchar los pasos de su esposo cerca gritando su nombre, una punzada violenta cruza desde su pecho a su vientre, doblando sus piernas. Rápido se sostiene por la pared, y toma aire. Vegeta llega a tomarla, todo su cuerpo tiembla y siente cómo sus lágrimas caen en el brazo que la sostiene, empapando su ropa. Serena mira hacia abajo y su vestido está mojado, y la sangre empieza a correr. No tiene voz y no puede articularse para respirar. No… ¿Por qué? ¿Por qué no esperó unos meses más? ¿Tan grande era su orgullo que no pudo aguantarse ir a dejarlo en evidencia?
—No por favor…Es muy pronto…—Serena solloza sin parar, los calambres eran demasiado dolorosos. Y sostiene como puede su vientre con un brazo debajo de él.
— ¡Ayuda!—Vegeta atina a gritar por ayuda, al sentir el olor a sangre en ella. Nota que ella tiene su comunicador, ya que él dejó su scouter en la oficina. Llama a Lemo y a la Doctora, que por suerte aceptó quedarse vigilando de cerca la gestación de su esposa. La recuesta un poco en el piso y levanta su cabeza en su regazo. — Sshhh…Tranquila…— Se siente impotente y sólo se le ocurre transferirle su Ki. Lemo y la Doctora llegan de inmediato y preparan una camilla.
—Lo siento, lo siento… Por favor…Lo siento…— Susurra sin fuerza, con lágrimas en su rostro. Vegeta toma aire…Sabe que no se lo dice a él.
De inmediato la princesa está en una sala del área médica, le quitan la ropa y le ponen una bata. Serena está nerviosa e hiperventilada al ver que le colocan un pequeño cinto blanco alrededor de su vientre para sentir los latidos de los bebés…Y ahí están, se siente un poco más tranquila, pero los dolores no cesan. — Por favor Doctora…Necesito…— Se marea un poco, hace su esfuerzo para no quedar inconsciente.
—Tranquila Señora respire…— Se disponía a revisarla, y volteaba al príncipe que estaba tomando su mano y pasándole su Ki a la Princesa. La Doctora reconoce la situación y deja a Lemo atendiéndola. Toca el hombro del Príncipe y le pide hablar un poco— Su alteza…La Princesa está en trabajo de parto. — Hace una pausa y lo ve fruncir el ceño. — Es demasiado pronto y el dolor…Será peor, casi insoportable, y en éste estado no podemos darle un calmante, porque su presión arterial se dispara arriba abajo. Podemos proceder…Pero necesito saber si, llega a haber que elegir…— En voz baja están hablando en un rincón, mientras Serena es atendida y calmada por Lemo, llora del dolor y suda sin parar.
—Mi esposa. — Sin dudarlo contesta, sabe que ella va a odiarlo, pero también sabe que no podría vivir sin ella. La Doctora asiente y le pone una bata para que acompañe a su esposa.
Las Sailors y sus parejas estaban fuera de la sala donde se encontraba la princesa. Los saiyajines creen que fue mala idea traerlas, están demasiado alteradas de oír a la Princesa gritar de ésa manera por casi media hora. Ami se acerca luego de llamar a la Reina Serenity para avisarle del estado de su hija, e informarle cualquier novedad.
— Esto no es normal… ¿Qué pudo haberle sucedido?...Es muy Pronto. — Mina se estruja en brazos de su esposo y quiere llorar. Kakarotto se pone a pensar que quizá la princesa se alteró al haber descubierto a donde teletransportaba al Príncipe…Siente un trago amargo de culpa por no decirle, debió haberlo hecho, pero también cabía la posibilidad que en ése momento se descompusiera.
— Bien Señora… Ya casi tranquila, hágalo cuando yo le diga de acuerdo. — La doctora atendía a la Princesa, que apretaba la mandíbula tratando de respirar a través del dolor tajante en su cuerpo, relojeaba su presión sanguínea. — Tome aire fuerte. — Ella obedecía. — Ahora…— La Princesa pujaba, Vegeta no soltaba su mano y a pesar de saber que su Ki ya no le hacía efecto, no paraba de dárselo. — Listo. — En tono alto ordenaba, y tomaba al recién nacido para dárselo a Lemo. La Princesa se tiraba en la camilla y se asustaba de no oír nada.
— No llora Vegeta ¡No llora!— Lloraba alterada e intentaba enderezarse.
—Cálmate mujer…Fijémonos que tú estés bien primero. — Levanta una ceja y ahí está el Ki del niño. — Está bien…Es prematuro, es normal. Respira que debes hacerlo de nuevo. — Su impotencia lo tienen al borde del colapso, no puede hacer nada para aliviar el dolor de su esposa, o darle fuerzas para seguir. Se siente el ser más inútil.
—Bien Señora…Queda la niña. Sé que está cansada…Respire…Ahora. — Daba la señal y Serena apretaba al máximo la mano de Vegeta, a pesar de todo, no la dejó ni un segundo. —Alto…— Sintió a la Doctora resoplar algo frustrada. Pero con su tono tranquilo como podía seguía. — Sólo un poco más…Sí. —Serena asentía segura. — Bien…— Mira atenta a su presión arterial de nuevo. — Ahora…— Serena se hace hacia adelante y da un último grito que consume toda su fuerza y puja una última vez. —Listo Señora…Los niños están bien. — Al instante que Serena escuchó eso se sintió caer en la oscuridad, su dolor desaparecía.
…
El General, fue ver al Príncipe yendo a entrenar a la cámara de gravedad. Hacía un día que la Princesa se había desmayado sin ninguna otra complicación, sólo se recuperaba del agotamiento, pero al verlo parecía tener emociones cruzadas, feliz de saber que su esposa estaba a salvo junto con las crías…Y algo más que lo traía muy de malas, tanto que prefería ni entrenar con Kakarotto. Quizá era preocupación porque la Princesa aun no despierta, llama a Lita para avisarle que va a llegar tarde porque entrenaría con el Príncipe. Ponía a la pequeña Suika frente a la cámara, y él sonreía feliz, era una niña muy parecida a su mamá, por suerte.
—El aire es pésimo rival. — El General abre la puerta deteniendo al Príncipe, y haciéndolo gruñir enojado. Cierra la puerta y la cámara vuelve a iniciarse.
— ¡Hm!— Vegeta se fija en la posición de pelea del General… ¿En verdad quiere hacer esto? Bueno, le va a dar el gusto…De inmediato al sentir la gravedad aumentada, se lanza de un puño de frente, luego tira varias patadas, pero él sólo responde esquivándolo. Olvida que entrenó con él en Yardrat y conoce sus técnicas. Hasta que por fin su rodilla para en la mandíbula del General, da una sonrisa ladina en triunfo.
—Sabe su Alteza…Cualquiera diría que lo único que busca es que lo golpeen. — Bardock detuvo el golpe con una mano, e instantáneamente se transforma en SuperSaiyajin y golpea al Príncipe en el estómago dejándolo en el suelo, lo deja doblándose, tratando de recuperar el aire. — La guardia tan baja no es su estilo, es obvio que bajó su defensa a propósito. — Vuelve a su estado normal y lo ayuda a levantarse, él rechaza su mano y resopla, quedándose sentado en el suelo. Bardock siente ganas de reír de lo testarudo que es el Príncipe, parece un niño caprichoso como Kakarotto. Busca una botella de agua y se la acepta. Se sienta y sigue en silencio. — Puede contarme…Nunca he sido un chismoso. — Insiste una última vez, lo ve suspirar fuerte y le cuenta. Es raro, darse cuenta en un segundo, lo solo que debe sentirse el Príncipe Vegeta, su madre lo abandonó, su padre no era un ejemplo ni nada, su hermano era alguien que él mismo se encargó de mantener alejado. Una vez le preguntó a Lita qué sintió al quedarse sola, luego de la devastación en su planeta y la muerte de sus padres, ella le contestó que siempre tuvo gente que de manera desinteresada, se hicieron sus amigos, y su familia, tenía a quien recurrir incluso en el pensamiento. Por primera vez se encuentra con alguien que quiere ayudar de manera desinteresada, aunque sea sólo escuchando sus problemas. — El problema es entonces…Que el orgullo es muy grande…— Bardock ve que Vegeta no entiende.
— ¿Mi orgullo?— En verdad no le gusta ése planteo.
—Jaja…El de ambos. Es como una pared entre ambos…Para mi suerte…Gine no fue orgullosa, así que era yo quien se quedó arrepentido de no poder saltar ésa pared. Por eso…Con Lita, fui diferente desde el principio. Imaginarme que de nuevo ése hueco quedara en mí, detrás de ésa pared. Grrr…Es muy difícil de explicar. — Daba golpes en su frente con el puño cerrado algo frustrado.
Vegeta quedó pasmado ante la situación. Es la primera vez que alguien le da ¿Un consejo paternal? Sacude un poco su cabeza. Y suspira pensando, que su esposa tenía razón cuando le dijo que hacer lo correcto era difícil.
Serena despierta en su habitación, de inmediato se endereza, y busca a sus bebés. Siente la ducha en el baño. Recuerda haberse desmayado, no debe estar grave para que no la hayan metido al tanque de regeneración…Pero ¿Y sus bebés? Salta de inmediato de la cama y sale en pijama y descalza a buscarlos, es de noche, muy poco le importa la hora. Corre hasta el área médica, Raditz la nota. — Su Alteza…— Trata de asistirla.
— ¡Ahora no! ¡Estoy yendo por mis hijos!— Lo ignora y lo mira amenazante.
—S-S-Sí, ah, el Príncipe…— Quiere explicarle.
— ¡VOY A VER A MIS HIJOS!— Es increíble que se interpongan, o incluso que no los llevaran a la habitación que ella preparó para ellos. Corre y al abrir están la Doctora y Lemo al lado de los tanques de desarrollo. Ella se acerca a verlos apoya sus manos y le caen lágrimas de felicidad. Están bien, pequeñitos…Pero ahí están…No tienen cola, la niña parece tener el cabello de su mamá en tono rojizo, y el niño parece tener un pequeño mechón lila, ya quiere que abran los ojos para ver su color también. — ¡Dije que no quería tanque de desarrollo si nacían natural!
—Señora…— Lemo trataba de calmarla. — Los niños son prematuros, y su velocidad de regeneración no es como la del…— Hacía una pausa. — Príncipe Darien, se regeneran como saiyajines. Ponerlos en incubadora normal era arriesgado.
—Bien. —Secaba sus lágrimas con la palma. — Los quiero con sus tanques en la habitación que preparé para ellos. — Todos menos Serena saltaban al ver al Príncipe entrar abruptamente por la puerta, miraba a la princesa como regañándola, pero ella lo desafiaba y se ponía frente a los tanques de sus bebés. — Ya me escucharon… ¡Llévenlos a la habitación!— Serena no perdió de vista como miraron a su esposo esperando su autorización ¿Es que acaso siempre tiene que ser así? Se da cuenta que siempre los demás esperan que él dé la última palabra.
—Obedézcanla. — Apenas Vegeta lo dice, empiezan a preparar los tanques para moverlos. Ella sigue firme desafiándolo. Él traga un poco la furia que le dio sentirla que desaparecía de la habitación. Salió disparado del baño a buscarla.
El Príncipe no había ido a ver de cerca ni nada a las crías…Temía que al verlas, sintiera lo mismo que su madre…Resentimiento. Tampoco vió como preparó su esposa la habitación para ellos. Miraba atento y pensaba —"Cosas de niño, cosas de niña"— Luego vió a su esposa hipnotizada viendo los tanques, él les dedicó una mirada atenta, se sintió aliviado ante el pensamiento de que no se parecían mucho a él. — Su nivel de pelea— Vegeta le iba a comentar.
— ¡No me importa ésa mierda!— Serena siseaba enojada.
Vegeta resopla frustrado, y cansado de tantos problemas. —…Estas cosas…— Cruzaba sus brazos y se recostaba en el marco de la puerta. — Que debieran unirnos…Nos separan ¿Por qué?— Parpadea al ver que Serena sale de la habitación y se va a la habitación matrimonial, ni siquiera sabe si lo escuchó. La sigue, la ve entrar en el closet. Suspira, se sirve un vaso de Whisky que trajo del Planeta Tierra, el sabor a fogata le trae recuerdos de su esposa retorciéndose debajo de él frente a la chimenea. Salta al ver que ella juntó algo de ropa y se va. Cierra la puerta antes de que salga y se pone frente a ella, traba la puerta. Recibe en seco un gancho de su esposa en la mandíbula, no es doloroso, pero fue lo suficientemente eficiente para sacudir su cabeza. Se gira a verla; y no tiene ésa mirada que tanto le duele, no. Tiene fuego puro en los ojos. — Correcto… ¿Quieres pelear? Bien. Peleemos. — Ella se alejaba y sacudía su puño quitando la barrera que tuvo que usar para no recibir daño. — Me quieres explicar… ¡¿Cómo mierda es eso que yo tengo una amante?!— Piensa terminar ésa y la otra pelea que les quedó pendiente.
— ¡Ya te lo dije! ¡Sentí su olor en ti ésa noche! Ahora déjame ver a mis hijos, debo cuidarlos. — Se precipitaba a la puerta y de nuevo él la bloquea.
—No, tu lugar es aquí…— Sisea enojado.
— ¡Pues mi lugar no es en ninguna parte de aquí! ¡Nadie me obedece! ¡Quiero mi propia casa, con mis propias personas de confianza! ¡Pero no aquí! ¡Quiero irme con mis hijos!— Ruge fúrica y frustrada.
—Entonces, si después de todo ibas a irte ¿Por qué no lo hiciste antes? ¿Acaso me usaste para tener hijos?— Siente que desde que tiene las crías, él ya no es nadie para ella.
— ¡Tú me usaste! ¡Te cansaste y volviste a lo de siempre!— Grita con despecho.
— ¡Escúchame! Yo…— Presiona sus dientes y gruñe. — Ésa noche fui al bar, es de un conocido. Me quedé con él y unas hembras…— La veía resoplar de ira, parecía estar a punto de volver a golpearlo. — Sólo tomamos hasta que sentí dormirme. Luego una de ellas se subió encima de mí, metió su cola por mi camisa, pero te juro que la quité de encima, sólo pensaba en ti. Me levanté y me fui. — Ella cruzó lo brazos y golpeteaba su talón esperando.
—Terminaste de mentirme… ¡Bien! ¡Déjame ir!— Se abalanzaba a la puerta de nuevo. Él la bloqueaba. El tipo quería seguir, era increíble. — ¿Sabes por qué no me fui? Porque me diste pena, me dio lástima pensar que nunca nadie te quiso, pero ésa vez tenías razón, tú no sabes ni dar ni recibir cariño. No te quería abandonar, no lo voy a hacer, pero no seré tu Reina, y ya no viviremos juntos. — Había dolor puro entre ellos.
— ¡No me la cogí!— Pasa por alto sus declaraciones, no quiere que sepa que lo ha herido. Vegeta la detiene de nuevo, pero ésta vez la inmoviliza contra la puerta.
— ¡Suéltame! ¡Hijo de puta! ¡Odio que siempre hagas lo mismo! ¡Odio que seas tan fuerte!— Lucha con todas sus fuerzas pero él no la suelta.
— El orgullo…Es grande…— Vegeta dice en voz baja, recuerda un poco lo que dijo el General, ella no quiere ceder en su orgullo y él…Tiene que decidir…Y le duele de la rabia. — Te lo repito, y te lo voy a repetir hasta el cansancio, desde ésa vez que besé tu mano…Jamás he tocado ninguna otra.
— ¡¿Cómo sé que no mientes?! ¡Te has revolcado con cada mujer que has querido! ¡Te dió lo mismo cogerte a cualquiera!—Sólo recuerda su Harén y cuando le dijo tener encuentros casuales. En cambio ella sí pudo demostrarle que era el único en su vida.
—Nunca…—Vegeta apoya su frente contra la puerta, arriesgándose a que ella lo muerda en su ira para zafarse. — Nunca besé a ninguna en la boca. — Tragaba duro y la miraba. Nunca se lo dijo, y quería que lo supiera. — Tú eres mi único y primer beso…
Serena lo escuchó, y no le quería creer, no quiere caer. — Suéltame de una vez ¡Yo sí quiero a mis hijos y quiero ir con ellos!
—Nunca supe lo que es que, alguien… Que me importa me deje. — Aprieta su mandíbula sintiéndose harto de la actitud de ella. — Tú me importas mucho…A… "Ellos", no los conozco como a ti. Prometo…No hacerles daño.
—Tú no tienes corazón. — Serena llora al darse cuenta que quizá él nunca quiera a sus hijos.
—… Sí lo tengo. — Toma sus manos y, a la fuerza, las pone en su pecho. — ¿Sientes?— La ve suavizar su mirada y puede ver la verdad en esos ojos azules que parecen ahogarlo, que lo vuelven loco. — Tú no odias que sea fuerte…Te gusta. — Susurra muy lento y sus respiraciones se agitan. —Te gusta saber que soy más fuerte, que pueda levantarte fácilmente, y…—Se ahoga con lo próximo que va a decir. — Hacer lo que quieras conmigo…— Ella lo ve asustada, como si hubiera podido leer su mente, sus latidos son estruendosos y parecieran sincronizarse. — Serena…Déjame…— Esto es lo último…Lo máximo. — Por favor déjame hacerte el amor. — Larga casi en un nudo reprimido, pero rápido, sintió quitarse un peso de encima, se sintió liberar…Bien y correcto.
"Hacerte el Amor", "Hacerte el Amor"…Retumba en toda su cabeza…Él siente disgusto por ésa palabra, y aun así, él está aquí frente a ella, pidiéndoselo, y confesando su primer beso. Pero… Se da cuenta que es lo que él siempre ha hecho. Siempre han hecho el amor. —Vegeta…— Suspira derrotada. Se enredaba besándolo, rendida a él. Lo sentía suspirar aliviado contra su boca, mientras la alzaba de sus muslos, envolviendo sus piernas a él. Sin detenerse la lleva a la cama, su cola se aferra a su pierna. Ella tironea su camisa rompiendo un par de botones. Él no quiere separar el beso ni un instante, no quiere abrir los ojos, teme, que sea un sueño. De pronto ella se detiene, y Vegeta se congela asustado de que se haya arrepentido.
—Los bebés…Yo…— Recuerda que quería ir a ver por sus hijos.
—Están bien. — Señala a la mesita de noche de su esposa. — Ése scouter suena cuando el tanque necesita asistencia. Está conectado a ellos…— La mira, voltear la cabeza observando el Scouter. Y luego vuelve a enterrar su mirada azul en sus ojos negros.
— Vegeta. No sé si…—Señalaba para abajo. Pero parpadea al notar que, se siente bien…Lo mira confundida.
—Cuando te desmayaste, te metimos en un tanque de regeneración, y como fue parto natural, sólo te llevó un par de horas recomponerte...Pero seguías desmayada por el agotamiento. — En tono tranquilo le explica, sigue abrazado sobre ella y se recuesta en su pecho. Ella entierra sus dedos en su cabellera negra y comienza a llorar.
—Perdóname Vegeta…Por favor. —Solloza mientras sus lágrimas caen en cascadas. — Te dije cosas horribles…
—Sshhh…No llores. —Se aferraba aún más a ella. — Excepto del asunto de una amante, lo demás fue cierto. Y esas otras cosas que me dijiste ésa vez también…Tú no tienes la culpa de lo que me hicieron mis padres, y te juro que sólo he ido a entrenar, a un lugar más alejado…Y la otra vez me habías dicho que no me exceda. — Suspira sin verla a la cara. — Y me he excedido, por eso me metía a bañar, para que me vieras bien y no preocuparte.
— ¿Era eso, sólo entrenamiento?— Ella se limpia un poco la cara. — Perdóname, ésa noche, y por tus escapadas…Yo creí…
—Fue mi culpa por no haberme quedado a terminar nuestra discusión. Me fui…—Seca las lágrimas del rostro de su esposa con la manga de su camisa. —…Te dejé en tu estado tan delicado. Perdóname. No quiero ni imaginarme el infierno por el que pasaste estos meses.
—Bueno, yo también quise evitar pelear, por eso no te lo reclamé enseguida. Me lo guardé, creyendo que así…— Se ahoga de nuevo en el llanto.
—Mujer…Nunca te haría algo así. Jamás vuelvas a preocuparte por eso. Y sé que… Tú tampoco ¿Verdad?— La toma del mentón para verla fijo a los ojos.
—Mmmm… Mmmm…— Frunce los labios pensándolo en broma. Mientras el gruñido gutural de la furia de su esposo aumenta. — Jmjm…Nunca. — Ella acaricia los labios de Vegeta con la yema de sus dedos. — Tú sabor…—Muerde su labio inferior recordándolo. Era como madera o leños.
—Sí…El tuyo es mejor…— Por fin se siente calmado aunque…—La cabeza me explota de tanto esfuerzo que tuve que hacer. —De pronto cae en cuenta de todo lo que hizo, y lo que dijo…No lo puede creer.
—Mmm… Sí, siento que te hierve la cabeza. — Movía sus dedos entre sus mechones negros. Giraba la cabeza para ver la hora. —Es tarde ¿Tienes sueño?— Él asentía muy suave recostado en el hueco de su hombro. — Hay que dormir…desnudos. — Susurra en tono tierno. Lo besa muy dulcemente, y él responde de la misma manera, se desnudan, con movimientos que casi imitaban el acto carnal, Serena se acomodaba en su pecho y Vegeta peinaba sus rizos dorados con sus dedos hasta quedarse dormidos.
Hasta aquí otro capítulo, un saludito a…
OhaioIzumikun: No pos, yo lo hubiera hecho dormir afuera como el perro que es. XD. Sí entiendo a Serena, ése perro es muy sensual :P
Posdata saludos...
ShaiOS: Gracias! Bueno aquí se desenlazó el drama. Así todo, peleas, gritos y despecho, nomás faltaba la lisiada y Soraya entrando al cuarto XD
HowellSao: Gracias por tu rw. Y sí porque ellos no son papás son papuchos...No me molestaría tener complejo de Edipo con ellos ¬¬
