CAPÍTULO III: IRA
En Saturno vivirán los hijos que nunca tuvimos.
En Plutón, se seguirán oyendo nuestros gritos de amor
Y en la luna, gritaran en a solas tu voz y mi voz…
Donde yo te pido perdón porque no pude hacerlo peor
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Era inexplicable como los días podían pasar tan rápido para ella. Bastaba con cerrar sus ojos y abrirlos de nuevo para sentir como si hubiese pasado una nueva época, un nuevo mundo. Cada vez que rebuscaba en su armario su ropa, encontraba vestuarios nuevos de maternidad que ella nunca recordó haber comprado en el pasado, ni siquiera haberlos visto.
Era extremadamente raro.
Sobre todo, el comportamiento de Vegeta con ella. No es que se comportará mal con ella o sea frío y adusto con ella, aunque su personalidad era orgullosa, fría y arrogante, no lo era tanto con ella. No, eso no había cambiado. Fue el hecho de ver cómo él intentaba en todo lo posible evitar que alguna otra persona se le acercara a ella. Estaba más protector y celoso que de costumbre.
Si bien ellos habían salido a pasear por las calles, comieron helados juntos, caminaban tomados de la mano, y hasta se subieron a columpios como adolescentes, Vegeta no permitía que nadie la tocara al menos que no fuera él.
No era que le disgustaba, de hecho, le encantaba este Vegeta, pero actuaba como si tan solo alguien se le acercara y pudiera matarla. Como si bastara algún movimiento mal hecho de ella para que fuera su condena.
Lo entendía perfectamente. Era normal que se ponga tan protector estando con ella en su etapa de embarazo, pero… quería distraerse un rato, salir a pasear con Goku, que de hecho le había tomado mucho cariño por su actitud tan relajada y divertida, pero también entendía que con lo rápido que avanzaba su embarazo, cosa que era extremadamente raro en ella porque en cuatro días se dio cuenta que ya tenía dos meses de embarazo, necesitaba cuidarse y cuando se trataba de cuidados, Vegeta era el experto con ella.
Bulma soltó un suspiro al escuchar cómo el timbre de su casa sonó. Era el doctor.
—¡Ni se te ocurra bajar, mujer! ¡Un mal movimiento y puedes causarte daño! ¡Espérame arriba!—escuchó la voz de Vegeta desde abajo.
Bulma volvió a soltar otro suspiro para luego mirar y tocar su panza.
Era muy grande, a pesar de tener tan solo…¿dos? ¿tres? Ya no podía deducir cuantos meses tenía.
Alzó sus ojos azules para mirarse en el espejo que estaba en la pared.
No había engordado. La contextura de su rostro seguía igual de antes de estar embarazada, hasta podía decir que estaba más bonita. Su cabello azulado resaltaba y brillaba como un excelente zafiro, su piel blanca y nívea se notaba tersa y bien nutrida, sus ojos azules, dos cielos resplandecientes resaltaban en todo su rostro.
En efecto. El embarazo le estaba sentando bien.
Lo único engordado que tenía eran los pechos, que parecían dos globos andantes por lo grande que estaban. Sí, aquellos pechos donde Vegeta se las pasó acariciando las veces que podía mientras la mimaba en la habitación siendo la luna llena la única testigo de sus cariños.
Lentamente, Bulma acomodó su vestido mientras se veía en el espejo. Tenía un vestido holgado de color rosado palo. Su cabello estaba suelto, ahora que se le veía más brillante y resplandeciente, quería hacerlo gozar de su vista.
—Mujer—escuchó una voz grave despertarla de sus pensamientos. Ella lo miró con sorpresa, Vegeta estaba apoyado en la pare del pasillo con su respectivo polo y vaquero—El doctor ya está esperando—retomó la palabra al ver cómo tenía su atención.
—Ah, sí, claro, Vegeta.
Él la miró con una ceja levantada al ver su distracción; sin embargo, decidió no tomarle importancia. Yendo hacia ella, la tomó del brazo y la ayudo a bajar de las escaleras.
No podía evitarla mirarla con ternura cuando estaba cerca de él. Ver aquel bulto en su abdomen y saber que ahí se encontraba un hijo suyo, le generaba una sensación inexplicable. Una desesperada protección con ella.
Sí, sabía que había estado actuando como un maldito celoso que no la dejaba ni ir al baño sola. Actuaba como un maldito protector. La razón: no quería perderla de nuevo. A ella y a aquel hijo que jamás pudo ver…
No de nuevo. Porque si lo hacía, no sabría qué pasaría con él esta vez. Moriría de locura y desataría una ira indomable.
Lentamente, la ayudó a sentarse en el sofá rojo que estaba al costado donde estaba sentado el doctor. Bulma se sentó con lentitud mientras sentía cómo Vegeta miraba con unos ojos recelosos y medios asesinos al doctor.
Esperaba que al menos pudiera confiar en él.
—Y bueno, dígame, señorita Briefs, cómo se sient-
—Ella se siente de maravilla, insecto. Solo quiero saber cuantos meses tiene mi esposa y si el crío que está adentro se encuentra bien—lo interrumpió Vegeta
El doctor se asustó al escuchar lo fría y prepotente que era su voz. Sus vellos se le erizaron mientras que su cola se apretó más a su cintura por el miedo que infundo en su ser. Bien sabía él, en su inconsciente, que no debía desobedecerlo, por más que gritaba a adentros por hacerlo.
—Sí, señor, como diga—respondió con temor mientras buscaba sus materiales con cierto temblor.
Bulma le dio una mirada de reproche a vegeta.
—Si vas a seguir asustándolo, lo único que vas a conseguir será ahuyentarlo, Vegeta—le recriminó en un susurro audible para él.
—Hmp—gruñó mientras agarraba su mano— Pues más vale que tenga cuidado con lo que hace, sino lo mataré—respondió lo suficientemente fuerte para que el médico escuchara.
Este tragó saliva.
—Muy bien, señorita Bulma—habló el médico mientras sostenía un estetoscopio y se acercaba a ella. Trataba de evitar no mirarla, aún sentía la penetrante mirada de Vegeta—Pondré esto sobre su barriga y cuando le diga que inhale y exhale, lo hará—ordenó.
—Está bien, doctor.
Ella no pudo evitar sentir cómo algo dentro de su abdomen se movía al sentir cómo el estetoscopio se posó en ella. El médico, que de hecho era otro saiyajin, posó con sumo cuidado el instrumento con delicadeza en cada parte de su panza.
Vegeta observó cada movimiento de su mano con recelo y desconfianza.
—Inhala—ordenó el doctor.
Ella inhaló.
—Exhala.
Ella exhaló. Pudo ver perfectamente cómo el doctor se quedaba en la misma posición por unos momentos mientras escuchaba algo por el instrumento. Bulma se intrigó por ello. Le dio una mirada a Vegeta para demostrarle su preocupación, sus ojos obsidianas chocaron con los de ella al ver aquello.
—¿Va todo bien doctor? —preguntó ella de repente.
—Vuelva a respirar, señorita—ordenó.
Aunque no había respondido a su pregunta, y la evadió con otro orden generando que su intriga creciera con más fuera, ella hizo lo que le ordenó. No supo cuantas veces tuvo que repetirlo, al parecer algo no coincidía con lo que el doctor parecía tener calculado. Ello la preocupó.
—¿Cuántos meses dijo que tenía? —preguntó de repente mientras movía el instrumento en su abdomen.
—Cuatro—se adelantó Vegeta por ella mientras apretaba con más fuera su mano para tranquilizarla. Podía sentir sus nervios y la preocupación en ella al pensar que algo malo podría haber ocurrido con su futuro hijo.
No.
Nada malo le iba a suceder a su hijo.
Él no lo permitiría. Se encargará de que nazca salvo y sano.
Como debió haber sido.
El doctor frunció el ceño ante la cantidad de meses. La impaciencia de Vegeta crecía con el paso de los segundos al ver cómo este no decía nada y seguía escuchando el sistema o latidos de su hijo. Aunque trataba de controlarse por la salud de Bulma, no estaba seguro si podría contenerlo por más tiempo.
Aunque si se trataba de Bulma, él era capaz de traer la luna por ella.
Decidió esperar unos segundos más. Otros segundos donde escuchó a Bulma inhalar y exhalar. Apretó los dientes al ver cómo el doctor no decía nada. Él mismo sentía la ansiedad incipiente en Bulma, se estaba preocupando, hostigando con cualquier pensamiento que podría pasarle a su hijo, y él también.
Bulma volvió respirar otros pares de veces.
Suficiente.
Su paciencia tenía un límite.
—¿Se puede saber, insecto inútil, qué está pasando?
El doctor rápidamente sacó el estetoscopio de sus orejas y de Bulma para luego mirar a los futuros padres.
—Es…es sorprendente—soltó con patente asombro para luego mirar a Bulma—Al parecer su embarazado es muy desarrollado, señorita Bulma. Usted tiene cinco meses y medio.
Bulma se sorprendió por completo, sobre todo, al ver cómo Vegeta volvió a su semblante de antes y lo tomaba con normalidad. Se había calmado.
—Y…¿Y es eso normal? —decidió preguntar ella. Vegeta la miró extraño a su pregunta. Bulma pudo sentir su mirada penetrante en ella—Digo…el embarazo tan solo se dio en unos días.
El doctor cerró su maletín negro mientras Vegeta lo miraba con profundidad, haciendo que, inexplicablemente, la actitud del doctor cambiase de una temerosa a una alegre. Como si nada hubiese pasado hace unos momentos.
Bulma frunció el ceño y lo miró con suspicacia ante su repentino cambio.
—Bueno, señorita Briefs—dijo mientras se paraba de su asiento y empezaba a explicar risueño—Usted sabe que cuando dos personas se quieren mucho, se dan mucho amor y hacen cuchi cuchi, el aparto rep-
—¡Ya sé exactamente cómo funciona, doctor! —dijo totalmente sonrojada—Solo que…todo fue muy rápido...de repente en cuestión de segundos yo…
—Es normal que esté asustada, es madre primeriza, ¿verdad?—ella asintió—Bueno, no tiene porqué asustarse. Yo me aseguraré que su bebé salga bien de salud. Aunque…—la miró con cierta diversión—si quiere tener intimidad con su esposo, puedo darles unos tips para que el placer sea como antes…ya sabe, la intimidad es algo que ha creado a su hijo.
—Sí, creo que ya entendimos perfectamente, doctor—dijo totalmente sonrojada mientras se paraba con ayuda de Vegeta.
—Entonces, tiene cinco meses y medio de embarazo, ¿verdad señorita Briefs?
Vegeta asintió.
Bulma negó, sin embargo, tuvo que volver asentir al ver cómo vegeta le recriminó con la mirada. Aún no podía comprender exactamente cómo era posible que ella tuviera cinco meses en tan solos cinco días. No había explicación lógica, y eso, la angustiaba y preocupaba, por una parte, le causaba misterio.
—Bueno—decidió continuar el médico—usted debe alimentarse correctamente bien. Ya sabe, no comer en exceso grasas, dulces…debe comer muchas frutas y si tiene antojos, su esposo solo debe cumplírselo. En tres meses es bebé saldrá a la luz.
—Hipotéticamente hablando…—intervino Bulma mientras se ponía un mechón detrás de su oreja—¿Cuánto debería comer si el bebé nacerá en tan solo cuestión de horas…? ¿En tres días?
Los ojos del doctor se abrieron de asombro
—¡¿Tres días?!
—Creo que sería mejor que dejes de hacer tales preguntas, mujer—dijo Vegeta mientras acompañaba al doctor a la puerta y lo invitaba a largarse—El insecto tienen otros asuntos que atender.
Bulma los siguió. Ella seguía teniendo cuestionamientos y no descansaría hasta resolverlos.
¿Tres días? ¡Por supuesto! Su bebé nacería en tres días. Prácticamente con el tiempo que ha pasado y el desarrollo precoz que tenía panza, bastaba un día para que su abdomen esté desarrollado como el de un mes. A este paso, ella cumpliría ocho meses en tres días.
O tal vez en menos…
—Hipotéticamente hablando, ¿De qué otros aspectos deberían preocuparme? —soltó al ver cómo el saiyajin ya iba saliendo por la puerta. Vegeta y este la miraron, el último sonrió risueño.
—Hipotéticamente hablando…, debería dejar los nervios a otro lado, señorita Briefs. Si es así, su bebé vendrá en cuestión de minutos—se rio.
Ella soltó una risita nerviosa.
—El doctor ya se tiene que ir, mujer.
—¡Yo lo acompaño! —se ofreció. Vegeta rápidamente le dirigió aquella mirada de "atrévete y conocerás mi furia"
—Mujer, sabes perfectamente que no estás para-
—Solo voy a salir centímetros de la puerta, ¿sí? —le hizo un puchero mostrando sus grandes ojos azules, aquellos que derretían el corazón de hielo de Vegeta—¿Por favor..?
Él soltó una maldición inaudible mientras suspiraba por su insistencia.
—Espera que el bebé no salga tan persistente como tú, mujer. De lo contrario, moriré con dos iguales. Suficiente tengo contigo.
—Lo sé…—sonrió mientras le daba un casto beso en los labios y acompañó al doctor hasta las fueras de la casa.
Vegeta soltó otro gruñido mientras apretó el puente de su nariz.
Bulma bajó por las escaleras mientras acompañaba al doctor hasta afuera.
—Fue una suerte que me llamaran a tiempo—dijo él—Al parecer ese bebé fue hecho con mucho amor porque sus padres inmediatamente acudieron a mí.
Bulma sonrió con ternura.
—Será una experiencia muy divertida para nosotros cuidarlo.
—Me lo imagino…mientras ustedes disfrutan de su cuidado, mi compañera y yo nos iremos de vacaciones. Aunque no podremos irnos tan lejos—dijo de repente mientras su tono de voz cambiaba a una de miedo, como si alguien pudiera escucharlo—no se puede salir de la ciudad.
Bulma entrecerró los ojos.
—¿Y eso porqué…?
—Supongo que nos divertiremos mucho buscando las bermudas—soltó una risa omitiendo su respuesta. Bulma solo lo miró con suspicacia.
—Bueno doctor…—dijo en un susurro mientras se acercaba a él—me gustaría que todo este se mantenga en secreto, ¿sabe? Todo esto ha pasado tan rápido que aún no podemos asimilarlo…solo entre nosotros tres, ¿sí?
—¡Ah! ¡Comprendo! Mi boca es un tumba—respondió mientras asimilaba cerrar con una llave sus labios—Bueno, señorita Bulma, ha sido un placer atenderla, ¡nos vemos!—se despidió.
—¡Adios! —alzó la mano mientras lo veía entrar al carro e irse.
Ella soltó un suspiro, de pronto se sentía más pesada y cansada de lo normal. Volteando con dirección a casa, pudo notar cómo había una vecina que estaba plantas. Era Lupreta. El sonido de la tijera resonaba en el silencio de las afueras.
No obstante, no fue eso lo que le generó cierta confusión. Fue el hecho de ver cómo sus manos seguían cortando la tijera como si fuera un robot repitiendo el movimiento reiteradas veces…No se daba cuenta que no había ninguna planta qué cortar.
Miró con suspicacia aquel acto.
—¡Oye Lupetra! —la llamó. Ella alzó su rostro—¿No crees que las otras plantas están en el otro lado?
—No…yo creo que no—sonrió sin emoción.
Ver las facciones de Lupetra, su sonrisa media seria, sus ojos perdidos y sus movimientos sin sentidos, generó cierto temor en ella. Parecía como si solo fuera un títere y estuviera siendo controlada…
Decidió entrar a casa. Cerró la puerta mientras aún seguía pensando lo de hace unos momentos.
—Oye, vegeta, no crees que es un poco…¡Oh por kami! —soltó un grito al ver su panza.
—¡¿Qué?! ¡¿Qué pasó, Bulma?!—preguntó Vegeta totalmente preocupado al ver su rostro—¿mujer?
—Me creció la panza…—susurró mientras se la tocaba.
—¿De verdad? —se acercó a ella para después posar una mano sobre su barriga—Mejor, ¿no crees? Así te ahorrarás todo el tiempo los que malestares podría generar en ti.
—Ajá…lo dices como si tú pudieras controlarlo.
Vegeta solo sonrió.
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Rápidamente, la cuna fue organizada por sábanas, almohadas y juguetes. Vegeta se encargó de remojar las brochas con pinturas, con su poder telequinético mediante sus manos, y pintar los poderes mientras dejaba que Bulma reposara un rato. Él se encargaría de hacer la habitación para su hijo. Sabía perfectamente cuales eran los gustos de Bulma, qué color le hubiera gustado para su hijo, la decoración, los dibujos…
Él lo sabía…
Recordaba cada palabra, la emoción, el cómo brillaban sus ojos cuando se lo mencionó.
Esta vez, él iba a cumplir sus caprichos de la mejor manera posible.
Con sus manos abrió la caja mientras hacía volar los colgantes de juguetes estúpidos para el crío.
—Anidación. Es el abrumador deseo durante el embarazo de limpiar, ordenar, organizar y preparar el lugar para el nuevo bebé—empezó a leer Bulma.
—Deja de leer ese inútil libro, mujer. No entiendo para qué lo haces.
—Es para ser precavida, Vegeta. Si pasa cualquier malestar o síntoma, ya podré saber a qué se debe o algo por el estilo.
—Ten por seguro que no pasará nada que pueda generar malestar en ti. De eso no te preocupes—continuó pintando la pared de azul. La luz natural del sol que entraba por las ventanas del cuarto, iluminaba la pared y le hacía ver con más claridad el color de la pintura.
Ella bajó su libro posándolo en sus piernas.
—Parece que el que estuviera teniendo el embarazo eres tú, Vegeta, no yo—soltó con una ironía burlona.
—Hmp. Solo estoy ordenando el cuarto, mujer. Si lo arreglas tú, puedes hacerte algún daño por lo débil que eres.
—Soy mucho más fuerte de lo que aparento, y tú lo sabes bien…—sonrió con picardía.
Vegeta volteó hacia ella con una sonrisa ladina y aquella mirada con brillo de deseo que Bulma conocía a la perfección. La peliazul lentamente se paro de su silla mientras caminaba con sensualidad hacia él. Vegeta solo se la quedó mirando.
Aquel vestido rosado se apegaba un poco a su cuerpo. Aquel cuerpo voluptuoso que se veía más apetitivo con el embarazo. Sus ojos color obsidianas brillaron al ver cómo sus piernas y caderas se contorneaban al compás de sus pasos. Pudo ver cómo los pechos grande de Bulma rebotaron con cada paso que daba.
Su respiración se aceleró al ver sus ojos y reconocer aquella mirada pícara en ella.
Su corazón palpitó con fuerza al ver cómo ella sonreía ladinamente y se mordía un dedo.
Y su cordura estaba empezando a perderse al sentir cómo ella posó una de sus manos en su miembro ya erecto y sobresaliente sobre su pantalón.
Los vellos se le erizaron.
Su cola se apretó contra su cintura.
Sus ojos se dilataron.
—Bulma….
—Shhh—ella puso un dedo en sus labios. Sí. Aquel dedo con el que se había mordido hace unos segundos. Lentamente él se lo chupó mientras en ningún momento, apartó la mirada sobre ella—Me hubiera encantado escuchar los consejos del doctor…, pero me gustaría crear los míos—susurró mientras rosó sus labios contra su rostro.
—Bulma…para—susurro en un gruñido mientras sentía cómo la mano de Bulma seguía apretando su miembro.
Estaba más duro que una maldita piedra.
—Se me ha dado el antojo…de darte placer…
—Mujer…—la miró perdido en el deseo.
—¿Me permitirías…?—volvió a susurrar con sensualidad mientras bajaba el cierre y apoyaba su cabeza en su cuello—¿Vegeta…?—volvió a mirarlo directo a los ojos.
Era increíble cómo ella había tenido tal repentino cambio de emoción. Estaba sintiendo deseo, lascivia…quería darle placer a su hombre como él le había dado hace tan solo unos días atrás. Agradecerle por sus mimos y caricias, satisfacerlos de la mejor forma posible,
Hacerlo perder la cordura por ella…
Lentamente bajó hasta quedar de rodillas ante él, alzó su mirada mientras lo miraba tenta a su respuesta.
Sonrió con sensualidad.
—No te quiero dañar, Bulma—soltó con la respiración entrecortada. Ver la posición donde estaba Bulma, sus ojos hacia arriba mirándolo con atención, y siendo testigo de lo grande que se veía sus pechos desde aquel ángulo, era delirante…
Bulma desabrochó su pantalón mientras bajaba su bóxer y tocaba su miembro.
Vegeta soltó un salvaje gruñido.
—No lo harás…—mantuvo su mirada con la de él—tú no lo harías…—susurró.
Posando su vista al miembro erecto de Vegeta, Bulma empezó a tocarlo con delicadeza y sutileza. Acercó su rostro mientras soltaba pequeñas respiraciones que hacían temblar a Vegeta.
Lo hacían perder el conocimiento…
No hubo necesidad de beso para él, no hubo acto que se hubiera anticipado a este momento. Bastaba con verla a ella, con oír su voz para que cada parte de él reconociera que su dueño no era él, sino ella.
Aquella que ahora mismo estaba domando su masculinidad a su antojo.
Aquella que ahora mismo y, en cuestión de segundos, lamería su miembro sin pudor.
Así era Bulma, impredecible.
De repente soltó un gruñido al sentir cómo su lengua empezaba a lamer poco a poco su miembro.
—Bulma…—susurró.
Ella continuó con su trabajo.
Su lengua pasaba desde el origen de su falo hasta la punta de su miembro, dando ciertos círculos en su punta.
Sus manos, lo sostenían mientras lo masturbaba con lentitud.
Su lengua, pasaba de arriba abajo por todo su miembro.
Su boca, se preparaba para chuparlo.
Y en cuestión de segundos, Bulma lo metió todo de un porrazo. Lo succionó. Lo sacó de su cavidad reiteradas veces mientras lo volvía a meter y volvía a empezar con su jugo sin pudor.
Movía su cabeza de adelante atrás, un vaivén adictivo y enloquecedor para el saiyajins al que estaba mimando.
Vegeta echó su cabeza para atrás mientras apretaba las manos con fuerza. Sentía perfectamente cómo su cola se había soltado y se movía con desesperación.
Quería agarrarla, moverla con brusquedad, ponerla sumisa ante él, dominarla…pero no podía. No en el estado donde estaba Bulma. Sabía perfectamente que algún movimiento mal hecho, ya sea brusco o fuerte, podía dañarla. Y por más que sentía inmensas ganas de agarrar su cabeza y moverla a su antojo, enredar su cabello azulado entre sus manos, no podía…
Sus venas resaltaron ante los apretones que sus manos se daban así mismas.
—Ah…ah…bulma…—gimió con rudeza mientras cerraba los ojos de golpe.
Apretó con más fuerzas sus manos. La tentación y placer era un deleite que no estaba seguro que podría aguantar por más tiempo.
Apretó sus dientes.
—¡Bulma!
Ella soltó rápidamente su miembro mientras agarraba su panza y soltaba un gemido mezclado de dolor y sorpresa.
Vegeta rápidamente se olvidó del placer y se abrochó el pantalón.
—¡Bulma! —se agachó hacia ella con patente preocupación—¿qué pasa? ¿Bulma? ¡Mujer! ¿Estás bien? —preguntó con desesperación.
Bulma no contestó, solo continuó agarrando su panza mientras tenía la respiración agitada.
—¡Bulma! —Vegeta volvió a llamar su nombre con desespero. Fijó sus ojos en su panza mientras la acunaba en sus brazos para dale calor y poder calmarla.
Cerró los ojos con molestia a sí mismo. Sabía perfectamente que Bulma no era un saiyajin, que ella no era fuerte como él, ni mucho menos en el estado en el que estaba. Tenía que cuidarla, protegerla, y otra vez había fallado.
La había vuelto a lastimar.
Y otra vez, era él el quien lo hacía.
No supo cuantos segundos pasaron acurrucados en el suelo.
Perdió el tiempo.
Él solamente se centró en sobar con sus manos la barriga de su mujer para demostrarle su afecto y arrepentimiento. Ella delante de él, acurrucada entre sus brazos.
—¿Bulma…?—decidió preguntar al ver cómo su respiración era regulada y exhalaba por la boca—¿Mujer estás-
—Tranquilo—lo interrumpió—, solo fue una pequeña contracción—lo calmó mientras sonreía volteaba hacia él—Estaba dando pataditas.
El corazón de Vegeta se paró ante la confesión.
—¿Pataditas?
Bulma asintió. Agarró las manos de Vegeta nuevamente y las posó en su vientre.
—¿Lo sientes? —preguntó con emoción. Sus ojos miraban fijamente a Vegeta sin querer perderse en ningún momento de su reacción.
Él solo sintió cómo su cuerpo se endureció.
Se le hacía difícil de respirar. Su corazón latía con fuerza. Y su pecho, se hinchaba de emoción.
Bulma sonrió.
—Debemos pensar en el nombre—soltó—¿Qué te parece-
—Trunks—la interrumpió—Si el mocoso va a tener nombre entonces que sea uno diferente a los saiyajins.
—¿Y si es mujer?
—¿Otra mocosa? Suficiente tengo contigo mujer.
—Yo no hice este trabajo sola—sonrió ella—Es más, podemos llamar a Goku para que se ocupe de los niños si mucho caos comente.
Rápidamente, el semblante de Vegeta cambió a uno serio.
—Ese idiota…No es necesario llamar a un inepto como ese insecto. Yo puedo solo, mujer.
Bulma alzó una ceja.
—¿Así?
—Soy un príncipe. Nada puede contra mí.
Bulma sonrió con malicia.
—Ya veremos…
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Vegeta miraba al mocoso de juguete que estaba posado en la mesa.
Había un pañal a su costado junto con otras mantas, biberones y todas esas estupideces con la que se tenía que cuidar a un crío.
—¿Estás listo, Vegeta?— preguntó Bulma desde la ventana de la cocina.
—¿Es necesario que hago esto, mujer? Es una estupidez.
Bulma soltó una risa.
—Tú mismo dijiste que podías con todo. Un bebé no será fácil, y estoy segura que un muñeco no es difícil.
—Es un insecto de plástico, mujer, no se asemeja nada a un mocoso de verdad—dijo mientras la miraba. Estaba frente a él con una sonrisa de perlas adornando su rostro. Entre sus manos estaba un reloj que medía el tiempo para poner el cronómetro.
—Entonces, recurriré a la ayuda de Goku cuando tenga a mi bebé. Después de todo es mi asistente…—soltó con malicia. Sabía perfectamente que mencionarlo le daba celos a Vegeta.
—¡Ni se te ocurra, mujer! ¡Ese insecto pisa MI casa y lo convierto polvo!
—Entonces, ponle el pañal a la muñeca. Ahora.
Y sin esperar más, Bulma apretó el cronómetro para tomar el tiempo.
Rápidamente, y sin perder ningún segundo, Vegeta lo logró en tiempo récord.
En cinco segundos el muñeco ya tenía el pañal puesto con su ropa tapando su cuerpo de plástico.
Bulma paró el reloj.
—Vaya…sí que lo hiciste rápido, Vegeta—sonrió con satisfacción.
Él cruzó los brazos.
—Hmp. Solo es un insecto de juguete.
—¡Ay! —Bulma soltó un gemido mientras se tocaba su viente.
—¿Bulma? —Vegeta se paró de inmediato de su silla mientras sentía cómo su cuerpo se endurecía. Los nervios otra vez lo invadieron.
—¡Ah! —empezó a gritar fuerte.
Aquel gritó asustaron a Vegeta totalmente. Tanto…, que las luces empezaron a parpadear generando que las cosas de la corporación se moviesen en el aire.
—¡Bulma, tranquila! —dijo mientras intentaba calmarla y caminaba hacia ella. Los movimientos no cesaban y el parpadeo de luces tampoco—¡Tranquila, mujer, todo va a estar-
—¡Contracciones! —gritó ella mientras se agarraba el vientre—¡Son contracciones!
Vegeta caminaba hacia ella mientras sentía cómo su respiración se aceleraba y su cuerpo generaba ciertos movimientos eléctricos dentro de él. Aquellas consecuencias, eran la catástrofe que estaba ocasionando en su casa.
—Bulma…
—¡¿Porqué se mueven todas las cosas de la casa?!—preguntó mientras estudiaba la sala con la respiración entrecortada y asustada—¡¿Por qué las luces se prenden y apagan?!
—Bulma, tranquila.
—¡¿Lo estás haciendo tú?! —lo miró—¡¿Te estoy asustando?!
—No es tu culpa, mujer.—dijo mientras la agarraba y acurrucaba entre sus brazos—Mis poderes son difíciles de controlar si se tratan de ti.
Bulma soltó otro grito.
Otro grito que asustó a Vegeta.
Otro grito que avisaba que quedaban pocas horas que dé a luz.
Otro grito que hizo que toda la luz de la ciudad se fuera.
Bulma se calmó, sorprendida por el acontecimiento de hace unos segundos.
—¿Vegeta..? —dijo en un susurro mientras sentía cómo sus brazos tocaban su cintura—Ya no estás asustado, ¿o sí?
—Yo nunca me asusto, mujer.
—Mis contracciones ya pararon…
—Eso es evidente, por algo la luz se fue—confesó mientras se separaba de ella.
Bulma lo miró con cierta preocupación. Todas las cosas habían vuelto a su lugar. Aunque la sala estaba un poco desordenada ya no se movía nada. Solamente el foco estaba roto debido a que la luz se había ido.
—¿Tú crees que los vecinos tengan luz?
—Eso no es de nuestra importancia.
—Ellos también tienen responsabilidades.
—Bulma…—intentó desuadirla.
—Necesito ver que no hayan sido afectados—lo interrumpió mientras se ponía a caminar hacia la puerta.
—Necesitas tomar reposo.
—Ya me siento bien.
—No digas tonterías, mujer.
Bulma caminó hasta él para calmarlo un poco.
—Solo saldré a la puerta, caminar hará que evite las contracciones, ¿sí? —dijo mientras agarraba sus manos y les daba un sutil beso. Vegeta apretó los dientes mientras miraba a otro lado para evitar su sonrojo—No tardaré mucho.
Vegeta soltó un suspiro.
—Eres una maldita mujer terca—soltó para sí misma mientras se sentaba en un sillón y miraba minuciosamente cada movimiento de Bulma.
No iba a negar que se había asustado.
Sí. Él. El príncipe se había asustado.
Las contracciones habían sido causadas por él por no poder controlar sus emociones. Al igual como su subconsciente había hecho que Bulma salga embarazada.
Él no se había dado cuenta de ello. Seguiría pensando que fue pura casualidad si no fuera por las contracciones y la difícil manera de poder controlarse. Se odió a sí misma por no poder manejar sus poderes con Bulma en estado de germinación, pero no podía.
Le era más difícil controlar poderes descubiertos después del acontecimiento que vivió hace poco.
Soltó un suspiro.
Nadie iba a quitarle a Bulma. Ni nadie le quitaría a su hijo.
Él no lo permitiría. Lo mataría si tenía que hacerlo.
Nadie se metería a su hogar. Nadie le quitaría lo que le es suyo.
Nadie.
—Tenía razón—Bulma lo interrumpió de sus pensamientos. Vegeta fijó su mirada en ella mientras la veía cerrar la puerta y caminar hacia él—Se fue en toda la cuadra.
—Te lo dije.
—¿Notarán que fue tu culpa, Vegeta? Por poco y descubren tu secreto—los ojos de Vegeta rápidamente miraron a Bulma con susto.
—¿Qué secreto?—preguntó con apuro.
—El de tus poderes…—respondió ella. Vegeta sintió cómo todo su cuero se tambaleaba por dentro—eres el único saiyajin que tenía poderes, Vegeta.
Aquella oración, lo calmó.
Soltó un suspiro.
—Aquellos insectos no se comparan conmigo. Solo son unos tontos inútiles que actúan como insectos.
—Por eso mismo, ¿no crees? —susurró ella mientras se sentaba junto con él.
Vegeta la miró atento y con cierta aflicción.
—¿A qué te refieres?
Bulma lo miró por unos segundos, las dudas que surgían en ella la estaban carcomiendo poco a poco. Ya la estaban empezando a inquietar, y eso, en su estado de embarazo, no le estaba haciendo para nada bien.
No obstante, por alguna razón, hablar de ello le generó cierto temor.
Tragó saliva.
—Hay…algunas cosas que no cuadran, ¿sabes?—Vegeta mantuvo su mirada en ella mientras sentía cómo su respiración se le aceleraba— La cena con Toppeto y Selypar…lo que vi en el jardín con Lupetra…hay…algo que…que es raro, Vegeta.
Las manos de Vegeta empezaron a sudar.
Su respiración se empezó a agitar.
Sus latidos se daban con vehemencia.
Y sus oídos, simplemente no querían escuchar lo que saldría de los labios de Bulma.
—Bul-
—Hay algo que no está bien aquí, Vegeta—soltó mientras lo miraba directamente a los ojos.
Vegeta apretó los dientes mientras su mente decía una cosa:
Que no se entere. Que no se entere. Que no se entere. Ella no tiene que saber lo que hiciste para llegar a aquí. Ella no debe saber nada
Bulma estaba empezando a sospechar.
Y eso, él no lo permitiría jamás.
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—Por eso mismo, ¿no crees? —susurró ella mientras se sentaba junto con él.
Vegeta la miró atento.
—¿A qué te refieres? —preguntó él.
—A que mientras no sepan tu secreto, mejor viviremos. Será mejor para nuestro hijo—sonrió.
Vegeta le devolvió la sonrisa.
—Vamos al cuarto del futuro mocoso, mujer. Tienes que descansar, el mocoso nacerá el viernes por la tarde—dijo mientras agarraba su mano y la ayudaba a pararse—Espero que no sean tan insoportables como tú.
—Y yo espero que no sean tan cara de pepino agrio como tú—se burló. Estuvo a punto de decir algo, pero se tuvo que ver obligada a parar cuando sintió cómo agua caía al suelo.
Mojando su ropa.
Sonando como globo explotado.
Generando que, por más increíble que pareciera, empezaran a caer gotas de lluvia en su casa mojando a ella y a Vegeta.
Ambos se quedaron parados como estatuas ante la situación.
—¿Vegeta…?
—¿Bulma…?
—Creo que el bebé nacerá pronto.
—Lo sé…El mocoso es un impaciente y quiere quitarme de tu lado.
Vegeta volteó para hacia Bulma. Estaba todo mojada. Con el cabello azulado mojado, con aquel vestido rosado de maternidad mojado, y con las piernas abiertas por haber roto la fuente como solían decirlo los terrícolas.
Bulma miró a Vegeta. Su cuerpo estaba temblando un poco al saber que su bebé nacerá pronto. Miró al padre de su hijo, aquel que la estaba tomando de las manos, Vegeta estaba frente a ella siendo su cabello en forma de flama arrasado hacia atrás por las gotas que caían en la sala.
—¿La lluvia también fue causada por ti?
—Le daré un adoctrinamiento al mocoso por atreverse a burlarse de mí sin ni siquiera haber nacido.
—Creo que deberías llamar al doctor.
—Mientras más rápido saque a ese mocoso de ti, más rápido le enseñaré las reglas.
—El doctor dijo que se iría de viaje…¿crees que podrías alcanzarlo?
—No pienso dejarte en este estado mujer.
Bulma alzó la mirada hacia el techo mientras sentía cómo la lluvia empapaba su rostro.
—Al menos haz que pare la lluvia y sécame para no tener un resfriado, ¿sí?
Vegeta asintió. Cerrando los ojos, y pidiendo con todas sus fuerzas a sus poderes para parar la lluvia, generó que las gotas de agua ya no cayeran, sino un fuerte, pero moderado aire corriera en toda la sala y los secara a ambos del estado en donde estaban.
En cuestión de segundos, Bulma y Vegeta estaban totalmente secados como si no hubiera pasado nada.
—Bulma…
—Estaré bien. No te preocupes por mí—lo interrumpió. Vegeta la vio con cierta duda—Solo ve rápido al doctor, mientras más de demores, peor será para mí.
Vegeta soltó un suspiro con fuerza.
—Volveré rápido, mujer. No hagas ninguna tontería.
Ella asintió. Sintió cómo Vegeta soltó con cierta duda sus manos, y caminó hacia a la puerta de la casa. Volteó para verla otra vez y cerciorarse de su salud.
Bulma le dio una sonrisa.
—Si te demoras mucho, le pondré de nombre "Goku" al bebé.
Vegeta frunció el ceño.
—Ni se te ocurra. Primero muerto a que mi bebé se llama con aquel nombre tan estúpido, hmp — dijo mientras cerraba la puerta.
Bulma volvió a soltar otro suspiro mientras se tocaba su vientre y empezaba a inhalar y exhalar. Tal como lo decía el libro de maternidad que estaba leyendo.
—Jo.., Jo…, je…, jo…—soltaba para evitar el dolor de las contracciones. Estaba por continuar, cuando escuchó el sonido de alguna ave salir del cuarto del bebé.
Los ojos de Bulma se abrieron por completo.
¿Un invasor? ¿Una ave? ¿Vegeta disfrazado de ave?
¿Qué era?
La curiosidad empezó a intrigarla. Estaba empezando a arrepentirse de haber mandado a Vegeta a buscar al doctor.
Caminando lentamente hacia el cuarto del bebé, cuya puerta estaba abierta y podía ver el interior de la habitación, entrecerró los ojos parar ver qué podía ver adentro.
Lo hubiera visto, sino fuera porque el timbre de la casa hubiera sonado.
Bulma dio un saltito del susto.
—Ay no. Ay no. Ay no. Ay no—se decía a sí misma mientras miraba a todos lados. Justo cuando Vegeta la dejaba, alguien tocaba el timbre de su casa. Ella no podía salir y abrir la puerta mostrando la enorme panza de casi siete-ocho mese que llevaba. Nadie sabía de su embarazo. Es más, hace uno días la habían visto todo delgada y con la ropa pegada—Maldición.
Buscando con apuro algo con qué taparse su vientre, agarró un saco gigante de color rojo y se lo puso en el cuerpo antes de abrir la puerta.
—¡Ya voy! —gritó mientras la abría—¡Goku! ¿Qué tal? ¿Qué haces aquí? —dijo con la respiración entrecortada.
—¡Hola, Bulma! —la saludó con aquella típica sonrisa amical—Perdón por la interrupción, pero eres la única persona que conozco que me puede ayudar. Estaba mirando mi programa favorito, cuando de repente se fue la luz y empezó a llover a montones.
Bulma abrió los ojos con sorpresa ante su confesión.
Vaya. Al parecer no solo había llovido en su casa, sino en la de los demás.
—Me preguntaba si tenías algún balde para que me des…—continuó mientras se rascaba la parte trasera de su cabeza.
—Oh sí, claro. Por supuesto—le dio espacio a Goku para que entrará. Sus manos en ningún momento se separaron de lo botones de su abrigo. No podía permitirse que veía su estado. Aunque siendo Goku, era muy poco probable que se dé cuenta de la situación—Vamos entra, entra.
Goku entró con una sonrisa mientras caminaba como si estuviera bailando.
—Haciendo caso a doña Bulma.
—No soy una doña.
—Entonces, haciendo caso a azul—Bulma volteó su rostro hacia él con signo de no entender—Por el color de tu cabello—soltó otra risa.
Bulma solo rodó los ojos con una sonrisa.
—Espérame aquí, Goku—dijo mientras caminaba evitando que le viera su vientre—Ahorita traeré el balde.
—Oki doki—dijo mientra la miraba y estudiaba la casa—¿Siempre soy yo el que tiene mala suerte? Al parecer he sido el único que ha tenido casa mojada y sin luz.
—¡Créeme que no lo eres! —contestó Bulma desde el interior de la cocina.
Buscaba con desespero el balde para que Goku se vaya de una vez. No era que no le cayera mal, de hecho, le caía de lo mejor; pero no era el momento oportuno para tener un encuentro con él.
Sus ojos divagaban por todos lados.
La mesa.
La silla.
La pared.
Los estantes.
En los cajones.
¡En todo!
No podía encontrar el balde.
—¡¿Todo bien, Bulma?! —preguntó Goku desde afuera— ¡Si gustas puedo ayudarte!
—¡No! —se apresuró al sentir y escuchar sus pasos—¡Digo, no gracias! ¡Todo está en orden, te lo asegur-¡ ¡Ah!—soltó un grito al sentir una contracción mucho más fuerte que la anterior.
Volvió a hacer el proceso de respiración.
Inhala. Exhala.
Inhala. Exhala.
—¡¿Bulma?! —preguntó Goku desde afuera—¿No está Vegeta o sí? Tengo miedo de recibir una paliza si me encuentra a solas contigo… La otra vez quería ir al baño y me aguante porque Vegeta estaba asesinándome con la mirada.
—¡No te preocupes! —soltó mientras buscaba el balde—¡No está en estos momentos! —sintiendo cómo el abrigo la fastidiaba, se lo sacó para evitar el sudor.
—¡Qué bien! ¡Entonces déjame ayudarte! —respondió mientras cruzaba por el umbral de la puerta.
—¡No! ¡Espera!—rápidamente, agarró una canasta llena de frutas y tapó su barriga.
Goku volteó hacia ella mostrándole el balde con una sonrisa.
—Ves, no era tan difí…cil—su semblante cambió de inmediato al ver lo que tenía ella—No puedo creerlo.
El cuerpo de Bulma se heló.
—¿Qué cosa?
—¡Comida! ¡Frutas! —contestó con una sonrisa mientras se acercaba hacia ella—¡No sabes cuanta hambre tengo! Comida. Comida. Comida. ¡Me encanta la comida! —dijo mientras cogía una manzana y salía por la puerta y movía su cabecita de lado a lado.
Bulma soltó un suspiro mientras lo seguía por detrás.
—Espero puedas solucionar el problema con el agua, Goku.
—Oh, verdad, ¡se me olvido contarte algo! —volteó hacia ella nuevamente—No suelo quedarme tranquilo si no cuento lo que quiero decir. Y como eres la única que conozco, espero puedas tener tiempo.
—Oh, sí, por supuesto—sonrió mientras caminaba detrás de él y veía cómo se sentaba en el sillón grande comiendo su manzana.
—No sé si te conté que yo tengo un hermano mayor que trabaja para el ejército…
Bulma no escuchaba nada de lo que dijo a partir de la palabra ejército. Sus ojos se abrieron totalmente al ver cómo una cigüeña salía del cuarto del bebé y caminaba por el sofá de Goku.
—Y verás…—Goku se quedó mirando cómo Bulma mantenía la boca abierta hacia una sola dirección—¡Ay no! ¿Es Vegeta? Si es Vegeta entonces soy hombre muerto, creo que es mejor que me vaya.
—¡No, no, no, no! —lo paró. Lo menos quería ahora era que Goku viera a esa cigüeña que de la nada apareció en su casa—Continúa. Sigue contándome lo que ibas a decir—lo incitó mientras se sentaba en el sillón.
—¡Ay, que emoción! Que bueno que ya no somos asistente-jefa. Siempre quise tener una amiga a quién contarle cosas—chilló.
—Podemos ser mejores amigos si gustas—soltó mientras vigilaba a la cigüeña.
Goku la miró con cierto brillo en los ojos ante esa simple, pero melancólica oración.
—Sería un honor—susurró—Bueno, como te decía—cambió de semblante—yo tenía un hermano mayor que trabajaba para el ejército. Bueno, trabaja.
—Okey…
—Tenemos cinco años de diferencia—continuó—Desde pequeño me dijeron que tenía que dejar de llorar por todo y ser un hombre para entrar al ejército.
—¿Y el ejército es feo?
—¿No conoces el ejército? —preguntó mientras la miraba. Bulma solo le dio una risa nerviosa mientras lo negaba. Sus ojos no se apartaban de la cigüeña al ver cómo caminaba alrededor de sofá de Goku con dirección hacia él—Bueno, el ejército son tropas de soldados que se encargan de proteger al gobierno y a la sociedad. En mi caso yo solía trabajar para un rey.
—¿Un rey?
—¡Sí! Un rey demasiado gruñón como tu esposo. Pero bueno. Mi hermano trabajaba para el ejercito y yo era el siguiente. A los trece años dejé de llorar porque si me atrevía a llorar me iban a tirar a la basura, sin ropa.
—Imagino el miedo que tuviste que tener.
—Sí… fue idea de mi hermano.
—Vaya hermano—contestó ella. Sus ojos se abrieron más de lo normal al ver cómo la cigüeña estaba tan solo a centímetros de Goku.
—Ni que lo digas. La otra vez le pregunté si podía acompañarlo a ver una película y él me dijo que no porque no era de mi edad. Y que me iba a convertir en piedra y morir por eso—mordió la manzana—Luego, cuando tenía doce, ambos me invitaron a ver una película, según ellos era para comprobar si era hombre. Entonces, vimos la película juntos y sentía cómo una parte de mi entrepierna se endurecía.
—Duro como piedra…—dijo mientras trataba de espantar con la mirada a la cigüeña que jugaba con el pantalón de Goku.
—¡Exacto! Yo me asusté tanto, me puse a llorar como nunca porque mi hermano me había dicho que si me convertía en piedra era mi fin y moría.
—No creo que llegues a morir por eso…
—¡Pero yo sí! Mi susto era tanto que fui donde mi mamá, me bajé los pantalones y le dije "¡Mamá, me estoy convirtiendo en piedra!" Lo peor de todo fue, saber que mi mamá no estaba sola.
—¡No puedo creerlo! —soltó Bulma en un suspiro. La cigüeña había desaparecido—No pudo haber si real…
—¡Eso fue lo que me dijo mi mamá! —exclamó con una sonrisa—Aquella anécdota pasó como algo indispensable para mi hermano. Siempre se lo contaba a todas las chicas para minimizarme.
Bulma lo miró con cierta pena y ternura.
—Owww, Goku…que vergonzoso.
—Nah, no me causa pena—le restó importancia con la mano—De hecho, me rio de mí mismo cuando lo cuentan.
Bulma rió con él. Soltó una carcajada tan fuerte que al principio pudo sonar como algo divertido, pero al final, sonó adolorido.
—Ah…—ella cerró los ojos—me duele…
Goku la miró extrañado.
—¿Te duele…?
—¡El bebé! —soltó la canasta de frutas dejando libre su viente —¡Ya viene!
—¡¿Un bebé?! —Goku preguntó desconcertado—¡¿Bulma, estás embarazada?!
—¡No! ¡Me comí un huevo gigante!
—Ah, bueno, si es eso, solo debes ir al baño y-
—¡Por supuesto que estoy embarazada! —gritó mientras se retorcía de dolor.
Goku se asustó al ver cómo la cara de dolor y sufrimiento de la peliazul.
—¡Ay no! ¡Ay no! ¡Ay no! ¡Yo ni siquiera sé por donde salen los bebés!
—¡Pues por dónde más! ¡Por la ah! —soltó un grito mientras se retorcía de dolor—¡Debemos de esperar a Vegeta, el dijo que iba a venir con el bebé!
—¡No! —contestó Goku, ahora con el semblante serio—Si no das a luz ahora, puedes perder al bebé. No queremos eso—se acercó a ella mientras ponía una manta en el suelo—Siéntate en la manta, Bulma. ¡Ahora!
Ella obedeció mientras con cuidado se echaba en el suelo.
—Sabes lo que se debe hacer en estos momentos, ¿no, Goku? —preguntó con la respiración entrecortada. El sudor bajaba por toda su frente.
Goku tragó saliva.
—No—confesó—Pero siempre hay una primera vez…
—¡Pues más te vale que lo hagas bien! ¡Ah! —soltó otro grito.
—¡Ay, Bulma, me pones nervioso! ¿Podrías bajarles un poquito a tus gritos? —ella alzó su rostro fulminándolo con la mirada—No-no-no dije nada…
—¡Eres un novato en esto! —soltó mientras volvía a echar su cabeza en el suelo—Solo obedece a lo que digo, ¿sí?
—Está bien—soltó nervioso.
—Ábreme las piernas, quítame las bragas y dime que ves.
Goku la miró totalmente sonrojado.
—Emm…¿segur-
—¡Ahora!
—¡Está bien! —obedeció mientras separaba sus piernas y con un poco de vergüenza bajaba sus bragas. Su rostro se puso azul al ver lo que pasaba entre sus entrepiernas.
—¡No pongas esa cara, Goku! ¡¿Cuántos años tienes?! ¿Catorce? ¿Trece? ¡Eres lo suficiente mayor para saber cómo salen los bebés! —gritó mientras apretaba los dientes.
Goku soltó un suspiro. Bulma tenía razón. Tenía que dejar su inmadurez atrás y ponerse serio. Un bebé estaba saliendo de Bulma y si no se ponía serio en estos momentos, los afectados serían ella, Vegeta y su bebé.
Él soltó otro suspiro.
—Está bien…—soltó mientras volvía a mirar la entrepierna de Bulma. Podía escuchar los quejido y gemidos de ella. Alzó su mirada para verla—Bulma…necesito que te calmes y pujes, ¿está bien? —ella asintió—Bien… a la cuenta de tres…dos..
—¡Ahhh! —ella pujó dejando salir un grito.
—¡Puja, otra vez!
Ella obedeció. No supo por cuantos momentos estuvo pujando hasta que sintió cómo algo salía de ella y una parte de sus ser cambió repentinamente al escuchar sollozos de un bebé.
Su corazón se paralizó.
Su respiración se cortó.
Y pequeñas lágrimas salieron de sus ojos azules.
Goku sacó su sacó y lo puso cómo manta alrededor del bebé. Una sonrisa salió de él al ver el mechón del bebé.
Sus ojos negros se fijaron en los de Bulma.
—Bulma…felicidades—sonrió mientras le entregaba a su bebé—tienes un niño.
Bulma sonrió de emoción mientras lo cargaba entre sus brazos. Sus ojos se cristalizaron al ver el mechón lila de su hijo. Notó que tenía todas las facciones iguales a Vegeta. Era su imagen viva versión bebé.
Ella lo meció entre sus brazos intentando calmarlo de sus sollozos.
—Calma…calma…bebé—susurró mientras lo apegaba a ella.
Goku sonrió melancólico mirando la escena. Aquella melancolía estaba mezclada con cierto remordimiento y culpa.
La puerta de la casa se abrió en cuestión de segundos, apareciendo Vegeta y el doctor totalmente agitados.
—Bulma…—susurró al ver la escena.
Bulma había dado a luz. Su hijo ya había nacido.
Él y Bulma estaban vivos.
No habían muerto.
Seguían vivos…
Por tercera vez, Vegeta sonrió de alegría delante de todos al ver la escena de Bulma y su bebé.
Bulma volteó hacia él regalándole una sonrisa.
Goku miró la escena. Sabía que era un momento íntimo.
—Doctor—lo miró mientras se paraba y dirigía a él—creo que debemos ir a la cocina.
—Fue tan rápido…—contestó él—el señor Vegeta vino volando y me dijo que…si no lo acompañaba me mataba y me sacaba de este mundo…—dijo mientras seguía a Goku que lo llevaba a la cocina.
Vegeta miró a Bulma con orgullo y ternura.
Amor…
Lentamente se acercó a ella. Sus manos acariciaron su frente mientras acomoadaba su cabello todo sudoroso.
—¿No quieres cargarlo? —le preguntó ella mientras sonreía. Su pecho subía y bajaba.
Vegeta tragó saliva ante tal propuesta. No obstante, con la mayor delicadeza posible, cargó a su hijo entre sus brazos.
Sus ojos color obsidianas se posaron en el rostro de su hijo. Sus manos eran tan grandes, toscas, fuertes, que, en tan solo un simple movimiento, podía matar a su hijo.
Él se veía tan frágil, delicado…
Poseía aquellos ojos azules tan característicos que habían doblegado su alma con tan solo mirarlos por parte de Bulma. Aquel brillo que lo sucumbió a sus pies. Pero también, tenía sus propios rasgos, los de él.
Descendencia suya y de Bulma.
Sangre, de su sangre.
—Trunks…—jadeó ella de repente. Vegeta la miró atento—Quiero llamarlo Trunks—confesó.
Vegeta la miró por unos segundos. Perdido en sus ojos. Perdido en su rostro. Perdido en su belleza.
Perdido en su amor por ella.
—Puedes llamarlo como quieras, mi Bulma…—susurró con ternura—Todo lo que pidas, lo tendrás a tus pies.
Ella sonrió.
—Gracias, Vegeta…—susurró mientras pegaba su frente contra la de él—Gra…gra…—cerró los ojos de repente al sentir cómo otro dolor inmenso se apoderaba de ella—¡Ah! —soltó otro grito—¡Viene otro!
Vegeta se paralizó.
—¡¿Otro mocoso a quién cuidar?!
—¡Tú me ayudaste a hacer a los bebés! —gritó fuerte.
.
.
.
Vegeta vio al bebé que tenía entre sus brazos. Pequeña. Frágil. Delicada. Una razón más para seguir así, para no lamentarse.
Otra razón más para cuidarlos con toda su alma.
No había tenido solo un bebé. No. Había tenido dos. Dos bebé. Dos hijos.
Mellizos.
Trunks…
Y Bra.
Un niño y una niña.
Aquella familia que tanto Bulma había anhelado desde que tenía quince años. Y que ahora, él mismo, se estaba encargando de cumplir.
—A mi me gustaría tener una hermosa familia—recordaba su voz. Aquella voz infantil de una pequeña chiquilla de dieciséis años—Tener una extensa familia con un marido que me quiera. Me respete. Como mi padre a mi madre. Algún día seré reina y tendré que casarme con mi futuro rey.
Cerró los ojos al recordar aquel momento amargo.
Recordaba perfectamente su reacción ante su comentario. No había respondido tan amable que digamos. Y para ese entonces, Bulma, quien había crecido con el sueño de ser mamá, no era más que una chiquilla con pensamientos infantiles y tonto, según él de aquella época.
Siguió meciendo a su hija entre sus brazos mientras veía con recelo como el doctor cargaba a su hijo y Bulma estaba a su lado sonriendo con ilusión y felicidad.
—Veinte dedos en las manos, veinte dedos en los pies—solto alegre el doctor saiyajin. Bulma soltó ante su comentario —Usted, joven Goku—dijo mientras lo miraba—No es tan tonto para ser enfermero, ah.
Bulma soltó una carcajada al igual que Goku.
—Bueno—dijo ella mientras tomaba a su hijo y lo ponía en a cuna que habían sacado del cuarto para ponerlo en la sala—creo que sería mejor caminar y acompañarlo hasta la salida, doctor. Sería bueno bajar el bulto que dos saiyajins recién nacidos me dejaron.
—Bulma…—intentó hablar Vegeta.
—Tranquilo—lo calmó—inexplicablemente, ya me siento mejor—sonrió— Vamos, doctor.
—Espero que esta vez vayamos caminando. Su esposo no fue tan gentil que digamos—dijo mientras la seguía hasta la salida.
La puerta de la casa se cerró.
Vegeta miró con recelo a Goku, estaba mirando a su hijo Trunks. Estaba con su camisa y su cabello en forma de palmera estaba totalmente despeinado.
Soltó un bufido mientras ponía a su hija en la cuna junto a Trunks.
—Pensaba que eras un insecto idiota totalmente estúpido e inútil—confesó mientras cruzaba sus brazos—Pero ahora debo decir que solo eres un insecto idiota totalmente estúpido que no es inútil.
Goku soltó una risa.
—Hubiera echo todo lo posible para salvar a Bulma, y si eso incluye a sus hijos, lo haría sin pensarlo—confesó mientras miraba a los mellizos.
Vegeta lo miró. Su típico ceño fruncido se suavizó un poco.
—Gra…gra... —apretó los labios mientras soltaba una maldición por dentro—gracias—completó un poco avergonzado. Él no quera de agradecer a nadie.
—Venga no hay de qué, Bulma ahora es como mi hermana.
—Pues más te vale que ahora la veas así, insecto. Espero que borres aquella imagen de mi esposa dando a luz. Y si abrió las piernas fue para que mis hijos salieran, no para otra cosa. Si no los borras, yo mismo me encargaré a que lo hagas.
—Je, je, tranquilo Vegeta—alzó las manos en aceptación—La quiero como amiga, y la protegeré siempre—soltó una risa—A ella y a los mellizos—ronroneó mientras se acercaba a los bebés y los miraba de cerca—¡Hermanos! No solo tuviste un hijo sino dos, no hay nada mejor que tener un hermano cerca.
Vegeta lo miró.
Repentinamente su rostro cambio de semblante. Ahora era uno medio melancólico.
Hermanos…
hermano…
Aquella palabra aún generaba un torbellino en su interior. Volvió a abrir aquella daga que pensó que jamás se abriría.
Miró a sus hijos.
Él los protegería a los dos. Los haría crecer juntos. Haría que se protejan el uno al otro, que se cuiden entre sí, que velen por su bienestar y por la de Bulma. Y pase lo que pase, se tendrían a ellos, solo a ellos.
Vegeta vio cómo Goku jugaba con los mellizos con sus dedos.
La escena le recordó a su madre jugando con Tarble.
—Yo…—soltó por lo bajo, pero lo suficientemente audible para que Goku fijara su vista en él—Yo tenía un hermano—confesó mientras sus ojos color ónix volvían al pasado—Era mi menor…se llamaba…Tarble…
Goku lo miró serio mientras veía cómo Vegeta acercaba su torso hacia sus hijos y acaricia aquel mechón peculiar de cada uno: azulado y lila. Veía cómo ambas colas de sus hijos se entrelazaban entre sí.
De repente, recordó algo que si se acordaba con exactitud de haber vivido antes de estar aquí.
—Fue asesinado por Freezer…, ¿no es cierto? —soltó.
Las facciones, el cuerpo, y todas las extremidades de Vegeta se endurecieron ante tal simple oración. Su cabello en forma de flama estaba totalmente erizado.
Sus ojos negros, ahora fríos y con incipiente ira, miraron a Goku.
—¿Qué…qué dijiste…hace un segundo? —preguntó con la voz gruesa, adusta, grave. Totalmente intimidante y diferente al Vegeta de antes.
Goku se dio cuenta de la gran equivocación que cometió. Sintió cómo su cuerpo empezó a temblar.
—Yo…yo…—buscó la palabra—¡yo dije "Qué afortunado eres por tener dos bebés, Vegeta! —trató de fingir una sonrisa, aquellas amables que siempre daba para inspirar confianza. Se fue al sofa para sentarse y evitar la mirada gélida y asesina de Vegeta.
—No me tomes como idiota, maldito insecto que no soy como tú—soltó hastiado. Estaba empezando a perder la paciencia. Lentamente avanzó hacia Goku con pasos fuertes—¿Qué demonios has dicho sobre Tarble?
—¿Tarble? —fingió inocencia. Vegeta entrecerró los ojos con recelo—Uh…— Leves llantos de bebés empezaban a escucharse. Goku se paró—Vegeta, creo que es mi turno de arrollar a los bebés.
—No. Creo que ya te vas—impidió su paso.
—Oh, vamos, Vegeta no seas-
Vegeta agarró el collar que resaltaba de la camisa blanca de Goku.
—¿Qué demonios es este símbolo? —rugió mientras veía el escudo de un reino.
El escudo de Vegeta-sai.
Los nervios se apoderaron de Goku.
—Emm, Vegeta, verás.
—¿Quién demonios eres tú? —preguntó vehemente mientras se acercaba más a él.
Goku optó por caminar hacia el estante grande donde posaban los libros.
—Yo….
—Te lo repetiré por una maldita vez, insecto. ¿Quién, demonios, eres tú?
Goku tragó saliva mientras tocaba el collar con el símbolo de escudo.
—Vegeta yo…
Los ojos de Vegeta brillaron en un rojo color carmesí hacia Goku.
Goku tembló de miedo al ver cómo se acercó Vegeta.
Era…
Su fin.
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—¡Vegeta! —Bulma abrió la puerta con apuros. Sentía cómo su cuerpo temblaba con el paso de los segundos. Cuando había dejado al doctor afuera, en el jardín, se había topado con su vecina Lupetra. Ella, y un chico medio desconocido llamado Vor. Y lo que le dijeron, no hizo más que sus dudas la carcomieran por dentro.
—Ese chico llamado "Goku" no es de la ciudad, ni siquiera se ha mudado.
—Nadie sabe de dónde vino. Fue como si apareciera así de la nada.
—No tiene familia, no tiene trabajo, no tiene casa…ni siquiera lo hemos visto comer.
Aquellas palabras bastaron para que entrara de inmediato a su casa.
Buscó con la mirada a Vegeta. Ahí él. Con sus hijos, meciendo la cuna y con la espalda recta totalmente altiva.
No había rastro de Goku.
Su cuerpo se estremeció.
—Vegeta…—sus labios temblaron por un segundo—¿Dónde está…Goku?
—Se fue—contestó con aquella voz grave—Tenía que irse.
.
.
.
Notas de la autora: Holiii! Pido perdón por haberme tardado tanto tiempo en actualizar este capítulo. La verdad esta vez si me pase xd. Perdón.
He estado muy ajetreada con mis estudios, proyectos. Curso el último año de secundaria y por eso es más dificl :c.
En fin, espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Si es así, no olviden dejarme un review :c.
Si quieren seguir atentas a las actualizaciones, no olviden seguir mi página de fb. Está en mi perfil.
De pasada los invito a leer mis demás historias :3.
Sin más, les doy mucho besitos y muy buena suerte a todos.
Bai!
