Capítulo X.
"En este mundo, donde quiere que haya luz también habrá sombras. Mientras exista el concepto de ganador, también habrá perdedores. El deseo egoísta de querer mantener la paz causa guerras, y el odio nace para proteger el amor".
- Madara Uchiha (Naruto Shippuden)
Morioh City. Reino de la Luz. Segundo anillo (luz tenue).
– ¡Oh, por todos los cielos! ¡¿Podéis bajar la puñetera televisión?!
Lea tardó unos segundos en acostumbrarse a la oscuridad de la noche. No había luz en el pasillo, sino solo una tenue negrura. Había escuchado el ruido de un terrible impacto, como si alguien hubiera destruido una pared. Llevaba un rato durmiendo plácidamente, y aquel súbito despertar le había dejado confundido. Su primer pensamiento había sido "¿Cómo va alguien a romper la pared de nuestra habitación?". Su mente había trabajado con esa base, y había querido identificar el origen del ruido como una vieja película bélica.
Cuando sus ojos, aunque legañosos, identificaron a los dos combatientes, una serie de llamas conjuraron en su mano su Llave Espada. Kairi se había incorporado súbitamente y también se preparaba para el combate.
No conocían quién era el segundo, pero alguien estaba peleando con Jotaro. ¿Se trataba de Kira? ¿Tan pronto?
Madara, que acababa de quemar el pasillo con su ninjutsu, se asomó al interior de la habitación con desgana. Jotaro no dijo nada, sino que se limitó a mantener una guardia alta. Esperaba pacientemente.
– Cuatro… no, cinco metros, ¿no? – el shinobi calculó en voz alta –. Hasta que no estoy a esa distancia de ti, no actúas. ¿Hay un límite para tu poder? ¿O es solo el alcance de los puños de tu Stand?
El usuario de Star Platinum permaneció en impertérrito silencio. Madara permaneció relajado, manteniendo la distancia. Cinco metros los separaban. Algo más. Lea y Kairi no se atrevían a moverse. "¿Cuál será el plan de Jotaro?", pensaban. Kairi apretó los labios: quería demostrar su utilidad. De esa forma, no sería irrazonable pedirle el artefacto que permitía generar Stands. Sin embargo… sin embargo, no podía hacerlo sin arriesgar cualquier plan de Jotaro.
La habían secuestrado tres veces en su vida: Maléfica primero, Axel después y, finalmente, Saïx – cuando se liberó del segundo encarcelamiento. Cuatro, pensó, si contaba la vez que había sido encerrada en una carta por Luxord. Sí, todo eso le había hecho cautelosa. Había aprendido a mantener distancias. Lo último que quería era ser un obstáculo.
Jotaro dio un paso adelante y echó hacia atrás su puño. ¿Planeaba dar un único golpe a cinco metros de distancia? Kairi se sorprendió por lo que había avanzado con una única zancada. Tal vez no era ninguna tontería. Si el alcance de su Stand era de poco menos de cinco metros, entonces con lo que acababa de avanzar…
– ¡Star Platinum: The…!
El silencio de Jotaro no fue lo primero que advirtieron. Tampoco cómo su cuerpo se había paralizado, como si el tiempo se hubiera detenido por él. Kairi y Lea comprendieron que algo iba mal cuando los ojos de Madara brillaron en un color rojo sangre.
– ¿Qué es eso…? – murmuró Lea.
Madara se cruzó de brazos. Parecía decepcionado con lo bien que había funcionado su truco.
– "Esto" es el verdadero poder del sharingan. La técnica ocular que compartimos en el clan de los Uchiha. La heredamos desde el principio de los tiempos, y la usamos para copiar las técnicas del contrario. También nos permite avanzarnos unos pocos segundos a lo que van a hacer – comenzó a caminar hasta permanecer enfrente de Jotaro –. Y, sobre todo, mejora nuestro genjutsu.
El genjutsu era una técnica para someter al objetivo a una suerte de encantamiento, una ilusión de la que no se podía escapar. Para romperla, era generalmente necesaria la intervención de un tercero que restaurara el flujo habitual de chakra.
– Vuestro amigo está ahora disfrutando de mejores tiempos. Y enseguida vosotros también…
Madara fue lanzado a un lado, chocando con todo el mobiliario de la habitación. Su cuerpo impactó contra cómodas y cajoneras, cuyas piezas saltaron por el aire. El suelo se llenó de astillas y maderas rotas, y por unos segundos nadie supo cómo reaccionar.
El primero en hacerlo fue el propio golpeado, que echó a reír.
– ¡Así que esas tenemos! Aunque haya puesto al usuario bajo un genjutsu, el Stand sigue funcionando… ¡interesante!
"¿Eso ha sido el… golpe de un Stand?". La potencia había sido más bien la de la explosión de una granada. ¡Qué poder tan destructivo…!
Madara todavía no se había incorporado. Seguía medio enterrado entre los restos de una cajonera, con algunos elementos decorativos cubriendo su cuerpo. Kairi aprovechó el momento para pensar. Aquella persona no parecía Kira. Se le veía… sorprendido por el ataque del Stand. ¿No lo había visto? ¿No había visto que no estaba bajo su influjo? ¿Podía ser… que no fuera un usuario de Stand?
Mientras ella trataba de procesar todas aquellas preguntas, el que otrora ostentó el título de "Asesino Silencioso" hizo honor a su nombre. Lea se lanzó hacia su objetivo, aunque seguía en una posición indefensa, con la punta de la Llave Espada por delante.
Los ojos de Madara se iluminaron de nuevo con un brillante rojo, pero, de alguna manera, eso no detuvo a su compañero. En su lugar, el shinobi hubo de esquivar el golpe. Flexionó las rodillas y, a pesar de que estaba con medio cuerpo tumbado, saltó hacia arriba con impresionante facilidad. Sus pies se fijaron al techo de alguna manera que desconocía.
Lea no se detuvo, sino que clavó la Llave Espada en el suelo. Retrocedió rápidamente, y la volvió a conjurar en su mano. Mantenía la cabeza enfocando hacia delante, buscando a su enemigo. ¿Acaso…?
– ¡Kairi! Necesitaré direcciones. ¿Dónde está?
Lea tenía los ojos cerrados. Esa había sido su forma de evitar el poder de los ojos de Madara.
– ¡Nada mal, antiguo número VIII!
El techo se agrietó conforme el shinobi flexionaba nuevamente las rodillas.
– ¡A tus once! ¡Por arriba!
Lea preparó una guardia, pero no fue suficiente. El combate avanzaba demasiado rápido, y Kairi no podía darle instrucciones a tiempo. ¿Cómo podía Lea protegerse a tiempo de un kunai lanzado a mitad salto? ¿Cómo podía esquivar sus ataques, que combinaban sus puños y otras armas? ¿Cómo podía levantar la guardia a tiempo?
El pelirrojo hizo uso de su magia de fuego como último recurso. No tuvo éxito; Madara parecía conocer sus movimientos antes que él mismo.
Kairi trató de darle apoyo con magia – esencialmente curativa –, pero cada segundo que desviaba su mirada del ninja eran una serie de golpes adicionales que aquél propinaba a su compañero.
El fuego se extendía por la habitación del hotel. La alarma antiincendios comenzó a sonar, y agua cayó del techo para apagar las llamas. El shinobi suspiró.
– ¿Este es el nivel? ¿Así sois dos de las siete luces…? No negaré que tenéis agallas, pero poco más.
Desvió su mirada ligeramente. La princesa del corazón se dio cuenta demasiado tarde. Había estado instruyendo a Lea en su combate, y tanto se había concentrado en imaginarlo como algo a lo que era externa que se había olvidado de que podía ser un objetivo más. En cuanto tuvo contacto visual con el sharingan, su mente se sumió en un profundo sueño.
– Te has equivocado de bando – anunció, conforme volvía a encarar a Lea –. Hasta donde sé, Saïx y Xehanort te habrían dado la bienvenida. Pero aquí estás. Alineándote con los debiluchos. Con los que quieren perpetuar este mundo.
El pelirrojo jadeaba bajo la lluvia de los aspersores.
– Qué quieres que te diga… a veces el… corazón da órdenes estúpidas… pero que nunca te arrepentirás de seguir.
Aun con los ojos cerrados, sonrió hacia su enemigo.
Madara propinó un duro golpe sobre el estómago del elegido, que abrió los ojos inconscientemente. Mientras caía al suelo, su última visión fue la de dos ojos rojos con el triple tomoe negro.
[…]
Nadie en el Morioh Grand Hotel terminó de entender los sucesos de esa noche. El pasillo de la tercera planta había sido abrasado hasta tal punto que incluso los detectores de humo habían ardido. Alguien había destrozado la pared de la habitación 315, y en su interior parecía haber habido una grave pelea. Había sangre en el suelo, y el residente de la habitación 320 había sido encontrado en el epicentro. Otro fuego había hecho saltar las alarmas de la propia habitación.
Lo más extraño que hicieron notar los bomberos en su informe es que, a pesar de estar bañados en agua, aquellas tres personas – los dos pelirrojos y el grandullón de la 320 – estaban dormidos. A pesar de las heridas sufrida, no estaban inconscientes, como habría podido parecer, sino simplemente dormidos. ¿No les había despertado la alarma? ¿Tampoco el agua? ¿Se habían quedado dormidos después?
Se involucró la policía. No solo por los daños que se habían ocasionado al hotel, y los indicios de que se habían usado armas de combustión, sino también porque los bomberos sospecharon que algo iba mal. Todos preguntaron en ocasiones separadas a los tres afectados qué había ocurrido. Aunque no habían estado en contacto, los tres respondieron exactamente lo mismo.
– No lo sé… No recuerdo nada de esa noche.
Hasta el momento de acostarse, los pelirrojos podían recrear vívidamente cuál había sido su deseo. Hasta que había salido de su habitación para dar un paseo y refrescar la mente, Jotaro sabía cómo había sido su día. Era en ese momento que todo se volvía… blanco.
La policía no encontró pruebas, y el mestizo asiático-caucásico era el nieto del fundador de una importante compañía estadounidense, así que los dejó marchar. El informó concluyó que no había conclusión lógica: los sujetos habían sufrido heridas, pero no recordaban nada de lo sucedido. Un informe psiquiátrico lo avaló. La disputa entre el hotel y la aseguradora se extendería durante años, intentando descubrir si los daños estaban cubiertos o no.
– Tiene que haber sido culpa de un Stand enemigo – sentenció Jotaro cuando pudo reunirse con los otros dos.
Se habían reunido en una cafetería cerca de la comisaría. Aquél estaba tomándose una taza de café solo, mientras que sus acompañantes bebían té. Kairi le echaba algo de leche.
Cada uno estaba más confundido con el anterior. Lea, en especial, se sentía confuso de sentir dolor sin saber identificar el origen de aquellos golpes. Había descubierto magulladuras y cortes recientes a lo largo de su piel.
– No me importa quién, lo que me importa es por qué – gruñó –. Por nuestro estado, dudo que ganáramos la pelea. ¿Nos dejó atontados y se fue? ¿Qué sentido tiene eso?
La discusión continuó mientras se bebían sus infusiones. Barajaban varias opciones. Podía ser que algo o alguien había obligado a su oponente a retirarse antes de acabar con ellos. Eso no explicaba su falta de memoria, pero sí que no hubieran sufrido heridas graves. Añadia una incógnita:
Podía ser que su oponente los quisiera vivos. ¿El motivo? Eso era lo extraño. Tal vez había implantado en ellos órdenes para atacar a sus compañeros, o para conducirles a algún lugar. No notaban nada raro, pero eso no significaba nada. Todos habían escuchado hablar de agentes durmientes, quienes hacen sus vidas con normalidad hasta que un evento predeterminado los "despierta". ¿Se habrían convertido en eso? Si Jotaro tenía razón, con el poder de un Stand cualquier cosa era posible.
– Te doy la razón, Lea –Jotaro descansaba su mirada sobre la brillante superficie del café–. Lo más raro es que nos dejaran marchar. Si fue un usuario de Stand, tuvo que ser despertado por el padre de Yoshikage. Ya nos hemos enfrentado a alguno de ellos. Normalmente tienen órdenes de acabar conmigo y con Josuke y los demás. Si pudo dejarnos así de vulnerables, no encaja que simplemente se marchara.
Kairi había permanecido un rato en silencio, pensativa. Seguía fijada en un único objetivo. Aquello había sido un traspiés… ¿o era una oportunidad? Estaban a solas con Jotaro. Había un incidente en común. Debía haber una forma de conseguir un Stand. La idea le llegó como un relámpago que surca el cielo, partiéndolo en dos: fue rápido, repentino e iluminador. Tomó su taza por el asa y bebió de un solo trago el té con leche. No estaba mal.
– Por precaución, creo que deberíamos permanecer juntos en algún lugar seguro. Puede ser que este enemigo venga a rematar la faena, o que de verdad seamos agentes durmientes. Estando juntos podremos controlarnos mejor – añadió.
Jotaro mantuvo una expresión inalterable. Bebió el último sorbo de café y pidió la cuenta.
– Invito yo –los miró de arriba a abajo–. No lleváis muchas cosas con vosotros. Bien. Os traeré conmigo. Solo espero que no os mareéis en un barco.
La princesa del corazón contuvo una sonrisa. Con algo de suerte, aquello que permitía desarrollar Stands estaría en ese barco, el "lugar seguro" que le había pedido. Su plan avanzaba.
[...]
?
Una terrible tormenta azotaba la isla. Los relámpagos incendiaban casas, esquivando pararrayos con una facilidad antinatural. El viento arrancaba de cuajo árboles y mobiliario urbano por igual, destrozando coches y atemorizando a las pobres personas que se guarecían en sus casas. Miraban con impotencia a través de los cristales: ni tan siquiera podían salir, no sin arriesgarse a ser arrastrados por la lluvia torrencial, que ahora inundaba las calles con violencia.
Unas pocas personas asistían con asombro a la única persona que hacía vida con normalidad. Parecía operar bajo otras reglas. El agua no le arrastraba, casi como si caminara por encima de ella, donde la corriente no podía empujarle. El viento solo zarandeaba ligeramente su abrigo blanco, impoluto a pesar del temporal, y ninguna papelera, farola o ladrillo llegó a golpearle.
El hombre encapuchado de blanco caminaba sin preocupaciones por la calle, y solo se detuvo frente a una pequeña iglesia. Una copa de oro permanecía suspendida en el aire, esperando ser reclamada. La energía que emanaba de su interior estaba descontrolando las fuerzas de la naturaleza.
– Ha sido una guerra larga, ¿verdad, Saber?
Un guerrero de cabello puntiagudo; albino con el centro gris, apareció a su lado. Vestía una armadura de caballero, aunque menos abultada de lo que los restos arqueológicos demostraban. Tal vez era obra de las runas que lo cubrían. Él le había estado acompañando en silencio, sin pronunciarse sobre las extrañas habilidades de aquel al que llamaba "Master". Había asumido que había algo extraño en él, pero, ¿para qué quejarse? Les había llevado a la victoria.
Había sido una dura guerra. Habían enfrentado al lancero Cú Chulainn, al arquero Robin Hood, al hombre-dragón Vortigern. Incluso se habían enfrentado al dios de las mentiras, Loki, y a la terrible pareja compuesta por la reina de las Hadas, Titania, y el eterno rey de Gran Bretaña, Arturo Pendragon. Ese era el final de aquel terrible ritual conocido como Guerra del Santo Grial.
– Ahora que lo pienso… Nunca te pregunté por tu deseo, Saber.
Sigurd, el héroe de Escandinavia, permaneció impasible frente a la dorada copa. El Santo Grial era un artefacto capaz de conceder deseos. La energía mágica contenida en él le permitiría cumplir cualquiera de sus sueños, incluso la resurrección, si lo pedía.
– Enfrentarme a tales héroes es un deseo más que suficiente para mí, Master. Aunque, ya que estamos aquí, supongo que…
Podía desear por la felicidad de Brunilda, su esposa, que por designios de los dioses había terminado arrebatándole la vida a él y después a sí mismo. ¿Tenía sentido aliviar su tragedia a aquellas alturas? Probablemente no, pensó con tristeza, pero, ¿por qué desperdiciar la oportunidad? Hacerla feliz no podía ser malo.
– Perfecto. Entonces pon fin a tu vida, Saber; te lo ordeno con un hechizo de comando.
Una marca roja se iluminó en la mano del hombre encapuchado, y el hombre que le había estado acompañando, atado en lo más profundo de su alma por la orden, se apuñaló en el pecho. Su vida se le escapó como la arena se escapa de entre los dedos. Su cuerpo comenzó a desaparecer, volviendo a convertirse en energía mágica.
El hombre apoyó su mano sobre el Santo Grial, reconvirtiéndolo, restaurando su forma original. Las fuerzas de la naturaleza calmaron su ira. La energía que las había alterado fluía hacia él. Comenzaba a tomar forma. "Más te vale que tengas razón, ¡no quiero haber hecho esto para nada…!".
Un cuerpo humano comenzó a tomar forma frente a él. Poco a poco estaba consiguiéndolo. Ese era el secreto escondido dentro del grial. Esa era la verdadera magia a la que estaba accediendo. Podía sentirla con los dedos. Podía ver cómo lograrlo. Su compañero no se había equivocado. De esta manera podían…
El shinobi apareció finalmente frente a sus ojos. Su cabello era largo y negro, y vestía con una armadura samurái roja. Su gesto era cansado, pero adoptó una expresión sombría conforme alzaba el rostro hacia el que le había convocado.
– Pensaba que sería alguien usando el Edo Tensei, pero… Esta no es la técnica del Segundo Hokage. Me has resucitado completamente. ¿Por qué? ¿Planeas usarme? – se cruzó de brazos, analizando a su interlocutor con un aire de superioridad –. Sin el control absoluto del Edo Tensei, no serás capaz de hacerme obedecer. Lamento decepcionarte.
Su preocupación en ese momento derivó a cómo regresar a su mundo. ¿Tal vez el que le había resucitado tenía algún método? Debía poder. No estaban en la tierra de los ninjas, lo podía sentir. El chakra del entorno era distinto. Si sabía de su existencia – en la mente de aquel hombre no cabía que le invocaran por aleatoriedad, o que la decisión hubiera sido de otro –, debía saber cómo llegar a su mundo. ¿Podría… tomar prestado su medio de transporte?
Sus ojos activaron el Sharingan medio segundo demasiado tarde. No hizo falta un gesto, ni tan siquiera el contacto visual. Su mirada se desvió hacia el martillo que aparecía en las manos del encapuchado, y en el brillo negro que emergía del Sol que estaba grabado en una de sus cabezas. Vio unos segundos en el futuro, y saltó hacia arriba en un esfuerzo por esquivar el ataque que llegaba.
En esa fracción de tiempo, la oscuridad emergió de su interlocutor, y Madara fue ahogado por ese terrible torrente hasta caer en un profundo sueño.
[...]
Morioh City. Reino de la Luz. Segundo anillo (luz tenue).
¿Por qué recordaba un evento así en ese momento? Madara abrió los párpados a desgana. El tiempo que había pasado muerto debía haberle pasado factura. Él, que otrora tuvo en sus manos todo el mundo ninja… Suspiró.
El hotel todavía estaba envuelto en un revuelo por el incidente de la noche anterior. Ese era el segundo objetivo que había pretendido conseguir con su enfrentamiento contra Joestar. Con todos los trabajadores preocupados por los daños causados, la manera de recuperarlos y evitar la huida en masa de los huéspedes, nadie se fijaría en la pequeña reunión que iba a celebrar.
Sabía que Kira no tardaría en acudir a su habitación. Si la información de la que disponía era correcta, aquel hombre era, en su esencia, un cobarde. No tenía las agallas para enfrentarse a alguien más poderoso que él, más que cuando estaba arrinconado. No combatía salvo que fuera necesario.
Sin importar el coste, aquel hombre evitaría el conflicto. Matar, secuestrar, drogar… todo estaba en el abanico de posibilidades si eso le permitía dormir tranquilo por la noche. Mientras fuera por mantener su vida a salvo – no solo su integridad, sino su propio estilo de vida –, nada era descabellado.
Después de observarle, Madara había comprendido la naturaleza de Yoshikage, y por eso había decidido seguir la sugerencia del encapuchado de blanco. La amenaza de ser descubierto por los Joestar era mucho más acuciante que cualquier otra cosa. Eso le empujaría a actuar.
Efectivamente, mientras el Sol todavía estaba en lo alto, mientras nadie comprendía qué debía hacerse, Yoshikage Kira hizo acto de presencia.
Al principio, el shinobi dudó que se tratara de la misma persona. Un aura de confianza y seguridad le rodeaba. Había cambiado su peinado. Lo había aplastado al suero cabelludo con gomina, y debía haberse hecho alguna clase de tinte, porque ahora era principalmente blanco. Sin embargo, los ojos de un Uchiha no se equivocaban. Aquel era Kira, y lo que traía en sus manos…
La flecha. Rematada por ribetes dorados, pero una flecha de madera, con la punta de acero. Un arma común en la antigüedad, por su aspecto, una más ceremonial que militar. Y, sin embargo… Ah. Gracias a ella, tomarían todos los mundos con facilidad. Madara sonrió. Sí, esa era la flecha que le habían pedido que consiguiera.
– Buenos días, señor Uchiha. ¿Le importa si paso?
Aquél se limitó a gesticular afirmativamente. Le había estado esperando con la puerta de la habitación abierta. Ahora, Kira la cerraba tras de sí.
– Información sobre quienes me buscan mal y una forma de repelerles. Ese era el trato – Kira se acercó con paso resuelto –. Antes de hacer la transacción, quisiera confirmar los detalles de cómo pretendes hacerlo. Lo de repelerles.
El asesino en serie contuvo un sobresalto al ver cómo los ojos de su interlocutor se volvían rojos. Los tres tomoes negros danzaron alrededor de la pupila medio segundo. Era una visión terrorífica. Tal vez, en el fondo de su alma comprendía el debate interno en el que estaba sumido aquel hombre.
Sí, en otras circunstancias, Madara habría sumido a Kira en un genjutsu y se habría marchado de regreso al Cementerio de las Llaves Espada. No tenía por qué cumplir con su parte. Mientras Kira permanecía en su letargo, él podía robar la flecha. ¿Por qué molestarse en ayudarle? Por fortuna, había descubierto en su pelea con Jotaro que los Stands eran inmunes a sus técnicas oculares. Al menos, mientras no pudiera verlos. Aunque sería algo más problemático, debería portarse bien.
– Lo que estás viendo es mi Sharingan. Con él, puedo sumir a mis enemigos en ilusiones. Hacerles creer que la realidad es distinta. Te han hecho un retrato robot, gracias a la chiquilla pelirroja. Solo debo deformar ese recuerdo en su mente, y quemar el dibujo real.
Kira frunció el ceño. Abrió la boca para discutir, pero el hombre alzó un único dedo.
– ¿Cuál es el nombre de tu padre, Yoshikage?
¿El nombre de…? Kira parpadeó un par de veces, y se sumergió en el mar de sus recuerdos. El nombre de… No importaba cuánto buceara, aquella palabra parecía esquivarle. Era únicamente un nombre. Ni tan siquiera era tan distinto del suyo… ¿o sí? ¿Cómo podía estar seguro de la similitud? ¿Acaso se equivocaba?
– Eso es lo que pasa cuando quedas atrapado en mi genjutsu. Esta es una fórmula sencilla, pero podría hacerte creer que eres asesinado mil veces. Y morirías de verdad. Tu cerebro sería incapaz de soportar el dolor, y acabarías contigo mismo. Ese es el poder que ofrezco poner a tu servicio.
Kira respiró de nuevo, tranquilizándose en el momento en que sintió que su mente abría una caja fuerte. Yoshihiro. Yoshihiro. Yoshihiro. Ese era el nombre de su padre. ¡Qué poder tan horrible! Ni tan siquiera había visto el momento en que la ilusión había comenzado. Solo había sido el contacto visual de unos ojos rojos.
Eso era mucho más efectivo que cualquier usuario de Stand que su padre pudiera ponerle en el camino. Si combinaba ese poder con su nueva habilidad… La tercera bomba de Killer Queen había sido activada gracias a la flecha que sujetaba en su mano. En su momento de mayor desesperación, el Destino había acudido en su ayuda. Y ahora…
Ahora tenía las puertas de la victoria a su alcance.
"Ya me encargaré de la pelirroja de las manos hermosas…", mantuvo en su mente la afrenta de que ella fuera la que le había descubierto. Kira no era particularmente rencoroso, pero no dejaba cabos sueltos.
– Bien. Entonces, tenemos un trato.
Madara sonrió.
El poder de los Stand llegaba así a las manos de la nueva Organización XIII.
DIRECTORIO DE NUEVOS PERSONAJES
Los personajes que no aparecen en la saga de Kingdom Hearts podéis encontrarlos aquí. Están listados por orden de salida en el capítulo.
Jotaro Kujo.
Un biólogo marino en mitad de su tesis doctoral sobre una especie endémica de estrella marina de Morioh City. Dado que en japonés se lee primero el apellido, hay quien abrevia su nombre como (Ku)jo Jo(taro), es decir, JoJo.
En realidad, llegó a la ciudad por un motivo bien distinto. La millonaria familia Joestar, a la que pertenece por parte de madre, se sacudió en sus cimientos cuando se descubrió que el patriarca (Joseph Joestar) tenía un hijo ilegítimo. Maldiciendo el nombre de su abuelo, fue a conocer a ese joven: Josuke Higashikata. Por suerte, todo quedó arreglado.
En el pasado, viajó a Egipto para enfrentarse a DIO, adquiriendo innumerables experiencias de combate por el camino.
Su Stand, Star Platinum, es prácticamente invencible en el cuerpo a cuerpo. Además, puede detener el tiempo durante unos pocos segundos.
Madara Uchiha.
Uno de los ninjas (shinobi) más excepcionales de la historia. El líder del clan de los Uchiha que junto a Hashirama Senju fundó la Villa Oculta de la Hoja. Según se cuenta en los libros, murió tras enfrentarse a Hashirama por el control de la Villa.
Su familia es usuaria del sharingan, una técnica ocular que permite copiar toda técnica ninja (ninjutsu) empleada por los enemigos, facilita el uso de técnicas ilusorias (genjutsu) y además les ayuda en el cuerpo a cuerpo anticipando los movimientos de sus oponentes.
Fue resucitado por uno de los misteriosos hombres de blanco, y ahora forma parte de la nueva Organización XIII.
A cambio de su ayuda en encubrirle, ha obtenido la flecha Stand de las manos de Yoshikage Kira.
Saber (Sigurd).
El mayor héroe del norte de Europa. El espadachín de Gram en la saga Völsung, y un caballero del nivel del Rey Arturo.
Sigurd recibió los fragmentos destruidos de la espada Gram, "la espada de la supremacía en el árbol", y la reforjó en una espada demoníaca capaz de matar a un dragón. Con ella mató al dragón Fafnir, lo que aumenta la confusión entre él y Siegfried, el héroe de los Nibelungos.
Después de este evento, salvó a la valquiria Brunilda, la tomó como esposa, y aprendió de ella las runas mágicas de Odín.
Pero los dioses habían profetizado que este amor le traería grandes desgracias, y ambos sufrieron una terrible muerte.
Yoshikage Kira.
Un vecino de Morioh City de 33 años con una vida completamente pacífica. Desde que vio de niño un retrato de la Mona Lisa, se sintió atraído por las manos de las mujeres, y eventualmente necesita de su compañía – evidentemente, solo la mano, sin la mujer en cuestión pudiendo molestarle. Presa de sus insanos deseos, se convirtió en un asesino en serie.
Sus uñas crecen cuando están en tensión, y parecen indicarle cuándo tiene la necesidad de conseguir una próxima víctima.
Su Stand, Killer Queen, tiene una gran variedad de ataques y un elevado potencial. Su primera bomba, "Killer Queen", explota cualquier cosa que haya tocado. Su segunda bomba, "Sheer Heart Attack", persigue en remoto fuentes de calor, estallando al contacto. Además, acaba de despertar una tercera habilidad que parece ser de gran ayuda para ocultar su rastro.
