XXlalalulu: Hola! Estamos en etapa de duelo, a ponerse el velo negro… Pero, si creían que ya no podía corromper más sus almas inocentes y puras… Preparen agua bendita porque esto se pondrá de uno a mil en lo que menos crean… Mucha gente pidiendo una Playlist o alguna canción que represente estos tristes momentos así que aquí les pongo una:

"Qué tal? Soy yo,

Me pregunto si querrías encontrarme una vez más

Para hablar... del ayer,

Dicen que el tiempo cura todo, pero no sé qué pensar

¿Qué tal? ¿Puedes oírme?

Vivo envuelto en un sueño de un pasado más feliz

todo era nuevo... junto a ti.

He olvidado que sentía antes de llegar el fin

Hoy la distancia

entre los dos...

es más de mil años luz.

Hola desde el más allá

Te llamo y no sé dónde estás,

Lo siento tanto... por todo lo que he hecho mal,

te llamo y nadie me contesta jamás

Hola desde el más allá,

Al menos lo voy a intentar,

Perdóname si yo te rompí el corazón

Ya no importa, veo... el tiempo te ha dado a ti la razón" IL DIVO "HOLA"

Advertencia, esto no tiene Lemon, sino SMUT, MUCHO SMUT ¿Por qué? Porque soy una maldita pervertida. XD

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

Capítulo 37

Se queja envolviéndose aún más en las sábanas. Quiere protegerse de la claridad del día. Abre un ojo y puede ver la tormenta por el ventanal. —Agh, mujer, no vamos a salir…Cierra las malditas cortinas. —Vegeta arroja una almohada a su esposa que está de espaldas vistiéndose.

—Pues no es mi culpa que siempre organices vacaciones en lugares de temporada baja. — Serena lo regaña y se acomoda el cabello. —Sé que no te agrada estar con mucha gente, pero estas son las razones por las que hay tan poca gente en lugares así, tifones, frío… —Explica y se termina de vestir.

—Acuéstate. —Acelera y la atrapa de la cintura, tratando de arrastrarla a la cama.

—Los niños van a despertarse y quiero hacer el desayuno. —Con tono mediador, intenta zafarse. Lo siente aferrar su cola posesivamente a la parte alta de uno de sus muslos.

—No puedo creerlo. Son las pocas vacaciones que tenemos en años. Apenas dos semanas, y tú te la pasas arruinándolas. — Enfurecido y de mala gana la suelta, se tira de nuevo en la cama. —Déjame recordarte que la vez pasada nos quisimos tomar una semana y se convirtió en tres días por una emergencia. — Se tapa hasta la cabeza con las sábanas.

—Ay Vegeta… Pareces un niño caprichoso. —Se acerca a él por encima, sin destaparlo. —Te haré una montaña de Hotcakes…Jmjm… —Intenta hacerle pequeñas cosquillas en su abdomen. Se destapa, su esposo le afila su mirada asesina.

—No es capricho. —Gruñe ofendido por lo que le dijo. —Es aprovechar bien el tiempo… Anoche también arruinaste el momento. —Reclama levantando el tono.

—Oh Vegeta… Perdóname. —Se abraza a él se estruja haciéndole cosquillas con su nariz en su pecho. El aroma de su esposa le cambia un poco el humor. Lo mira y le sonríe brillante. —Hoy se nota que no podremos salir a la playa ni nada… Luego del almuerzo… ¿Postre? —Muy coqueta busca su cuello y le deja una mordida suave, luego pasa su lengua.

—Ja esperemos no lo arruines. — Con tono sarcástico, pero ella sólo se ríe de él y se va. Mira a la terraza donde anoche retozaba con su esposa.

Habían estado en uno de los sillones, y armado una fogata, el cielo estrellado, la brisa del mar, su esposa sentada arriba de él a horcajadas, con un vestido blanco y fresco de algodón. Era perfecto… Tocaba los labios de su esposa y se hundían en un beso. La estrujaba sintiendo sus cuerpos calentarse con el movimiento de sus labios.

—Vegeta, no… ¿Qué haces? —Siente la cola de su esposo debajo de su vestido.

—Hagámoslo aquí… —Ronronea y mete su nariz entre sus pechos.

—Hmmm… —Frunce el ceño enfadada. —Creo que eres un exhibicionista. Te gusta hacerlo en lugares públicos…—Gira el rostro enojada.

—Pero ¿De qué hablas? —Escanea un poco el Ki. —Raditz está con Rei y su hijo de su lado de la cabaña, al igual que Nappa y Ami…

—Ja, déjame recordarte, la vez en las escaleras, en el patio, la cocina, la biblioteca… —Cruzaba sus brazos en postura desafiante.

—Momento, momento…—Ofendido la detiene. — La cocina y la biblioteca, son lugares de la casa y siempre cerramos bien las puertas…Luego ésa vez en las escaleras. —Se gira algo avergonzado. —Ésa vez en las escaleras…Yo, lo siento… Estaba fuera de control. —Se atraganta y gira la vista avergonzado.

—Jaja…Eres guapo cuando te ruborizas. —El gruñido gutural de Vegeta aumenta, y parece sólo tener ganas de mandarla a volar.

—Agh, mujer…Deja de desafiar a alguien que puede pulverizarte con una mano. —Advierte molesto. La siente dar risitas y recostarse en su pecho.

—Creí que no te gustaba que te tuviera miedo. —Se acurruca y siente el crujir de la fogata frente a ellos.

—Es respeto…Es distinto. —Suspira frustrado. Pero no puede evitar que su olor lo relaje.

—Mmm… Los niños se durmieron, rápido. Se cansaron de jugar —Trata de cambiar de tema. Y… —Nunca hablamos de la cantidad de niños… ¿Está bien así?

Vegeta también recuerda que nunca hablaron de la cantidad. —Hm. Creo que está bien así, uno de cada uno… —Encoge los hombros. —No lo sé. Si lo mismo se volviera a repetir. —Sólo recuerda el miedo que lo paralizó, en el momento que Serena perdió la conciencia luego de dar a luz. La abraza fuerte.

—Bueno, no creo que volvamos a tener dos en una sola vez… La Doctora nos dijo que fue ésa la complicación. —De pronto no le desagrada la idea.

Vegeta la aleja y la ve ilusionada, toca su vientre plano y acaricia sus caderas. Le empieza a gustar la idea. — Un año más o dos… Prefiero esperar… —Le sonríe de lado.

—Sabes, hoy al caminar entre la gente en los puestos del mercado, te veías como un terrícola cualquiera, con los niños, tu ropa, muy relajado. —Piensa en algo que no pensaba hace mucho. — ¿Nunca imaginaste ser una "persona normal"?

Vegeta pega un pequeño salto ¿A dónde quería llegar la mente de ésta hembra?—No, nunca ¿Tu sí?—La ve asentir. —Hm, no creo que si eso pasara me atraerías igual…Me cuesta verme con una mujer terrícola. —Trata de pensarlo y no puede.

—Jajaja, dices eso, pero…—Se endereza y pone sus manos en sus pectorales sintiendo sus latidos. —No sólo sí tienes corazón…Tienes uno que estoy segura puede amar a quien se lo proponga. —Lo siente frío de golpe, y la quita de encima. —Oye ¿Qué te sucede?

—Lo arruinaste, me voy a dormir. —La escucha quejarse. —Vas a aprender a no compararme con una raza tan débil.

Eso sucedió anoche, ahora debe conformarse con una promesa de intimidad, mientras debe soportar la presencia de las crías, siendo que antes podía cobrárselo cuando quisiera. Recuerda también un tiempo en el que tomaba la hembra que él quisiera cuando quisiera. Su humor cambia al sentir el olor del desayuno y los niños hablando en la barra de la cocina.

— ¡Buenos días papá! —Muy contentos saludan Rini y Trunks.

—Buenos días…—Vegeta afila un poco su olfato. —Huele a quemado… —En broma.

— ¡No es cierto! —Muy ofendida le sisea. Toma la espátula y voltea el hotcake.

—Ja… Mocosos ¿Quieren ver cómo giro los Hotcakes en el aire? —Muy presumido, es un truco culinario que su esposa no domina, le gusta hacerla enojar.

—¡Sí, sí! —Trunks aplaude contento.

Vegeta los mira atento…El cabello de Rini es un poco más corto, Trunks también tiene el cabello distinto, un poco más claro. Algo no le cuadra. —Mujer… ¿No eran más grandes los niños? — Parecen haber perdido unos centímetros, parecen de unos cinco años. Serena sigue hablando y comentando con los niños como si nada. — ¡Mujer! ¡Los niños!—Nadie lo escucha, como si el no estuviera ahí. Empieza a tener palpitaciones, no comprende. — ¡¿Dónde está Bra?!—Se desespera, nadie parece escucharlo. Mira a todos lados, intenta tocar a su esposa. — ¡Serena! —La toca y la traspasa.

Se endereza abruptamente en la cama, el sudor frío corre en su frente. Mira a todos lados y está sólo en la habitación matrimonial, es de madrugada. Era un sueño…Un recuerdo. El comunicador de su esposa le informa que Bra necesita asistencia. De inmediato se quita la parte superior de su armadura, se pone una camiseta más cómoda, y va a atenderla. La niña daba pequeños quejidos para llamar la atención. Debe cambiarla, luego ayudarla a dormir. Aunque es menos trabajo que con dos a la vez. Se sentaba en la mecedora con la niña en brazos. Estaba relajada tomando su botella, de a ratos Bra lo miraba a los ojos y sonreía contenta. Con mucho entusiasmo comía y tomaba un dedo de Vegeta en su mano. Parecía no extrañar a su madre…Como si Serena nunca hubiera existido. La niña no recordaría a su madre, sólo las historias, o fotos y videos de ella. Bra nunca recordará a su mamá cargándola, alimentándola, o siquiera jugando. No vería sus primeros pasos, ni escucharía sus primeras palabras…Un par de lágrimas caen en la frente de Bra, haciéndolo suspirar con dolor... Toca su rostro en sorpresa sintiendo como caen las lágrimas de sus ojos. Por primera vez en su vida Vegeta llora.

Recibe el amanecer sintiéndose aletargado. Suspira fuerte. Ésta primera noche fue eterna. Falta media hora para que su despertador suene. Lo desactiva y va a bañarse. Quiere estar lo mejor posible para desayunar con sus hijos. Camina hacia una de las salas de estar donde suele desayunar con los niños, y se encuentra con que ya estaban listos para desayunar y sentados en la mesa. Se ponen en alerta al sentir su presencia.

—Buenos días padre. —Trunks y Rini saludan al unísono y firmes le dan un saludo protocolar. Hasta se quedan esperando el permiso de Vegeta para enderezarse.

La mirada de Vegeta queda helada ante la escena, un recuerdo choca contra él, haciéndolo sentir culpable…

A ver se dice Pa-Pá… —Serena mira a sus hijos e intenta hacerlos hablar en el desayuno.

¡Claro que no! —Vegeta se queja enojado. —Es PADRE, es más respetuoso y formal.

Jajaja, pero es más fácil así. —Serena se ríe de su mal humor por algo tan pequeño.

Deben aprender a ser niños respetuosos, no son los hijos de cualquiera. —Resopla y deja su café en la mesa.

Pero si hasta Raditz y Kakarotto le dicen más seguido Papá al General. No creo que tenga que ver. —No va a prestarle atención y sigue enseñándole. —Ma-má… Paaapá…

¡Ma! ¡Pa!—Grita Rini apretando sus puños del esfuerzo.

Excelente, serán unos príncipes despreocupados como lo eras tú. El ejemplo de esos dos tampoco es el mejor que me hayas dado. Deben comportarse como verdaderos herederos. —Resopla colérico.

Ellos serán dignos…Ya verás. —Le deja un beso en su mejilla y una caricia en su nuca.

Porqué todo está lleno de sus recuerdos… Respira hondo. —Vengan… —Se arrodilla en una pierna para quedar a su altura, los invita a sus brazos. —No los voy a comer… —Rechista un poco, pero sabe que su mirada y su ceño fruncido siempre es de pocos amigos. Se acerca al verlos dudar, se arrodilla de nuevo y los abraza. Trunks pega un salto, no se siente como el abrazo de ayer, es más cálido y suave. Rini siente lo mismo y se sorprende que es la primera vez que los abraza tan explícitamente. —Sé que todo es…Diferente…Pero no va a cambiar nada. Yo soy su padre, pero ustedes me llaman papá. Y trataré de que nunca les falte su abrazo de buenos días como con su mamá. —Los niños se aferran a él. Se relaja. —Buenos días…

—Buenos días papá… —Rini se siente contenta y un poco triste.

—Sí buenos días. —Trunks sonríe agridulce.

—Vamos a buscar a Bra, en un rato despierta. — Caminaban con él hasta ir a la habitación de la niña. —Aunque espero que sigan siempre madrugando sin problemas. —Con tono normal les habla. —Trunks, me contaron que usaste la espada de tu abuelo. —Lo mira a los ojos. —Y que Rini protegió el refugio. Tengo más práctica en peleas y batallas cuerpo a cuerpo. Quizá uno de sus tíos terrícolas sepa del uso de espadas ¿Qué dices Trunks? —Le consulta ya que lo vió quedarse con la espada en la habitación. Lo ve asentir con una sonrisa. —Me siento orgulloso. Nunca lo olviden. —Lo toman cada uno de la mano. Para los niños parece tan natural. Para él, ésas pequeñas cosas siempre le fueron difíciles…Los niños son dignos.

—Mina por favor…Come algo. —Kakarotto se siente frustrado, el duelo de su esposa no le permite descansar a él tampoco. Y tiene una imparable necesidad de sentir su olor y su calor. —Tus hijos van a preocuparse, no te digo que ya no llores, pero, casi veinte horas sin comer… Al menos bebe agua. —Por fin la ve enderezarse, sus ojos hinchados y su rostro pálido le retuercen las entrañas. Le sirve agua fresca, luego le sirve más. Lo relaja verla entusiasmada al menos por hidratarse.

—Kakarotto… —Mira a su esposo con la mirada entreabierta y casi vacía. — ¿El poder del amor no existe?

—Pero…Mina. Tú usas ése poder. —Frunce el ceño poniendo una ceja en alto. — ¿De qué me hablas?

—Mi amor, la fuerza del amor no fue suficiente para ayudar a Serena. —Sus lágrimas caen sin parpadear, estruja las colchas donde está acostada. — Es por eso que ella recibió todo el daño…Soy débil. —Presiona sus dientes al borde del dolor.

—Tú no eres débil. Deja de decir esas cosas, no fue tu culpa. —Le levanta el tono.

—No soy como Lita o Rei, o siquiera soy buena estudiante como Ami. Cargo la semilla estelar de mi planeta…Aun así. —Estalla en un llanto nervioso nuevamente.

Kakarotto no quiere verla así, algo se desata en él. Una sensación que quería guardar dentro de su ser, pero ver llorar a su pareja, herida de ésta forma. Se le hace difícil ignorar sus instintos, sólo quiere hacerla sentir bien. —Mina… —La ve alzarle la mirada y se quita la camiseta. Toma sus manos, la obliga a tocar su piel, a sentir su olor en el pecho.

—Eh, Kakarotto. — Está algo consternada, más al sentir su olor amaderado de manera potente ¿Lo hace a propósito? Trata de alejarse, no quiere sentir eso ahora.

—Sí, lo hago a propósito. —Con tono demandante, adivina lo que debe estar pensando. Vuelve a forzarla a estar con él. Ella niega, sus lágrimas caen. Kakarotto baja un poco su rostro y lame sus lágrimas como curando sus heridas. La siente suspirar agitada, le gusta. Sigue bajando con su lengua húmeda y caliente contra el cuello de Mina ¡Esto está mal! ¿Por qué no puede parar? De pronto el cuerpo de Mina se afloja y cae lento en la cama. La siente más tranquila, relajada ¡Eso es! ¡No puede detenerse porque ella se siente bien! Puede ayudarla, mínimamente mermar unos minutos el dolor en su corazón.

—Kakarotto… ¿Qué pasa?—Pregunta tirada en la cama, sin poder despegarse del cuerpo caliente de su esposo. —Esto se siente…

—Lo sé, lo sé…No puedo parar. —Jadea con deseo. Se cubren con las colchas del frío, se desnudan enredados, sin detener los besos y lamidas. La cola de Kakarotto se enreda por su fina cintura, hasta dejar la punta en la línea de su trasero. Sube y baja el dorso de sus manos por los costados de sus senos.

—Tengo escalofríos… ¿Qué es? ¿Qué sucede? —Se aferra a la espalda de su esposo, enreda sus dedos a su cabello. Y se ahoga en un gemido, mientras su virilidad estira su centro hasta el fondo. Se menean a un ritmo suave y tan sincronizado que parece que sus cuerpos son uno sólo.

El calor se acumula entre ellos, pero el sudor los hace sentir bien, jadean y gimen sin parar. Entrelazan sus dedos, y se besan enredando sus lenguas, quedándose sin aire cuando el orgasmo los golpea sin siquiera aumentar el ritmo. Se retuercen sin desunir sus labios, apreciando la sensación en cada centímetro de sus cuerpos.

—Mi amor… —Ronronea Mina, cuando siente a Kakarotto recostarse en su pecho. Pero algo los pone a ambos en alerta, el rugido del estómago de Mina.

—Amor… ¿Quieres fruta o algo? —Con tono suave le consulta y deja un beso en uno de sus pechos. La ve asentir, y su semblante es distinto. Pero cree que es sólo el rubor del orgasmo. —Ya vengo… —Se viste con una camiseta y un pantalón de algodón, se va de inmediato a buscar algo en la cocina.

Mina queda mirando al techo, algo raro había sucedido. Siente el dolor en su pecho y la tristeza, pero que aun así puede funcionar, como si la hubieran despabilado o sacado del pozo depresivo y autodestructivo. Acerca su mano a su cara ¡Y tiene el olor a Kakarotto! Se endereza de la sorpresa, hasta se siente más potente que nunca, sigue oliendo y hasta vuelve a sentirse excitada ¡¿Pero qué mierda sucede?! ¡¿Acaso su perversión no conoce límites?! Toma aire y va a llamar a Ami…

Kakarotto camina por el pasillo del castillo hasta la cocina, y se pregunta si es el peor esposo de la historia… No pudo parar. Vegeta les pidió quedarse en sus Dominios, por lo menos hasta después del velorio de Serena… Pero lo comprende, las Sailors eran casi hermanas de la difunta Reina. Y quiere que pasen su duelo aquí.

Se siente impregnado del olor de Mina, se consternó tanto que ni siquiera se puso zapatos y está descalzo. Siente el Ki de su padre cerca, acelera hasta él. —Papá…

Bardock se detiene al sentir su nombre; y a su hijo bastante desorientado y descalzo. —Kakarotto… ¿Quieres unas botas? —Lo ve algo nervioso. —Espero no sean más malas noticias…

— ¡Tuve sexo con Mina! —Larga como un impulso.

Bardock lo mira de arriba abajo, y verifica con su olfato si no estuvo bebiendo, aunque apesta a hembra, así que su declaración tiene veracidad. —Y… —Enfoca su mirada esperando una respuesta completa.

— ¡Ay no! Ella por fin quiere comer. Debo ir a llevarle algo. —Se gira apurado y lleno de nerviosismo. Su padre lo detiene del hombro.

—Pídele a Monaka que le lleve algo. —Ahora quiere saber la historia completa. — Ven… Unas botas y a la biblioteca…

—¡Papá! —Raditz aparece con la mirada alterada. Aclara su garganta. —Ne-Necesito ayuda… —Se pone rojo hasta las orejas.

— ¿Es de sexo verdad? —Bardock ve a su hijo pegar un salto en sorpresa. —Haaaa… Vamos, tu hermano tiene el mismo problema.

—Mina. Estamos a un par de habitaciones de distancia. —Ami contesta su comunicador acostada en la cama, se siente como un inútil saco de piedras, que no tiene ganas ni de respirar. —Haaaa… Cuéntame… —Ami escucha su "problema", aunque no suena como tal. La ve bastante desorientada. Se sienta, está con una camiseta de Nappa y se abraza a una almohada. —Hm…Mira quien necesita mis aburridas clases de biología… —Sarcástica se burla de ella.

—Ah…Entonces es ¿Normal? —Mina le consulta, en verdad que esto la atrapó con la guardia baja. Ve a Ami esperando sus ruegos. —Por favor Ami…Ayúdame…Perdóname por decir que tus clases eran aburridas…Sabes que lo que yo aprendí es más terrícola que Saiyajin, por favor…Gran Diosa del conocimiento y la sabiduría. —Le hace un puchero y lloriquea.

—Bien…Así me gusta. —Cruza sus brazos y va a explicarle. — Escucha, los saiyajines son más primitivos en sus instintos, en especial bilógicamente. Cuando son compatibles físicamente, sus hormonas liberan feromonas, que sirven para relajar y distender un poco a la pareja para asegurarse de que el acto no sea algo forzado, y también estimulan nuestras feromonas. Suele cambiar el efecto en la voz cuando te tiene cerca. Es como los mamíferos en la Tierra. Pero en ellos es aún más potente. Si ven a su pareja herida o en un estado de peligro, sus instintos van a ser aún más intensos, para protegernos hasta de nosotras mismas.

—Vaya… Kakarotto debe estar muy preocupado por mí, debí verme fatal entonces. —Piensa un poco, él también debe sentirse mal por verla así.

—Sí, más que nada, porque ellos están en una situación donde no es un enemigo externo que ellos puedan eliminar. —Ami piensa que Nappa no pasó la noche con ella, la dejó dormir con la niña, y apenas se acerca, debe ser por eso. —Deben sentirse increíblemente impotentes. —Ambas suspiran fuerte.

— ¿Has hablado con Rei o Lita? —Mina está curiosa por saber si les ha pasado.

—No, pero…En mi caso. —Se pone roja siempre intenta no contarle estas cosas íntimas a la escandalosa de Mina. —Nappa me ha evitado…Debe saber cómo me siento o quizá no sabe cómo manejarlo.

—Hmmm… —Mina piensa, Ami siempre es delicada en sus emociones, y Nappa se ve una pareja atenta. —Debe ser que se preocupa por lo que sientes, quiere respetar tu estado, y que no creas que es un degenerado que no le importa cómo te sientes. Debieras aclararle que sabes que es por lo contrario que lo hace. —Con tono terapéutico ayuda a su amiga.

—Oh, Mina…Gracias. —Sonríe agridulce, se pregunta qué diría Serena si estuviera aquí, sus ojos se llenan de lágrimas.

— ¡Oh Gracias Gran Diosa del Amor! ¡No hay palabras para su sabiduría!—Con tono burlón Mina le reclama sus halagos a Ami. Pero ella le responde cortando abruptamente la llamada. — ¡Hm! Grosera… — Se tira de nuevo en la cama y siente a Monaka en la puerta. Suspira pensando… Que Serena hubiera sido la primera con quien ella hubiera hablado.

—…Bien… Y es eso. —Bardock les pasa los libros y les da un repaso de biología Saiyajin.

—Uufff… Yo que creí que estaba siendo el peor esposo. —Raditz suspira aliviado. —Sólo hay que esconder el olor y listo. —Su padre lo detiene con una mano.

—No es tan sencillo… El olor es aún más potente. Se habrán dado cuenta. Más si ellas están en una situación de estrés sobre la que no podemos hacer nada. — Les explica. — Las emociones son un punto débil en nosotros, no estamos acostumbrados, menos a algo tan intenso como esto. —Mira a sus puños. —Nos puede frustrar y simplemente buscar violencia para descargarnos. Pero ya no queremos eso…

—Así que puede que los primeros saiyajines en extinguir planetas eran sólo monos frustrados sexualmente. —Kakarotto dice exactamente el chiste que pasó por su mente.

—Jaja… Muy chistoso… —Bardock le afila su mirada asesina.

—Bueno, al menos Mina fue más receptiva al respecto, en cambio mi esposa… Lucha más contra sus instintos, es orgullosa por donde se la vea. —Mira sus puños, quizá un duelo para calmarse. —Oye Kakarotto ¿Cambiamos esposas una media hora? —Kakarotto lo levanta dispuesto a bajarle los dientes de un golpe.

—¡Eres un…!—Kakarotto ve a Raditz esperando el golpe. —Ja, casi caigo. —Lo suelta. —No, hasta el momento tengo el problema resuelto. Si algo sale mal podremos ir a las montañas y matarnos un rato…

— ¿Y tú papá? ¿Lita está bien?— Raditz se gira a ver a su padre.

—Sólo su mirada triste y el silencio…Pero es el primer día. Falta mucho. Dormí en el sofá, y dejé que Suika la acompañe a la noche. —Se sienta en el sillón y suspira al techo. —El trabajo me ayuda, además que hay mil cosas más que organizar respecto a los representantes que no dejan de llegar y quieren estar presentes en el velorio. Vegeta está igual, se distrae con sus hijos y el trabajo… —Entiende totalmente el dolor de Vegeta, es por eso que no quiere parar de ayudarlo en lo que pueda, teme que cometa una locura… Saltan del susto al sentir exactamente lo que temían, el Ki de Vegeta estalla en dirección del Palacio. Los tres saiyajines salen de inmediato por el balcón de la biblioteca.

Vegeta estaba atendiendo algunos asuntos, respecto de los Namekianos y el plazo de su estadía allí. Piccolo y Saichoro lo acompañaban junto con el Coronel encargado de ésa área del campamento. Estaban en uno de los despachos de reuniones.

—En unos meses más ya encontraremos dónde residir. —Saichoro les habla y le da a entender a Piccolo y Vegeta que las esferas podrán usarse y desear un nuevo planeta Namek. —Ya no queremos abusar de tanta amabilidad.

—Por favor, han luchado a nuestro lado, y sus habilidades de curación nos fueron muy útiles. —El Coronel Saiyajin muy sincero les agradece. Ve al Rey Vegeta IV como nunca vió a ningún Saiyajin, debe sentirse aturdido con todo. Y necesitar distenderse por el duelo. Cuando los Namekianos se retiran aprovecha para hablarle. —Cuando su Padre. —Lo ve levantarle la mirada y se aclara la garganta. —Cuando su padre enviudó, no hubo tantas amonestaciones como ahora. Su esposa era una gran Reina. En verdad usted debe sentir mucho dolor…–Vegeta le levanta una ceja, no sabe a dónde quiere llegar. —Por eso, sé que rechazó hace un tiempo a las hembras que le ofrecimos, pero… Para calmar el duelo, cuando se sienta dispuesto, le enviaremos unas hermo— No dijo más nada luego de sentir el puño de Vegeta mandándolo a volar atravesando la pared, haciendo volver a los Namekianos a ver qué sucedió.

— ¡Majestad! —Piccolo se exalta y llega corriendo con Saichoro.

—Por favor…—Con su puño aun extendido Vegeta les habla con la mayor tranquilidad que puede. —Si pueden curarlo… —Se endereza y sale caminando sin mirar atrás o es capaz de matarlo.

—¡Vegeta! —Bardock se acerca preocupado, pero ve la situación a sus espaldas.

—Puede que tengamos un puesto de Coronel libre… —Mira a Raditz que llegó preocupado. —Si te interesa…

—Está bien, sólo inconsciente. —Piccolo les aclara.

—Bien, si se disculpa apropiadamente, puede que mantenga su trabajo. —Vegeta se va con los tres saiyajines para contarles lo sucedido, por alguna razón, no le gusta ése gesto preocupado que le ponen. Bastante deben tener con el estado depresivo de sus parejas para además lidiar con él.

—¡Qué bueno! ¡Yo lo hubiera matado sin pensarlo dos veces! —Rei sisea fúrica. Da vueltas en la habitación queriendo salir a buscar a ése Coronel. Está vestida con un pijama de pantalón corto de seda y camiseta.

—Rei, ya cálmate. —Raditz extiende sus manos y luego da un paso atrás en contra de todos sus instintos, debe buscar cómo soportar el olor. Se gira para irse.

—Raditz… ¿A dónde vas? —El tono triste de Rei se deja sentir, no quiere quedarse sola. Tampoco tener a su hijo con ella y que la vea llorar tan desconsolada.

Raditz ve los ojos de Rei llenos de lágrimas que caen en cascadas, y su tono de voz dolido, al mismo tiempo tan dulce. —Voy a la cocina… —Acelera, sabe que usar algún perfume o rociarse té manzanilla va a calmar su olfato. Quizá rociarse un té más relajante como tilo. También para no estimular el olfato de ella.

Rei se acerca al verlo muy pensativo y nervioso. —Falta para la merienda. Aunque sé que me la pasé vomitando por los nervios ¿Sucede algo?—Da un paso y él retrocede.

—Eh, Rei ahora vuelvo no es nada. Como no comes mucho, te traeré un té para relajar tu estómago y algo de frutas ¿Sí? —Apenas la ve asentir sale disparado.

Correcto ¿Mas fruta? Rei mira a la mesita, todavía hay agua, fruta y un par de sándwiches. Eso sonó a una mentira ¿Acaso lo incomoda que ella está triste? O pero aun ¿Es porque ella sintió su erección matutina y no hizo nada como acostumbra? ¡Pero qué esposo más desconsiderado! Ahora quiere mandarlo a volar a él.

Al volver Raditz se encuentra con alguien diferente en la habitación. En lugar de una Rei en pleno duelo, ve a una Rei técnicamente prendida fuego y con ganas de sacarlo a patadas.

— ¿Y el té y la fruta? —Rei pregunta sentada en la cama, hasta se puso un sweater de algodón para taparse más de ése saiyajin pervertido. Conoce bien el nivel de líbido de ése saiyajin, pero ésto le parece ofensivo.

Raditz rechista para sus adentros, estaba tan concentrado en lo del olor que se olvidó totalmente. —Lo traerán para la merienda, si tú dices que no quieres, no tiene sentido. —Mira a un lado, y ve la fruta. —Hay fruta…así que… —Encoge sus hombros.

—¡Tú quieres coger! ¡¿VERDAD?!— Muy ofendida y fúrica se lo echa en cara.

—Rei… —Raditz toma aire y está dispuesto a explicarle.

— ¡Rei una mierda! ¡Mi mejor amiga acaba de morir y tú estás con eso! ¡Lárgate! ¡Eres un mal esposo! —Le arroja una almohada, él la atrapa en el aire.

—Bien. —Respira fuerte por la nariz, casi sintiendo lava explotar en la cabeza. — No creo que yo sea mal esposo siendo que fui a tratar de ocultar el olor para que tú tampoco caigas. Esto es de a dos, y no quería que te afectara a ti también.

—Jajaja, pero qué ridículo. —Rei se burla. —Yo no soy una fácil, creo que te equivocaste de cuarto. Soy la mujer con la que estás casado hace casi diez años y tus "encantos"; si es que tienes alguno; ya no tienen efecto. —Lo detiene cuando va a interrumpirla. —Además ésta mañana te despertaste duro y no hice nada, ya soy inmune A TI. — Lo señala despectivamente.

Raditz siente un desafío tirado en su cara, no sólo la hembra lo acusa de ser mal esposo, siendo que está intentando respetar sus sentimientos y no dejar que sus instintos lo dominen. Sino que lo ha ofendido e insultado cuando él sólo quiere explicarle. Fúrico rompe la camisa que trae puesta y deja los pedazos en el suelo. Toma la jarra con agua y se la arroja enjuagándose lo que se puso para tapar su olor.

Rei mira sin entender, quizá se volvió loco, o si quiere seducirla tendrá que usar algo mejor. Lo ve acercarse a ella rápido e inmovilizarla de las muñecas para acercarse a él. —Suéltame. —Sisea Rei dispuesta a prenderlo fuego. Lo ve a través de las gotas de agua que escurren un poco de su pecho y su cabello.

—Siénteme… —La acerca con el rostro a su pecho. Ella gira la cabeza, aprieta los dientes, Raditz ve como contiene la respiración. —Siente mi olor Rei… ¿No dijiste que eras inmune? —Con voz grave y seductora susurra en su oído. La ve girar de nuevo frente a él y afilar su olfato a su pecho. Una olida discreta, luego una más profunda y explícita, hasta la ve morderse el labio inferior para reprimir su deseo. La aleja. — ¿Ves? No mentía. —Trata de tener tono normal al verla incluso mareada por el olor. Intenta contener la respiración para no mandar todo al diablo.

—Lo siento… Raditz. — Rei le habla, con tono mucho más calmado por los efectos de ése olor, incluso el calor de sus manos sosteniendo sus muñecas, la cercanía de su piel… Ése olor amaderado y cítrico. Siempre se lo ha sentido pero ahora hasta lo extraña. Va a buscar una toalla para secarlo.

—No hace falta… —La ataja con sus manos. —Ésta noche mejor duermo en el sillón.

—Mmhmm…—Asiente y le pasa la toalla de todas formas. Ve las gotas en su cuerpo…Quiere beberlas. —Raditz. —Se pega a su cuerpo y de inmediato lame sin reservas las gotas de agua en su pecho musculoso. Da succiones prolongadas demarcando sus cicatrices y su atlético abdomen.

—Agh… R-Rei… Yo… —Presiona sus dientes, sintiendo dolor en la mandíbula tratando de resistir a las atenciones de su esposa... A su dulce aroma penetrando su nariz… —Bien… ¡A la mierda! —La empuja en la cama, y le quita el sweater mientras ella no puede parar de lamerlo hasta dejar cada área sólo con la humedad y el calor de su lengua. La toma del cabello y une su boca en un beso apasionado, mete su lengua dentro de ella demandante, azota su paladar saboreándola y haciéndola salivar. —Dijiste… —Gruñe contra su boca… —Dijiste que te quería coger… —Baja por su cuello dándole succiones, sintiendo su pulso acelerado. —Ahora sabrás la diferencia entre que te coja…Y te haga el amor… —Rei lo mira con los ojos desorbitados ante su amenaza. Sin esperar más Raditz rompe su ropa haciéndola pegar un pequeño grito, casi un gemido que ella trata de reprimir. Amasa sus pechos haciéndola gritar de lujuria, baja con su boca y lame sus pezones haciéndolos saltar endurecidos. Toma su pequeño short, lo rompe como si fuera de papel. —Ja…fanfarrona… Mira lo mojada que estás. —Pone un dedo sobre su clítoris, luego desparrama su humedad por los labios de su centro, hasta chorrear por fuera de su ropa interior. —Ya no te sirve… —Rompe sus bragas, la gira boca abajo. Pasa su lengua desde la línea de su trasero hasta el cuello dejándola con la espalda brillante por su saliva, totalmente a su merced. Envuelve la cintura de su esposa con su cola, dejando la punta acariciando su clítoris. Toma su polla y la frota para ayudarse a entrar. Ella se retuerce y menea su trasero, deseosa de sentirlo. Y ahí está… Su miembro dentro de ella, llegando hasta lo más profundo y luego la primer embestida ruda.

— ¡Ah! ¡Por Dios!—Se aferra a la almohada, pudo sentir todo su cuerpo sacudirse. Y vuelve a hacerlo. —¡Ah!— Siente una mano en su pecho retorciendo su pezón. Y el aliento caliente de su esposo cerca de su oído. Sigue embistiéndola duramente.

— ¿Ves Rei? —Con tono malicioso le susurra. — ¿Ves cómo te cojo? —Muerde su oreja, luego atrapa su cabello en un puño y la tironea al ritmo de sus embestidas. Ella sólo gime y grita excitada. —Ah Rei. —La embiste. — Eres hermosa. —Se aleja. — ¡Oh sí!—La embiste. —Quisiera estar todo el día dentro de ti… —Gruñe ante la visión intoxicante de su trasero rebotando contra su pelvis. Suelta su cabello y la levanta de uno de sus pechos arqueando su espalda. Besa y lame el pulso de su cuello. Su cola comienza a azotar su clítoris. Los gritos de Rei se mezclan con sus gemidos. Con la mano libre la toma del mentón y une sus bocas abiertas, girando sus lenguas de manera explícita.

—¡Más! ¡Raditz! ¡Por favor Ah, Ah! —Aceleran sus cuerpos y se abrazan fuerte en una dura embestida. El semen de Raditz llena totalmente su interior, incrementando el placer de su orgasmo. Sin desunir sus cuerpos se recuestan en la cama, tratando que los escalofríos del clímax se detengan.

—Haaaa… Mi Rei… —Ronronea del gusto en su oído, sintiéndola reír coqueta al igual que él. Luego la siente resoplar molesta. — ¿Qué pasa? —Con tono tranquilo.

—No me quiero mover…Pero tengo mucha, mucha hambre. —Le declara casi con voz dormida.

—Jaja…En unos minutos te doy de comer en la boca, no te preocupes. —Se hunde aún más en su abrazo al sentirla dándoles tiernas caricias a su cola. En verdad la siente más relajada. Y él también, al saber que su apetito se ha despertado.

—Ay hermanita… Estás perdida…— Diecisiete se cruza de brazos y ve a su hermana muy pensativa intentando leer algo en la biblioteca. Están en los Dominios de Vegeta para asistir al velorio. Sólo recibe una mirada asesina de su parte.

—Es normal madurar y encontrar una pareja para aparearse. —Dieciséis le plantea y Dieciocho le arroja un libro.

—¡Ya cállense los dos! ¡No puedo creer que le contaras Diecisiete! —Le reclama ofendida.

— ¿Cuánto tiempo más crees que ibas a poder ocultarlo?—Diecisiete se cruza de brazos y se sienta en el sillón frente a ella. —Además él no se ve como el tipo que anda en secretismos, el beso que te dió, lo hizo técnicamente donde cualquiera pudo verlos…Yo los ví.

— ¿Por qué insisten en el tema? —Dieciocho frustrada se arroja al sillón y se pone un almohadón en la cabeza.

— ¿Por qué no confías en nosotros? —Dieciséis le pregunta con tono normal. —Somos hermanos, yo sería una especie de hermano mayor, ya que estoy desde antes de que ustedes nacieran ¿Es porque somos hombres?

—Es porque no tiene caso… —Habla aun con el almohadón en la cara, llena de vergüenza. —Él aun ama a otra, lo peor, está de duelo por ella…Soy un repuesto.

—Jajajaja, es gracioso porque somos mecánicos. —Diecisiete se burla, le agrada hacer enojar a su hermana. —Pero… ¿Tú cómo sabes? ¿Le has dicho que dudas? —Cambia su tono.

—Aún tiene una camisa de él guardada. —Dieciséis la deja en evidencia.

—¡Pero qué hermanos tan metiches! —Les grita y está por irse.

—El velorio es en una semana. Luego de eso nos iremos. Aun tienes tiempo. —Diecisiete en verdad quiere ayudarla, jamás vió a su hermana tan insegura y tan confundida.

Dieciocho se decidió a darle fin a toda ésta tontería. Porque eso era, tenía que ir y decirle que no, fin de la historia. En el fondo ella, sabía que habría momentos en los que dudaría si está pensando en ella o no. Además ¿Qué puede atraerle de una mujer que le rompe un brazo y técnicamente lo golpeó hasta la inconciencia? ¡Mierda! De sólo recordarlo siente un trago amargo y horrible de culpa. Va caminando hasta su habitación, va a tomar la oportunidad de devolverle la camisa que se quedó de ésa mañana, para que no se haga ideas equivocadas y decirle que esto ya no sucederá de nuevo. Es una camisa blanca con bordes azules, muy suave, de algodón, la lleva doblada e impecable, la acerca a su nariz y no puede evitar olerla fuerte hasta casi quedar sin oxígeno.

Vegeta iba caminando con Whis quien le informaba de la decisión del Señor Bills para asistir al velorio. —… Y estoy de acuerdo que se le hagan los honores correspondientes. —El ángel caminaba junto al Rey de mirada vacía que de a ratos relojeaba al jardín destruido.

—Ella se lo agradecería, siempre estuvo en su naturaleza ser así con los demás. —Suspira mirando hacia adelante. —Gracias. —Le da sus respetos.

—Tenemos millones de años con el Señor Bills, tomamos la vida de los mortales como una pequeña lumbre que se extingue apenas se enciende. —Con tono sabio habla con Vegeta. —Pero tienen la habilidad de en ésos pequeños momentos vivir realmente toda una vida. Jamás vi al Señor Bills pensar en asistir a honrar la muerte de un mortal. —Levanta su báculo y golpea el suelo, el jardín se reconstruye, junto con las flores que habían sido arrasadas.

Vegeta observa al patio lleno de vida de nuevo, pero su olfato percibe una helada a punto de caer. —Gracias de nuevo, aunque no creo que las flores sobrevivan al frío.

—Es el Señor Bills quien me pidió arreglarlo. Le pareció justo. Además lo salvaron de que Zeno Sama lo elimine, junto con el universo. —Se miran de costado y comparten la mueca de una sonrisa.

Luego de despedir al ángel, camina hacia la habitación de Darien. Monaka y los demás sirvientes le informaron que ha rechazado todos los alimentos, sólo acepta agua. Y no sale a hablar con nadie. Cree que ésa testarudez debe ser de familia. Al doblar para las habitaciones de huéspedes ahí está la androide hundiendo su rostro en una camisa doblaba, como buscando la salvación en ésa tela. Pero la ve dudando para tocar la puerta. Él lo sabía, ni su nariz ni su instinto lo engañaban. —Es algo Saiyajin… —La hace saltar de la sorpresa.

— ¿Q-Q-Qué dijo…Majestad? —Le tiembla la voz, quiere huir la han atrapado.

—Eso… —Señala a la camisa. —El olor…Son feromonas, se suelen liberar cuando somos compatibles físicamente con alguien. En los Saiyajin es más potente, nuestro olfato lo percibe aún más detallado, y si es de una potencial pareja, sólo tú y él saben los detalles específicos de la esencia de ambos…—La rubia sólo lo mira con los ojos redondos sin poder parpadear, quizá duda de él. —Ahora debe necesitarte, el estrés lo hacen necesitar aún más el olor, hasta lo hace más potente… —Le da una reverencia y se va. Vegeta sube las escaleras caminando para pensar de dónde salió eso y porqué le importaba siquiera una mierda… Se convence de que quizá así el Príncipe pueda comer, componerse y no ir al velorio hecho un desastre.

Los golpes suaves en la puerta despabilan a Darien. Se levanta creyendo que es algún sirviente intentando inducirle comida, pero incluso antes de abrir la puerta siente el olor de Dieciocho. Se sorprende gratamente. Pero no entiende ¡¿Qué mierda pasa?! Abre rápido y ahí está, muy nerviosa pasándole su camisa y desviando la mirada, roja hasta el cuello. Se aferra a ella y la mete a su habitación. La levanta en sus brazos, y acaricia su cuello con la punta de su nariz. Ella no lo soporta, Vegeta no le mintió, su aroma la intoxica y no puede parar, quiere besarlo, aunque piense en otra, quiere tocarlo, aunque él piense en otra. La toma del mentón y la besa muy suave, pero de inmediato no pueden evitar profundizar el beso y asomar sus lenguas, bebiéndose sin reservas.

—Puedes… —Jadea Dieciocho tratando de articular. —Puedes decir el nombre de ella si quieres…No me molesta. —Lo ve a los ojos, quiere hacerle saber que va a darle consuelo.

Darien parpadea, quizá fue muy impulsivo al tomarla sin decirle nada. Intenta ordenar sus ideas y entender lo que le dijo. La ve atento y ve algunas similitudes a las que nunca prestó atención realmente. — ¿Quieres cambiarte el color de cabello? —La ve saltar en sorpresa… Acertó. — ¿O quizás ponerte lentes de contacto de otro color? No me importa el color... Yo sólo pienso en ti Dieciocho. —Baja a besar su cuello. —Diré sólo tu nombre, Dieciocho. —Jadea lamiendo su cuello y sube hasta su oreja. —Cuando esté en pleno acto diré tu nombre…Cuando me corra diré tu nombre y me aseguraré de que tú digas el mío… —Gruñe con lascivia mientras se desnudan y recorren cada centímetro de sus cuerpos sin reservas. En especial Dieciocho, que se siente más atrevida luego de que sus palabras le dieron alivio a las dudas de su pecho.

—Ah Darien. —Gime sintiendo su boca en sus pezones, sus manos masajeándola y su lengua salivando dándole círculos a sus puntas erectas. Ella alcanza una mano a la punta de su polla y acaricia de arriba abajo. Besa y acaricia su pecho fornido. Darien también baja por su vientre plano, acaricia su fina cintura y sus caderas. No ha tocado su centro, pero su olor vuelve a hacerle agua la boca.

—Dieciocho… —Jadea casi sin aire y une su boca con su clítoris. La siente pegar un salto.

— ¡Darien! —La lengua de Darien le provocaba escalofríos, sentía que sólo con eso la iba a hacer acabar. —No, no… —En voz baja niega con la cabeza.

— ¿Qué pasa? —Le da una lamida desde abajo hasta arriba, se queda besando su pelvis.

—Esto está mal…—Suspira fuerte cuando el pulgar de Darien da círculos a su clítoris hinchado. —Debería ser yo quien te haga sentir bien… —Lloriquea en voz baja.

—Jmjm… —Besa los labios de su centro. —Esto me hace bien… Me gusta. No puedo parar. —La lame de lleno otra vez. —Tu calor…Tú olor… Tú sabor es dulce…

—Mentira eso no puede ser dulce. —Se despabila y reclama, se endereza para verlo.

—Claro que sí… —Darien se arrodilla para verla de cerca. —Aquí… —Se pone un dedo donde está su corazón… —Siento tu dulzura aquí.

Dieciocho salta avergonzada, siente la cara y el pecho prendido fuego, su corazón late estruendoso. Como si la acabara de atravesar con una espada de fuego y no quisiera escapar. Envuelve sus piernas a los hombros de Darien y sostiene su cabeza, dejándolo proseguir. De nuevo ésa convulsión placentera se acumula dentro de ella. El orgasmo la golpea…Pero a los pocos segundos. — ¡Ah Mierda! —Otra ola de placer la azota, suelta el cabello de Darien y se aferra a las sábanas, cuando una vez más él aprieta su clítoris entre su índice y su pulgar, dejándolo expuesto para volver a succionarlo hasta hacerla explotar. —Da-Darien, por favor… ¡Ah! —Se siente desmayar. La suelta cuando está flácida sobre el colchón.

—Dieciocho… —Jadea y entrelaza sus dedos para acostarse con ella, se acomoda en su pecho. Aspira fuerte el olor de su cabello.

—Darien… ¿Qué olor tengo? —Con tono curioso quiere saber.

—Eh… Pues, hueles a flores de lavanda, como ropa fresca y limpia. Es como si fuera tu piel…Tu cabello más específicamente. —La siente aferrarse aún más a su pecho. — ¿Es tu perfume o tu shampoo de esas fragancias? Aunque es extraño… —Vuelve a olerla.

Ella niega con la cabeza. —No es extraño…Es Saiyajin… —Se siente agotada, pero su voluntad es más grande, mete su mano debajo de las sábanas y toma firme la polla de Darien.

—No te preocup-¡Ah! —La siente darle la primera caricia firme hasta abajo.

— ¿Seguro que quieres desafiar a alguien como yo? —Se ríe con algo de malicia, se endereza y sigue con su mano. —Quiero aliviarlo, se ve… Adolorido. —Ve a Darien poner la mirada dilatada, y morderse el labio para reprimir sus jadeos. Le gusta, le gusta mucho saber que es ella quien lo pone así. Sigue de arriba abajo, firme, sin descanso, encendiéndose con las pequeñas gotas que salen de la punta ayudándola a lubricar su masaje. Se acerca a besarlo y él atrapa su pecho, pellizca su pezón. Pero siente que se resiste. —Hazlo Darien… —Siente el palpitar de la punta. —También quiero hacerte acabar…Hazlo. —Jadea con deseo.

— ¡Ah! ¡Ah! Ya, no aguanto… ¡Dieciocho! — Gruñe contra la boca de Dieciocho, de inmediato la ve bajar hasta su polla.

La androide queda fascinada, el tenerlo en su mano, le hizo perderle un poco el susto que le dió el tamaño en un inicio, pero ahora debe controlarse para no ir más allá. El líquido perlado que escurre por su mano, no huele mal, le gusta su textura, mientras sigue saliendo, toma valor y lo mete en la boca, Darien pega un salto en sorpresa. Su sabor, no es desagradable, pero no es su sabor lo que la incita a tragarlo, sino lo que significa…Ella está bebiendo todo de él, como él hizo con ella. Traga hasta la última gota, limpiando a fondo con su lengua. Darien la toma de los hombros y la acomoda sobre su pecho.

—Ya, ya…Creo que está bien limpio. —La besa y pasa su lengua limpiando algo de su semen que quedó en su boca. Suspiran relajados… Hasta que el estómago de Darien hace un ruido bastante agresivo. —Vaya, pero qué hermosa manera de arruinar el momento más romántico de mi vida. —Ambos dan una carcajada apagada.

—Debes comer…No creo que a ella le agrade que tú estés así. —Se miran a los ojos y parpadean. —Ya, no me siento incómoda. Si quieres hablamos y nos conocemos más mientras comemos.

—Hm… Sí, eso sería bueno, te tengo muchas preguntas. —Sonríe de lado y toma el scouter, lo enciende. Lo había apagado para que nadie lo moleste, se sentía morir. Le duele haber perdido a Serena, justo cuando por fin arreglaban todos los cabos sueltos entre ellos. Pero siente que puede levantarse y seguir, como si un bálsamo hubiera calmado el fuego en su alma. Se siente con suerte, su cura es una hermosa mujer.

Nashi y su mamá estaban charlando en el sillón de la habitación sobre todo lo que había sucedido en éstas horas, le contaba a detalle cómo habían escapado de los secuaces de Freezer, y su mamá se distraía un poco de su letargo peinando su cabello y poniéndole unas hebillas.

—Así como lo oyes… Trunks jura que escuchó la voz de la abuelita, luego la espada brillando. Fue impresionante. — Su mamá terminaba de peinarla, se giraba y sonreía.

—Ja, también eres una niña valiente. —Ami sonríe agridulce y caen lágrimas en su rostro. Nashi limpia sus lágrimas con su mano.

— ¿Extrañas mucho a la abuelita Serenity? —La ve asentir. —A la tía Serena también…Haaaa…—Se abraza a su mamá. —Creo que la tía Serena debe estar con la abuelita, y su papá, visitándolos, y dándoles las gracias por cuidarnos. Ví el poder de la espada, los poderes de la Luna Terrícola llegan más allá, sin importar nada.

—Gracias. —Abraza a su niña y besa su cabellera. Tiene razón, Serena seguro donde esté debe estar cuidándolos. —Bueno, basta de llanto o me voy a deshidratar ¿Quieres ir a la pijamada de Trunks y Rini en la biblioteca? A ti te vendría bien distraerte.

—No lo sé, papá insiste mucho que no te deje sola. —Baja la vista y encoge los hombros.

—Sí, papá se preocupa, pero los príncipes y los demás deben estar muy tristes también. Creo que es bueno que vayas. Ustedes son Saiyajines, pero también son niños. —La ve asentir y sonreírle. —Anda ve a prepararte, y avísales que iras.

Nappa entra a la habitación, había terminado las rondas de vigilancia que estarían de reemplazo, ya que las Sailors están de duelo, y ellos las acompañan. Ve a la niña alistar ropa y saludarlo contenta. Ami sigue pálida, aunque toma agua, ingerir alimento o siquiera estar tranquila para dormir, fue todo un suplicio. — ¿La niña va a la pijamada? —Nappa consulta a su esposa y ella le asiente. Toma aire, definitivamente va a dormir afuera.

—Sí papá. Mis amigos también me necesitan. —Muy entusiasmada, se iba a organizar la pijamada con los demás.

—Jaja, más que una pijamada, será un campamento completo. —Ami se reía y recordaba cuando iban a acampar todos en sus vacaciones de verano en la Tierra.

Nappa se aclara la garganta y de lejos rodea a Ami. — ¿Crees poder dormir? Puedo llamar a Lemo, para medicarte. —Le explica. Trata de no respirar mucho, aunque los consejos de Raditz fueron efectivos, no lo son lo suficiente en una habitación impregnada de Ami. Mira el sillón donde durmió anoche y se pregunta si podrá soportar ahora que Ami le está dejando su olor.

—Nappa. —Llama su atención al verlo tan pensativo. —Tranquilo sé lo que sucede. No estoy enojada.

—Aaahh…Gracias a Dios. —Respira relajado, luego sacude la cabeza al sentir demasiado el aroma dulce de su esposa. —Sospechaba que quizá lo sabías, pero ha pasado tanto que no quería ser otra molestia. Bueno dormiré en otra habitación.

— ¡No! —Le grita sin darse cuenta. —Perdón, no, no me dejes sola. —La voz se le quiebra, tiene una necesidad enorme de sentirse envuelta en sus brazos. De repente no puede dejar de ensoñar la sensación de tener su musculosa forma aferrada a ella, dándole calor, refugio…Alivio. Sacude la cabeza ¿Qué le sucede? —Lo siento, tampoco quiero ser una carga.

—Para nada. Es mi deber, y también un honor para mí. Nunca lo olvides. —Nervioso miraba a los lados, se sentía como las primeras veces que la veía a solas en la biblioteca.

—Mmm… Puede que haya algo para neutralizar el olor… —Se pone a buscar en su laptop algo de información.

—Ami, querida…En verdad… —Se ataja con las manos.

Ami levanta la mirada decidida. Luego afila un poco el olfato hacia Nappa. —Oh, lo que tienes puesto lo neutraliza bastante.

—Sí Raditz me ayudó. Nunca tuve la necesidad de algo así. Es un rocío de té de tilo y manzanilla, relaja las fosas nasales. También perfume a base de hierbas relajantes. —Ve a Ami muy concentrada buscando.

—Hmmm… ¿Tendrá aceite con esas fragancias para ponerte en el pecho? —Levanta la vista a Nappa y éste pega un salto sorprendido. Rojo hasta las orejas.

—Haaaa… Ami de verdad no insistas. Debes pasar tranquila tu duelo. —Suspira y se aleja.

—Sólo quiero dormir con mi esposo ¿Es eso malo?—Se acerca y lo ve retroceder casi instintivamente. Parpadea en sorpresa… De pronto ella se siente como un viejo pervertido queriendo atrapar a una inocente colegiala. Se siente como la depredadora en ésta relación y ¿Acaso le gusta la idea? Hasta…Dá un paso más hacia él, vuelve a retroceder y lo ve cubrirse la cara aguantando la respiración, totalmente rojo mirando a la puerta, queriendo escapar… ¿Hasta se siente excitada por la idea?

La llamada en su scouter lo salva. Nappa pega un salto y atiende. —Sí de inmediato. —Trata de controlar el temblor en su voz. —Voy a revisar unas rondas. —Se gira a abrir la puerta.

—Te espero para cenar. —Ami le sonríe, ve a Nappa tomar aire relajado al verla cambiar un poco su gesto triste. Se va, Ami de pronto tiene una pequeña misión, poder compartir la cama con su esposo…Va a conseguir ése aceite…Toma su comunicador. —Buenas tardes Monaka…Necesito un favor. — Muy decidida ya sabe qué hacer.

Hasta aquí otro cap…Saluditos a:

DesertRose000: Sí, creo que una parte masoquista se me ha despertado. Ésa mañana abrí los PM, las RW y sólo llovían cascadas de tristeza. Incluso de gente que decía que si bien no le cae bien Serena para Vegeta, ahora arrepentidos, y tienen la teoría de que se encuentre con Bulma para rearmar su vida, pero que ya no lo verían igual luego de Lo que ha pasado con VegeRena.

OhaioIzumikun: Pues, sí. Ahora deben enfrentar su tristeza, donde lo peor es ver que la vida sigue su curso e igual deben sacar fortalezas. Por eso es importante de todas formas dar gracias.

De nuevo mil gracias a todos por seguir hasta aquí, según mis borradores, el Cap 40 será el final, así que agarraos fuerte; y según calculé será para la noche buena. Gracias por todo el cariño hasta ahora. Abrazo fuerte…