Lugar: Piso 76 (Arc-Sophia) – Taberna de Agil – Momento del Día: En la mañana


- ¿Cómo sigue Hiro? – preguntó Philia al ver al robusto barista bajar las espiraladas escaleras que daban al piso superior.

- Durmiendo- contestó. Lo hemos estado revisando en las últimas horas. No hubo cambios en su estado. No le inyectaron veneno, ni tiene sangrado o ninguna otra condición que afecte su HP. Creemos que simplemente, pudo haber sido el shock por lo ocurrido el otro día. Fue demasiado para él.

El resto de los presentes se miraron entre sí. No podían negarlo. Todo lo que había ocurrido el día de ayer sonaba demasiado surrealista. Alberich y sus secuaces estaban muertos, sus mentes vueltas meras cifras digitales, Administrador había hallado la forma de insertarse a sí misma dentro de Aincrad como si una jugadora más del montón y, para empeorar todo, Hiro aún no despertaba después de su choque con el resucitado Hollow Avatar. Nada parecía pintar bien para el grupo.

- Bien, entonces, ¿qué hacemos a partir de ahora? –alzó la voz Agil, reasumiendo su posición detrás de la barra.

- No hay mucho que podamos hacer por el momento – respondió la sub-comandante. El plan era comenzar con la exploración del piso 92, junto a los demás gremios pero... esta mañana... la habitación del jefe de piso apareció señalada en nuestros mapas, aun cuando varias de las zonas circundantes figuran como no exploradas.

- Así que... está cumpliendo con su acuerdo... - aportó Sinon en voz baja.

- De todas maneras, hemos dado aviso a todos de no acercarse a nadie con las descripciones físicas del avatar de Administrador o las del Hollow Avatar. De toparse con cualquiera de ellos, se les ha ordenado retirarse del punto inmediatamente.

- Creo que es lo mejor – dijo Klein buscando enmascarar su preocupación. ¿Qué opinas tú, Kiri...? El samurái se giró en dirección al espadachín que se hallaba con la cabeza gacha, como absorto en sus propios pensamientos.

- ¿Kirito-san? – llamó Silica, sacando al exbeater del trance.

- ¿Huh? Ah, Sumanai (perdón), es sólo que algo me tenía inquieto- respondió.

- ¿Hablas de... lo último que dijo Administrador antes de irse? – interrogó Asuna.

- Si... no sé si recordarán aquella semana, Leafa, Sinon, ustedes llegaron al juego mucho después así que no sabían de esto, pero, durante los días previos al asedio al piso 75, un gran número de jugadores sufrieron desconexiones temporales. No fueron prolongadas, como mucho lo cuerpos quedaban inconscientes por períodos de hasta 15 minutos y luego se reincorporaban, como si sólo hubiesen tomado un mero descanso. Asuna y yo deducimos, que se había debido a que nuestros cuerpos en el mundo real estarían siendo trasladados a hospitales cercanos con el fin de ralentizar nuestro deterioro físico.

- Ah... lo recuerdo Onii-chan, un grupo de paramédicos y agentes vino a nuestra casa. Cargaron tu cuerpo en una camilla y lo trasladaron en una ambulancia, mamá estaba devastada cuando te llevaron. Procurábamos ir a visitarte diario- agregó Leafa con gesto triste.

Kirito sólo acarició la cabeza de su hermana. Cosa que la sonrojo levemente.

- Como decía, para ese entonces nuestros cuerpos ya estaban en un estado lo suficientemente inestable como para requerir atenciones médicas, pero no debemos olvidar que luego de esos incidentes, ha pasado casi otro año.

- ¿Qué insinúas, Kirito? – preguntó Lizbeth con miedo.

- Existe la remota posibilidad de que, de no verse una solución pronto, el gobierno decida dejar de consumir recursos para mantenernos con vida – sentenció el pelinegro, un silencio sepulcral invadiendo la sala.

- Oe, Kirito! ¡Que pruebas tienes para decir eso! – protestó el pelirrojo. ¿Dices que pueden llegar a abandonarnos, así como así?

- Si tenemos en cuenta el hecho de que alguien como Alberich, pudo colarse a los servidores de Sword Art Online sin autorización y siendo miembro de una importante compañía como lo es Recto, significa que el boom mediático que se generó con nuestro encarcelamiento en el juego ha decaído lo suficiente como para ya no ser la prioridad a los ojos del país.

- Puedo corroborar eso – dijo la arquera de coletas, tomando la palabra. Durante los primeros meses, todas las estaciones de radio y televisión hablaban del juego maldito como si no hubiese otras noticias. Pero, cerca del final del segundo año, muchos periodistas ya comenzaban a considerar el asunto una pérdida en insumos para la nación. Incluso algunos debatían sobre si debían de desconectar forzosamente a un cierto número de los involucrados con el fin de reducir la carga para los centros de salud. Las personas en general vieron con miedo la tecnología de realidad virtual durante todo el año uno, no fue hasta mediados del año dos, que decidieron volver a retomar ciertos proyectos, fue en aquellos días en que finalmente pude enviar mi solicitud para la prueba del Medicuboid.

- No puede ser... – susurró Philia.

- Esos bastardos... - se lamentó el samurái, golpeando una de las mesas.

- ¿Qué podemos hacer entonces, Kirito-kun? – preguntó Asuna.

- Sólo nos queda alistarnos lo más rápido que podamos y vencer a los jefes restantes... después de eso... voy a desafiar a Administrador...

- ¿EH? – exclamaron todos los presentes.

- ¿Piensas enfrentarla tu solo, Kirito-san? – decidió participar Rain.

- ¿Acaso estás loco? – compartió Liz, enojada.

El espadachín dio un paso atrás, nervioso.

- Bueno... técnicamente Administrador es ahora un jugador más así que... la única forma de vencerla justamente sería en un duelo como contra Heathcliff y yo...

- ME NIEGO... - interrumpió la voz de cierta peli-castaña.

- ¿Asuna?

- No harás lo mismo que con Kayaba, Kirito-kun, no voy a dejarte. Casi te perdemos esa vez. Si no hubiese sido por aquel gran fallo en el sistema... yo...

El pelinegro se levantó de su asiento y tiernamente envolvió a su esposa en un abrazo.

- Perdóname, Asuna. Creo que me deje llevar por un momento...

- Baka...

El grupo miró con una sonrisa el tierno momento de la pareja.

En eso, cierta peli zanahoria, tuvo una idea.

- Oh, casi lo olvidaba, podríamos pedirle ayuda a Cardinal.

- ¿Te refieres a la NPC que tú y Hiro conocieron en la Hollow Área?

- Sí, ella conoce prácticamente todo de Aincrad, aún si se encuentra encerrada, debe ser posible contactarla.

- Genial, Philia-chan y ¿cómo lo hacemos? – preguntó Klein.

- Ah...

La cara de la caza tesoros esbozó una sonrisa de culpa.

- De hecho... Sólo Hiro... puede hablar con ella. Jamás pude pedirle su nombre para mis contactos...

El grupo entero soltó un suspiro.

- Creo que una vez más, dependemos de la ayuda Hiro...


- Así que... de nuevo aquí, ¿eh? - murmuré para nadie en particular, viendo por tercera vez la alineación de puertas a mi lado. El desenlace era, para mí, bastante obvio. De alguna forma había acabado inconsciente durante el combate.

Un suspiro traicionero escapó de mi garganta. Cardinal me había advertido del peligro que esto conllevaría. Pero... por alguna razón no me importaba...

Mis pensamientos no eran los más lógicos para el momento...

Muchos escenarios caóticos danzaban mi cabeza.

¿Habíamos ganado? ¿Administrador había eliminado a todos? ¿Kirito y compañía habrían podido huir a salvo?

Mi mente se sentía adormilada. Cuidadosamente me reincorporé y de unos cuantos pasos, llegué hasta la orilla del pasillo. Abajo solo había tinieblas.

¿Qué pasaría si saltara desde esta altura? Acaso... ¿moriría? ¿despertaría como si nada sobre alguna cama en Aincrad? Si muriera, ¿me reuniría con...?

La imagen de una joven pelilavanda apareció fugazmente.

Mis ojos llenándose de lágrimas una vez más.

¿Algún día me cansaría de llorar?

Observé el gran vacío que me rodeaba.

- Perdón... Strea...

Era lo único que podía decir. Mejor dicho... ¿Qué más podía decir?

Le había fallado... a ella y a todos...

Quise jugar a ser un héroe y la realidad se encargó de mandarme a tierra.

Administrador ahora estaba en Aincrad, quizás matando a cientos y cientos de jugadores en lo hablaba conmigo...

¿Habría una razón para volver? – dije en lo que me aventuraba por el pasaje, ignorando por completo las puertas a mi alrededor, que desaparecían con cada paso.

El rostro de Philia vino a mi cabeza.

Adoraba su sonrisa y como le ponía empeño a todo lo que hacía. Ambos habíamos cuidado de un gran árbol y habíamos pasado por mucho... allá en la Hollow Área.

La imagen se borró y al instante fue reemplazada, por la de una joven con lentes y cabello castaño.

Sinon había sido una de los últimos miembros en unirse al grupo. Siempre fría... siempre distante... Tomó un tiempo que se abriera por completo, pero al final sólo era otra persona buscando la calidez de un amigo.

Al final... Strea. Aquella chica que le gustaba poner todo patas arriba.

Su espontaneidad era su mayor ventaja, al igual que su supuesta "inocencia". Era alguien que podía amar, sin siquiera saberlo.

Inconscientemente acerqué dos dedos a mis labios.

Todas parecían sentir amor por mi...

Pero... ¿Qué era el amor?

¿Era algo que realmente podrías dar a otra persona?

¿Qué significaba realmente... amar a alguien?

Me detuve.

Sólo una puerta yacía a mi lado.

Decidido a hallar respuestas, giré la perilla...


Frío... y blanco... es todo lo que podía apreciar. Los copos de nieve se precipitaban sucesivamente. Era bastante esplendoroso y algo acogedor. Caminé de frente hasta que sentí la entrada desaparecer mis espaldas. Debía refugiarme del frío. Seguí la huella de un pequeño sendero. Este ascendía. ¿Pero a dónde exactamente?

Ante mis ojos yacía ahora una cabaña, bastante oculta de hecho. Estaba seguro que una persona promedio no podría haber hallado el sitio o se hubiese perdido.

Sin darle importancia me acerqué a la entrada, sacudiendo mis pies en el pórtico.

Miré por una de las ventanas, pero dentro estaba oscuro, salvo una tenue luz. Lo cual era extraño, puesto que no era de noche, pero tampoco había suficiente luminiscencia como para ser de día.

Sin mucho más que hacer, me aventuré al interior.

Una habitación pequeña, de madera. La única fuente de iluminación era unas ventanas al otro lado, los débiles rayos atravesando un par de cortinas y descansando sobre la figura de una persona. Probablemente un hombre por el bello facial, postrado sobre una cama, bastante delgado. Nervegear sobre su cabeza, y una solución salina conectada a su brazo izquierdo.

¿Quién era esta persona? ¿porque estaba aquí?

Esa y más preguntas surgieron, pero se vieron interrumpidas cuando otra figura irrumpió en la habitación.

Llevaba una gabardina, que hacía imposible reconocer sus rasgos.

Por reflejo me hice a un lado, aunque estaba claro que el recién llegado no podía verme.

Esta persona puso su atención en el sujeto que descansaba, completamente ignorante de su visitante.

¿Su enfermera tal vez? ¿O algún pariente? – pensé.

Pero mi tren de pensamiento descarriló del golpe, al notar que el intruso, ahora sostenía un cuchillo.

De repente, un nudo en mi estómago. Cada fibra de mi ser gritando al mismo tiempo. Una sensación de incomodidad y miedo inexplicable me invadió, Como si un viejo trauma de la infancia se reactivara de repente. ¿por qué lo haría ahora? ¿Qué hacía a esta situación tan especial?

Para cuando reaccioné de mi soponcio, la cuchilla, ya había ascendido y miraba expectante a la presa que tenía justo al frente.

¿Un asesinato? ¿Es eso lo que presenciaría? ¿Más muerte? ¿Esa era la respuesta que tanto buscaba...?

La filosa navaja descendió velozmente, pero se detuvo en seco, al notar su portador, que aquel hombre durmiente comenzaba a reincorporarse.

- Siempre fuiste un poco dramática, Rinko – oí murmurar al sujeto. Su voz algo rota y afectada por la sed.

El atacante retrocedió unos pasos. Su cabeza ahora descubierta, revelando la imagen de una joven mujer con corto cabello verdoso y un rostro adornado con sutiles pecas.

Ella es... la mujer del primer recuerdo – dije para mí mismo. Entonces la otra persona debe ser...

El hombre abandono su horizontal postura y se sentó a los pies de su lecho. Con suma delicadeza, llevó sus manos a su nuca y en un desliz retiro el famoso casco, revelando sus no tan demacradas facciones.

Mi cabeza abandonó su oposición frente a la sorprendida joven y se posó en el famélico paciente.

Aquel rostro ojeroso, mejillas cóncavas, ojos cálidos, pero a la vez vacíos.

Yo conocía a aquel hombre... más bien, su rostro... su rostro era uno que había visto antes. No... infinidad de veces. En conferencias, noticias, artículos, periódicos y blogs de todo tipo...

Era la cara en todos los canales. Para la sociedad... Una celebridad... una estrella... un genio... y ahora, un enemigo.

Para nosotros, simplemente era...

- ¿Ka... Kayaba Akihiko?


¿Kayaba Akihiko? – repetí para mis adentros, mi apatía lentamente tornándose en extrema sorpresa y confusión. ¿Por qué estaría aquí? Como podría yo estar... en ese momento la realización me dio de golpe. Estos episodios, estas visiones, eran... eran memorias, memorias de una persona, pero no de cualquier persona, eran los recuerdos del mismísimo creador de SAO.

- Siempre fuiste un poco dramática, Rinko – oí murmurar a Kayaba, quien yacía sentado sobre aquella cama, el Nervegear danzando entre sus dedos.

La mujer, ahora identificada como Rinko, casi al instante, dejo caer el objeto punzante, postrándose de rodillas ante la escena. Su mirada mostrando total incertidumbre y mucha culpa reprimida. Al cabo de varios segundos, ésta simplemente se desvaneció junto con el resto de la habitación, dejándome sólo con aquella demacrada imagen del dueño del juego.

- ¿Sabes...? Dijo una voz a mis espaldas que me puso en alerta. Aún después de eso, ella siguió estando a mi lado. Otras personas hubiesen huido, quizás peleado o discutido. Pero ella no... ella... decidió confiar en mi "pequeño proyecto", cargando con casi todo el peso de lo que aquello implicaba. Muchos allá afuera, tomarían este extraño gesto como... amor... ¿crees tú también que ese sea el caso?

Me giré con lentitud hacia la imagen del pálido científico, su cuerpo completamente recto en posición vertical, viéndome con semblante estoico.

- En verdad... ¿estás hablándome? – pregunté con miedo y curiosidad por igual.

- Pensé que lo deducirías para este punto – contestó, detectando cierto sarcasmo en su tono.

- Pero... cómo es...

- Creo recordar al Sistema Cardinal hablar sobre cierto objeto... alojado en tu persona... sin mencionar que tienes la información de mi avatar Heathcliff.

- O-Okay, necesito sentarme un momento- murmuré.

- Esta bién – fue lo que dijo aquel sujeto, momentos antes de chasquear sus dedos y hacer aparecer una silla.

Si para ese momento no estaba al borde de perder la calma, ténganlo por seguro que lo estaba ahora.

- ¿Cómo es que...?

- Estamos dentro de tu mente... bueno para ser específico, un recuerdo mío dentro de tu mente. Dicen que las personas sólo recuerdan una cierta parte de lo que viven, es imposible ser consciente de todo lo que se memoriza- respondió.

Tomé una pequeña bocanada de aire y me recompuse ante el extraño despliegue de manipulación cuasi divina. Todo es posible en el reino mental, ¿cierto? Esto es algo normal, ¿cierto?

- Por... Porqué estás hablándome justo ahora, mejor dicho, por qué todo el secretismo, el pasillo, las puertas, los recuerdos...

- No fue intencional, de hecho, la porción de mi mente que te fue trasplantada, se componía mayormente de viejas memorias, que tal vez para el observador promedio no lucirían tan importantes, pero ten por seguro... que lo son para mí... En cuanto a tu tácita pregunta... cuando Cardinal reconstruyó tu personaje en el juego, esa pequeña porción se mezcló con tu subconsciente. Cada vez que tu cerebro recibía un estímulo lo suficientemente fuerte como para afectar sus funciones, parte de mis recuerdos se filtraban y acababas en este sitio.

- Es cierto... pasaba cada vez que me desmayaba por prolongados períodos de tiempo... - atiné a decir haciendo memoria.

- Sí... con el tiempo descubrí que entre más sufrías estos episodios, nuestra conexión era más evidente, pero sólo fue hasta tu más reciente enfrentamiento que pude por fin establecer un enlace directo.

- Eso quiere decir que... oh no, ¿cuánto tiempo habré estado inconsciente? ¿Los demás estarán bien? Ahhh, por qué siempre tengo que...

SLAP!

Sentí mi mejilla arder por unos momentos.

- Ouch, ¿por qué hiciste eso?

- Estabas experimentando los efectos del soponcio de hace unos momentos, me disculpo si el método para interrumpirlo no fue el más ameno.

- A la próxima por favor avísame, ¿sí? – dije frotándome el rostro.

- A todo esto... ¿qué pasará ahora? Puedo ver que puedes hacer lo que te plazca aquí... ¿Intentarás tomar mi cuerpo, o algo por el estilo? – acusé. Tú mismo dijiste que tengo los datos del avatar que te pertenecían

El científico simplemente negó con la cabeza suavemente.

- Nada de eso, lo hecho, hecho esta- contestó sin hostilidad alguna en su tono. Perder mis habilidades como Heathcliff no representa más que un simple infortunio y un recordatorio de los muchos limitantes que aún posee el ser humano. No, no he venido a causar problemas,

- Entonces...

- ¿Haz hallado tu respuesta...?

- ¿Eh? ¿Sobre qué exac...

- Sobre la interrogante que te trajo aquí – contestó el espectral sujeto.

- ¿Interrogante? Yo no pregunté nada...

En ese instante, Kayaba materializó un panel de comandos.

- Minutos atrás preguntaste y cito: - ¿Qué es el amor? - ¿Es algo que realmente podrías dar a otra persona? Y ¿Qué significa realmente... amar a alguien?

¿Yo pregunté eso? Wow... que pasaba por mi cabeza en ese momento...

Pero entonces recordé.

Mis charlas con Strea, Las misiones con Philia y aquellas salidas con Sinon...

¿Es algo tan simple como eso?

¿Pero cómo estar seguro?

¿Debería preguntarles directamente?

No, no no, no puedo estar pensando en eso ahora yo...

- ¿Y bien?

- Yo... no estoy seguro... - contesté con un tono de decepción. Era una de las pocas veces en que me sentía incapaz de dar una respuesta segura.

El demacrado diseñador sólo giro la mirada y alejó el panel.

- Ya veo...

- Lamento no tener una... ¡Espera! ¿porque estamos aquí perdiendo el tiempo con esto? - dije repentinamente. Se supone que eres el creador de todo aquí, ¿no sabes alguna manera adicional de lograr salir del juego?

- No hay atajos... el juego se completará una vez superado el piso 100. Sin excepciones. – respondió, volviendo a su típico tono monótono y cuasi programado.

- Ahh este tipo es más inexpresivo y protocolar que la misma Car... ¡Eso es!

- Kayaba – comencé. ¿Existe alguna manera de liberar a Cardinal de su prisión en la Hollow Área?

El pelinegro volvió a enfocar su mirada en mi persona y con un ademán, volvió a acercar su panel.

- Existe un método... pero es riesgoso...

Desperté de golpe. Mis ojos deambulando velozmente, comprobando mis alrededores. Paredes blancas, muebles adornados, sábanas mullidas... ¡estoy en la posada! – exclamé mentalmente, un suspiro escapándose de mi garganta.

Lentamente me reincorporé y comprobé mi status. Mi vida estaba bien, no completamente llena pero tampoco estaba cerca del color amarillo.

- Habrán usado una poción en mí – pensé.

Para estar seguro, comprobé rápidamente la locación de todos mis contactos. Respiré aliviado al ver a todos reunidos en el piso de abajo.

- ¡Todos están bien! ¡Gracias al cielo!

En eso, la imagen de cierto sujeto apareció en mi cabeza, como si estuviese experimentando las secuelas de un sueño vivido.

- Dirígete al sector abandonado del Área Hollow... necesitas activar 3 portales... y derrotar al jefe guardián. Él te dará la habilidad necesaria para romper las cadenas que la separan del resto de Aincrad... Pero te advierto... la vía que construyas funcionará en ambos sentidos... deberás estar preparado para lidiar con los riesgos que aquello conlleve...

- Riesgos... ¿eh? Ahora que Administrador está suelta por el mundo, necesitamos de toda la ayuda posible. No hay tiempo para pensar en posibles consecuencias- dije saltando de la cama y comenzando a reequipar mi vestimenta.

Tres portales y un jefe... será complicado. Voy a requerir apoyo.

Rápidamente desplegué mi menú y busqué entre mis contactos...

Detuve mis dedos en lo que controlaba lo que había escrito en el mensaje.

- Hola C... necesito saber algo... ¿puedes darles a unos amigos, acceso al Área Hollow?


Mientras tanto en un bosque de los pisos superiores...


- System Call... dijo la voz de una infante.

- Generar elemento térmico... - Un par de orbes luminosos se materializaron sobre su mano izquierda

- Arrow Shape – recitó.

Las luces ahora tomando la forma de una flecha.

Cuidadosamente, colocó sus dedos en posición, imitando el mecanismo de un revolver.

En un fugaz movimiento, el proyectil salió disparado. La criatura a la que iba dirigido no tuvo momento de reaccionar a tiempo. El disparo fue certero y el desenlace... fatal.

La niña de cabellos violáceos, se acercó a los restos todavía ardientes del animal.

Con un ademán, desplegó un menú. Éste indicaba una cifra, 3 dígitos seguidos de las letras E.X.P a un lado.

- Creo que finalmente logré mejorarlo – dijo mientras revisaba sus estadísticas. Tomó bastante tiempo. Ya es de mañana - agregó con un bostezo.

- Oe, Horo (Hollow), ¿crees que es momento de volver?

La joven se giró en dirección a unos arbustos. Al instante una espectral figura de traje rojo salió a su encuentro. Sus brillantes ojos fijos en su acompañante.

- Oh, es cierto, no puedes hablar – se rio, golpeándose la cabeza juguetonamente, sólo para pasar entonces... a una expresión oscura y vacía...

- Mensaje - murmuró llevando dos dedos sobre su oreja.

- ¿Ad-Administrador-sama? - pronunció una voz chillona del otro lado. ¿A que debo el honor de su...

- ¿Cómo van los preparativos... Chuudelkin?

- Es-Están muy bien, mi señora, estamos reforzando los NPCs de los últimos pisos como ordenó.

- Excelente... No queremos que nuestros invitados se desvíen del camino. Después de todo, ésta es una oportunidad única, la que se les ha dado... no tiene caso desperdiciar tiempo subiendo de nivel. Será un bonito recordatorio de que sólo los aptos... sobreviven en mi mundo.