Astro daba vueltas sobre su cama, incapaz de concebir el sueño por lo que acababa de ocurrir en el día, había salvado a la familia de Reno, pero ahora tenía que aceptar los juegos de Hamegg, y sabía que él era la última persona en quien debía confiar.

Había prometido una pelea, pero algo le decía que Hamegg tendría algún truco bajo la manga, y nada le aseguraba que, aun si sobrevivía a la lucha, Hamegg lo dejaría libre, quizás lo encerraría en la arena, o lo aturdiría con una de esas armas de choques, tenía que ir ahí con refuerzos, pero no podía decirle a sus amigos, sabía que evitarían que fuera a toda costa, y eso pondría en riesgo al circo, tenía que encontrar la manera de avisarles una vez que estuviera dentro, ¿pero cómo? No podía usar el comunicador ya que así papá y el Dr. Elefun se darían cuenta de en lo que estaba metido, y en estos momentos preocupar a su papá era lo último que quería hacer, sin agregar que descubriría que le había mentido para volver a La Superficie, lo mataría.

Astro se rió al pensar que mejor papá lo desmantelaría antes que el propio Hamegg.

Unos golpes se oyeron en la ventana y lo sacaron de sus pensamientos, miró hacia afuera y vio que ahí estaban los drones de Hamegg, se levantó entrecerrando las cejas y fue abrir.

No dijo nada y solo se quedó viendo a los ojos rojos, sabía que tenían incorporados cámaras que debían estar transmitiéndole directamente a Hamegg, el dron hizo un sonido y sus ojos empezaron a proyectar en la pared, Astro fue a ver de qué se trataba; un mapa del Basurero, con un punto que marcaba un lugar en los extremos del sur.

«Así que ahí es donde te escondes» pensó.

Se dio la vuelta para ver a los drones, dejaron de proyectar pero no importaba, otra ventaja de ser robot, todo se quedaba grabado en su memoria, lo quisiera o no.

—A la medianoche —la voz de Hamegg salió por uno de los drones—, ve mi generosidad que te otorgo un día para despedirte de tus seres queridos.

—Muy bien, ahí estaré —le dijo a las máquinas con el ceño fruncido, no le dejaría ver su miedo.

—Buen chico… ¿o debería decir? —El foco del dron se le acercó más—: buena máquina.

Se rió maniáticamente, y la risa se multiplicó en todos los drones, pero nada de eso afectó a Astro, podría molestarlo todo lo que quisiera, pero él jamás cedería.

—No llegues tarde, o la copia le llegará a Tawashi antes de que puedas decir Robo Juegos.

—Yo siempre cumplo mis promesas.

Hamegg no agregó más y los drones emprendieron su vuelo de regreso a la base, Astro los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su visión, suspiró y fue a sentarse de nuevo en la cama, echándose.

Los recuerdos de la arena regresaban a su mente, como se sintió tan… expuesto al estar en medio de todas esas personas, la mirada decepcionada de sus amigos, el clamor de la multitud por un baño de sangre… o aceite en su caso; sintió náuseas, bueno… algo así…

—¡Ah! —exclamó en voz baja mientras se incorporaba, siempre que sentía emociones como esas se preguntaba sí era él quién las sentía, o si simplemente eran un recuerdo de Toby, y la segunda lo hacía sentirse como una simple copia, y él odiaba eso, no quería ser Tobio, quería ser Astro.

Negó con la cabeza, se estaba desviando del tema, debía enfocarse a como escapar de Hamegg sin perjudicar a Reno y a su familia. Ya que decirles a su familia y amigos no era opción, tenía que pensar en algo más.

Se acostó mientras repasaba todas sus opciones.

«¿Cómo lo logró sin involucrarlos directamente? Digo, eventualmente quiero que se involucren pero…»

Se incorporó sintiéndose iluminado, al repasar todos sus conocidos dio con quien podría ayudarlo, sin tumbarle el plan de inmediato, era tan obvio que se sintió un poco mal por dejarlo hasta el final.

Pero si sobrevivía, vaya que se lo compensaría.

Ahora que tenía un inicio, podía empezar a ideal el resto del plan.

Le costó un poco dormir ya que estaba emocionado por ejecutar su idea, era arriesgada pero esperaba que diese resultado, de lo contrario…

Tendría que dar su máximo en la arena.

Tras despertar y tomar el desayuno con papá, le dijo que ese día los Sky Riders ayudarían en el orfanato; recoger, limpiar y cambiar las cosas más viejas, y que él quería ayudarlos. Tenma se mostró un poco preocupado, ya que seguía alterado por el incidente del circo, pero después de que Astro usara su cara de perrito, Tenma cedió diciendo que estaba bien, solo que quería que regresara antes de que anocheciera.

Astro asintió con la cabeza y lo abrazó, diciéndole que lo haría, después de todo, planeaba regresar a casa, y luego escabullirse para ir a la arena, pero antes de eso tenía que dejarlo todo listo.

Así que ahora se dirigía hacia el orfanato, al menos en esa parte no había mentido totalmente, lo que si tenía claro es que quería dejar a Reno fuera de todo esto, ya le había causado demasiados problemas, era mejor dejarlo en paz.

Cuando vio el edificio descendió hacia este y aterrizó, por suerte nadie más había llegado, ni estaban afuera, así que podía pasar desapercibido…

Algo se le lanzó encima, derribándolo en el suelo, y empezó a lamerle el rostro.

—¡No! ¡Basurero basta! Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ¡me haces cosquillas! —dijo entre risas.

El robo-perro ladraba con ánimos mientras le daba de lengüetazos, y no era para menos, hacía mucho que no se veían, Astro rió mientras lo acariciaba en la cabeza.

—Yo también te extrañe.

Basurero se le quitó de encima, pero ladró felizmente mientras saltaba a los lados, Astro sonrió, sabía que podía confiar en él.

—Muy bien amigo, necesito que me hagas un favor.

El perro se detuvo y ladeó la cabeza, Astro se acercó más a él.

—Cuando den las doces, necesito que lleves a la policía a esta dirección —le susurró al oído, luego miró hacia sus lados, no había nadie más, así que rápidamente trazó con su dedo en la tierra el mapa hacia la arena.

Basurero lo estudió, y tras unos segundos lo vio de nuevo.

—¿Podrás hacerlo?

Basurero ladró en forma afirmativa, Astro sonrió.

—Es muy importante que no se lo enseñes ni a Zane, ni a los gemelos, ni a ninguno de los Sky Riders, y mucho menos a Cora, ¿entendiste?

Basurero asintió con la cabeza.

—Buen chico —respondió Astro acariciándolo.

Basurero cerró los ojos y se dejó consentir.

—Bueno amigo, será mejor que me vaya y…

—¿Astro?

El robot se detuvo en seco, creía que los Sky Riders llegarían más tarde, lentamente se dio la vuelta y ahí estaban ellos, acompañados de Los Recolectores, todos cargaban mantas, cobijas, almohadas, juguetes, libros, entre otras cosas.

Ken y Cora iban a la cabeza, con cajas en sus brazos.

—Oh… hola chicos —Astro los saludó con la mano, esto no era parte del plan.

—Astro, ¿Dónde habías estado? —Preguntó Zane bajando su caja—, te hemos estado hablando desde ayer.

—Sí, creíamos que nos ayudarías a sacar nuestras viejas cosas —agregó Shibugaki con cierto rencor, después de todo, llevaba tres cajas, y parecía que iban a caérsele.

Ken hizo una mueca y le dio un ligero codazo, lo que hizo que Shibugaki casi perdiera el equilibrio, por suerte logró sostener las cajas, y luego le mandó una mirada asesina a Ken, pero él ni se fijó, o no le dio importancia.

—Oh, es cierto —continuó Astro rascándose detrás de la cabeza—, lo siento chicos, surgió un asunto que tuve que atender.

Y no era mentira, todo el drama del circo lo había hecho olvidarse de todo lo demás.

—¿Está todo bien? —preguntó Cora preocupada.

—Nada que no se pueda resolver.

Astro miró por encima de su hombro, el mapa seguía ahí, Basurero pasaba sus ojos del dibujo a él, lo miro cono ojos suplicantes y susurró:

—Por favor.

Basurero rodó los ojos, no sabía porque Astro quería mantener tanto secretismo, y más tomando en cuenta lo que había pasado la última vez, pero confiaba en él, así que procedió a borrar el mapa con sus patas.

Astro suspiró aliviado y regresó la vista a sus amigos, todos se veían preocupados por él.

—Astro… ¿te sientes bien? —Preguntó Tamao—, te ves alterado.

Sludge y Widget asintieron con la cabeza.

—Sí, sí, es solo que… —contestó restándole importancia—, miren chicos, ya sé que dije que los ayudaría, pero papá y el profesor Elefun están revisando unas cosas, y me pidieron que los ayudase, entonces tengo que ir.

Eso pareció convencerlos, o al menos a la mayoría, ya que Cora y Ken no parecían tan seguros.

—Oh, si ese es el caso es mejor que no los hagas esperar —dijo Tamao.

Astro sonrió aliviado.

—Gracias.

—Sí, y no te preocupes por nada aquí —siguió Zane—, nosotros nos encargamos.

Tras eso Astro pasó a despedirse de todos ellos, cuando llegó con Shibugaki él parecía seguir molesto, pero al final rodó los ojos y le dio un apretón de manos.

—Ve a salvar el mundo.

—Gracias amigo.

Tras las despedidas se fue volando, la primera parte de su plan había quedado resuelta, pero aún tenía mucho por hacer, y el tiempo se le estaba acabando.

—Bueno, será mejor que empecemos, sin Astro esto será un poco más difícil —decretó Cora una vez que el robot desapareció entre las nubes.

Hubo quejas y abucheos, pero pronto recogieron sus cosas y entraron, aunque Cora y Kenichi se quedaron atrás.

—Oye Ken, ¿no notaste algo raro con Astro?

Ken asintió con la cabeza.

—Parecía algo nervioso, quizás el asunto en el Ministerio sea más grave de lo que nos contó.

—¿Crees que nos dijo la verdad?

Ken se encogió de hombros.

—Ya sabes que ha estado deprimido por el asunto de Metrópolis, quizás se siente desanimado y quiera estar solo, no lo sé.

Cora no estaba tan segura que ese fuera el caso, ella no lo veía triste ni con los ánimos bajos, algo le preocupaba, y era grave, además de que no había adoptado esa actitud desde sus primeros días en La Superficie, cuando ocultaba que era un robot…

«Algo está mal» pensó Cora, Astro ocultaba algo, y no podía ser nada bueno.

—Quizás tengas razón —le dijo, pese a todo, no quería preocupar al resto del grupo, y sabía que hasta Zane y los gemelos veían a Ken como el líder de vez en cuando, rivalizando incluso con su liderazgo, no quería una lucha de egos porque sería inútil, simplemente a veces ella tomaba las riendas, y a veces era Kenichi, pero el chico tenía la suficiente presencia que si a él se le bajaban los ánimos, todos lo demás lo notarían, y pasaría lo mismo con ellos, lo mejor sería no esparcir el pánico.

—Cuando esté listo para hablar, nos lo dirá.

Ken sonrió mientras entraba, Cora estaba por seguirlo cuando escuchó un ladrido de Basurero, se detuvo y miró al perro-robot.

—¿Qué pasa amigo?

Basurero saltaba mientras señalaba el suelo donde había estado Astro, Cora entrecerró una ceja y fue hasta ahí, aunque le habían pasado encima, borrándolo bastante, estaba claro que alguien había dibujado algo, y parecía como un mapa, la chica miró al robot.

Basurero se puso a escribir en el suelo, levantando un poco de tierra, Cora se cubrió los ojos con el brazo., cuando Basurero terminó la chica se descubrió, y el mensaje que vio no la hizo sentirse mejor:

«Astro me pidió que llevara a la policía a la medianoche a esta dirección, no puede ser nada bueno».

—No, tienes razón Basurero, esto no puede ser nada bueno.

Astro estaba en un apuro, y ella no iba a dejarlo solo.

Reno había estado todo el día tratando de concentrarse en sus experimentos, después de todo, tras las emociones del día anterior, Pannacotta había decidido que tomarían el día libre, nadie lo contradijo, todavía no se recobraban del susto, así que el adolescente pensó en aprovechar el tiempo en sus cosas, pero pronto vio que sería imposible.

Por más que quisiese convencerse de que las cosas estaban bien, él sabía que Hamegg no era una persona de fiar, y algo le decía que el acuerdo que Astro logró, era todo menos beneficiario para él, y Reno se sentía mal de que su amigo pudiera sufrir.

«Las personas que tratan así a los robots son lo peor» pensaba, como odiaba que hubiera humanos que solo vieran a los robots como instrumentos, y le dolía pensar que Astro pudiera estar en las garras de uno.

«No puedo seguir así, necesito ir a verlo, puede que necesite mi ayuda».

Si el circo le había enseñado algo es que la familia siempre se apoyaba, y aunque solo llevaba dos días de conocerlo, Astro era su amigo y debía apoyarlo, más porque estaba dispuesto a sacrificarlo todo por el circo.

Así que Reno salió de su habitación y se dirigió a la salida, si hablaba con la gente adecuada, quizás descubriría que se traía Hamegg entre manos, al salir de la carpa se encontró con Cupcake y Pannacotta, disfrazado de humano.

—Reno, ¿A dónde vas? —le preguntó su madre.

—Lo de ayer me dejó algo preocupado, quiero ir a caminar un poco para despejarme.

Esperaba que tuviera que apelar más por el permiso de sus padres, pero ellos tan solo asintieron con la cabeza.

—Adelante, un poco de aire te hará bien —fue la única respuesta de Pannacotta.

—¿En serio?

—Sí, incluso tú tienes que salir de esa cueva de vez en cuando —continuó.

—¡Oye! —Exclamó Reno levantando los puños.

Cupcake se rió, y el rostro de Reno se suavizó.

—Gracias, volveré en la noche.

Dicho eso partió, tenía una investigación que comenzar.

—Al menos ya no tuvimos que engañarlo para que saliera —dijo Cupcake en voz baja, mientras apartaba la mirada.

—Sí, en eso tienes razón.

La siguiente parada de Astro era el Ministerio de Ciencia, conociendo a Hamegg haría un gran espectáculo, y sí había una cosa que él no quería darle, era su dignidad, a estas alturas ya estaba acostumbrado a, o tener que desvestirse para las peleas, o a que sus ropas se destruyeran el encuentro, y aunque cada vez se le iba quitando más la pena, la verdad es que no quería que un montón de personas que odiaban a los robots lo vieran semi-desnudo, incluyendo a Hamegg, ya que algo le decía que el anfitrión aprovecharía para aventarle todo tipo de burlas. Así que quería ver si en el Ministerio tenían una armadura, o algún tipo de prenda que pudiera resistir los ambientes más violentos.

Y si sobrevivía a la noche, jamás tendría que estar semi-desnudo en público nunca más.

«Será como el traje de un superhéroe» pensó con alegría.

Cuando entró al edificio unas personas en la recepción lo saludaron, el saludó de regreso y pasó al elevador.

«Muy bien, si no me equivocó el Doctor Elefun le pidió a papá que hoy lo viera en su casa, eso me da tiempo para diseñar mi ropa antes de que llegue».

—¿Astro?

Se detuvo mientras cada circuito de su cuerpo se congelaba, se dio la vuelta para encontrarse con su padre entrando por una puerta que se cerró detrás de él.

—Oh… hola papá… hola —lo saludó.

«¿Qué está haciendo aquí? ¡Debería estar con el profesor!» Pensó aterrado.

—Pensé que el Profesor Elefun tenía algo que enseñarte.

—Ese era el plan, pero me habló para decirme que algo se le había presentado, y que mejor lo dejáramos para otro día.

«¡¿Pero por qué?!» Se lamentó Astro.

—¿Y tú que estás haciendo aquí? Creí que estarías con tus amigos en el orfanato.

—Sí, vengo de ahí, estábamos arreglando la casa cuando…

«No tienes que mentir del todo, funcionó con tus amigos, solo cambia un poco los hechos».

—Vi los montones de basura y recordé mi pelea con Frankenstein, me di cuenta que un robo-zombie podría aparecer en cualquier momento —miró a su padre, parecía que estaba convenciéndolo—, y tengo que admitir que me estoy cansando de quedarme encuerado cada vez que tengo que luchar.

Tenma asintió con la cabeza mientras apartaba la mirada, por mucho tiempo Astro había tenido ciertas preguntas sobre algunas decisiones que su padre tomó durante su creación, como las ametralladoras en el trasero, y el calzón que era parte de él, pero no quería que la situación se tornará más incómoda.

—Entonces —continuó haciendo círculos en el suelo con su bota—, quería ver si había algo en el Ministerio que pudiera ayudarme.

Esperaba que su padre hiciera más preguntas, o que pusiera objeciones, pero para su suerte, Tenma solo sonrió mientras se acercaba.

—Astro… pensaste justo en lo mismo que yo.

El chico abrió los ojos lo más que podía.

—¿En serio?

—Sí, es poco práctico que tengas que desvestirte con cada pelea, o tener que comparte ropa a cada rato.

Astro ladeó la cabeza, ese último comentario hacia parecer que su papá estaba más preocupado por su cartera que por la privacidad de su hijo, pero lo dejaría pasar.

—Ven conmigo al piso cuarto.

Se subieron al elevador, llegaron a una habitación que era una recamara parecida a donde lo habían escaneado después de su pelea con El Guardián de la Paz, solo que del otro lado había un maniquí, con la misma forma y altura que Astro, con un traje de color negro, parecía estar hecho de spandex, que cubría todo el cuerpo con la excepción de las manos y la cabeza, estaba colocado sobre un maniquí gris que

—¿Cuánto tiempo llevas trabajando en esto? —preguntó Astro.

—Desde el Día de los Muertos Vivientes —respondió Tenma—, iba a ser un regalo para tu cumpleaños, pero tienes razón, debemos estar preparados para todo.

«No tienes idea papá» pensó.

—Está hecho de un material que resiste al fuego y a las altas temperaturas, tendrías que entrar al centro de la tierra para derretirlo —continuó Tenma—, también resistirá golpes y rasgaduras, soportara hasta el impacto de un misil.

Astro sonrió, le hubiera sido muy útil contra Frankenstein.

—También pensé en lo que me contaste de tu encuentro con Hamegg —Astro se detuvo, ¿lo sabía? ¿Cómo podía saberlo? No creyó dejar ninguna pista, ¿acaso tenía un chip que le permitía seguir todos sus pasos?—. Y como te hizo competir en la arena.

Astro suspiro, se refería al encuentro pasado, aún no lo tenía en la mira.

—El traje no es un material conductor, así que ningún arma aturdidora, o un campo de fuerza, volverán a hacerte daño, aunque claro que el campo aún podría retenerte, pero ya no te electrocutaran.

Había cierto arrepentimiento en la voz de Tenma, Astro sintió que debía ser porque él permitió que Hamegg lo capturara en primer lugar, y quizás también por…

—Em… ¿papá?

—¿Sí?

—¿Por qué despediste a Hamegg?

Ya había escuchado su versión de la historia, se sintieron intimidados por sus ideas, pero después de todo lo que le hizo, algo le decía que había mucho más.

Tenma suspiró mientras lo veía.

—Hamegg era un científico brillante, podía construir lo que fuera, incluso de la chatarra —notaba hasta cierta admiración en su voz—, pero… era demasiado… codicioso, él solo veía a las máquinas como un medio para ganar dinero, eso no solo incluía robots, sino también armas como misiles, bombas, drones, tanques, Hamegg no conocía la ética, solo quería llenarse los bolsillos de plata.

Astro asintió, eso sí sonaba como él.

—Por ese entonces las tensiones con Metrópolis y Ciudad Marina estaban en su auge, y el ejército empezaba a mostrar interés en el Ministerio, Elefun y yo temíamos lo que una persona como él podría lograr, prometerles un arma o algo por el estilo, o hasta despedirnos para hacerse como el director del Ministerio, decidimos que echarlo sería lo mejor, ya que sus valores no eran los mismos con los que el Ministerio se rigüe.

Tenma suspiró, se sentía mal por todo lo que había hecho, correr a Astro de la casa, lo que permitió que Hamegg lo usara de gladiador, había cometido tantos errores con él. Astro se dio cuenta de sus bajos ánimos, así que se le acercó poniéndole una mano en el hombro.

—Hey… pese a todo me ayudó a conocer a mis amigos, ¿no?

No era el argumento más profundo, pero al menos esperaba que eso lo hiciera sentirse mejor, Tenma se encogió de hombros.

—Sí, supongo que tienes razón.

Seguía sin sonar muy convencido, Astro pensó que lo mejor sería regresar al asunto del traje, se fijó en este y… no estaba mal, pero era demasiado sencillo, estaba seguro que podría hacerle algunos cambios.

—Em, papá, ¿me permites?

—Oh, por supuesto —respondió, al parecer eso lo había hecho olvidarse del asunto de Hamegg.

Astro se acercó al panel de control y movió algunos controles, encima del maniquí colgaban varios brazos robóticos, cada uno con una herramienta diferente para la fabricación de prendas; Astro se fijó en el traje, no le gustaba que solo fuera de un color, le quitaba identidad, pese a todo el verde de su cinturón no estaba nada mal, y quería conservarlo, ya que ya tenía el negro, quizás también pudiera agregarle un poco más de rojo.

Pulso unos botones y un brazo mecánico descendió hasta la ropa, Astro seleccionó la opción de pintura, luego el color verde, del brazo salió una pequeña abertura, se abrió una compuerta en el panel y entró un mando, el chico lo tomó, apretó el botón de en medio y la pintura salió, Astro lo movió pintando un conjunto de líneas curvas por las piernas, la cintura, y el pecho, de cada lado; cuando termino agregó un círculo a forma de hebilla, también verde.

Sonrió sintiéndose orgulloso, miró a su padre y señaló el traje.

—¿Qué opinas?

Tenma sonrió, tenía que reconocer que esa era una de las cosas que más le gustaban de Astro, le gustaba improvisar, pensar fuera de la caja, ser creativo, Toby por el otro lado… era más una persona de seguir las reglas, respetar el procedimiento, como él, y sabía que no debía comparar hijos, y que Toby siempre estaría en su corazón, era solo que… le gustaba que hubiera variedad entre sus hijos.

—Admito que se ve mejor, pero creo que aún podemos mejorarlo.

Astro sonrió con complicidad.

Tenma se acercó y empezó a revisar los colores con que contaban.

—Me imagino que quieres conservar tus colores, ¿no?

Astro asintió.

—Muy bien, quizás podemos agregar un poco de rojo aquí.

Tenma movió el brazo hasta las muñecas, las pintó del mismo rojo que las botas de Astro, cuando terminó unas muñequeras sobresalían, Astro abrió los ojos, se estaba viendo bastante cool.

—¿Crees que unas hombreras se verían bien? —odiaba admitirlo, pero estaba tomando ideas de la «armadura» que le proporcionaron en los Robo-Juegos, después de todo, no se le veía tan mal.

—Podemos intentarlo —respondió un emocionado Tenma.

Tenma apretó más botones, dos brazos más bajaron con las hombreras, las colocaron y las pintaron de rojo.

—Y creo que ya sé cuál podría ser el toque final —agregó Tenma.

Astro entrecerró una ceja.

Tenma movió más botones, los brazos volvieron al techo y desaparecieron por unos minutos, Astro se quedó pensando que podrían estar haciendo, luego regresaron trayendo con ellos tres piezas metálicas de color rojo. Las llevaron al pecho del traje y las juntaron, formando una A, el chico miró a su padre.

—Todo superhéroe necesita un símbolo.

Astro sonrió.

Un cuarto brazo bajó, este tenía un soldador en la punta, unió las piezas y cuando terminó todos volvieron al techo, dejando el traje a la vista.

Astro creía que se veía impresionante, genuinamente podría pasar por uno de esos superhéroes de las historietas, además de que agregar la A fue un gran detalle, Tenma también parecía complacido por el trabajo, uno de padre e hijo.

—Es genial.

—Sí, sí lo es —Tenma puso sus manos sobre los hombres del chico, y lo sacudió juguetonamente—, ¿Así que qué esperas? Pruébatelo.

No tuvieron que repetírselo.

No solo se veía genial, sino que también le quedaba a la perfección, ya se sentía más confiado y protegido con él.

«Jamás me volveré a desvestir para una misión, ¡nunca!».

Además de que lo podía presumir con todos sus amigos… claro, si sobrevivía.

—¡Esto es asombroso! ¡Lo amo! —Exclamó mientras se le lanzaba a su papá en un abrazo— ¡Gracias papá!

Tenma no estaba preparado para una reacción así, por poco lo derriba pero pudo mantearse de pie y devolver el abrazo.

«Y aun así se contuvo, de haberlo querido pudo romperme la espalda» pensó.

Pero no arruinaría el momento, se rió y dejó al pequeño en el suelo.

—De nada hijo, es un regalo.

Astro sonrió.

—Deja se lo enseñó a mis amigos, quiero que me digan que piensan.

—¡Claro! Estoy seguro que les encantara.

Tenma sonrió y lo acompañó hasta la salida, en el camino varias personas voltearon a ver al robot, quedando encantados por su traje, Astro sonrió, por primera vez en su vida le agradaba que su vestimenta llamara la atención.

—Ve con cuidado Astro —le dijo Tenma cuando estuvieron afuera.

—Claro, te veo en la casa.

Y despegó, Tenma lo siguió con la mirada siempre sonriendo, hasta que Astro desapareció, entonces volvió adentro. Mientras tanto el robot empezaba a sentirse culpable.

Reno estuvo preguntando a varias personas si habían escuchado algo sobre algún evento, o rumor, que estuviera circulando por las calles, pero nadie sabía nada, tras casi una hora de estar entrevistando a todos, empezó a cansarse.

«Quizás si estoy paranoico» llegó a pensar.

Pero rápidamente negó con la cabeza.

«Hamegg es un monstruo, obvio que le pidió a Astro algo a cambio, necesitas ayudarlo».

Con eso en mente, fue a esconderse en un callejón, y analizó que podría estar haciendo mal.

«Veamos, solo has preguntado en el mercado, quizás deberías ir a zonas menos transitadas, los barrios bajos podrían tener la respuesta».

Odiaba esos lugares, eran donde se juntaban los detractores de los robots, siempre hacía lo posible por evitarlos, pero ya que nadie sabía nada, no le quedaban más opciones, tenía que internarse en el infierno.

Así que tragándose su orgullo fue hasta allí, los barrios bajos eran conocidos por ser más sucios, siempre había basura en el suelo, grafitis en las paredes, y partes de robots que fueron lo suficientemente desafortunados para encontrarse con humanos intolerantes. Eran calles que no eran nada agradables, sobre todo para los menores, aun así no se intimidó, solo se metió las manos a los bolsillos y siguió caminando sin mirar a nadie, aunque si puso su cara de enojado, esperaba que intimidara, aunque según Cupcake, él tenía el rostro más lindo del mundo.

«Espero que te equivoques» pensó mientras pasaba al lado de unos vagabundos que estaban bebiendo.

—¡Oye rojo! ¿Una moneda? —le gritó uno de ellos.

Reno no respondió y solo siguió caminando, por suerte pudo escuchar cuando recogieron la botella de vidrio, se agachó a tiempo y le pasó por encima de la cabeza, rozándole unos cabellos, luego fue a romperse contra el suelo.

—¡Idiota! —volvió a gritarle el alcohólico.

Reno solo apresuró el paso, pese a todo, el desafortunado encuentro le había dado una idea, a unas calles estaba un bar de mala muerte, donde se reunía la peor escoria de toda La Superficie, ahí de seguro encontraría algo.

El local era un edificio cuyas paredes se les estaba cayendo la pintura, dejando al descubierto el concreto, además de que al letrero que anunciaba el nombre se le habían caído varias letras, se le leía: Asa e illy.

Reno negó con la cabeza, se debía estar muy desesperado para entrar a un lugar como ese.

En la entrada había un hombre musculoso como guardia, Reno avanzó hacia él con la cabeza cabizbaja, quizás lograra engañarlo, pero nada más llegó el hombre lo detuvo con una mano.

—Esto no es una guardería niño, vete de aquí.

Reno lo miró con el rostro enfurecido.

—¡Tengo dieciocho! —dijo agravando su voz.

Pero el hombre solo se rió.

—No me hagas reír, ve a casa a que tu mamá te dé de la mamila —se burló.

Reno apretó los dientes y soltó un rugido, pero se alejó, no le convenía llamar la atención, así que caminó hasta que el hombre dejó de importarle, Reno miró por encima de su hombro, el guardia estaba viendo hacia el frente, el joven corrió hacia el callejón que estaba junto al bar, debía haber otra forma de entrar.

Pegó la espalda a la pared y se quedó quieto, esperando a escuchar pisadas, pero no se oyó nada, el guardia ya no le seguía, Reno suspiró aliviado y se separó del muro, miró hacia arriba, había una ventana abierta por donde salía humo.

Reno sonrió, ahí estaba, y lo mejor de todo, en la pared había una montaña de cajas, el chico saltó sobre una de ellas y siguió a la otra, así fue hasta que llegó al ventanal, ahí pegó el oído a la esquina, escuchó algunas voces adentro.

—Te lo digo, Hamegg dice que tiene algo muy especial planeado para la medianoche.

Reno abrió más los ojos.

«Lo sabía».

—¿En serio? ¿Y de qué se trata?

—Una especie de espectáculo, dice que será el evento del año.

Una risa burlona.

—Claro —se oyó un encendedor.

—Yo escuché que regresó con los Robo-Juegos.

El corazón de Reno se detuvo, esperaba jamás tener que oír el nombre de esa barbaridad nunca más.

—¿En serio? —Risa—, no me molestaría ver unos robots destruyéndose entre sí.

Más risas.

—¡Hey! ¡Hasta podemos apostar! ¿Quién pelea?

—Astro.

«¡No!» Pensó Reno, debía haberlo sabido, Hamegg estaba haciendo todo esto solo para poder destruir a su amigo, e iba a hacer de su muerte un espectáculo, cerró el puño y estaba por entrar, pero se detuvo, por más que quisiera golpearlos, debía controlarse, estaba en total desventaja, y si algo le pasaba no solo no podría ayudar a Astro, sino que su familia sufriría su pérdida, y no quería que pasaran por eso.

Así que controlándose, volvió a acomodarse en su posición inicial, y prestó más atención.

—¿En serio? ¿Cómo consiguió Hamegg que esa chatarra viniera hasta acá?

—¿A quién le importa? Lo importante es que será un baño de sangre, ¿has visto lo que ese robot puede hacer? De seguro destruirá a los demás.

—No estés tan seguro, yo oí que Hamegg tiene un arma secreta, una nueva especie de máquina, ha invertido todo su talento para que esa cosa destruya a Astro.

—¡Eso sí lo quiero ver!

—¡Apuesto trescientos a lo que sea que Hamegg tenga preparado!

—¡Yo le apuesto quinientos a Astro!

Risas, abucheos, y golpes en la mesa.

«Bestias» pensó Reno con enojo.

Astro se había metido en ese lío para ayudarlo, y ahora él haría lo mismo por él, fuera lo que fuera que Hamegg tenía entre manos, Reno se aseguraría de que el estafador no se saliera con la suya.

«No te preocupes Astro, estoy contigo».

Pasó otra hora hasta que los individuos salieron del bar, Reno saltó al techo, y de ahí corrió hasta el borde de la azotea, los clientes se subieron en sus motocicletas y se fueron, Reno retrocedió un poco, luego empezó a correr y saltó del edificio hacia el otro, hizo una marometa para aterrizar, sin perder tiempo reanudó su corrida y volvió a saltar hacia el otro local, así fue de edificio en edificio mientras seguía a los motociclistas.

En un momento las obras se estaban acabando, por suerte aún había cables de luz, Reno saltó hacia ellos y al aterrizar no dejó de correr, ya que si lo hacía seguramente caería, o los cables sucumbirían ante su peso.

«Amo haber crecido en un circo» pensó con alegría.

Los motociclistas eran veloces, pero con sus habilidades Reno podía seguirles el paso.

«Los perseguiré hasta el fin del mundo si debo, nadie le hará daño a Astro esta noche» pensó con determinación.

Astro no había dormido, la hora cada vez se acercaba más y él no podía descansar, estaba demasiado nervioso.

Así que en su lugar se fue preparando, se aseguró de que su batería estuviera al cien, y se cargó otra por cualquier cosa, además una protección extra, se las guardó en los bolsillos del pantalón.

Como le prometió a su padre, regresó a casa después de que diseñaran el traje, cenaron juntos donde se rieron, y Astro le contó las reacciones de sus amigos, aunque eran inventadas, estaba seguro que se acercaban a la realidad, al terminar le dijo que lo amaba y se despidió de Orrin, se metió a su cuarto y dejó listos los últimos detalles.

Entre ellos escribirle una carta a papá, donde explicaba todo lo que estaba pasando, así al menos no se quedaría con la duda en el peor de los casos, Astro la cerró pidiendo que si algo le pasaba, que por favor protegiera a Reno y a su familia, era lo último que podía hacer por ellos.

La dejó sobre la cama y se sentó esperando, cuando el reloj marcó las 11:30 p.m. Astro sabía que el momento había llegado, se puso su traje y abrió la ventana, suspiró mientras veía a la puerta de su cuarto una última vez.

—Deséenme suerte —dicho eso saltó, y fue a enfrentarse con su destino.

Cora tampoco había dormido, no sabía en qué problema Astro estaba metido, o porque no les había dicho nada, lo que hacía que estuviera muy enojada con él, pero ese asunto ya lo resolverían después, así que se la pasó toda la tarde preocupada.

Ya quería que dieran las doce, porque de esa manera podría entrar en acción, si iba y le preguntaba a Astro no se lo diría, lo mejor sería ir ella misma, y verlo con sus propios ojos.

Así que se quedó en la cama dando vueltas, esperando por la hora, cuando finalmente dieron las once se levantó, ni siquiera se había puesto la pijama, sacó la patineta de Ken del closet, se la había pedido cuando terminaron de trabajar en el orfanato, claro que el chico se la prestó sin problemas.

Cora abrió su ventana, sacó la patineta y la tiró, pero esta comenzó a flotar, Cora saltó encima de ella, se balanceó un poco pero logró retener el equilibrio.

—Muy bien Astro, si salimos de esta… voy a matarte.

Acomodándose en ella se inclinó hacia adelante, la patineta se movió junto con ella, controlando el bendito juguete voló hasta donde empezaba La Superficie, ahí Bausero la esperaba, tal y como habían acordado, el perro la vio y empezó a ladrar de la felicidad.

—Lo sé, lo sé amigo, pero debemos apurarnos, el tiempo es oro.

Basurero asintió y empezó a correr, Cora lo siguió, mientras más se acercaban al lugar marcado por Astro, peor y peor se sentía, una molestia en su estómago la molestaba.

«Tengo un muy mal presentimiento» pensó.

Los asientos ya estaban listos, la mayoría de los clientes ya estaban llegando, tenía a sus drones cobrándoles e indicándoles donde sentarse, eso era bueno, así él podía encargarse de su invitado de honor.

Se puso su capa de presentador, así como su sombrero, una de las pocas cosas que había logrado rescatar de la arena, de su gloriosa antigua vida.

«Pero no importa, esta noche Astro y Tenma me las pagaran todas, después quizás hasta conquisté el Ministerio de Ciencias» pensó juntando sus manos de forma maligna.

Una vez vestido fue hasta la puerta trasera y la abrió, dando paso a una calle desierta, con tan solo un bote de basura a un lado, y el sonido del viento.

«No debe tardar en llegar» pensó, y no estaba equivocado.

Unas luces lo iluminaron, y luego se acercaron a él, revelando una limosina, el vehículo se estacionó frente a la puerta, la puerta del conductor se abrió, y un adolescente con lentes de sol bajó.

—Joven Rock, bienvenido —digo Hamegg haciendo una reverencia.

Rock no digo nada, solo caminó hasta la puerta del copiloto y la abrió, luego se hizo a un lado mientras su invitado bajaba, Hamegg se agachó todavía más.

—Es un verdadero honor tenerlo en mi humilde morada, oh gran Duque Rojo.

Frente a él estaba parado el Duque Rojo, vestía el mismo traje que uso cuando visitó a Tenma, solo que este era negro, con una rosa en el bolsillo del saco, e iba acompañado de una capa negra.

—Puede levantarse —le dijo mientras lo veía.

Hamegg se incorporó, desde su ángulo, el Duque se veía aún más intimidante.

—Si no me equivocó señor Hamegg, me prometió un espectáculo.

Hamegg asintió con la cabeza, el Duque sonrió.

—Entonces, ¿qué estamos esperando?