Epílogo
El frío viento de invierno rápidamente dio paso a una calurosa primavera, y pronto, la señal de los Dioses atravesó el planeta, anunciando finalmente el inicio del tal esperado torneo para decidir quién sería el futuro Shaman King. Para Yoh Asakura y sus amigos, que tenían tanto tiempo preparándose para tan espectacular evento, saber que la Pelea de Shamanes estaba por iniciar, era un verdadero alivio.
Sin embargo, como consecuencia de este gran evento, todos decidieron por unanimidad que lo mejor sería tomar su propio camino por un tiempo, hasta que las preliminares terminaran y pudieran volverse a encontrar, esto con tal de entrenar y no revelar sus habilidades a los demás; después de todo, el torneo de Shamanes era una competencia, y sólo podía haber un ganador.
Esta situación ocasionó que los únicos que se quedaran en la pensión fueran Yoh y Anna, esta última porque se había autoasignado la tarea de entrenar a Yoh, ya que su meta era que su prometido se convirtiera en el Shaman King y le diera una vida llena de lujos y comodidades. Manta visitaba la pensión de vez en cuando, y siempre terminaba desconcertado del giro que habían tomado los acontecimientos. Mientras tanto, Tamao había aceptado el cambio y decidido mejor regresar a Izumo para seguir entrenando, contrario a su intención original de desaparecer.
Aquel día, Yoh se encontraba corriendo, siguiendo uno de los tantos regímenes de entrenamiento de Anna, por lo cual ella se encontraba sola mirando la televisión.
—¿Qué quieres, Hao? —Preguntó sin despegar su mirada de la pantalla.
—Parece que tus sentidos siguen tan afilados como siempre, a pesar de que ya no puedes leer la mente —comentó casualmente, para nada incomodado por la actitud hostil de la rubia.
—¿Vienes a terminar lo que iniciaste todos esos meses atrás? —Cuestionó con un aire de aburrimiento.
—Oh no, lo que yo quería ya está hecho —respondió parándose al lado del televisor y tomando una de sus galletas con un gesto de diversión—. Por cierto, tu hermano manda saludos.
Anna no dijo nada, apenas dirigiéndole una mirada de reproche. Se había llegado a enterar, de parte de su padre, que Hao había sido la mente maestra de todo. Obligarlos a volver a Japón para exterminar a Yoh Asakura había sido su idea, sabiendo de antemano que ella no podría hacerlo por aquel pasado que los unía y que Hao de alguna manera conocía. Pero, además, había sido obra de él también todo lo que pasó con Kenji.
—¿Estás feliz ahora?
—¿Lo estás tú?
Anna se vio muy tentada de invocar a Zenki y a Goki para correr a Hao de la pensión por responder su pregunta con otra pregunta, pero a sabiendas de la inutilidad de tal acción, Anna optó por no darle el beneficio de su atención y volvió su mirada a la telenovela que estaba siendo transmitida.
—Espero que puedas hacer de Yoh un shaman fuerte —fueron sus palabras de despedida al darse cuenta de que Anna no tenía intenciones de continuar la conversación.
Anna no se inmutó al verlo desaparecer en un vórtice de llamas, bastante familiarizada con sus salidas dramáticas. Sin embargo, no pudo evitar que su mente divagara hacia Kenji y lo que podría estar haciendo en esos momentos. ¿Se habría unido al Torneo de Shamanes? ¿Significaba que tendrían que volver a enfrentarse a él?
Habría querido preguntarle a Hao, quien parecía estar muy tanto del parado de su hermano, pero su orgullo no le iba a permitir darle esa satisfacción al egocéntrico Shaman. Por lo menos sabía que estaba a salvo, y eso era lo más importante que necesitaba saber.
Pensar en Kenji hizo que inevitablemente pensara también en su padre y su abuelo. El primero había decidido abandonar el bajo mundo y tomarse unas vacaciones en el Caribe, dejando que los demás decidieron por su cuenta si querían seguirle o tomar otro camino. Inesperadamente, la destrucción del demonio a manos de Yoh y sus amigos no pareció afectarle en lo absoluto, de hecho, parecía que le producía alivio. En cuanto al abuelo, este decidió remodelar la casona y quedarse en Aomori sin mucha fanfarria.
Ninguno de los dos le dijo nada al respecto, pero Anna estaba bastante segura de que, al menos su padre, había tenido una mano en los acontecimientos que tuvieron lugar aquella navidad en Aomori. La posesión de Kenji por el demonio, y su posterior erradicación, parecía que había sido parte de algo más, algo conectado a Hao Asakura, porque en ese momento podía jurar que sintió su presencia en los alrededores, observando todo. Aparte de que cuando Anna le preguntó a su padre sobre el trato que tenía con Hao y la resurrección de su esposa, su padre le había respondido escuetamente.
—Hace mucho que hice mis paces con eso.
Y sin decirle más nada, le dio la espalda para irse. Ya para ese momento su reishi había desaparecido, no sabía si por consecuencia de la eliminación del demonio o algo más, pero años de convivencia le habían enseñado a observar ciertos patrones en la conducta de su padre, por ejemplo, en ese momento podía notar el peso de la resignación sobre cada uno de sus pasos. Parecía que haber hecho las paces con la muerte de su esposa no necesariamente significaba que había perdido la esperanza, esperando todavía algún milagro.
Pero con el giro que tomaron los acontecimientos, no es como si pudiera seguir el acuerdo que tenía con Hao Asakura, y eso ambos lo sabían. Así que prefirió aceptar los resultados y esconderse lo más lejos posible, disfrazando su partida como vacaciones. Al menos antes de irse le dijo que era libre de tomar el camino que deseaba, y que cualquier cosa que ella necesitara, la cuenta bancaria de los Kyouyama estaba a su disposición.
—Estoy en casa —la voz cansada de Yoh la sacó de sus cavilaciones, permitiéndole dejar todos esos pensamientos atrás.
¿Qué importaba ya lo que había pasado o la influencia que había tenido su padre y Hao en todo el asunto? Lo importante es que ahora era libre de seguir su corazón.
Escondiendo la sonrisa que el regreso de Yoh le había suscitado, Anna se levantó para recibir al que ahora era su prometido, encontrándolo sentado con una expresión de cansancio extremo en el rostro. A su lado, un nervioso Manta Oyamada le decía algunas palabras de aliento.
—Bienvenido a casa —saludó ella.
Al verla, todo el cansancio de Yoh pareció esfumarse, dejando que todos sus sentidos se concentraran únicamente en su presencia.
—Ya estoy en casa, Anna —repitió con una cálida sonrisa que Anna le devolvió sutilmente.
Anna entendió sin necesidad de palabras, Yoh no lo decía solamente porque había regresado a la pensión, porque en su corazón, su lugar estaba donde sea que ella estuviera. Volver junto a ella significaba volver a casa, sin importar donde eso fuera.
Fin
Y con esto, finalmente doy por concluido este fic, el que inició mi carrera en este mundo. Quizá el resultado no fue lo que estuvo planeado en un inicio. Quizá pudo ser mejor, pero tampoco quería forzarlo demasiado. Y sí, me doy cuenta que el final es algo abierto, lo cual da posibilidad a una secuela. ¿Quién sabe lo que depara el futuro?
Ahora que he completado este fic, es hora de enfocarme en mi otro fic, Fate.
¡Muchas gracias por leer!
