Hola, perdón por haberme tardado en actualizar y sinceramente me he cuestionado como debo proseguir con la historia. Originalmente esta historia surgió con la intención de ser un One-shot, sin embargo, creo que ella misma se ha ido desarrollando así que ténganme un poco de paciencia por favor jeje, espero subir la continuación dentro de poco. Agradezco los comentarios y les mando saludos.

Capítulo 17

Ya nada queda

Aquel inexplicable vació ya lo había sentido, más bien lo sentía una y otra vez persistentemente en su día a día, nada le brindaba emoción y nada lo satisfacía. Escuchaba vagamente a las personas ¿lejos? Ni siquiera sabía dónde se encontraban, su cuerpo no parecía suyo y su voz ¿era realmente aquella monótona y escuálida voz la suya? Sentía su cuerpo cansado y solo deseaba cerrar los ojos, si, solo deseaba cerrar los ojos para siempre y nunca abrirlos. Estaba agotado, simplemente deseaba olvidar todo y volverse uno con la nada ¿Desde cuándo todo había caído a ese punto? ¿En qué momento todo se derrumbó? ¿Cuándo los gozos se transformaron en agonía y los minutos en horas? ¿Cómo se permitió caer a ese punto?

-Todo es basura.

Se dijo así mismo en aquella desolada alcoba mirando su inútil pierna. Lo cierto era que desde que había sufrido el accidente arrogantemente pensó que todo era una mala broma y que pronto volvería a llevar aquella aburrida vida de excesos y lujos, la cual ya no tenia deseos de vivir habiendo preferido que terminara aquella noche e incluso maldiciendo despertar tras un par de días.

-Finalmente muestran su verdadera cara.

Bufo con media sonrisa arrojando su celular al leer el texto de las personas que persistentemente buscaban cualquier excusa para estar a su lado, pero que ahora ignoraban tan descaradamente su existencia mientras se tomaban fotos con algún otro famoso.

-Al final nada tengo y ya nada me queda.

Murmuro contemplando aquel mallugado trofeo producto de su victoria ante los mejores.

-Se suponía que no sería así, no de esta manera.

Expreso con llanto ahogado apretando los dientes mientras intentaba colocarse de pie cayendo en el acto y maldiciendo por su miserable situación.

.

.

.

Aquel día regreso lo más rápido que pudo a casa luego de ganar el campeonato ignorando a su manager y patrocinadores sobre las entrevistas sin importarle nada más que mostrarle a aquella castaña de ojos brillantes su resolución de pasar el resto de su vida a su lado, sin embargo, al llegar solo lo recibieron miradas amargas que derribaron cualquier indicio de solución.

- ¿Por qué no la detuvieron?

Grito demandante arrojando aquel brillante objeto contra la pared.

-Quien debía detenerla eras tú.

Fue la inmutable respuesta de su madre quien era incapaz de ocultar su expresión de decepción.

-Iré a buscarla.

Grito tomando las llaves del auto solo para darse cuenta que no tenia idea de que haría cuando la viese. Un dolor punzante atravesó su pecho deteniendo todo atisbo de salida sintiendo como todo su mundo se derrumbaba.

- ¡Maldición!

Grito tomando todas sus fuerzas para impulsarse fuera de la residencia encontrándose con su manager justo en la entrada esperándolo con rostro serio.

-Muévete.

Ordeno pasando de largo.

-Debes regresar.

-Déjame en paz.

Amenazo fuera de sí.

-Te llevare a donde quieras ir, pero debes volver.

Hablo serio recibiendo un insulto por parte del tenista quien de mala gana subió al asiento del copiloto sabiendo que en la condición en la que se encontraba posiblemente no lograría llegar conduciendo por sí mismo.

- ¿Qué pretendes hacer en el aeropuerto?

-Tengo que verla, ella regreso a japón.

Respondió en un hilo de voz.

-Si regreso entonces de nada sirve ir al aeropuerto ahora.

-Debo verla, decirle que me equivoque.

-No sé qué sucedió, pero si insistes en viajar deberé detenerte. Acabas de ganar el campeonato y los patrocinadores tienen su propia programación, justo ahora te conseguí un poco de tiempo, pero si insistes en incumplir el contrato sabes lo que puede suceder. Espera un par de días y yo mismo te compraré el boleto a japón o a cualquier parte del mundo que desees.

Asevero el hombre a su lado desviando la mirada tras observar como el tenista apretaba tan fuerte los puños que sus manos se teñían de extraño color.

.

.

.

-Fue completamente inútil, aun cuando compre vuelos continuamente y me plante frente a su casa una y mil veces nunca pude llamar a la puerta.

Recordó arrepentido de no tener el valor de mirarla a la cara y huir en tantas ocasiones.

-Ni siquiera sé si leyó alguna de mis cartas.

Cuestiono sabiendo como en cada una de sus visitas a lo largo de los años y aun sin ir de visita, se había dedicado a escribir cartas buscando una forma de acercarse a ella maldiciendo su cobardía al negarse a enfrentarla, pues cada vez que el tiempo pasaba su miedo a mirar su rostro decepcionado le impedía actuar.

-Solo tú…solo tú no quieres que veas mi horrible ser.

Sé dijo recordando como su familia y amigos lo miraron luego de ese fatídico día.

-Simplemente ya no soportaba esas miradas en mí. No quería irme, no quería hacer las cosas que hice, pero ¿Cómo querían que mirara de frente al dolor si su rostro solo me traía de vuelta mi culpa? ¿Esperaban que afrontará aquello cuando las personas que se supone estarían conmigo toda la vida evitaban siquiera mirarme? Se que me equivoque, pero necesitaba…anhelaba que al menos ellos aun sí me reprochaban por mis tontos actos colocaran una mano en mi hombro para saber que había un lugar donde sostenerme…que aun sí hice la más grande estupidez de mi vida alguien me empujaría para evitar huir como termine haciendo. Yo sé que hice mal, pero por esa misma razón puedo decir que yo también agonizaba en dolor y aun así no quisieron tenderme una mano.

Reflexiono la razón tras su distanciamiento con su familia.

-Ahora ni siquiera el orgullo como deportista tengo.

Pensó mientras se arrastraba por el piso sintiendo como un frasco naranja chocaba contra su mano.

-Herí a la única persona que amo con todo mi corazón y ni siquiera tuve el valor para enfrentarla a la cara, hui de mi familia, desprecie a mi mejor amigo por mi tonto orgullo y miedo creyendo que tarde o temprano también me daría la espalda como el resto, me refugie en alcohol y juguetee con mujeres que me causaban repulsión solo para torturarme y recordarme lo inmundo que soy, los supuestos compañeros que hice en las juerga se fueron tan pronto descubrieron mi lesión aunque en realidad ni me importa, sabia que solo estaban conmigo por dinero.

Reía divertido sintiendo como lagrimas recorrían sus mejillas mientras aquellas carcajadas se tornaban en un llanto incesante incapaz de detener.

-Y ahora el tenis, la única cosa a la que aferrarme también se ha ido.

Vocifero abriendo el frasco con pastillas blancas.

-Sería mejor que yo también me fuera.