.
CAPÍTULO 16:
"¿Crees que ya fue suficiente? Es sólo el principio"
.
Blaine miró a su esposo totalmente sorprendido y lleno de preguntas.
—¿Cómo que dejaste la terapia? ¿Por qué?
—Empecé a sentirme agobiado porque no me alcanzaba el tiempo y creí que había avanzado lo suficiente como para continuar por mi cuenta. Obviamente estaba equivocado.
—¿Desde cuándo?
—¿Qué cosa?
—¿Hace cuánto tiempo que no vas?
—Unas semanas.
—¿Unas…? ¿Cuántas?
—No lo sé. No llevo la cuenta.
—Dos, tres semanas se pueden recordar, lo que significa que son muchas más, y me has estado mintiendo todo ese tiempo.
—No lo he hecho.
—Los días que te toca terapia siempre te pregunto cómo te fue y…
—Te digo que es complicado o que no quiero hablar de eso, pero jamás he mencionado nada relacionado a cómo me fue o de la doctora, así que básicamente no te he mentido, porque sí es complicado.
Blaine cerró los ojos y cubrió parcialmente su rostro con ambas manos, frotándolo enérgicamente mientras intentaba calmarse y no sacar conjeturas.
»¿Estás enojado?
—Estoy tratando de comprender todo esto —bajó las manos y lo miró a los ojos—. ¿Por qué simplemente no me dijiste desde el comienzo que ya no estabas asistiendo?
—Porque no hay nada de simple en eso.
—Kurt…
—Lo siento. De verdad lo hago. Sé que fui yo quien sugirió ir a terapia por nuestro bien, tanto personal como el de nuestra relación, y haberla dejado puede dar la impresión de que no me importa, que no estoy dispuesto a esforzarme o que ya no quiero intentarlo, pero no es así. Honestamente creí que estaba listo para manejar todo por mi cuenta.
Lamento no haberte contado antes y mis respuestas esquivas. No creo haberte mentido, aunque si para ti fue así, me disculpo.
Prometo que voy a retomarla en algún momento. Necesito un poco de tiempo para pensar y organizarme, pero lo haré.
Blaine… por favor, dime algo.
—Cuando te sientas listo, estará bien.
Kurt arqueó las cejas y suspiró.
—G-gracias.
—¿Por qué?
—Por ser tan comprensivo cuando deberías estar enojado.
—Dices que tienes mucho que procesar, y no puedo enojarme por eso, aunque sí me preocupa porque veo la forma en la que te está afectando. También me doy cuenta de que cargas con demasiado peso y estás extenuado.
Necesitas un descanso, y ahora más que nunca me alegra la decisión que tomaste de trabajar menos.
El castaño inhaló profundamente y cerró los ojos durante unos segundos.
—Respecto a eso, Steph está creciendo y quiero pasar más tiempo a su lado. Me encanta que esté contigo y todo lo que comparten, pero deseo también ser parte de sus experiencias, de lo que la hace feliz, de sus logros, de su vida en general y no sólo verla unas horas los fines de semana. Esa no es la clase de padre que quiero ser.
Sé que, en teoría, es algo de lo que deberíamos haber conversado primero, pero las cosas sucedieron muy rápido cuando estábamos en el parque.
—Y me parece perfecto. Lo que dices es cierto. Steph está creciendo y te necesita. Yo trato de hacer lo mejor para ella, pero tú…
—Eres el mejor papá que pudo haber tenido. Ni siquiera te atrevas a dudarlo.
—Gracias —sonrió—. Tú también lo eres, Kurt. Siempre te lo he dicho, Steph es una niña extraordinaria gracias a ti.
Ella es el reflejo de la forma en que la criaste, tus cuidados, el amor que le has dado y todo lo que has hecho.
Steph es quien es y como es por ti, eso es innegable, como también lo es el hecho de que te extraña.
Hoy se pasó hablando emocionada sobre todo el tiempo que vas a estar a su lado y de las clases que te va a dar para que los tres vayamos a bucear a diferentes lugares. Me gusta verla así de feliz, y a ti también, porque cada vez que ella tocaba el tema, sonreías y tus ojos brillaban.
—Quiero ser el padre que merece.
—Ya lo eres. No lo dudes ni por un segundo.
—Gracias… —suspiró.
—Es la verdad, amor, pero sé que hay algo más sucediéndote y no está relacionado con Steph.
—Ah… Es…
—Te conozco, y ahora que has bajado tu escudo, puedo ver la preocupación en tus ojos.
—Mi escudo… —asintió apretando los labios— Creo que es una buena forma de describirlo… aunque no me gusta.
—Lo siento, no quise…
—No, no. No es porque lo dijeras sino por lo que representa ya que tienes razón.
Sí estoy preocupado por muchas cosas que han estado ocurriendo, aunque no me siento listo para hablar de ellas porque aún intento procesarlas.
Y, por otro lado, no te preocupes que no descuidaré la empresa, sólo voy a trabajar menos. Un poco nada más, nada que afecte mi rendimiento.
—Tranquilo, cariño —lo tomó de la mano—. He estado pensando en algo desde hace unos días, y tu decisión más esta conversación que estamos teniendo son las pautas que necesitaba para estar seguro.
—¿De qué cosa?
—Voy a hablar con alguien para que se encargue de todo a partir de la próxima semana.
La expresión de Kurt cambió radicalmente y lo miró alarmado.
—¡No! ¡No puedes hacerme eso!
—Es lo mejor por ahora.
—¡Es mi trabajo y me gusta! ¡De verdad amo estar en la empresa!
—Lo sé.
—No creo haber cometido ningún error para que quieras despedirme.
—No te estoy despidiendo. Sólo dije que pondré a cargo a alguien que…
—¡No es justo! ¡Me he esforzado mucho para sacar cada negocio adelante y que todo funcione correctamente!
—Estoy consciente de eso, pero cuando te dejé al frente, no pensé que sería así.
—¿Así? ¿Cómo? ¿Hice algo mal? ¿Te arrepientes de…?
—Estoy muy orgulloso de todo lo que has logrado y de la forma en la que has llevado la compañía, pero no me gusta que estés ahí todo el tiempo ni lo que te está provocando.
—Ya te dije que voy a bajar un poco el ritmo.
—Tú mismo aceptaste que te sientes muy cansado, y bajar un poco el ritmo no basta. Te estás presionando demasiado, y no entiendo por qué o cuál es la necesidad que tienes de hacerlo.
Kurt inhaló pesadamente varias veces sin dejar de mirar a su pareja.
—Quiero que sepas que estoy igual de comprometido que tú.
—¿Qué?
—Estoy comprometido en mejorar nuestra relación, en el acuerdo que hicimos… en todo.
—Eso lo sé, pero, ¿qué tiene que ver con lo que está ocurriendo y que tanto te preocupa?
—Haces mucho, Blaine… mucho… Lo das todo y cumples con lo que te comprometiste, a diferencia de mí que… —negó con vehemencia.
—¿Tú qué?
—Siento que no hago lo mismo. Tú te esfuerzas al máximo, en cambio yo…
—También te esfuerzas y cumples con tu compromiso.
—No de la misma manera, y necesito hacer más.
—¿Es por eso te pasas todo el día trabajando?
—De algún modo tengo que compensarlo para estar a tu nivel.
—Kurt, esto no es una competencia en ningún sentido. Somos una pareja en una relación igualitaria.
—Y se llama así porque los dos debemos contribuir por igual. Cada uno con su parte, claro está, pero poniendo el mismo esfuerzo y dedicación.
—Entiendo lo que dices y estoy totalmente de acuerdo porque trabajar en equipo es la única forma de que una relación funcione y avance, y ambos lo estamos haciendo.
—¿Y por qué no lo veo de esa forma?
—No lo sé, pero por eso es importante que reprogrames las sesiones con la doctora. Ella es la experta y quien puede ayudarte a encontrar la respuesta.
—¿Te das cuenta? Hasta en eso estoy fallando. Tú sigues asistiendo cada semana sin falta y te veo cada día mejor, más fuerte, más comprometido.
Tus heridas están sanando, y me siento feliz por ti, sin embargo, no puedo dejar de comparar tus avances con los míos, y no me digas que también estoy avanzando, porque no es verdad. Sé que he retrocedido, que estoy estancado, y es tan frustrante.
¿Por qué no puedo ser igual de fuerte que tú?
—Porque somos diferentes, pero sobretodo porque eres más fuerte.
—¿Qué?
—Eres la persona más fuerte y valiente que he conocido en toda mi vida. Has atravesado tantas situaciones difíciles, y sí, comprendo que hay días más complicados que otros, pero aquí sigues luchando y buscando ser mejor día con día.
Te admiro y te respeto mucho por todo lo que has superado. Eres más fuerte que yo, Kurt, te lo aseguro, y no me da pena admitirlo.
—No hagas menos las cosas que te han ocurrido ni tus avances.
—No lo hago, pero puedo reconocer los tuyos, y si por alguna razón no puedes verlos o los has olvidado, estoy aquí para recordártelos y recordarte lo excepcional que eres.
Kurt batalló con el nudo en la garganta.
—Quisiera poder verme de la forma en la que tú lo haces —dijo afligido.
—Ya lo hacías —comenzó a acariciarle el rostro—, y no sé qué sucedió para que eso cambiara, pero vas a volver a ese punto y te darás cuenta de lo maravilloso que eres.
—Y para eso debo regresar a la terapia, ¿cierto? —se mordió el labio.
Voy a retomarla, lo prometo, pero como te dije antes, tengo que poner en orden mis ideas y resolver algunos conflictos.
—¿Y no crees que sería mejor si haces todo eso con ayuda de la doctora?
—No… Tal vez… No lo sé… Lo único que quiero por ahora es quedarme en casa y no salir de la cama al menos en un par de días.
—Perfecto, hazlo de ese modo. Te apoyo incondicionalmente en todo lo que quieras. Y por favor, dime lo que necesitas de mí.
—Ya haces suficiente.
—Kurt, amor…
—Sólo quédate conmigo.
—Será un placer.
El de ojos azules suspiró y fue deslizándose con movimientos sutiles hasta que el espacio entre los dos resultó minúsculo.
—Gracias por comprenderme.
Blaine apoyó una mano sobre el pálido hombro, frotándolo con los dedos.
—Aquí estoy para ti —tras varios segundos llevó la otra mano hacia la espalda de su amado y empezó a recorrerla con gentileza, arrancándole varios suspiros. Cuando este musitó un te amo, sus manos descendieron hasta llegar a la cadera y sujetándolo con firmeza lo levantó y lo acomodó sobre su regazo.
Kurt rodeó con brazos y piernas a su esposo, y tras una breve, pero significativa mirada, apoyó la cabeza en el hombro de este.
Había tanto que deseaba decirle, pero no se atrevía porque podría arruinar el momento y aquel era el mayor grado de intimidad que habían compartido en un largo tiempo, no sólo en el plano físico sino también en la conexión que estaban logrando, y por la forma en la que Blaine lo sostenía, estaba seguro de que sentía lo mismo.
—Deberíamos salir de aquí —susurró al cabo de un lapso el de piel bronceada—. El agua ya se enfrió y estás temblando.
Hummel levantó la cabeza y empezó a besarle el cuello, avanzando lentamente hasta llegar a los labios. El beso fue largo y cobró diferentes matices mientras las manos de ambos permanecieron firmes en el cuerpo del otro.
Al separarse en medio de un suspiro, Kurt siseó.
—Tú también estás temblando.
Una vez en la habitación, Blaine procedió a secar a su cónyuge, pero este lo detuvo, quitándole la toalla y dejándola caer en el suelo. Luego lo tomó de la mano y caminó hacia la cama en donde lo hizo sentar y se fue acomodando hasta que quedaron del mismo modo en el que estuvieron en la tina.
—Te amo —dijo el de rizos acariciándole el rostro.
—También te amo —suspiró y se inclinó para besarlo—. Blaine… —susurró separando sus labios cuando la intensidad subió, y lo miró fijamente a los ojos.
—Lo sé, lo sé —giró lentamente hasta dejar a Kurt tendido sobre la cama.
—Quiero, pero, ¿y si no es el momento adecuado por todo lo que está sucediendo? ¿O tal vez es lo que necesitamos y…? Es que…
—Podríamos averiguarlo. Tal vez no pensar tanto y dejarnos llevar hasta donde sintamos que es lo correcto.
Kurt asintió y observó detenidamente a su esposo mientras este se arrodillaba a su lado regalándole una sonrisa.
La manera en la que aquellos ojos dorados escaneaban su anatomía, aceleró su corazón. Todo en su ser gritaba que eso era lo que deseaba, pero le preocupaba que su mente le jugara una mala pasada.
Un jadeo repentino escapó de sus labios cuando cálidos besos empezaron a recorrerlo y cerró los ojos concentrándose en las sensaciones.
Sin duda amaba la forma en que Blaine nunca dejaba de lado ninguna parte de su cuerpo, brindándole a cada centímetro la misma atención.
Un gemido profundo fue producido al ser invadido por una ola de placer y llevó sus manos hacia la espalda de su amado, acariciándola con fervor.
Definitivamente sería una noche perfecta sin importar lo que pasara o hasta donde llegaran.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Kurt salió a toda prisa. Se había quedado dormido y se le hacía tarde para llegar a la empresa. Era un día importante porque tenía una reunión con un cliente en potencia que podía cambiar el curso de las cosas.
Se subió al auto y arrancó sin siquiera esperar a que el motor calentara. Tras avanzar un par de cuadras, un vehículo cruzó a su lado y se dirigió hacia su casa, lo cual le llamó la atención.
La pelea interna entre la voz que le decía que diera la vuelta para averiguar de quién se trataba y la que proclamaba que debía llegar a tiempo a la reunión, lo estaba volviendo loco, pero sus instintos lo superaron ya que antes de darse cuenta estaba llamando a Alana para indicarle que se iba a retrasar un poco.
Pero, ¿qué? ¿Quién era esa persona que acababa de abrir el portón e ingresaba a su propiedad?
De un flamante auto deportivo vio bajarse a Connor, y una sensación de vacío se asentó en su estómago. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Y por qué tenía llaves?
La puerta de la casa se abrió y un sonriente Blaine salió a recibirlo. ¿Qué rayos estaba pasando?
Con piernas temblorosas logró salir del auto y caminó tambaleándose hacia el intruso.
—¿Qué crees que estás haciendo? —gritó.
—Te dije que iba a recuperar a mi esposo —contestó Connor con seguridad.
—¡No es tu esposo! ¡Deja de decir eso!
—Claro que lo es. ¿Cierto, Blaine?
Steph apareció corriendo y abrazó al extraño con total familiaridad y cariño.
—Hola, preciosa. ¿Me extrañaste? —le acarició la cabeza.
—¡Aléjate de mi hija! —gruñó intentando tomarla del brazo, pero la pequeña se apartó.
—Blaine es mío, y como la niña significa mucho para él, ahora ella es mía también. ¡Esta es mi familia y eres tú quien debe apartarse!
—Steph ven aquí. Y tú, Blaine, di algo.
—Durante este tiempo me he dado cuenta de que Connor es el amor de mi vida.
—¿Qué?
—Lo siento, Kurt, pero he decidido darle una oportunidad.
—¿Cómo puedes después de lo que te hizo?
—Todos cometemos errores
—¿Errores? ¡Eso no fue un error!
—Ya sé lo que en verdad sucedió y lo he perdonado. Al final, él siempre me hizo feliz, y lo mejor es que no está lleno de traumas como tú.
Es bastante agotador tener que soportar todo tu drama y no estoy dispuesto a seguir haciéndolo.
—Blaine…
—No sé de qué te quejas si a ti lo único que te interesa es trabajar todo el tiempo, y yo quiero a alguien que esté a mi lado para construir juntos un futuro.
—Sabes que te amo y…
Anderson levantó la mano para que dejara de hablar y se dio la vuelta dirigiéndose hacia la casa con Steph de la mano.
—No demores, amor. Te esperamos para desayunar.
—Seguro, mi amor —contestó Connor empujando a Kurt, haciéndolo tropezar—. Ya oíste. Blaine, mi esposo, me espera, así que mejor lárgate. No tienes nada que hacer aquí.
—¡Aléjate de ellos!
—¿O qué? —lo miró desafiante— Te dije que no te entrometieras en mi camino porque había venido a recuperar a mi familia, y es exactamente lo que he hecho. Ahora vete o te juro que te vas a arrepentir.
—¡No voy a moverme de aquí! ¡Este es mi hogar! ¡Es mi familia!
—Eres tan egoísta. Si de verdad te importaran aceptarías que no eres bueno para ellos y que lo único que les has causado es un sufrimiento innecesario.
Yo les voy a dar la felicidad y la tranquilidad que merecen… Ah, y vamos a adoptar a un niño. Claro, nunca podría ocupar el vacío que dejó el pequeño Ashton, pero sé que es lo que Blaine anhela, porque yo sí lo conozco y entiendo todo lo que guarda su corazón, cosa que tú jamás podrás hacer.
Con una última mirada de suficiencia, Connor se dio la vuelta e ingresó a la casa, cerrando la puerta y dejando a un Kurt petrificado afuera.
—Blaine… Steph… —su voz se volvió débil— Blaine… abre la puerta… Blaine…
—No, por favor… Blaine… Blaine… —Kurt abrió los ojos y miró asustado a su alrededor. ¿Por qué todo estaba oscuro? ¿Dónde se encontraba?
Al intentar moverse sintió que algo se lo impedía, así que frotó sus ojos hasta lograr ver mejor y notó que su esposo se encontraba detrás de él sosteniéndolo por la cintura y tenía una pierna entrelazada con las suyas.
Ninguno de los dos estaba vestido y… ¿Qué estaba pasando? No tenía sentido que estuvieran en esas condiciones cuando… Fue entonces que los recuerdos de la noche anterior llegaron y comprendió que había tenido una pesadilla, pero, ¿qué significado tenía? ¿Había sido producto de su angustia o acaso una premonición?
Su corazón aún latía agitado y su respiración era irregular. Necesitaba calmarse y dejar de pensar en cosas que jamás sucederían. Sólo había sido un mal sueño y no tenía por qué encerrar un significado oscuro.
Ya más tranquilo cubrió la mano de Blaine con la suya y cerró los ojos. El sueño, aunque tardó en regresar, se hizo presente y con un bostezo se quedó dormido.
—Blaine… No… No me puedes hacer esto… Blaine… Blaine…
El mencionado se despertó y con un gran esfuerzo logró abrir ligeramente los ojos, sonriendo ante el cálido cuerpo entre sus brazos.
—¿Qué sucede, amor? —preguntó arrastrando las palabras cuando escuchó su nombre, y le besó la parte posterior del hombro, sucumbiendo ante el sueño.
—Blaine… Por favor…
Al notar la angustia en la voz, abrió los ojos abruptamente.
—Kurt, ¿qué tienes? Aquí estoy.
Ante la falta de respuesta, pero el llamado continuo, se inclinó para encender la luz y lo observó con atención.
»Cariño, despierta —lo movió con cuidado—. Vamos, despierta —Cuando Kurt abrió los ojos completamente agitado, lo tomó suavemente por el rostro—. Tranquilo, estabas teniendo una pesadilla. Cálmate, todo está bien.
—¿Blaine?
—Sí, amor. Aquí estoy. Tranquilo. Vamos, respira despacio.
—¿Qué pasó?
—Tuviste una pesadilla.
Kurt sacudió la cabeza y exhaló con fuerza. Aquel sueño se había vuelto a repetir y estaba asustado.
—Si Connor regresara, ¿qué harías?
La pregunta tomó por sorpresa al empresario, quien guardó silencio unos segundos tratando de comprender qué relación tenía eso con lo que estaba pasando.
»Blaine…
—Eso no va a suceder.
—¿Qué harías si volviera y empezara a buscarte?
—Lo mandaría al carajo.
—¿Y si intentara recuperarte?
—Si intentara… ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Recuperarme? No hay nada que tenga que recuperar aquí.
—¿De verdad te divorciaste de él?
—Kurt, pero qué… —la preocupación en los orbes azules lo hizo detenerse e inhalar despacio antes de responder— Mi matrimonio con él fue anulado, lo sabes. Te mostré los documentos. En cuanto a la ley concierne, tú eres el único esposo que he tenido.
¿Por qué me preguntas estas cosas? ¿Tienen que ver con la pesadilla que tuviste?
Kurt asintió desviando la mirada y Blaine empezó a cuestionarse varias cosas porque hasta el momento todo carecía de lógica.
—No te atreverías a quitarme a Steph, ¿cierto?
—¿Cómo que a quitarte? En primer lugar, ella es tu hija biológica, y por mucho que yo la ame…
—Tienes el dinero y el poder para hacer todo lo que quieras.
—Kurt, ¿de qué estás hablando?
—Nada… Creo que aún estoy aturdido por la pesadilla.
Blaine lo miró consternado, seguro de que había algo más implícito en ese cuestionamiento, y lo tomó de la mano.
—Jamás haría nada que pudiera dañarte o a nuestra familia. Tú y Steph lo son todo para mí y los amo profundamente.
—Lo sé… Como te dije, estoy algo aturdido todavía. No me hagas caso.
—¿Me quieres contar qué soñaste?
—No quiero pensar en eso.
—Está bien. ¿Quieres un poco de agua?
—No, gracias, pero sí quiero el cobertor, tengo frío.
—Voy a buscar algo para que te vistas.
—Con el edredón es suficiente. No te vayas.
Anderson realizó un escaneo rápido de la habitación hasta encontrar el cobertor en una esquina de la cama y se envolvió junto con Kurt en este, abrazándolo con fuerza.
Él sabía lo que era tener sueños perturbadores y la angustia que provocaban después de despertar, así que comprendía lo que su esposo sentía.
—Tranquilo, cariño. Estoy aquí contigo. No pasa nada. Intenta descansar un poco —le besó la frente.
—Tú igual… —suspiró— Y gracias.
—Te amo.
El menor asintió ligeramente y cerró los ojos a pesar de no tener sueño.
Ambos permanecieron en silencio durante un tiempo prolongado, sumidos en sus pensamientos.
El de rizos exhaló dándole un vistazo a su compañero de vida. Sabía que este no estaba durmiendo porque sentía la tensión de su cuerpo y podía escuchar su respiración irregular.
Si tan sólo supiera qué era aquello que lo tenía en ese estado, buscaría la mejor manera de ayudarlo. Por lo pronto, esperaba que estar en casa unos días sirviera para relajarlo.
—¿Blaine?
—Dime.
Kurt soltó gradualmente el aire retenido y abrió los ojos, mirando con seriedad al hombre a su lado.
—Connor regresó.
—¿Es lo que soñaste?
—Sí, pero él realmente volvió.
—¿Cómo que volvió?
—Está aquí en la ciudad.
—No —negó con vehemencia— Eso no es posible.
—Lo es. He hablado con él en varias ocasiones y vino para recuperarte.
