Disclaimer:

Los personajes de este fanfic le pertenecen a J.K Rowling, las situaciones en las que los enredo son mías.

Resumen: Negro como la noche, ardiente como el infierno, fuerte como el pecado y dulce como el amor. Así es como debe ser un buen café o eso es lo que le susurró Draco Malfoy a Harry Potter en aquella sala de descanso.

Hola queridos lectores: ¡Feliz día internacional del café! Es primero de octubre y aquí en la cafetería donde estoy trabajando está más muerto que la heterosexualidad de Draco así que me puse a escribir algo ligero para entretenerme, espero que lo disfruten. Los capítulos van a ser muy cortos pero estaré actualizando seguido (creo) y se va a poner interesante (lo prometo) también estoy subiendo todo desde el móvil (perdón) ¡Besos!

OoOoO

Club sandwich

Hoy es miércoles y como cada miércoles del último mes entramos al establecimiento después del entrenamiento de natación, con el cabello húmedo, las caras sonrojadas y nuestras sudaderas holgadas. Tomamos asiento en nuestro lugar preferido: una mesa frente al ventanal con dos cómodos sillones de tapicería negra.

—Buenas tardes, bienvenidos a Heaven and Hell —saludó la camarera con una sonrisa y nos dejó las cartas.

—Estoy tan hambriento que devoraria una vaca —mascullo Ron mientras estudiaba el menú.

—¿Que tal un club sandwich? —le pregunté señalando la fotografía del aperitivo.

Al pelirrojo se le iluminó la cara, un sándwich de jamón con tres pisos, papas a la francesa y ensalada.

—¡Perfecto! —aceptó contento.

Unos instantes después, la chica regreso para tomar el pedido. Ron se acomodó mejor en el sillón y miró hacia la derecha donde se encontraba la caja registradora, pude notar el leve sonrojo y la sonrisa tonta que apareció en su rostro cuando sus ojos se encontraron con Hermione, la encargada del establecimiento. Porque si estábamos en aquel lugar de ambiente pretencioso no era por la comida carísima, ni por la música instrumental, ni por los cuadros dantescos que adornaban las paredes blancas y mucho menos por las apestosas rosas blancas que decoraban las mesas de madera, todo era por Hermione.

—Deberías al menos pedirle su número —comenté casualmente.

Me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Estás loco? ¿Y si me dice que no? Pérdida de dignidad total —replico mi amigo.

—¿Entonces que? ¿Seguimos viniendo aquí para que te le quedes viendo como estúpido? Pareces acosador —le recrimine.

Él sacudió la cabeza y luego me sonrió, mi corazón se saltó un latido ¡vaya con el amor unilateral! Pensé, con un poco de mal humor. Ron sacó su móvil de los pantalones de mezclilla y comenzó a buscar algo, cuando lo encontró me mostró una publicación en Facebook donde al parecer estaban solicitando personal para el lugar.

—Compre las solicitudes esta mañana, solo debemos llenarlas y entregarlas —dijo satisfecho.

—¿Debemos? ¿Nosotros dos? ¿Tú y yo? —pregunte acusador.

—¡Pues claro! Somos un equipo después de todo Harry —contesto con sus ojos azules brillando de emoción.

¿Y cómo decirle que no a él? Cuando la mesera puso los platos delante de nosotros comenzamos a comer y a rellenar las solicitudes de empleo. Preguntamos donde se tenían que entregar las formas y la mesera nos señaló la caja registradora. La muchacha castaña con el uniforme de la cafetería (pantalones negros, camisa blanca y un pin con unas alas de ángel bajo el que rezaba su nombre) nos sonrió amablemente y recibió nuestros papeles.

—En caso de ser aceptados para el empleo les enviaremos un mensaje concretando la hora para su entrevista —dijo en tono formal Hermione.

—Gr-gracias —tartamudeo Ron.

Solté un suspiro, aquello era tortura. Salimos del establecimiento para ir a nuestras casas, en la entrada tropecé con alguien que me sacaba unos cinco centímetros, ¿Por qué todos eran tan endemoniadamente altos? O tal vez yo era bajito, ¡bah! Me apresure a disculparme pero antes de poder decir una palabra el muchacho me silenció con su gélida mirada gris.

—Parece que esos ridículos lentes no te funcionan bien —dijo el tipo rubio.

—Lo lamento —me disculpé desganado.

—Yo también, la próxima vez déjame entrar primero —repuso y traspaso las puertas de cristal.

—Que idiota —se quejó Ron mientras comenzamos a caminar.

—Y que lo digas, solo espero que si nos contratan él no sea un cliente habitual —respondí.

Ron paso un brazo por mis hombros.

—Yo también.