Saludos, espero que este capitulo sea de su agrado, ya que estoy retomando historias que estuvieron un poco empolvadas.

Capítulo 5 — Revelaciones I

Pocas veces en la vida vería a su madre del modo en que lo hacía en ese momento. Reira era del tipo pacífico, diplomática hasta la médula, sin embargo eso cambiaba radicalmente cuando el bienestar de alguna de sus hijas estaba entredicho. En el fondo se preguntaba si ella lo sabría, del tipo de relación que ella y Natsuki habían tenido en su juventud. Negó con la cabeza, tenía las manos temblorosas y los ojos llenos de escozor, la circunstancia la sobrepasaba, había pasado el suficiente tiempo sufriendo en silencio sin poder descargar su propio dolor o confianza en alguna persona que no fuera Nao e incluso aquello tenía un límite, porque Nao también amaba a Natsuki, así que no era tan imparcial... pero en ese momento las emociones comenzaban a desbordar sus murallas, generando pequeñas fisuras, no estaba segura de mantener la calma o la compostura con el pasar de las horas. Era un alivio no ser la lanza que rompiera los acuerdos con los Argorianos en ese momento, su madre había sacado ya las garras con el simple objetivo de conocer el mal que aqueja a la menor de sus pequeñas, le había ahorrado una batalla, pero como con Zoe, el silencio de aquellos extranjeros continuaba siendo férreo.

—Señoras... no creo que pueda tomar en cuenta sus acusaciones, comprendo el agobio que los aqueja, sin embargo no puedo concederles pasar más allá de esta sala.— El mismísimo rey estaba de pie, junto a una escuadra de 10 hombres establecidos frente a la puerta que aparentemente separaba a la pelinegra de la familia que la había acogido en su seno desde la más tierna infancia.

—Si fuera una de sus nietas, o el pequeño Sharam... dudo que mantuviera la misma calma, señor.— Reprochó Reira, con una expresión de ira indisimulada. —Si considera apartar a mi hija de mí, de su familia, esos 10 caballeros no le serán suficientes.— Había un implícito tono de advertencia en su voz.

—Honestamente es indignante que no nos dejen pasar... fue nuestra, antes que de ustedes...— Añadió Nao con una expresión agresiva en su faz.

—¡Es mi hija! ¡Por todos los dioses!— La Reina perdió los estribos, alzando la mano y a poco estuvo de golpear al Lottus de Argoria, salvo porque a todo se anticipó Shion sosteniendo su muñeca.

—Reira... amor mío.— Era impensable pero la mujer más amable y pacífica que alguna vez hubiera conocido estaba a punto de lanzar un gancho izquierdo al Rey del país vecino y los hombres acercaron algunos centímetros sus manos a las empuñaduras.

—No Shion, ellos saben lo que tiene Tsuki y ¿se atreven a negarnos tal información?— Aquello había subido un par de peldaños, la reina no era de las que normalmente contrariaba a su esposo, así de molesta estaba.

—Querida Reina, no estoy tranquilo en lo absoluto, desde hace mucho tiempo considero a Natsuki como una más de mis hijas, por esa razón... es que ningún argoriano que haya empeñado su palabra ante ella, traicionaría eso. ¿Lo entiende, Rey Shion?— Intentó mediar con el Excelsario que entendía mucho más las circunstancias, el viejo Tanos en verdad deseaba evitar otra confrontación que acabase con los más recientes años de amistad entre las dos naciones. A fin de cuentas ahora la hermosa Kruger era más de su nación que de Excélsior.

—Claro que sí... mi estimado Lottus.— La castaña más joven miró con desconfianza al par de hombres, demasiado cercanos para su gusto.

—Tú lo sabes...— Interrumpió el silencio la suspicaz heredera, fijando su atención en la mirada escarlata de su padre, una que conocía muy bien, junto a todos los trucos que emplea la mayor parte de las veces. —Hace tiempo...— Dedujo y sus palabras tuvieron un tenue efecto en la cara de Shion, apenas una fracción de segundo que fue la confirmación.

—Shizuru... hija ¿de qué hablas?— Pregunto Reira, intentando no ver flaquear su fe en su esposo.

—Padre es un hombre que maneja la incertidumbre de una especial manera, imperturbables es casi una nana que se nos enseña, que se hereda en la sangre. Pero las máscaras no son perfectas entre los que como buenos observadores aprendemos a leer las tenues expresiones...— Se cruzó de brazos. —No es la primera vez que presencias algo semejante... ¿verdad padre?

—Eres todo y más, de lo que anhelé que fueras un día... pero me parece que por esta ocasión, estas en un error.— Refutó hábilmente el mayor logrando convencer a la mayoría en el grupo, salvo porque el Fujino no contaba con el hecho de que Shizuru alimentaba su estrategia no solo valorando los gestos de su padre, la castaña no había pasado toda una vida de mascaradas para pasar por alto la mirada dorada de un viejo rey.

—Y tendrás por reina a Nao, si esta conversación no se dirige en la dirección adecuada, Padre.— Shizuru sostuvo la mirada del mayor, pero el tiempo no había pasado en vano y la ausencia del miedo era un factor con el que Shion no contaba. —Yo haría cualquier cosa por ella... lo sabes.— sentenció finalmente con una sonrisa que ciertamente había heredado de Reira.

Una amenaza que los dos ojos rubí contemplaron y aquellos segundos, de los que pareció acontecer una eternidad... fueron zanjados por el suspiro resignado del mayor. —Sería adecuada y su amor por el pueblo es suficiente, lo ha probado... junto a ti. Pero no es como tú hija, naciste para ser reina.

—Shion...— Dudó el Lottus, la mirada que recibió a cambio le hizo saber quien venció la contienda y sólo entonces el viejo Minari comprendió la importancia del enlace que había logrado su afianzamiento con la futura señora de la nación de Excélsior, la joven doncella era hermosa, inteligente, astuta... una criatura tanto bella como peligrosa.

—A diferencia de ti, yo no di mi palabra... y amo por sobre todas las cosas a mis hijas, a mi esposa y a mi sobrina.

Aún si Tanos no estaba de acuerdo, comprendió que no era algo que pudiera evitar, de modo que simplemente se dió la media vuelta y se marchó junto a los hombres, hacia el salón en el que su nuera estaba siendo tratada para informar de los nuevos hechos a todos los interesados.

Estando a solas Reira confrontó a su marido. —Shion... ¿de verdad sabes lo que agobia a nuestra pequeña?

—Síganme...— El castaño dedicó una mirada de disculpa a su esposa, que fue suficiente afirmación para ella, por lo que frunció el ceño.

—Pero padre...— Shizuru temía irse y que en un descuido movieran a Natsuki a otras instalaciones, ahora mismo no confiaba ni en su propia sombra.

—Nada de lo que hagas alterará ese destino, solo Zoe y su equipo médico están en la capacidad de atender esta circunstancia, pero conmigo conocerás la verdad que cambió nuestras vidas para siempre.

Llegaron al despacho principal de la casa de la rosa, donde las cámaras no existían. Allí Shion deslizó sus dedos a través de sus cabellos castaños y canosos, removiéndolos, una acción realmente nerviosa para un hombre que en verdad podría conservar una sangre fría en situaciones complicadas. Entonces el de ojos rubí, enfrentó las miradas curiosas de su hija, sobrina y de su esposa.

—Saeko Kuga y Kalan Kruger, fueron dos diplomáticos importantes e influyentes de Excélsior, con ellos iniciamos hace años un proceso denominado, Plenilunio... un proyecto que produciría un fármaco capaz de tratar enfermedades graves en los seres humanos, la tuberculosis que por aquel entonces estuvo tan presente en los poblados más pobres de muchos países cerca de la tundra, la malaria en las zonas tropicales cuya infestación de mosquitos es inevitable, algunas de transmisión sexual, como la sífilis tan de moda en mi juventud y claro, la plaga del valle negro, uno tremendamente letal que comenzaba a asolar las cordilleras y los campos, hasta proliferar a las ciudades. La que conocieron después como la vacuna blanca, es un sistema simbionte mutable capaz de adaptarse a cada enfermedad y atacar en sus procesos de multiplicación... una medicina que hace inerte los más graves patógenos que existen en el mundo.

—Todos conocemos la historia padre...— Ciertamente Shion quería probar su paciencia, pensó Shizuru.

—Y es un mito,— Afirmó más que segura Reira.

—La vacuna blanca, fue un bello nombre... pero solo se especializó para tratar la peste del Valle Negro, aún hoy funciona con los rebrotes, lo cual es casi un milagro.— Mencionó Nao con un dejo de aburrimiento. —Pero lo que dices, eso es imposible.

—La vacuna existe en las condiciones precisas y cuidadosas que Saeko lo concibió...— Shion sabía que nadie lo entendería, el sacrificio que la mujer realizó para salvar a Excélsior, al mundo entero y está seguro de que él no sería capaz de tanto. —La cura blanca es lo que mantiene con vida a Natsuki, porque ella es un híbrido que puede soportar la mutación del virus y de la cura en su microbioma. Natsuki tiene la peste del Valle negro o bien dicho sea, hoy llamada la purga roja. Una enfermedad mortífera que podría diezmar a la población mundial, fluye a través de la sangre de la hija de Saeko, pero los antígenos para sobreponerse a tan adversas circunstancias se desarrollan igualmente en su interior día con día. Actualizar la vacuna para tratar la peste del valle negro, es de entre muchas cosas algo tremendamente fácil con la sangre de Natsuki. Eliminar la purga roja de su sistema, es... abismalmente más complejo y no lo hemos logrado, sin debilitar la cura al mismo tiempo, así que realizar acciones agresivas, eso simplemente la mataría.

—¿Dices que ella ha estado enferma toda su vida?— Shizuru contempló horrorizada a su padre y luego simplemente se mordió los labios imaginando cómo esta nueva circunstancia alteró su vida. —¿Dices que ella pudo morir cualquier día a causa de eso?

Shion Asintió. —La sangre de Saeko se contaminó durante el embarazo de Natsuki, fue gracias a ello que la cura pudo ser inventada. Pero ese secreto se lo llevaron a la tumba ella y Kalan. Descubrimos la enfermedad precisa de Natsuki a sus 16 años, cuando ella se desplomó en el salón de esgrima sangrando por la boca.— Shion miró a su esposa e hija, y omitió la espantosa muerte del instructor de esgrima que la atendió, debido a un desafortunado contacto con la sangre de Natsuki en una herida de cocina en el dedo índice del espadachín, fue solo entonces cuando supieron la gravedad de la circunstancia. —Ustedes estaban preparándose para el viaje a Carteya, para el posible inicio de su compromiso con Reito…

—¡Nos alejaste por esto!— Gritó Shizuru con los ojos rojos y llenos de las lágrimas no derramadas, mirando con un odio ciego a su progenitor. —Ella entró al ejército, no fue la sed de venganza, ¡fue la urgente necesidad de apartarnos!

—Hija, estoy tan… consternada como tú pero…— Reira no podía creer que su esposo hubiera actuado tan cruelmente con Natsuki, e incluso con Shizuru, dios sabe que las niñas eran muy unidas. —Tu padre hizo lo que consideró mejor.

—No madre, esto no es tan simple.— Tensó la mandíbula e irguió la barbilla. —No imaginas el sufrimiento que me has causado y el tiempo que he perdido, no voy a perdonarte por esto jamás, padre.— Manoteó la mano del mayor sobre su hombro.

—Ella no quiso que lo supieras, más tarde le hice comprender que estar lejos de ti significaba salvarte y te ama tanto que no dudó ni un segundo, por mantenerte a salvo a ti y a Nao. A tu madre... a todos.

Shizuru tensó la mandíbula, se mordió los labios sin poder dejar de llorar, a su lado Nao les daba la espalda a todos, tan enojada como su prima lo estaba, solo que estaba siendo demasiado orgullosa para mostrarlo.

Todas las piezas encajaron en la mente de la princesa de Excélsior, el llanto silencioso se deslizó por las mejillas de la castaña en medio de alguna clase de shock. La contemplación de todo lo que pudo ser y no fue, de las circunstancias y los detalles, de las palabras que Natsuki le dió unas horas atrás y que ahora tenían otro significado. Ello solo le recordó el precio de las decisiones que tomó, de los errores que cometió, incrementando su gravedad potencialmente. Había desperdiciado la vida, creando una oportunidad para una cosa que debió tomar en sus manos sin importar las consecuencias. ¿De cuántas formas perdería a Natsuki? ¿Cuántas formas de morir existen si el alma que es inmortal es al mismo tiempo tan frágil?

—Necesito verla... no puedo perderla, no...— Dijo con desesperación, como si el entendimiento hubiera tocado cada fibra sensible, y roto cada presa emocional existente, pero su padre la retuvo del brazo a la fuerza sabiendo que la menor no estaba pensando racionalmente y que sus acciones dejarían mucho que desear ante los argorianos.

Por lo que Shizuru forcejeó sin tanto éxito y a ello le siguió un ataque de pánico que la llevó a golpear a su padre con toda la ira y el dolor que se guardó durante los años en los que la pelinegra simplemente desapareció de la tierra que compartían, porque ella sabía muy en el fondo, que el amor de su padre para Natsuki era limitado y donde su propio derecho iniciaba, el de ella terminaba. Donde la corona se debilitaba, él enterró estacas, que fueron clavos en el corazón de la pelinegra y fue precisamente Shizuru, quien martilló en las cabezas grafiladas sin saber el costo de sus decisiones.

El Rey recibió los golpes conforme venían, pues nunca vió un comportamiento tal en su hija, ni imaginó que sus puños fueran tan fuertes o que la joven tuviera algo de entrenamiento de combate, porque cuando le rompió la nariz no pudo evitar gemir de dolor y solo entonces la ira lo cegó lo suficiente para devolver el golpe y tuvo el mal tino de pegarle en la cabeza a la muchacha.

Shion nunca le había pegado a su hija hasta ese día. La vió caer al suelo, dándose un mal golpe contra la esquina de una mesa en las costillas y rompiendo el vidrio bajo su cuerpo. La princesa gimió sin poder respirar y con los cortes de los fragmentos en el antebrazo y la palma. Nao la auxilió de inmediato, postrándose a su lado la ayudó a levantar el tronco y sacudió los vidrios que pudo de la ropa de la joven, pero Shizuru negó con la cabeza incapaz de ponerse de pie, mientras Reira llamaba a un médico a gritos.

—Respira... hey... respira.— Le susurró Nao a la que consideraba una hermana, pues a fin de cuentas solo se tenían la una a la otra, pero Shizuru estaba perdida en un mundo aparte, por lo que ni siquiera se inmutaba por las heridas en su carne, fundamentalmente un corte bastante escandaloso en la parte exterior del antebrazo derecho.

Ella levantó el rostro, en cuya ceja rota tenía un hilo de sangre y con la mirada enloquecida, le reprochó al padre. —Por ti, ella... le pertenece a otra persona.— Dijo desde el suelo apenas pudo hacer que el aire volviera a sus pulmones. —Yo... yo la he amado desde el día en que nos conocimos, yo fui esta clase de ser antinatural durante años, feliz y angustiada, porque trajiste a la niña silenciosa a casa y ella simplemente me encandilaba, me enternecía.— Gimió con la voz descompuesta. —Me condenaste a verla, a quererla y a crecer a su lado, sin poder apartar la mirada, avergonzada de quien era, y de lo que era, una tríbada...— Nunca lo había dicho en voz alta, porque era un insulto y una admisión que no haces ante tus padres, los reyes de una nación que espera perfección. —Y entonces nos hicimos mujeres, cuando sus ojos me miraron, cuando su amor me fue dado con tanta honestidad y fui correspondida, fui tan feliz.— Shizuru bajó la mirada derrotada, perdida como no creyó la vería jamás Nao, el Rey o incluso Reira. —Pero no es el destino de una monarca, la felicidad no existe para alguien así. ¿Por qué yo tendría tanta suerte?— Observó la palma de su mano y retiró con sus dedos los cristales enterrados, como si fueran motas de polvo. —Creí que si me mostraba perfecta ante todos y que si podía parecer normal en un acuerdo bien tramado con Reito, entonces... podría tener a Natsuki en secreto, y que estúpido es... ahora que lo veo con perspectiva.— Shizuru miró a Shion, el cual no estaba menos que asustado. —Jugué tu juego, y perdí... puedes estar contento, padre.— Envolvió su antebrazo sangrante e hizo presión para contener la hemorragia con un nudo del pañuelo que llevaba en el bolsillo de su vestido, antes de ponerse de pie, como si aquellas heridas fueran nada, lo cual fue espeluznante de mirar para todos los reunidos en el lugar.

—Shizuru...— Nao estaba genuinamente preocupada, su prima había perdido la cordura en ese momento.

—Cuando ella extinga su aliento, yo haré exactamente lo mismo, así que tendrás que esforzarte mucho para encontrar la cura definitiva.— Dijo al Rey, antes de salir por la puerta al encuentro del grupo médico que venía a socorrerla, dejando en un profuso y angustioso silencio a los presentes.

—¿Tú lo sabías? ¿Qué eran amantes?— Dijo Reira después de un largo rato, cuando Nao salió corriendo detrás de Shizuru para ver cómo estaba y permanecer a su lado, como había sido desde que eran niñas.

—Reira... Ahora no, ya la oíste, va a quitarse la vida si Natsuki muere.

—La escuché, a mi hija... avergonzada por ser diferente, enamorada de su hermana adoptiva... lo cual no es un crimen. ¿Por qué pensó que lo era? ¿qué tienes que ver en todo eso Shion?

—Nada... mujer.— Mintió el hombre antes de salir por la puerta con una mano en su sangrante nariz.

Las horas pasaron, las heridas fueron tratadas y recibieron el soporte médico. Tanos guardó silencio al ver las heridas en la castaña y el Rey de Excélsior, se limitó a informar que estaban inyectando la versión más reciente del refuerzo de la vacuna, por lo que posiblemente Natsuki despertaría al llegar el alba. Todo lo que podía hacerse fue hecho y Zoe salió del lugar para descansar en la sala donde las jóvenes excelsarias esperaban. Shion volvió a la fiesta y Reira fue a dormir, prometiendo continuar con el cuidado en el turno siguiente. Del mismo modo Tanos no era ya un jovencito y a la edad otras flaquezas se ocupaban, por lo que también fue a reposar, dejando una prudente escolta en el salón contiguo. Reito se hizo cargo de los invitados de tal modo que para las naciones, la desaparición de Natsuki y Zoe, solo fue producto de lo evidente... un anhelo insaciable y una noche de bodas por delante. Mikoto y Zaraí se quedaron para guardar las apariencias y cubrir junto con Shion la ausencia de Shizuru y Reira.

Por lo que las tres mujeres de edad semejante estuvieron juntas en el salón entre la guardia en la otra habitación y la sala de acondicionamiento médico de la casa de la rosa. Por lo que después de un prolongado silencio, Nao se aburrió de ello. —Y entonces... de verdad, ¿en qué momento ustedes... se interesaron una en la otra? Ten presente que la suegra no está mirando... y tenemos qué, ¿casi la misma edad? Somos familia ahora. ¿Verdad? Tengo curiosidad.

Shizuru miró a Nao de la forma en la que alguien podría ver la muerte llegar por los ojos congelantes de una serpiente, pero la joven ya se había inmunizado después del primer año de trabajar juntas en la construcción del acuerdo de naciones.

La mujer de ojos dorados se sonrojó de inmediato, un segundo después una genuina sonrisa emergió en sus labios rosáceos. —Nunca vi a nadie como a ella hasta esa ocasión, ni sentí arder un fuego tan intenso en mi interior, como cuando mis ojos se posaron en su piel tan blanca como la sal del más puro blanco, su cuerpo era femenino pero atlético en un sentido casi heróico, podría jurar que ella era una Pentaureth, una de las 5 diosas guerreras del panteón en nuestra Fe.— Murmuró maravillada por el hecho, aunque ella misma fuera una oda a la belleza femenina. —La ví una vez arribamos a puerto seguro, fue su primera ocasión vistiendo las ropas de nuestra tierra. Su atuendo en verdad necesitaba ser lavado... y por ello se le dieron las ropas ceremoniales de las doncellas, sandalias tejidas y anudadas hasta la base de la rodilla, una falda de seda, las vendas en el pecho adornadas de tejidos, y las joyas que fueron mi regalo, como una humilde muestra de mi agradecimiento. Vi la longitud de su cabello suelto y con este brillo azul a la luz del día enmarcando un rostro tan bello, y sus ojos, sin la cobertura de otras telas... me parecieron incluso más intensos, profundos como pozos.— Suspiró, grabada en la retina y la memoria de Zoe, su deseo tan vivo como en aquella ocasión. —Consulté a las sibilas y ellas me informaron que quizás se debía al ciclo de la formación de mi hijo, una cuestión hormonal más que espiritual, cosa que no era desconocida para mí, soy médico después de todo. Pero ella venía a acosarme en el pensamiento, incluso en mis sueños y el entendimiento acerca de mi propia naturaleza vino a mí, como un rayo.

—¿Ni siquiera por tu primer esposo? No lo amabas, ciertamente... pero ni siquiera, ¿te gustaba?— Shizuru preguntó intentando no pensar mucho en el hecho de que Natsuki esté inconsciente, mientras la versión más reciente del suero, la tan llamada cura blanca, hace efecto.

—Sharam I, fue gentil... y se enfrentó a muchos peligros para hacerse de mi mano, pero no encontró el modo de alcanzar mi corazón, como Natsuki lo hizo.

—Entonces ella te sedujo...— Acotó Nao con un rostro muy sorprendido. —Digo, ha cambiado mucho... pero es la persona más apática que conozco.

—No exactamente...— Zoe sonrió, divertida por la confusión. —Ella no osó hablar de amor o de la intimidad, no se arregló con la intención de atraer mis ojos sobre ella, ni me cortejó con regalos, ella simplemente cuido de mí y de mi familia, sostuvo mi mano durante el alumbramiento. Cargó a mi hijo en sus brazos y le susurró con ternura una promesa que solo un padre puede hacer a un hijo. Me deslumbró su belleza, la admiré por su fortaleza, me derritió su ternura y me enamoró su sentido de la protección. Me enloqueció la pasión de su beso, pero en su abrazo me siento segura; en su voz encuentro la calma y el pensamiento sereno, ella simplemente me complementa.

Shizuru miró a la argoriana, no era un discurso, ni una mentira, o sería la mejor mentirosa del mundo, ahora podía verlo... estaba perdida e irrefutablemente enamorada de Natsuki.

—Entonces, ella no te sedujo... ¿Lo hiciste tú?— Nao levantó las cejas con interés ladino.

—¿Con honestidad?— Zoe trago saliva llenándose sus mejillas de un color rojizo. —Dudo que cuente como seducción, pues fui rechazada tras... robarle a Natsuki un beso durante la celebración en honor de Raava.

—Debería tener un tazón de palomitas...— La historia se estaba poniendo interesante para la de título, Aracne. —Ella te rechazó, suena más como la comandante Kruger en verdad...

—¿Y cómo diablos sabes eso?— Cuestionó Shizuru con cierta sospecha, una antigua sospecha en realidad.

—Ella me rechazó también; ahora me siento mejor al respecto... porque bueno, Zoe es preciosa, así que no era algo relacionado con aspectos de la belleza, es más un problema mental que tiene Natsuki.

—¿Qué tú... qué?

—Se lo dije, que me gustaba, cuando éramos niñas y tú estabas tan entretenida con tu ahora prometido. Nos dejaste fuera un tiempo querida.

—Eres... incorregible.— Se contuvo de usar otra palabra y delatarse más de lo que su asombro pudiera haberlo hecho, aunque quisiera matar a Nao en ese momento.

Zoe sonrió y sus hoyuelos se pronunciaron mientras miraba a las dos mujeres frente a ella, como si no hubiera una corona en la frente de una y la otra no fuera una figura política importante. —Son divertidas, Natsuki habló mucho de ambas...

Shizuru levantó una ceja, "La chica silenciosa habla" y dice mucho de ellas. —Entonces, te rechazó...— Retomó el tema muy interesada en esa pequeña victoria. —Desearía entender los motivos, ahora se ven… tan felices.

—Me dijo que el origen de mis sentimientos se debía a las circunstancias, una confusión entre el sentir y el agradecimiento. Absurdamente ella creyó que no la amaría genuinamente y en verdad no entiendo de dónde pudo sustraer esa idea. Porque, ¿quién no se enamoraría de alguien como ella?

Shizuru mantuvo su cara de póker, ya que se sabía muy culpable de eso. No dijeron mucho más después de ello, debido a la llegada de un mensajero argoriano desde los aposentos de la princesa. Por lo que Zoe debió ir al encuentro de su hijo, quien tenía una reacción adversa a una planta de la casa de la rosa, a la que al parecer era alérgico. Tanto Nao como Shizuru acompañaron a la joven madre, en un grado de paranoia que rayaba con la locura y la desconfianza absoluta, pero fingieron estar solícitas para ayudar a la familia, dando a entender a la joven Minari, que por el momento, las diferencias iniciales de la noche estaban en pausa.

Zoe se ocupó de revisar a su hijo ante la atenta mirada de las excelsarias, y cuando vió que la reacción era un poco más adversa de lo que podría ser atendida allí mismo, pensó en llevarlo a la bahía médica donde Natsuki estaba, pero no podía permitirse ir con las forasteras ya que sería contraproducente.

—¿Hay algo que podamos hacer para ayudar?— Preguntó Shizuru, mirando al pequeño niño de cabellos negros y ojos verdes bastante inflamado, Sharam II podría pasar por hijo de Natsuki sin ninguna dificultad.

—¿Podrían esperar aquí un momento?— Preguntó la argoriana intentando no indisponer más a su cuñada. —Pónganse cómodas y continuaremos nuestra conversación cuando esté de vuelta.

—Claro, el pequeño es la prioridad,— dijo esto con toda honestidad la castaña. —Por favor dinos, cuando todo esté bien, para aplacar la preocupación.

—Gracias, princesa...— Murmuró Zoe antes de irse. —Así será...

—Es una oportunidad dorada...— Dijo Nao en cuanto se quedaron completamente a solas.

—¿Qué dices?— Shizuru no estaba en su 100%, ella en verdad sentía un dolor de cabeza crecer, pero fue lo suficientemente terca para renunciar al reposo hasta el momento en el que Natsuki despertara.

—Estamos en la habitación de tu rival, ¿sabes cuánto dice de una persona su habitación?— La pelirroja comenzó a explorar el lugar con cierta maestría, evidentemente no era la primera vez que lo hacía, y Shizuru pudo preocuparse un poco de lo que pudo ser con Nao las veces que la dejó sola en casa.

—Rival es aquel que compite por una meta alcanzable para ambos...— Negó suavemente. —He comprendido que el tiempo de Natsuki es como arena de oro corriendo en un reloj, y ella ha decidido vivir en la forma que lo hizo, junto a ella. Ahora tiene todo, lo que realmente quiso siempre y un tiempo muy corto para realizar sus deseos.— La castaña vió las cosas en perspectiva, y comprendió la magnitud de su egoísmo. Tomó asiento en los numerosos cojines, no queriendo ocupar la cama o las sillas, porque en realidad ningún lugar parecía seguro de cara a las cosas que pudieron pasar entre la pareja. ¿Cuánto tiempo llevarían intimando? Pensó, sintiendo algo rígido debajo de una almohada que lastimaba en su cadera. —No hay rivalidad entre quien ha perdido y quien ha vencido ya desde hace tiempo.— La castaña buscó el objeto que básicamente enterraba una esquina en su trasero.

Encontró debajo de las almohadas un libro de pasta de cuero cerrado con un broche de platino, al cual le hacía falta una llave para liberar su contenido.

—Parece valioso...— Acotó Nao, dejando de lado las cosas que hacía, pues en realidad no había encontrado nada importante.

Lógicamente entre el cuero finamente trabajado, con el sello real de Argoria y la seguridad del objeto, era una cosa privada de Zoe o de Natsuki, tal vez un libro de cuentos de Sharam II, si estaba de poca suerte.

—Parece muy personal... pero no tenemos la llave.

—Eso no es problema...— Nao sonrió y se quitó un par de broches del cabello, les hizo unas modificaciones y después de forzar la cerradura, las amarras de cuero cedieron, dejando a la vista una preciosa caligrafía en el idioma de la realeza del reino de Argoria.

Shizuru abrió el libro cerca de la mitad y dió inicio a la lectura:

Los relatos en el desierto; El año de Tengri...

Edrinio, día 15... **Tenía el cuchillo en la mano, aquella, la vez primera en la que le conocí. Un simple movimiento y la vida de Zaraí se escurriría entre mis dedos. Temblaron mis manos, lloraba por mi hermana, y por el hijo en mi seno que jamás vería el hermoso mundo. Solo yo conocía esta verdad, pues recibí la noticia un día antes del ataque, día de dicha y de duelo fue saber que Sharam murió y en mi carne dejó su semilla para perdurar más allá de sí mismo. Sin embargo, la esperanza nos abandonó, los disparos eran cada vez más próximos, sabía lo que pasaría y es que Mikoto, ella daría la vida peleando con nuestros enemigos, por su honor. Pero Zaraí y yo... seríamos capturadas para ser el objeto de la debilidad de nuestro pueblo, o de cosas mucho peores. Mi hermana cerró los ojos llorando en silencio, así que la animé para darnos consuelo. —Nos reuniremos con nuestros padres... que Raava nos lleve a su lado gentilmente.— Susurré para cerrar los ojos y extinguir su existencia.

—¡No! por favor... no le quites la vida.— Oí una voz preocupada venir de la parte trasera del templo, el idioma era un tanto burdo con un acento extraño, pero completamente comprensible. —No es necesario.— Informó con su mano extendida en nuestra dirección, la misma estaba desarmada y vendada.

Esta persona emergió de entre las sombras con paso cuidadoso, aproximándose, su ropa era más abrigada de lo que debería para el clima de Argoria, su rostro cubierto por la tela, pero sus ojos invitaban a confiar o era la idea de la esperanza deseando una buena noticia. No sabía qué pensar, ya que estaba armada hasta los dientes y temí que fuera un mercenario de los Arenios, por lo que retrocedí y aproximé a mi hermana contra mi pecho, con el filo de mi arma aún sobre su cuello. Entonces ella dijo las palabras que me hicieron confiar. —Mithi Z… por favor, no lo hagas. Me envía Taito…— Sacó una daga de su cinto con sumo cuidado, la arrojó al suelo para que pudiera ver la insignia del ventus, y desenvolvió la mano, para mostrar la marca de mi abuelo, un acuerdo secreto, su firma con la henna del Lottus.

Solté el filo y abracé a Zaraí con fuerza, mientras ella se aferraba a mí, aún temerosa de lo que pudo ser. El desconocido quiso presentarse, pero el sonido tambaleante de una explosión en el edificio, nos dió a saber que no teníamos tiempo de nada. Los momentos a partir de aquel instante, fueron confusos, angustiosos, aquel extranjero de voz grave pero suave, nos llevó a Mikoto, Zaraí y a mí, en una carrera ocultista. Vi los cuerpos a los que despojó de la vida para abrirse paso en un flanco enemigo; primero nos arrastramos por las cavernas del templo, con el inminente riesgo de que este colapsara sobre nuestras cabezas, dejando atrás a la guardia para retrasar a nuestros enemigos. Llegamos al otro lado de los pasadizos, y atravesamos la montaña de la barrera con la ayuda de un aliado suyo, un nómada de nombre Alastor que conocía aquellas tierras mejor que muchos hombres. Antes de iniciar el recorrido del desierto, nos entregaron ropas humildes para camuflarnos y unos camellos, incluso obtuvimos documentos falsos. —Cambien sus ropas, tener el aspecto de princesas no ayuda en nada ahora.— Ordenó el hombre mayor.

Lo obedecimos y en el camino del desierto Amaní, procedieron a explicarnos el plan para llegar a Simab, la capital segura donde la familia Minari estaría a salvo. —Pasarán por sanguinis…— Dijo Alastor... —Tú te llamarás Lazzar, serás mi primogénito...— arrojó el atuendo de un hombre a Mikoto quien lo miró sorprendida pero no cuestionó el hecho; hizo lo mismo con Zaraí, salvo que a ella si le dió las ropas de una doncella, —Y tu serás Sena, mi hija menor…

Los miré sin entender mi posición, intuyendo una separación que muy poco me agradaba, por lo que casi leyendo mi mente, el de piel blanca habló. —Buscan a 3 hijas, no a un padre y a sus 2 hijos.— Explicó con un aire de seriedad y añadió. —Tampoco buscarán a una pareja y ya que tú eres la mayor, vendrás conmigo…— Mi supuesto salvador me entregó no más gentilmente un manto que me incomodó de solo verlo.

—Este es el velo de una Kiubine…— Respondí con indignación, si bien no es lo que las personas imaginan que es, porque en realidad es una prenda incluso más cubierta que la ropa habitual de una mujer de Argoria, tiene símbolos y colores bastante dicientes, son atuendos que significan "soy la propiedad de un amo".

—A pesar de tu luto, joven señora…— Dijo crudamente el extranjero, cuando ni siquiera tuve el derecho de hacer los ritos funerarios del que fue mi esposo. —Debes ir de la forma que menos se espera de una princesa, o de una esposa viuda— Frunció el ceño y apenas pude ver a través de sus intensos ojos esmeralda. —Los extranjeros vienen aquí a comprar esposas, Rajir Busharé ha permitido tal ignominia sobre las mujeres de su pueblo, basado solo en este pequeño hecho entre los arenios, estamos conscientes de que sería un gobernante desastroso si se hace del poder… por eso estoy aquí a pesar de las diferencias de credo o de ideología.

Me mordí los labios, el extranjero tenía razón, pero no comprendía que una mujer preferiría la muerte a ser tratada de tan deshonrosa forma. —Entonces me compraste, Cit~a Katala…— Susurré con aire de insulto a fin de liberar un poco de mi frustración, empleando la frase... "Asesino Blanco"

Sonrió debajo de la tela, como si le divirtiera. —Soy Dusam Katala— "Soy el asesino de tu enemigo", murmuró en lenguaje de la realeza argoriana para mi sorpresa. —Me llamarás Narjun y seré el sol, las estrellas y la Luna para tí, querida Iyari, querida esposa… entonces finge bien.

Narjun me pareció bastante engreído, pero mis hermanas me miraron intentando persuadirme con la mirada, no estábamos en posición de discutir o de ser orgullosas, incluso si era un emisario confiable. Acepté con vergüenza mi situación, no hablamos mucho después de eso; creí en la palabra que mi abuelo envió a través del extranjero y aquello me dijo que tan complicada estaba siendo la situación, Tanos no confía en ellos normalmente. Por si fuera poco, deduje que Alastor era Arenio, pero no entendía la razón de su ayuda, así mismo no descuidé mi arma un solo segundo, el bajiran no sería desestimado hasta no llegar con nuestra familia.**

Shizuru observó con reconocimiento la historia, una vagamente familiar a lo que le fue dicho a su familia esa tarde. —Es un diario o una bitácora. Esto cuenta lo que pasó hace cuatro años, para sobrevivir. ¿Entonces fingieron ser pareja? Imaginas a la princesa Zoe, tan fingidamente pura... ¿haciendo las veces de concubina?

Nao asintió, en realidad moría de curiosidad por llegar a las partes picantes de la historia. —Entonces seamos inteligentes, escaneamos el libro, así nadie lo notará...

Julieth pudo ser espía en otra vida o realmente lo fue durante más del tiempo en el que la joven Fujino prestó la debida atención, así que no pudo esconder su sorpresa cuando sacó una cámara minúscula que literalmente escaneaba cada hoja simultáneamente por ambos lados con una tecnología láser.

—Entonces, esto es algo frecuente para tí.— Murmuró al verla digitalizar el contenido a una velocidad impresionante. Pero aún así tardaría tal vez 15 a 20 minutos en hacerlo.

—¿Recuerdas al príncipe Rod? El pálido de Aries...— Shizuru asintió. —Tengo unas maravillosas fotos de él recibiendo cariño de su primo, querida... no eres la única con intereses particulares en la familia, tú solo te salvas de que en realidad no compartes la sangre con Natsuki.

—Y yo que me presumía tan persuasiva, tú eres prácticamente una chantajista profesional...

—Mucho te ha servido, no recibo quejas...— Dijo Nao y Shizuru no tuvo más remedio que aguardar hasta que la pelirroja de ojos limón concluyó su tarea y le remitió el archivo digitalmente. Cerraron el mecanismo del libro y lo acomodó donde se supone estaba originalmente, por lo que ambas primas tomaron asiento para leer el documento en sus propios móviles tan quitadas de la pena.

Edrinio, día 17... **A la mitad del recorrido, vimos en la distancia, el polvo de arena levantarse, por lo que el nómada arenio apremió a los camellos para llegar a las rocosas de Vaatu en el borde Amaní, y guarecernos allí. Si bien la barrera natural ayudaba, la polvareda fue tan intensa que el nómada y mi supuesto 'esposo' hicieron campamentos de tela, acostaron a los camellos y cubrieron sus cabezas para evitar que la arena los asfixiara a ellos y a nosotros. Alastor protegió a mis hermanas en el suyo, mientras que Narjun se aseguró de mi bienestar, yo estaba débil y el alimento se había negado a permanecer en mi estómago, era parte de mi estado, pero era muy inconveniente para la huida que tenía lugar. La noche es implacable en el desierto, a las temperaturas insoportables del día, le siguen las heladas de la noche, así que yo temblaba en mi lugar. Me asusté cuando sus brazos me envolvieron, e intenté retirarme en el reducido espacio.

—La vida es muy valiosa princesa…— Susurró en mi oído, con una voz suave y conciliadora. —Deja que la cuide, hasta el momento en que otro que sea agradable, pueda ser tu guardián.

Dejé de huir, seguramente tampoco era agradable para él, me cubrió con el velo que le diría a cualquiera que nos viera, que soy y seré de Narjun. La ira se apaciguó, y a la calma se le unió el reposo, pues aún con sus brazos a mi alrededor y aquella prenda indigna, me sentí a salvo como no acontecía desde el día de mi boda con Sharam Nazar, el que fue mi verdadero esposo.**

Shizuru se mordió la boca, tenía la horrible sensación de que no le iba a gustar mucho como las cosas se darían, en realidad Natsuki era bastante buena en las cuestiones de infiltración, pero estaba tomando ventaja de la argoriana desde el principio.

Edrinio, día 18... **Me desperté al día siguiente por la caricia que me prodigó con suavidad paciente, bebimos agua y comimos pan, por suerte la humilde comida fue gentil al quedarse dentro de mí. Tras aquella tormenta, continuamos la marcha en el oasis de Nafur, una circunstancia necesaria antes de llegar al siguiente poblado.

Fuimos guiadas al oasis para refrescarnos y renovar nuestras cantimploras, ya que a nuestra suerte y por las tormentas de arena visibles a kilómetros en la dirección de Ofir, tendríamos unas horas antes de toparnos con algún otro viajero. El oasis estaba deshabitado, pero Narjun nos acompañó y custodió en cada momento fuertemente armado, nos bañamos con ropa para evitar los ojos de aquel Cit~a, por lo que una vez Mikoto estuvo lista, él bajó desde las rocas y le entregó el rifle excelsario, depositando su confianza. —Cuento contigo, Lazzar.

Agraviada por la llegada de aquel forastero, cubrí a Zaraí en cuanto se acercó, salvo porque cuando retiró la tela sucia de su rostro, pude notar que era en verdad hermoso y no mayor que yo. Si mi sorpresa no fue evidente, mi vergüenza creció cuando se desprendió de la camisa, la cual develó un vendaje que aprisionaba las formas de mujer, sorprendida la miré…

—Eres… una mujer.

—Creí que ya lo sabrías, Iyari. Pero nunca preguntaste mi nombre o quien era...— Sonrió divertida, apenándome por mi falta de modales, y luego arrojándose al agua para nadar delatando su piel del más puro blanco al emerger, una que brilló con la última luz de la noche que daba paso al nuevo día. Observé en silencio por lo que me quedé abrumada. —Para conocer las formas del hombre en verdad no cuestionaste la ausencia de cosas, cuando te abracé… y te pegué a mi cuerpo.

—¡Hermana!— Zaraí me miró con reproche.

Me ardió el rostro y puede que el cuerpo entero. —Eso no… ¡No es verdad!— Reproché a Narjun quien terminó riéndose. —No estábamos tan juntas, solo… tenía frío.

No paraba de reírse de mí. —Perdón, perdón… es que en realidad eres linda incluso cuando te enojas.— Su risa era hermosa y mis mejillas ardieron un poco más, entonces hasta Zaraí se rió. —Solo la abrigué, tu hermana ha guardado el luto, como debe.— Explicó antes de volver a llenar sus ojos de melancolía, borrando cualquier alegría de su boca, se aseó rápidamente antes de salir para vestir las ropas de un extranjero, como los que compran mujeres a Rajir, esos que vienen de Artai.

Una vez listos, llegó el momento de la horrible despedida, abracé y bendije a mis hermanas. Vi a su custodio con seriedad. —Mi vida entera llevas en tu mano, Alastor…

—Y con la mía las protegeré…— Prometió el arenio, con seriedad.

—La mitad de mi alma irá contigo…— Afirmó Mikoto, quien en verdad se veía muy gallardo en las galas de un hijo de Argoria. —Cuídala, Dusam Katala… y haz honor a tu nombre.— Le dijo a Narjun antes de ir con mi hermana en la dirección que nuestro amigo mencionó.

Sonreí conteniendo el llanto, Zaraí no habló, solamente porque no podríamos soltarnos si lo rogara, y sabe Raava que estuvo a un paso de hacerlo. —Nos encontraremos en el castillo de Simab, que Raava te acompañe Kruger…— Dijo el nómada, y levantó la mano con la barbilla tensa —Por Zineth…

Narjun imitó el gesto con su puño cerrado y lo llevó al cielo. —Por Zineth…— Coreó, antes de apear el camello y llevarnos por el otro camino.

—¿Quién es Zineth?— Cuestioné después de un rato en silencio.

—La hija de Alastor.— Susurró con un gran suspiro. —Fue robada, vendida y tratada en la peor forma que puede serlo una mujer, mientras él como muchos de los hombres de Ofir fueron enviados a la batalla contra tu padre. Rajir Busharé, fue quien la tomó para sí contra la voluntad de su madre, quien desobedeció la voluntad del Emir. Zenath fue tomada como concubina, pero en cuanto Rajir se aburrió de la joven, la regaló a un amigo suyo de Artai, uno de nombre Lenoir… — Me explicó Narjun. —Alastor volvió a casa devastado, pues su hijo Lazzar peleó y murió en la revuelta, Sena su esposa fue asesinada de acuerdo a la Ley arenia por su desobediencia al Emir... y Zenath, ella simplemente no estaba en ningún lugar. Alastor viajó a otros países por los rumores del paradero de su hija, pero no la encontró… Él perdió la fe después de unos años.

Sentí el aire faltarme, ante tan horrible historia. —Innombrable monstruo… Rajir no merece el privilegio de ser Emir y sea que Vattu lo ha hecho poderoso por la maldad, pero sus días deben acabar.— Dije con pesar. —Aún así, ¿cómo es que ustedes se han conocido?

—Yo pertenezco a la armada de Excélsior, era Mayor General cuando atacamos la base de Galac Lenoir, el hombre al que Rajir le obsequió a Zenath. Mi escuadrón encontró a la joven, en muy mal estado y tras su recuperación, tuve la oportunidad de hablar con ella. Me explicó su situación y le prometí traerla con su padre, Alastor estuvo muy agradecido por esto, pero igualmente lleno de ira y deseo de venganza.— Narjun suspiro, mirando el horizonte. —Cuando le ofrecí inmunidad diplomática y una vida en mi nación, me dijo, —[no será libre ninguna mujer, ni mis hermanas, ni mis hijas o las madres de nuestros hijos, hasta que Rajir Busharé muera y con él su Ley odiosa a los ojos de Raava.]— Me miró con una sapiencia extraña para alguien tan joven. —Y él tiene razón, en parte… las leyes pueden ser cambiadas, pero es claro que la Ley se perpetúa por los hombres que las siguen, se debe a la juventud nuevas ideas y nuevos comienzos.

Supe que ella no descansaría hasta cumplir su palabra, entendí que podía alguien de otra tierra, valorar más la importancia de la libertad y la igualdad, mucho más de lo que muchos argorianos lo harían, y la admiré por eso.

—¿No te encanta como la describe como si fuera un héroe de cuento de hadas?— Murmuró Nao divertida con la lectura. —Realmente no tiene nada que envidiarle a la prensa comprada por tu padre. La volverá una diosa en breve...

—Cállate Nao, sólo... fue impresionada por Natsuki, eso es bastante posible.

—Ajá... y por eso ella la tiene en vez de ti.— La de título 'aracné' se rió socarronamente, antes de volver a leer.

Edrinio, día 20... Aquel fue un largo viaje, mi salud se deterioró con rapidez ya que las largas jornadas sobre los camellos empeoraron mis náuseas, alguna vez casi caí del camello pero Narjun me mantuvo cuidadosamente cerca hasta el momento en el que usamos un camello para cargar las pertenencias y viajamos las dos en el otro. Las provisiones se agotaron en menos del tiempo estimado por causa del vómito que me agobiaba y ella temió que algún misterioso animal en el desierto me hubiera mordido. Me obligó a revisar mi cuerpo varias veces en la privacidad de la tienda, hasta que muy para mi vergüenza exploró ella misma cuando no di con marca alguna. Sus manos me tocaron con una gentileza que no había conocido hasta ese día, ella observó mi espalda, mi cuello, cada lugar que por mí misma no podía ver y la tensión que sentí, me hizo tragar saliva a cada roce.

—Tal vez es el agua...— murmuró al final con un suspiro y el rostro preocupado, antes de poner un par de píldoras purificadoras en nuestro suministro. —Si continuas así en la mañana tendremos que ir al poblado de Enom. No puedo permitir que te deshidrates más...

Me sentí profundamente avergonzada y culpable, pero no me atreví a hablar de mi estado, incluso con el sello de mi abuelo en su mano, aún había demasiados secretos que rodeaban a la forastera. Por evidentes razones, mi condición no mejoró, así que viajamos a Enom y la fachada que mi custodia pensó, funcionó magistralmente. A los compradores de Rajir nadie los molestaba, Narjun fue recibido con beneplácito y el hecho de que pudiera pagar con las monedas de los cofres del sello real, le ganó favores. Seguramente era otro de los servicios que Alastor le consiguió con los recursos suficientes, y dudaría que la emisaria de mi abuelo ocupara pocos medios. También noté cuán inteligente es al oírla hablar Arteno, me sorprendió enormemente que en ese lenguaje era incluso más fluida que con nuestro idioma.**

—Es indignante que crea que mi Natsuki era solo físico y músculos... claro que es inteligente.

—Bueno, tiene una cara bonita, algunas personas bendecidas por los dioses, no desarrollan más habilidades cuando son así, un bocado a la vista.

—¿Seguro que ya la superaste?

—¿Seguro que tú podrás?

—¡Nao!— gritó Shizuru más que molesta por la insinuación.

Edrinio, día 22... **El curandero del lugar se encontraba lejos atendiendo una emergencia, así que nos alojamos en uno de los lugares de paso, muchísimo más lujoso y provisto de todo derroche, alimento y bebida, mujeres y diversión, algo muy frecuente en las tierras controladas por los Busharé. Quienes eran incapaces de construir un hospital en condiciones pero si tenían tantas casas de citas como les fuera posible...

Esa noche tuve una cama para mí, y Narjun durmió muy cerca en el suelo con apenas una estera para suavizar la superficie, a pesar de las veces que insistí en continuar las cosas como se hicieron en el desierto, ya que ella no me dejaría a sol ni a sombra, siempre sin perderme de vista. Pero comprendí que sus palabras fueron verdad, ya que ella no me obligaría a estar tan cerca si no era por la necesidad de las circunstancias, y en realidad... no supe si sentirme un poco decepcionada por ello, pero concluí que Narjun era una persona honesta.

A la mañana siguiente desayunamos, pero las náuseas persistentes preocuparon mucho más a mi custodia, de modo que fuimos el primer grupo en ser atendido cuando el curandero volvió, y solo porque mi "amo" compró ese derecho. La revisión no tardó en empezar, por lo que se me obligó a retirar el velo temporalmente para la revisión de la cabeza, especialmente los oídos, luego los zapatos para velar por heridas de algún tipo y hubo tactos de auscultación generales, todos dentro de los parámetros médicos normales. Al no encontrar nada anómalo, me invitó a cubrirme como estaba y solicitó una muestra de orina.

El hombre se las ingenió para hacer el proceso con un antiguo método de pigmentación en la orina, pues claramente un estado gestante era la primera cosa por descartar, sobretodo cuando preguntó si yo era casta y yo negué avergonzada por el oficio falso que mi atuendo delataba. Media hora más tarde y después de la atención de otros pacientes, el curandero de nombre Rorik y de ascendencia Artena nos invitó al salón privado.

—Señor Ardeen, los síntomas de la joven son bastante normales en su estado.

—¡Un curandero! ¡Es urgente!— Gritó alguien desde afuera, entrando en el lugar sin permiso y con un niño en brazos, en cuya pierna tenía un corte sangrante, el posible padre había vendado al pequeño desmayado con lo que tenía a la mano y no fue tan higiénico.

—¿Puedo ayudar?— Sugerí de inmediato, ganándome la voluntad de ayudar y dejando a un lado la razón...

—¿Acaso sabes de esto mujer?

—Mi padre se dedicaba al mismo oficio, murió y yo fui heredada por mi primo, pues no habían hombres en nuestra casa, él me vendió luego como concubina a mi amo, pero tantas veces le ayudé que mucho aprendí de él.

—Señor Ardeen, ¿usted da su permiso?— Preguntó Rorik directamente a mi custodio, pues la voluntad de una mujer en las tierras de los arenios, no significaba nada.

—Doy mi permiso,— dijo antes de tomar asiento junto al hombre que trajo al pequeño y le ofreció un trago de una botella de vino que llevaba en la alforja. —Espero que esto apacigüe su inquietud.

El hombre recibió la botella agradecido, y nos vió mover al niño a otro lugar detrás de unas cortinas dobles. —Es mi sobrino, lo único que nos queda de nuestra hermana...— Explicó uno moreno, mientras otros tres hombres entraban a ese lugar, por sus insignias supe que eran soldados leales de Rajir y la familia del niño lastimado.

Cuando vi los estantes del señor Rorik me sorprendí de verlos tan bien surtidos, tenía incluso anestesia, una que usó en el pequeño para prevenir que se despertara dando gritos de dolor. Mi rostro seguramente delató la circunstancia, ¿Cómo es que un poblado como Enom, un sitio rodeado por desiertos y de difícil acceso tiene tales medicinas?

Nos desinfectamos, y luego trabajamos diligentemente, con apenas los murmullos de las sustancias que requería o el instrumental, recordando en mi memoria los primeros años de práctica. Maravillada por el hecho de que este médico pudiera reconstruir y reasignar los nervios de la profunda herida, así tal vez el niño no perdería movilidad a pesar de este incidente. Una capacidad así ciertamente no era algó común en los curanderos de Argoria, al menos no de este lado del territorio.

Casi terminaba cuando volvió a hablar... —Mi esposa, fue una kiubine.— Dijo él, refiriéndose a que la compró como cualquier otro extranjero. —Pero es una buena mujer... Quise llevarla a Artai, pero eso significaba no volver a ver a ningún miembro de su familia, y no había un doctor aquí... Al final, me quedé en Enom con sólo una condición.— Informó el hombre. —Este poblado recibe a los heridos de las batallas de Ofir y sus alrededores, es un punto estratégico. Nuestro Emir accedió a surtir adecuadamente mi consultorio, siempre que atienda primero a sus soldados; luego aceptó construir un hospital, que está en proceso, así la gente del poblado se beneficia colateralmente.

Entendí perfectamente su proceder, un médico no elige a quien curar, es su voluntad de servir y salvar vidas lo que lo hace importante, sin mencionar que el amor es una línea que dibuja el destino de las personas.

—¿Por qué me dice todo esto?— Era extraño que se tomara la molestia de decírmelo, siendo una mujer.

Habló cuando terminó el proceso de limpiar y cauterizar. —Por qué tal vez algún día usted gobierne con más sabiduría que otros... y espero no olvide a esta gente ni a los poblados arenios, sólo por venganza.— Susurró con tal suavidad, mientras me tendía la sutura para coser al pequeño.

—No sé de qué me habla...— Respondí tragándome mis emociones y acomodando mejor mi velo, antes de suturar cuidadosamente al pequeño, quería mostrar todo el desinterés posible.

El hombre sonrió suavemente y extrajo un fajo de billetes Argorianos, los que se usan cerca de la capital y que en estas tierras no valen nada. En el billete de más alta denominación, mi retrato se dibujaba portentoso. Tragué saliva, pensando que podría delatarme... pero él negó. —Use siempre su velo, hay muchos que han visto su rostro así...— Me entregó el dinero y miró hacia la puerta. —¿Realmente eres presa de ese hombre?

Negué con la cabeza y él asintió, limpiandolo todo y acomodando las cosas en su lugar, ya que tristemente no contaba con un ayudante. Salimos de la habitación y el señor Rorik dió las buenas noticias, alegando que el chico tardaría unas horas en despertar, por lo que los hombres de Rajir que se habían encariñado con Narjun en aquellas horas, bebieron de nueva cuenta de otras botellas que ignoro de donde salieron.

—Señor Rorik, aún espero...— Murmuró mi dueño, con tal vez un tenue sonrojo en las mejillas por efecto de la bebida.

El galeno sonrió y le informó las obvias conclusiones. —Le decía que, la señorita Iyari se encuentra encinta.

—¿Embarazada?— La pelinegra en aquellos atuendos varoniles me miró estupefacta, incrédula por decir lo poco. —¿Esta seguro señor Rorik?

—Estoy muy seguro, la pigmentación de su orina pasó a naranja, síntoma inequívoco de su estado.— El viejo médico de aquella lejana tierra me miró con cierta preocupación. —La joven Iyari está embarazada.

—Entiendo...— Narjun desvió la mirada sopesando lo que eso afectaba el plan de viaje o como pondría en riesgo nuestras vidas, sin embargo no contempló el hecho de que estábamos siendo observados y que a falta de su alegría por el evento, los otros hombres, la familia del pequeño cuya vida fue salvada, comenzaron a verme como si fuera la peor mujer sobre la faz de la tierra.

—Mi amado...— Dije rauda antes de que las intenciones crecieran. —Es nuestro, tuyo y mío... ¿Cómo puedes dudar?— Añadí al comprender que Narjun simplemente no pudo asimilarlo de inmediato, tal vez por el licor. —Era pura antes de ti... tú lo sabes bien, pues me desfloraste y no nos hemos apartado una sola noche, ni un solo instante.— Añadí intentando hacer que reaccionara, pues por su silencio varios hombres comenzaban a mirarme con la intención de apedrearme, por la imaginación de que una traición hubiera acontecido de mi mano.

—¿Señor... la castigará?— El curandero miró a Narjun con la barbilla tensa y una expresión preocupada, era evidente que no se trataría de la primera vez que un propietario ajusticia a una concubina ante la idea de una deslealtad.

—No dudo, simplemente me ha abrumado.— Aclaró la garganta, antes de tragar saliva y dedicarme una sonrisa más que hermosa. —Solo estoy sorprendido de la fértil mujer que esta tierra me ha dado... de la suerte que me ha sido otorgada.— Parpadeó un par de veces con los ojos llenos de cristalinos, antes de abrazarme y... besarme.

El beso de un forastero, de una mujer, así conocí la suavidad de su boca y la ternura del tacto de su mano en mi mejilla, de su alegría por la hermosa noticia, de la primera persona en celebrar un instante tan especial para mí. Yo me aferré a su pecho, y respondí a su afecto, en medio de algún trance, de liberar la tensión que me agobiaba, de rogar por ser una mujer simplemente, sin el filo de las espadas enemigas apuntando. Así los hombres celebraron e incluso se oyeron disparos al aire. —¡Viva Narjun!— Gritaron otros más animados por el sopor de la bebida.**

—Valiente custodia... casi hace que maten a la princesa y en serio... en serio que la besó ¡Aprovechada!

—Era... circunstancial.— Defendió Shizuru lo indefendible, aunque estaba muerta de la ira.

—Tú y yo sabemos que no esperaron estos 4 años. Ella podría derretirse pronto... o quieres que te lea.— Empezó por leer en voz alta.

**Su boca se apartó de la mía, vi sus ojos, tan intensos y dilatados, sus respiros agitados, junto a los míos. —Gracias por esta dicha, mi querida Iyari...— Susurró tan genuinamente acariciando con su pulgar mi barbilla como lo haría un amante y fue tan fiel a lo que podría ser, que por un tiempo, segundos tal vez... olvidé que era una mentira y me sentí amada, de una forma en la que ni siquiera Sharam I podría alguna vez.

—Está enamorada te lo digo, y eso solo era... una semana después de conocerla.— Remató Nao bastante hilarante.

—A mí me bastó un día...— Suspiró, con curiosidad, pero temor. —Esto es una tortura... no quiero saberlo y tú pareces demasiado feliz al leer esto. ¿Acaso disfrutas que yo sufra?

—Disfruto que ella parezca feliz aquí...— Levantó su propio dispositivo, aludiendo la historia. —y tú ya te rendiste, así que... esto es lo inmodificable del pasado, Fuji...

Pero el idilio no duró mucho, recordé que yo era un objetivo buscado por la corona en mi sangre y que ella era, alguien a quien tal vez mi abuelo le pagó una fortuna por un rescate suicida. Pero mi mente volvía a discutir, me miraba de una forma tan dulce, que era doloroso pensarlo, ¿cómo podrían mentirme esos ojos? ¿Qué tan hábil puede ser quien finge lo que se ve tan sincero?

—¿Es su primer hijo?— Preguntó Rorik buscando entre muchas de sus plantas, algunas en particular que me ayudarían con las náuseas.

—Si, el primero...

—Tienen la edad correcta, es una dicha y una responsabilidad incalculable... entiendo bien que te abrumes, muchacho.— Las palabras del curandero eran sabias y amables, pero pronto frunció el ceño con un tono de advertencia. —Pero no está bien que el primer hijo de un hombre, venga de la carne de una Kiubine...

—Lo resolveré pronto, tiene razón... curandero.— Narjun miró al hombre con firmeza. —Ella será mi primera esposa.

El hombre asintió y me miró, entregándome su selección de hierbas. —Toma esto señora, te ayudará con las náuseas, y estas... te nutrirán, tú y el niño en tu seno, deben alimentarse bien y descansar lo suficiente, sería bueno evitar viajes al menos durante 2 días.

Por lo que le agradecí con una sonrisa... —Gracias.

—Nada le faltará.— Murmuró cierta pelinegra muy seriamente.

—Ella no debe hacer esfuerzos, tiene menos del peso recomendado...— Explicó Rorik, lo cual sabía cierto. Aun así, tenía un poco de miedo suponiendo que el galeno pudiera traicionarnos apenas le diéramos la espalda; el no viajar durante 2 días, era un riesgo que no sabía si podíamos tomar.

—Entonces tendrá mujeres a su servicio.— Dijo Narjun, por lo que los hombres se le acercaron ofreciendo una recomendación sobre el lugar en el que podría obtener nuevas "esclavas". Pero ella se ocupó primero de pagar los respectivos honorarios al médico, quien recibió las monedas con el rostro de Rajir en ellas, antes de atender a las siguientes personas en la lista y despedirse con una sonrisa en los labios.

Fuimos a la posada y los hombres de aquella familia, prometieron llevar una buena selección al salón privado para que Narjun pudiera comprar otras mujeres, tal cual le habían ofrecido. Estuve sentada junto a ella, teniendo a mi derecha una mesa llena de alimentos y bebidas, vimos a las jovencitas bailar y exponer sus encantos, no es que estuvieran allí por ser las más diligentes en las labores de la casa, eran mujeres bellas y deseables. Cuando su exposición se detenía, Narjun les preguntaba una cosa en el oído sin que yo pudiera oír, dos de ellas respondieron en un idioma conocido para mí, el Nilarés... Estuvimos otro tiempo mirando al resto hasta que las vimos a todas ellas. Yo simplemente estaba absorta e incrédula, sobre cómo era posible que tal cantidad de jovencitas fueran ofrecidas a un precio, impagable para algunos, por algo que no debería poder medirse con oro.

—Ya he escogido...— Dijo con voz grave levantando su copa a la vista del mayor de los hombres de Rajir.

—Diga los nombres de la lista mi señor...

—Zagar y Aknia.— Murmuró y yo recordé que eran las mujeres más lindas entre las que pudieron pasar, las del lenguaje extraño, las Nilas.

Las dos mujeres salieron de entre el grupo, donde las forzaron a retirar el velo y la capa, dejando sus pieles expuestas, apenas cubiertas por ropa interior, una cosa tan insultante.

—Las dos son puras y no han conocido a ningún hombre... mi señor. Por eso cada una vale 1.000 coronas.

—No me engañes comerciante, sabemos los dos que una de ellas no lo es... Deberías asegurarte de que tus hombres no toquen a las mujeres, o podrías molestar a los amigos de Rajir entregando mercancía defectuosa.

El hombre se atemorizó, pues si esto llegara a saberlo Rajir, no menos que la decapitación le sobrevendría. —Usted perdone mi señor,— se postró en el suelo por lo que Narjun lo vió con desprecio, ya que si el hombre no refutó o solicitó verificación alguna sobre lo que dijo mi guardiana, entonces él sabía de antemano sobre esa situación, o es incluso él mismo quien abusa de las mujeres; sabiendo eso me mordí las mejillas para no decir nada. —Corregiré esta circunstancia, tome usted gratuitamente a la doncella impura para los menesteres del hogar, y sea la casta por la única que ha de pagar. Pero por favor, no mencione este incidente al Emir.

—No será dicho, por cuanto has admitido tu falta...— Narjun sacó una bolsa con gemas que sin duda compensaban de sobra las mil coronas y un poco más. —Ahora, me darás el mejor lugar en tu posada; será un sitio lo suficientemente grande para mi prometida... donde ella y las otras mujeres puedan estar tranquilas, pero que cada una cuente con un espacio adecuado ya que gozaré de la kiubine casta esta noche.— Dichas estas palabras, Zagar, la más joven de las dos... tembló intempestivamente.

—Como ordene mi señor...— Dijo el hombre antes de marcharse, lo cual hizo que las mujeres pudieran vestir nuevamente sus ropas.

Más tarde fuimos guiadas a una zona de casas en las afueras, un lugar suntuoso que pocos hombres podrían permitirse. Allí vivía el comerciante y en una edificación contigua para el hospedaje no menos grande que la morada de aquel infame, le fueron entregadas a Narjun las llaves. Entramos en aquel lugar que genuinamente rivalizaba con una habitación palaciega, y en ella Aknia, quien deduje había sido violada por el comerciante, se me acercó para implorar el servirme.

Yo tan solo asentí y ella afirmó que me ayudaría con la preparación de los alimentos. Una hora más tarde rompió el silencio. —¿El amo es gentil o es solo otro animal en celo?— Me preguntó cuando íbamos por la mitad de las preparaciones.

Yo no sabía qué responder, no conocía tanto a Narjun. Pero Aknia temblaba, por lo que no pude perpetuar su temor. —Él no es como los otros hombres... será gentil.

—No hay una diferencia para mí...— Susurró dejando escapar lágrimas llenas de dolor en sus ojos azules, quizás con la tortura demasiado presente en el recuerdo.

La miré con pena y empatía, sabía que ella era inusual, posiblemente de la raza Nila... pues son de entre todos los argorianos los únicos cuyos ojos son azules cuando su piel es morena y sus cabellos blancos. Son hermosas sus mujeres y exóticas, cuando una Kiubine de la frontera vale 200 coronas, ellas por ser Nilas pueden valer desde 1000 hasta 2000 coronas. Su raza casi se ha extinguido o dispersado desde que Rajir tomó el poder de las tierras del sur...

Abracé a la muchacha y estuvimos así durante un buen tiempo, solo hasta que se calmó un poco, terminamos la preparación de los alimentos. —¿Señora?— preguntó repentinamente Aknía.

—Soy Iyari, puedes llamarme por mi nombre...

Ella asintió, luego volvió a hablar. —El amo, el señor Narjun... ¿Él es un Sheij?

—No, él es un extranjero... posiblemente iremos a su país.

—¿Él... venderá a Zagar o a mí?— Comprendiendo lo común que era, algunas mujeres fueron dadas a prostíbulos en otras naciones, en condiciones incluso peores. Pareciera un absurdo decirlo, pero ser posesión de un solo hombre podría ser mucho mejor que conocer a mil, porque incluso en la deshonra de aquellas circunstancias, tener a Narjun como único amo, parecía mejor para ellas.

—No lo creo, es peligroso si lo hace fuera de Argoria y estamos de paso; posiblemente nos casaremos en Argoria, e iremos para que nuestro hijo nazca en su nación.— Mentí.

Vi la dualidad en la expresión de Aknia, entre aliviada y preocupada. —Usted y el señor, ¿intimaron?

Asentí con una opresión en el pecho, por la imaginación de algo así.

—¿Él fue gentil?— Eso parecía preocupar demasiado a la mayor.

Volví a afirmar incapaz de musitar palabra.

—¿Usted ama al señor Narjun?

Yo tragué saliva y asentí, con el rostro caliente... sabiendo que Narjun comenzaba a gustarme, bastante más después del beso que compartimos y a pesar de ser una pantomima. Era una ironía que yo ni siquiera hubiera preguntado su nombre y es que tenía la esperanza de poder superar mi atracción cuando me sintiera menos vulnerable en la seguridad de nuestra casa y bajo el cobijo de mi familia, que lo que fuera que estaba ocasionándome, se desvaneciera con agradecimiento.

La conversación concluyó y fuimos a servir los alimentos, encontrándonos con un cuadro inusual. Narjun estaba practicando el combate con la cimitarra de Argoria, lo cual no era extraño realmente, su técnica era bastante buena para ser alguien que es de otro país y estaría con ello en mente un buen tiempo, salvo porque me distraje en ella. La pelinegra de ojos esmeralda no usaba más que el dhoti y una camisa de lino que se humedeció copiosamente con su sudor, por lo que la tela se pegaba a su cuerpo, donde las vendas de su pecho traslucen sutilmente. Zagar estaba sentada simplemente observando, encandilada... como un insecto que se dirige a la luz incandescente que será su perdición. Así que sentí celos, por primera vez, preguntándome hasta dónde será necesario fingir y si este lugar tiene cámaras.

Aknia observó la situación y reprochó a su hermana en idioma nilarés, logrando que se avergonzara e ignorando que yo conocía ese lenguaje. No sabía que las dos chicas fueran hermanas... por lo que entendí que sería mejor no revelar esta verdad, de modo que continué mi camino y ofrecí los alimentos a mi "prometido".

—¿Por qué compraste a dos Nilas?— Pregunté en el idioma de otra nación, el Excelsario. Estaba segura siendo Narjun políglota me entendería, sin embargo su expresión delató un poco más.

Ella respondió con una fluidez impresionante. —Porque las personas dicen más, cuando piensan que no las entiendes... pero estoy bastante seguro, que tú conoces esa lengua.— Me explicó acercándose mucho y susurrando tan bajo, por si diera la casualidad de que las Nilas supieran su idioma materno. —Así que serás mis oídos y mis ojos...— Dejó a un lado la espada dentro de su funda y con las ataduras, antes de tomar un bocado y comer primero, luego me dió el segundo. —Vamos a nuestro cuarto, hace muchas horas que no pruebo tu piel...— Esto último lo dijo en Argoriano y ciertas chicas oyeron.

Decir que mi rostro ardió en vergüenza sería un eufemismo...

—Descansen Kiubines...— Añadió Narjun con una sonrisa amable antes de caminar conmigo siendo llevada de la mano a un lugar privado, por lo que las miradas azules de las Nilas nos contemplaron y ellas también se abochornaron por el mensaje implícito.

Una vez estuvimos a solas, reproché sus licencias. —¿Realmente era necesario? Las demostraciones están demás.— Me crucé de brazos.

—Se que no hay micrófonos...— Anunció cerrando la puerta con seguro, mientras yo tomaba asiento un poco fatigada en la cama. —Pero sé que hay muchas otras formas de vigilar.

—No debiste comprarlas, ahora tenemos que fingir incluso en privado.— Murmuré, cuando realmente sentía preocupación por Zagar y la forma en la que miró a Narjun.

—Si fueras una de ellas, ¿no querrías ser liberada?— Me miró con reproche y claro que entendía esa perspectiva, no deseaba otra cosa que la libertad de las mujeres, de los hombre y de los niños de mí nación, sin embargo, vimos 20 mujeres y solo 2 de ellas fueron escogidas, sus palabras sabían a mentira.

—Entonces tendrías que comprar a todas las mujeres de Ofir, de las Dunas de Mattis y de todo el territorio de Rajir...

—No me alcanzaría ni con toda la fortuna de mi familia...— Refutó sin entender mis palabras, imposibles. —Pero ellas son Nilas, su raza podría extinguirse pronto, salvar a una o dos, puede significar... salvar a su pueblo entero, ¿ahora comprendes?

—Lindas palabras venidas de un asesino... las compraste para tu goce, no me digas palabras hermosas y altruistas, pues nuestra gente ha sufrido suficiente con forasteros así. ¿O me dirás que no harás mujer a Zagar al anochecer? Porque eso es lo que esperan todos de ti...— Le recordé que justamente ha estado actuando como un arteno y ningún hombre evitaría el gozo de una Kiubine en su estado más puro, estaba segura que Narjun era un Raditz, su interés ciertamente no estaba con los hombres y su cuerpo era una ambigüación entre lo femenino y lo masculino. —¿Cuánto vas a fingir? ¿Cuándo podremos irnos?

—Lo que sea necesario, si con eso el niño y tú están a salvo...— Tensó la barbilla. —Solo soy un mensajero, princesa... las formas en las que actúo no te conciernen, en tanto cumpla con la labor de llevarte ante tu abuelo. ¿Realmente ha sido tan malo para que prefieras el destino que te aguardaba?— Recuerdo la forma en la que me miró, no había visto mirada tan fría en sus ojos como aquel día... Apenas se fue, me di cuenta que actué con celos, había sido una tonta realmente.**

—Ella también comete errores, no fue muy inteligente aquella vez...— Nao cerró el archivo y se levantó de su silla.

Habían esperado demasiado tiempo. Shizuru siguió el ejemplo de su prima... se levantó de su asiento, pero sintió un mareo repentino, por lo que la pelirroja se apresuró a sostenerla sin reproches o burlas. —Ha sido un pésimo día... quisiera dormir y no despertarme otra vez, me siento derrotada— Susurró mientras se apoyaba en la más joven, realmente no eran de darse abrazos, pero la princesa de Excélsior sabía que necesitaba uno urgentemente.

—Lo sé.— Asintió Nao ayudando a la castaña a salir del lugar, tal vez debería descansar. —Mañana será otro día, y con esto tendremos información. Esto es... como otro acuerdo difícil.— Animó.

Las de ascendencia Viola se mantuvieron así, el tiempo suficiente, porque Shizuru es la clase de mujer que llora en silencio y Nao, a pesar de parecer indiferente, en realidad ama mucho a la de ojos carmines. Acarició su espalda y estuvieron una frente a la otra abrazadas en el suelo todo ese tiempo, hasta que las puertas se abrieron y dos personas las observaron desde el otro lado.

—Creo que... podríamos ceder la habitación, ¿no lo crees así? ¿cariño?— Murmuró una voz grave, como un gruñido infame, con lo que para el oído experto delataba una nota de celos.

Los ojos de rubí buscaron con ansiedad a la propietaria de la voz y la encontró de pie, pálida, con el rostro demacrado pero libre del maquillaje ceremonial. Natsuki tenía los mismos atuendos de la noche en la parte inferior, sin embargo su torso estaba casi completamente descubierto, salvó por las vendas en el costado y el top en el pecho, donde un controlador de constantes vitales relucía con su pantalla digital a la altura de la clavícula izquierda y las demás piezas de la tecnología, que contaban con 3 viales de la vacuna sostenidos por aquella rara coraza, de los que la mitad ya habían vaciado su contenido en las intravenosas del avanzado dispositivo.

—Te ves... terrible.— Nao fue la primera en reaccionar y ayudar a su prima a ponerse de piel, lo cual le dió la oportunidad a Natsuki de verlas con más detenimiento.

—Bueno, tengo suerte de tener una esposa que no me quiere solo por mi aspecto ¿Verdad?— Ironizó y pudo tener un mejor discurso, hasta que vió el par de suturas excelsarias en la ceja de cierta castaña con un impresionante cardenal en la cara y contempló las vendas ligeramente manchadas de sangre de lo que en el futuro no sería una linda cicatriz. -¿Quién demonios te hizo eso?- Gritó la pelinegra, disparando las pulsaciones y mecanismos de alarma del sistema móvil en su pecho. -Voy a matarle... a quien...sea.