Cuando Aizawa terminó de trabajar aquel día, el Sol no se había puesto aún. La luz del anochecer le bañaba la habitación de luces doradas, y el murmullo amortiguado de las voces de sus alumnos le llegaba a través de la pared. El profesor se echó atrás en la silla y se frotó las ojeras mientras miraba por la ventana. Bueno, aquello era una novedad. Algo de tiempo libre. Así que se inclinó un poco más y se echó algunas gotas de colirio antes de apagar el ordenador y levantarse.

Mientras se recogía el pelo se dirigió a la puerta de la habitación. Bueno, solamente le quedaba hablar con Eleonora y…

Al abrir y encontrarse de frente con el espíritu, Shouta dio un respingo.

—O-oh. Justo a tiempo, Star. Te estaba buscando.

Llamarla por el apellido le supo extraño, pero ella simplemente se quedó allí, de pie, mirándolo con aquellos intensos ojos azules. Al encontrarse con ellos, Aizawa no pudo evitar revivir como en una pesadilla la noche fatídica de hacía unos días. Desde entonces, no solo no habían vuelto a salir a pasear, sino que apenas se habían dirigido la palabra. La sala de profesores se había vuelto terriblemente tensa.

Como no recibió más respuesta que aquella impenetrable mirada, Eraser Head carraspeó y se esforzó en evitar el contacto visual.

—Bueno. He estado hablando con ciertas personas, y…

—¿Puedo besarte?

A él se le atragantaron las palabras en el pecho. Se le quedó la boca abierta un momento de desconcierto, y se vio obligado a devolverle la mirada.

—¿Perdón?

Ella solamente parpadeó antes de repetir su pregunta, esta vez algo más despacio.

—¿Puedo besarte?

Él la miró en silencio unos momentos más. Cuando vio que, en efecto, ella le hablaba en serio, se llevó los pulgares a las sienes con un suspiro.

—N-no. No, Eleonora, no puedes… —Iba a seguir hablando, pero la chica se dio media vuelta y se marchó dejándolo con la palabra en la boca. Él, confundido, tardó un poco en reaccionar. Parpadeó varias veces y se frotó la frente.

¿Qué acababa de pasar?

Armado por un súbito arrebato de orgullo, Aizawa se dirigió a grandes zancadas hacia la sala común. Allí, el espíritu se había sentado en el sofá y hablaba en voz baja con Enid, que se había recostado sobre el lado frío de Shoto mientras el joven le rodeaba la cintura con un brazo.

Eraser Head se plantó frente a ellos con los brazos cruzados, lo que acalló a la clase entera de golpe. Se creó una tensión extraña mientras todas las miradas se dirigían hacia ellos.

—¿Te parece esta una forma racional de hacer las cosas?

Eleonora, que se encontró de repente bajo la aplastante mirada del héroe, se encogió un poco y se volvió hacia Enid y Shoto en busca de apoyo. Ellos se encogieron de hombros, así que ella tuvo que mirar de nuevo al profesor.

—¿Qu…?

Aizawa abrió la boca para replicar, pero una figura algo más allá lo interrumpió. Por detrás del sofá llegaba, colocándose bien el pelo… también Eleonora. Al ver su expresión de pura confusión, la del sofá se giró sobre sí misma y sonrió tanto que se le iluminó la piel.

—¡Morpher! Mírate, qué guapo estás —rio. Aizawa se deshinchó como un globo. Por suerte, Denki fue el que se asomó tras él para preguntar.

—¿Puede transformarse en ti?

Eleonora simplemente lo miró con una brillante sonrisa orgullosa. Aizawa dio un paso atrás.

—Sea como sea, necesito que ambos vengáis a mi habitación un momento.

Kaminari emitió un sonido que quiso ser un grito de emoción, pero su profesor le puso una mano en la cara y lo apartó de la vista. Tras una mirada tensa entre los presentes, la antigua tutora se levantó y lo siguió por el pasillo con Morpher poco por detrás.

Al verlos marcharse, Enid se mordió un labio. A oídos de sus compañeros, la conversación que había estado manteniendo con Eleonora había sido de lo más normal para una tutora y un estudiante de intercambio. Pero ella, que la conocía desde hacía apenas un año, ya se había dado cuenta de cuán inusuales habían sido sus preguntas: "¿estás cómoda en el curso de héroe?", "¿es esto lo que quieres hacer?", "si no estás a gusto, tienen otras especialidades". Preguntas hechas con un tinte de miedo, y que Enid no sabía ubicar.

Perdida en sus cavilaciones, la chica no reparó en la pequeña pelea que había tenido lugar a su lado en el sofá. Denki y Mashirao habían corrido a agenciarse el asiento que había estado ocupando Eleonora, que ya de por sí no era muy espacioso, para ponerse a su lado. Bakugo los miraba por encima de la nariz, fingiendo que tal vez no le importara que ellos hubieran llegado antes que él. Una vez llegaron a una tregua aceptable, Ojiro había quedado pegado a Enid —aunque con su usual decoro prefería apretujarse contra Kaminari que invadir el espacio de la joven— y su compañero se había resignado a apoyarse contra el reposabrazos abrazando su cola. Ella sonrió al verlo, completamente inconsciente de que ella había sido la razón de la breve batalla, y se separó del brazo de Shoto.

—Oye, Denki, tú... ¿Por qué siempre tocas la cola de Mashirao? ¿Es blandita?

Ambos la miraron en silencio un momento. Kaminari acabó encogiéndose de hombros y sonriéndole.

—No mucho, en realidad. ¿Quieres?

Ella dio un respingo de felicidad en el colchón y se le iluminaron los ojos pálidos.

—¿Puedo? —Mashirao asintió, y ella se apresuró a arrodillarse sobre el cojín de pura felicidad e impaciencia. Cuando el chico movió el apéndice hasta sus brazos, Enid se hundió en él y la abrazó. Él la miró con un gesto tierno. A pesar de lo fría que tenía la piel, su forma de abrazarse a su cola como a un animal de peluche le resultaba de lo más adorable. Sin embargo, ella aflojó su agarre y torció los labios —. Hm…

Insatisfecha, le hizo un gesto a Ojiro para que permitiera a Denki seguir jugando con su cola. Él obedeció, confundido, pero antes de que nadie pudiera preguntar la chica se hizo hueco entre ellos y Todoroki, se tumbó sobre el regazo de Mashirao y lo abrazó. Pasó los brazos bajo su camiseta y acomodó el rostro en la base de su cadera con un ronroneo.

—Así mejor —concluyó—. Está más calentito.

A Shoto se le escapó una carcajada. Mashirao, sorprendido, se había quedado rígido como una tabla, pero acabó apoyando una mano dubitativa sobre su pelo. Aquella chica… era algo diferente. Tal vez porque él mismo a menudo sentía que su única cualidad destacable era su singularidad, y ni siquiera era tan llamativa… y Enid, fuerte, extrovertida, atractiva, había preferido abrazarse a él y refugiarse contra su torso. Mina soltó un chillido de admiración y dio un salto en su asiento, sintiendo que si no lo hacía achucharía a Enid hasta la saciedad. ¡Le gustaba su nueva compañera! Era así de cariñosa, con todos, ¡y además superfuerte! Katsuki chasqueó la lengua y se levantó para ir a sentarse en el respaldo del sofá. Una vez allí arriba, apoyó los codos en sus rodillas y acuchilló a los dos pretendientes de Enid con la mirada. Ellos se encogieron en sus asientos, pero la chica no llegó a darse cuenta.

Ella, por su parte, había cerrado los ojos y se acurrucaba contra el calor de Mashirao. En aquel pequeño refugio, todo era cómodo y él era fuerte. El resto del mundo importaba poco. El estruendoso mundo exterior resultaba algo menos abrumador en aquella pequeña burbuja.

—Me haces sentir segura… —susurró.

Él, sobrecogido por la sorpresa, no supo responder. Todoroki, que no había alcanzado a oírlo, le indicó a Fubuki que podía apoyar las piernas sobre su regazo y se las acarició, ya inmune a la mirada asesina de Bakugo. Sí vio, sin embargo, que el vello de las piernas de Enid era blanco, y tironeó de él para picarla y hacerla reír. Ojiro… se limitó a acariciar aquel cabello frío que crujía bajo sus dedos y a agradecer aquel momento de paz. ¡Aunque ella estuviera tan fría!

Mina se echó atrás en su asiento y se frotó la nariz, admirando a los cuatro guardianes de la nueva enzarzarse en su guerra silenciosa.

—¿De qué creéis que estarán hablando el profesor y Eleonora?

En la habitación, Aizawa había cerrado la puerta. Inspiró profundamente, frotándose las sienes con los pulgares para encontrar las palabras adecuadas mientras andaba de lado a lado frente a la antigua tutora y el cambiaformas.

—Muy bien —suspiró finalmente—. Ahora, decidme por qué ha venido Morpher a preguntarme si puede besarme.

Eleonora abrió unos ojos como platos. El rubor le subió raudo a las mejillas, y tuvo que llevarse las manos al rostro y volverse hacia Morpher.

—¿Por qué le has preguntado a Shouta si podías besarlo?

El cambiaformas modificó lentamente su aspecto —desde la pelea empezaba a transformarse algo más despacio de lo habitual— y adoptó su más usual forma masculina. Sus ojos violetas alternaron su mirada entre los dos presentes hasta que la fijó en Eleonora.

—Dijiste que deseabas su cuerpo.

El espíritu sintió que el corazón se le caía del pecho. Se volvió inmediatamente hacia Aizawa, roja como un tomate y con la boca abierta, buscando desesperadamente las palabras con las que excusarse.

—N-no, a ver, no. Yo dije… Mira, ¡da igual! Morph, ¡no decía eso! —Sacudió la cabeza, tremendamente avergonzada. Aizawa se rascaba el cuello, pero tenía que morderse el labio inferior para evitar reírse. Ella estaba demasiado atribulada para darse cuenta—. Es que, a ver… un beso le sirve para poder copiar la forma de alguien. Aunque no es muy agradable…

Se llevaba las manos al pelo, agobiada, pero él acabó cogiéndole una para tranquilizarla.

—Bueno —concluyó—. Malentendido aparte, quería hablar con vosotros dos. —Se apartó unos pasos y se cruzó de brazos, carraspeando como si así pudiera volver a construir la distancia que había estado manteniendo aquellos días y que acababa de romper en mil pedazos—. Hemos estado hablando con la policía y la comisión de seguridad, y no os van a penalizar por usar vuestros… dones —se atrevió tras una pausa dubitativa—. Pero, visto que tenéis relación directa con uno de los villanos, Morpher y tú tendréis que participar en el examen de licencia provisional.

Ella apreció de buena gana el cambio de tema. Inspiró profundamente, sopesando sus palabras en silencio mientras le bajaba lentamente el rubor del rostro. Cambió el peso de pierna, pensativa.

—Dos.

Aizawa ladeó la cabeza.

—¿Dos?

—Dos de los villanos —murmuró ella—. La voz que oíste… Creemos que es alguien a quien conocemos. Por eso Morpher reaccionó tan rápido.

El profesor volvió la vista al cambiaformas. Le cayera mejor o peor, Morpher le había salvado la vida aquella noche.

—Y le doy las gracias por ello —reconoció en voz baja. La criatura se limitó a clavarle la mirada violeta, pero en aquellos ojos impenetrables Aizawa creyó entender un asentimiento—. Avisaré a la policía.

Con un último gesto de conformidad, Shouta abrió la puerta y tragó saliva, aunque Eleonora se dio cuenta de que evitaba mirarla.

—Entrenaréis después de las clases con All Might y Ectoplasm; el examen se nos echa encima. Eso es todo.

Ella arqueó una ceja.

—¿Tú no estarás?

Él suspiró e hizo un gesto con la cabeza para invitarlos a salir.

—No. Yo no.

Morpher salió de la habitación, pero Eleonora no se movió de su sitio. En su lugar, se perdió un momento en los ojos caídos de Aizawa. En la cicatriz de su pómulo, el cuello largo enmarcado por los mechones que se le escapaban del moño, la barba desaliñada, las ojeras oscuras. En aquella aura de seguridad que lo envolvía entero. Finalmente, agachó la cabeza y se humedeció los labios.

—Si realmente hubiera sido yo, y no Morpher… ¿Habrías dicho que sí?

Él suspiró y se pasó una mano maltratada por el rostro.

—No lo sé —admitió finalmente—. Tal vez en otras circunstancias.

Ella cerró los ojos y tragó saliva en un intento por deshacerse el nudo de la garganta. Abrió la boca para decir algo, pero no le salió la voz, así que parpadeó varias veces para espantar las lágrimas y salió de la habitación para volver junto a sus alumnos.

Al otro lado del campus, un grupo de estudiantes de la clase B aprovechaba su tiempo libre tras las clases para chapotear en las piscinas exteriores. Entre ellos, Tetsutetsu se había quedado sentado en el bordillo en su bañador, con dos pares de manguitos en los brazos y salpicando alegremente con los pies.

En el agua, varios de los alumnos de la clase B jugaban a atraparse unos a otros. El uso de las singularidades iba y venía, porque a algunos —como Haru y Kendo— les resultaba una ventaja. Nadie, de todas formas, se lo estaba tomando demasiado en serio.

Con la excusa de supervisarlos, Sheziss y Sekijiro habían aprovechado para unirse a ellos. Como el Sol estaba ya bajo, la vampiresa había podido lucir, junto a sus gafas de sol y su pamela negra, su bañador, lo que había logrado distraer tanto a sus alumnos de un lado del espectro como lo había hecho el cuerpo de Vlad King con el otro. Ambos se habían sentado en sendas sillas, uno al lado del otro, porque no era lo mismo ir a la piscina que realmente meterse en ella.

El profesor se inclinó un poco hacia la mujer.

—Visto que nos interrumpieron de camino a nuestra última cita, ¿te ves recuperada como para ir a cenar mañana?

Antes de que los nomu causaran el caos en la calle, ellos dos se dirigían a un restaurante que, según Kan, era apto para hematófagos, y que Sheziss simplemente 'tenía' que probar. Ella se bajó las gafas y lo miró con una ceja arqueada, aunque se le escapaba una amplia sonrisa bajo los colmillos.

—¿Cita?

Él irguió el cuerpo tan bruscamente que por poco no se cayó de la silla. Estiró el cuello y carraspeó, pero no olvidó pasarse la mano por el torso para lucirse un poco.

—Digo, uhm. Nuestra cena para discutir el progreso del proyecto de tutores.

La vampiresa se echó a reír. A pesar de la rudeza de la mujer, de sus formas duras, de su voz áspera, su risa era de lo más melódica; oírla detuvo el juego un momento solamente para que sus protegidos pudieran oírla… y curiosear por qué se reía.

—Me parece bien.

En el agua, Monoma se propulsó hasta Haru y le rodeó el cuello con un brazo antes de abrazarlo también con las piernas y usarlo de boya.

—¿Cuándo te veré a ti ser tan valiente, eh?

Él lo apartó de su cuerpo, rojo como un tomate, pero Neito se vengó empujándolo bajo el agua. Haru se sacudió, pillado por sorpresa, como si hubiera olvidado que tenía una singularidad que podía ayudarlo justo en aquella situación. Se le escapó el aire de los pulmones con un grito de burbujas y lanzó las manos al brazo de Neito en un intento por liberarse. Dio manotazos, patadas, incluso arañazos, hasta que al fin activó su don y lanzó con una palmada a Monoma contra el límite contrario de la piscina. El golpe contra el bordillo le robó el aire de los pulmones, pero el chico logró reaccionar a tiempo de tensar los brazos y usar la singularidad de Uzusame para amortiguar el choque. Sheziss y Sekijiro se levantaron de sus sillas, pero Haru, rojo de rabia, fue el primero en hablar.

—¡No vuelvas a hacer eso! —chilló—. ¡No se te ocurra volver a hacer eso! ¡No es divertido, no es nada divertido, joder!

Vlad King bajó al agua levantando las palmas de las manos para calmarlo. Junto a él fue Juzo Honenuki, que le cogió los brazos para ayudar a tranquilizarlo.

—Haru, está bien. Estás bien, ¿quieres salir del agua?

Él no quería escucharlo, así que lo apartó de un manotazo. Neito, inusualmente serio por la preocupación y la culpa, dejó atrás su personaje para propulsarse lentamente hacia él.

—Eh, lo siento, ¿vale?. No quería herirte ni asustarte. Perdóname.

Él se llevó ambas manos al rostro, hiperventilando por momentos. Sekijiro iba a sacarlo del agua, pero Monoma le apoyó una mano en el brazo para detenerlo y utilizó discretamente la singularidad del chico. Haru no se dio cuenta de que una corriente lo arrastraba lentamente hacia atrás.

—¡Lo has hecho! Por favor, júrame que… —Al notar que su espalda chocaba suavemente contra algo cálido, el joven albino levantó la mirada. Se encontró, de repente, con los brillantes ojos de Tetsutetsu. Él le sonreía con el gesto teñido de preocupación, pero tan acogedor como lo era siempre. Rodeó a Haru con los brazos abigarrados por los manguitos, lo ayudó a estabilizarse en el agua y le guiñó un ojo. Uzusame sintió que se le detenía el corazón en el pecho.

—Sal del agua un rato y quédate conmigo.

Haru se derritió en un suspiro. Apoyó las manos en sus brazos y disfrutó de su abrazo mientras, poco a poco, su respiración volvía a la normalidad.

Cuando estuvo más tranquilo, Tetsutetsu y Sekijiro lo ayudaron a salir del agua. El chico se sentó en el bordillo y se recostó contra el cuerpo cálido de su compañero, que se quitó los manguitos y volvió a rodearlo con los brazos. Tras un rato, la respiración de Haru fue normalizándose.

—Oye, Haru. —El chico levantó los ojos rosados hacia él.

—¿Qué?

—¿Alguna vez… has probado a usar tu singularidad fuera del agua?

Él se deshinchó un poco. Levantó una mano para mirarse los dedos que, en efecto, estaban algo colorados por haber estado utilizando su poder. Tetsutetsu lo decía, seguramente, por decir… pero lo cierto era que, si lo que Monoma y él habían descubierto iba por buen camino, la singularidad brotaba de sus manos, no del agua en sí. Así que ¿qué podría pasar si la activaba en contacto con el aire? ¿Funcionaría siquiera?

—Pues… no, la verdad es que no —reconoció. Miró brevemente a sus profesores que, ya desde sus sillas, le dieron permiso con un gesto para hacer su experimento. Aun así, no pudo evitar sonreír al ver los esfuerzos titánicos de Sheziss por no alargar una mano al torso mojado de Sekijiro. Él lo sabía, así que posaba en su silla. Vaya dos.

Finalmente, con ayuda de su amigo, Uzusame se levantó y anduvo hasta la zona vacía entre piscinas. Tetsutetsu se colocó tras él con su singularidad activa, con los brazos listos para evitar que el retroceso, si lo había, lanzara a Haru hacia atrás.

Cuando su clase se hubo reunido al brode del agua para espectar, Haru abrió las piernas para asegurar el cuerpo y visualizó la línea que pensaba trazar. Nada demasiado complicado: una trayectoria ligeramente curva hasta una de las redes que delimitaban el espacio de la piscina serviría. Así que se preparó, se concentró en su objetivo y dio un paso atrás.

En cuanto activó su singularidad, su poder colisionó violentamente contra el aire. Se oyó un chasquido… y el contacto estalló. La onda de choque se expandió con una fuerza inesperada, lanzó los dedos de Haru hacia atrás y le golpeó el cuerpo contra el metal de Tetsutetsu. Tsuburaba dio un salto para solidificar el aire frente a sus compañeros en el agua, lo que logró detener parte del impacto mientras Kendo agarraba al resto con sus enormes manos para que no salieran despedidos del agua.

Sheziss, que gracias a sus alumnos apenas sufrió la explosión, se levantó de su silla y corrió, con su velocidad inhumana, hasta Uzusame. Él gritaba de dolor con los dedos doblados hacia atrás. Se agarraba la mano, resoplando pesadamente, y Tetsutetsu temía tocarlo por no saber cómo ayudar.

—¡Lo siento! Lo siento, ¡no sabía que…!

Su tutora le apoyó una mano en el hombro y le clavó la mirada roja para tratar de tranquilizarlo.

—No pidas perdón. ¡Es un buen descubrimiento! Ahora hay que ir a buscar a Recovery Girl.

Shihai Kuroiro, que había levantado brevemente la mirada al cielo oscuro, salió del agua frotándose el torso completamente negro.

—Yo llegaré antes. Iré a buscarla.

Tras decir aquello se fundió entre las sombras, y la vampiresa acompañó al malherido Haru a su silla para tratar de calmarlo. Le apoyó las manos en las rodillas y le limpió las lágrimas con los pulgares, examinándolo con la expresión inusualmente dulce.

—Esto son buenas noticias, Uzusame. Te conseguiremos unos guantes de soporte, y podremos entrenar esta nueva posibilidad. Eres muy poderoso.

Él suspiró, abrumado, pero asintió y hundió la cabeza en su pecho.

Eleonora Star

Edad: indefinida

Don: - (espíritu: control de la luz, levitación)

Eleonora es un espíritu de la luz nacido de una estrella. Tiene la capacidad de producir y alterar la luz a su alrededor a voluntad, creando incluso efectos de hipnosis con los que puede provocar otras sensaciones como olores o dolor. Usar su poder, sin embargo, desestabiliza su forma humana y la llena de grietas (además de volverle las retinas negras). De debajo sale una forma que no es su original, pero que le resulta más fácil de mantener. Su verdadero aspecto, un amasijo de luz y formas, es demasiado grande como para merecerle la pena usarla en la Tierra.

Es inmortal en cuanto a edad, pero su cuerpo puede igualmente sufrir lesiones.

Tiene la habilidad de levitar, pero no lo hace para que nadie vea que tiene más de un "don", y la estrella luminosa de su frente aparece cuando utiliza su poder o cuando le apetece llevarla. Opina que le queda bien.

Altura: 1,64m