Algo en el pánico de la voz de Eleonora hizo dudar a los atacantes. Ellos cruzaron una mirada pero, finalmente, aflojaron el paso y bajaron las manos. Morpher se agachó y retrocedió a la espera de órdenes; se colocó tras su compañera, que alargaba las manos hacia los desconocidos en un gesto de súplica.

—Os lo ruego, deteneos un momento. Morpher no tiene voluntad propia; si no le doy indicaciones, alguien podría salir herido.

Los dos se miraron de nuevo en una pausa tensa. Uno de ellos, vestido con una armadura agujereada de placas blancas, suspiró bajo su casco.

—Adelante.

Justo después adoptó una postura defensiva, sacando brevemente los pinchos a modo de advertencia. Su compañera se agachó y tensó el cuerpo, pero siguió la decisión del primero y no hizo ademán de atacar. Eleonora se relajó, aliviada, y se volvió hacia su acompañante mordiéndose el labio inferior.

—Morpher, escúchame. ¿Recuerdas las normas que hemos repasado antes? —Él no respondió, la mirada púrpura clavada en sus rivales—. Morpher.

El chico tardó varios segundos más en moverse. Algunos metros más atrás, el sonido de una explosión los advirtió de la presencia de rivales tal vez demasiado cerca, y los dos jóvenes frente a ellos se crisparon enteros.

—Sí.

—Estos chicos no son enemigos, ¿de acuerdo? —repitió el espíritu—. Tienes prohibido cortar, clavar o herir de muerte. Solo puedes agarrar o pegar, estamos jugando.

Él la miró.

—Jugando.

Ella suspiró y se acercó para acariciarle el rostro. Él se resistió un poco, pero finalmente relajó la postura antes de perderse en los ojos azules de la estrella.

—Tienes que… pensar por ti mismo. ¿De acuerdo? —Le susurró ella apresuradamente—. Tienes que aprobar, pero yo no podré guiarte. ¡Y ni se te ocurra explorar a ninguno de estos chicos! No son enemigos, y no han consentido. No pierdas los objetivos ni las pelotas. Confío en ti.

Otra explosión. Eleonora se agachó inmediatamente, cuando el aviso en su comunicador se hizo más insistente:

—Eleonora Star. Retírate del campo del examen.

Se quedaban sin tiempo. Así que se volvió hacia los otros dos jóvenes.

—Gracias. Él no hará el primer movimiento hasta que lo hagáis vosotros. Mucha suerte.

Con estas palabras, plantó un beso en los labios de Morpher y se retiró al trote. No quería perderlos de vista… pero, si no se daba prisa, podía acabar metida en una pelea que solamente haría las cosas más difíciles para todos. El cambiaformas la miró marcharse, pero luego se volvió hacia sus rivales. Ellos, al ver que realmente no se movía, torcieron un poco la postura mientras lo evaluaban con la mirada. Tenían tiempo para pensar, así que se volvieron el uno hacia el otro. Intercambiaron susurros apresurados, inclinados el uno sobre la otra, hasta que el joven de la armadura relajó el cuerpo y le mostró las palmas de las manos. Morpher no se movió.

—¿Y si nos aliamos?

Aquello era un primer movimiento. El chico abrió la boca de dientes repentinamente afilados y sacó sus tentáculos, que dieron un latigazo de advertencia al aire… pero no atacaron. Sus ojos violetas seguían taladrados en sus rivales. La chica se irguió lentamente de su anterior postura baja y se apartó la visera de los ojos amarillos para que él pudiera verla mejor.

—Mira… Morpher, ¿no? Los tres hemos perdido a nuestros aliados. Y… seamos sinceros, tenemos una compatibilidad de dones horrible. Podemos pasarnos horas intentando derrotarnos el uno al otro, o podemos unirnos e ir a por un grupo grande. ¿Qué te parece?

Esta vez, silencio. Los tentáculos negruzcos crujían y se retorcían en el aire, pero el cambiaformas no se movió. El joven de la armadura le cogió un brazo a su compañera.

—Quiero recordar… cómo le hablaba la chica. Creo que tenemos que ser más claros. —Se llevó una mano al pecho, donde se dio una palmada que no gustó nada a Morpher. Él se ralentizó al momento—. Yo soy Kishi. Kishi Harinezumi, pero puedes llamarme Knight. Mi singularidad me permite sacar pinchos metálicos de la piel, pero solo durante un momento. Ella —añadió, señalando a su compañera muy, muy lentamente. Una explosión sonó esta vez mucho más cerca, y todos se estremecieron. Knight tragó saliva bajo su casco: trataba de mantener la compostura, porque el cambiaformas lo atacaría si hacía cualquier movimiento en falso—. Ella es Hayami Waru, o Substance. Puede desmontar todo su cuerpo a voluntad. ¿Cuál es tu don?

Él los miró a ambos. Los evaluaba en silencio, pero aquella explosión no podía ser nada bueno. Así que se vio obligado a recoger sus tentáculos de vuelta en sus entrañas y relamerse los labios finos con un gesto ausente.

—Puedo transformarme en otros. Pero Eleonora ha dicho no explorar.

Substance dio una palmada. Sonreía con la expresión tierna de una profesora, pero el peligro la tensaba tal vez demasiado.

—¡Eso está muy bien! ¿Qué significa… lo de que no tienes voluntad propia?

Él levantó la mirada al origen de las explosiones. Quien fuera que las provocaba se había detenido a pelear, pero no podían quedarse parados mucho tiempo. Finalmente se volvió hacia la chica y le clavó una mirada tan inexplicablemente intensa que ella se extremeció. Algo en su mente dio un chispazo, una electricidad que la recorrió entera. Y entendió antes de que él respondiera.

—Obedezco órdenes.

En aquellos breves instantes, Eleonora había logrado llegar a la sala de espera. Como había ido tan rápido, la sala estaba vacía, así que se acercó distraídamente a la mesa con comida y pasó los dedos por el mantel. La soledad repentina empezó a aplastarla, todo aquel silencio retumbándole en los oídos entre las cuatro paredes que la retenían.

Morpher… ¿estaría bien?

En aquel momento, el trío improvisado de futuros héroes corría a resguardarse del campo abierto. Tenían que pensar en algo, pero Knight estaba acostumbrado a dejarle la planificación a Substance, y ella estaba ocupada teniendo preguntas sobre lo que acababa de pasarle en el cerebro.

Notaba a Morpher.

No podía decir el qué, o cómo exactamente: simplemente sentía un zumbido en la cabeza, una ventana en segundo plano, que latía con vida propia. Y él estaba allí.

La palabra huésped se le había taladrado en los pensamientos.

Finalmente, se detuvo y sacudió la cabeza. Tenía que centrarse y pensar en algo. Tras ella se detuvieron sus dos compañeros, que se resguardaron en un edificio en ruinas para darle algo de tiempo. La chica se agachó y se llevó los dedos al pelo castaño, tratando de pensar con claridad. Knight y ella solían ser los encargados de defender a su grupo, así que no lograba concebir una estrategia donde ellos tomaran la iniciativa sin sus dos compañeros. Tampoco podían poner a Morpher en el centro de todo, porque, como habían visto ellos mismos, no parecía saber muy bien cómo defender sus objetivos sin indicaciones. Era un tanque: sacrificaba su cuerpo para que avanzaran el resto, pero no podían ofrecerlo sin más. Lo perderían.

Así que se volvió hacia él.

—¿Cuál es tu forma más problemática?

Él le devolvió una mirada, y ella supo que se entendían. Así que se volvió hacia su compañero con una sonrisa torcida que él conocía muy bien.

—Toca jugar al escondite.

Poco después, otro grupo de tres llegaba a la calle derruida en la que se ocultaban. El líder, que miraba de aquí para allá buscando enemigos, se detuvo en seco al reconocer una figura oscura parada en medio de la carretera. Abrió los brazos para avisar a sus dos compañeros y entrecerró los ojos para ver mejor.

—¿Una niña?

La criatura no se movía. Una de las participantes, sin embargo, agarró el brazo de su líder.

—Ojo. Lleva objetivos puestos, es un rival.

Demasiado tarde. Con un crujido desagradable, el cuerpo de Morpher se dobló hacia atrás, cuando un par de tentáculos le nacieron de la garganta y se lanzaron vorazmente hacia ellos. Agarraron por los cuernos al más incauto de los tres, que chilló de terror cuando el monstruo lo levantó del suelo de un tirón y lo arrastró dentro de un edificio. Los otros dos corrieron tras él, pálidos de terror y demasiado alterados como para darse cuenta de que se metían de cabeza en una trampa: una roca cayó sobre la entrada, bloqueando la salida más rápida, y la risa disonante de la niña se hizo eco entre los pasillos.

Resignados, los enemigos tragaron saliva, aseguraron sus objetivos y se abrieron paso entre la oscuridad.

Un escalofrío recorrió el espinazo de la chica, que dio un golpe al brazo de su líder.

—Jirai. Ahí hay alguien.

Señaló una pared, contra la que se recortaba la figura de una mujer de espaldas. El líder, muy despacio, llevó las manos al suelo para preparar su don. Su compañera tragó saliva e hizo crecer sus dientes.

Pero Substance los había oído. La silueta giró la cabeza, crujido tras crujido, hasta encararse a ellos en un ángulo estremecedor y echarse a reír. Como un castillo de naipes, su columna se desmoronó e hizo caer a la estudiante hacia atrás. Reprimiendo un grito de terror, Jirai agarró a su compañera del brazo y retrocedió a trompicones.

—Oh, no. No, no, no.

Con una carcajada estridente, Substance dobló un brazo en un ángulo imposible, clavó los dedos en el suelo y arrastró el amasijo de su cuerpo hacia ellos. Se reía, torciendo el rostro desencajado y cargando las piernas hechas jirones bajo un cuerpo enteramente dislocado.

—¡Venid a por mí, venga!

—No —cortó de nuevo el otro tragándose un nudo en la garganta. Se quedó quieto un momento, contando por lo bajo con los dedos—. Kuroka, nos retiramos.

—¡Venid a saludarme!

Ambos retrocedieron apresuradamente. Substance echó a correr tras ellos, extremidades agitándose a su espalda como hechas de trapo, riéndose y tirándolo todo a su paso. Pero Jirai iba preparado: cuando Substance se lanzó hacia ellos, el punto que había tocado en el suelo estalló.

La explosión los lanzó a los tres hacia atrás: Substance salió despedida contra la pared, y los otros dos volaron de vuelta a la entrada. Quisieron volverse hacia allí, donde Jirai iba a colocar una de sus minas para huir, pero otra figura oscura, hercúlea, los esperaba de pie junto a las rocas. Con un chasquido, el desconocido se cubrió de pinchos y se lanzó contra ellos enarbolando sus puños acorazados. Noqueó primero a Jirai: su don les podría resultar un problema, pero el chico logró dar un manotazo a la roca que bloqueaba la puerta antes de perder la conciencia y que Knight lo arrastrara lejos de un tirón.

Kuroka, furiosa y aterrada, se lanzó con los dientes enormes por delante hacia Knight… pero una cuchilla negra le atravesó un hombro. El dolor le arrancó un grito de terror, y Knight levantó la mirada tras ella.

De entre el polvo y el humo, la silueta de nomu de Morpher emergió repentinamente de la oscuridad emitiendo un amenazante gruñido gutural. Sobre los hombros cargaba con los cuerpos de Substance y del rival al que habían noqueado primero, que se sacudía suavemente contra su brazo al ritmo de la carrera del cambiaformas. Sin pensánselo dos veces, Morpher se abalanzó sobre Kuroka, Knight y Jirai y los envolvió con sus cuatro brazos.

Poco después, la mina estalló.

Los escombros volaron por todas partes. La pared se vino abajo, y el edificio entero colapsó. Enormes trozos de cemento impactaron contra el cuerpo del nomu, pero no lograron alcanzar a los estudiantes. Mientras todo se derrumbaba a su alrededor, Morpher arrastró al resto de los participantes a la calle para evitar que les cayera la construcción encima. Los escombros le alcanzaron las piernas, lo que lo golpeó contra el suelo y le arrancó un quejido de sorpresa. Trató de levantarse, de apartarse las rocas de encima antes de que se lanzaran a por él, pero de todas formas el resto estaban ocupados recuperándose. Knight y Substance se acercaron a sus rivales para activar sus objetivos y, cuando hubieron terminado, la chica se volvió un momento hacia la criatura recolocándose los brazos con un crujido.

—Kishi. Hay algo… que no acabo de entender.

Su compañero, que se había agachado junto a Kuroka, se apresuraba a taparle la herida del hombro para que dejara de sangrar. Morpher se había asegurado de no alcanzar ningún punto demasiado importante, así que con suerte dejaría poco más que una cicatriz. Asintió lentamente, buscando las palabras adecuadas.

—La mujer esa le prohibió clavar.

Substance asintió. Si realmente no tenía voluntad propia… ¿por qué salvarlos a todos del derrumbe desobedeciendo órdenes por el camino? Fuera como fuese, su maniobra había logrado evitar que Knight quedara expuesto ante el ataque de su rival y los había protegido a todos de un derrumbe potencialmente mortal. Le debían el examen… y la vida.

—Vamos a sacarlo de ahí.

En cuanto dio un paso, sin embargo, una maraña de látigos rojos brotó de la nada y se envolvió en el cuerpo del nomu. Al otro lado, un estudiante se había colocado sobre los escombros y controlaba los látigos con la punta de los dedos. Aturdido por el golpe, Morpher no fue capaz de resistirse como le hubiera gustado… pero sí pudo servir de trampolín para Knight. El héroe salió corriendo hacia él con el cuerpo deshecho de Substance en brazos, se impulsó sobre el pecho del nomu y lanzó a su compañera contra su nuevo oponente. Con una serie de crujidos, Substance se recompuso en el aire e impactó contra el dueño de los látigos, que cayó pesadamente hacia atrás y ahogó un jadeo. Ella lo inmovilizó en el suelo de un manotazo y lo golpeó en un punto concreto de la columna para dejarlo inconsciente. Justo detrás, sin embargo, llegaron otros dos enemigos: uno se abalanzó sobre Substance, la agarró por el cuello y la aplastó contra los escombros. Sin perder un solo segundo, sacó una bola y la conectó con uno de sus objetivos.

Aterrada, Substance chilló trató de desasirse, pero su rival la tenía firmemente apresada contra el suelo. Se mantenía pegado a él con manos cubiertas de ventosas, lo no le permitiría escapar. Así que, en cuanto vio que iban a activarle otro objetivo, Substance se retorció y cogió aire.

—¡Kishi, Morpher!

Ellos no dudaron un instante. El cambiaformas agarró con un brazo libre a Knight y, tras un gruñido de esfuerzo, lo catapultó hacia los rivales. Él se hizo una bola y sacó los pinchos, lo que, si bien no iba con intención de herir a nadie, sí logró dispersarlos en cuanto se estrelló pesadamente contra los escombros. Knight se levantó a trompicones y lanzó un puño contra el primer enemigo que vio para apartárselo de encima. Con el rival de las ventosas lejos de ellos, tendió una mano a Substance y la ayudó a levantarse.

—Vigila que no se acerquen a Morpher.

Ella retrocedió hasta poder verlo. ¿Por qué no los ayudaba con los tentáculos, como antes…? Oh. No tenía ojos. ¡No tenía ojos! Mientras Knight mantenía a raya a sus oponentes, el cambiaformas escupía ácido a las rocas que lo apresaban, aunque se movía con cuidado para no derrumbar la plataforma sobre la que los demás peleaban.

Bueno. Si él no tenía ojos, ella sería su mirada.

—¡Morph! ¡Tentáculos a mi voz!

Él obedeció. Dos apéndices negros le salieron de la boca en dirección a ella, que siguió indicándole hasta que pudo agarrarlos con las manos.

—¡Yo mando!

Firmemente aferrada a los —inesperadamente gomosos— tentáculos, la chica echó a correr hacia su compañero. Él, por su parte, tenía pocos problemas para mantener ocupados a sus rivales: las ventosas no eran de gran ayuda a uno de ellos y el otro no encontraba huecos en su armadura donde conectar sus zarpas de reptil. Ahora Knight sí estaba en su terreno.

—¡Kishi, abajo!

A su orden, Knight recogió sus espinas y se hizo una bola. Substance saltó sobre él, apéndices en mano, y dio un tirón hacia adelante.

—¡Agárralos, Morph!

En cuanto los hubo soltado y se hubo desmontado entera para protegerse, los tentáculos dieron una violenta sacudida de lado a lado y lograron golpear a ambos enemigos. En cuanto los localizaron, se cerraron alrededor de sus cuerpos y se enrollaron en sus extremidades. El de las garras intentó liberarse a arañazos, pero Morpher había aprendido la lección y le había doblado los brazos para evitar que lo lastimara.

Por eso, tranquilamente, ambos compañeros pudieron recomponerse, acercarse y conectar sus bolas con los objetivos de sus rivales.

—Los participantes que hayan aprobado deben dirigirse a la sala de espera.

Knight tuvo que sentarse en el suelo. Se quitó el casco, acalorado, y se frotó el pelo azulado con un suspiro. Substance, sin embargo, acarició los tentáculos del cambiaformas con delicadeza. Estos se curvaban a su alrededor, protectores, tal vez incluso cariñosos. Los hubiera besado; si no fuera porque salían de las mismas entrañas del monstruo. Con unos golpecitos le indicó que podía volver a guardárselos.

Cuando Knight pudo volver a levantarse cogió en brazos al rival de los látigos, que poco a poco recuperaba la consciencia, y bajó con cuidado de la pila de escombros para acercarlo a Morpher.

Con ayuda de ambos estudiantes, un cambiaformas muy débil pudo conectar los objetivos que le quedaban.

Eleonora se enteró del estado de su compañero tiempo después, después de que sus compañeros y otros participantes ayudaran a Morpher a liberarse de los escombros para poder acudir a la sala. Por eso, verlo llegar cojeando del brazo de Knight y rodeado de varias personas más logró sorprenderla. Parpadeó varias veces, confundida, y se deslizó por el aire hasta aterrizar frente a ellos.

Agotada y magullada, Substance se quitó la visera y le tendió una mano al espíritu.

—Ha sido una experiencia, pero creo que te lo devuelvo.

Y, en cuanto los ojos caídos de Morpher se encontraron con los de Eleonora, Substance notó como aquella presencia en su mente se escurría de entre sus pensamientos y desaparecía, tan sutilmente que creyó que a lo mejor lo había estado imaginando. El espíritu esbozó una brillante sonrisa e iluminó sutilmente su piel.

—Creo que tenéis mucho que contarme, y me encantará oír cómo ha acabado esto… así —rio.

Podría narrar la prueba de rescate: pero conocemos a Eleonora y Morpher. El cambiaformas se había recuperado para cuando empezaron, y el espíritu había sido siempre el cénit de la amabilidad. Con ella como estandarte, un escuadrón improvisado de aquellos que habían contribuido al rescate de Morpher formó equipo y ayudó a desalojar a todos los heridos. La versatilidad del cambiaformas, combinada con su capacidad para obedecer órdenes, logró compensar su aspecto intimidante. Justo después de ser rescatados por los brazos fuertes de un nomu o unos cuidadosos tentáculos oscuros, las víctimas profesionales se encontraban de frente con la sonrisa luminosa de Eleonora, que los abrazaba y acunaba hasta que Knight y otros dos participantes los trasladaban a la zona de primeros auxilios.

Hacían buen equipo.

Hayami Waru (Substance)

Edad: 20

Don: Desmontaje

Puede girar y dislocar sus huesos a voluntad. Aunque recolocarlos resulta algo doloroso, ha aprendido a hacerlo a gran velocidad.

Altura: 1,62m

Kishi Harinezumi (Knight)

Edad: 20

Don: Erizo

Puede crear pinchos metálicos en varios puntos de su piel, pero solamente de forma explosiva. Mantenerlos mucho tiempo podría llegar a marearlo y causarle crecientes síntomas de anemia.

Altura: 1,96m