La vuelta a su casa fue penosa para Harry, las últimas palabras del omega retumbaban una y otra vez en sus oídos.
Reduciéndolo solo a un semental que había realizado un trabajo.
Sabía de ese trabajo por otros alfas con los que había estudiado, pero jamás pensó que él acabara siendo tratado así.
Harry no quería nada por haber atendido en su celo al omega, nada más que seguir teniéndolo entre sus brazos, se dijo a sí mismo estúpidamente.
Era tarde para volver a la oficina y entregar su carta de renuncia, pero la mera idea de volver al día siguiente le pesaba.
Y entonces se dio cuenta de que Draco podría no haber terminado con su celo totalmente, solo era el segundo día. Notó como sus pies se pararon en seco, como trató de dar la vuelta, ir de nuevo a por él, su alfa tiraba hacia atrás.
"No es tu omega, no es tu omega". Se repetía una y otra vez. "¿Hasta qué punto va a tener que humillarte para que lo entiendas?"
Malfoy no lo quería como alfa, quedaba completamente de manifiesto cuando se recuperaba del celo, cuando volvía a estar en sus cinco sentidos y solo quería salir huyendo de Harry.
Se esforzó en llegar hasta su casa, en abrir las ventanas tras una bofetada del olor del omega por todos lados. Lo borró de su piel con una larga ducha de agua caliente, cambiando las sábanas y con altas dosis de autocontrol.
Por eso cuando llamaron esa noche a la puerta de su casa, no había ni rastro del omega.
—¿Harry Potter?—preguntó un hombre joven cuando Harry abrió la puerta. Era un beta sin olor que poder identificar.
—Soy yo.
—Tiene que acompañarme.—El hombre parecía mucho más tranquilo.
—¿A dónde?—preguntó receloso.
—A la mansión Malfoy.
Harry sintió que las entrañas se le comprimían, Draco.
Ante a falta de respuesta de Harry, el beta parecía molesto.
—El señor Malfoy le necesita.
Harry había estado en lo correcto, el celo no se había retirado, y el omega estaría sufriendo de nuevo.
—Será recompensado con creces.
Y aquello enfureció a Harry que había sido insultado por tres veces en menos de 24 horas.
—Lo siento, no soy el hombre que está buscando—rechazó la propuesta Harry.
Podría ser un alfa de bajo nivel, podría ser un empleado cualquiera, un subordinado de alguien muy poderoso. Pero no era ningún prostituto al cual usar y echar cada vez que necesitara ser follado.
Al que ofrecerle su cuello para luego escupirle en lo zapatos.
Estaba cerrando la puerta, Draco Malfoy no era su omega.
—Le necesita, alfa—dijo el beta suplicante—No deja de llorar y gritar su nombre. Su padre ha llamado a uno de sus socios alfa con el que le quiere enlazar.
Harry tenía la mano en la puerta, a punto de cerrarla, pero el pequeño beta de ojos suplicantes estaba metiendo su cuerpo entre medias.
Solo imaginar a Draco mordido y anudado a otro alfa, un alfa que quizás le mereciera más pero al que no querría enlazarse le parecía incorrecto.
Nadie debería obligarle en su estado, era cruel y sabía que su jefe no lo querría.
Pero ¿era asunto suyo? No, no lo era.
—El señor nunca ha pedido a nadie, nunca ha necesitado a nadie y nunca ha confiado en nadie, y en usted confía, señor Potter. Usted no le hará daño.
Harry bufó, era tan mala idea que hasta podía ver neones rojos sobre la idea de ese beta.
Draco se había metido en la cama y había tenido un sueño inquieto, había tomado sus supresores, aunque estos ya habían dejado de manifiesto que no eran útiles.
Lo primero que sintió fue el calor, se despertó sudoroso y con las sábanas pegadas al cuerpo. Lo segundo fue la humedad entre sus piernas, gimió lastimeramente. Otra vez no, solo quería acabar con ese celo y volver a su vida normal donde no tenía ninguna necesidad de un alfa dentro de él.
Pero llevaba tres días siendo algo que él no era, dependiente, lastimero y necesitado.
Los últimos segundos antes de volverse una masa inconsciente de necesidad pensó en Harry, en cómo se había marchado sin mirarle, podía oler su humillación aún, sabía que esas palabras que soltaba tras cada encuentro no eran necesarias. Ya había comprobado que el alfa no era así, no le había dañado en ningún momento, ni siquiera le reclamaba. Le había servido, cuidado y en ningún momento se aprovechó de la oportunidad ante él.
Porque para Harry, unirse a Draco hubiera sido todo ventajas. Su glándula le dolía por la falta de mordida, Harry no le había mordido ni una sola vez.
Pero cualquier pensamiento racional le abandonó, todo estaba en su bajo vientre, en su ano dilatado y la lubricación natural para ser penetrado.
No supo cuando empezó a gritar el nombre de Harry, no supo cuánto tiempo pasó hasta que toda la mansión supo lo que estaba ocurriendo.
Tampoco supo de los planes de su padre con Tom Ryddle al que ya había prometido a su hijo, la unión de industrias Malfoy y Ryddle iba a ser una realidad, y provocarle a su hijo aquel celo, el modo en el que el acuerdo quedaría sellado.
Draco no supo nada de eso, solo que le quemaban las entrañas, que necesitaba a Harry y solo a él, que lloraba su nombre mientras poco podía satisfacerse a sí mismo metiéndose sus propios dedos en su trasero dilatado.
La mansión era un auténtico caos de olores, pero uno se sobrepuso al resto, uno que era todo lo que Draco quería.
Harry abrió y cerró la puerta de su habitación tras de sí, Draco no escuchó los gritos de su padre tras las puertas. Draco no escuchó nada más que el gruñido de su alfa, y un fuerte chorro de lubricación escurrió hacia la cama humedeciendo su entrepierna hinchada.
Harry se había desnudado completamente, desprendiendo una cantidad enorme de feromonas que le hacían retorcerse de anticipación, bocabajo sobre su cama. Draco abrió sus piernas todo lo que podía, le invitaba, le reclamaba.
El suspiro de alivio cuando se sintió completamente lleno le permitió por primera vez respirar con tranquilidad.
Harry gruñía, lamía y mordía, y Draco se sentía bien, se sentía mejor que nunca en su vida. Lo que ocurriera fuera de las puertas de su habitación no le importaba en lo absoluto y el tiempo corrió, como su alfa lo hizo dentro de él, una y otra vez.
Tras un último orgasmo devastador, Draco perdió la conciencia, su cuerpo laxo fue cuidado y atendido por un alfa.
Cuando Draco volvió a abrir los ojos, seguía entre los brazos de Harry, y la luz de la mañana era realmente fuerte.
Miró al reloj sobre la mesilla, era cerca del mediodía, y aún así, sabía que podría seguir durmiendo hasta el final de la tarde.
Los fuertes brazos de su alfa, de su secretario, de Harry lo apretaron aún más fuerte contra su cuerpo.
—¿Cómo te encuentras?—su voz era completamente ronca, y Draco, siendo ya dueño de sí mismo se tensó.
¿Ahora era cuando le volvía a decir que le pagaría una buena suma por haberle atendido en su celo?
Por primera vez, Draco no dijo nada, y solo asintió. Como recompensa recibió una lamida cálida en la glándula de su cuello, se sentía irritaba, pero de nuevo, no había sido mordido. Solo rasguñado.
Sintió como su ano, limpio y curado, volvía a lubricarse. Pero ya no había rastros de su celo, no tenía nada que ver con este, tenía que ver con ellos, con esos brazos que le rodeaban, y la lengua que le lamía.
Mentiría si dijera que él nunca había deseado a alguien, pero no renunciaría a su libertad por una bonita mordida en su cuello, por un alfa a su espalda y su vientre lleno de cachorros.
Harry como siguiendo los pensamientos de Draco llevó sus manos a su vientre abultado, ese era un tema que tendría que tratar más adelante. A Draco la edad media para su apogeo de fertilidad se le había pasado, pero no estaba exento de que tras tres días de cópula continua no hubiera quedado embarazado.
El pensamiento le hizo olvidarse de cualquier otra cosa, y el alfa lo sintió como el rechazo que le provocaba al omega después de que el celo le afectara.
Draco se incorporó sobre la cama, sentía las piernas tan débiles que difícilmente iba a poder salir ese día de su habitación.
Harry ya se había levantado, y estaba buscando su propia ropa, Draco no pudo evitar mirarlo. Se iba a ir, se iba a ir y Draco debía dejarlo irse y no volverlo a ver nunca más.
Eso era lo mejor y lo que debía hacer, no quería alfas en su vida controlándole.
Eso era lo que quería, pero sus manos hicieron un pobre trabajo al intentar agarrar el vaso de agua en la mesilla y Harry corrió a sostenerlo antes de que tocara el suelo.
Fue en el momento en el que se miraron directamente a los ojos.
—No te vayas—¿Ese había sido Draco?
El celo debía seguir actuando sobre él, no podía ser otra cosa.
Harry dejó el vaso, y tomó sus manos.
—No voy a ningún lado si tú no quieres.
Ningún alfa que hubiera conocido le afectaba con unas simples palabras como lo hacía Harry, ni siquiera estaba usando su voz de mando.
Draco volvió a recostarse sobre la cama, y Harry le trajo un nuevo vaso de agua que le ayudó a beber.
Pasaron unos instantes en los que solo se observaron, y Harry se sentó a su lado.
—Creo que tu celo ha acabado.—Las aletas de su nariz tomaron una fuerte dosis del olor alrededor de Draco, sí, él también pensaba que ya había acabado, pero en el fondo era su primer celo sin control. No conocía tan bien su ciclo como otros omegas.
—Viniste.
—Uno de tus empleados vino a por mí, un beta llamado Dob.
—Dobby—corrigió Draco comprendiéndolo—, crecimos juntos, es hijo de nuestra ama de llaves.
—Draco, tu padre te provocó el celo.
Draco a pesar de estar sentado sintió cómo perdía pie. El problema era que no le sorprendía, y aquello era triste.
Su propio padre provocándole un celo para que estuviera a merced de cualquier alfa que quisiera tomarle.
—¿Conoces a un tal Tom Ryddle?
Draco abrió mucho los ojos, por supuesto que sabía quién era, y lo que pretendía su padre y él.
No supo que estaba temblando hasta que dejó de hacerlo entre los brazos de Harry.
—Le gané—dijo Harry tan cerca de su cuello que Draco se estremeció—. Estaba aquí, delante de tu puerta cuando llegué, es la primera pelea que he tenido en mi vida como alfa. Y le gané.
En otras circunstancias Draco se hubiera enfadado, insultado las tradiciones alfas ridículas y arcaicas de luchar por un omega incluso hasta la muerte. Pero solo podía estar agradecido, le echó los brazos al cuello abrazándose a él. Quizás luego pudiera decirle que eran su proximidad al celo, podría decírselo a sí mismo.
—Deberías ser tú quien eligiera si quiere tener un alfa o no.
Draco se rio, ese alfa era muy extraño, siempre lo había sido, sino se hubiera sentido bien con él desde la primera entrevista no lo hubiera contratado para tenerlo horas a su lado.
Draco acarició con su nariz la glándula en el cuello de Harry, este dejó salir parte de sus feromonas. Draco se tranquilizó en el momento.
Solo por un momento, se concedió Draco, solo un momento. Pero ambos perdieron la cuenta del tiempo que pasaron así agarrados.
Al menos, hasta que su teléfono móvil comenzó a sonar.
Era Dobby, y lo que le contaba no le gustó nada. La policía iba a llegar en breve y venían para llevarse a Harry.
—Tienes que irte—le apremió Draco, y notó las sombras en los ojos de Harry. Su nariz picó por la acidez de las feromonas.
—Mi padre ha llamado a la policía.
Ambos se pusieron de pie, Harry medio vestido, Draco completamente desnudo.
—No voy a dejarte solo—dijo Harry con una actitud que Draco solo le había visto una vez, el primer día en el que Draco tuvo su celo, y le hizo suplicar por que fuera su alfa.
No era momento para lubricarse, y para que Harry devorara su cuerpo desnudo con la mirada.
—Vas a irte, y vas a irte en este mismo instante. Yo me ocuparé de todo.
Sin celo, Draco, vestido o desnudo era dueño de sí mismo. Volvía a ser él mismo y ningún alfa le decía lo que podía hacer o no.
Esperó una batalla de egos, pero Harry solo tomó el resto de su ropa y se la puso rápidamente. Antes de abrir la puerta se acercó a Draco, y le lamió la glándula de su cuello para luego darle un beso en los labios.
—¿Me llamarás?
Draco solo le separó de sí mismo, pero antes de que se fuera le devolvió el beso y le cerró la puerta en las narices.
Todo lo que pasó después fue una completa locura, su padre iba a pagárselas con creces, y gracias a que Harry en ningún momento le había mordido Draco dejó claro que había sido completamente voluntario, y que un omega tenía libertad de decidir con quien pasar su celo.
Al menos, eso decían las leyes, a omegas como su padre, aquello le parecía una completa estupidez y había querido forzar a su hijo a enlazarse en su momento de mayor debilidad.
Cuando se quedaron a solas, su padre destilaba veneno por cada poro.
—Si tan desesperado estás porque nos unamos a ese alfa, ábrete de piernas para él—dijo ácidamente Draco—. Ah,¿qué ya lo has hecho pero y ya no eres fértil y no le vales?
Ni siquiera le dio opción de contestar, tras la separación de sus padres, Draco había postergado algo que debía haber hecho hacía años.
Aquel no sería más su hogar, y el resto del día lo pasó buscando todo lo que el dinero podía comprar con facilidad.
Había sido un día agotador, de hecho habían sido tres días agotadores, y ni siquiera pensó en que no se había puesto en contacto con Harry.
