Harry había estado mirando su teléfono móvil desde que salió de la mansión, despegarse de su omega le producía casi un dolor físico. Pero no tenía ningún tipo de noticia. Podrían encarcelarle por abusar de un omega, nunca le ocurría a los poderosos, pero Harry era todo menos alguien importante.

Lo mejor era mantenerse alejado de Draco, lejos de los Malfoy, tenía que dejarlo ir.

A la mañana siguiente, con una nueva carta de renuncia fue hasta sus antiguas oficinas, se iría, pero haría las cosas bien.

Subió hasta la planta superior. Y puso sobre la mesa de la directora de recursos humanos su carta de renuncia. Y con una sonrisa se despidió ante la atónita mirada de sus compañeros.

Miró su reloj aunque era demasiado pronto podría encontrarse con Ron para desayunar, debía estar a punto de salir de su turno en la policía.

Harry no tenía familia, pero tenía dos amigos que lo eran todo para él, y sabía que podría contar con ellos aunque no pudiera contar realmente lo que había pasado. Por Draco, y por él.

El ascensor llegó y Harry entró mirando hacia abajo, por eso cuando alguien más entró no vio quién fue. No lo vio, pero sí lo olió.

Delante de él, Draco Malfoy, su ex jefe, su omega, aunque solo lo hubiera sido por tres días.

Estaba tan serio como cuando le hizo su primera entrevista, perfectamente vestido con uno de sus carísimos trajes y siendo el hombre más hermoso que había visto en toda su miserable vida.

Pero no fueron los gestos de su rostro, sino los de sus manos los que llamaron su atención.

Entre ellas hecha mil pedazos estaba su carta de renuncia, y esta llegó al suelo antes de descender ni siquiera dos plantas.

—No acepto tu renuncia.

—Pero...

Draco no le dio tiempo, todas sus feromonas atacaron a Harry, y este cayó sobre el omega.

—No puedes irte, eres el mejor secretario que he tenido nunca—dijo Draco contra su cuello, mientras Harry le olía desesperado.

—¿Solo por eso?—se resignó Harry.

—Eres el único alfa al que quiero sobre mí.

—¿En tus celos?—La voz de Harry estaba tan cargada que casi podía rozar su lado alfa, pero lo controló.

Draco se acercó más, mucho más, dejando de nuevo salir sus feromonas omega como nunca se había permitido anteriormente.

—¿Te parece bien ahora?—sugirió Draco excitado.

Harry bloqueó el ascensor, y le quitó cada carísima prenda que vestía su jefe, su omega.

Blanca piel, piel que él había lamido, que había amasado entre sus manos, pezones rosados pero menos hinchados que durante su celo. Harry los besó y tiró suavemente de uno de ellos ganándose un gemido de Draco.

Harry no se apiadó, y succionó el otro mientras descendía con sus manos por su vientre completamente liso de nuevo.

Se arrodilló ante su perfecto omega, tomó en su boca el pequeño pene endurecido, lubricado por la excitación, y con las manos se agarró de sus nalgas, sus dedos resbalaron hasta perderse en los pliegues humedecidos. Draco gemía sin pudor, y Harry sonrió complacido.

—Fóllame, Harry.—Draco le separó de su erección para que le mirara hacia arriba, no era una sugerencia era un orden y Harry se levantó completamente duro.

—No es así como tienes que llamarme, omega.

Draco alzó su rostro, no había ningún celo, no había ninguna obligación. Draco era tan libre como Harry de hacer lo que quisiera, de pedir lo que quisiera.

Llevó una mano hacia su entrepierna apretada dentro de los pantalones, quería su nudo, quería gemir su nombre. Quería estar con ese alfa, con él y con nadie más.

—Fóllame, alfa—gimió altivo.

Harry le besó, ese era su omega, ese y ningún otro.

FIN


Pues hasta aquí llegamos, tenía ganas de traer algo para el cumpleaños de Harry, y seguir con esta historia me pareció buena idea.

¿Qué os ha parecido? ¿Le gustará a Harry su regalo?

Espero que a vosotras al menos sí.

Gracias por leer.

Nos leemos en otras historias.

Besitos.

Shimi.