Reyne tocaba el piano con habilidad y buen ritmo, tocar era una de las pocas cosas que podían calmar su corazón que fue reducido a polvo hace ya una eternidad y era lo más cerca que estaba de estar en paz.

—Akra—

Reyne se volvió hacía Xundra su leal demonio Caronte, el hombre acababa de entrar en la habitación y portaba una bandeja de plata que contenía una copa de vino y comida.

El demonio con paso calmado se acercó a ella y dejo la bandeja en una mesita al lado del piano.

—¿Algo más señorita?—

—No eso es todo puedes retírate y come tú también, estarás hambriento—

—Si akra si me disculpa iré a comerme algún animal con salsa barbacoa—luego el demonio se retiró.

Reyne sacudió la cabeza Xundra era educado, regio y con el porte de un caballero, pero tenía la fijación de comer grandes cantidades de cualquier cosa con salsa barbacoa, ese era un rasgo que compartía con su familia al fin y al cabo.

Reyne se tomó su comida, cuando acabó se levantó y fue al espejo a mirarse.

Tantos años viendo esta cara y odiándola, era uno de los motivos por los que se ponía una máscara no podía mirar su propio reflejo. Entrecerrando los ojos de rabia hacia su imagen se colocó una máscara con patrones de cuadrados verdes dibujados en la parte derecha.

Luego salió fuera de la mansión y se dirigió hacía una cueva, invocó una antorcha y se adentró en ella. Donde se encontraba un prisionero.

—Hola perdona la tardanza pero aquí estoy de nuevo ¿no es estupendo?—

La persona a la que se dirigía Reyne no dijo nada ya fuera por el miedo o estar demasiado débil debido a las heridas.

Reyne se acercó a la figura y le iluminó la cara, estaba amoratada e hinchada.

—Bueno Apolo confieso que has tenido días mejores me tendrás que perdonar soy una anfitriona terrible—

El dios Apolo se encontraba fijado a la pared por unas anillas de metal, tenía tantas heridas que parecía un puzzle y estaba irreconocible no se parecía nada al dios del sol. Lo único distinguible era su pelo rubio que estaba sucio de la mugre y sangre.

Si con Artemisa Reyne había sido brutal no era nada comparado con lo que le hizo a este estúpido dios de la lira.

Odiaba a Artemisa pero a aún más a este idiota.

Le colocó la mano con suavidad en su rostro, los ojos de Apolo se ampliaron con miedo, Reyne tuvo que aguantar las ganas de reír, no fue muy difícil capturarlo, sólo tuvo que aparecer ante Apolo, el dios estaba tan furioso por el ataque de Artemisa que descuidadamente se metió en la boca del lobo.

Era lo que le gustaba de los olímpicos la mayoría eran unos bastardos crueles y arrogantes y a pesar de las advertencias de los demás el imbécil no les hizo caso y se enfrentó a ella.

Seguramente lo lamentaba ahora.

—Pero aún no he acabado contigo—vio como la miraba alarmado y haría bien en estar asustado, sobre todo con lo que tenía planeado para el.

—A mi me consideran una mujer sádica y malvada pero yo me quedo corta comparado contigo Apolo. Al menos yo no maldije a mi propia raza y a mis hijos y tú aparte de eso has cometido más atrocidades que yo y mucho peores—

Colocó sus manos a ambos lados de la cabeza de Apolo, al principio no ocurrió nada pero Apolo soltó un grito horrible como si estuviera sufriendo mil millones de torturas a la vez.

Reyne le soltó la cabeza y se fue no sin antes mirar de forma desagradable a Apolo gritando y sufriendo una agonía inimaginable.

Si, en cierto sentido recuperar sus poderes tenía sus ventajas, la falta de ellos le permitieron permanecer en el anonimato pero con ellos podía castigar apropiadamente a tipos de la calaña de Apolo.

Reyne dejo al olímpico con su tormento y volvió a la mansión, caminó por los pasillos solitarios. El único ruido provenía de sus pasos mientras llegaba al jardín.

Cuando llegó miró a su alrededor, había reparado el lugar de la reciente pelea y estaba exactamente igual, en contraste con el tiempo lamentable que había fuera aquí en el invernadero se podía ver el cielo azul y el sol brillando dando al lugar un toque cálido y agradable.

Reyne había usado sus poderes para que esa habitación en concreto recibiera el buen tiempo y clima que no era de Alaska sino las plantas y árboles morirían, por suerte no requería de mucha energía o poder y Xundra había ayudado.

Hizo todo esto para que fuera lo más agradable posible para él.

La mujer se quitó la máscara dejándola a un lado y se aproximó hacia la estatua hasta que estuvo frente a él, cambió las flores marchitas sustituyéndolas por nuevas. Una vez que terminó puso su mano sobre la de la estatua y miró ese rostro, eternamente inmóvil, con afecto genuino una emoción que no se solía ver en ella.

Quería gritar llorar pero eso de nada serviría y hacía demasiados años que dejó de llorar cuando se juró a sí misma que dejaría de ser débil.

No pudo protegerlo y esa maldita de Artemisa lo condenó a algo peor que la muerte y ella impotente solo pudo mirar con horror como poco a poco se convertía en estatua, no estaba muerto pues su vida estaba ligada a la de Acheron pero tampoco era consciente del todo pero lo suficiente como para que uno sufriera en ese estado.

Esa odiosa pelirroja si pensaba que lo que le hizo era una tortura todavía no se imaginaba lo que tenía preparado para ella algo que haría que esa idiota deseara la muerte.

Reyne le leyó un rato sentada en la hierba, era uno de sus favoritos Shakespeare o Edgar Allan Poe, también le leía poemas era uno de sus pasatiempos y con eso lo ayudaba a sobrellevar el terrible estado en el que estaba.

Cuando terminó de leer en voz alta habían pasado unas horas se despidió de él no sin antes dejarle música para que lo acompañara en su ausencia. Después se fue a cumplir un asunto.

Fundiéndose en la oscuridad de la noche Reyne fue al Olimpo de nuevo, había ido allí tantas veces a escondidas que había perdido la cuenta. Ningún dios jamás la había percibido ni siquiera Zeus o Atenea.

El familiar y desagradable opresión surgió en su pecho ese odio familiar cuando vio el templo, Artie era arrogante y cruel que no le importaba pisotear a los demás y si había creado a los cazadores oscuros no fue porque le importara la humanidad en lo más mínimo sino para mantener a Acheron bajo control.

Cosa que al final fue un fracaso para ella.

Miró a su alrededor, por lo que veía todavía no habían notado la ausencia de Apolo lo que le daba tiempo a hacer lo que venía a hacer sin que muchos interfirieran.

Se acercó al templo pero notó como una fuerza la echaba para atrás, miró el templo con curiosidad alzó una mano y pasó lo mismo. Por lo que previó Artemisa había reforzado las protecciones alrededor de su templo y seguramente alrededor de ella no tardaría en venir al notar una perturbación en la barrera.

Sonrió, lo que no sabían es que se le daban muy bien resolver esta clase de enigmas para ella eran un reto como resolver un rompecabezas. La mayoría de medidas de protección tenían un punto débil o un truco para superarlos, no siempre se resuelve con la fuerza.

—Xundra sal—

El demonio Caronte salio y la miró esperando instrucciones—Espera aquí mientras voy a buscar a nuestra invitada tú vigila mientras lo más seguro es que haya más vigilancia sabes lo que hay que hacer—

—Sí akra—

—¿Porque no sales?—Katra estaba visitando a su madre no había salido mucho decía que estaba ocupada pero Katra sabía la verdad, estaba asustada de que Reyne volviera a por ella.

Artemisa estaba en su trono escuchando a una de sus kori tocando la lira, se volvió hacia ella y ordenó a las koris que se retiraran. Una vez que se fueron la diosa miró sus manos.

—Mejor no hija con lo que está pasando últimamente...—

Katra suspiró entendía las preocupaciones de su madre pero no podía seguir así.

—Madre dudo mucho que ella se atreva a volver este templo tiene más seguridad que antes—

Las dos continuaron platicando en ese momento apareció una kori que les trajo unas bebidas se fue y amabas bebieron.

—Madre no quiero reprochártelo pero lo que le hiciste a Styxx fue cruel condenarlo a esa existencia fue demasiado—todavía no podía creer lo que su madre le hizo a esa persona.

Artemisa frunció el ceño—Puede...pero tú no conocías a ese hombre Katra era cruel, y maltrató a tu padre y hasta lo torturó, jamás se preocupó por él. Ninguno en esa familia lo hizo—

—Excepto Rysa—le recordó.

—Si...supongo—la hermana de Acheron había sido una mujer tonta que más que ayudar lo metía en líos, pero lo amó y lo intentó ayudar como pudo. Aunque no le perdonó que debido a ella torturaran a Acheron y creyera que había rebelado su secreto.

Las dos bebían y hablaban Mia hacía un rato que se fue con su padre Sin y Katra se quedó un rato más cuando se volvieron había una recién llegada.

—Mi señora vengo con un encargo urgente—

La kori las condujo hacia la entrada del templo donde se encontraba Reyne quien le hizo una reverencia.

—Saludos mi señora vengo con algo muy importante—

Artemisa frunció el ceño hacía la mercenaria.

—Habla—

Mientras charlaban Katra miraba a la recién llegada ¿con que esta era la mujer que su madre de vez en cuando intentaba matar?

A medida que las tres mujeres conversaban Astrid miraba a lo lejos incrédula ¿como estaban tan tranquilas hablando con ella? ¿acaso no recordaban quién era? Fue a avisar a los demás pero una mano enorme le tapó la boca al mismo tiempo que la obligaban a beber un líquido.

Astrid miró quién la retenía y vio a Xundra.

—Lo lamento señora pero no puedo permitir que les avises tendrás que olvidar todo esto por un tiempo—

Desapareció y Astrid miraba a su alrededor confundida ¿qué había pasado?

—Señora si me acompaña se lo mostraré—

—Bien—dijo Artemisa

Lo que nadie allí había descubierto todavía es que habían caído en una trampa.