Shaoran

Tomoyo le había dado a Sakura la mirada matadora el resto de la velada. Parecía que su odio a los ratones era más extremo de lo que me imaginaba. Sakura aun no delataba como su cómplice, pero quizá era cuestión de tiempo. Me estaría cuidando.

Cuando todos se fueron, Sakura quería hacer un par de cosas en su casa antes de venir a la mía. Hiro y Akane querían quedarse con ella así que creí que me quedaría solo un rato. No me esperaba que Leo quisiera venir conmigo. Claro, Sakura dijo que estaba bien y a mí no me molestaba en lo absoluto, por lo que ambos fuimos rumbo a mi casa.

—Tu mama dijo que hablaron más temprano... sobre tu padre biológico.

Me hubiera gustado que Sakura que me dijera lo que él le había dicho. Me sentía muy nervioso. Leo solo arrugo la nariz.

—Él no es mi papa. No me quiso, —su voz se escuchaba triste, pero se encogió de hombros como si no fuera de importancia.

Decidí estacionar el auto.

—Oye, —dije suavemente logrando que me volteara a ver. —Él no te conoce. Si lo hubiera hecho, no podría haberse mantenido alejado de ti. A como yo lo veo, el ganador aquí soy yo.

—¿Tú quieres ser mi papa? —me pregunto como si no pudiera creerlo.

—Si puedo convencer a tu mama, —respondí. —¿Estaría bien contigo?

Sus ojos se iluminaron.

—¡Si! —Comenzó a hablar muy rápido por la emoción. —¿Podemos ir a pescar? Mama trato de llevarme, pero atrapo una anguila y salto del bote al agua. El abuelo dijo que espanto a todos los peces. Fue chistoso.

Yo reí.

—Me encantaría llevarte a pescar, pero ahora tenemos que ir a casa antes de que llegue tu mama. Pensara que te secuestre.

—¿Puedo conducir? —pregunto.

—Pregúntame otra vez cuando puedas alcanzar los pedales, —negocie.

Él sonrió.

—Tenía que intentarlo. Mama hubiera dicho que no también.

Si tenía la suerte de convertirme en su padre, tendría que andarme con cuidado. Él era demasiado listo para su propio bien, pero me mataba de la risa.

Llegamos mucho antes que Sakura y Leo tuvo la idea de hornear algo para cuando llegaran. Por suerte, tenia de esas galletas que ya estaban listas para hornear en la nevera. El resultado nos haría ver como chefs profesionales. Mientras Sakura no encontrara la envoltura, ella no sabría la diferencia.

—Cariño, ya llegamos, —anuncio Hito.

Sakura cargaba a Akane quien inhalo profundo.

—Huele a galletas.

Sonreí y le di un beso a mis chicas.

—Leo y yo no hemos estado esclavizando en la cocina toda la noche preparándolas para ustedes.

—¿En serio? —dijo Sakura. —Yo uso las que ya están listas para meterse al horno.

Pues mierda. Suspire.

—Nosotros también, —ella resoplo.

—Esclavizando, ¿Eh? ¿Qué? ¿No podías abrir el paquete?

—Yo hice eso, —dijo Leo orgulloso.

Nos sentamos alrededor de la mesa comiendo galletas y bebiendo leche. Los niños nos contaron todo sobre su estadía con los abuelos. Éramos una familia jodidamente bella. Terminamos ayudando a los niños a prepararse para dormir, en cuanto terminamos lance a Sakura sobre mi hombro como cavernícola y fui a mi habitación.

Por supuesto que ella estuvo batallosa todo el camino.

—Si no tuviera miedo de que me furas a tirar, te mordería el trasero.

La lance sobre mi cama.

—No me habría molestado en lo absoluto, —me tire sobre ella.

El escuchar la lluvia golpeando mi ventana normalmente me ayudaba a dormir más fácilmente, pero tener a Sakura a un lado de mi debió cancelar el efecto. No podía dejar de tocarle. La había convencido de dormir en mi playera de nuevo. Ver mi nombre en su espalda me había cosas raras.

—Li, te amo, pero, ¿Por qué demonios me estas manoseando? —pregunto volteando a verme.

—Lo siento, —dije, quitando el cabello de su rostro. —Pensé que estabas dormida.

—Lo estaba, —sonrió. —Pero pensé que, si ibas a tener suerte esta noche, me gustaría estar despierta para eso. —Me acerque y la calle de la mejor manera.

Hubo un leve toque en la puerta que hiso que nos separáramos. Sakura se sentó en lo que yo a abrir la puerta y gracias a Dios que me había dicho que cambiara las sábanas antes de ir a dormir. Me encontré con tres personitas en el pasillo. Leo nos miró apenado.

—Akane tenía miedo de los truenos.

Hiro trato de asentir. Akane estaba dormitando en su espalda. Había estado tan entretenido en Sakura que no había notado la tormenta que se había desatado. Hubiera esperado esto de otra manera; Hiro y Akane solo venían a mi habitación cuando había una tormenta fuerte.

—Bueno, como Akane esta asustada... —me hice un lado para dejarlos entrar, tomando a Akane para que Hiro se moviera con facilidad.

Los niños se pusieron a ambos lados de Sakura. Ella los abrazo.

—No lo puedo creer, despertando a la pobre Akane, —dijo sonriendo traviesamente. Leo frunció el ceño.

—¿Cómo supiste?

—Soy una mama, —sonrió besando la frente de ambos. —No deberían avergonzarse de tener un poco de miedo. Todos le temen a algo. Miren a Shaoran, a él le da miedo el abuelo.

Resoplé juguetonamente y acosté a Akane a un lado de Leo antes de unirme a todos en la cama.

—No le tengo miedo a él. Le tengo miedo a su pistola.

Los niños rieron y Akane se volteo, lanzando su bracito sobre mí. Sakura sonrió.

—De acuerdo, ustedes dos a dormir. Espero que no les guste patear. —Cuando se acurrucaron y cayeron dormidos, me volteo a ver. —Creo que encontramos otro beneficio a tener una cama tan grande.

—Te prometo que no hacen esto muy seguido, —no quería que estuviera preocupada de tenerlos en la cama con nosotros todo el tiempo. Bueno, asumiendo que pudiera tenerla en mi cada todas las noches.

—No me molesta de vez en cuando. Pronto pensaran que son muy viejos para eso y lo extrañaremos, —dijo pasando sus dedos por el cabello de los chicos.

Me acerqué y le di un beso.

—Duérmete culo lindo.

—Descansa asno.

En la mañana desperté a todos. Era obvio que Hiro y yo éramos los únicos mañaneros. Akane encajaba perfecto con los Kinomoto. Llevaríamos a Hiro y Leo a la escuela primero y de ahí llevaríamos a Akane al preescolar. Ninguno se veía emocionado. Ayude a los niños a escoger su ropa mientras Sakura se encargaba de Akane.

—Tendrán que comportarse, —les advirtió Sakura. —Si no, me harán ver mal.

—Yo se que serán unos ángeles, —dije confiado. —Nadie quiere ir con la directora Li.

Meiling amaba a los niños, pero sabia como controlarlos. Me imaginaba que después de estar casada con Ichiro por tantos años, tenía más que suficiente experiencia. Leo estaba algo nervioso ya que era su primer día en una nueva escuela. Me arrodille frente a él en lo que Sakura se encargaba del papeleo.

—Varios de tus compañeros en el equipo vienen a esta escuela y tienes a Hiro para ayudarte si necesitas. Estoy seguro de que serás el niño más popular en poco tiempo.

—Gracias Shaoran, —contesto.

—¿Listo para entrar? —pregunto Sakura acercándose. —Conocí a tu maestro, el señor Saotome. Es muy amable.

El asintió.

—Puedes darme un beso si quieres.

Eso le alegro todo el día.

—Te amo. Ten un buen día, —se volteo con Hiro. —También te amo. Nos vemos en la tarde.

Nuestra siguiente parada fue el preescolar. Tomo ambas de nuestras manos mientras entrabamos. No quería que nos fuéramos al principio, pero la señorita Mitzuki la convenció de que se divertirían juntas. No se veía muy convencida, pero cuando la maestra le conto de las galletas a la hora del almuerzo, cayo rendida.

—Tienes todo el día para ti sola, —le dije a Sakura mientras la llevaba a casa. —¿Podrás con la soledad?

—Creo que sí. Voy a trabajar en mi novela. Vigila Tomoyo por mí. Si sale de la oficina, llámame.

Era cuidadosa y no podía culparla. Su hermana estaba más loca que ella. Podíamos esperar cualquier cosa. La bese antes de irme a trabajar. Desde que admitimos nuestros sentimientos, lo único que había cambiado era la parte física de nuestra relación. Ella seguía siendo sarcástica, yo un asno. Funcionaba muy bien, ¿Por qué cambiarlo?

Tommy estaba sentada en su escritorio cuando llegue.

—¡Buenos días, jefe! —sonrió. —¿Estuvo divertido el sexo con mi hermana?

Dos podían jugar a este juego.

—¿Estuvo divertido el sexo con Eriol?

—Touche. —Se veía impresionada y sorprendida. —¿Cómo carajos supiste eso?

Mierda.

—¿Suerte? —me fulmino con la mirada. Yo trate de no verme culpable. —Debería ir a trabajar.

Jadeo de repente.

—¡Tu también estabas ahí! Por eso estaba cerrada la puerta de mi closet, ¿no es así?

—No me pases llamadas, —dije sobre mi hombro. No me atrevía a volver. Había terminado en la lista de Tomoyo.

Me encerré en mi oficina y comencé a trabajar. Como mis hermanos y yo éramos dueños del lugar, no hacíamos mucho de construcción. Lo hacíamos de vez en cuando porque, bueno, nos gustaba.

De vez en cuando checaba para asegurarme de que Tomoyo siguiera ahí. Si lograba escabullirse mientras me escondía en mi oficina, jamás me dejaria olvidarlo. El hecho de que era tan dura conmigo era una de las muchas razones por las que la amaba.

Mi teléfono sonó, sacandome de mis pensamientos. Revise para ver quien me llamaba y sonreí automáticamente.

—Hola, culo lindo.

Hay alguien en mi casa.

—¿Qué? —ya me había levantado y agarrado mis llaves.

No sé quién carajos sea. No reconozco la voz, pero me conoce.

Corrí a mi auto.

—Voy en camino. ¿En dónde estás?

Sentada en mi camioneta. Lo golpeare si sale.

Sakura mantuvo la llamada hasta que llegue. Cuando me estacione, corrí hacia ella y la abrace.

—¿Segura que hay alguien ahí?

—No hay voces en mi cabeza, si es lo que estas preguntando, —respondió. —Dijo mi nombre y comenzó a burlarse. Es como una película de terror.

Mi primera idea fue Yue y Nakuru pero ahora teníamos ordenes de restricción contra ellos. No podía ser Yukito porque Fujitaka lo había corrido de la ciudad. Al parecer, no era el único con miedo a ser disparado. Aunque no estaba cien por ciento seguro de que había logrado salir de la ciudad sin una bala. No te metes con la hija de alguien, mucho menos el jefe de policía.

—¿Qué quieres hacer? Deberíamos llamar a Eriol.

Sakura negó con la cabeza.

—Creo que podemos con eso. Solo me asuste un poco estando sola, —admitió. —Tengo un bate de beisbol en mi carro ahora. Lo puedo usar, ¿tienes algo tu?

—Una palanca de metal, —conteste sacándola de la cajuela. —¿Estas segura? ¿Qué pasa si tiene un arma?

—Correr, —respondió Sakura. —Pero creo que, si tuviera un arma, ya me habría disparado.

La idea me paralizo. Mataría a cualquiera que tratara de lastimar a mi Sakura. Ahora tenía una urgente necesidad de atrapar al intruso.

—Hagamos esto.

Cuando abrimos la puerta, lo escuche.

—Sakura, sal, sal de donde quiera que estes.

—Creo que está en mi cuarto, —susurro.

Caminamos por el pasillo lo más callado posible. Me asegure que ella se mantuviera detrás de mí; el pervertido seguía llamándola. Cuando llegamos a su cuarto, pateé la puerta abierta y di un paso atrás. Las burlas se habían detenido. Aprete el agarre en mi palanca de metal y camine cautelosamente adentro de la habitación con Sakura siguiéndome.

—¡Ataca!

Sakura grito y yo comencé a mover la palanca por todos lados. Un maldito perico voló hacia nosotros y nos pasó de largo, yendo hacia el pasillo.

—¿Qué carajos? —grite. —No podía creer que una jodida ave me había asustado tanto.

Sakura estaba en el piso muerta de la risa.

—Lo siento. Nos convertimos en James Bond por un perico.

—¡Vamos! —grite. —El bastardo sigue en la casa.

Se paro, tratando de componerse.

—Tienes razón. Hay que defender nuestros dominios.

Asentí.

—¡Sakura! ¡Sakura! Sal, sal de donde quiera que estes.

La maldita cosa se seguía burlando de nosotros. No dejaría que se saliera con la suya.

Seguimos moviéndonos por la casa; esta vez con las miradas hacia arriba. Sakura cambio nuestro bate y palanca de metal por cobertores de almohadas. Yo quería matarlo. Ella atraparlo. Quizá estaba exagerando.

—¡Cuidado! —grito Sakura.

—¡Ataca! —la maldita ave se lanzó sobre mí de nuevo. Me lance sobre ella con mi saco improvisado, pero falle, chocando contra el sofá. Sakura trato de atraparlo, pero se tropezó con la mesa de centro.

—¡Sakura!

Esto continuo varios minutos. No podíamos atrapar al maldito pájaro.

—¿Cómo entro aquí?

La puerta se abrió y Clow apareció. Silbó y extendió su mano la cual estaba cubierta por un guante. El perico voló y se posó tranquilamente en su brazo.

—Buen trabajo, Venny. —Le sonrió a Sakura. —Es corto por venganza.

Entonces hizo una risa malvada.

—¡Gorda! —dijo Venny.

—Oh, hijo de puta, —gruño Sakura.

—Hora de irnos, Venny.

Clow salió, llevándose al ave malvado con él.

Sakura gateo hasta donde yo estaba tirado en el piso.

—Esa estuvo buena, —admitió.

—¿Te suceden cosas así seguido? —pregunte.

—Mantiene la vida interesante, —respondió. —Lamento haberte sacado del trabajo por eso.

Acaricie su rostro.

—Nunca estoy demasiado ocupado para salvar a mi damisela en peligro.

Resoplo con sorna.

—No podías contra una jodida ave. Odiaría verte enfrentar a un dragón.

—Tu no ayudaste mucho, tropezándote con mesas.

—Soy la damisela en peligro, ¿recuerdas? No se supone que ayude, —discutió conmigo. Ambos estábamos mintiendo. Se acostó a un lado de mí. —Tenemos que esperar un poco antes de vengarnos. Hay que dejar que se confié.

Imaginaba que estaríamos en silla de ruedas y aun metidos en esta batalla. Tome su mano en la mía, entrelazando nuestros dedos mientras seguíamos en nuestras espaldas, mirando al techo.

—Tan loco y aterrador como esto eso, me divertí.

—Oh, gracias a Dios. Estaba segura que me dejarías después de esto, —dijo Sakura.

—No lo creo, —conteste, ¿estaba loca? —No iré a ningún lado, —gruñí cuando me senté. —Excepto al trabajo. Tomoyo sabe que estábamos en su armario, así que ambos tenemos que cuidarnos las espaldas.

—Genial. Que me hagan bromas es más divertido con una pareja, —sonrió.

Me levante y le ayude a hacer lo mismo.

—Te amo, culo lindo.

Frunció el ceño ante el apodo.

—También te amo, asno.

Después del trabajo, pare por el hospital para tener una charla con mi padre. El me recibió en su oficina.

—¿Qué puedo hacer por ti, hijo?

—Quiero casarme con Sakura, —escupí.

—Sabía que eras un chico listo, —contesto.

—¿No piensas que es muy pronto? No quiero arruinar esto.

Había mucho en juego. Esto no se trataba solo de mí. Si la perdía, perdería a Leo y Akane y Hiro perderían a otra madre. Mi padre se recargo en su escritorio y me miro a los ojos fijamente.

—Hijo, el tiempo no importa. Es diferente con cada pareja. Si amas a Sakura, y quieres pasar el resto de tu vida con ella, ¿Por qué esperar?

—Estoy nervioso, —admití. —Quiero hacer las cosas bien esta vez.

—Lo harás, —prometió.

—¿Por qué tienes tanta fe en mí? —pregunte.

—Ella significa mucho para ti, —respondió. —Ellos significan mucho para ti. No tengo duda que harás todo lo que puedas para hacerlos feliz, y sé que ella hará lo mismo por ti.

Asentí. Yo sabía todo esto, pero tener a mi papa confirmarlo me ayudo a sentirme más seguro. Sabía lo que tenía que hacer, y no me emocionaba para nada.

Iría a visitar a Fujitaka.

¡Aqui esta! Gracias por seguir leyendo. Un recordatorio que esta es una traduccion, no una historia propia. No soy dueña de ninguno de estos personajes. Si dejan un review, recibiran un adelanto del proximo capitulo. ¡Hasta la proxima!