Sakura

Los niños estaban en la escuela, y los demás en el trabajo. Estaba en mi casa escribiendo. Tenía seis ideas diferentes, pero ninguna parecía tomar raíz. Estaba en medio de un descanso cuando escuche mi timbre. Me entro la sospecha inmediatamente. Era o un vecino chismoso, o alguien tratando de jugarme una broma. No tenía ganas de lidiar con ninguno de los dos pero abrí la puerta de todos modos.

—¿Eriol? ¿Qué haces aquí?

Fuera lo que fuera, no se veía muy contento al respecto.

—Lo siento Sakura, —saco las esposas. —Estas arrestada.

Rei.

—Muy gracioso, Eriol.

¿Esta era la broma de Tomoyo? ¿Hacer que me arrestaran? Ya tenía experiencia en esto.

—Sakura, por favor no hagas esto más difícil de lo que ya es, —respondió de forma solemne. Era muy buen actor.

—De acuerdo, te seguiré el rollo, —conteste. —¿Qué hice mal oficial?

Me dio la vuelta, esposando mis muñecas tras mi espalda.

—Estas detenida por caso de atentado. Tengo que leerte tus derechos ahora, ¿de acuerdo? —se escuchaba muy serio.

—¿Atentado contra quién? —pregunte.

—Una mujer asegura que la atacaste en las pruebas de futbol de su hijo, —contesto, llevándome a su carro.

Naomi el Terror. Mierda.

—Pero eso fue hace mucho, —argumente. —¿Por qué levanto cargos ahora?

¿De verdad te podían arrestar por taclear a una perra? Tenía que llamar a mi padre. Eriol procedió a leerme mis derechos mientras me metía al carro. ¡Mierda! Me estaba arrestando. No dijo mucho mientras íbamos a la estación de policía. Pase por todo el proceso de fotos y que tomaran mis huellas dactilares. Incluso tuve que ponerme el horrendo traje anaranjado. No estaba segura de que eso fuera en verdad necesario.

—Ahora tengo que ponerte en la celda de detención, —dijo con tristeza. Se notaba que odiaba hacer esto. Maldita Naomi. Me introdujo gentilmente a la celda y cerró la puerta.

—Hola mariquita, — Tomoyo estaba sentada contra la pared, usando un traje igual al mío. —¿Por qué carajos estas aquí?

—Atentado, —conteste. —¿Y tú?

—Robo, —contesto. —Al parecer, solo porque Eriol me dejo ir después de robar su auto, no quiere decir que su superior fuera tan misericordioso.

Esto no tenía sentido. Me senté a un lado de ella.

—¿No te parece algo sospechoso?

—¡No pueden hacerme esto! Terminare como la perra de alguien, —nos sorprendimos de ver a Meiling entrar a la celda. Ella se veía igual de sorprendida. —¿Qué hacen aquí?

—Robo, —dijo Tomoyo.

—Atentado, —agregue.

—Voyerismo de video, —confeso. —¿De verdad es mi culpa que a tus vecinos les guste hacerlo al aire libre?

Otra voz nos llamó la atención.

—¡Mas les vale que reciba copias! Me veo increíble en estas fotos. ¿Y qué carajos es una ofensa rudimentaria?

—¿Chiharu?

Ella se volteo.

—¿Qué mierda...?

Antes de contestar, Ieran se nos unió, usando el mismo traje naranja.

—Esto es absurdo.

—Tenemos robo, ataque, voyerismo, y fraude, —dijo Tomoyo. —¿Qué te trae aquí Mama Li?

—Fui arrestada por prostitución, —dijo sin poder creerlo.

Hubo un silencio prolongado.

—Demonios, Ieran, —dijo Chiharu. —No lo creí de ti.

Ieran le golpeo el brazo.

—¿Por qué estamos en la cárcel?

—No hay manera de que nos hayan arrestado a todas por cargos tan ridículos en el mismo día, al mismo tiempo. Ni si quiera mi vida esta tan jodida, —les dije.

—Sus juguetitos deben estar vengándose por lo del lago, —clarifico Tomoyo.

—Eso bastardos, —dijo Ieran. Nos quedamos anonadadas. No era normal escuchar a Ieran Li maldecir a su esposo e hijos, o cualquier otra persona. —¿Hicieron que nos arrestaran? ¿Cómo lo lograron?

Apunte a mi hermana con el pulgar.

—El juguetito de Tomoyo. Al menos fue el quien me trajo, y pensar que fui tan buena vecina con él, —dije negando con la cabeza.

—¿Cómo saldremos que aquí? No pienso llamar a Yamazaki, —dijo Chiharu,

—Le quite las llaves al guardia que me trajo mientras estaba ocupado viéndome los senos, —dijo Meiling. —Aun en este traje, soy una perra ardiente, —remarco orgullosa.

—Nos arrestarían de nuevo, —dijo Tomoyo, sin duda hablando por experiencia. —No se preocupen. Le mande un mensaje a mi abogada. Ella se encargará de todo, —nos mostró su teléfono. —Una búsqueda bien hecha hubiera prevenido esto. Pediré unas pizzas. Puedes usar las llaves para recibir al repartidor.

Como carajos nuestro tiempo en la cárcel se había convertido en un confesionario no tenía sentido para mí, pero las cinco nos sentamos en un círculo comiendo pizzas compartiendo secretos y escándalos del pasado.

—Una vez le rompí la nariz a un jugador de futbol americano con la bandeja del almuerzo porque no dejaba de llamarme chaparra malvada, —dijo Chiharu. —Le hubiera metido el batón de porrista por el culo pero imagine que me correrían del grupo de porristas por eso.

—Desconecte las baterías de los autos de todos los maestros durante la semana de exámenes finales, —añadió Meiling antes de voltear a verme.

Al parecer era mi turno.

—Moví el cableado del sistema de sonido en el estadio para el juego de futbol americano para poder ser comentarista. Logre salirme con la mía por el primer cuarto antes de abandonar mi micrófono bajo las gradas.

Volteamos con Ieran.

—¿Qué? —pregunto inocentemente. —Era presidente del cuerpo estudiantil. No me metía en problemas. —Continuamos mirándola hasta que ya no pudo con la presión. —Convertí el salón de maestros en un club nudista como broma. El resto del consejo estudiantil me ayudo. Creo que fue lo que me inclino a tomar diseño de interiores.

—Genial, —dijo Tomoyo. —Yo diría lo mío, pero estaríamos aquí por horas.

Antes de poder quejarnos de la injusticia, el guardia abrió la celda.

—Ya pueden irse, —dijo nervioso. El pobre ni siquiera se inmuto al ver las pizzas.

Me di cuenta de que cuando vi a la mujer alta con cabello negro detrás de el.

—Tom, ¿Qué carajos es esto?

El pobre hombre se encogió al oír su voz.

—Esta vez no fue mi culpa, —dijo Tommy. —Fuimos víctimas de una broma.

—¿Me sacaste del trabajo por una jodida broma? Debería patearte el trasero, —espato la mujer.

Mierda. Me puse enfrente de Tomoyo.

—Por favor, no. Como su hermana, tendría que defenderla y, siendo honesta, me das algo de miedo.

—No te preocupes, Sak, —intervino Tomoyo. —Ella no me lastimaría, ¿Cierto Su Yung?

Viendo su mirada, no estaba tan segura. La dulce Ieran se acercó.

—Hola cariño. Soy Ieran Li. Muchas gracias por venir y disculpa la molestia. Por favor, dime cuanto te debemos.

—Su Yung Madoushi, —contesto, dándole la mano a Ieran. —No quiero ofenderla, pero solo me quiero ir a casa. Alguien me dijo gorda de camino para acá, así que mejor me voy antes de cometer una felonía yo.

—¡Oh! —Estúpido Clow. —Conozco a ese tipo. No te llamo gorda, lo hizo su claxon.

Estábamos por salir cuando aparecieron los hombres.

—Hola caballeros, —dijo Meiling de forma amenazante. —¿Qué los trae por aquí?

Ichiro sacudió la cabeza con tristeza fingida.

—Mi madre arrestada por prostitución.

Ieran camino hacia él y lo golpeo en el brazo.

—Esa fue tu idea, ¿cierto?

—Si señora, —anuncio orgulloso. —¿Cómo salieron?

—Conozcan a mi abogada, Su Yung Madoushi, —dijo Tommy.

Su Yung los fulmino con la mirada.

—Así que es culpa de ustedes que haya tenido que venir hasta acá.

Fueron lo suficientemente inteligentes para quedarse callados.

—¿Dónde están los niños? —pregunte. Era una buena pregunta considerando que todos sus padres estaban en la cárcel.

—Todo están con Clow, —dijo Shaoran. —Te ves muy linda en ese traje anaranjado, por cierto.

—¿Cómo pudiste Shaoran? Se supone que somos un equipo. ¡Luchamos contra un perico juntos!

El asno creía que podía llamarme linda y se me olvidaría que hizo que me arrestaran.

Tommy volteo con Su Yung.

—¿Por qué no vienes conmigo? Puedes conocer a mi sobrino y al imbécil que hizo que su carro te llamara gorda. —Eso no terminaría bien para Clow. Al parecer, eran con lo que contaba Tomoyo. —Eso le enseñara a no llamarme Tommy Pickles.

Las parejas Li a mi alrededor estaban anunciando treguas. El estrés de las guerras de bromas podía ser muy duro para uno, and todos teníamos trabajos y cosas de adultos en que ocuparnos. Se aprovecharon de que teníamos niñero y decidieron convertir una noche bromas en noche de citas. Me preguntaba si Tommy perdonaría a Eriol tan fácilmente. Probablemente no, ya que él ni siquiera había estado en el campamento.

—Sakura, —comenzó Shaoran tomando mis muñecas gentilmente. —Prometo nunca más trabajar en tu contra, —beso mis nudillos. —A menos que empieces tú, por supuesto.

—Los asustamos un poco en el campamento. Ustedes hicieron que nos arrestaran, —conteste. Encogió los hombros en señal de derrota. —Claro que arruinamos sus planes porque salimos libres entonces estoy dispuesta a tomar una tregua.

Me dio una bella sonrisa torcida y me acerco a él.

—De verdad creo que te ver linda con ese traje. ¿Qué te parece si lo tomamos prestado y vamos a mi casa antes de pasar por los niños? —su teléfono pito antes de que pudiera darle una respuesta. Lo saco de su bolsillo y gimió con molestia. —Carajo. Parece que tenía una cita que se me había olvidado. ¿Me acompañas?

—Me voy a cambiar primero, —respondí. Linda o no, no iría a su reunión vestida como criminal.

Después de seguir la dirección, llegamos a una casa que por alguna razón me parecía conocida. Shaoran frunció el ceño.

—Normalmente no venimos a ver a los clientes a sus casas la primera vez, —salió del auto y corrió a mi lado para abrirme la puerta. —No creo que tardemos.

Me sorprendí al ver a Kaho abrir la puerta. Me dedico una gran sonrisa.

—No pensé que vendrían. Adelante. Estábamos por comenzar.

Nos introdujo a la casa antes de que pudiéramos protestar.

—¿De que carajos esta hablando? —le susurre a Shaoran. Él se veía igual de confundido que yo.

—Amigos, ella es mi vecina Sakura y su novio Shaoran, —anuncio Kaho tomando su lugar a un lado de Touya. Había otras parejas en la habitación incluidos Rika y Yoshiyuki.

Touya nos guio a un asiento disponible.

—Sabia que se nos uniría un día, señorita Kinomoto, —ronroneo.

Oh, mierda.

—Shaoran, —dijo lo más bajo posible. —¿Quién programo esta cita?

—Tu hermana normalmente las pone en el sistema y nos llega la notificación directamente, —respondió. —¿Por qué?

—Porque estamos en una maldita orgia, —susurre furiosamente.

Un tipo rubio bajo de tono las luces y puso algo de música.

—A comenzar, —anuncio.

Mire con horror mientras mis vecinos se acercaban con ojos llenos de lujuria. Esta era la gota que derramaba el vaso. Me mudaría. Con Dios como mi testigo, me mudaría.

—Vamos a quitarnos estas ropas, —jadeo Yoshiyuki.

Shaoran me tomo por la cintura y me escondió tras de él.

—No, no, no, —rio Rika. —Hay que compartir.

—Aléjense, maldita sea, —espato Shaoran.

—Lo siento, —dije con la voz en un hilo, tratando de ignorar los gemidos de otros participantes en el cuarto. —Ha habido un malentendido. No sabíamos qué tipo de reunión era esta. Nosotros somos monógamos.

—Son tímidos. Lo entiendo. Iremos lento, —dijo Touya acercándose más.

Shaoran gruño.

—Juro que te romperé el brazo.

—Salvaje, —dijo Kaho mirando a mi hombre. —Me gusta.

—Aléjate perra, —gruñí yo esta vez. Se veía sorprendida pero no me importo.

—¿Por qué no observan un momento? —sugirió Touya. —Pueden unirse cuando se sientan cómodos.

En cuanto su atención cambio de objetivo, Shaoran y yo huimos. Ya en la seguridad de su auto, Shaoran encontró su voz.

—Por eso yo vivo en el bosque.

No pude evitar reír.

—Son muy buenos vecinos, cuando no tratan de seducirte.

—Lo siento, —contesto. —Pero cuando la gente mas sana en el vecindario son tu, Eriol, y Tomoyo, es una señal de que hay que mudarse.

—¡Oye! —trate de defenderme.

El se rio. Asno.

—Bueno, ahora que todos los de tu lista negra se han vengado, ¿Qué haremos?

—Dejar que los maten los nervios, —conteste. —Lo único peor que ser victima de una venganza, es esperar la venganza. Algunos no pierden el sueño. —Mi teléfono sonó. —¿Bueno?

—¿Sakura?

Sonreí.

—Hola Hiro.

—¿Ya vienen a casa?

Se escuchaba algo desesperado.

—¿Pasa algo malo?

—No señora, pero el tío Clow esta tratando de dibujar en nosotros.

Suspire. Clow era un niño.

—¿Ya comieron?

—Aun no.

—Muy bien. Tu padre y yo vamos a rescatarlos, —prometí.

—¡Gracias! Te amo.

Tuve que sonreír de nuevo.

—También te amo. Nos vemos pronto. —Colgué. —Tenemos que salvar a los niños del tío Clow antes de que le haga un bigote a Akane.

Shaoran tomo mi mano y la beso.

—Bien, pero te tendré a solas pronto, culo lindo.

—Que emoción, asno, —respondí.

Cuando llegamos a la casa, Leo nos abrió la puerta. Nos abrazo a ambos.

—Hola amigos.

—Hola tontito, —sonreí. —¿Dónde está tu tío?

—Esta atado a una silla, —dijo Leo. —Creo que a la señorita Su Yung no le cayó muy bien.

Cuando llegamos a la cocina, ahí estaba Clow aterrado.

—Hay una mujer loca en algún lugar de tu casa, y no me refiero a Tommy Pickles.

—¿Estabas tratando de dibujar en mis hijos? —pregunte cruzando los brazos.

El suspiro.

—No me vas a liberar, ¿verdad?

Recogí un marcador.

—Lo siento, Clow. Es por tu propio bien.

Después de dejar que todos los niños contribuyeran al arte en la cara de Clow, lo liberamos. Claro que trato de matar a los niños a cosquillas, pero el dejo que ellos lo vencieran. No era un mal tipo.

Shaoran cargaba al pequeño Sou mientras yo preparaba la cena. Se veía muy tierno cargándolo. Me sonrió cuando noto que lo estaba merando. Volteé los ojos y seguí cocinando, escondiendo mi sonrisa. No podía dejar que se le hiciera mas grande el ego. No lo escuche bajar a Sou, pero de repente lo sentí detrás de mí, abrazándome por la espalda. Quito mi cabello de un lado, y me beso el cuello, justo por encima del hombro. Temblé un poco, y sentí su boca formar una sonrisa contra mi piel.

—Te amo, —dijo suavemente.

—Lo sé, ¿Por qué más me seguirías el rollo con tanta locura? —pregunte. Me voltee y lo bese dulce pero rápidamente. Tenía que cocinar después de todo. —También te amo.

Tomoyo entro silbando a la cocina.

—Ah, hola tortolitos. Jefe, pensé que tenías una cita.

La mire feo.

—Casi nos violan por tu culpa.

Su Yung entro tras ella.

—Me iré ahora, —dijo tensamente. —Díganle a ese imbécil que le deje un regalo afuera, —entonces sonrió. —Un places conocerlos.

—Se ve… amable, —dijo Shaoran cuando dejo la habitación.

—Empieza a ensamblar los platos de los niños, —reí.

Estábamos por comer cuando escuche los gritos de Clow. Entro a la cocina sosteniendo una caja.

—Sak, tengo malas noticias, —se veía destrozado.

—¿Qué sucede? —pregunte.

Me mostro los restos de mi última broma.

—La bocina de gorda nos ha abandonado.