En una casita no tan grande pero acogedora, un pequeño moreno sentado en la mesa rezongaba con su madre Mei, que lo escuchaba desde la cocina...

— ¿Lechuga en primavera, Mamá? ¡¿En primavera?! ¡¿Quién en su sano juicio hace ensalada de lechuga en primavera?! ¡Sólo a ti se te ocurre servir lechuga en primavera!

La mujer Pelinegra no lo miró amenazante, no le exigió que se comiera la ensalada o lo amenazó con dejarlo sin postre como lo hacía normalmente, en esas ridículas discusiones detonadas por el apasionado e injustificado odio de su pequeño hijo hacia la lechuga.

Sólo lo miró...

— Tienes razón, Seiya — Contestó ella y el pequeño infló el pecho orgulloso — ¿Verdad que soy original? — Terminó la azabache mientras daba un aplauso y una sonrisa entusiasmada.

Ante las palabras de su progenitora, el pecho del niño se desinfló completamente, su espalda se encorvó y se quedó mirando a la nada con los ojos muy abiertos...

Mei sonrió victoriosa, pocas eran las veces en las que ganaba una pelea de argumentos contra su niño de 7 años, pensó mientras regresaba a la cocina..

Mientras tanto, en el comedor, Seiya soltaba lagrimones mientras enterraba el tenedor en la ensalada y se lo llevaba a la boca.

— Esto es por darle argumentos al enemigo ¡Gulp! — Pronunció mientras sus papilas gustativas resentían el sabor y la textura del vegetal — esto por tarado ¡Gulp! — Tragó con dificultad — Esto por no saber que decir ¡Gulp!

Y Seiya permaneció sentado en el comedor, sin fuerzas y "Castigándose" por perder una discusión contra su madre...