Primero fue una vez y confiada no me preocupó, le espere paciente y sin emabargo, se repitió hasta una tercera ocasión de la cuál tampoco obtuve explicación. El tiempo pasó y mi corazón se estrujo pero igual la primavera llegó y su ausencia permaneció, él no ha vuelto y nadie le ha visto, todo parece indicar que la luna lo ha reclamado de vuelta pero ante esa idea mis ojos no pueden evitar la humedad y ahí, en forma de gota, se encuentra la debilidad humana que según muchos él detesta y de la cual yo no puedo escapar.

Al pensar en su ausencia no fui capaz de retener el suspiro que se escapó de entre mis labios y que terminó por mezclarse con el viento de aquel prado, lugar dónde comúnmente pasábamos nuestro tiempo juntos creando momentos que para él parecen olvidados y son revividos por mi cada vez que paso por aquí. Un segundo suspiro escapó sin pudor alguno y mis ojos se cerraron por un momento, dejando que el pasado me llevara consigo.

En un inicio, justo en el centro, el señor Jaken se había dedicado a lo largo de los años a escuchar con suma atención cada ocurrencia que de mi boca salía y si mi parloteo se lo permitía, preguntaba por aquello que me hacía falta mientras alardeaba de su capacidad para quemar toda la aldea si yo me presentaba herida ya que eso sería una falta de respeto al gran demonio blanco al cual servía y siempre, a modo de respuesta, una piedra diminuta terminaba en su cabeza sin embargo, a diferencia de las piedras que le aplastaban la cabezota cuando criticaba mi amistad con la señorita kagome, estas parecían un apoyo a sus palabras.

Una risa suave tomó el lugar del tercer suspiro tras pensar en esos recuerdos con el señor Jaken pero no bastaron para alejar mi tristeza ni para impedir que mis ojos se abrieran buscando la dirección de la cual solían provenir aquellas piedras. Mi vista se detuvo en un arbol grande y rebosante de vida, espacio donde él solía descansar sin ser tocado por la luz solar y el cual, con el pasar de los meses, nuestro se volvía.

Para ser honesta de pequeña la idea de acercarme a ese sitio nunca cruzó por mi mente y sé que de haberlo hecho no hubiera sido rechazada pero en aquel entonces me bastaba con saber que estaba ahí, atento, simplemente escuchando y envuelto en un mundo que yo no era capaz de comprender. El señor Jaken por otro lado era menos complejo y sacarlo de quicio alimentaba mi lado más infantil además de que era terriblemente sencillo. Sin embargo, nunca fui de quedarme quieta y eso sólo empeoraba conforme crecía o eso decía la anciana Kaede, me empezaba a preguntar qué tan atento estaba ya que desde aquel sitio parecía soñar y yo nunca lo había visto hacer eso, ni una sola vez. Cada día daba un nuevo paso que nos acercaba y la mirada del señor Jaken más suave se volvía, era movida por la curiosidad de ver su rostro al dormir y el movimiento de su pecho al respirar lentamente.

Yacía recostado cómo la primera vez que lo vi con la diferencia de que no había rastros de sangre manchando la escena, sus rasgos demoníacos no estaban a la defensiva y mi voz sería capaz de escucharse si él me hacía una pregunta.

Cada movimiento de mis pies me acercaba un poco más y con la nueva cercanía pude ver que la luz no le daba directamente en su rostro pero no se libraba totalmente de ella, me cuestione si en sus mejillas se podría ver la silueta de la sombra de las hojas del árbol o si podría ver el aire salir de entre sus labios y ahí estaba, entre cada duda, otra debilidad humana, la curiosidad.

- Rin- recuerdo que me llamó cuando estuve lo suficientemente cerca para verle un poco el rostro, mantuvo los ojos cerrados y la respiración lenta- ve por dónde pisas.

Pronunció aquellas palabras con una voz ronca y mi corazón fue a dar al piso junto con mis ojos, ambos llenos de vergüenza. El aparente peligro detectado por sus sentidos era una puntiaguda raíz de arbol que sobresalía de la tierra y yo iba descalza aquella tarde, fácilmente podría herirme la planta del pie por lo que solte el aire de golpe y reí nerviosa.

-Oh- susurre sonriendo y girando para no pisar la raíz- no debería de quitarme las sandalias pero me gusta sentir el pasto en mis pies- alce mi vista y ahí estaban esos ojos dorados viendome tranquilos y atentos, claramente no había estado durmiendo, él simplemente dejó que me acercara quizás con la idea de que me encontraba en una nueva competencia con el señor Jaken.

- No las uses - dijo simplemente haciéndome reír.

- Todas las jóvenes las usan - sonreí y mis pasos se volvieron dudosos ya que me preguntaba hasta que punto era correcto acercarse pues yo nunca quise ser una molestia ni forzar mis deseos de una mayor compañía, quería que fuera mutuo apesar de yo ser humana.

- Haz lo que prefieras- seguía mirándome con aquellos ojos indescifrables que parecían querer darme confianza y aclararme que con aquella frase no hablaba de las sandalias.

- Eso hago- sonreí y me senté cerca de sus pies pues mi corazón humano junto con su errático palpitar solo soportaba aquella distancia, al menos aquel día.

Fue a partir de aquella tarde que empecé a buscarlo cada vez más, fue algo que simplemente no pude evitar y en cada encuentro le conté desde lo más serio hasta lo más ridículo de mi existencia humana y de las personas en ella, todo bajo ese árbol y la atenta mirada de unos ojos dorados. Durante cada relato él sin moverse me escuchaba y conforme pasaban los días fui capaz de ver sus reacciones a mis palabras, sus ojos se agradaban, su ceño se fruncia y una sonrisa casi invisible se dibujaba en su boca. Tales gestos me bastaban para sentirme un poco más cercana y si bien disfrutaba del mutismo en el cual él nos sumergía, mi corazón deseaba abandonarme cada vez que sus palabras se prolongaban más allá de un par de letras.

- ¿Magia negra? - preguntó sin creerselo ni un poco pero el interés estaba presente en sus ojos.

Todo mi ser se emocionó.

- Juro que tenía un poco de sentido al inicio, el señor Inuyasha parecía estar sufriendo horrores- dije abriendo mucho los ojos al recordar como corría por toda la cabaña gritando.- como si fuera una maldición.- después de todo el señor Inuyasha no dejó de sufrir hasta después de un rato.

Bufó y volvió a fijar sus ojos al frente.

- Nadie gastaría magia negra en algo tan inútil como Inuyasha - sus ojos demostraban un aire de superioridad y elegancia - Debe haber otra explicación.

- oh vamos, no es tan descabellado-dije riendo- tenía un aroma fuerte y parecía tener muchos ingredientes pero tiene razón, nadie creyó eso así que el señor Inuyasha lo describió algo diferente- le dije poniendo un dedo en mi menton tratando de recordar las palabras que uso. - fue como el fuego de un dragón - dije sonriente.

- ¿Cómo el fuego de un dragón?- preguntó incrédulo y pude ver cómo una ceja se levantaba.

- Claro! La verdad es que aquella idea me dio mucha curiosidad, algo tan grandioso en algo tan pequeño...

Sus ojos se fijaron en mi y pude ver en sus ojos un poco de preocupación como si ya viera venir lo que iba a contarle.

- Así que lo probé - dije formando un puño con mi mano- pero para ser sincera... - mire a los lados e hice de mis manos un cueva como si estuviera a punto de decirle un enorme secreto y él se inclinó un poco - creo que exagera, el sabor no es tan fuerte. Yo me comí dos platos enteros ese día y sin un vaso de agua- sonreí orgullosa - no puedo decir que comer Curry te haga sentir como si hubieras derrotado a un dragón pero al menos si como si hubieras acabado con el báculo de dos cabezas.

- ¿¡QUÉ DIJISTE MOCOSA?! - grito el señor Jaken.

Me pare al instante lista para correr a calmar el orgullo que acababa de herir sin emabargo, cuando simplemente di unos cuantos pasos hacía delante un ruido extraño, suave y tan efímero que pensé haberlo imaginado había invadido mis oídos. Gire mi rostro hacía atrás sólo para ver como aquel ser de cabello plateado terminaba por borrar el rastro de una ligera sonrisa... ¿Eso había sido una risa?

De sólo pensarlo quedé maravillada y mis mejillas se pintaron de un leve color rosado, no pude hacer otra cosa que caminar de regreso a la altura de sus pies para sentarme de nuevo y después mirarlo asombrada.

- Se está burlando de mi- le dije con fingida molestia.

De nuevo el mutismo y sus ojos evitaban los míos.

- Puedo derrotar al señor Jaken - y con una sonrisa socarrona le afirme - y no necesito rocas.

Sus ojos dorados me miraron retadores y ahí estaba de nuevo el nacimiento de una leve y diminuta sonrisa.

- ¿Me estás retando, Rin? - me preguntó con un tinte de diversión.

- Claro! Yo puedo derrotarlo más rápido que usted - dije orgullosa

Él seguía viéndome con una cara que gritaba "Yo lo pongo a temblar con una simple mirada" y yo reí ante esa innegable verdad.

- Digamos que es cierto- lo escuché de repente- Si logras que Jaken suelte el báculo antes de que yo le dé con una roca, ganas.

Lo mire con unos ojos llenos de asombro pero inmediatamente los entrecerré con sospecha ya que no pasé por desapercibido un hecho tan obvio como que el sol sale de día y la luna de noche.

- Quiero 15 segundos de ventaja - le dije segura.

De cualquier modo no era justo, esos pequeños segundos eran nada contra su gran velocidad y yo lo sabía desde el momento en que pedí por ellos pero... simplemente no lo pude evitar.

- Hecho.

Y él tampoco.

Me puse de pie lista para salir corriendo hacía el señor Jaken que todavía se encontraba un poco más allá del centro de aquel prado.

- Ahora- Salí corriendo, contando en mi mente y sonriendo por la idea traviesa que surcaba mi cabeza...

Esa fue la primera vez que se dejó llevar por mis juegos carentes de sentido, aquel mundo incomprensible parecía haber bajado la guardia transformando un poco más nuestros encuentros y si bien mi intención inicial había sido ocupar el mismo sitio en cada uno de ellos, mi corazón se iba volviendo valiente y deseoso de mayor cercanía "puedo soportarlo" me susurraba en mi cabeza emocionada ante la idea de simplemente sentarme un poco más cerca y fue esa misma debilidad humana de siempre querer más la que me llevó hasta la altura de su cintura. Él, libre de aquella debilidad, no dijo nada...

Para ese punto mi cuerpo ya no aguantaba tanto recuerdo ni la misma posición sobre el suelo por lo que no pude evitar recostarme en el pasto y así dirigir mis ojos hacía lo azul del cielo. El viento soplaba libre y suavemente para una que otra vez dejar caer un poco de fuerza y llevarse alguna flor entre sus aires hasta un destino que nadie conoce y al notar esto pensé que quizás si ese mismo viento decidiera jugar a mi favor mis suspiros podrían bailar en esos aires en compañía de las flores y darle alcance hasta que él se de cuenta que no puede alejarse más, que debe dar la vuelta y regresar. En ese momento de anhelo, casi sin pensarlo, estuve a punto de silbar.

Acaricie mi boca tentándola a la idea de aquel ruido débil, corto y que terminé por asesinar entre mis labios ya que si cedía demostraba mi arrogancia y egoísmo, algo natural en los seres humanos según el señor Jaken, pero ¿no era ese silbido la promesa de siempre volver? ¿no había sido acaso desde un principio idea de él?

El mismo señor Jaken había visto durante los últimos meses como rozaba mis labios con la punta de mis dedos meditando la clara intención de hacer cumplir esa promesa que por años se refugió en lo más hondo de mi cabeza y al notarlo simplemente declaraba muy orgulloso que ningún ser humano podría ser capaz de llamar a su antojo a un gran demonio como lo era su señor y mucho menos a través de un silbido, de un susurro molesto de labios y mucho menos por un mero soplo del corazón, del corazón humano.

"¿Dónde está?" esa era mi última pregunta de todos los días para el señor Jaken y ante la cual ahora él suspiraba "Está ocupado, mocosa" me decía ya sin orgullo en un intento de apasiguar mi tristeza y así apartar mis dedos de mis labios. Esas palabras no apasiguaron nada, sólo sirvieron para avivar mi curiosidad.

Me parecía imposible pensar que sus ausencias se debieran a un demonio que se pasó de listo o en una repentina invasión de las tierras del Oeste, el señor Jaken me lo diría si ese fuera el caso pero cada vez que pregunto sólo hay un silencio y un que te importa de regreso, él tampoco conoce la razón y le cuesta ocultármelo.

Mi corazón nervioso solo ha danzando alrededor de una posible respuesta a la pregunta que ha dejado su ausencia y durante varias noches, antes de que me venza el sueño, pienso que tal vez la que ha invadido de más he sido yo... ¿tan malo había sido? ¿tan repugnante que se alejo de mi? para mí no había sido para nada repulsivo, ante aquella confesión un grito se escapo de mis labios avergonzada al recordar aquella última vez y terminé por cubrir mi rostro con mis manos.

- ¿Te encuentras bien? - llegó una pregunta a mis oídos y levente retire un poco mis dedos para poder ver a la señorita Kagome sonriendome amablemente.

- No es nada- Suspiré y volví a cubrir mi rostro.

Escuche una risa suave y amable para después sentir como alguien se sentaba a mí lado.

- ¿Sabes? Llevas un par de meses suspirando todo el tiempo - dijo calmadamente - si, sonríes y haces tus cosas como siempre pero luces más alerta de lo normal, como si esperaras por algo muy desesperadamente- continuaba hablando mientras acariciaba mis manos aún en mi cara - y hace un momento tenías la cara de haber hecho una gran travesura.

Retiro un poco mis manos y yo sólo pude ponerme más roja y nerviosa, sus ojos miraban amablemente a los míos buscando confirmar su intuición pero no había ningún atisbo de simple curiosidad, me encontré sumergida en un pozo café de comprensión.

- Así que claramente eso de "no es nada" es una mentira- retiro totalmente mis manos sin soltarlas- a veces las bestias pueden llegar a ser un gran dolor en el trasero, no crees?

No sé si fue su simple pregunta, su tacto dulce o su forma de mirarme pero de un momento a otro pude sentir como las lágrimas bajaban por mis mejillas, parpadee sorprendida pues si bien había llorado en esos meses, no lo había hecho lo suficiente ni como mi corazón demandaba hacerlo...

Reí por su pregunta y por la vergüenza pues había perdido la fuerza para retener mis lágrimas. Las manos de las señorita Kagome limpiaron mis ojos de poco a poco, quitando el cúmulo de agua en ellos.

- ¿Es tan obvio? - le pregunté en un susurro muy bajo, después de todo ya no tenía caso negarlo.

Ella bajo sus manos a las mías y tiro de ellas para sentarme.

-Digamos que conozco los síntomas - dijo mientras me guiñaba un ojo.

Reí levemente.

- Así que si quieres hablarlo, tienes una experta a tu lado.

La mire directo a los ojos y pude ver su determinación y su deseo de ayudarme... apesar de que el Señor Inuyasha y el Señor Sesshomaru fueran dos mundos completamente opuestos.

-Creo que es mi culpa... el que ya no venga.

Sus manos nunca soltaron las mías.

-¿Por qué crees eso? - podía sentir el cuidado en cada palabra.

Mi corazón se agitó y se desesperó un poco ¿no era obvio? Sólo tenía que verme para saberlo.

- Porque soy humana - le dije lo evidente y traté de soltar sus manos pero ella me lo impidió.

- ¿Y? - preguntó levantando una ceja

¿Se estaba burlando de mi?

- Señorita Kagome... - trate de decir juntando toda mi paciencia pues me sentía incomprendida pero no pude continuar.

- Oh vamos no me vengas con eso a estas alturas - me dijo sonriendo con una calidez mayor- pensé que eso lo habías resuelto de pequeña, Rin. No puedes creer realmente que Sesshomaru no viene por eso, al menos no puedes creerlo de corazón.

- ¿Cómo no va a ser eso? - mi voz se rompió un poco y reí tristemente.

-¿Cómo va a ser eso? Tú misma siempre dices que es el ser más amable del mundo, tú lo conociste ya en un proceso de cambio por lo que no notaste ninguna diferencia pero nosotros vimos claramente el antes y el después...

Solto mis manos para así poder levantar un poco mi rostro.

- Hace mucho tiempo que a Sesshomaru dejó de importarle quién era humano así que ¿por qué piensas eso ahora?

Porque no puedo evitarlo pensé de inmediato y estaba segura que eso era lo que gritaba mi rostro y sin duda ella lo pudo ver pues sus ojos estaban atravesando los míos. Los ojos de la señorita Kagome revosaban de confianza y a los míos les sobrababa inseguridad... ambas debilidades humanas.

- ¿Cómo estás tan segura? - pregunté tímida con ganas de que me diera un poco de esa confianza que ella tenía y de la cual me sobraba de niña.

Solto una carcajada limpia y soltó mis manos para después relajar su cuerpo en el pasto, sus ojos regresaron a los míos.

-Bueno dejando de lado que viene seguido a una alde repleta de humanos desde hace varios años y que casualmente los monstruos abandonaron el bosque en una cantidad tan considerable que queda claro que Inuyasha por si sólo no limpió, después de todo la presencia de Sesshomaru es más pesada que la de Inuyasha, incluso la ayuda que le brindó a Kohaku cuando era niño - dijo mientras enumeraba las razones con sus dedos para después sonreír- pero creo que la más importante es que salvó a una niña que quiso ayudarlo sin importar que era una bestia con un genio de la patada. Todas son buenas razones.

Sonreí al recordar aquel día y reí ante el recuerdo de cuando le eché agua para que despertará pues pensé que estaba muerto.

- ¿Ves? Tengo la razón así que realmente ¿por qué piensas que es tu culpa el que ya no venga? - preguntó tiernamenhe volviendo a sentarse.

Mi cara se volvió a teñir de color rojo y mis manos regresaron a mi cara ante mi acción la señorita Kagome volvió a reír fuertemente.

- ¡No te rías! - Grite avergonzada y con ganas de que la tierra me tragara - hice algo realmente horrible - hice una mueca de preocupación pero eso no detuvo su risa.

- Tranquila no puede ser peor que tu comportamiento cuando te dejaron en la aldea- me aseguro confiada y tratando de calamar su risa.

Mi cara fue de confusión pues para ser sincera no recordaba al 100% aquel día, para mí había un poco de dolor pero para al resto era un día que seguían sin creer.

- ¿Qué, no lo recuerdas? - me preguntó

- Siento que no recuerdo lo que a ustedes les sorprendió- dije riendo- solo sé que lloré demasiado.

- Oh Dios me hubiera encantado tener una videocámara ese día

- ¿Un qué? - pregunté curiosa.

- Un artefacto que captura momentos para que los puedas ver muchas veces-dijo con un tinte de nostalgia que no le duró mucho - por suerte tengo buena memoria-me sonrió divertida- si, lloraste mucho pero también nos enseñaste una parte de ti que no conocíamos...

Mis mejillas se fueron poniendo rosas de poco a poco, creo que empiezo a saber por donde va su recuerdo...

- Quién iba a pensar que de bajo de esa apariencia cálida podía haber una niña un tanto caprichosa dispuesta a reclamarle a Sesshomaru y que él se iba a quedar callado escuchandola atentamente.

- Ay - dije recordando lentamente aquel día y bajando mi rostro en el proceso.

- Oh sí, le dijiste hasta de lo que se iba a morir convirtiendote en el orgullo de Inuyasha- me pegó suavemente en el hombro como dándome ánimos- hasta lo amenazaste con robar a Bakusaiga si de verdad se iba.

Hundi un poco más mi rostro en mis manos

- Así que creeme, no puede ser peor.

Oh si, si puede pensé.

- Vamos, Rin mírame...

Levante el rostro y ella se sorprendió al ver mi expresión nerviosa y sonrojada.

- Pues ¿qué le hiciste? - me preguntó curiosa

- Yo, yo...

Me quedé en silencio y ella espero pasiente, lo intente de nuevo.

- Y-yo- tartamudee

- ¡DILO DE UNA MALDITA VEZ, TONTA! - escuché ese grito desesperado a mis espaldas y sentí como un aura aterradora invadía todo el prado...

- ¡¿DESDE CUANDO ESTÁS ESCUCHANDO?! IDIOTA, EGOÍSTA Y CHISMOSO.

-¡¿EH?! TU TAMBIÉN YA QUIERES SABER QUÉ LES PASÓ, BOBA.

Gire un poco mi cabeza para encontrarme con el Señor Inuyasha acercandose a paso veloz. Llegó a nosotras en un abrir y cerrar de ojos y se sento frente a mí de esa manera tan peculiar, me miró seriamente y habló

- Tú hiciste... - dejó inconclusa la frase para que yo continuará.

Mi cara volvió a estar roja y la señorita Kagome le jaló una oreja.

- ¿¡Por qué eres tan insensible?! Que acaso no ves que le da vergüenza decirlo, ten empatia

- Ash!! Yo sólo quiero que vea que no es tan grave, ya sueltame Kagome.

- ¿¡Cómo te voy a soltar si eres un desconsiderado?! Rin ya se estaba desahogado y ahora contigo le será imposible...

Los gritos continuaron por uno minutos. Quizás realmente no era tan mala idea contarle a ambos lo que sucedió, después de todo la señorita Kagome sería una visión fresca y el señor Inuyasha un punto un poco cercano a la visión del señor Sesshomaru.

- Si puedo contarles... a los dos- les dije un poco más segura, los dos detuvieron su pelea y la señorita Kagome por fin le soltó las orejas al señor Inuyasha.

- Tranquila Rin, tomate tu tiempo

- Pero entre más rápido mejor - dijo el señor Inuyasha ganándose un coscorron por parte de su esposa.

Respire hondo y lo dije...

- Yo abuse de él

El silencio fue sepulcral y pude ver como ambos procesaban lo que les acababa de decir hasta que se miraron mutuamente y el señor Inuyasha le sonrió de lado de manera sugestiba a su mujer.

- Inuyasha... ABAJO!

El pobre terminó tres metros bajo tierra por todos los abajo que dijo la señorita Kagome.

- Rin, podrías explicarte mejor ¿por favor?

- Aquí voy...

Empecé a narrarles aquel último día.

--

Todo había sido como normalmente pasaba, él venía y esperaba por mí en aquel árbol sin mayor prisa, yo iba a su encuentro con una sonrisa mientras a medio camino me quitaba las sandalias. Al llegar al prado camine rápidamente hacía él hasta sentarme justo a lado de su cintura, él no abrió los ojos ante mí llegada pero pude ver como una leve, diminuta y casi inexistente sonrisa se abría camino en él para de golpe abrir sus ojos y mirarme, ya no había una posible sonrisa.

-Rin - me llamó serio - hueles a sangre humana...

- Oh eso - dije sonrojada - hoy llegó un aldeano que fue emboscado por unos "soldados", le atravesaron el costado izquierdo - Suspiré- había mucha sangre, salía mucha sangre pero el médico Shinso actuó rápido y me dejó ayudarle, me enseñó a curar una herida de espeda. Lo salvamos- le aseguré

Sus ojos se mantuvieron observandome, me estaba escuchando atentamente.

- Pensé que me había lavado bien, lo lamento- me disculpé apenada, su olfato era increíble.

Él guardo silencio y dirigió su mirada hacía el frente y con eso comprendí que sería uno de esos días en los que el silencio nos invadía. Amaba esos momentos pues la tranquilidad que se respiraba en el aire era relajante y relajarme era justo lo que necesitaba sin embargo, necesitaba más para calmarme pues el miedo seguía agarrotando mi cuerpo... realmente había visto mucha sangre.

- Creí que iba a morir...

Susurre y de igual manera vi hacía al frente.

- Pero no lo hizo- dijo tranquilo y con cierta confusión - creí que eso te haría feliz.

- Lo estoy... - le aseguré- el caso es que dude demasiado

Instintivamente lleve mi mano a su estola y pase mis dedos por ella tratando de calmarme.

- No puedes dudar si piensas salvarle la vida a alguien. - le dije segura mientras ponía parte de su estola en mis piernas.

Se quedó en silencio quizás esperando que dijera algo más pero yo ya había terminado.

- Simpre se duda en las primeras veces...

Mi rostro se giró hacía él cuando por fin escuché una respuesta, toda mi atención fue a dar a sus ojos que miraban los míos con firmeza y sinceridad sin embargo, eso sólo duró un instante pues terminó por desviar su mirar.

- y se duda más cuando sabes que el precio de tu error puede ser muy alto - dijo para después soltar un gruñido de molestia que me hizo encogerme en mi lugar- es algo que escuché de mi padre hace mucho tiempo.

Abrí mis ojos enormemente pues nunca había mencionado difectamente a su padre cuando estaba conmigo. Escuché muchas veces por parte de el Señor Jaken sobre la poca consideración hacía su hijo mayor y su falta de visión mientras que por parte del señor Inuyasha escuché sobre una bestia que fue capaz de morir por amor, por apego a un corazón humano.

- Necesitas practicar, lo hiciste bien. - me aseguro dando por cerrado el tema.

Mis manos tomaron con más fuerza la estola mientras de poco a poco la culpa soltaba mi cuerpo, dejé ir el aire que retenía con fuerza en mis pulmones y recargue por completo mi espalda en el árbol. Mi cabeza continuó apuntando a su dirección y sin más le susurre.

-Gracias

No me respondió. Nunca lo hacía en esos casos.

Mantuvo su mirada en el cielo mientras su ceño fruncido desaparecía lentamente para darle lugar a su característica seguridad e indiferencia incitandome de esta manera a moverme inquieta sin pensar muy bien lo que hacía y simplemente, como en muchas otras ocasiones, mis manos siguieron sus propias órdenes tomando entre ellas unos cuantos mechones de cabello, recorriendolos a diestra y siniestra mientras él cerraba sus ojos.

Lo observé detenidamente mientras mis manos se hacían de un mayor camino entre las ebras delgadas, mis ojos iban desde los reflejos plata hasta el contraste de esas líneas rojizas en su cara... quién iba a decir que aquel ser podía transformarse en un perro gigante si ni siquiera se le veían los colmillos. Era simplemente hermoso y la forma no importaba en lo absoluto eso era seguro pero no podía evitar el preguntarme...

"Si te transformas... ¿me dejarías quedarme a tu lado?" en mi cabeza esa pregunta sin sentido apareció con cierta añoranza y sin darme cuenta mis pensamientos me hicieron acercarme más y más hasta que por aquel último pensamiento terminé por llevar una de mis manos a la piel de su rostro, no era la primera vez que mi tacto pasaba esa barrera sin emabargo, ese tacto se había limitado a que mis dedos tocarán las líneas coloridas que adornaban su cara y en ese momento mi mano en su totalidad sostenía su mejilla.

Era cálido, más de lo que esperaba, era fácil dejar que mi mano acariciara suavemente una y otra vez, primero con la palma para después continuar con el dorso. Había mechones largos de cabello que llegaban a acariciar su rostro por lo que me atrevía a tratar de ponerlos en su lugar e incluso pase mis dedos por su fleco plateado para que al final mi mano bajara por su mejilla para delinearla levemente.

Hubiera continuado mi viaje por su piel pero mi corazón dio un brinco al encontrarse con unos ojos curiosos de color dorado que prácticamente se encontraban taladradome desde hace un rato...

-Y-yo...

Estaba lista para retirar mi mano de su cara cuando sentí como era tomada suavemente, unos largos dedos se paseaban por el dorso haciendo que toda mi piel se erizara ansiosa y después de tres vueltas así, su mano cubrió la mía apretandola cariñosamente contra su rostro. Todo se volvió más cálido y yo... yo no lo pude evitar.

Mi otra mano se levantó y se posó en la otra parte de su rostro dejando que mi dedo pulgar acariciara suavemente de un lado a otro. Sus rasgos eran afilados pero suaves al tacto y sus cejas eran delgadas pero enmarcaban a la perfección aquella cara por lo que no pude evitar el acariciarlas por sólo un instante pues para ese momento ya me había inclinado lo suficiente para delinear el contorno de su luna morada, cada movimienro fluía como si mis manos estuvieran en algún río con una corriente suave pero segura de su camino.

De repente sentí dos grandes manos en mi cintura y fue ahí cuando me di cuenta de la posición en la que nos encontrábamos. Me había inclinado tanto, me había movido tan sin pensarlo que había terminado por subirme a su regazo con una pierna a cada lado de su cintura y a unos cuantos centímetros de su rostro, mis mejillas se volvieron rojas e instintivamente mi cuerpo se hizo un poco para atrás pero no pudo alejarse demasiado ya que una de sus piernas estaba flexionada dejándome sin espacio para hacerlo.

Mi cara se había girado avergonzada pero fue traída de regreso al frente por una de sus manos y al igual que yo al inicio acarició mi mejilla suavemente, dulcemente para después acomodar varios mechones de cabello castaño detrás de mi oreja y sin deternese acarició mi cabello hasta lo largo de mi espalda. ¿Qué más da? pensé valiente pues ya no había motivo para detenerse... podía avergonzarme cómodamente cuando la noche nos alcanzara.

Mis manos volvieron a levantarse con la intención de tocar y en medio camino recordé algo sumamente curioso. Ambas manos se dirigieron a los costados de su cara hasta dar con el final de esta y encontrarse con el inicio de sus orejas, levente pase mis manos por estas deteniendome un poco en su acabado puntiagudo, eran suaves y finas. Él imitó mi gesto y pasó su mano por una de mis orejas consiguiendo que de mi saliera una risa que no me moleste en callar, le regale una sonrisa y en respuesta volvió a hacer lo mismo.

-Eso ya es trampa, yo soy cosquilluda- volví a reír feliz.

Abandoné sus orejas para dejar que mi dedo índice pasara por el tabique de su nariz descendiendo lentamente hasta detenerse en el inicio de su boca, sus labios eran finos y a primera vista delgados sin embargo, al estar tan cerca se podía apreciar mejor su volumen y el tono rosa que les acompañaba. Mi dedo pulgar de manera pausada y con mucha delicadeza se paseo por su labio inferior, la piel era suave y parecía tan fácil de herir, lo único que se veía frágil en él eran sus labios y fue ahí cuando recordé los colmillos...

No sé si mi cara gritó mi curiosidad o si lo pensé en voz alta pero su boca se abrió ligeramente como si él deseara cumplir mi capricho. Mi dedo bailó entre la abertura de sus labios para después levemente entrar delicadamente en ella, sólo lo suficiente para encontrar aquello que deseaba, podía sentir el filo en mi piel y la dureza del colmillo. Sonreí sin remedio...

-Escuche decir al señor Inuyasha que con esto hacen sus espadas- mencione sin dejar de acariciar, podía sentir su aliento chocar contra mi mano dejando una agradable sensación en mi piel sin embargo, no podía esperar una respuesta con mi dedo en su boca por lo que avergonzada lo retire lentamente rozando sin querer su lengua. Mi rostro se ruborizo y mi mirada se perdió en mi regazo.

- Al menos sabe eso- dijo burlon mientras yo evitaba su mirada - se tiene que arrancar uno y forjarlo junto con la espada.

Mis ojos se abrieron enormemente, levante mi mirar y mis manos fueron directo a mi boca.

- ¿¡Te los arrancan?! - dije preocupada.

La diversión en su cara era palpable.

- Claro, no puedo esperar a que se caigan - sonrió levemente - quita esa cara, vuelven a crecer.

- ¡Pero debe de doler! - dije impactada.

- Realmente no, es rápido - dijo mientras quitaba mis manos de mi boca.

Pasó su dedo por mis labios con sumo cuidado para que sus garras no tocarán ni un milímetro de ellos, delineaba el contorno una y otra vez como si fueran distintos a los suyos y de igual manera, quizás por la sorpresa de su tacto, mis labios se entreabrieron suavemente dejando salir un suspiro nervioso y él emitió una diminuta risa.

- No te imagino con colmillos - dijo jugando con la abertura entre mis labios y sonriendo levemente en el proceso.

- Bueno, de tenerlos no me los arrancaría - dije contra su dedo y un poco ofendida.

- No creo que nadie se atrevería a pedirte tal cosa - dijo serio y autoritario pero con confusión en los ojos por mi tono.

- Mhh - dije mientras su dedo abandonaba mi boca y mi cara- debe ser bueno tenerlos, podría comer con mayor facilidad y quizás asustar a los monstruos.

- Tú ya los asustas con tu curiosidad y por lo que he escuchado no tienes ningún problema para comer - dijo mientras picaba mi estómago y yo reía.

- ¿Ahora soy comelona?

- De seguro los monstruos ya no vienen por miedo a que los comas, eso da más miedo que el idiota de Inuyasha y toda su banda de idiotas - dijo soltando un bufido

Y yo... Yo conteste sin pensar

- oh y ¿usted no tiene miedo de que lo coma? - reí y acerque más mi rostro al de él juguetonamente.

No obtuve respuesta inmediata sólo unos ojos dorados inmersos en los míos. Su mutismo me hizo querer dar media vuelta y salir corriendo pero mi corazón se aferro a la pequeña emoción que vio brincar en sus ojos y claro, mi corazón no pudo ignorar su propio sentir y avanzó.

Mi nariz rozó la suya suavemente de un lado a otro en un beso de ezquimal, inocente y sincero simplemente demostrando afecto, mi frente quedó descansando en la suya y pude sentir como ahora él soltaba un suspiro nervioso de entre sus labios pero nunca en ningún momento sus ojos abandonaron los míos provocando que el latir de mi corazón resonara en mis oídos por lo que terminé por cerrar los míos derrotada ante las sensaciones.

¿Si te transformas mi corazón dejará de latir de esta manera? ¿Mi cuerpo volverá a obedecerme?

Con mis ojos cerrados y mi mente concentrada en esas preguntas más el libre albedrío de cada parte de mi cuerpo, me incline un poco más hasta sentir como nuestros labios se juntaban un poco más hasta rozarse levente y si ejercía un poco más de fuerza...

- Rin- mi nombre chocó contra mis labios al igual que su aliento pero nunca hubo un beso - Jaken llegará en un minuto con Ah-Un. Después vuelve al pueblo ¿de acuerdo?

Me quedé paralizada y un miedo enorme se instaló en mi corazón, de milagro mis piernas me respondieron para moverme de aquel lugar tan comodo aunque debo confesar... que querían dejarme caer.

--

- Y eso fue lo que pasó... - dije triste limpiando una lagrima de mi rostro.

- Que mal gusto tienes, Rin- dijo el señor Inuyasha y yo me ruborice completamente escondiendo mi rostro en mis manos - te fuiste a fijar en un idiota sin creatividad a la hora de insultar...

Sonreí levemente divertida, empiezo a creer que sólo escucho las partes que llevaban su nombre.

- Lo que Inuyasha quiere decir es que no es tan malo, Rin - dijo la señorita Kagome dulcemente

- Excacto- se le unió su esposo - no pudo ni robar colmillo de acero y tu le pides que entienda que es un beso...

- ABAJO

Ambos se quedaron un momento en silencio.

- Rin, entiendo por dónde van tus temores pero ten en cuenta que Sesshomaru se la ha pasado toda su existencia enfocado en una sola cosa, luchar. Su lado emocional no fue su prioridad...

- Su mera existencia ya es un mero milagro... - susurro el señor Inuyasha recibiendo una mirada fulminante de su esposa, la cual ignoró olímpicamente y soltó un bufido- lo que quiero decir mocosa es que si existe es gracias a ti y vas a necesitar más que un "casi beso" para echarlo a perder- las dos lo miramos sorprendidas y esperamos pues al parecer no había terminado - quita de tu cabeza que fue por eso que no ha venido, de ser así ni Jaken ni esa lagartija de dos cabezas hubieran vuelto y aquí andan viendo como suspiras a cada rato.

Tomo aire y continuó pero esta vez con los ojos fijos en los míos.

- Ahora si lo que te tiene suspirando y moqueando es la incertidumbre de no saber si ese bastardo siente lo mismo pues... eso no me corresponde a mi decírtelo. Prometo que en cuento lo vea le diré unos cuantos insultos creativos y le pediré que regrese para que puedas preguntarle.

El señor Inyasha se puso de pie y se marchó sin decir nada más. Ambas nos quedamos boquiabiertas.

- Oww creo que ha madurado realmente - la risa de la señorita kagome se hizo escuchar- perdona su rudeza, Rin - me sonrió y continuó- no sé si esto sirva para darte tranquilidad pero si Sesshomaru no sintiera algo por ti, aunque fuera diminuto, en el momento en el que te subiste a su regazo te hubieran bajado...

- O CORTADO LA CABEZA - se escuchó el grito del señor Inuyasha que ya se encontraba en medio del prado.

Reí suavemente y honestamente por primera vez.

- En efecto - dijo la sacerdotisa uniéndose a mi risa - pero Rin, escucha - dijo sería y acercándose a mi - cuando Sesshomaru vuelva, se indiferente y hazlo sufrir para que escarmiente el infeliz. - una sonrisa macabra se dibujo en su rostro - debe de saber sobre tu molestia.

Yo le sonreí nerviosa y asenti mientras soltaba una leve risa. No me imaginaba haciendole eso y menos cuando quería una respuesta a mis sentimietos, los cuales aún ni confesaba pero es muy difícil negar que la idea no me parecía divertida porque sin duda era tentadora después de todo el ser rencoroso era otra debilidad humana sin emabargo, no era la que me dominaba pues si bien estaba enojada por su abandono yo sabía que encuento lo viera otra vez mi corazón se olvidaría de las ausencias y sucumbiria al amor que le profesaba a esos ojos tono ambar...

Quizás sólo lo molestaría un poco.

Vuelve pronto pensé y espere que al menos ese deso si llegara a sus oídos.

Holaaaa!!!

Muchas gracias por sus comentarios tan bonitos y pido una disculpa por tardarme un siglo en actualizar, perdí este capítulo en mi lap y tuve que aceptar que ya no lo iba a recuperar, amaba como me quedó la primera vez pero en fin, me anime a escribirlo de nuevo y creo que quedó bonito .

Respondiendo a la pregunta de si será largo, la verdad es que no jaja en un capítulo o dos se termina esta breve historia . Prometo que actualizaré pronto el regreso de Sesshomaru y quizás haga la versión de Sesshomaru del famoso "abuso" de Rin.

Nos vemos !!!!