Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Cafetería!AU un Ineffable Bureaucracy donde Beelz es barista en una cafetería y Gabriel un extraño cliente que siempre solicita el mismo pedido, un café americano sin azúcar.
Americano sin azúcar
—¡B! ¿Quién es mi gerente en turno preferida? Sabes lo bien que combina la sombra negra con tus ojos esta mañana…
—Son ojeras Crowley y por quinta vez, no, no voy a darte el viernes como día libre…
—Ey no, escucha, espera…
El pelirrojo rodeó el mostrador corriendo tras su superior, con una mirada de cachorro abandonado tan convincente que a cualquiera que tuviera corazón le conmovería.
—Cubriré un mes los fines de semana —Rogó el pelirrojo — Y limpiaré los baños dos semanas…
—Ya debes cubrir los fines de semana porque pediste menos horas de lunes a viernes, y también limpias baños ya que es tu castigo por tirar todas las galletas y atascar los inodoros…
El joven froto su rostro con desesperación, maldiciendo a su yo del pasado.
—¡¿Y si cambió turno con alguien?! Ofrezco mis próximos dos… ¡No! ¡Tres! Mis próximos tres días de descanso por este viernes…
—Ese es el día libre de Beelz
Dagon dejó una charola con un par de tazas sucias, miró a Crowley con una sonrisa de lado, disfrutando como la esperanza se desvanecía en el semblante del pelirrojo.
—¿B?
—Por última vez Anthony J. Crowley —Alzó la voz la pelinegra —No, no vas a faltar a trabajar el viernes, y si me enteró que así fue, puedes decirle adiós a este trabajo…
—Tú no eres quien para despedirme… —Murmuro, tal vez demasiado alto, el chico.
—¿Ah no? Bueno, averígualo, y mientras estás en eso ve y destapa el maldito baño de hombres, aún saltan chispas de chocolate del drenaje.
Derrotado, enfadado y sobre todo triste, el joven obedeció, caminando cabizbajo esperando que alguien se apiadará de su pobre alma desgraciada.
—¿Tienes planes para este fin de semana? —Pregunto Dagon, mientras se encargaba de la caja registradora.
—No
—¿Entonces por qué no cambias con Crowley?
—Porque es mi día libre, no el de él, además debe aprender a que no conseguirá todo lo que quiere.
—Ajá… ¿Y el grandote en traje que pide un café cada semana no tiene nada que ver?
El capuchino que Beelz preparaba casi termina en el suelo con aquel comentario, apenas tuvo tiempo de disimular su sorpresa.
—Quiero relajarme en mi casa, ver algún programa estúpido en televisión y ya, Gabriel no está invitado a mis planes en soledad ¿de acuerdo?
—Oh… —Una mueca de superioridad apareció en la cara de la castaña, girándose para ver a su amiga — Así que se llama Gabriel ¿eh?
—¡Vete al diablo Dagon!
Gabriel Archangel, profesor de Literatura a tiempo completo en la Universidad T, sus pasatiempos eran correr por las mañanas, la teología, astronomía y reprobar a sus alumnos.
O al menos es así como aquel extraño cliente (que sólo parece conocer un tipo de café) se presentó formalmente. Beelz fingía que no escuchaba nada de lo que decía, pero en realidad cada palabra quedó muy bien grabada en su memoria.
Y cuando pensaba en como aquel atractivo (porque ni siquiera el mejor mentiroso podría negar que aquel hombre era atractivo) elegante y paciente profesor de universidad, podría estar románticamente interesado en una barista de mal pagada y con pésimo carácter, la pelinegra más se negaba a aceptar tal declaración.
De este modo, cada semana se daba esta extraña dinámica de coqueteo torpe, donde Gabriel (aunque la pelinegra seguía llamándole para sí misma como "americano sin azúcar") llegaba, hacía su típico pedido y tenía una especia de charla casual, hasta que él preguntaba por una cita formal y allí Beelz se veía en la obligación de cerrar el local, revisar el inventario o limpiar las cafeteras, lo que fuera con tal de evadir el tema. Ya que, aunque lo había rechazado seriamente un par de veces, en el fondo temía que el hombre se diera finalmente por vencido y no volviera más.
Aunque a veces pareciera como si eso no fuese a suceder.
—Buenas tardes…
—¡Beelz tu cliente llegó!
Hastur ni siquiera se detuvo a devolver el saludo del hombre, llamo rápidamente a su jefa y fue a recoger la mesa de una pareja que acaba de irse.
—¡Ya les he dicho que no griten desde el mostrador! —Apareció por el llamado la pelinegra— ¡Da mala imagen al lugar!
—¡Beelz!
—¡¿Gabriel?! ¡¿Qué haces aquí?!
Generalmente el momento para aparecer de aquel hombre, era por la tarde, casi siempre a punto de cerrar, que se dejará ver en la hora pico del local era bastante inusual.
—Pasaba por aquí y pensé en saludarte… ¿Cómo estás?
—¡Mal!
Sin dar tiempo a replica, la barista se apresuró a colocar un par de cafés y pasteles sobre una charola, corriendo para entregar el pedido e ignorando por completo al invitado.
—La escuela está preparando una obra… —Comenzó a explicarse el más alto, sin importarle el claro ceño fruncido de su escucha— Y casi toda mi clase está involucrada, así que decidí darles ese tiempo para que trabajaran en ello…
—Mira, que amable de tu parte —Contestó con marcado sarcasmo la barista.
—Y cómo se juntó con mi hora para comer, bueno pensé en que podría venir aquí…
—No vendemos comida, sólo café, hay un puesto callejero a tres cuadras…
—¿De verdad? —Preguntó con diversión el castaño— Porque tu menú dice lo contrario…
—Está mal impreso, lo vamos a cambiar…
—Y el señor de haya está comiendo una ensalada…
—¡La trajo de su casa!
Gabriel alzó una ceja sin dejar de sonreír, miro a Beelz, quien con los brazos cruzados sobre el pecho no cambiaría de opinión tan fácilmente.
—Entonces solo puedo pedir café…
—Si
—De acuerdo, entonces quiero un café, un…
—¡Si, si, ya sé tú maldito pedido!
Pero aún con toda su terquedad, la del castaño fue aún mayor, y sintiéndose ganador se retiró a un asiento vacío, tarareando de alegría mientras la pelinegra soltaba maldiciones.
No obstante, pese a los esfuerzos de Gabriel, no hubo mucha interacción esa tarde, Hastur, el otro empleado en turno fue quien llevo su pedido, que no solo fue un café sino también un emparedado y ensalada (internamente aquello conmovió bastante al castaño). Y aunque intento por lo menos intercambiar miradas con Beelz, el lugar estaba bastante concurrido, los clientes no paraban de ir y venir, por lo que con o sin pretexto era imposible que pudieran hablar.
— Tú novio lleva cuarenta minutos sentado y mirando hacia acá ¿no irás a hablar con él?
Aunque pareciera indiferente a la situación la verdad era que Hastur era igual de entrometido que sus colegas y definitivamente no iba a dejar pasar la oportunidad de molestar a su gerente.
—Creo que ya ha tomado cinco tazas de café… Si sufre un paro cardiaco el tacaño del dueño no querrá hacerse responsable…
—¡Él no es mi novio! —Gritó la pelinegra con el rostro rojo desde el cuello hasta las orejas— ¡Y si se muere aquí, lanzamos su cuerpo al puesto de comida china!
—Si él en verdad no te gusta, podrías pasarme su número…
Una pícara sonrisa se dibujó en la cara del joven empleado, y aunque la ojiazul fingió ignorar el comentario, cuando el muchacho estaba a punto de dejar el mostrador lo detuvo indicando que ella se encargaría de atender.
—¿No tienes un trabajo al cual volver? —Pregunto Beelz golpeando la mesa con fuerza bajo el pretexto de dejar la cuenta.
—Aún tengo tiempo… —Dijo con una nada disimulada alegría el castaño— ¿Todos los días son así de ajetreados?
—En horas como estás si… Esta cerca de escuelas y los mocosos vienen a perder el tiempo por aquí…
—Supongo que mi horario habitual de visita es mejor entonces, así puedes atenderme tú personalmente.
—¡¿Pedirás algo más o puedo cobrar ahora?!
En vez de enojarse, Gabriel sólo suspiro divertido, parecía ya bastante acostumbrado a ese tipo de comentarios evasivos y hostiles.
—En realidad si hay algo más…
La barista gruño rodando los ojos lista para anotar en su pequeña libreta de mano.
—¿Qué harás este viernes?
—¿Eh?
—Es tu día libre…
—¿Cómo…? ¡¿Qué clase de acosador eres tú?! ¡Voy a llamar a la policía!
Viendo como la pelinegra daba media vuelta para alejarse, Gabriel se levantó de un salto tratando de emendar su error.
—¡No, no, no! —Se defendió avergonzado— ¡No es nada de eso! ¡Me lo dijo tu compañera! ¡Dagon! Alta, delgada, cabello castaño y dientes afilados…
—Dagon…
Diles adiós a tus descansos cada veinte minutos, pensó la barista enfadada.
—Al principio de la semana vine, pero no estabas y ella me comentó que tus días de descanso variaban… L-lo siento no era mi intención incomodarte…
—Me has incomodado desde hace meses…
Esta vez el más alto no respondió nada, miro al suelo con una expresión de culpa, pero poco arrepentimiento.
Por su parte Beelz agradeció que la mayoría de los clientes ya se hubieran retirado y el local se encontrará casi vacío, así su pequeño altercado no contaría con testigos.
—L-lamento molestarte… —Gabriel fue el primero en hablar— Honestamente no creí que te incomodará tanto, de verdad que en mi mente pensé en que estaba siendo amigable… Lo siento…
Aquella había sido la disculpa más honesta que la pelinegra había recibido, y aunque deseaba no querer aceptarla, la parte de ella que realmente disfrutaba las conversaciones e insistencias del más alto termino haciéndola ceder.
—Eres el cliente más molesto que he tenido jamás… Pero dejas buenas propinas así que no es como si tu presencia aquí molestará, tener personas recurrentes habla bien del sitio…
Al oír eso, la confianza y buen humor del más alto se restauró al instante, sintiendo que podía tentar a la suerte nuevamente.
—E-entonces… ¿Estás libre este viernes?
Desde atrás se escuchó como Hastur intentaba disimular una carcajada, aunque Beelz ni siquiera lo noto, sorprendida por la audacia del hombre frente a ella.
—¿En serio?
—S-si no tienes nada que hacer…
La opción más clara para la ojiazul era rechazar la propuesta, ser honesta sobre que a pesar de estar libre no le interesaba una cita en absoluto, pero nuevamente la idea de que Gabriel interpretará eso como una verdad absoluta y desistiera por completo le abrumaba, no quería nada que le atará a un compromiso, aunque este fuera una simpleza tal como una cita amistosa y a su vez tampoco deseaba que aquel sujeto encantadoramente molesto dejará de preguntar.
Viéndose entre la espada y la pared, la barista optó por el camino de la mentira, había funcionado una, dos y hasta tres veces, esta no tenía por qué ser la excepción.
—No estoy libre…
—Oh… ¿Ya tienes planes? —La decepción se escuchó claramente en la voz del castaño.
—Si, vendré a trabajar ese día.
—¿Lo harás? —Preguntaron al mismo tiempo Hastur y Gabriel.
—Si, uno de los empleados, Crowley, hablo de necesitar con urgencia tener libre el viernes y yo me ofrecí a cubrirlo…
—¡¿Te ofreciste?!
Nuevamente Hastur, quien escuchaba desde las sombras, intervino activamente en la conversación, haciéndole frente a su gerente.
—¡Pero si hasta lo amenazaste con despedirlo si le ocurría faltar!
—B-bueno, cambie de opinión al ver su desesperación…
—Ajá… —El joven rubio miró entre el apuesto hombre y su jefa sin estar convencerse de la mentira— ¿Y si llamo a Crowley para preguntarle?
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! Es decir ¡¿a ti por qué te interesa?
Aquello no estaba saliendo para nada como Beelz lo había planeado.
—Bueno sólo para confirmar… No es como importe ¿o sí? De todos modos, ya es un hecho…
La ojiazul miraba entre Gabriel (quien sólo parecía confundido con la situación) y Hastur del cual ya tenía planeado como esconder su cadáver. Sin estar dispuesta a desviarse de su mentira, ella misma tomo su telefono y busco el contacto de Crowley.
—Ponlo en altavoz… —Demando Hastur sin temor alguno a los ojos asesinos de su superior.
El timbre sonó tres veces antes de que la voz cansada del pelirrojo contestará.
—¿Qué quieres B?
—El viernes cubriré tu turno, llamo para confirmar, adiós.
—¡¿Eh?! ¡¿En serio?! ¡Gracias, gracias, gracias!
Y colgó.
—Buen, está hecho ¡¿alguna otra duda?! —Se dirigió en dirección al rubio, quien asentía complacido.
—Ninguna… Ahora solo cambiaré los turnos en el sistema, por si te habías olvidado de hacerlo tú…
—¿Qué? ¡No! Hastur…
Pero antes de poder inventar alguna otra excusa el rubio salió disparado hacia la computadora, oficialmente no habría marcha atrás para Beelz, su día libre había fungido como un honroso sacrificio.
—Supongo entonces —Hablo por fin Gabriel— que el viernes estarás por aquí…
—Supones bien…
El hombre miró su reloj, cayendo en cuenta de lo tarde que era, recogió sus pertenencias despidiéndose de la barista, más no parecía molesto o decepcionado sino divertido con toda aquella pantomima.
No pasó mucho tiempo de que el hombre dejo el lugar cuando el telefono de la pelinegra comenzó a vibrar.
¡¿Cómo que rechazaste una cita por ir a trabajar?!
Dagon
¡¿Es que acaso es casado y por eso lo rechazas?!
Dagon
¡¿Es narcotraficante?!
Dagon
¡¿Lidera un culto?!
Dagon
¡¿Quiere introducirte en un esquema piramidal?!
Dagon
—¡¿Cómo rayos…?!
La rapidez con que su amiga se había enterado de la situación sorprendió a la pelinegra, incluso comenzó a preguntarse si estaba siendo vigilada, hasta que se dio la vuelta para encontrarse con la cara burlona de Hastur.
—Si desaparezco bajo circunstancias misteriosas— Dijo el chico— Hay testigos de que fuiste la última persona en verme con vida…
Hace ya muchos ayeres, Beelz se había encontrado por casualidad con la obra de Dante Alighieri "La Divina Comedia" una historia que relata con detalle el viaje de Dante por el infierno, purgatorio y paraíso; llamándole sobre todo la atención el noveno círculo infernal, la traición, donde Lucifer castigaba a aquellos que quebrantaban la lealtad para con sus benefactores.
En aquel tiempo lo considero exagerado, ahora, al mirar a sus compañeros de trabajo estuvo segura de que ser devorados en las fauces del demonio era el mínimo castigo que esos Judas traicioneros se merecían.
Y como si el destino se burlara de la mujer, llegó el viernes, sin una sola alma que se apareciera por el local.
La barista limpio cada rincón del sitio, realizo inventario e incluso actualizo los precios del menú y aún con todo eso le quedaban horas antes de poder cerrar y volver a su hogar, donde su plan original de perder la tarde se vio arruinado por un sujeto de bonitos ojos y linda sonrisa.
—Debí aceptar su estúpida invitación…
Se quejo la pelinegra dejando caer su rostro contra el mostrador.
—¿Sabes cuando toda mi vida se fue a la mierda? ¡Cuando acepte salir contigo!
Beelz agito la cabeza, golpeando sus mejillas con fuerza, de un tiempo acá los fantasmas de su pasado se colaban en sus pensamientos, y si se dejaba influenciar no sería más que arrastrada a un mar de ira y arrepentimiento.
Para su fortuna, el sonido que anunciaba la llegada de un nuevo cliente le dio la oportunidad de ignorar tales ideas.
—Buenas tardes ¿qué desea… ordenar? ¡Tú otra vez!
Desde la entrada, Gabriel devolvió el saludo y se dirigió con total confianza hasta la barra donde tomo asiento sin dejar de mirar a la barista.
—También me alegra verte…
—¡¿Qué demonios haces aquí?!
—Hoy presentan la obra en la Universidad, bueno, en realidad es una especie de festival, la gente invita amigos y parientes, mientras los profesores ayudan con los preparativos y si como yo, se reportaron enfermos, tienen el día libre…
Beelz quería golpearlo, el inmenso deseo de borrar la mueca de diversión de aquel rostro hizo que su puño se apretara con fuerza, imaginando sus nudillos contra aquella perfecta sonrisa.
—En muchas personas la ira los hace ver mal, pero a ti te hace lucir encantadora…
—¡Largo de aquí, ahora!
—No…
—¡¿Qué?!
—Bueno, soy un cliente, y por lo vacía que están las calles camino acá, te aseguro que seré de los pocos o el único…
—Eres un acosador, oportunista y mentiroso —Reclamó la pelinegra apuntando acusadoramente al hombre— ¡¿Eres un asesino?! ¡¿Soy tu próxima víctima?!
Gabriel se reclino escuchado atentamente los cargos que lanzaban en su contra.
—Sabes… Estuve pensando…
—¡¿Piensas?!
—Y estoy bastante seguro de que hoy no tenías planeado trabajar —Continúo el más alto ignorando el sarcasmo— Pero tampoco querías rechazarme por trigésima vez, así que terminaste atrapada en tu propia mentira ¿verdad?
—Lo que haga o deje de hacer que te importe una mierda…
—Y allí esta otra vez, siempre que te sientes acorralada recurres a los comentarios evasivos e hirientes…
—¡¿Y eso a ti que?! ¡Soy así! ¡Grosera, hiriente y mentirosa! Si te hiciste una idea diferente de mi es tu problema no mío. No eres más que un desconocido que se viene a hacer el tonto por aquí, búscate otro lugar para jugar al galán, idiota.
Beelz dio por hecho que eso sería el punto final de ese vaivén con el hombre, le hubiera gustado que fuera diferente, tal vez que llegará a conocer, aunque sea un punto bueno en ella, pero también sabía que las cosas no funcionaban así, y era mejor acabar con esa pequeña chispa antes de que se volviera un fuego incontrolable.
—Voy a aceptar la mitad de la culpa que implica ese comentario —Continúo el castaño sin alterarse— Pero nunca dije que creyera que eres diferente, porque siendo honestos ninguno de los dos sabe cómo es el otro… Aunque a mí realmente me gustaría conocerte…
Al decir esto último, Gabriel no pudo evitar que un sonrojo se dibujará en su cara, la completa seguridad que había mostrado últimamente parecía estar tambaleándose ese día.
—¿Eres alguna clase de masoquista o algo así?
—¡¿Qué?!
—Ya sabes, de esos que les excita que les griten y lastimen…
—¡No! ¡¿Por qué?! —El leve sonrojo pasó a tornarse un rojo intenso en el más alto— ¡¿De cuantas cosas me vas a acusar hoy?!
—Acabo de literalmente mandarte a la mierda y tú me dices que quieres conocerme mejor —Explico confundida la gerente— ¡¿Qué clase de persona hace eso?! ¡Lo que debiste responder es que me fuera al diablo y no volverías más! ¡Preguntar porque alguien como yo rechaza a alguien como tú!
—¿Qué quieres decir con alguien como yo o alguien como tú?
—Oh vamos —Resopló con fastidio la ojiazul— Sabes a lo que me refiero… Yo, empleada mal pagada sin una carrera terminada, mala actitud, esta cicatriz horrenda en mi rostro… Tú, un maldito adonis de metro ochenta y seis, profesor de Universidad, atractivo, inteligente y con buen empleo ¿Por qué estas jugando a las citas en un lugar como este?
—Jugando…
Esta vez, Gabriel no supo que contestar miraba al suelo consternado tratando de interpretar lo que acababa de escuchar.
—Sólo termina con esto… —Murmuro para sí Beelz, más dolida de lo que esperaba.
—Crees que estoy jugando contigo y por eso no aceptas que puedo tener sentimientos por ti ¿verdad?
No hubo respuesta.
—Pues no es así…
El castaño se levantó tomo una servilleta y pluma haciendo una anotación rápida para luego entregársela a la barista.
—A mí realmente me gustas… Me gusta tu ingenio, tu sarcasmo, admiro lo duro que trabajas, creo que la forma en que tu nariz se levanta cuando te enfadas es adorable y realmente sería la persona más feliz de esta ciudad si estuvieras dispuesta a dejar que te conociera mejor, con lo bueno y lo malo que eso conllevara…
Hizo una pausa, para mirar directamente a la cara a Beelz, quien noto como la luz hacía que los ojos de Gabriel se vieran de un hermoso color violeta.
—Pero no puedo obligarte a que me creas, y no es porque yo no sea honesto, es porque tú eres quien me tiene en un concepto muy equivocado… No soy mejor o peor persona que tú, somos tan iguales como diferentes… Y con esa igualdad quisiera saber más de nuestras diferencias…
Se dirigió hasta la puerta, y antes de irse se giró para hablar una última vez con la pelinegra.
—Esperaba que esta fuera una oportunidad para estar contigo, pero a menos de que me des el beneficio de la duda jamás podré acercarme a ti… Así que, si sientes que esa brecha que dices ver entre nosotros desaparece, por favor házmelo saber… De verdad estaré aguardando tu llamada, al fin y al cabo, ya esperado todo este tiempo…
Y se marchó.
Dejando a la pelinegra con una extraña sensación en la boca del estómago, mirando la secuencia de números en el pedazo de papel.
Espero que lo hayan disfrutado, recuerden dejar sus comentarios, les deseo un muy Feliz 2022, lleno de cosas buenas para ustedes y sus seres queridos
¡Nos leemos pronto!
