Ay, ya sé lo que van a decir... "te pierdes mil años y luego vuelves con esto? Ya escribe de Diana y Leona" y yo les digo... pues tiene que ver con Diana... ¿por qué? Ah, gente... SE VIENE LO CHIDOOOOOOO.
Quiero decirles que siento un poco de felicidad escribiendo mis más profundos sentimientos de resentimiento con mi familia aquí. Y es que... POR QUÉ NO SOY SUFICIENTEEEEEEEEE? AAAAAAAAAAAAAAHHHH, GOKUUUUU. NUNCA HAGO NADA BIEN SEGUN USTEDES, CULEROS TODOS, VÁYANSE ALV.
Lo gracioso es que no. A mí no me salvó la poderosisima Sarah Fortune en una cena familiar. FUI YO MISMA. A toditos les dije todas sus weas xD y luego procedí a EMIGRAR para que no me jodieran más. No, no los estoy spoileando. En fin, el punto. ¿Por qué esto es importante? Quiero que se tomen un minuto para leer bien la relación de Nami y Diana... y Alune, entonces, si son perceptivos, van a entender por qué Alune no es "la mala" del fic, como muchas piensan :u
Toda luz, proyecta sombra... pero si estás en el lado de la luz, vas a pensar que todo es brillante y hermoso, mientras que, cuando te encuentres en el lado de la sombra, pensarás que todo es lújubre y misterioso... ¿o no? Piensen en ello mientras leen esto xd
Saludos. Me vuelvo a desaparecer :u
Sarah suspiró, mirando su teléfono con resignación desde el auto. Sonrió al ver una foto de su novia y no fue hasta que alguien pateó su asiento que volteó a mirar a la parte trasera de su coche.
—¡Tengo hambre, Sarah! —exclamó Zoe, removiéndose en los asientos traseros—. Cómprame una cajita feliz en el Galio.
—¿Me darás el juguete? —preguntó Sarah, arqueando una ceja.
—Si me compras dos, te daré uno de los muñecos. —negoció Zoe, frunciendo un poco el ceño.
—O me compro tres y no te doy ni los juguetes ni las hamburguesas. —se mofó Sarah, subiéndose sus anteojos oscuros y mirando a Zoe con algo de burla—. Un muñeco para mí y una cajita con papas grandes para ti o nada, niña. Decide.
Zoe la miró por varios segundos, pensativa. Alzándose de hombros, la menor asintió con su cabeza.
—Lo tomaré, pero me ofende muchísimo. —respondió la rubia—. ¿Pasamos por el autoservicio? ¿O comemos dentro? Igual parece que van a tardarse.
Mirando a su derecha, Sarah observó a las tres jóvenes en el interior del salón de belleza. Suspiró de nueva cuenta, poniéndose el cinturón de seguridad y buscando en su teléfono el Galio Chicken's más cercano.
—Comeremos dentro… igual les falta una hora o yo qué sé. —gruñó Sarah, comenzando a manejar sólo cuando Zoe se puso su cinturón también—. ¿Por qué vino tu hermana, de todos modos?
—Dice que ya se le ven las raíces. Lo que sea que significa eso. —respondió Zoe, mirando por la ventana con interés—. ¿Nami?
—Dijo que le gustaba más cómo se veía su cabello en ese tono púrpura y que volvería a teñirlo. —respondió Sarah, alzando sus hombros—. Syndra dijo algo acerca de que en verano se ve mejor con el cabello color… ¿chicle? Como sea. Seguro también cambia su flequillo y se corta las puntas para "cerrar ciclos".
Zoe soltó una risa.
—¿Qué se supone que significa cerrar ciclos? —preguntó Zoe, con burla.
—Como cuando dejaste el chupete y llorabas todo el tiempo, pero luego ya no. —explicó Sarah con desinterés—. ¿Qué crees que me regalará Nami en mi cumpleaños? Seguro lo dijo en algún momento hablando con Diana.
—Otra cajita con juguete y te lo diré. —dijo Zoe, pestañeando varias veces seguidas.
Sarah la miró por medio del retrovisor en un semáforo en rojo. Estrechó sus ojos con desconfianza a la pequeña, que no paraba de pestañear, a modo de convencerla intentando parecerle tierna.
—No soy Syndra, no vas a engañarme. No lo sabes.
—Oh, pero podría averiguarlo. —debatió la niña, ensanchando su sonrisa.
—Dos papas extragrandes. Y la cajita para cuando me lo digas. —dijo Sarah, poniendo el auto en marcha—. ¿Cómo va la escuela?
—Es verano. —musitó Zoe, alzando sus hombros.
—Ah, verdad. Entonces, ¿Cuándo vuelves? —preguntó sin desviar su mirada del camino—. ¿Qué hará Diana cuando vuelvas a clases? ¿Te dejará ella o lo hará Selene? Quizás Nami y yo podemos.
—Como que puedo ir en bici. —respondió Zoe, pensativa—. Papá dijo que ya soy grande.
—Eres una bebé sin pañales. Aún recuerdo cuando nos obligabas a ver Frozen quince veces a la semana. —dijo Sarah, provocando que Zoe gruñera—. Era frustrante.
—¡Cierra el ciclo, Sarah! —exclamó Zoe, sonrojándose ante la risa de la pelirroja.
—Estoy viendo a alguien. —dijo Syndra de un momento a otro y Diana ladeó su cabeza, causando que la persona que estaba tiñendo su cabello la hiciera mirar al frente de nuevo—. Es… alguien genial. Me gusta mucho… el sábado iré a verle.
Nami miró a Syndra de reojo. Entonces soltó una pequeña risa, sabiendo que hablaba de Irelia y del recital de piano al que había invitado a Sarah.
—¿Qué? ¿Desde cuándo? —preguntó Diana, confundida—. ¿No acabas de dejar a Zed?
—Ay, Diana, no me ofusques con tus preguntas. —dijo Syndra, nerviosa—. Sólo… quiero aprovechar este momento, que no ocurre mucho, en el que estamos todas sentadas, charlando de las novedades en nuestra vida mientras alguien nos cambia el color del cabello y no hacemos más.
—Sí, teníamos tiempo sin venir. —dijo Nami, mirando cómo iba su cabello desde el espejo—. Como… vine con Sarah un día antes de irnos a Aguasturbias porque no quería conocer a su mamá viéndome como cantante de pop de Piltóver.
Syndra rió y Diana arqueó una ceja.
—Siempre quisiste verte como cantante de pop de Piltóver. —dijo Diana, causando que Nami hiciera un puchero—. Te queda bien, pareces una chica tierna y dulce, pero que mantiene al margen a su novia alocada y líder de una banda de delincuentes.
—No mantengo a nadie al margen y no salgo con una delincuente. Sarah hace lo que quiere, cuando quiere y no necesita mi aprobación. —contestó Nami, sonriente—. Les presento, niñas, la palabra confianza. Las va a ayudar en sus nuevas relaciones.
—Confío en Ire- en… nadie. —dijo Syndra, carraspeando un poco. Y si no fuera porque otra estilista había encendido su secador al otro lado de Diana, la peliblanca la hubiera escuchado—. Tengo un severo problema de confianza, quizás puedo ir con tu psiquiatra, Diana.
—Necesitas una referencia psicológica o de un verdadero doctor para ir a psiquiatría. —dijo Nami con simpleza—. No te culpo, Zed es una basura y tú eres una bebé inexperta. Es como esa vez… ¿Recuerdan cuando le pedí a Sarah una semana por mis prácticas y ella casi se va a Aguasturbias?
—Dioses, qué dramática. —gruñó Syndra, girando sus ojos—. ¡Fue totalmente su culpa y quería victimizarse como una idiota!
—Sí, o sea pasaste llorando casi todo un mes porque ella no dejaba de beber a lo pendejo. —rememoró Diana, negando un poco con su cabeza—. Por eso me caga el alcohol. Las personas se vuelven más idiotas cuando hay alcohol de por medio.
—Y la foto con Samira. —se quejó Nami, tomando su teléfono para comenzar a escribirle a Sarah—. Acabo de recordarlo y acabo de molestarme. Hora del show.
—Al menos la misma Samira tuvo los ovarios de decirte que la salvó de ser abusada. Paréntesis, ella es tan rara. —comentó Syndra, mirando el perfil de Instagram de Samira—. Es tan obvio que quiere algo con Sarah, pero, por otra parte, respeta tanto su relación contigo… como si su amistad con Sarah fuera más grande que sus ganas de estar con ella.
—O como si la amara tanto que prefiere verla feliz contigo y eso la hace feliz. —dijo Diana, alzando sus hombros con desinterés—. Como que entiendo eso último.
—O sea, yo también. —dijo Nami y Diana la miró confundida por medio del espejo frente a las tres—. ¿Qué?
—¿Cómo que lo entiendes? ¿A quién dejaste ir o qué? —preguntó Diana, arqueando una ceja.
—Iba a dejar ir a Sarah esa vez. Si eso la hacía feliz y estable emocionalmente, entonces yo encantada la iba a dejar ir. —dijo Nami, con obviedad y Syndra estrechó sus ojos a ella—. Incluso la ayudé a empacar.
—Nos hiciste llevarte a su remolque para pedirle tu suéter de gatitos. —dijo Syndra, con un gesto en su rostro de no creerle a Nami lo que decía—. Y ni volviste con el suéter, ni la ayudaste a empacar.
—Sí, echaste a Graves del interior y cerraste la puerta con llave. —dijo Diana, riendo un poco.
—"Nami, ¿qué haces?" —preguntó Syndra, intentando imitar la voz de Sarah en un tono chillón—. "No puedes venir aquí y tratarme com… Nami… bebé… amor… ¡ahórcame si quieres, pero no me dejes!" Sí, eso sonaba como que buscabas tu suéter.
—En su vagina. —dijo Diana y tanto ella como Syndra rieron. Nami sintió su rostro calentarse e incluso pudo ver a su estilista sonreír—. Estabas ayudándole a empacar tus dedos dentro de ella.
—¡Diana!
—¡Dioses, ese estuvo bueno! —exclamó Syndra, riendo en un tono más alto que antes—. Recuerdo que Diana estaba como "Esperemos, ella saldrá en un momento" y yo "Diana… déjame te explico". Incluso había visto a Nami depilarse un día antes de ir.
—¡Ok, sí! Sí usé el sexo como amarre eterno sobre Sarah, ¿y qué? —preguntó Nami, riendo un poco—. Pero esa vez no quería volver. Iba a dejarla ir… pero me ganaron las ganas de hacérselo una última vez.
—Qué romántica. —dijo Syndra, sin parar de reír—. Aunque debo admitir que me sorprendió un poco. ¿Eres la activa? Pero eras virgen… ¿Qué pasó ahí?
—Era. ¿Qué puedo decir? Mi novia es muy hermosa. Demasiado. La amo tanto. —dijo Nami, moviendo sus pies con emoción—. Y cuando tienes un rato saliendo con alguien, los términos pasiva y activa digievolucionan a versátil. A veces yo le doy, a veces ella me da. A veces nos damos. Aunque, para resolver nuestros problemas, generalmente hablamos.
—¿Y qué haces cuando le mientes? Como… no algo malo. Una mentira piadosa… más como omitir algo que sucedió para que no se preocupe demasiado por algo tonto. —preguntó Syndra, removiéndose incómoda en su lugar.
—Mmmm… Siempre trato de no ocultarle nada a Sarah. Pero cuando lo hago, tengo en mente el momento y la manera de decírselo. —meditó Nami, pensativa—. Como cuando descubrí que me gustaba Tama.
—¡¿Te gustaba Tama?! —preguntó Diana, sorprendida—. Pero… tú… ¿y te gustaba Sarah al mismo tiempo?
—Diana, el hecho de que tengas pareja no te vuelve exenta de sentirte atraída a otras personas. —dijo Nami con total tranquilidad—. Lo hablé con ella y-
—¡¿Y qué te dijo?! —preguntó Syndra, expectante.
—Que lo comprendía y que podíamos tener una relación poliamorosa con Tama. ¿Pueden creerlo? —preguntó Nami, mostrándose sorprendida—. Me esperaba muchas respuestas, excepto esa. La cosa es que lo hablamos y… bueno, yo tomé mi distancia de Tama, identifiqué que lo que sentía por Tama sólo era una atracción pasajera. No la amaba, ni creo que podría llegar a hacerlo… así que tomé distancia de ella hasta que se me pasó y aquí estamos.
—¿Y cómo supiste que sólo era una atracción pasajera y que Tama no es el verdadero amor de tu vida? —indagó Syndra, arqueando una ceja.
—Porque no sentía lo mismo que con Sarah al principio. Esa sensación en mi pecho de calma, de que la conocía de algún lugar y que podía hablar con ella de cualquier cosa. —expresó Nami, pensativa—. ¿Sabes? Creo que puedo hablar con Sarah incluso de cosas en las que no estamos de acuerdo y ella no se va a molestar, en cambio, con Tama no podía refutar que madre luna es una idiota por permitir que los solari masacraran a su gente por años. Como en serio, defiéndenos o algo.
—Oh, religión. —dijo Diana, suspirando—. Lo único por lo que mamá envía a papá a dormir en el sofá.
—Mis papás pelean por culpa de Evard.
—Los míos ni siquiera duermen en la misma habitación—dijo Nami, soltando una pequeña risa—. Creo que si no puedes hablar de los aspectos malos o buenos que tiene algo importante en la vida de esa persona especial sin que se ofenda, entonces ahí no es.
—¿Quieres decir que, si no puedo maldecir al sol frente a Leona, la dejo? —preguntó Diana, intrigada.
—No exactamente. —susurró Nami—. Mi forma de ver el amor, no tiene que ser tu forma de ver el amor, Diana. Pero tienes que encontrar a una persona que comprenda y acepte tu forma de ver el amor, de otra manera, ocurrirá como con Alune. Le enviabas cartas y ella lo veía como una ofensa o algo.
—Cierto. —aseguró Syndra—. Entonces, ¿crees que debería hablarle de cómo Zed le pateó el trasero a Diana por defenderme?
—¡No me pateó el trasero! —dijo Diana, frunciendo el ceño—. Él huyó con su noviecito, de otro modo, lo habría puesto en su maldito lugar.
—Ajá. —murmuró Nami, riendo un poco.
—¡Bueno, ok, mi novia lo habría puesto en su lugar! —dijo Diana, girando sus ojos. De repente la peliblanca permaneció pensativa un instante—. Mmmm… suena raro. "Mi novia" ... ¿ya les dije que Leona es mi novia ahora?
—¡Yas, queen! —exclamó Nami, extendiendo su mano a Diana para que la chocara—. Estás en fuego.
—Estamos tan orgullosas. —dijo Syndra, llevando una mano a su pecho y sollozando un poco—. Deberíamos festejarlo embriagándonos sin sentido en medio del bosque con una fogata y brochetas de pollo.
—¡Es cierto! Me agradó Leona, es muy amigable. —dijo Nami, sonriente—. Excepto en la parte en la que parecía bastante interesada en mi tipo de chica y mi relación contigo.
—A-Ah, ¿sí? —preguntó Diana, nerviosa—. ¿Te dijo algo?
—Me preguntó si me gustabas, ¿puedes creerlo? —preguntó Nami, riendo—. Estaba como "¿Diana y yo? Ni cagando, somos casi hermanas".
Syndra miró a Diana de reojo, mientras Nami se mantuvo mirando su teléfono luego de haber dicho eso. Por un instante, la peliblanca bajó la mirada a su propio teléfono, sintiendo un extraño nudo en la garganta.
—Sí, bueno. Si no fuera excesivamente heterosexual, yo saldría con Diana, en definitiva. —dijo Syndra, luego de haber notado el desánimo de su mejor amiga—. Ella es mi lesbiana favorita entre ustedes dos.
—Mi hetero favorita entre tú y Varus, es Varus. —dijo Nami, alzando sus hombros con desinterés
—Varus es gay, idiota. —dijo Syndra, arqueando una ceja. Entonces Nami la miró de tal forma que la rubia sintió un escalofrío recorriéndola—. ¡Cómo sea! Eres una imbécil, actúas como si nunca te habría gustado Diana, o lo que sea. ¡Ella es lo máximo!
—Anda, no es como que Diana no me parezca linda. Sólo digo que sé todo sobre Diana… crecimos juntas, éramos nerds juntas, veíamos el show de "Star Guardians" juntas. Es como que… siento que ella es mi hermanita menor que siempre quería cuidar, justo como tú ¿entiendes? —explicó Nami, volviendo a mirar su teléfono—. Estoy segura de que Diana siente lo mismo, ¿o no, bebé?
—¡Sí, por supuesto! —exclamó Diana, nerviosa—. Definitivamente… sí. Somos como hermanas… como contigo.
Syndra miró a Diana a través del espejo, notando lo nerviosa que se notaba. Suspiró, tomando una de sus manos por encima de su regazo a modo de apoyo silencioso.
—No sabes lo horrible que me sentí cuando Alune rompió su corazón. —gruñó Nami, dejando su teléfono en su regazo para mirar el espejo y encontrar a sus dos amigas reflejadas en él—. ¡Me sentía tan culpable! Fui yo quien las incitó a salir y me sentía tan responsable de toda la mierda que sintió Diana. Realmente me dejé engañar por lo amable que era Alune, o sea… me engatusó la desgraciada.
—A todos. —dijo Syndra, negando con su cabeza—. Incluso yo pensaba que era una buena persona y era una perra total. Sólo quería sexo con mi bebé Diana.
—Ah… bueno… que sea un asco como pareja no la hace mala persona… ¿o sí? —preguntó Diana, cabizbaja—. O sea… igual y era buena amiga con todas.
—¿Estás defendiendo a esa perra? —preguntó Syndra y tanto Nami como ella miraron a Diana confundidas—. Ella pudo evitarte mucho sufrimiento diciéndote "Oye, sólo quiero coger, no tienes que desvivirte por mí". Créeme, a mí me funciona.
—Sí, o sea… estamos en el siglo veintiuno, no es como si las personas no tuvieran sexo casual con alguien en particular. —dijo Nami, comenzando a enojarse—. Quiero decir, Diana se declaró en frente de toda nuestra facultad, con un hermoso ramo de adelfas, una caja de bombones y una carta. ¿Sabes lo mucho que le costó perder el miedo escénico para hacer eso? Yo definitivamente le habría dicho que sí a todo, ¡esa era la confesión de mis sueños!
Confundida, Syndra miró a Nami y luego a Diana.
—¿Por qué te le declararías a la chica que te gusta como sueña que se le declaren tu mejor amiga? —preguntó Syndra, intrigada—. ¿No habría sido mejor preguntarle a Alune?
—¡Que se joda Alune! —exclamó Nami, cruzando sus brazos—. Como sea que se le habría declarado, la idiota igual habría hecho todas las pendejadas que le hizo. Como decirle que no expresarle sus sentimientos con palabras era una falta de respeto al voto de silencio de Aphelios. O sea, no me jodas, cojuda.
—Pero… es una cosa seria la religión para ellos. Igual era entendible. —dijo Syndra, arqueando una ceja—. ¿No eres tú lunari? ¿No es muy serio ese vot-
—¿Estás defendiendo a esa perra? —preguntó ahora Nami, y miró de tal forma a Syndra que la rubia carraspeó un poco, desviando su mirada a cualquier otro lado—. Eso pensé.
—Cómo sea, que se joda Alune. —dijo Diana, dando por terminado ese tema—. Luego de ella, llegó algo mejor.
—Y con brazotes. —dijo Syndra por lo bajo—. Sí. Después de Zed llegó algo mejor.
—No lo sé, chicas. Mi primer y único amor es el mejor. —dijo Nami, volviendo a mirar su teléfono—. Voy a arruinar la reunión familiar de mi mamá con mi cabello púrpura… y llevando a Sarah.
—Dale un respiro. —musitó Syndra, mirándola sorprendida—. Se va a morir sólo con la presencia de la delincuente.
—Que no es una delincuente. —gruñó Nami.
—Viene de Aguasturbias, suena como una delincuente para mí. —dijo Syndra, alzando sus hombros—. Como los noxianos.
—Y shurimanos. —dijo Diana, por lo bajo—. Al menos Sarah nos cae bien.
—Cuando no está haciendo llorar a Nami, sí. —dijo Syndra, alzando sus hombros—. Pero cuando se pone de idiota a beber y actúa como niña malcriada, no. Te lo juro que odio cuando coquetea con personas desconocidas en frente de nosotras, sólo para conseguir algo tan tonto como la entrada a una discoteca.
—Deja a mi bebé malcriada.
—Eres afortunada, al menos ella no se para en tu balcón entre las once de la noche y una de la mañana para tocar su guitarra mientras le canta "Dueles" a Nami para que la perdone. —dijo Diana, suspirando con frustración. Syndra comenzó a reír, recordando las veces que Diana la videollamaba para mostrarle a Sarah en su ventana—. Cuatro años… unas quince veces en total. A veces, mamá tenía que decir que era su hija y que estudiaba música para que la policía no se la llevara.
—¿La policía? —preguntó Syndra, parando de reír. Entonces miró a Nami—. ¿Tú mamá llamaba a la policía?
—La primera vez que lo hizo, Sarah me cantó frente a la casa. No hubo problema, mamá no estaba. —dijo Nami, sonriendo al recordar las veces que su novia había tocado bajo su ventana—. Pero la segunda vez que lo hizo decidió saltar la reja, entrar en el jardín, pararse justo bajo mi ventana y tocar su guitarra allí. Mamá estaba en casa y llamó a la policía. Sarah saltó al jardín de Diana cuando vio a la patrulla y Selene tuvo que hablar por ella.
—¡¿Por qué no lo grabaste, Diana?! —preguntó Syndra, soltando una carcajada bastante larga—. Moriría por verlo.
—Yo sí lo grabé. La grabo siempre que toca algo para mí… espera. —Nami buscó en su teléfono, encontrando en su nube una carpeta en específico con videos de Sarah—. Aquí… al minuto cinco y algo.
—Oh, Espíritus. —dijo Syndra, antes de soltar una risa al ver a Sarah escalando la alta reja negra con púas que rodeaba el terreno del domicilio de Nami—. ¡Se atascó en las púas! Vaya idiota.
—Ese era mi suéter de gatos favorito. —murmuró Nami con pesar—. Esa vez arrancó unas rosas del arbusto de mamá… creo que ese fue el momento exacto en el que comenzó a odiarla.
—No, fue cuando las encontró cogiendo. —dijo Syndra, alzando sus hombros con desinterés y devolviéndole su teléfono a Nami—. Me han encontrado haciendo muchas cosas, Nami. Fumando, viendo porno, bebiendo gaseosa… incluso una vez intenté comer una hamburguesa y mi papá le dio vuelta al plato antes de que lo hiciera. Pero, ¿cogiendo? Nunca.
—Sí, creo que incluso mi mamá se sentiría incomoda si me encuentra haciendo… eso. —murmuró Diana, sintiendo vértigo de sólo pensarlo.
—¿Comiendo una hamburguesa de carne? —preguntó Syndra, a modo de broma—. Sí, me echarían de casa.
—Teniendo sexo, imbéci-
—¡Bueno y ya! —exclamó Nami, sonrojada—. ¡Por última vez, pensé que ella no iría a casa! Además, ni siquiera fue como si estuviéramos cogiendo. Acabábamos de bañarnos juntas, yo salí primero y ya tenía puesto parte de mi pijama, Sarah salió desnuda y… ¡y vamos! Sarah es sexy.
—Confirmo. —murmuró Syndra por lo bajo.
—La vi buscando su ropa interior en su mochila y… sólo… ¡sólo estaba besando su vientre cuando ella apareció! Eso no es tener sexo. —explicó Nami, y Syndra pudo notar cómo incluso una de las jóvenes que estaba tiñendo el cabello de Diana soltó una pequeña risa—. Pero mamá siempre hace un escándalo de todo. "¡Esta es mi casa, tienes que respetarla!", ¡lo sé, por eso no cojo ahí! Cogemos en su remolque… la mayoría de veces… bueno seis de diez veces lo hacemos en su remolque.
—¿Coges diez veces al mes? —preguntó Diana, mirándola con fingida sorpresa—. Vaya leyenda.
—Sí, yo ya tengo mi virginidad restaurada. —bromeó Syndra, riendo—. Eres toda una bestia.
—Ajá, sí. Sarah y yo no hemos estado juntas desde… desde que volvimos de Aguasturbias. —comentó Nami, pensativa—. Íbamos a hacerlo ese día de la playa, pero ya saben, ella es como un animal en la cama.
—¿Así de buena? —preguntó Diana, sorprendida.
—No, más como "aliméntame y hazme piojito hasta que me duerma, bebé". —comentó Nami, riéndose por su broma—. Y yo lo hago sólo para que me deje ver Los Cien.
—¿Por qué se tuvo que morir Lexa? Joder. —dijo Diana por inercia, entonces Nami volteó a mirarla sorprendida
—¡¿Qué carajo, Diana?! —vociferó Nami, en shock—. ¿Qué? ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me spoileas, maldita?!
—¡Pero se murió hace cuatro temporadas! —la defendió Syndra, confundida—. ¿Por qué no lo has visto?
—¡Soy una estudiante de ciencias! —exclamó Nami, pasando sus manos por su rostro con estrés—. ¡Yo sí estoy muy ocupada haciendo cosas importantes, malditas de humanidades!
—"Mimimi, soy el verdadero futuro de la generación". —se burló Syndra—. Ser el verdadero futuro tiene un precio, ¿o no, cerebrito? Te aguantas los spoilers por mamona.
—Te pago el triple si le tiñes el cabello de arcoíris. —dijo Nami, hablándole a la joven que trabajaba en el cabello de Syndra, que la miró sorprendida.
—Te pago el triple si se lo pintas de negro otra vez. —le habló Syndra a la que trabajaba en el cabello de Nami.
—Te pago el triple si acabas ya y me dejas huir. —murmuró Diana, mirando por el espejo a la joven que trabajaba en su cabello.
—¿Por qué me dices que hay lesbianas en la serie si luego se van a morir? —preguntó Nami, buscando en su teléfono una confirmación de lo que le dijo Diana—. No… no, no, no… ¡Lexa, no!
—Eso pasó hace cuatro años, Nami, por los Dioses, te recomendé la serie hace seis años, cuando sí había lesbianas. —dijo Diana, alzando sus hombros—. Ok, ya… ve She-Ra.
—¡Ya vi el final por culpa de Sarah! —exclamó Nami, cruzándose de brazos—. Me despertó un día en la madrugada gritando que su ship era real y me mostró el beso de Adora y la gata con poca autoestima y control emocional.
—Esa es una excelente descripción de personaje. —dijo Syndra, asintiendo con su cabeza—. ¿Sabían que, si vuelven a ver Star Guardians a esta edad, se dan cuenta de que la de pelo rosa y la de pelo rojo son novias? Las primeras dos temporadas sólo trata de lucecita tratando de traer de vuelta a su novia a su equipo. Pero como éramos muy jóvenes, pensábamos que se trataba de ella evitando que su amiga cayera en la oscuridad.
Tanto Diana como Nami miraron a Syndra en silencio. Entonces ambas jadearon con sorpresa.
—¡Dioses, es real! —exclamó Nami—. ¡Es por eso que le dice "me convertí en la luz que todos necesitaban, sólo para ser el faro que te guíe de vuelta a casa"!
—¡Y por eso lo que despertó los poderes de Shiro y Kuro, fue que la vida de su novia estaba en peligro! —dijo Syndra, sorprendiendo más a sus amigas—. Perdón, pero ustedes están por morirse y cuando mucho las lloro un momento y luego sigo con mi vida.
—Te morirías de depresión sin nosotras… o peor, volverías con Zed. —afirmó Nami y Syndra abrió su boca para decir algo, sin embargo, no pudo refutarla—. Exacto, sí. Así me agradas más, callada.
—Toda mi vida ha sido una mentira. —murmuró Diana, aún sorprendida.
—La única cosa que ha sido verdad, hasta ahora, en nuestras vidas… somos nosotras. —murmuró Nami, sonriendo un poco y relajándose en su silla—. A veces pienso, ¿qué pasaría si Sarah y yo terminamos? El dolor, la soledad, la depre… pero antes que todo eso, están ustedes.
—Aaaww, ahora dilo sin llorar. —dijo Syndra, sin poder evitar sonreír ante lo que dijo su amiga—. Si Sarah y tú terminan, por fin podremos ir a bares gays para que seduzcas una nueva pelirroja caliente.
—Te prestaría a Zoe para que la cuides cuando está enferma… o cuando no lo está, porque igual requiere tratamiento especial. —dijo Diana, logrando ampliar la sonrisa de su amiga.
—Hablando del monstruo y la niña. —dijo Syndra, mirando en dirección a la entrada del establecimiento—. ¿Dónde están?
—¡Le juro que ella es discapacitada! —exclamó Sarah, señalando a Zoe detrás suyo—. Debe faltarle algo en la cabeza… ¿cuántas niñas conoce que puedan beber cualquier cosa y expulsarla por la nariz a voluntad?
—¡Sólo yo! —afirmó Zoe, sorbiendo un poco de soda sólo para luego hacer un gesto gracioso. Entonces sacudió su nariz y en efecto la bebida salió por su nariz—. ¡Soy increíble!
—¡¿Lo ve?! No aparqué en un sitio que no debía, esta multa es basura. —expresó Sarah, llevando sus manos a su cintura.
—Señora, el automóvil no es suyo, su permiso de conducir está vencido, su ID tiene varias multas sin pagar y la niña no es suya. ¿Puede acompañarnos, por favor?
—¡No me toque! Llamaré a mi abogado y estará aquí en un minuto. —expresó Sarah, tomando su teléfono celular—. ¿Amor?… te vas a reír.
—¡¿Qué mierda, Sarah Fortune?! —exclamó Nami, mientras Diana hablaba con los oficiales—. ¡¿Por qué no puedo pintarme el cabello por una hora sin que hagas algo ilegal?!
—Nena, tu cabello se ve espléndido. —dijo Sarah, sonriendo con coquetería—. Escucha, fue una tontería. No había lugar para aparcar, nos estacionamos allí, fuimos a comprar y de repente, ese hombre quería multarme por aparcar en un lugar equivocado. Pero el equivocado era él… ¡Zoe tiene una discapacidad!
—¡No la tiene! —exclamó Nami, pasando sus manos por su cabello—. ¡No le falta nada, sólo es rara!
—¡Hey, puedo oírlas! —expresó Zoe, a un lado de Diana.
—¿Entonces por qué puede lamer su codo? Seguro le falta un hueso o algo. Eso es una discapacid-
—¡Hace yoga, Sarah! Además, es una niña, es de goma o lo que sea. —Nami suspiró con fingida frustración—. Ahora me debes un favor.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Sarah, confundida—. Tengo dinero para la multa, y es mentira lo del permiso de conducir, mi cita para que me entreguen mi nuevo carnet es la próxima semana.
—¡Sí, pero me debes un favor! Diana tuvo que ser tu "representante legal". —expresó Nami—. No puedo creer que abusaras de mi confianza y ¡manejaras mi auto sin permiso activo!
—¡Se vence hoy, aún es legal! —dijo Sarah, entonces miró a Diana—. Diana, díselo.
Diana sólo continuó hablando con el oficial de policía, mostrándose bastante complaciente, a diferencia de Sarah que se mostró altanera en todo momento.
—¿Lo ves? Aún es legal, ¿verdad? —preguntó Sarah, mirando en dirección a los guardias que se encontraban cerca—. ¡Aún es legal, imbéciles!
—¡Sarah! —exclamó Nami, cubriendo su boca con su mano—. Cierra la boca antes de que te pongan otro cargo malintencionado.
—Pero beb-
—Van a dejarnos ir, te vas con las tres multas que debes y una por atraso. —dijo Diana, volviendo de hablar con el oficial que había detenido a Sarah—. La próxima vez, utiliza el cartel de discapacidad que tenemos.
—¿Cuál cart-? Oh… ese. —murmuró Sarah, luego de que Syndra lo sacara de entre los asientos traseros del auto—. No sabía que teníamos uno.
—Mamá lo consiguió cuando pensó que Zoe podía tener alguna discapacidad intelectual. —dijo Diana, alzando sus hombros—. Se metía algodones y colores a la nariz.
—¡¿Lo ves?, Selene pensó lo mismo alguna vez! —expresó Sarah, causando que Nami girara sus ojos.
—Bi perdedora. —dijo Syndra, llegando hasta ellas—. La próxima vez sólo espera que llegue Nami para que no te pongan otra multa, imbécil.
—Nami, Sarah me compró una cajita feliz, pero me quitó el juguete. —dijo Zoe, cabizbaja. Sollozó un poco hundiendo su rostro en el pecho de Nami y fingiendo estar llorando—. Le dieron un poro demaciano… y no quiso dármelo, Nami. Encima me dijo discapacitada.
—Oh, Dioses, mi pequeño crepúsculo. ¡Sarah, dale el poro demaciano! —exigió Nami, abrazando a la niña mientras miraba de forma acusadora a Sarah—. No puedo creer que seas tan egoísta, amor.
—Per- ella no… ¡ella no está llorando! —exclamó Sarah, mirando a Zoe, que la miró de reojo mientras sonreía con malicia al estar en el pecho de Nami—. ¡Hicimos un trato! Ella se comería la cajita feliz con las dos papas extra grandes y yo me quedaría el poro. ¡No se lo daré!
—Ah, ¿no? —preguntó Nami, acariciando el cabello de Zoe con parsimonia—. Está bien, pequeña. ¿Quieres otra cajita feliz? Compraré dos y te daré ambos juguetes, sólo para ti, cielo.
—¡Nami! —se quejó Sarah y Syndra se rió de ella—. Pequeña sabandija-
—¡Sarah! —gruñó Nami, negando con su cabeza. Entonces miró a Zoe de nuevo—. Te compraré lo que sea que quieras, cariño… y Sarah va a pagar.
—Bueno, entonces podemos pasar mejor por una tienda de videojuegos y comprar el último Zelda. —dijo Zoe, limpiando su rostro y pestañeando varias veces—. Eso me haría muy feliz, además olvidaría el mal rato que pasé con esos policías.
—Ya escuchaste a la plaga. —dijo Syndra, subiendo al coche—. Vayamos al centro comercial, necesito maquillaje nuevo.
—Per-
—Pido la ventana. —dijo Diana, dejando entrar a Zoe al coche para sentarse al lado de la ventana—. Ponte el cinturón.
—Pagaré las multas. —dijo Nami, tomando los tres papeles que tenía su novia en la mano—. Paga el videojuego… y mi almuerzo.
—Sólo el t-
—Y el de Zoe. —dijo Diana desde el interior del auto.
—¡Con un demonio! —exclamó Sarah, entrando al coche para encenderlo—. Esa niña es una cría de Teemonio.
—Lo dije primero cuando me hizo pagar la mitad de su Switch. —murmuró Syndra, mirando su reflejo en la pantalla de su teléfono —. Foto, para rememorar este hermoso momento.
—¡Yay, foto!
—Cuatro multas para la delincuente y un nuevo look para mí. —dijo Syndra mientras posteaba la foto, donde se podía ver casi todo el interior del coche—. ¡Já, mira Diana! La acabo de postear y ya tiene el mismo número de likes, que Sarah de multas.
—¡Ya, carajo! —exclamó Sarah, soltando una pequeña risa—. Ustedes son insoportables. Si Nami no culeara rico, las sacara a ustedes de mi vida en la primera oportunidad.
—¿Qué es "culeara"? —preguntó Zoe, mirando a su hermana y a Syndra.
—¡Nada! —exclamaron Diana y Nami.
—Coger. —dijeron Syndra y Sarah.
—¡Sarah! —gritó Nami.
—¡Syndra! —se quejó Diana, tapando las orejas de su hermana como pudo.
—¿Entonces qué quiso decir ella con que "Nami coge rico"? —preguntó Zoe, pensativa—. Como "coge", de tomar, ocupar, sujetar, agarrar… ¿Nami te sujeta rico? Como "rico", de delicioso, sabroso, ¿o de adinerado? Si es el caso uno, entonces ¿Nami te sujeta delicioso? Pero si es el segundo, ¿Nami te agarra adinerada? Sea como sea, no lo entiendo.
—Sí que me sujeta delicioso. —dijo Sarah, recibiendo un codazo por parte de Nami.
—Despídete de ellas dos, Zoe, porque no volverás a verlas en al menos un mes. —gruñó Diana, negando con su cabeza.
La forma en que veía el amor.
Diana lo meditó. Miró a Nami y Sarah mientras caminaban por el mall.
—¿No crees que tengo muchos muñecos de felpa? —preguntó Nami, parada frente a una vidriera—. Mamá dijo que, si llegaba con otro de estos a casa, le diría a mi nana que se deshiciera de todos.
—Bebé, por favor. —dijo Sarah, soltando una pequeña risita—. Estoy segura de que no he visto en tu colección de poros de felpa a ese poro inventor. ¿cierto?
—Mmm… es el último que salió con la serie de Arcane. Es tan lindo… ¡Lo necesito, Sarah! —exclamó Nami, removiéndose en su sitio—. Pero si mamá me ve llegando con él, botará toda mi colección.
—Que se joda, lo guardaremos en mi remolque. Este y todos los que te falten. —aseguró Sarah—. Además, en una semana me mudo a un departamento más al oriente, ¿recuerdas? Podrás mudar a todos tus lindos poritos allí y estarán todos reunidos y felices.
—¡¿De verdad?! —preguntó la joven de cabello ahora púrpura—. ¿Conseguiste el arriendo?
—¡Yas, nena! Ya no tendremos que pagar ese estacionamiento cerca de mi remolque, el departamento viene con lugar en el estacionamiento del edificio. —dijo Sarah, sonriente—. ¡Y sólo tuve que reunir un tercio de mis ganancias por seis meses! Ahora no habrá nadie que nos robe el balón de gas, nena, ¡Yay!
—¡Yay, amor! —exclamó Nami, contenta. Se lanzó a los brazos de la pelirroja, besándola con éxtasis—. ¡Estoy tan feliz por ti! Siempre logras todo lo que te propones, cielo… eres tan increíble.
—No lo habría logrado sin las alcancías que me compraste, bebé. —dijo Sarah, rozando con la punta de su nariz la nariz de Nami—. Compremos tu poro científico.
¿Leona coleccionaría poros de felpa? No lo creía. Había visto peluches en su dormitorio, pero no algo como una colección de ellos. Quizás podría regalarle alguna figura de acción de alguna serie o videojuego, pues había visto que era fanática de eso.
La forma en que veía el amor.
¿Cómo lo veía? Para ella, amor era eso que hacían Sarah y Nami. Pero la tarde anterior también presenció cómo Sarah y Nami podían llegar a herirse entre ellas. ¿Eso era amor?
Incluso luego de que Nami le dijera cosas bastante hirientes, allí estaba Sarah, consintiéndola. ¿Eso era amor? ¿Diana lo veía de esa forma? Si lo pensaba, si Diana se pusiera en el sitio de Sarah, se habría hundido en su habitación a llorar por la forma tan despectiva en la que Nami le habló.
Con Alune, hizo todo lo que pensó que le habría gustado que hiciera.
Se le declaró en público, como Nami le había dicho. La llevó a ver películas de ciencia ficción, como Nami le había dicho. La buscó en su coche, como Nami le había dicho. Ninguna de esas cosas pareció agradarle a Alune.
Pero… ¿le agradarían a Leona?
—"Te gustan las películas de ciencia ficción?"
—"Prefiero más las comedias"
Ahora, eso era inesperado. Pensativa, Diana buscó alguna película de comedia en las carteleras de cine de esa noche.
Sólo había una para las diez.
—"Quieres que veamos una hoy?"
Esperó unos minutos, expectante.
—"Yo pago las palomitas y tú las entradas"
Y así de fácil, había conseguido una nueva cita con su nueva novia.
Pero, de nuevo, ¿cómo veía el amor? ¿Qué era el amor para ella? ¿Era desvivirse por la persona que amaba, como con Alune? ¿Era soportar engaños, como Syndra? ¿Era ceder ante lo que le pedía su novia, como Sarah?
—Tengo una cita a las diez. —musitó Diana, mirando su reloj de pulsera—. ¿Vamos volviendo?
—Sí, definitivamente. —dijo Syndra, poniéndose de pie de la mesa en la que estaban tomando un pequeño aperitivo—. Yo también tengo algo que hacer hoy, así que debo buscar cosas en mi casa e irme al carajo.
—¿Las llevamos a casa y luego vamos a mi remolque? —preguntó Sarah a Nami, que miró a sus amigas con complicidad.
—En realidad… ¿Pasamos por mi casa antes de ir allá? Es que… quiero buscar un pijama primero. —dijo Nami, sonriendo con inocencia a su novia.
—Pero te lavé tu pijama favorito, am-
—Sí, pero no quiero ensuciarlo. —refutó Nami, pestañeando varias veces.
—Ah… ¿o… kay? —respondió Sarah, confundida—. Bien… yo buscaré el coche, pagaré el estacionamiento y lo llevaré a la entrada este, ustedes vayan pagando aquí.
—Por supuesto, amor. —confirmó Nami, dándole un corto beso a Sarah antes de que ella se fuera—. Así es como convenzo a Sarah de hacer cosas que no quiere.
—Ya veo… ocultándole la verdad hasta que ya no tenga más opción porque ya estará allí. Inteligente. —dijo Syndra, observando a Sarah caminando con rapidez por los pasillos del mall—. Diabólico, pero inteligente.
¿Así se veía el amor? ¿Qué haría Diana si Leona la llevaba a una reunión familiar tan insufrible como sabía que eran las reuniones familiares de Nami? Encerrarse en un baño hasta que todos se fueran y entonces huir.
Llegaron a su zona residencial cuando ya había oscurecido. Syndra fue la primera en bajarse del coche, pues fue a la primera que dejaron en su hogar. La siguiente serían Diana y Zoe.
—Adiós, pulguita. Disfruta tu juego. —se despidió Sarah, agitando su mano a Zoe, que no paraba de jugar con su Nintendo.
—Gracias, señorita Fortune, disfruta tu reunión insufrible. —dijo Zoe sin pensar, saliendo del coche.
—¿Qu-
—Ella quiere decir que su calabozo es insufrible… eso… sí. —dijo Diana, sonriendo con pesar—. Eh… entraré ahora… que la pasen bien.
—Igualmente, Didi. —dijo Nami, sonriéndole—. Que te vaya bien en tu cita con Leona.
—Sí, coge si puedes. Cuando tienen cuatro años saliendo, ya casi no coges. —dijo Sarah, recibiendo un codazo por parte de Nami.
—Cogimos ayer. —se defendió Nami, subiendo el vidrio de su ventana y mirando la casa siguiente a la de Diana. Su casa. Había autos estacionados frente a la residencia—. Y si te portas bien, hoy también.
Sarah arqueó una ceja ante su comentario, entonces frunció su ceño, extrañada, pues pudo divisar dos coches que no reconoció detenidos en la acera frente a la casa de su novia. Entonces frenó en seco en medio de la calle.
Nami la miró, ella miró a Nami. Entonces entendió por qué Nami había estado arreglándose camino a casa, siendo que ella no usaba más que labial y si acaso máscara de pestañas.
—No voy a-
—Sí, vas a entrar. —dijo Nami. Y Sarah supo que no habría opción de discutirlo. No era una pregunta ni propuesta, era una orden. Nami ladeó su cabeza a la derecha, sonriéndole con amabilidad—. Tú no tienes que hacer mucho para verte hermosa, así que estás perfecta como te ves ahora.
—No, no. No halagues mi aspecto ahora. No va a funcionar. —gruñó Sarah, estacionando el coche negro detrás de uno gris—. Nagakabourus, no soy la más devota, pero si pudieras abrir la tierra ahora mismo y llevarme al fondo del océano, lo agradecería. Tengo buen sabor-
—Lo tiene. —murmuró Nami, quitándose el cinturón de seguridad.
—Calla, tú no puedes rezarle a mi Diosa. —murmuró Sarah, con sus manos juntas—. Soy un digno sacrificio para ti. Por favor. Pruébale a esta hereje que eres real. Ya… ahora… estoy esperando. Por lo que más quieras, sólo sácame de aquí lo más rápido que puedas, amén.
—Ya sal del auto, Sarah. —se quejó Nami, tocando la ventana del piloto y esperando que su novia saliera—. Vamos tarde.
—Mierda, por eso no voy a los templos. —gruñó Sarah, abriendo la puerta para salir—. No iré. No entraré y no hay forma de que me obli- qué buenas… lindas tetas.
Nami había puesto una de las manos de Sarah en su pecho derecho y la pelirroja no tardó en apretarlo un poco, desviando su atención por completo de lo que estaba diciendo.
—¿Te gustan? Estoy usando mi nuevo sostén. Ese que compré especialmente para ti. —dijo Nami, acercándose a Sarah para cerrar la distancia entre ellas—. Si te portas bien, en la noche podrás quitármelo.
El susurro de Nami, además de la pequeña mordida que le dio en el lóbulo de la oreja causó que Sarah le colocara el seguro al auto al instante, caminando con prisa hasta la entrada al antejardín de la casa de su novia.
—Mi dulce dama primero. —habló Sarah, señalando la reja.
—Obvio, tengo la llave. —contestó Nami, abriendo el portón. Sarah entró detrás de ella y aunque sintió un increíble retorcijón en su estómago, no dijo nada cuando su novia caminó hasta que abrió la puerta principal—. Estoy en casa.
Sarah conocía la casa de su novia.
Era grande y con fachada bastante moderna. Por la personalidad de su madre, no le extrañaba que fuera la única casa con cámaras de seguridad de toda la calle, además de la de rejas y arbustos más altos para separar el terreno de las demás residencias.
Tenía una fuente en el antejardín y césped muy bien cuidado decorado con diversos yordles de jardín, además de focos de luz que iluminaban el frente. La cochera utilizaba control y aunque las llaves de Nami poseían el mismo, Sarah prefería evitar aparcar en la cochera en caso de que su novia tuviera una discusión con su madre y ella tuviera que arrancar el auto con prisa.
Apenas puso un pie en el interior de la casa un aroma a lavanda la invadió. El grupo de personas que estaba sentada en la sala de estar voltearon sus miradas en dirección a ellas, en la puerta principal. Entonces Sarah sintió náuseas.
Aún tenía tiempo de huir.
—Oh, ¡Nami! —exclamó Erali, que estaba sentada en uno de los sofás de la sala de estar.
Sarah observó a la madre de su novia levantarse de su lugar y casi lanzarse a abrazar a su hija, así mismo, el hombre de cabello castaño que reconoció como el padre de su novia se puso de pie y se acercó para abrazar también a Nami. Sonrió un poco al verlos así. Pero pudo notar el gesto de desinterés de Nami en medio del abrazo.
—¡Mi pequeña marai! —exclamó Rasho, sonriente—. ¿Cómo has estado? ¿Acaso creciste un poco más mientras estuve fuera?
—No, papá. Las mujeres crecemos hasta los diecinueve. —negó Nami, alejándose con incomodidad de sus padres—. Sarah vino conmigo, como mamá me pidió.
Inmediatamente, Edric observó confundido a Erali. Sarah sintió un escalofrío recorrerla cuando la mujer fijó su mirada de desaprobación en ella. En un pestañeo el rostro de alegría de la madre de Nami cambió cuando vio a su lado a Sarah. La tensión en el ambiente era palpable para la pelirroja, que quiso retroceder hasta el coche y arrancar lejos de la casa.
—Ah… Sarah… es… un placer volver a verte aquí. —dijo Erali, pero Sarah sabía que no era ningún placer. Todo lo contrario.
—Señora Erali. —saludó Sarah, sonriendo con amabilidad—. ¿Cuánto ha pasado? Se ve incluso mejor que hace meses. Su cabello se ve increíble.
—Sí, gracias. Hija, pero quedamos en que era una reunión muy… exclusiva. —expresó Erali, ignorando por completo a Sarah—. ¿No puedes pedirle que venga otro día?
—Oh, pero dijiste que trajera a mi novia. —dijo Nami en un tono apacible, pero pronunciando en voz alta la palabra novia y captando la atención de los invitados en la sala de estar—. Y aquí está, muy contenta de volver a verte.
—No lo dudo. —murmuró Erali, y Sarah retrocedió un paso.
—Es un gusto volver a verte, Sarah. —dijo Edric, sonriéndole. Él le tendió la mano y Sarah la tomó con nerviosismo—. Gracias por venir, siempre hay espacio para uno más. Pasa adelante, conoce al resto de la familia.
—La verdad es que yo n-
Cerrando la puerta detrás de Sarah, el hombre pareció no lograr escuchar lo que quería decirle Sarah, que suspiró con resignación.
—¿Puedes por favor comportarte un poco en frente de tu abuela? —preguntó Erali, sujetando a Nami del brazo con algo de fuerza y Sarah sólo la miró desde la entrada con recelo—. No vayas a hacer una escena innecesaria sólo para hacerme enojar, Nami.
—Ay, como sea. —gruñó Nami, caminando hasta el centro de la sala de estar, donde se encontraba su abuela, sentada en un sofá. Se sentó a su lado y le sonrió con amabilidad—. Hola, abuela Delia, ¿cómo has estado?
—Nami, cariño… te ves tan grande, tan hermosa como siempre. —saludó la anciana, acercándose a ella para rodear a Nami con sus brazos. De nuevo, la ojiverde apenas correspondió el abrazo—. ¿Cómo te va en la universidad? Tu madre no ha dejado de hablarme de ti todos estos meses. Dice que eres la mejor de tu clase, justo como ella. ¿Es eso verdad?
—Sí, algo así. —respondió Nami, sosteniendo una de las manos de la anciana cuando ella se separó del abrazo. Observó por un instante las sortijas de plata en las manos de su abuela y suspiró—. ¿Nueva colección de joyas?
—¡Por supuesto que sí Nami, cielo! ¿Cómo crees que vendría a verte sin tener puestas mis mejores piezas de diamantes y perlas? —La risa que dejaron escapar tanto su madre como su abuela causaron que Nami sonriera con desgano. Sarah suspiró desde la entrada—. Te ves un poco cansada, hija. ¿Has descansado tus correspondientes ocho horas, cierto? Aunque igual pueden ser cinco y una o dos tazas de café. Recuerda que siempre debes limpiar bien tu cutis o esa naricita estará repleta de puntos negros en un abrir y cerrar de ojos.
—Siempre le digo lo mismo, mamá. Pero ella no me escucha, cree que la juventud es eterna. —expresó Erali, volviendo a reír.
—Me harás caso en quince o veinte años. —expresó Delia, tomando el rostro de Nami en sus manos y moviéndolo de derecha a izquierda en busca de imperfecciones—. Quizás diez.
—También me alegra verte, abuela Delia. —expresó Nami, sonriendo. Y sólo Sarah parecía darse cuenta de que su sonrisa era falsa—. Hola, Rasho.
—Nami, ¿cómo va la universidad? —preguntó su primo, acercándose a ella. Nami se puso de pie para recibir el incómodo abrazo de su primo—. Aprovecha para dormir mientras puedas.
—Sí, eso me han dicho. Felicidades por tu título. —expresó Nami, sonriente—. Tía Alana, tío Dennys.
—Nami, cielo. ¿Por qué apareces tan tarde? —preguntó su tía, acercándose para besarla en la mejilla a modo de saludo—. Erali me contó que planeabas irte de intercambio el próximo año.
—¿Qué? —preguntó Sarah desde la entrada y todos parecieron notarla en ese instante—. Eh… permiso. ¿Estás planeando qué?
—La cosa de Freljord. —respondió Nami, negando con su cabeza. Volvió a mirar a su tía, que; al igual que el resto de su familia, miraban a Sarah confundidos—. La verdad es que yo no… postulé, la idea de irme a Freljord no me convenció.
—¿Qué? —fue el turno de Erali de preguntar, mirando a su hija desconcertada—. ¿Cómo? ¿Por qué?
—Estoy bien aquí, mam-
—¡Nami! —exclamó una pequeña niña, que bajó las escaleras, sonriente. Se acercó a la joven para lanzarse sobre ella para abrazarla—. ¡Por fin estás aquí!
—Kaia, hola. —saludó Nami, y por primera vez desde que entraron a la casa, Sarah la observó sonreír de verdad—. Estás enorme. ¿Cuántos años tienes ya? ¿Cuatro?
—¡Sipi! —exclamó la niña, sonriente—. Pero soy tan alta como una de cinco, ¿no?
—Por supuesto que sí, linda. —respondió Nami, entonces alzó la mirada a su novia y amplió su sonrisa—. Quiero presentarte a alguien, ven aquí.
—Oh, no. —susurró Sarah, sonriendo con pesar.
—De hecho, quiero presentársela a todos. —dijo Nami, señalando a la mencionada, que continuaba a pasos de la entrada—. Mi nov-
—¡Su amiga! —exclamó Erali, volteando a mirar a Sarah. La pelirroja miró a sus lados en busca de alguna amiga de su novia. Entonces, cuando los ojos grises de la madre de su novia la atravesaron con desprecio, supo que se trataba de ella—. Su amiga Sarah, de la universidad.
—Oh, cielo. Estoy tan feliz que tengas otras amigas además de Dana y Sandra. —dijo la mujer mayor, mirando de arriba abajo a Sarah desde su posición—. ¿Y quién es esta… jovencita?
Para Sarah, el tiempo pareció detenerse un instante.
Podía atravesar la sala corriendo, saltar por uno de los ventanales y ahogarse en la piscina. Fingir que alguien la llamaba y salir fuera para luego huir. Encerrarse en un baño. Desaparecer. No, no podía desaparecer, pero eso quería.
Estaban en verano, el calor era demasiado y ella no tenía idea de que asistiría a una especie de cena familiar con su novia así que se vistió con un crop top blanco de mangas cortas y unos leggins negros ajustados. Podían verse los tatuajes de su abdomen y brazos y, por lo que había escuchado hablar de la familia materna de Nami, lo más probable es que la juzgaran incluso peor que Erali.
Carraspeando un poco, la pelirroja caminó hasta el centro de la sala de estar, sintiendo de nueva cuenta cómo la mirada de todos los presentes se posaba sobre ella.
Se sintió como en la preparatoria.
Incómoda, Sarah quiso cubrir con uno de sus brazos su abdomen. Tuvo vértigo por un instante antes de extenderle su mano a la abuela de su novia, insegura.
La anciana ajustó sus anteojos para poder mirarla bien y Sarah sonrió de forma forzada, intercalando sus ojos entre la anciana y su novia. La mujer mayor tomó su mano apenas unos instantes y Sarah retrocedió un paso casi de inmediato cuando la dejó ir.
—E-Es un placer, señora. —susurró Sarah—. Soy Sarah, Sarah Fortune.
—¿Fortune? Nunca había escuchado ese apellido por esta zona de la ciudad. —dijo Alana, frunciendo un poco su ceño—. ¿Eres de… más al oeste?
—Eh… diría que más al este… muy al este. —respondió Sarah, pensativa.
—Oh, entonces eres de la zona oriente. —dijo Keelan, uno de los tíos de Nami.
—¿Del barrio Lunaplata? —preguntó la abuela de su novia, con bastante interés.
—Como, pasando el desierto de Shurima y el mar de los guardianes. Ese tipo de… este. —intentó explicar Sarah, mirando de reojo a Nami, que palmó su frente con una de sus manos—. Soy de Aguasturbias. Estoy aquí por una beca estudiantil.
—Oh, ya veo. —dijo Delia, limpiando su mano derecha con un pañuelo blanco que había mantenido en su regazo—. No sabía que el estado aún realizaba ese tipo de intercambios estudiantiles con tierras tan… barbáricas.
—¿Disculpe? —preguntó Sarah, arqueando una ceja.
—Señores. —intervino en la conversación una de las empleadas del hogar de la familia de Nami—. La cena está lista… ¿deberíamos colocar un nuevo plato? Para la señorita Fortune.
—No lo c-
—¡Sí! —exclamó Nami, interrumpiendo a su madre—. Sí, por favor, al lado del mío.
Sarah observó el plato con desgano.
Quería decir que se veía apetitoso, sin embargo, la comida targoniana no era su favorita. La carne de erbok no se comparaba con los crustáceos que compraba su madre en los mercados de su barrio. La comida targoniana de por sí no era mala, pero la comida de targonianos de clase alta, que consistían en un plato enorme para una simple rebanada de carne, un poco de arroz y decoración absurda, eso sí que era malo, al menos para Sarah.
Las cenas que había tenido con la familia de su novia no habían sido tan extravagantes. Pero Sarah tenía entendido que, cuando tenían visitas, Erali trataba de actuar como si fuera la mujer con más dinero de todo el barrio.
Y Sarah pensaba que era vanidosa por mantener el teléfono hackeado de Syndra en una caja fuerte en su remolque.
Miró a Nami, a su derecha. Deseó poder sentirse resentida con ella por haberla llevado allí engañada. Pero entonces notó que miraba su plato con desgano, antes de levantar la mirada y sonreír con falsedad.
A veces Sarah olvidaba que de eso se trataba la vida de su novia. Asistir a este tipo de reuniones y mantenerse tal cual como estaba en ese momento. Callada, con una sonrisa falsa, asintiendo ante todo lo que su madre decía de ella. Para Erali, eso era Nami, un trofeo. Y Sarah no podía soportar verla así, como un pequeño pez exótico, en una pecera de treinta centímetros de diámetro, siendo admirada desde afuera.
Era por eso que a veces aceptaba hacer tonterías con Nami que le disgustaban a Erali. Nada era más satisfactorio para Nami que dejar en ridículo a su madre, por muy malvado que sonara.
—Entonces, sobrina, ¿dónde está tu amiga Dana? —preguntó Dennys, uno de los tíos de Nami, haciendo que Sarah la mirara al estar hablando de alguien que conocía, suponía que hablaba de Diana—. Tengo tanto tiempo sin verla. Creo que la última vez que la vi fue en el funeral de la señora Aine.
—Es Diana, tío. Le va muy bien, hoy fuimos juntas con Syndra a teñirnos el cabello. —musitó Nami, dejando de lado su copa de vino tinto—. Ahora tiene una novia y pasa más tiempo con ella que otra cosa, de hecho, debe estar yendo a una cita con ella ahora.
—¿De verdad? Eso es increíble. —dijo Rasho, limpiando un poco su boca con su pañuelo—. No puedo imaginar a Diana con alguien más. Quiero decir, ella era casi como tu sombra… podía jurar que le gustabas cuando iban a la secundaria.
—¿Qué? —preguntó Sarah, arqueando una ceja—. ¿Le gustabas a Diana?
—Por supuesto que no. —dijo Nami, mirando a Sarah con un dejo de confusión—. Ella es como una hermana. Tranquila.
—Sí, pero ella era… un poco muy rara contigo. —dijo Rasho, pensativo—. Nunca te dejaba, ni siquiera para ir al baño. Recuerdo que una vez te escribió una carta en el día del amor.
—Ay, por favor. Eso es normal. Éramos mejores amigas. —dijo Nami, restándole importancia—. Además, es el día del amor y la amistad, no sólo del amor. También le escribía cartas… de hecho, hacíamos aviones de papel y nos lanzábamos notas de mi ventana a la de Zoe. Era divertido.
Sarah observó a Nami con atención. No se veía nerviosa ni nada parecido, de hecho, se veía bastante tranquila, como si lo que estaba contando no sonara para nada raro.
—¿Notas? ¿Una carta? —indagó Sarah, y poco le importó que todos la miraran—. ¿Ella te escribió una carta? ¿A qué edad?
—Teníamos quince o dieciséis. No lo sé, no era una confesión de amor ni nada, beb- Sarah. —se corrigió Nami, carraspeando un poco y señalando la copa de Sarah—. Bebe, anda… creí que te gustaba el vino.
—¿Te das cuenta que en esta mesa, ahora mismo, no soy la única que piensa que eso sonó como que tenían algo? —preguntó Sarah y Nami arqueó una ceja—. O sea… como que todos en esta mesa lo piensan o pensaron.
—Confirmo. —respondió Rasho, riendo. Parecía ser el único que no notó la tensión entre Sarah y Nami.
—Sí… bueno, podría decir lo mismo de Sam-
—No puedes comparar mi relación con Samira con la tuya con Diana. —debatió Sarah, frunciendo un poco el ceño—. Empezando porque nunca le he enviado una carta a Samira… ni le enviaba notitas por debajo de la puerta de su habitación en la universidad.
—Am… ambas… concordamos en que esta no es… no creo que sea el escenario correcto… para… esta conversación. —dijo Nami, jugando con un mechón de su cabello de forma nerviosa por casi llamar "amor" a Sarah—. Pero… también te escribo cartas.
—Porque somos n-
—¡Le envío cartas a Selene! —exclamó Erali, llamando la atención de todos en la mesa, incluida su hija y esposo—. O… bueno… le enviaba notas… durante la universidad. A veces le entrego su correo.
La tensión en el ambiente era palpable, inclusive para Erali, que no paraba de mirar con enojo a Sarah.
Tanto sus tíos como su abuela, permanecieron con sus miradas puestas en Nami, que no paró de jugar con el mechón de su cabello mientras miraba a Sarah, que no se molestó en sacar su teléfono celular y textearle, incluso cuando estaban una al lado del otro.
—No quiero molestarte, linda, pero aquí en Targón, no usamos el teléfono en la mesa. —dijo Alana, notando que Sarah lo usaba bajo la mesa—. Es de muy mala educación. ¿Lo hacen en Aguasturbias?
—¿Es verdad que comen con las manos? —preguntó Keelan, intrigado—. ¿Así de incivilizados son?
—Eh… aquí comen ciertas cosas con las manos. —murmuró Sarah, dejando su teléfono en su bolsillo—. Y en Jonia. ¿Sabían que el sushi originalmente es comido con las manos? Sólo aquí se creen muy sofisticados por comerlo con palillos. De hecho, ¿sabía que el sushi no es el rollo cortado en diez piezas, sino el niguiri? Una pequeña bola de arroz con una cinta de nori y una porción de salmón finamente cortada encima. Pero… ¿qué puedo saber yo? Sólo he viajado por toda Runaterra.
Permaneciendo en silencio, el tío de Nami llevó su copa de vino a su boca al no saber cómo responder a eso.
—¿Has viajado por toda Runaterra? Eso es increíble. —comentó Rasho, inclinándose un poco sobre la mesa—. Eres como un combo completo; atractiva, inteligente, bastante culturizada, con buenas proporciones.
—Rasho. —regañó Alana.
—¿Qué? Sólo estoy siendo honesto. —comentó él, riendo un poco—. ¿Acaso hay algo más impresionante que te haga más perfecta?
—¿Sabes qué? Mi novia piensa lo mismo. —dijo Sarah y Erali le dirigió una mirada de advertencia que la hizo sentirse tensa al instante—. Una… muy tierna novia con una familia algo intrépida. ¿Puedo tener un poco más de vino?
Inmediatamente, una joven del servicio rellenó su copa y Sarah agradeció por lo bajo.
—Oh, vamos. Puedo apostar que ella no es más atractiva que yo, ¿o sí? —preguntó Rasho, mirando a Sarah con interés.
—Te sorprendería. —respondió Sarah, mirando a Nami por un breve instante antes de volver a beber de su copa—. Imagino que no tienes pareja por el momento.
—Estoy abierto a dejarla si tú dejas a la tuya. —comentó el pelinegro, riendo un poco.
—Já, já, já. —rió Nami con sarcasmo, negando con su cabeza—. La suya la lleva a cabalgar tres horas seguidas, así que créeme que ella está muy feliz en su relación de cuatro años. Sólo déjala en paz.
—¿Cuatro años? —preguntó Dennys, ignorando lo primero que dijo Nami. No así lo hizo Erali, que la pateó bajo la mesa para que se callara—. Entonces imagino que es algo serio, ¿o no? Nunca tuve una relación tan larga durante mi época en la universidad. Todo eran romances pasajeros.
—Sí, ¿verdad? —comentó Alana, mirando a Nami con interés—. ¿Qué hay de ti, Nami? ¿Tienes pareja?
—Hablando de es-
—¡No! —respondió Erali al instante y Nami rodó sus ojos cuando volvió a recibir una patada de su madre bajo la mesa—. Ella… por supuesto que no tiene pareja, Alana. Está muy ocupada formándose para ser una gran doctora.
—Sí, bueno. —dijo Alana, mirando a Nami con algo de burla—. Con ese color de cabello tan ridículo, sólo podrías atraer vegetales, linda.
—De hecho, me encanta su cabello. —dijo Sarah, cuando notó que Nami bajó la mirada, incómoda. Nadie hacía un comentario tan despectivo hacia su novia estando ella presente—. Toma forma tan rápido. Y cuando lo lleva suelto se puede llegar a ver tan tierna.
—Si tú lo dices… pero no deja de lucir como una especie de berenjena andante con ese color de cabello. Y ¿no estás un poco más… gorda que la última vez que nos vimos? —preguntó su tía y Nami se miró a sí misma, arqueando una ceja—. ¿Cuánto estás pesando, cariño? Tienes que dejar de visitar esa cafetería de Mihira o terminarás pesando más que tu mamá.
—Imposible, ella está perfecta. —contestó Sarah, interrumpiendo a Erali, que iba a responder por su hija—. ¿Saben? Suelo decirle que donde dice que le sobra grasa, le faltan mis bes-
—¡Siempre le estoy diciendo que no utilice lo que le damos de mesada para comer pizza ni consumir esos dulces con colorantes que están tan llenos de colesterol! —dijo Erali con prisa, llamando la atenión de su hermana, pero no la de su madre, que nunca despegó su mirada de Nami—. Pero ella hace lo que quiere. Hablando de su cabello, le dije que este color no le favorece en absoluto, y, aun así, lo pintó como esas piltillas cantantes de música preadolescente.
—Es obvio que no está utilizando el champú ni bálsamo adecuados. —habló Alana, sonriendo con sarcasmo—. Lo tiene un poco reseco en las punt-
—¿Por qué carajo no les dices nada? —preguntó Sarah en voz alta y Nami la miró sorprendida—. ¿Por qué?
—Sar-
—¡No! Que se joda esta mierda, no puedo sentarme a escuchar cómo te destruyen entre todos. —dijo Sarah, enojada. Se bebió toda su copa y luego la dejó sobre la mesa, causando un ruido sordo. Aun con la mirada de Erali puesta sobre ella con advertencia, Sarah se puso de pie—. Puedo ver sus raíces canosas desde aquí.
—¡¿Qué?! —exclamó Alana, avergonzada.
—No sé cómo conseguiste mi Instagram tan rápido, pero tu pene es pequeño. —dijo la pelirroja, señalando ahora a Rasho, que enrojeció al instante—. Reconozco el lapislázuli donde lo vea, doña. Esos no son zafiros. La estafaron. —La abuela de Nami sólo jadeó sorprendida—. Este vino es… ¡terrible! Erali, envidio tu casa y todo lo demás, pero ¿por qué compras vino tan barato y siempre le cambias la etiq-
—¡Suficiente! —exclamó Erali, golpeando la mesa.
Nami nunca había visto esa mirada en su madre. Cólera era lo único que notó en sus ojos cuando la miró y, por un instante, más que querer reír por lo que estaba haciendo Sarah, sintió algo de miedo por lo que su madre pudiera hacerle a su novia.
—¿Esto era lo que querías al traerla, Nami? —preguntó Erali, con su rostro algo sonrojado debido al enojo—. ¿De verdad tenías que traer a esta vagab-
—¡Dime gorda! —la interrumpió Nami, poniéndose de pie—. Llámame fea, poco suficiente, idiota, o incluso júzgame por haber arruinado tu maldita carrera si quieres. ¡Pero nunca le digas vagabunda a mi novia de nuevo, joder!
Al instante, el rostro de su madre palideció. Su padre llevó una mano a u rostro, acariciando su sien. El resto de su familia parecía bastante sorprendida, a excepción de su abuela, que parecía haberlo notado desde el principio.
Pudo notar la rabia en su madre. La decepción y el desagrado siempre lo había visto, pero ese nivel de enojo era uno que nunca antes había presenciado.
—Lárgate. —gruñó Erali entredientes y Nami arqueó una ceja.
—¿Qué? Me dijiste que vin-
—¡Lárgate! —gritó la pelinegra, colérica y Sarah tuvo que jalar a Nami del brazo cuando la copa de Erali se estrelló en el suelo cerca de los pies de su novia.
—Erali, esto es dema-
—¡Cierra la maldita boca, Edric! —dijo Erali, apartando su mano cuando él intentó tocar su brazo—. ¡Ella es así por ti! No me respeta porque siempre que estás aquí cree que puede hacer lo que le da la gana, ¡tú la felicitaste cuando comenzó a salir con la malviviente!
—No hagas esto, Erali. —gruñó Edric, mirando a la familia de su esposa, a su hija y luego a la mujer a su lado—. Siempre haces esto cuando algo no sale como esperab-
—¡Yo no la quería! —exclamó la mujer, señalando en dirección a Nami, que sintió un escalofrío recorrerla—. ¡Yo no quería esto, tú sí! ¡Renuncié a todos mis sueños por esto y ¿para qué?! ¡Para que ella quiera vivir su maldito sueño de amor con una jodida muerta de hambre!
—Mam-
—¡Entonces hazlo, Nami! —la interrumpió Erali, poniéndose de pie. Tomó de la pared uno de los tantos diplomas que Nami había obtenido en su infancia y lo aventó al suelo frente a ella—. ¡Toma toda tu basura, por la que he trabajado tanto, y lárgate de aquí!
—¡Sí, haremos eso! —exclamó Sarah, acariciando los hombros de su novia, que parecía estar en shock—. Amor, vamo-
—¿Por qué? —preguntó Nami, con su voz quebrada—. Rasho consume… repitió varios grados, tardó más años en graduarse y… ¡y la tía Alana lo ama y le mantiene su jodido vicio! ¡¿Por qué tú no?! ¡¿Por qué no puedes amarme?!
—¡Porque no te quer-
—¡Esto es demasiado, Erali! —la interrumpió Edric, levantándose de su sitio y jalándola del brazo—. Nami… no creo que debas estar aquí por un tiempo.
—¿Q-Qué? ¿Yo? —indagó la joven de ojos verdes, sintiendo su garganta seca—. ¿Vas a… echarme a mí, papá?
—Tengo cosas que resolver con tu madre… y tú puedes tenerla contigo, ¿verdad, Sarah? —preguntó el hombre, mirando a la pelirroja por un instante. Ella sólo asintió con su cabeza—. Te lo agradezco.
—Amor… vamos. —susurró Sarah, besando su sien y masajeando un poco su espalda. Guió a Nami por la sala, que no salía de su asombro y parecía estar procesando lo que acababa de suceder—. Estaremos bien.
La joven de cabello purpura se detuvo, volteando a mirar a su madre, que lucía igual de tensa que hace minutos.
—¡Te odio! —exclamó Nami, sorprendiendo a Sarah y al resto de su familia—. ¡He estado tanto tiempo tratando de entender lo que siento por ti! Tanto tiempo frustrada por no entender por qué no soy lo suficientemente buena para ti… pero… la verdad es… ¡que tú no eres suficientemente buena para mí! —Con su respiración agitada y las lágrimas ensuciando su rostro debido al delineador que se había puesto, Nami se aferró a uno de los brazos con fuerza, entrelazando sus dedos con los de la pelirroja—. Y si me voy ahora… quiero que sepas que jamás volverás a verme y… y que… ¡y que, en algún lugar del mundo, tendrás una hija que te desprecia por ser una persona tan horrible!
La mujer la miró por un instante. Por un breve momento, Nami pensó que le diría algo. La detendría, como otras veces la había detenido de irse con Sarah. Pero la mujer sólo pasó una mano por su cabello oscuro, pidiéndole al servicio que limpiara el desastre.
Entonces la pelinegra sintió algo en su interior terminar de romperse.
Sintió como cuando era una pequeña niña, y jugaba a intentar atrapar las burbujas sin que estallaran. Como cuando una de las tantas burbujas caía delicadamente en su dedo y se mantenía allí, intacta, sólo para luego estallar por sí sola sin que Nami pudiera hacer más que mirar, dejando no sólo una humedad en su dedo, sino también una desilusión y tristeza enorme.
Y así como el ligero ruido producido por la burbuja al estallar la sacaba de su ensimismamiento, el estruendo producido por la puerta de su casa cerrarse tras ella le causó tal vacío y dolor en su pecho, que Nami no pudo contenerse más.
Abrazando a Sarah por el cuello, Nami se permitió llorar desconsoladamente en el hombro de su novia.
—¿Qué voy a hacer ahora, Sarah? —preguntó la ojiverde, ahogándose en su propio llanto—. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué… qué hice?
—Shhh… estaremos bien, amor. —susurró Sarah, lamiendo un poco sus labios. Se maldijo mentalmente por lo que había hecho y dicho. Sabía que su sola presencia molestaba a Erali, pero abrir la boca para defender a Nami pareció haber sido la gota que derramó el vaso de paciencia de la madre de su novia. Negó con su cabeza. No se arrepentía de haber callado a las arpías que formaban parte de la familia de su novia—. No importa lo que tenga que hacer… estaremos bien, te lo prometo.
Goddess of Luminosity.
