segunda parte.
La siguiente vez que abrí los ojos me di cuenta de que algo era diferente, un diminuto rayo de sol se colaba por un pequeño agujero en la cortina de la ventana, mis ojos dolían, me molestaba el solo abrirlos, así que de inmediato los cerré, tenia miedo de abrirlos y ver que quizá no era el lugar en donde debería estar, que había sucedido conmigo, por un momento tuve una laguna mental, no sabía dónde estaba ni porqué, no sabía por que estaba solo en esa habitación, estaba confundido, acaso todo había sido un sueño, acaso lo había imaginado todo, mi corazón latía acelerado, acaso todo había sido un sueño, sentí el sudor el mi frente y una gota recorriendo mi cara, sentí que la respiración se cortaba y que mis manos y pies se entumecían, me negaba a creer que todos esos hermosos recuerdos, todo ese tiempo con Kate o con quien yo creía que era ella, intenté moverme desesperado, mi mente habría estado mintiéndome y la alucinación no era otra cosa mas que eso, una alucinación.
Moví mis manos desesperado, sin control, sintiendo como un dolor agudo recorría mi cuerpo y me obligaba a detenerme, las lágrimas corrieron por mis mejillas, no, ella era real, tenía que serlo, apreté los ojos con fuerza, deseaba que ella apareciera y me dijera que todo estaba bien y que pronto estaríamos juntos de nuevo, pero entonces dudé, si ella no era real, no tendría que volver a empezar.
Intenté relajarme, abrí lentamente los ojos cuando en ese mismo momento una mujer me miró mientras atravesaba a puerta.
-señor castle.- dijo con sorpresa luego de ponerse un cubrebocas.- que bueno que ha despertado.
-que día es hoy?- pregunté de inmediato para luego toser con dificultad.
-no se esfuerce, podría hacerse daño, el humo caliente quemó el interior también.- la miré sin comprender.- tiene suerte de seguir vivo.
La mujer me miró unos segundos más y luego colocó una mascarilla de oxígeno sobre mi rostro, sonrió levemente y luego se dio la vuelta, la miré mover las manos, escribía algo y luego volvió a girar para mirarme.
-hay una chica muy linda allí afuera, la he visto sentada en esa banca metálica por horas, se niega a irse, debe ser tu… novia?, es linda y joven, parece muy preocupada, angustiada.- emití un sonido, más bien un gruñido.- ya veo, así es, ella llegó y no se movió de allí, la he visto llorar por ti.- suspiró.- eres afortunado… está muy enamorada de ti.-suspiro una vez más.- parece haberlo dejado todo por ti.- sonrió antes de salir de la habitación.
Entonces fue mi turno de suspirar, Kate había vuelto por mi, sabía que no era un sueño, sabía que todo lo que habíamos vivido era real, pero entonces un nuevo sentimiento se apoderó de mi, sentí culpa, Kate había dejado todo para estar conmigo, estaba dejando en pausa su vida, sus planes y sueños para estar conmigo justo ahora, empecé a sentirme enojado con ella y luego conmigo, esto no debería estar sucediendo y sin embargo así era, yo era la causa, yo había cometido un error que tenía graves consecuencias, tal vez Kate me culparía con el tiempo, tal vez un día despertaría y se daría cuenta de que había cometido un error.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, era un estúpido, un completo idiota que había jugado al héroe y que estaba a punto de destrozarle la vida a la persona que más amaba.
Suspiré impotente, Kate me amaba y yo a ella pero justo ahora no era lo que ella necesitaba, ahora solo era una carga, un bache en su camino.
Las horas se hacían eternas, deseaba poder moverme, deseaba levantarme de la cama y caminar, deseaba tantas cosas que sabía no obtendría, la mujer entró de nuevo a la habitación, sonreía, parecía feliz.
-tienes muchas visitas hoy, muchos te quieren.
Vi a mi madre entrar, la vi sonreír y luego llorar.
-me dijeron que no puedes hablar.- dijo cuando pudo hablar.- los Beckett están aquí, Kate está aquí… no sabes el susto que nos hemos llevado… te amo Richard, eres mi único hijo, no sabría que hacer sin ti… debo irme los demás quieren verte y solo tenemos 5 minutos, estaré afuera.
Mis manos se movieron tanto como pudieron esperando el momento de verla entrar, mientras pensaba en lo que le diría, cuando la vi me quedé sin palabras, era hermosa y lucia casada y agobiada, la miré sonreír y llorar, la vi abatida pero esperanzada mientras no podía moverme, mucho menos alcanzarla, entonces mi mente reaccionó tratando de alejarla, quería que se fuera, quería que me dejara y retomara su vida pero había olvidado que hablaba con la pequeña Kate Beckett, aquella que no sabía el significado del mañana y que estaba enamorada de mi, tanto como yo lo estaba de ella, sin embargo mi modo de protegerla era ese, quería que fuese feliz, que viviera una vida plena, quería que alcanzará sus sueños, sus metas, no que cuidara de alguien inservible como yo.
Terminé por herirla, lo vi en sus ojos, lo sentí en sus lágrimas y traté de ahogar ese sentimiento sin éxito, sentí que el aire me faltaba cuando la vi salir quería correr detrás de ella, abrazarla, besarla, quería decirle que lo sentía y que estaba apenado, que mi vida sin ella no tendría sentido pero mis palabras fueron otras, unas que la lastimaron y la hicieron llorar.
Esa noche, después de que las luces se apagaron miré al techo, sentí las lágrimas corriendo por mis mejillas, me sentía impotente pero también asustado, que iba a ser de mi vida ahora como iba a superar esto, como iba a retomar todo donde lo dejé, ni siquiera sabía cuánto había estado en esta cama, y esa no era la noticia más triste, de nuevo había perdido una parte de mi cuerpo, quizá no volvería a caminar, no volvería a mi trabajo, y tal vez Kate se cansaría de mi y yo no podría culparla si decidiera irse, fue la primera vez que me sentía indefenso, no había sido así desde el día que murió mi padre, entonces era un niño y ahora volvía a ser ese niño asustado que no entiende lo que sucede pero que debe asimilarlo rápido por que no hay tiempo para llorar o lamentarse.
Kate no volvió en los siguientes días, me di cuenta de lo mucho que la necesitaba, quería verla tocarla, quería besar sus labios y decirle que la amaba y no quería estar solo, pero de nuevo mis malas decisiones me hicieron meter la pata, deseaba que Kate me dijera que todo estaría bien y al mismo tiempo quería que se fuera, me sentía como un idiota cada vez que la veía y todo aquello que había ensayado se me olvidaba y terminaba diciendo estupideces.
El día que dejé el hospital ella estuvo allí, con su enorme y hermosa sonrisa, quien era yo para que ella me amara como lo hacía, no lo sabía solo sabía que era el tipo más afortunado del mundo.
bueno hemos llegado al final de estas pequeñas historias, espero que les hayan gustado, no habrá más daremos por terminada esta historia de un viaje en autobús, ojalá les haya gustado próximamente habrá nuevos capítulos en mis otras historia que ya se que he dejado algo abandonadas pero que prometo que terminaré, no es un adiós sino un hasta luego, nos leemos en el próximo.
