Autor Original: RobinRocks

ID: 906198

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"¿Qué puedo conseguirte?" Alfred dejó el vaso en la barra, expectante "Estoy tomando whisky con bourbon. ¿Lo mismo?"

"Oh, Dios mío, no" respondió Arthur con frialdad "Ninguno de tus fantásticos brebajes. Solo ron me irá bien"

Alfred se encogió de hombros descuidadamente.

"Haz lo que quieras"

Se ocupó de las bebidas, Arthur mirándole ociosamente con la barbilla apoyada en los nudillos. Era de boche y el bar de Alfred, Lady Liberty, había cobrado vida, lleno de clientes de todos los ámbitos de la vida; los vendedores del mercado y la élite árabe de los bien educados, a menudo médicos, entremezclados con el desorden del Imperio Británico, empresarios y arqueólogos británicos, canadienses y australianos. Por lo general, también había algunos estadounidenses cerca, aunque Alfred parecía ser el único en los alrededores esta noche, pero esta variada mezcla heterogénea hacía de su pozo de agua completamente occidental, un destino nocturno popular para aquellos que querían algo un poco más moderno, un poco más conocido. A menudo atendía el bar él mismo, pero esta noche hizo que uno de su personal se hiciera cargo para que pudiera invitar a Arthur en la parte de arriba para tener un adelante, de algún tipo, del progreso.

Le entregó a Arthur su ron y dio la vuelta a la barra.

"¿Vamos?" dijo, haciendo tintinear los vasos.

Arthur puso los ojos en blanco.

"Adelante" murmuró en respuesta.

Alfred sonrió y le hizo una seña, llevándole bajo una cortina purpura drapeada, a través de una puerta cerrada y escaleras arriba, hasta su habitación. Estas instalaciones habían sido una estructura victoriana en algún momento, cayendo en desuso en algún lugar alrededor de 1900, y el diseño era decididamente británico en lugar de árabe. Las escaleras eran estrechas y desvencijadas, la madera se combaba en algunos lugares y el techo crujía de vez en cuando, como para sugerir lo barato que Alfred había conseguido el lugar.

Arthur había estado aquí una o dos veces antes, generalmente con la misma invitación, y lo recordaba como desordenado, desorganizado, en última instancia ofensivo para sus propias sensibilidades ordenadas. Por desgracia, parecía que Alfred no había cambiado mucho sus costumbres, ya que Arthur fue recibido con la visión de cajas apiladas y ropa desordenada, prendas y demás esparcidas por el lugar cuando Alfred lo hizo pasar.

"Dios" dijo con delicadeza, disgustado, alzando por el cuello la camisa caqui de una semana antes (se había enrollado a sus pies como una serpiente dormida) "Veo que eres tan desordenado como siempre"

"Es un caos ordenado" dijo Alfred, desapareciendo en la primera habitación "Sé dónde está todo. ¿Vienes o qué?"

Arthur tiró la camisa sobre una alta estatua de bronce de un ciervo (las astas cubiertas con otras prendas varias) y lo siguió, escogiendo su camino con cuidado. Las habitaciones de Alfred eran pequeñas y estrechas, un estado al que no ayudaba su desorden, y solo tenía dos habitaciones entre las que pasar: un baño pequeño, y achaparrado, y una habitación principal más grande y más cuadrada que cumplía una serie de propósitos: dormitorio, sala de estar y estudio de trabajo. Su cama era una cosa grande y baja con sábanas delgadas y sencillas, su superficie estaba llena de tanto de esto y aquello que era una maravilla que hubiera espacio para que durmiese.

"Siéntate, siéntate, ¡como en tu casa!" dijo Alfred desde su escritorio; entre montones de libros y montones de Dios sabe qué, se las había arreglado para encontrar un pequeño espacio para poner su bebida.

"Vaya, qué hospitalario" gruñó Arthur en respuesta, sentándose en el borde de la cama "¿No tienes un sofá o algo, por lo menos?"

"No" Alfred estaba hurgando más fuerte de lo necesario, en opinión de Arthur "¿Para qué necesito uno?" se encogió de hombros "Además, no es como si estuviera aquí permanentemente, ¿verdad?"

"Claro" fue la tajante respuesta de Arthur. Cruzó una pierna sobre la otra y miró lánguidamente a su alrededor.

No era diferente a su propia casa – en Londres, por supuesto, en el lugar de la etiqueta – de una manera importante: los tesoros raros e invaluables salpicados aquí y allá, simplemente ubicados entre la vida cotidiana. En una esquina había un busto griego de mármol de Apolo; una deslumbrante corona española con joyas colgaba de la esquina de un elaborado espejo austríaco; en su mesita de noche había un anillo de la corte inglesa, época de Stuart, esmeralda y perla, que Arthur había querido dos años atrás y que Alfred había cogido principalmente por despecho para usarlo como una forma de mantener los lazos. La famosa pintura de Emanuel Leutze de Washington Crossing the Delaware estaba ligeramente torcida sobre la cabecera de la cama.

Arthur se inclinó y lo enderezó con un dedo.

"Alfred, ¿este es el original?" preguntó con cuidado.

"¿Mm?" Alfred lo miró "Oh, ¿esa cosa vieja? No, es una de las copias que hice. Estaba planeando hacerla pasar por el original la próxima vez que vaya a Nueva York"

"Mmm" Arthur no estaba tan sorprendido por esta admisión; miró la pintura durante un largo rato, admirando las pinceladas magistrales, la mezcla perfecta, la gracia de la composición "Es realmente muy bueno, debo decir. Me atrevería a decir que te saldrás con la tuya"

"Gracias. Hice otras seis – para practicar, ¿sabes?" agitó la mano vagamente hacia algún lugar tras él "Están debajo de la cama, creo, si quieres uno"

"Eres muy amable" respondió Arthur secamente "pero no creo que sea prudente atraer esa atención sobre mí en este momento, llevando una pintura copiada de ese tamaño a casa bajo mi brazo"

"Lo suficientemente justo" Alfred le hizo señas para que se acercara "De todas maneras, ¿qué piensas hasta ahora?"

Arthur suspiró mientras se acercaba, bebiendo de su ron en el camino; Alfred movió su silla hacia atrás para dejar espacio para que se acercase y observara su objetivo, colocado en un lecho de periódicos franceses. Era su imitación de El Corazón de Ra, comenzando a tomar una forma perfecta, suavizada con un acabado dorado pulido como el sol líquido. Estaba claro que Alfred había comenzado a trabajar en los detalles, sus herramientas (salpicadas de finos rizos de oro) esparcidas por su proyecto.

"Parece satisfactorio" dijo Arthur, algo altivo; y después, cuando Alfred se veía como si lo hubieran pateado, agregó "…No es que esperase menos de usted, Sr. Jones"

Alfred puso los ojos en blanco.

"Gracias" dijo "Creo"

"¿Cómo lo hiciste?"

En respuesta a esto, Alfred abrió el cajón de su escritorio, en el que había metido varios Corazones de Ra, algunos mejores en construcción que otros.

"Sólo prueba y error, ya sabes" dijo alegremente "Intentar conseguir el peso correcto fue más complicado – al final me conformé con un molde de alambre para mantener la forma, luego yeso de París mezclado con un poco de peltre"

"¿Y el oro?" preguntó Arthur, inclinándose para pasar las yemas de los dedos sobre el frente falso.

"Ah, un poco de esto y aquello" dijo Alfred alegremente, hurgando en el cajón y sacando una botella de polvo de oro brillante "La mayor parte son joyas baratas que compré en los mercados, luego hay un toque de oro real, una alianza o dos, y el resto, para darle ese acabado brillante, es este bebé" sacudió la botella, que espumó un oro resplandeciente como si una estrella en polvo estuviera capturada dentro "Lo conseguí en Italia hace unos años. Imita el oro egipcio, del tipo que usaban en ese entonces, hasta el átomo" se golpeó la nariz con una sonrisa "Secreto comercial"

Arthur, que había estado alargando la mano para cogerlo, frunció el ceño cuando Alfred hábilmente lo alejó de su alcance.

"Ah, ah" bromeó Alfred "Necesito esto, no puedo permitir que desaparezca en su bolsillo, Dr. Kirkland"

"No haría nada por el estilo" respondió Arthur, ofendido. Hizo un gesto hacia el cartel a color del frontal, flanqueado a ambos lados por las fotografías de Alfred, en blanco y negro pero muy claras en sus detalles "¿Qué piensas hacer con las joyas?"

"Me abastecí cuando estaba en los mercados" dijo Alfred, alcanzando a sus pies una pequeña caja de madera para las joyas: la abrió, enseñándole a Arthur la abundancia de pulseras y collares comunes, muchos con auténticos, aunque toscamente cortados y piedras semipreciosas de menor grado. Entre estos destellaba llamativa bisutería nativa, por reconocimiento, de Gran Bretaña y Estados Unidos, broches y alfileres para bufandas y anillos de cóctel con joyas de pasta en los colores el arcoíris.

"¿Crees que tengo suficiente?" preguntó, agitando la caja para hacer sonar su botín.

"Más que suficiente, creo" respondió Arthur, con rigidez "Bueno, creo que es seguro decir que te está yendo a las mil maravillas"

"Lo sabes" dijo Alfred en broma; flexionó sus anchos hombros "¿Quieres darme un masaje en la espalda? Ya sabes, ¿ya que he estado trabajando tan duro en tu nombre?"

"Va a ser que no" dijo Arthur con frialdad.

Alfred pareció molesto por unos segundos antes de encogerse de hombros.

"Bien" suspiró "Tú te lo pierdes" se bebió lo que quedaba de su bebida y dejó el vaso antes de levantarse, pasando junto a Arthur. Se dejó caer en su cama, y por poco se perdió un rompecabezas a medio terminar y un paquete de cubiertos atados con una cuerda deshilachada.

"¿Y cómo te lo imaginas?" preguntó Arthur, hundiéndose de inmediato en su silla vacía. Bebió más ron.

"¿Estás de broma? Tengo que quitarme a las chicas de encima en Estados Unidos"

"Bueno" dijo Arthur con recato "creo que descubrirás que no soy una chica – ni siquiera soy tan fácil de ganar"

"He visto la forma en que me miras"

"Con desprecio, siento decirlo"

Alfred hizo un puchero, apoyándose en los codos. Se encontró con la mirada de Arthur.

"No picas, ¿eh?"

"No esta noche, amor"

"Lástima" Alfred se quedó igual que antes, mirando hacia el techo agrietado "Es más divertido cuando te enfadas"

"Supongo que lo es" Arthur se mostró despectivo, volviéndose para mirar el Corazón de Ra a medio terminar de Alfred; y esto lo examinó con los ojos de un historiador estimado, como lo era. Su área particular de especialización no era la egiptología, era cierto, pero después de cuatro meses trabajando en estrecha colaboración con el propio experto de Egipto, el Dr. Gupta Hussan, había comenzado a saber qué era propio de los verdaderos objetos de la época de los faraones.

Y Alfred, bueno, no parecía ser un gran experto en nada, en realidad; pero Dios, era excelente copiando casi cualquier cosa que se le presentara. La forma en que su obra coincidía con la del verdadero Corazón de Ra en las imágenes hasta el más minúsculo de los detalles , como en el pequeño desgaste que tenía el ala izquierda, un toque de erosión en la zona inferior. Era evidente, aunque estuviera a medio terminar, que esta sería otra de sus obras maestras, otro Washintong Crossing the Delaware que engañaría incluso a quienes mejor lo conocían (porque Arthur, en un viaje de investigación a Boston, Filadelfia y Nueva York, había visto el original).

La verdadera prueba del Corazón de Ra, por supuesto, no sería Sadiq Adnan, en quien casi se podía confiar que no se daría cuenta; sino Gupta, que había arreglado con tanto esmero el objeto prestado. Había estudiado la pieza con gran detalle a su llegada a la universidad como parte de un artículo en el que estaba trabajando. Si la falsificación pasaba por él, pasaría por cualquiera, de eso Arthur estaba bastante seguro.

"Oye, Arty, ¿qué piensas de esto?"

"¿Perdona?" Arthur miró por encima del hombro de Alfred con cierta impaciencia.

Alfred, que sostenía un periódico sobre su cabeza para leerlo, lo giró brevemente hacia Arthur. Era un periódico de El Cairo en inglés, su titular anunciaba la alianza germano-italiana y el incumplimiento reiterado del Tratado de Versalles por parte de Alemania.

"Parece que se está poniendo serio" continuó Alfred, mirando el papel de nuevo "Aquí dice que Hitler podría invadir Austria"

"Oh, Churchill ha estado hablando de él, durante años" Arthur se terminó su ron "Espero que la guerra llegará"

"¿Eso crees?"

"No creo que Gran Bretaña y Francia acepten mucho más que Alemania se esté burlando del Tratado de Versalles" Arthur le dedicó una sonrisa seca "No está en su naturaleza"

"No" Alfred enrolló el periódico "Supongo que no" volvió a mirar a Arthur "… ¿No estás preocupado?"

"¿Sobre qué?"

"Bueno, eh… si Gran Bretaña va a la guerra con Alemania, te llamarán, ¿no?"

"Probablemente" Arthur se encogió de hombros "Supongo que ser un experto en historia británica, desde la medieval hasta la colonial, no es lo suficientemente importante como para justificar que me quede atrás; aunque, por supuesto, dependiendo de lo pronto que estalle la guerra, podría ser demasiado mayor"

Alfred sonrió sin humor.

"No contaría con eso" dijo "Solo tienes treinta y un años"

"Ah, sí, ese es el punto. Bueno, esperemos que Hitler tarde veinte años en cabrear a Churchill"

Personalmente, no le daba mucha importancia a esto; y, de hecho, esperaba estar en casa, en Londres, antes de que la situación empeorara, no fuera a quedarse varado en Egipto con Alemania… Bueno, en cierto modo, por así decirlo. Pero no le dijo eso a Alfred, además de porque sentía que su ansiedad no era realmente asunto de un estadounidense, dado que los estadounidenses eran dados a llegar horriblemente tarde a los conflictos europeos. Esperaba que Roosevelt no tuviera mucho interés en involucrar a Estados Unidos si podía evitarlo.

"Dios, hace mucho calor esta noche" dijo Alfred de repente, sentándose. Se abanicó brevemente con el periódico antes de dejarlo a un lado "Creo que voy a darme un baño fresco"

"Muy bien" Arthur pensaba que eso era un poco personal, aunque no le gustaba decirlo directamente; en cambio, le dio a Alfred una mirada significativa mientras se levantaba "Entonces me marcharé"

Alfred pareció interpretar mal la mirada, quizás deliberadamente; alzó las cejas con picardía.

"¿Quieres unirte a mí?" lo puntuó con un pequeño contoneo, una divertida imitación de una sirena.

"No, gracias" dijo Arthur. Agitó su mano con desdén hacia Alfred mientras pasaba a su lado "Me marcharé"

"Ugh, Arty, me estoy lanzando contigo esta noche" se quejó Alfred, levantándose; empezó a desabrocharse la camisa, su piel bronceada relucía bajo esta.

"Más bien me estás provocando" respondió Arthur, enfadado "¡Y p-para ya!"

"¿Para qué?" todo inocente.

"¡De puto desnudarte mientras todavía estoy aquí!"

"Hey, si no puedes soportar el calor, sal de la cocina" Alfred se quitó la camisa y la tiró sobre la cama; y se quedó de pie durante un largo momento, con las manos en las caderas, sosteniendo la mirada de Arthur "¿Seguro que no puedo tentarte?"

"¡No!" señaló Arthur con furia la puerta del baño "¡Entra, diablillo! ¡Me voy a casa!"

"Vale, vale" Alfred levantó las manos en señal de rendición "Gesh, solo estaba siendo cortés" se quitó las gafas, sacudió la cabeza y las dejó caer sobre la mesita de noche "Bueno, buenas noches"

Fue al baño y cerró la puerta sin decir una palabra más. Era difícil saber si estaba ofendido o no, dado lo corto que solía ser su capacidad de atención, pero Arthur decidió no prestarle mucha atención. Alfred era un bromista implacable que disfrutaba haciéndole sentir incómodo y eso era todo.

Aun así…

Se acercó a la mesita de noche, sus pasos disfrazados por el chorro de agua en la vieja bañera, y enderezó las gafas de Alfred, que a su dueño no le importaban mucho. Las dobló correctamente y las puso en posición vertical; y luego, rápida y silenciosamente, cogió el anillo y se lo metió en el bolsillo.

"¿Cómo van los preparativos?" preguntó Arthur mientras tomaba el té.

Gupta pareció pensarlo un poco, removiendo su café en silencio.

"Mmm" golpeó con la cuchara la taza de porcelana "Muy bien, supongo, aunque el señor Adnan no es muy cooperativo"

Arthur puso los ojos en blanco.

"No me sorprende, de alguna manera" rodó los hombros, exhalando el calor del día "Escuché que al final lo llevaste a Giza"

"Y al Valle de los Reyes" dijo Gupta tranquilamente "No le importó mucho mi comentario"

Arthur resopló.

"Los hombres como él nunca lo hacen" dijo con frialdad "La historia se desperdicia en ellos"

Gupta asintió, suspirando. Ambos se quedaron en silencio durante un momento, disfrutando de sus bebidas en la fresca sala de lectura con azulejos del departamento de Historia; el balcón se abría al bonito campus, exuberante con una línea de palmeras, con una buena vista y la torre cuadrada y moderna del reloj. Era su costumbre a esta hora, alrededor de las dos de la tarde, dejar de trabajar y tomar un lánguido descanso con su bebida preferida, escuchando el gorjeo de los pájaros en las palmeras. Arthur no era un gran admirador del calor de aquí, pero se había encariñado con El Cairo y su universidad, y encontraba más que agradables estas estancias entre semana en compañía de Gupta.

"Confío" añadió Arthur después de un momento "que el Sr. Adnan al menos estará presente en la gala"

"Eso espero" respondió Gupta malhumorado "Parece ser más su tipo de cosas que el almuerzo" sonrió secamente "Mujeres, periodistas, champagne…"

"¿Y si sigue sin cooperar?"

"Bueno…" Gupta parecía avergonzado "Era más que el Sr. Adnan quería llevar El Corazón de Ra a la gala"

"Ah" Arthur negó con la cabeza "Bueno, no, tienes toda la razón. Eso simplemente no puede ser"

Removió cuidadosamente su té, mirándolo a través de sus pestañas; observando el humeante trago ambarino. Su toque fue delicado, pensativo, la plata tintineó sobre la porcelana.

No, eso no serviría para nada.

"¿Qué diablos crees que estás haciendo?" espetó Arthur, acercándose a Alfred por detrás.

Alfred, que iba vestido de conserje, se giró hacia él con una sonrisa.

"Explorando el lugar, obviamente" respondió alegremente "¿Qué piensas de mi disfraz?"

"Creo que es terrible. Ni siquiera es lo que yo llamaría un disfraz, es un mono y una fregona" Arthur le puso los ojos en blanco "¿Sabes? Creo que quieres que te pillen, Alfred"

"Tch, ¿quién me va a reconocer?" resopló Alfred.

"Gupta, por un lado; y el Sr. Adnan, más importantemente, por el otro" hacía demasiado calor para esto y Arthur no pudo evitar encontrarse cada vez más enfadado con el enfoque frívolo de Alfred en el asunto "Uf, debería haberlo sabido bien antes de involucrarte en esto…"

Alfred simplemente se rio.

"Sí, claro" bromeó "Como si pudieras lograr esto sin mí, Arty" pellizcó la mejilla de Arthur "Lo único que se te da bien es huir con el objeto después de que yo haya hecho todo el trabajo"

"¡Oh, Dios, no tengo porqué quedarme aquí y escuchar esto!" espetó Arthur, apartando su mano; se enderezó la corbata indignado y se alejó "Buen día"

Todavía podía escuchar a Alfred cacareando de risa mientras doblaba la esquina; y obtuvo algo de autosatisfacción al mover su dedo medio hacia él, incluso si Alfred no podía verle. Dios, eso era todo, nunca más se involucraría con Alfred Jones en toda su vida.

Escuchó pasos; y luego, un momento después, voces. Arthur alzó la mirada y vio a Gupta emerger al otro extremo del pasillo, absorto en una conversación con otro miembro de la facultad. Por supuesto, era un departamento pequeño, que era la razón por la que no quería que Alfred anduviera con el patético 'disfraz' que había sacado de su guardarropa; no era irrazonable tener a Gupta casi encima de ellos, ya que estaba.

Asomándose por la esquina, esperando que Gupta no lo hubiera visto, Arthur hizo una pausa para mirar a Alfred, quien estaba mirando fijamente un anillo de escarabajo encerrado más allá del pasillo.

"Oye" le siseó Arthur "Muévete"

Alfred parpadeó hacia él.

"¿Moverme a dónde?"

"N-No lo sé, solo sal de aquí, ¡estúpido idiota!" Arthur se acercó a la esquina del pasillo y se asomó lo suficiente para echar un vistazo rápido a Gupta y su compañero; se estaban acercando a ellos, pronto doblarían la esquina y se cruzarían con Arthur, que miraba a su alrededor como un loco.

"Oh, joder" Arthur se apartó de la pared y corrió por el pasillo, agarrando a Alfred por la muñeca mientras pasaba junto a él y lo arrastraba "¡¿Quieres venir?!"

"¿A dónde vamos con tanta prisa?" preguntó Alfred amigablemente, correteando tras él; todavía estaba agarrando la fregona.

"Mi oficina" Arthur se detuvo en la puerta de la que había salido apenas un minuto antes para encontrarse a Alfred haciendo un mal trabajo limpiando el suelo con una fregona seca; buscó la llave en el bolsillo de su chaqueta, haciéndola sonar contra la cerradura y la abrió justo cuando la mano de Alfred rozaba la suya en un intento de ayudar. Abrió la puerta y empujó a Alfred a la habitación, tras él, por los pelos. Cerró la puerta con su peso, apoyándose en ella.

"Ouch" Alfred se frotó la espalda y dejó caer la fregona "¿Qué narices fue eso? Quiero decir, si querías que te follase hasta dejarte sin sentido sobre tu escritorio, todo lo que tenías que hacer era pedirlo–"

"Cállate" Arthur le dio una patada en la espinilla "Viene Gupta"

"Sí, bueno, si te gusta que esté viniendo, quizás mejor deberías inclinarte sobre el escritorio–"

Arthur le tapó la boca con una mano, silenciándolo; contundente cuando se resistió.

"Te dije que te callaras" siseó "¿No puedes quedarte callados por dos jodidos segundos?" señaló con la cabeza hacia la puerta, a través de la cual llegaba el sonido de las voces a medida que se acercaban "Silencio, puto idiota"

Alfred se quedó en silencio, finalmente respondiendo a la urgencia de las acciones de Arthur; y las voces pasaron por la puerta y se alejaron, acompañadas de los pasos sobre las baldosas de mármol. Arthur dejó escapar un suspiro pero mantuvo su mano sobre la boca de Alfred.

"Por cierto" dijo con frialdad "no me gusta la forma en que me hablas a veces, siendo tan audazmente sugerente. Es repugnante"

Alfred finalmente apartó la mano y lo miró por encima del marco de las gafas.

"Dices eso como si nunca hubiéramos dormido juntos" responde con frialdad "¿O te gusta fingir que ninguno de esos momentos sucedió, Arthur?"

"¿Estás olvidando dónde estamos?" espetó Arthur "De una forma u otra vas a hacer que te arresten–"

"No respondiste a mi pregunta" Alfred se cruzó de brazos "Sé que te gusta usarme para lo que sea que quieras, pero al menos reconoce que todas esas veces sucedieron, ¿de acuerdo?"

"Por supuesto que lo hago" dijo Arthur "pero eso no te da derecho a hablarme como lo haces. No estoy de broma"

"¿Broma?" Alfred arqueó las cejas "Eso tiene gracia – pensé que eras tú el que no se lo tomaba en serio"

Arthur resopló.

"Teniendo en cuenta que eres el que siempre se puto larga antes de que despierte, eso es bastante bueno" dijo con acritud.

Alfred exhaló enojado; pero una replica a eso pareció no llegar y se dejó caer en la lujosa silla frente al escritorio de Arthur.

"Ahora te vas a enfurruñar, ¿verdad?" preguntó Arthur con malicia "¿Qué tal de aquella vez que tiraste mi ropa por la ventana de un tren en movimiento de camino a San Petersburgo?"

"¡Eso fue por el incidente de las esposas!"

"¡Entonces déjalo ya!"

Arthur soltó un gemido y se pasó las manos por el pelo húmedo.

"Oh, Dios mío" se quedó "es una broma, ¿verdad? Tú y yo, todas las jodidas cosas"

Alfred frunció el ceño, mirando al suelo.

"No tiene que ser así" murmuró, sonando extrañamente apagado.

"No quiero discutirlo" la voz de Arthur bajó de tono mientras se acercaba a la ventana, observando el silencioso campus a través del cristal caliente "…No aquí" buscó sus cigarrillos, sintiéndose bastante agotado de repente; sacando uno del estuche de cuero con los dientes y encendiéndolo "Mira, solo… terminemos con esto, ¿de acuerdo? Cincuenta – cincuenta, como acordamos. Solo negocios. Vamos a no… puto complicar las cosas aquí, de entre todos los sitios" se giró hacia Alfred y le ofreció la pitillera "¿Entendido?"

Alfred cogió un cigarrillo y lo encendió con un destello químico de su propio mechero plateado.

"No es como si lo gritase desde los tejados, ¿sabes?" dijo, arrastrando las palabras.

"De todas maneras" dijo Arthur con una bocanada de humo "tienes un aire de… falta de sutileza, querido"

"Tal vez sea un cumplido" Alfred dijo esto con una astuta indiferencia, mirando su cigarrillo.

"Mmm" Arthur arqueó las cejas "Y tal vez, en otras circunstancias, me sentiría halagado" y luego, cuando Alfred volvió a mirarlo, sorprendido, añadió "Pero sigues siendo un cabrón descarado y si me hablas de nuevo así, te cortaré la maldita lengua"

"Je" Alfred sonrió "Veremos si sostienes eso la próxima vez que estemos en una habitación trasera del Moulin Rouge, cariño"