Autor Original: RobinRocks
ID: 906198
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Arthur no recordaba haber aceptado ser la 'cita' de Alfred, por así decirlo; y lo dijo, parándose en el espejo y terminado con su corbata y gemelos.
"Y de todos modos" prosiguió con irritación "tendrías que ser mi acompañante – ya que no tiene una invitación formal para la gala"
Alfred se encogió de hombros, hundiendo los dientes en el melocotón que había cogido del cuenco de la mesa de café de Arthur.
"Lo que se que funcione" dijo con la boca llena de la húmeda carne.
"No puedo creer que este sea tu plan" espetó Arthur, finalmente volviéndose hacia él "Para entrar en –"
"Eres demasiado amable"
"¿Y supongo que volverás a hacer esa lamentable actuación de periodista?" resopló Arthur.
Alfred se encogió de hombros.
"Quizás. Veré cómo me siento"
"¿Verás como te sientes? Tendrás que ceñirte a ello, muchacho, porque Gupta y el Sr. Adnan te reconocerán…"
"Arty, Dios, cálmate antes de que te de un ataque" Alfred volvió a presionar el melocotón contra sus labios, apoyándose en la puerta del dormitorio de Arthur "…Te ves genial, por cierto"
Arthur suspiró impacientemente, mirándolo en el espejo mientras se giraba hacia él.
"Sabes que los halagos no te llevarán a ninguna parte conmigo" dijo, acomodándose la corbata de seda gris; iba completamente de negro por lo demás, su camisa de un tono menta pálido.
"No es un halago" dijo Alfred con sencillez "Solo un cumplido. Acéptalo"
"Está fuera de lugar para ti" respondió Arthur "así que puedes entender mi cautela. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que has insinuado que soy poco atractivo; no es que me importe, para que lo entiendas, pero al mismo tiempo, es tu muleta más común. Supongo que es solo porque no puedes llamarme estúpido"
Alfred se rio, divertido.
"No puedo, Doctor Kirkland" admitió "Aunque en realidad no creo que seas feo, ¿sabes?"
"Me importa una mierda lo que pienses de mí, mi apariencia o lo que sea" dijo Arthur airadamente "Todo lo que me importa es que hagas lo que se requiere de ti esta noche"
"Te dije que no te preocupes por eso" respondió Alfred, moviendo la mano "Todo está bajo control"
Arthur lo fulminó con la mirada.
"Sí, bueno, será lo mejor" dijo secamente "Voy a apagar las luces exactamente a las once y veinte minutos. Tendrás alrededor de medio minuto antes de que el generador de respaldo entre en funcionamiento. Tienes que hacerlo en esa ventana o–"
"Maldita sea, eres como una esposa molesta" se quejó Alfred, terminándose el melocotón.
"¡Haré más que regañarte si fastidias esto!" espetó Arthur. Hizo un ultimo intento de domar su pelo en el espejo antes de darse por vencido, volviéndose por fin hacia Alfred "De todos modos, será mejor que nos movamos. ¿Llevas con seguridad la copia contigo?"
"Claro que sí"
"Bueno" Arthur se descolgó el abrigo y se lo puso, pasando a Alfred mientras se dirigía hacia la puerta "…Por cierto" dijo secamente "tú también luces muy respetable. Supongo que puedes arreglarte cuando quieres"
"Solo cuando quiero" asintió Alfred; aunque parecía complacido por la atención, sonriendo. Iba vestido de color gris carbón con una corbata azul, una rareza en su garganta "¡Bueno, la noche es joven!" le ofreció a Arthur el brazo "¿Puedo acompañarle al baile?"
"Ciertamente no puedes" respondió Arthur mordazmente; abrió la puerta principal y acompañó a Alfred a la salida "Por el amor de Dios, Sr. Jones, por favor, trate de no hacer ninguna tontería frente a mis colegas. De acuerdo, solo me quedan dos meses de mi beca, pero no quiero que lo pasen riéndose de mi por los pasillos"
"¿Qué? ¿Quieres decir que ya no se ríen de ti y tus divertidas cejas?"
Arthur simplemente suspiró mientras cerraba la puerta principal de su apartamento; pasó junto a Alfred y se dirigió escaleras abajo hacia los terrenos de la universidad.
"Podría haber sabido que te llevaría medio minuto volver a insultar mi apariencia" dijo "A estas alturas, estoy bastante seguro de que tu cerebro sólo puede hacer frente a un sentimiento a la vez" metió las manos en los bolsillos de su abrigo y miró a Alfred "Sígueme"
Cruzaron el campus juntos, dirigiéndose hacia el espléndido Gran Comedor, iluminado como un candelabro de cristal en la noche. Los coches elegantes ya habían comenzado a alinearse ante él, con todo tipo de estimados invitados emergiendo de sus brillantes caparazones, las pieles crujiendo y los diamantes parpadeando.
Arthur se unió al bullicio de la gran puerta de azulejos y buscó en el bolsillo de la chaqueta, encontrando sus trabajos de doctorado en lugar de una invitación para esta ocasión "le lanzó una mirada irritada a Alfred, quien le sonrió alegremente en respuesta.
"Dr. Kirkland" lo saludó el portero con un movimiento de cabeza; miró brevemente los papeles y luego les indicó que se alejasen "¿Y usted, señor?"
Arthur se dio cuenta de que se estaba dirigiendo a Alfred y se dispuso a intervenir.
"Ah, este es mi invitado, Alf–"
"Dr. Alfred Jones" interrumpió Alfred suavemente, sacando su propio papeleo de la chaqueta "de la Universidad de Houston, Texas. Estoy seguro de que encontrará que todo está en orden"
El portero examinó el papeleo rápidamente y luego les indicó con la cabeza que pasaran al glorioso vestíbulo de entrada, ya abarrotado de invitados, camareros y bandejas de champán.
Arthur estaba indignado.
"Estoy totalmente a favor de tus ingeniosas falsificaciones, como sabes" siseó enojado "pero falsificar trabajos académicos es muy bajo, Alfred, ¡incluso para ti!"
"No son falsos" dijo Alfred con franqueza "Completé mi doctorado en Ingeniería en 1931"
"Entonces, ¿por qué estás en Egipto dirigiendo un bar?" espetó Arthur.
"Sabático" Alfred se encogió de hombros, parecía un poco irritado "Mira, no me gusta estar encerrado en una oficina haciendo papeleo. No veo cómo es asunto tuyo lo que hago con mi doctorado"
"¡Creo que es asunto mío considerando que he trabajado contigo durante años y olvidaste decirme que incluso tenías un título!"
"Tengo dos, en realidad" dijo Alfred alegremente "Ingeniería y Química"
"¡B-Bueno, no entiendo por qué no dijiste nada!"
"Awww, no lo sé, supongo que eres un poco presumido con eso" molestó Alfred "Con lo de ser el Dr. Arthur Kirkland, quiero decir. No quería estropeártelo. Siempre pensé que solo me aguantabas porque creías que eras más inteligente que yo"
"¿Disculpa?" Arthur se sentía realmente ofendido, sintiendo que su rostro comenzaba a arder de la molestia.
"Bueno, tienes que admitir que me lo restriegas mucho en la cara" dijo Alfred "O lo intentas, de todas maneras. ¿Es esa tu forma de afirmarte sobre mí?"
"Yo no… no estoy imponiéndome sobre ti–"
"Bueno, lo que sea, es cosa tuya" cortó Alfred alegremente "porque no soy tan estúpido como crees"
"¡No creo que seas estúpido!" estalló Arthur "¡Nunca había pensado eso!"
"Simplemente sin educación" dijo Alfred con cuidado.
"No son lo mismo" respondió Arthur con vehemencia.
"Tienes razón" Alfred asintió "No lo son"
"Deberías habérmelo dicho" gruñó Arthur, con el ceño fruncido.
"No deberías haber asumido que era un idiota" respondió Alfred, encogiéndose de hombros.
"Por última vez, nunca pensé que fueras idiota" espetó Arthur "…Sólo un farsante. Pareces pasar por la vida pretendiendo ser algo que no eres. ¿Por qué habría asumido algo diferente cuando sacaste esos papeles? Es una segunda naturaleza asumir que estás mintiendo, Alfred. Lo siento"
Alfred hizo una pausa; luego asintió, pensativo.
"Supongo que ese es el daño que me he hecho a mí mismo" dijo con frialdad "¿Me disculpas? Voy a ir a tomar algo"
"Como quieras" la respuesta de Arthur fue igual de rígida, asintiendo con la cabeza mientras Alfred pasaba entre la deslumbrante multitud y desaparecía.
Bueno, entonces. Arthur no sabía muy bien qué pensar. Por supuesto, Alfred podría estar mintiendo, habiendo preparado los papeles la pasada noche, por lo que él sabía; pero es cierto que parecía haber una especie de sinceridad tranquila y feroz en él con eso, burbujeando bajo sus palabras tranquilas, como si Arthur lo hubiera insultado.
Y, bueno, quizás Arthur le había insultado –
¡Pero eso no podía evitarse si Alfred era tan tercamente poco franco sobre su pedigrí académico! ¿Por quién tomaba a Arthur? ¿Un adivino? ¡¿Qué narices esperaba?!
Lo retiro, pensó Arthur enfadado mientras se servía algo un poco más fuerte que el champán. Eres el idiota más grande que jamás he tenido la desgracia de cruzarme.
"Ya veo que el periodista ha vuelto a aparecer" dijo Gupta.
"Mm" Arthur miró fijamente su bebida "Eso parece" incluso el vaso, haciendo que los cubitos de hielo chocaran como piezas de ajedrez debajo de la película de color ámbar; antes de arriesgarse a mirar a Gupta, quien lo estaba mirando fijamente.
"Ugh" Arthur se reclinó en su asiento "…Está bien, no es periodista. Es… bueno, resulta que es un académico. Doctorado en Ingeniería"
"… ¿Cómo es así?" Gupta arqueó las cejas "¿No lo sabías?"
"Hasta esta noche, de hecho" dijo Arthur; miró al otro lado de la habitación hacia Alfred, quien estaba una vez más con Sadiq Adnan, espléndido con una túnica azul medianoche "…De hecho, quién sabe qué otras sorpresas podría tener reservadas"
"¿Aconsejaría precaución?"
"Quizás un poco" Arthur frunció el ceño, observando a Alfred con atención; él y Sadiq se reían, y estaban cerca del Corazón de Ra en su prisión de cristal "Es una criatura de muchos colores"
Gupta meramente enarcó sus cejas oscuras.
"¿No lo somos todos?" fue su respuesta.
A las nueve en punto, el Dr. Gupta Hassan pronunció un discurso bastante entusiasta sobre El Corazón de Ra, su historia y su importancia en la comprensión de los rituales del Reino Inferior, con gran reconocimiento y aplausos.
Precisamente a las nueve y media, la banda comenzó a tocar, las luces se encendieron y la recepción realmente comenzó, con las damas quitándose sus pieles y mostrando sus rodillas al sonido de la banda.
A las nueva y treinta y siete, Sadiq Adnan causó algo de revuelo cuando comenzó a intentar abrir la caja del Corazón de Ra, declarando en voz alta que era suyo y que quería usarlo para bailar el Charleston.
A las diez y trece minutos, Alfred Jones se acercó tranquilamente a la mesa de Arthur – donde estaba felizmente sentado – con una botella de champán cogida de otra maesa, diciendo que quería celebrar su último logro; lo mandó a prepararse a los catorce minutos con instrucciones de no contar sus malditas trastadas, por así decirlo.
A las diez y veintiséis minutos, Arthur Kirkland fue atacado por el mayor de los dos malvados, su archienemigo Francis Bonnefoy, que era diseñador de moda y, en opinión de Arthur, un frívolo desperdicio de espacio. Bromearon como de costumbre y las cosas fueron corteses hasta las once menos diez, cuando Arthur finalmente perdió los estribos con Francis y lo golpeó en la cabeza con una botella de champán (que lamentablemente no se rompió).
A las once y cinco, Arthur terminó el último trago y sintió que era hora de esperar al otro, no tanto porque había estado bebiendo toda la noche, sino más bien para no tener que volver a beber sin disfrutarlo. Era casi la hora de hacer su movimiento – y buscó a Alfred por el pasillo, encontrándolo bajo la suave luz muy cerca del tesoro encerrado.
Para sorpresa de Arthur, estaba hablando con Gupta.
Se preguntaba qué estarían discutiendo; Alfred era notoriamente poco sutil, algo así como un charlatán, y si se iba de la lengua con Gupta, Arthur resolvió sombríamente en ese momento desollarlo vivo. Se quedó mirándolos atentamente, y después de un momento, Alfred pareció sentir su mirada y miró brevemente, de manera furtiva, en su dirección.
Asintió levemente, lo que podría disfrazarse simplemente como un movimiento de su cuello; y si Gupta sospechaba que algo andaba mal, ciertamente no lo hizo obvio. Satisfecho, Arthur se escabulló.
Dio un rodeo por el Departamento de Química adyacente, más o menos doblando hacia atrás sobre sí mismo, para evitar los rezagados en las cercanías; el generador para el edificio estaba en un pequeño cuarto de servicio no lejos de la entrada de la torre del reloj, y ahí estaba el destino de Arthur. Llegó a tiempo y sin testigos, entró y cerró la puerta tras él, arremangándose. La habitación estaba iluminada por una bombilla desnuda que se balanceaba en el cielo y el generador era tan grande que no había mucho espacio para moverse; aunque había poco, la corriente era controlada por una sola palanca en la pared. Era cierto que no sabía lo suficiente sobre el sistema como para cortar la energía, al menos no sin electrocutarse en el proceso, por lo que decidió simplemente apagar el generador, anulándolo; no estaría bien dejarlo apagado, eso sería una prueba de novato de que había sido manipulado.
Realmente era bastante simple, al menos por su parte; todo lo que Alfred tenía que hacer era no fastidiarlo y serían libres de ir a casa con él Corazón de Ra.
Consultó su reloj. Las once y dieciocho minutos. Le había prometido a Alfred que sería exactamente a las y veinte, y tenía la intención de cumplirlo, para que no pillarlo sin preparar.
Así que esperó, su corazón latía bajo el zumbido del generador, su pelo crujía con el zumbido de la electricidad; y esto era lo más intenso, la emoción, y de ninguna de las maneras su parte favorita, pero era agradable de todas maneras, tenía que admitirlo. Un toque de aventura de vez en cuando nunca hacía daño a nadie; y, francamente, sentía que estaba realizando una especie de servicio público (al menos, un servicio al estudio académico de la historia) para rescatar estos artefactos de coleccionistas estúpidos que no tenían entendían nada de ellos. Arthur era diferente. Era un historiador. Él cuidaría del Corazón de Ra adecuadamente –
"¡Arthur, no lo hagas!" Alfred apareció en la habitación, luciendo un poco despeinado.
Entró y cerró la puerta con una patada del talón. Arthur se quedó mirándolo y observándole, sin palabras, agarrando la palanca con equilibrio para empujarla hacia la oscuridad. Alfred miró su mano y negó con la cabeza.
"Sí, mejor que no hagas eso" dijo de nuevo "No me apetece mucho sacarte por las paredes"
"¿P-Perdona?" los músculos de Arthur se tensaron en la palanca "Este es el plan – y tú estás… aquí, ¡de entre todos los lugares! ¡¿Por qué estás aquí, Alfred?! ¡Se supone que debes estar ahí fuera, listo para coger el Corazón de Ra cuando las luces se apaguen!"
"Sí, sobre eso…"Alfred se desanudó la corbata, abrió los primeros botones de su camisa; allí, plano y reluciente contra su pecho, estaba el Corazón de Ra "Ya lo tengo"
Arthur estaba, para ser perfectamente honesto, atónito.
"Pero… p-pero yo… ¿Cómo?" movió violentamente a Alfred "¿Cómo es posible…?"
La comprensión resbaló, fría y desagradable, por su espalda.
"… ¿Cuánto tiempo lo has tenido?" preguntó con frialdad.
Alfred sonrió.
"Ese es mi Arty" dijo "Sabía que lo resolverías"
"¿Cuánto tiempo, Alfred?"
"Unos pocos días" Alfred se encogió de hombros "Lo cambié el día que me hacía pasar por conserje. La oportunidad estaba ahí así que… ¿por qué esperar?"
"¡Y no pensaste en decírmelo!" irrumpió Arthur "¡Podríamos haber evitado… todo esto, por el amor de dios! ¡No tenías que venir a esta gala y yo ciertamente no necesitaba escabullirme para desconectar la energía!"
"Sí, de nuevo, yo no haría eso. Eso es lo que vine a decirte"
"Bueno, no necesito hacerlo ya, ¿verdad?" espetó Arthur "Pero eso a un lado, ¿por qué no?"
"Porque te matará" dijo Alfred con franqueza "Totalmente. Estaba hablando con tu amigo Gupta, ya sabes, y me estaba diciendo que estaban teniendo un problema con apagones aleatorios en este edificio, así que el jefe del Departamento de Química invitó a algunos chicos a echar un vistazo. Hicieron cambios para que el generador de respaldo se activara de inmediato, anulando los apagones de treinta segundos, y todavía tendrías la mano en la palanca. La corriente te atravesaría y te freiría vivo" Alfred hizo una pausa "Oh, y las luces permanecerán encendidas así que… seguramente no valga la pena"
Arthur finalmente se apartó del generador y apartó la mano. Pensar en lo cerca que había estado de… de…
"Maldita sea, que suerte que me lo dijo, ¿verdad?" silbó Alfred "Eso estuvo cerca"
"¡¿Que estuvo cerca?!" ahora, Arthur estaba empezando a sentir algo de nauseas, reflexionando sobre lo cerca que había estado de acabar pegado al generador "¡Podría haber muerto!"
"Sí" asintió Alfred, con gravedad.
"¡Todo esto podría haberse evitado si me hubieras dicho que tenías esa maldita cosa desde hace dos días!"
"Bueno, obviamente si hubiera sabido que casi podrías matarte, por supuesto que había sido sincero" dijo Alfred con reproche "Pero parecías tan empeñado en tu gran plan, no quería estropeártelo, y tampoco quería estropeármelo. Parecía divertido, un atraco nocturno en una brillante gala – ¡es como algo salido de una de las fotos! Supongo que pensé que no importaba mucho porque ya hice el cambio"
"Oh, bueno, ¡¿no es propio de ti actuar como un niño mimado?!" Arthur estaba furioso; estaba temblando, apretando los puños para intentar contenerse "¡Solo soy un maldito pase de comida para ti, ¿verdad?!"
"Arty, no grites" siseó Alfred, acercándose a él "Alguien te escuchará y esto… no se ve muy bien–"
"Oh, ¿qué importa cómo se ve? ¡Eres tu el que me habla como si fuera una puta barata en una puerta solo porque he sido lo suficientemente estúpido y estaba lo suficientemente borracho como para dejar que me follaras un par de veces!"
"Eso no es…" Alfred exhaló, frotándose el cuello "Está bien, sí, admito que tiré un poco de ti – pero no pienso que seas una puta barata. Solo… no sé, nunca estás sobrio, y cuando estás borracho, dispuesto, gustándote que te hable así–"
"¡Oh, Dios, no voy a quedarme aquí y discutir esto contigo!" Arthur lo apartó del camino "Muévete. Vuelvo a la gala"
"No" Alfred lo cogió del brazo "Espera, Arthur, yo–"
"Se acabó" Arthur lo miró con frialdad "Por favor, suéltame"
"No, escucha, escúchame–"
"No quiero escuchar otra palabra–"
"Por favor, Arthur" Alfred lo miró intensamente "Escúchame"
Arthur se quedó quieto, en silencio, hirviendo; sobre todo porque Alfred todavía lo estaba cogiendo con fuerza.
"Mira" dijo Alfred con cansancio "¿recuerdas lo que te dije antes? ¿Cómo intentabas ser más que yo? Quizás tenga un doctorado también, ya sabes, pero a veces me haces sentir por debajo de ti… Y creo que, Dios, nunca me querrás, no realmente, solo me usas para tus robos y todo eso, nunca significaré nada para ti… Pero a veces, cuando estamos solos y no hay nada entre nosotros aparte del alcohol, cambias, parece que realmente me quieres–"
"Eso solo es por el alcohol" interrumpió Arthur apresuradamente.
"¿Lo es?" Alfred asintió "Bueno, sí, supongo que lo es. Pero entonces miras más allá de mis manos, Arthur… Por muy fugaz, por muy engañoso que sea, te agrado por ser yo"
"Y con eso consigues follar" apunta mordazmente Arthur "Y luego desapareces"
"¡Porque sé exactamente lo que dirás por la mañana!" Alfred lo miró desesperado "Lo que quiero decir es… no sé, tal vez ambos podríamos soportar ser un poco más amables"
Arthur hizo una pausa; y luego sus cejas se volvieron a fruncir.
"Estoy siendo amable" dijo con frialdad "Me voy en lugar de patearte el trasero. Da las gracias por estas pequeñas cosas, estúpido idiota" liberó su brazo de un tirón "Buenas noches"
"¡Espera!" la voz de Alfred le pilló con la mano en el mango de la puerta "¿Qué hay del Corazón de Ra? Quieres tu parte, ¿verdad?"
Arthur se detuvo. Era cierto que si le daba la espalda a Alfred, lo dejaba con el artefacto aferrado a sus sucias manos, se encargaría de el – como había hecho antes… Pero, sinceramente, su deseo de alejarse de Alfred superaba con creces su deseo por el tesoro egipcio en este preciso momento; y sintió que tenía que seguir su instinto.
"Lo solucionaremos más tarde" dijo bruscamente, comenzando a girar la manija.
"No" la voz de Alfred estaba justo detrás de él, su respiración en su cuello "Resolveremos esto ahora"
Alfred lo agarró por los hombros, obligándolo a mirarle de frente; y, empujándole contra la puerta, lo besó, fuerte, exigente y desesperado.
Al principio Arthur no reaccionó, simplemente aturdido cuando Alfred se aferró como loco a él. Entonces se resistió, algo a medias, sus dedos sintieron el duro brillo del Corazón de Ra mientras Alfred devoraba su boca. Y luego, por razones insondables – ninguna de las cuales podría ser que realmente le gustase Alfred, de ninguna manera, forma o lo que sea – cedió, abrió la boca y le correspondió el beso. La manija de la puerta se presionó contra la parte baja de su espalda, Alfred lo sostenía contra ella como una mariposa clavada a una tabla – para que no vuele, tal vez.
"¡Esto…!" separándose, Arthur jadeó por aire; puso sus manos en los codos de Alfred mientras este succionaba su cuello "¡Alfred, no podemos…! Ni aquí, ni–"
"Lo siento" murmuró Alfred contra su garganta "No puedo soportarlo mucho más, Arty…" presionó su frente contra el hombro de Arthur, abrazándolo con fuerza, inspirando.
"Dios" gimió Arthur "ten un poco de control, hombre. ¿Debes hacerme esto ahora?"
Alfred exhaló; sonaba como si hubiera una risa en alguna parte.
"Lo sé, lo sé" estuvo de acuerdo "Mal momento. Pero, ya sabes… daría todo lo que tengo si, en su lugar, pudiera mantenerte conmigo"
Ahora Arthur estaba incómodo; se escapó de entre los brazos de Alfred.
"Deberíamos volver" dijo. Se arregló la ropa, un poco arrugada, con el rostro acalorado "Venga"
Salió de la habitación con bastante prisa, sintiendo que Alfred podría apoderarse de él una vez más; pero Alfred, al parecer, finalmente se había recompuesto y le siguió, furtivamente, volviendo a sus modales. El pasillo estaba vacío, notó Arthur con alivio, y silenciosamente cerró la puerta de la sala del generador.
"Dios" dijo de nuevo, presionando la palma de sus manos contra su frente "Necesito una jodida bebida"
"Yo también" respondió Alfred; sonaba un poco cansado de repente "¿Qué tal suena un whisky?"
"Divino" Arthur lo miró con recelo "¿Supongo que puedo confiar en que lo le echarás nada?"
Alfred parecía herido.
"¡Hey, cariño, sabes que ese no es mi estilo!"
"Je" Arthur asintió "Sí, tienes toda la razón. No eres Francis Bonnefoy"
Por cierto, hablando del diablo y todo eso, Francis estaba en su mesa cuando regresaron; y se encargó de proporcionar comentarios deliciosamente sarcásticos sobre la ausencia de ambos, en los que Arthur intentó sacarlo de la mesa hasta que Alfred, con las mejillas rosadas, lo golpeó. Francis, que parecía más feliz de lo que debería haber estado, se alejó cojeando y dijo que ya era hora, o algunas palabras sin sentido.
Arthur se enfurruñó mientras Alfred se encargaba de las bebidas; y lo aceptó agradecido, el amargo bombardeo brillante en su lengua. La música se había ralentizado, suave y creando ambiente, y las luces habían disminuido de intensidad, un solo rayo brillando sobre el Corazón de Ra.
"Pobres tontos" susurró Arthur sobre el hielo, viendo a dos damas vestidas de seda que se detenían para observarlo a través del vaso.
"Lo que no saben no puede hacerles daño" dijo Alfred, encogiéndose de hombros.
"Bueno, bastante"
"Por un trabajo bien hecho" Alfred extendió su vaso; y, después de un momento (y una mirada concisa), Arthur se dignó a chocar el suyo contra él.
"Oh, supongo" se quejó "Incluso si casi me mato"
Alfred sonrió.
"Oye, hice prácticamente el resto del trabajo" bromeó "Sabía que podía contar contigo para darme la emoción"
Alfred parecía querer besarle en el momento en que estuvieron dentro del apartamento; pero Arthur se mantuvo firme, apartándole.
"Suficiente ya, Sr. Jones" dijo con frialdad, agachándose bajo el brazo "Este no es el lugar. Creo que lo sabes"
"¿No puedo siquiera tener un beso?" Alfred hizo un puchero "Eso no es mucho pedir"
"Je" Arthur estaba en el gramófono; eligió la Sinfonía pastoral de Mozart y la puso "Quizás más tarde"
Alfred lo dejó; y se encaminó hacia el sofá, dejándose caer en él. Hizo un breve trabajo al asaltar la frutera de Arthur nuevamente, cogiendo una manzana. La mordió con un crujido fuerte mientras los primeros compases de la obra maestra de Mozart se abrían paso por la habitación.
Arthur se dirigió a su dormitorio, colgando la chaqueta y la corbata con cuidado practicado; se desabrochó los dos botones superiores y se sentó en la cómoda para quitarse los gemelos y el reloj de pulsera, tarareando al son de la música, una de sus piezas favoritas.
"Entonces, ¿qué pasa con esto?"
Arthur alzó la mirada. Alfred estaba apoyado en la puerta, como lo había hecho antes, con la camisa abierta, el Corazón de Ra brillando contra su piel. Le sentaba bien, brillando con el mismo dorado de su pelo.
"¿El Corazón de Ra?" preguntó Arthur secamente "¿O tu impresión de pavo real?"
Alfred puso los ojos en blanco, dándole otro mordisco a su manzana.
"El Corazón de Ra, por supuesto. ¿Quieres cortarlo por la mitad?"
"Oh, ahora estás siendo obtuso" Arthur volvió a mirar su reflejo, dejando caer sus gemelos de plata en el plato de cristal "…Supongo que lo único que se puede hacer es encontrar un comprador y dividir el dinero"
"¿Pensé que me lo ibas a comprar?"
"No estoy seguro de quererlo, para ser honesto. No tengo ningún lugar donde ponerlo" Arthur lo miró "¿Qué hay de ti?"
Alfred se encogió de hombros.
"Diría que así de primeras no sabría lo que hacer con él"
"Entonces venderlo" dijo Arthur fácilmente "Estoy seguro de que puedo encontrar un comprador en Londres–"
Alfred de repente estaba detrás de él; y Arthur se interrumpió, con cautela.
"… ¿Qué?"
"Nada"
Alfred se quitó el objeto pasándolo por la cabeza, gentilmente, para ponerlo alrededor del cuello de Arthur. Brilló bajo su camisa abierta, sencillo contra sus botones, cada joya parpadeando a la luz de la lámpara. Era pesado contra su caja torácica, fría con el tacto.
"Solo quería verlo en ti" continuó Alfred en voz baja. Cogió las manos de Arthur, tomándolas con las suyas y las sostuvo con fuerza frente al espejo "…No es tan brillante como tus ojos"
"Oh, Dios mío, ¿qué te ha dado esta noche?" suspiró Arthur; echó la cabeza hacia atrás, mirando a Alfred "Estás siendo bastante–"
Alfred se inclinó, rápido, y presionó su boca con la propia. Arthur resopló por la nariz, impaciente, pero volvió la cabeza hacia el beso. Alfred tenía un sabor agridulce como las manzanas, olía a polvo y especias del mercado, y era difícil no perderse en él, ceder por completo.
"Sé que no quieres" suspiró Alfred, presionando su frente contra la de Arthur "Esta noche no. Pero esperaré – si me das tu palabra"
"Hemos bebido demasiado" Arthur se apartó y se levantó. Su rostro estaba cálido "Siempre nos ponemos así cuando estamos borrachos"
"Quizás" asintió Alfred, viéndolo irse a la cama "pero, ¿importa si somos honestos al final?"
"Tú y yo, ¿sinceros el uno con el otro?" bromeó "Perdóname por no creérmelo"
"Vale" Alfred, también, fue hacia la cama, sentándose en el borde "Entonces, ¿qué tal esto?... Conozco un comprador para El Corazón de Ra. Podemos hacerlo aquí, en El Cairo, sin el peligro de tener que sacarlo de contrabando del país"
"¿Oh?" eso despertó cierto interés en Arthur "¿Un contacto tuyo?"
"Un contacto tuyo, en realidad"
"¿En serio?" Arthur frunció el ceño ante el ventilador "¿Y cómo, precisamente, conocerías algún contacto mío?"
"Porque estuve hablando con él, estúpido"
"¿Hablando con él? ¿Cuándo…?" Arthur hizo una pausa, y la comprensión se apoderó de él en un instante, con una luz rosada y dorada; se sentó, mirando a Alfred "¡Por el amor de Dios, no querrás decir Gupta!"
Alfred solo sonrió.
"Bastante limpio, ¿eh? Empecé a hablar con él antes y estaba diciendo lo poco que había tenido la oportunidad de estudiarlo y simplemente… surgió, ¿sabes?"
Arthur lo miró fijamente.
"¡¿Estás loco?!" siseó "¡Te das cuenta de que estás hablando del jefe del Departamento de Historia!"
"Claro que sí" dijo Alfred, arrastrando las palabras. Juntó las manos "¿Y qué te parece?"
Arthur se dejó caer contra las sábanas; de repente, se sentía agotado.
"No lo sé, me parece bastante extraordinario…"
"Dejaré que lo medites" bromeó Alfred; se arrastró a lo largo de la cama, cambiando su brazo para acostarse junto a Arthur.
Este le miró de reojo.
"Puedes irte" dijo rotundamente.
"Jaja, no voy a hacer nada" Alfred le sonrió "No aquí, al menos. Puedo esperar hasta la próxima vez que estemos en el Moulin Rouge"
"Oh, bueno… quizás no sea necesario tanto tiempo" suspiró Arthur "Deberías venir a Londres"
"O" dijo Alfred, alzando sus cejas "quizás tú deberías venir a Nueva York"
"No estarás hablando sobre ese puñetero cuadro de nuevo, ¿verdad?"
Alfred se encogió de hombros.
"Tal vez sí y tal vez no" hizo una pausa; luego deslizó la mano por el costado y la metió en el bolsillo, sacando, con un brillo frío como la luna y un celoso parpadeo verde, el anillo de la corte de la era de Carlos II "Este es un lindo anillo, ¿no? Es gracioso tenerlo tirado en el mueble de las bebidas"
Arthur se sonrojó.
"¡Dame eso!" se lo arrebató; pero Alfred se apresuró a mantenerlo alejado, fuera de su alcance "¡Alfred, estoy estudiando eso! ¡Lo robaste solo porque sabías que lo quería, bastardo! ¡Dejaré que el libro pase pero el anillo no puedo perdonarlo!"
"Estudiando" Alfred se rio "Estudiando cómo se ve en tu dedo, supongo"
"¡Eso no es asunto tuyo!"
"Claro que lo es" Alfred le sonrió "¿De verdad crees que no me di cuenta de que había desaparecido?"
Arthur resopló.
"Me sorprende que lo hicieras" espetó "dado que tu apartamento es una pocilga"
"Ah, bueno, ahí está la cosa" Alfred acercó el anillo a la luz "Me gusta este anillo. ¿Quieres saber por qué?"
"Oh, dios, ¿por qué?" gimió Arthur, irritado.
"Porque me recuerda a ti"
Arthur lo miró, un poco cauteloso; Alfred apoyó la mejilla en la palma de su mano y le sonrió. Fue dulce y sincero.
"Tú y tu cosa con la historia, ¿sabes? Es del período Tudor, ¿verdad?"
"Stuart"
"¡Ves, ahí está!" Alfred giró el aniño de un modo y otro; brillaba como una estrella entre las yemas de sus dedos "Apuesto a que podrías darme una lección de historia completa basada en este pequeño anillo. Me gusta eso, ya sabes, cuando lo miro. Pero también…"
Dejó caer su brazo, sosteniéndolo cerca de la cara de Arthur, el verde resplandecía en su pálida mejilla.
"…Se parece a tus ojos"
Arthur se quedó callado por un momento, desconcertado; y Alfred realmente le sonreía con tanta sinceridad, y de vez en cuando era un idiota tan cinematográfico que Arthur se inclinaba a creerle.
Así que resopló, apartando la mano de Alfred.
"Oh, para ya, por amor de dios" se sentó, se balanceó en la cama y se estiró para desabrochar el Corazón de Ra, colocándolo suavemente sobre la cómoda "Voy a beber un poco de agua. ¿Quieres un poco?"
"Por supuesto" Alfred no parecía terriblemente ofendido; seguramente vio a través de él "Hey, puedo quedarme aquí esta noche, ¿verdad?"
Por 'aquí', Arthur estaba bastante seguro de que se refería a la cama, no al apartamento en general; y bajo el pretexto de gran tolerancia, accedió refunfuñando.
"¡Pero será mejor que te quedes en tu maldito lado de la cama!" dijo, saliendo de la habitación.
"¡No te prometo nada, cariño!" fue la desagradable respuesta de Alfred.
Poniendo los ojos en blanco, Arthur se paseó un rato por el apartamento, echando a un lado la aguja del gramófono, salpicándose un poco de agua en la cara en el baño, buscando tras eso los vasos. Pasaron quizás unos buenos diez minutos antes de que regresara a la habitación, con un vaso de agua fría en cada mano, descubriendo que Alfred se había desnudado hasta quedar en ropa interior y estaba bajo las sábanas, con las gafas en la mesita de noche de Arthur. Parecía como si estuviera durmiendo.
Arthur dejó su vaso con bastante fuerza, esperando que se moviese; pero todo lo que hizo fue acomodarse un poco. Arthur siempre había envidiado a la gente que podía quedarse dormida tan rápido de esa manera. Bebió un poco de agua y se quitó la ropa, se metió bajo la sábana blanca y se estiró para apagar la lámpara.
Alfred, aparentemente, no estaba tan dormido después de todo; y se acurrucó contra la espalda de Arthur en la oscuridad, apoyándose contra esta.
"Buenas noches" suspiró.
"Buenas noches" Arthur se acomodó; aunque permaneció despierto durante un largo rato, con los ojos abiertos, captando el sutil efecto de El Corazón de Ra en el resplandor de la clara noche "…Oye, Alfred. Tenía la intención de preguntarte…"
"¿Mmm?"
"¿Cómo es que tú y Gupta llegasteis al tema del sistema de electricidad? Parece un giro extraño en la conversación"
"Oh, eso" respondió Alfred, adormilado "Confieso que pensé que era un poco arriesgado, quiero decir, eres historiador , no electricista… Pensé que sería mejor comprobar con Gupta que iba a funcionar como esperabas" hizo una pausa y exhaló "Qué bien que lo hice, ¿eh?"
Arthur, que no sabía lo que decir con esto, se quedó en silencio un rato.
"De nada" añadió Alfred, con cierto reproche.
"Estoy agradecido" dijo Arthur en voz baja "Mucho" encontró la mano de Alfred y la apretó "… ¿Corriste?"
"Sí. Bastante heroico, ¿eh?"
"Un poco, sí" admitió Arthur de mala gana.
"Bueno, la próxima vez, planificaremos todo juntos, ¿de acuerdo? Como un equipo de verdad"
"¿Puedo confiar en ti?"
Alfred resopló.
"Más bien, ¿puedo confiar yo en ti?" replicó.
Arthur sonrió en la oscuridad.
"Es justo" suspiró "La próxima vez, entonces, amor, lo haremos juntos"
Naturalmente, cuando Arthur se despertó a la mañana siguiente, Alfred se había ido.
Arthur no estaba muy sorprendido, aunque admitiría que realmente era un mal hábito tendría que quitarle a Alfred uno de estos días. Se levantó de la cama, se puso la bata y se acercó a la cómoda.
Y quedó atónito al descubrir que El Corazón de Ra todavía estaba ahí, ardiendo bajo el nuevo sol.
Bueno, entonces. Quizás ése era un mal hábito desapareciendo, uno que ya no estaba.
Pasó a la sala de estar, las baldosas frescas bajo sus pies descalzos; puso la aguja del gramófono en el disco para reanudar Mozart, notando en ese momento que Alfred, al parecer, se había tomado la libertad de prepararle el desayuno. Se acercó cautelosamente a la mesa, preguntándose cuánto tiempo antes había dejado Alfred la ofrenda de paz en la bandeja de madera. La tostada estaba fría, pero el mango troceado se podía salvar perfectamente; y el té era el tipo de mezcla que, en realidad, no estaba nada mal tibia y sin leche.
Había una carta cerca de la bandeja.
Arthur se hundió en la silla, sirviéndose una pequeña taza del té con el que Alfred había intentado impresionarlo; y usó el cuchillo para cortar el sobre, sacando la hoja doblada y abriéndola.
Estaba escrito a mano por Alfred, claramente de manera apresurada, y decía lo siguiente:
¡Buenos días, Arthur!
Historia divertida: tuve que irme de Egipto repentinamente, ¡no te lo creerías! Te contaré todos los detalles la próxima vez que nos veamos (¡espero que pronto!). Pero básicamente no te molestes en ir a Lady Liberty, se lo vendí a Sadiq Adnan a precio de ganga.
Oh, por cierto, creo que debería ser sincero: el corazón de Ra en tu mesita es una de las falsificaciones. Yo tengo la real. Si lo quieres, ven a buscarlo (Aunque no hay nada que te impida vender la falsificación a Gupta, ¿sabes? Es básicamente impecable, no creo que se dé cuenta).
¡Nos vemos en Nueva York!
Alfred F. Jones (Doctor)
P.D.: ¡Espero que disfrutes del desayuno!
Arthur leyó la carta dos o tres veces. Ni siquiera estaba tan sorprendido pero, aun así, le llevó bastante rato darse cuenta de que Alfred lo había engañado nuevamente.
Dejó la carta, empujando el sobre con ella, y luego sintió que había algo más ahí, a lo que le dio la vuelta. El anillo Stuart cayó sobre la bandeja, seguido de otra hoja doblada.
El anillo era una sorpresa, y una que hizo que se le revolviera el estómago; no esperaba volver a verlo después de que Alfred se lo hubiera robado anoche. Lo encerró en su puño mientras desdoblaba el otro papel para inspeccionarlo.
Se trataba de un pequeño volante, con los estilos de finales de Déco de negro, blanco y rojo geométricos, que anunciaba una exposición en el Museo de Arte de Nueva York dentro de tres meses. Estaba ansioso por coger el 'Washington Crossing the Delaware de Leutze' entre la pequeña selección de exhibiciones enumaradas.
… Bueno, nadie podría acusar a Alfred de no elegir el lugar más elegante para una cita. Incluso si todavía tenía el hábito terriblemente descortés de cortar y correr – pero eso podría arreglarse de una forma u otra, suponía Arthur. Volvió a mirar el anillo.
Al menos dejó bonitos regalos. Algo así.
Arthur le dio un sorbo al té, fresco y refrescante en el creciente calor egipcio, y fue a vestirse. Quería llegar pronto a la universidad.
Después de todo, él y Gupta Hussan necesitaban tener una pequeña charla.
