Quisiera pedirte los reportes mensuales de los últimos 12 meses, mas la lista de trabajadores y sus contratos, quiero que me entregues la base de nuestros proveedores, para mañana a las 10:00, se que Claude te ha contratado como favor a una amiga, pero no necesito un asistente que no sea capaz de entregarme lo que solicito en el acto, es todo lo que te pediré por ahora, buenas tardes – dicho esto, el pelinegro tomo su maletín y salió de la oficina.
Ciel se quedó ahí pasmado, pensó que tal vez su nuevo jefe podría ser alguien agradable, alguien con quien disfrutar el trabajo – Eres idiota Ciel – se lamentó, sus mejores deseos nunca se cumplían y ahora por iluso se sentía decepcionado – estoy cansado – se dijo a si mismo, seria otra noche sin dormir, tratando de conseguir toda la información y resolver los contratos de Claude, sin olvidar que debía estar a las 23:00 en el bar una vez más.
Sebastian salió sintiendo algo de culpa, ni siquiera le hizo alguna pregunta al joven, solo le ordenó como si fuera su mayordomo, odiaba cuando su temperamento lo llevaba a ser tan estricto, el chico era joven, y necesitaba el trabajo, y el ni siquiera le preguntó por que estaba trabajando a su edad, no se tomo el tiempo de preguntarle nada – Estúpido – se recriminó mientras abría las puertas de su auto y dedicaba una ultima mirada a la ventana de su nueva oficina donde un joven Ciel seguía frente a su computadora totalmente concentrado.
Las horas pasaron, Ciel apenas lograba concentrarse en las palabras, pero ya casi terminaba – solo un poco más – se dijo y continuo hasta que la planilla estuvo perfecta, la guardo para mañana y tomo sus cosas con destino directo al bar. Por suerte no era lejano a las oficinas, así que con solo caminar quince minutos se encontró en las puertas del Bar de Lou.
El ruido de la música en vivo se unía a las risas de los amigos y colegas que disfrutaban de un merecido relajo de sus actividades diarias, acompañadas de algún buen licor y comida abundante, era el ambiente ideal para un romance fugaz o una celebración de inicio de semana. En resumen, una noche plagada de gente.
-¿es que nadie sabe que hoy es lunes? – Ciel pregunto a Finny, su colega mesero.
-Es que no todos trabajan tanto como tu Ciel – respondió el alegre rubio.
-Como sea, espero que la noche termine pronto – su cuerpo pedía descanso, apenas podía manejar estar más de pie.
Y como si el universo conspirara en su contra, una pareja muy conocida para Ciel ingresó a la mesa privada, nada mas ni nada menos que sus dos jefes.
- ¡Excelente!, por fin decidiste aceptar un trago, vamos hombre no te desanimes tanto por Alois, el estará bien- le trato de tranquilizar Sebastian, que vestía un elegante traje color gris que acentuaba a la perfección su cuerpo, dejando a más de alguna persona mirándole de reojo.
-No se si sería tan fácil, estoy perdidamente enamorado, no soporto esto – se quejo el de ojos dorados, todo su semblante indicaba lo molesto y triste que se sentía. Solo estaba aceptando esa invitación para acompañar a su amigo, no tenia deseos de celebrar nada, pero una copa podría servir de algo en esta situación, tenia que admitir.
-Buenas noches, aquí esta nuestra carta- dijo Ciel utilizando su mejor voz ensayada para el bar.
Tanto Claude como Sebastian se giraron al conocer la voz del joven. Ambos tuvieron un ligero momento de verle de arriba abajo para convencerse de que en efecto era el mismo chico a quien dejaron en la oficina hace un par de horas.
-Ciel, ¿sigues trabajando aquí? – preguntó Claude, aunque su pregunta no ameritaba una respuesta, obviamente estaba trabajando.
-Si, así es, díganme hay algún licor que deseen beber – Preguntó casualmente, no era de su incumbencia lo que bebían o no sus jefes, y aunque había algo en su interior que deseaba saber que le gusta beber a Sebastian, se negaría a si mismo sus deseos y fingiría que le daba igual.
- ¿No eres menor de edad? ¿Por qué trabajas en este lugar? - preguntó el moreno curioso, esto ya le estaba pareciendo extraño, ¿por qué trabajaba también en este sitio?, necesitaba saberlo, aunque no sabía de donde venia su interés.
-Lo soy sí, pero estoy autorizado, no es ningún problema – aclaro con impaciencia. Si había algo que le molestaba, era que cuestionaran sus motivos, no era y nunca seria agradable para el admitir la situación tan deplorable en la que se encontraba, necesitaba mantener al menos un poco del orgullo que le quedaba.
-Tus padres deben consentirte mucho si te permiten tener dos trabajos, es eso o te están explotando – comentó Sebastian sin pensar, pero Claude le dio un golpe bajo la mesa.
-Volveré cuando decidan que beber, con permiso – se dio media vuelta, respirando lentamente, controlando los deseos de llorar que vinieron de la nada luego de aquel comentario.
Mientras tanto Claude estaba aniquilando a su amigo con la mirada -Eres un imbécil – le dijo Claude en cuando Ciel salió de la vista - Me alegra saber que no has cambiado, pero diablos, eres un animal.
- ¿A qué viene todo eso? Solo estaba preguntando- Incluso Sebastian que no se mortificaba con nada, se sentía un poco incómodo con esa mirada que tenia Claude en ese momento.
-Los padres de Ciel están muertos hace años, el chico es sobrino de Madame Red, y no tiene dos trabajos sino tres, Madame le consigue empleos porque tiene una deuda millonaria con los bancos. Ahora, podrías saber eso si le hubieras preguntado, o me hubieras preguntado antes de abrir tu boca y lastimar al chico.
-No lo sabía, ¿realmente tiene tres trabajos?, ¿No es demasiado? – se giro para verle llevar unos tragos extras a otra mesa, pensando en lo concentrado y serio que se veía durante el día.
-Sí, es una de las cosas que siempre esta repitiendo Alois, cada vez que le paga por hacer sus deberes de la escuela, que esta amargado y nunca sonríe por el exceso de trabajo, creo que tiene razón, ese chico trabaja más horas que las que hay en un día- Admitió con pesar.
-Algo se removió en el pecho de Sebastian al recordar lo que le pidió al chico antes de irse esta tarde, se preguntó si eso obligaría a Ciel a permanecer despierto aún más entrada la noche – Soy un imbécil – se dijo y Claude aplaudió y gesticulo para que Ciel volviera por el pedido.
La noche a partir de ahí, fue un borrón, Sebastian no podía desviar la mirada del peligris, que cada tanto tomaba café en la barra y corría de ahí para allá, para cuando el bar cerro el seguía ahí, y mucho después de irse se preguntó si el joven vivía cerca.
La luna ya se encontraba en lo alto, y el viento helado imperaba, sin embargo, era tranquilo, silencioso.
Ciel ya casi no podía seguir despierto, así que decidió caminar bajándose dos paradas antes para refrescar la mente, y no logró quitarse la mirada penetrante de su nuevo jefe, y hablando de él, necesitaba con urgencia terminar los dos archivos restantes.
