¡Hola! Llevaba mucho sin subir nada por aquí, así que vuelvo fuerte.
Este fic se divide en un total de 27 capítulos que subiré de forma semanal (los fines de semana). Los capítulos serán de 3 tipos distintos. Los narrados en pasado de primera persona, como si fuera una declaración; los que están en cursiva, sueños en presente de primera persona; y las cartas de Maes. Estos últimos son cuartillas, pero parte de la gracia de este fic es el formato. Estas cartas las publicaré los miércoles cuando toque, ya que quedaría muy pobre subir solo eso en una semana.
Debo añadir que la traducción es española de España. Espero que no se note demasiado, pero cosas como Alquimista de Fuego, comandante en lugar de mayor o Generalísimo en lugar de Führer son ejemplos que quizás molesten un poco. Quiero hacer énfasis en este último. No quise llamar Führer a King Bradley porque creo que es una terminología que debería limitarse a Hitler, ya que es un "mote" más que un rango militar. De hecho, en la versión original lo llaman con el distintivo propio en japonés.
Eso es todo. Espero que lo disfrutéis.
Riza Hawkeye - Introducción
Cuartel del Este. 21/DIC/1907
El comedor rebosaba de actividad. Sobre el ruido de cien conversaciones se distinguía el sonido de los cubiertos. Una larga cola avanzaba con fluidez hasta los puestos de comida. En ellos, los platos se llenaban con crema de verduras y estofado.
Algunas cadetes parloteaban sobre los ejercicios que habían hecho antes, o de los que tendrían que hacer después. Eran conversaciones banales, pequeños detalles que diferenciaban un día de otro: el humor de los instructores, de novios y amigas dejadas en el pueblo. Yo no solía conversar.
Cuando nos servían la comida cogíamos la bandeja y nos sentábamos alrededor de las mesas que se extendían por el comedor. Una vez allí las conversaciones continuaban, a veces interrumpidas por las pausas necesarias para masticar, a veces.
No recuerdo dónde me senté ese día, pero sí que el tema de conversación de Rebecca era su novio. Era una chica alegre y habladora. De figura esbelta y rasgos alargados, su pelo era envidiable, larguísimas ondas de cabello oscuro y suave. Aun así, lo que más me gustaba de ella era cómo hablaba. Sus conversaciones iban cargadas de energía, sarcasmo y buen humor. Era una de las pocas chicas con las que me llevaba bien. Sin embargo, en esta ocasión su exagerada frustración estaba justificada.
Al parecer, su chico había estado en el frente durante los seis meses reglamentarios. Esto era algo común, pues estar destinado de forma ininterrumpida durante más tiempo puede tener consecuencias adversas para el rendimiento del soldado.
Por desgracia, la situación no era normal en aquel momento. La rebelión de Ishval era una herida que seguía sangrando pese a lo que se leía en los periódicos. De hecho, la situación era tan grave que se prolongaban los tiempos de estancia en el frente. A veces incluso se llamaba a las armas a los reclutas que más destacasen, aunque no hubieran terminado su adiestramiento.
El novio de Rebecca era uno de esos desafortunados que tendrían que alargar su estancia el frente unos meses más. Intercambié una mirada con Uni mientras comíamos en silencio. Bien era sabido por todos que Rebecca no tardaría en encontrar a otro chico que le hiciera compañía.
Agradecí el momento en que sonó la sirena de las 15:00. Tenía una clase de estrategia teórica a las 15:30 y después prácticas de resistencia bajo la supervisión del estricto sargento Cassey. Aquel día estaba de mal humor, nos tuvo corriendo dos horas y mandó al infierno a más de una cadete. Las prácticas de resistencia nunca fueron de mi agrado, pero la satisfacción que daba terminarlas era mayor que con cualquier otra práctica.
En Amestris, el peso que tenía el ejército era mayor a prácticamente cualquier otro sector. Por ello, a diferencia de en otro países, la participación de mujeres en el cuerpo estaba casi tan solicitada como la de hombres. De ahí que existieran centros de reclutamiento mixtos.
Los primeros años nos separaban por sexo. Sabían de la distracción que ellos eran para nosotras y viceversa. Éramos jóvenes y nuestra prioridades no siempre eran las correctas, así que los barracones estaban en edificios separados. Con el tiempo comenzaban a mezclarnos en las zonas comunes como las áreas de descanso y los comedores. También en algunas clases teóricas, pero nunca en las físicas.
Lo último tenía cierto sentido, pues físicamente no teníamos la misma fuerza o aguante que los hombres. Sin embargo, pruebas de habilidad como las de tiro o estrategia seguían siendo segregadas. Era algo que carecía de sentido y a lo que nos habíamos acostumbrado. Un ejército mixto no implicaba un ejército igualitario. Solo había que ver cuántas mujeres había en puestos de oficiales. Eran preguntas que todas nos hacíamos en silencio pero que nadie formulaba en voz alta.
Caminé por el pasillo que llevaba a los barracones y después me desvié a la armería. El sudor me envolvía el cuerpo y el flequillo se me pegaba a la frente de una forma bastante desagradable. Cogí el fusil de asalto y lo coloqué frente a una mesa de madera. Eché un vistazo al reloj de la pared. Me fijé en el segundero y la desmonté y monté dos veces seguidas. Tras comprobar mis tiempos devolví el fusil al armario, satisfecha.
Para cuando volví a los barracones, la mayoría de compañeras ya habían terminado de vestirse y disfrutaban del tiempo de descanso que había hasta la hora de la cena. Cogí una muda de ropa limpia y me dirigí a las duchas.
Solo cuando estuve segura de que no había nadie más, comencé a desnudarme. Nunca he sido especialmente pudorosa pero en aquel entonces prefería que nadie me viese la espalda. Hasta ese momento, la lista de personas que lo habían visto era reducida, y así tenía que seguir siendo.
Aproveché al máximo el tiempo en la ducha. El ruido del agua golpeando mi piel y las bocanadas de vapor que ascendían hasta el techo me relajaban más que cualquier conversación. Cuando acabé no sabía si habían pasado diez minutos, treinta o una hora. Me envolví en una toalla blanca y comencé a vestirme.
Seguía en una nube cuando Lucy, una de las compañeras de barracón, se me apareció al salir del baño. Tenía la cara congestionada de correr.
–Riza, han venido a buscarte –dijo con voz apurada–. El coronel vino con otro hombre. No lo conocíamos, pero parecía un oficial.
No tenía sentido. En la academia no solía haber soldados de alto rango, salvo el coronel encargado de la academia. Tenía que ser algo excepcional.
–¿Han dicho adónde tengo que ir?
–A su despacho.
Salí corriendo en aquella dirección. –Gracias, Lucy –conseguí decir mientras me alejaba.
Llegué lo más rápido que pude, recorriendo los últimos metros andando para recuperar el aliento. Al abrir la puerta, el coronel a cargo de la academia se puso en pie. –Hawkeye, te hemos estado buscando.
Me llevé la mano a la frente. –Lo siento. Estaba aseándome, señor.
El coronel rodeó la mesa con paso tranquilo. –Descanse, cadete. –Bajé el brazo.
–¿Para qué se me solicitaba, señor? –Busqué al dichoso oficial por la sala, pero allí solo estábamos él y yo. Tenía la vaga impresión de saber de qué se trataba, pero quería asegurarme. Me aferraba con todas mis fuerzas a que no fuera aquello.
–El capitán Jerson ha sido enviado aquí para comprobar el estado de los cadetes más destacados de la academia. –Me lanzó una mirada significativa. –Y sin duda usted es una de las mejores, sino la mejor de su generación.
No cabía duda, pero aun así mantuve la esperanza. –¿Señor?
El coronel rehuyó mi mirada durante un segundo pero, tras recomponerse, se irguió con la barbilla recta. –Cadete Hawkeye, usted y otros catorce reclutas tendrán que estar listos para salir a las 6:00. –Y entonces, mi sentencia. –Mañana partirán a Ishval.
¿Qué tal? Como podéis ver, la historia está escrita como si la propia Riza lo estuviera contando en retrospectiva, como si la estuvieran entrevistando.
Espero que disfrutéis este viaje tanto como yo hice escribiéndolo.
Os dejo el orden de los grupos militares de mayor a menor número de soldados:
1. Regimiento o destacamento
2. Batallón
3. Compañía o escuadrón
4. Sección
5. Pelotón
Jerarquía militar:
1. Generalísimo.
2. Capitán general
3. Teniente general
4. General de división
5. General de brigada
6. Coronel
7. Teniente coronel
8. Comandante (mayor)
9. Capitán
10. Teniente (primero)
11. Alférez (teniente segundo)
12. Brigada
13. Sargento primero
14. Sargento
15. Cadete
