Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la escritora Jennifer Niven, yo solo hago la adaptación. Advertencia: alrededor de esta historia se tocan algunos temas delicados como ansiedad, depresión, suicido, bullyng, etc. se recomienda estar consciente de ello a la hora de leer. Pueden encontrar el libro a la venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.
Edward
Días 23, 24, 25...
Lo de anoche es como un rompecabezas —aunque sin solucionar— donde hay piezas por todas partes y encima faltan algunas. Ojalá el corazón no me latiera tan rápido.
Saco de nuevo los libros y leo las palabras buenas que ha dejado Tanya, pero se me nubla la vista y no tienen sentido. No puedo concentrarme.
Y entonces me pongo a limpiar y ordenar. Arranco todas las notas hasta que la pared queda vacía. Las tiro a la papelera, pero no es suficiente, de modo que decido pintar. Estoy harto de las paredes rojas de mi habitación. Es un color demasiado oscuro y deprimente. Esto es lo que necesito, creo. Un cambio de escenario. Es por esto que la habitación me parece fuera de lugar.
Subo en el Pequeño Cabrón y me acerco a la primera droguería que encuentro y compro imprimación y cuarenta kilos de pintura azul, porque no estoy seguro de cuánta necesitaré.
Tapar el rojo exige muchas, muchísimas capas. Por mucho que haga, siempre acaba apareciendo, como si las paredes estuviesen sangrando.
A medianoche la pintura sigue sin secarse, de modo que cojo la colcha negra, la guardo en el armario de la ropa blanca del pasillo y busco hasta encontrar una vieja colcha azul de Kate. La extiendo sobre la cama. Abro las ventanas y traslado la cama al centro de la habitación, me meto bajo la colcha y me pongo a dormir.
Al día siguiente, vuelvo a pintar las paredes. Para que el color se fije acabo necesitando dos días.
Es un tono azul claro y brillante, color de piscina. Me acuesto en la cama sintiéndome más a gusto, recupero el aliento. Ahora ya nos entendemos, creo.
Sí.
Lo único que no he tocado es el techo, porque el blanco contiene todas las longitudes de onda del espectro visible con su máxima luminosidad. Me gusta que comprenda todos los colores en uno, y se me ocurre una idea. Pienso en escribirla a modo de canción, pero me siento delante del ordenador y le envió un mensaje a Bella: «Eres todos los colores en uno, con su máxima intensidad».
Edward tiene estos días de vez en cuando a lo largo de la historia. Por lo menos, ya le mando un mensaje nuestra Bella.
—Ariam. R.
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