Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la escritora Jennifer Niven, yo solo hago la adaptación. Advertencia: alrededor de esta historia se tocan algunos temas delicados como ansiedad, depresión, suicido, bullyng, etc. se recomienda estar consciente de ello a la hora de leer. Pueden encontrar el libro a la venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.
Bella
Sábado
Cuando a la mañana siguiente bajo, Edward Cullen está sentado a la mesa del comedor con mis padres. La gorra roja cuelga del respaldo de la silla y está bebiendo zumo de naranja, un plato vacío aguarda delante de él. Tiene el labio partido y un moratón en la mejilla.
—Estás mejor sin las gafas. —dice.
—¿Qué haces aquí?
Lo miro, miro a mis padres.
—Desayunando. La comida más importante del día. Pero el verdadero motivo de mi visita es que quería explicar lo de ayer. Les he dicho a tus padres que fue idea mía y que tú no querías saltarte las clases. Que solo estabas intentando que no me metiera en problemas y que hiciste todo lo posible para convencerme de que volviera.
Edward se sirve más fruta y otro gofre.
—Hemos comentado también algunas reglas básicas para ese trabajo que estáis realizando. —dice mi padre.
—¿Así que puedo seguir con el trabajo?
—Edward y yo hemos llegado a un acuerdo, ¿verdad?
Mi padre me sirve un gofre y me pasa el plato.
—Sí, señor. —confirma Edward, guiñándome un ojo.
Mi padre le clava una mirada.
—Un acuerdo que no hay que tomarse a la ligera.
Edward se pone serio.
—Sí, señor.
Entonces mi madre dice:
—Le hemos asegurado que depositamos toda nuestra confianza en él. Que valoramos mucho que haya conseguido que vuelvas a subir a un coche. Que queremos que te diviertas, dentro de lo razonable. Que os andéis con cuidado y vayáis a clase.
—Entendido. —estoy aturdida—. Gracias.
Mi padre se vuelve hacia Edward.
—Necesitaremos tu número de teléfono e información sobre cómo ponernos en contacto con tus padres.
—Lo que necesite, señor.
—¿Es tu padre el Edward de los Almacenes Cullen?
—Sí, señor.
—¿El antiguo jugador de hockey?
—Ese mismo.
—¿Y tu madre?
—Trabaja en la inmobiliaria Broome y en Bookmarks.
Mi madre sonríe a mi padre, una sonrisa que significa «hora de aflojar». Le dice a Edward:
—¿Y qué planes tienes para la universidad?
Y la conversación se vuelve informal. Cuando le pregunta a Edward si ha pensado qué quiere hacer después de la universidad, con su vida, presto atención, puesto que desconozco la respuesta.
—Eso cambia cada día. Seguro que habrá leído Por quién doblan las campanas.
Mi madre responde que sí.
—Pues bien, Robert Jordan sabe que va a morir. «Solo existe el ahora», dice. «Si el ahora son dos días, entonces dos días es tu vida y todo lo que suceda estará en proporción.» Nadie sabe cuánto tiempo tiene por delante, tal vez un mes, tal vez cincuenta años. Me gusta vivir como si solo tuviera por delante esos dos días.
Observo a mis padres mientras Edward habla. Lo hace en un tono despreocupado, pero con serenidad, y sé que lo hace por respeto a los muertos, por Esme, que no dispuso de mucho tiempo.
Mi padre bebe un sorbo de café y se recuesta en el asiento, poniéndose cómodo.
—Los primeros hindúes creían en vivir la vida a tope. En vez de aspirar a la inmortalidad, aspiraban a vivir una vida sana y plena...
Termina su discurso un cuarto de hora más tarde, con el concepto primitivo de la vida después de la muerte, que es que los muertos se reúnen con la madre naturaleza para continuar en la tierra pero con otra forma. Cita un antiguo himno védico:
—«Que vaya al sol tu vista. Al viento tu soplo vital...».
—«O al agua si allí es bien recibido» —remata Edward.
Las cejas de mi padre se levantan de tal modo que casi le llegan al nacimiento del pelo y veo que intenta comprender de qué va este chico.
—Tengo obsesión con el agua. —dice Edward.
Mi padre se levanta, coge los gofres y deposita dos en el plato de Edward.
Internamente, suelto un suspiro de alivio. Mi madre pregunta acerca del trabajo «Recorrer Washington», y durante lo que queda de desayuno Edward y yo hablamos sobre los lugares donde hemos estado hasta el momento y sobre algunos de los lugares a los que pensamos ir. Luego da las gracias a mis padres por el desayuno y dice:
—Ultrabella, estamos perdiendo el tiempo. Cojamos los bártulos y pongámonos en marcha.
Edward supo cómo ganarse a los padres de Bella, con el carisma y humor que se carga, hasta yo caigo por él. Esperemos que puedan vivir por unos días en tranquilidad y los "príncipes rescatadores" de Bella se mantengan alejados.
Las leo en los reviews siempre (me encanta leerlas) y recuerden que: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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