Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la escritora Jennifer Niven, yo solo hago la adaptación. Advertencia: alrededor de esta historia se tocan algunos temas delicados como ansiedad, depresión, suicido, bullyng, etc. se recomienda estar consciente de ello a la hora de leer. Pueden encontrar el libro a la venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.
Edward
Día 30 (y estoy DESPIERTO)
En clase de educación física, Emmett McCarty y yo estamos en el campo de béisbol, más allá de la tercera base. Hemos descubierto que es el mejor lugar donde poder mantener una conversación.
Sin siquiera mirar, Emmett captura una pelota que llega silbando por el aire y la lanza de vuelta.
Todos los entrenadores que han pasado por Forks High han intentado reclutarlo desde que cruzó las puertas del instituto, pero él se niega a convertirse en un estereotipo negro. Reparte sus actividades extraescolares entre el ajedrez, la creación del anuario y jugar al euchre porque, según él, son las cosas que lo harán destacar cuando pida plaza en la universidad.
Se cruza de brazos y me mira con el entrecejo fruncido.
—¿Es verdad eso de que estuviste a punto de ahogar a Mike?
—Más o menos.
—Acaba siempre lo que empieces, tío.
—Pensé que era mejor que no me encarcelaran antes de poder volver a echar un polvo.
—Si te arrestaran, aumentarían tus probabilidades de echar un polvo.
—No del estilo que me gustaría.
—Pero, veamos, ¿qué pasa contigo? Se te ve bien.
—Ojalá pudiera atribuirme ese mérito, pero, seamos realistas, el uniforme de educación física le sienta bien a todo el mundo.
—Eres un mamón y un jeta. —me lo dice aun teniendo en cuenta que he dejado de ser británico. Adiós, Fiona. Adiós, piso. Adiós, Abbey Road—. Lo digo porque últimamente eras Edward el Piojoso. Antes fuiste Edward el Cabrón durante un par de semanas. Vas de mal en peor.
—A lo mejor me gusta ser Edward el Piojoso.
Me recoloco la gorra de lana, y de repente caigo: ¿qué Edward le gusta a Bella? La idea me quema un poco y noto que el cerebro la bloquea. «¿Qué Edward le gusta? ¿Y si solo le gusta una versión del verdadero Edward?»
Emmett me ofrece un pitillo y niego con la cabeza.
—Estas cosas te matarán.
Eso sin tener en cuenta que el señor Kappel, el profesor, lo matará primero.
—¿Qué te pasa, tío? ¿Es tu novia?
—¿Isabella?
—¿Te la has tirado ya o qué?
—Amigo mío, eres un cerdo redomado. Simplemente me lo estoy pasando bien.
—Aunque no lo suficientemente bien, eso está claro.
Se acerca Mike para batear, lo que significa que tenemos que prestar atención, no solo porque es el jugador de béisbol estrella del instituto (solo después de Ryan Cross), sino porque además le gusta apuntar directamente hacia nosotros. De no saber que luego tendría problemas, seguramente vendría y me partiría la cabeza con el bate por haber estado a punto de ahogarlo.
La pelota viene volando hacia nosotros y Emmett da un paso atrás, otro, uno más, como si no tuviera ninguna prisa, como si supiera que la tiene. Extiende la mano enguantada y la pelota impacta justo contra ella, como si tuviera un imán, y Mike grita mil quinientos tacos cuando Emmett la devuelve.
Muevo la cabeza para señalar con ese gesto al señor Kappel, que también es el entrenador de béisbol.
—¿Sabes que cada vez que haces eso consigues que muera un poco?
—¿Kappy o Mike?
—Ambos.
Me regala una excepcional sonrisa.
—Lo sé.
Mike me acorrala en el vestuario. Emmett se ha ido. Kappel está en su despacho. Los chicos que quedan aún por allí se funden con el entorno, como si intentaran volverse invisibles. Mike se acerca tanto que huelo incluso los huevos que ha tomado para desayunar.
—Eres hombre muerto, friki.
Por mucho que me encantaría darle una auténtica paliza a Mike Newton, no pienso hacerlo. 1) Porque no merece la pena meterme en tantos problemas por él, y 2) porque recuerdo la expresión de Bella en el río cuando me dijo que lo soltara.
Así que cuento.
«Uno, dos, tres, cuatro, cinco... » Lo resistiré. No le pegaré en la cara.
«Seré bueno.»
Y entonces me estampa contra la taquilla y, sin que me dé ni tiempo a pestañear, me da un puñetazo en el ojo, luego en la nariz. Lo único que puedo hacer es tratar de mantenerme en pie y seguir contando como un endemoniado porque deseo matar a este hijo de puta.
Me pregunto si podré seguir contando el tiempo suficiente, si podré retroceder en el tiempo, llegar hasta el inicio de octavo curso, antes de que fuera raro y antes de que todo el mundo se fijara en mí, antes de que abriese la boca y hablara con Mike, antes de que me llamaran «friki», cuando estaba todo el rato despierto y todo parecía correcto y normal, sea lo que sea la normalidad, y la gente me miraba... pero no fijamente, no a la espera de ver qué haría a continuación, sino que me miraba como queriendo decir «Hola, ¿qué tal, tío?, ¿cómo va todo, colega?». Me pregunto si podré seguir contando hacia atrás, coger a Isabella Swan y avanzar de nuevo con ella para disponer los dos de más tiempo. Porque es el tiempo lo que me da miedo.
Y yo.
Lo que me da miedo soy yo.
—¿Algún problema?
Kappel está a medio metro de distancia, mirándonos. Lleva en la mano un bate de béisbol y es como si lo oyera ya de vuelta en su casa, diciéndole a su mujer: «El problema no son los de primer curso, sino los mayores, en cuanto empiezan a desarrollarse y dan esos estirones. Es entonces cuando debes protegerte, pase lo que pase».
—Ningún problema —le digo—. No pasa nada.
Como conozco a Kappel todo lo bien que se puede conocer a Kappel, sé que no dirá nada de esto al director Wertz porque uno de sus jugadores estrella está involucrado. Sé que acabarán cargándome con toda la culpa. Me preparo para oír los detalles de mi castigo, o de mi expulsión, por mucho que sea el único que sangra. Pero entonces dice Kappy:
—Ya hemos acabado la clase. Puedes marcharte, Edward.
Me seco la sangre con la manga y le dedico a Mike una sonrisa al marchar.
—No tan rápido, Michael. —oigo que ruge Kappy, y el sonido de Mike humillándose hace que el dolor que siento casi valga la pena.
Me paro a recoger los libros en la taquilla y veo encima de ellos lo que parece la piedra de Hoosier Hill. La cojo, le doy la vuelta y, efectivamente: «Tu turno».
—¿Qué es eso? —quiere saber Alice. Me la coge y la examina—. ¿«Tu turno»? ¿Tu turno para qué?
—Es un chiste íntimo. Solo la gente sexy y guay de verdad sabe de qué va.
Me da un puñetazo en el antebrazo.
—En este caso, no debes de tener ni idea. ¿Qué te ha pasado en el ojo?
—Tu novio. Mike.
Hace una mueca.
—Nunca me ha gustado.
—¿En serio?
—Cierra el pico. Confío en que le hayas partido la nariz.
—Estoy intentando superarme.
—Gallina.
Camina a mi lado y sigue charlando: «¿Estás completamente colgado de Isabella Swan tipo "esto es para siempre" o más bien tipo "es interesante en estos momentos"? ¿Y Lauren Mallory? ¿No decías que te iba? ¿Y qué pasa con las tres Brianas y con esas chicas del macramé? ¿Qué harías si Emma Watson apareciera ahora aquí como llovida del cielo? ¿Te apetecería intentarlo con ella o le dirías que te dejara en paz? ¿Cómo crees que me queda mejor el pelo, de color púrpura o azul? ¿Crees que tendría que adelgazar? Sé sincero. ¿Crees que algún día habrá un chico que mantenga relaciones sexuales conmigo o me quiera por lo que soy?».
Y yo respondo: «Sí», «No creo», «Naturalmente», «Nunca se sabe», y no dejo de pensar todo el rato en Isabella Swan, abridora de puertas sin llave.
Mike Newton es como la jodida lepra, no te puedes deshacer de ella. Lo juro. Edward se quiere mantener a línea esta vez y se abstuvo de regresarle los golpes, y creo fielmente que Mike se aprovecha de ello. Más aparte, ¿cuál es su obsesión por Edward? Apostaría que tiene un enamoramiento secreto por él. *rueda los ojos* Bueno, por lo menos, Bella ha logrado mejorar su día.
Las leo en los reviews siempre (me encanta leerlas) y recuerden que: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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