Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la escritora Jennifer Niven, yo solo hago la adaptación. Advertencia: alrededor de esta historia se tocan algunos temas delicados como ansiedad, depresión, suicido, bullyng, etc. se recomienda estar consciente de ello a la hora de leer. Pueden encontrar el libro a la venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.


Bella

El fin de semana

A estas alturas, lo de las excursiones es en realidad una excusa para coger el coche, irnos a cualquier parte y liarnos. Me digo que no estoy preparada porque para mí el sexo son Palabras Mayores, por mucho que tenga amigas que desde noveno están practicándolo. Pero la cosa es que mi cuerpo tiene una sensación extraña y urgente que lo empuja hacia Edward, como si no se cansara de él.

Incorporo una nueva categoría a Germ, «Vida sexual», y escribo unas cuantas páginas en nuestro cuaderno de excursiones, que poco a poco está convirtiéndose en mi diario/caja de resonancia/lugar donde reunir material creativo para la nueva revista.

«Antes de que Rosalie y yo dejáramos de ser semi amigas periféricas, recuerdo que una noche dormí en su casa y hablamos con sus hermanos mayores. Dijeron que las chicas que lo Hacen son unas guarras y que las que No lo Hacen son unas provocadoras. Las que estábamos presentes aquella noche nos lo tomamos al pie de la letra, puesto que ninguna tenía hermanos mayores. Cuando nos quedamos solas, Rosalie dijo: "La única alternativa es estar para siempre con el mismo tío". Pero ¿acaso lo de "para siempre" no lleva también un final incorporado?»

Edward viene a recogerme el sábado por la mañana y lo veo un poco magullado. Ni siquiera vamos muy lejos, solo hasta el Arboretum, donde aparcamos el coche, y antes de que haga cualquier cosa, le pregunto:

—¿Qué pasó con Mike?

—¿Cómo te has enterado de lo de Mike?

—Me lo dijo Ryan. Y es evidente que te has metido en una pelea.

—¿Crees que así estoy más bueno?

—En serio, ¿qué pasó?

—Nada que tenga que preocuparte. Que es un cabrón. Vaya sorpresa. Y se acabó hablar de él. Tengo otras cosas en mente.

Pasa al asiento trasero del Pequeño Cabrón y tira de mí para que lo acompañe.

Tengo la sensación de haber vivido para que llegara este momento, el momento en que estoy a punto de acostarme a su lado, en el que sé que todo está preparándose para que suceda, su piel junto a la mía, su boca en la mía, y entonces me toca y la corriente eléctrica me recorre por entero. Es como si todas las demás horas del día hubieran transcurrido solo a la espera de lo que sucede en estos momentos.

Nos besamos hasta que los labios se quedan entumecidos y paramos cuando estamos justo al borde del Algún Día, diciendo que todavía no, que aquí no, aunque para ello necesito una cantidad inmensa de fuerza de voluntad que ni siquiera sabía que poseía. Mi mente gira como un torbellino con él y con el inesperado Casi de ahora mismo.

Cuando llega a casa, me escribe un mensaje: «Estoy pensando de forma consistente en Algún Día».

Escribo: «Algún día pronto».

Edward: «¿Algún día cuándo?».

Yo: «?».

Edward: «*# *!».

Yo: « ».

Nueve de la mañana. Domingo. Mi casa. Cuando me levanto y bajo, mis padres están en la cocina abriendo bagels por la mitad. Mi madre me mira por encima de la taza de café que Esme y yo le regalamos un año para el Día de la Madre. «Mamá estrella del rock.»

Dice:

—Tienes un paquete.

—Es domingo.

—Lo han dejado en la puerta.

La sigo hacia el comedor y pienso que camina igual que Esme: el vaivén del cabello, los hombros echados hacia atrás. Esme se parecía más a mi padre y yo me parezco más a mi madre, pero mi madre y ella tenían los mismos gestos, las mismas peculiaridades, por lo que todo el mundo siempre decía: «Es igualita que tú». Ahora pienso que a mi madre ya nunca más volverán a decírselo.

En la mesa del comedor veo algo envuelto en papel marrón, del que suele utilizarse para envolver el pescado. Es un paquete abultado. «Ultrabella», veo escrito en un lateral.

—¿Sabes de quién es?

Mi padre aparece en el umbral de la puerta, la barba llena de migas.

—Charlie. —dice mi madre, y hace un gesto que lo invita a sacudirse.

Mi padre se frota la barbilla.

No me queda más remedio que abrir el paquete delante de ellos, y solo pido a Dios que nos sea nada turbador, porque, viniendo de Edward Cullen, nunca se sabe.

Mientras tiro de la cinta y rasgo el papel me siento de repente como una niña de seis años el día de Navidad. Esme siempre sabía qué le regalarían. Después de forzar la cerradura del armario del despacho de mi madre, mi hermana abría sus regalos y también los míos, y cuando luego quería contarme qué era, nunca la dejaba que lo hiciera. Entonces me gustaba esperar. Eran tiempos en que no me molestaba tener sorpresas.

En el interior del envoltorio de papel marrón hay un par de gafas, de las que se utilizan para nadar.

—¿Tienes idea de quién te lo envía? —pregunta mi madre.

—Edward.

—Gafas —dice—. Suena a que va en serio.

Me dirige una sonrisita esperanzada.

—Lo siento, mamá, pero no es más que un amigo.

No sé por qué lo digo, pero no quiero que empiecen a preguntarme qué pretende o qué quiere con esto, sobre todo cuando ni tan siquiera yo lo sé.

—A lo mejor con el tiempo. Siempre hay tiempo. —replica, una frase que Esme solía utilizar mucho.

Miro a mi madre para ver si es consciente de que la ha citado, pero si es consciente de ello no lo demuestra. Está demasiado ocupada examinando las gafas, preguntándole a mi padre si recuerda los tiempos en que le enviaba cosas para intentar convencerla de que saliera con él.

Ya en mi habitación, escribo: «Gracias por las gafas. ¿Para qué son? Dime, por favor, que no quieres que nos las pongamos cuando llegue Algún Día».

Edward me responde: «Espera y verás. Pronto las utilizaremos. Tenemos que esperar al primer día de calor. Siempre hay alguno que se cuela en pleno invierno. En cuanto consigamos que ese cabrón se digne a llegar, iremos. No te olvides las gafas».


¡Hola, nenas! No creo que Bella sea capaz de olvidarse de las gafas, mucho menos de Edward. Es fácil ver como las cosas avanzan con premura entre los dos, ahora planean el "algún día" de Bella. Lo que es significativamente importante para Bella, ya que sería su primera vez. Lo más dulce de todo es como Edward es todo paciencia con ella. Esperemos a ver qué pasa en el primer día de calor. Me encanta lo espontaneo que es Edward.

Las leo en los reviews siempre (me encanta leerlas) y recuerden que: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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