Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la escritora Jennifer Niven, yo solo hago la adaptación. Advertencia: alrededor de esta historia se tocan algunos temas delicados como ansiedad, depresión, suicido, bullyng, etc. se recomienda estar consciente de ello a la hora de leer. Pueden encontrar el libro a la venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.


Bella

Abril

El 13 de abril, mis padres y yo vamos hasta el puente de la calle A y bajamos hasta el lecho seco del río que pasa por debajo para depositar unas flores en el lugar donde murió Esme. Clavada en el suelo veo una matrícula, un objeto que de pronto me resulta familiar, y a su alrededor hay un pequeño jardín donde alguien ha plantado flores. Edward.

De repente, estoy helada, y no solo por la humedad del ambiente. Ha pasado un año y, a pesar de que mis padres apenas dicen nada mientras permanecemos aquí, hemos sobrevivido.

De camino de vuelta a casa, me pregunto por las veces que Edward ha estado allí, cuándo encontró la matrícula, cuándo regresó. Espero a que mis padres me pregunten acerca del jardín o hablen sobre Esme, que mencionen precisamente hoy su nombre. Pero viendo que no lo hacen, digo:

—La idea de ir a ver a Boy Parade aprovechando las vacaciones de primavera fue idea mía. La verdad es que a Esme no la volvían loca, pero dijo: «Si quieres ver a Boy Parade, vayamos a verlos de verdad. Sigámoslos por todo el estado». Era estupenda en este sentido, siempre iba un paso por delante de las cosas y las convertía en algo más grande y más excitante de lo que en realidad eran. «Como todo el mundo que conozco.»

Me pongo a cantar mi canción favorita de Boy Parade, la que más me recuerda a mi hermana. Mi madre mira a mi padre, que tiene los ojos clavados en la carretera, y empieza también a cantar.

Ya en casa, me siento detrás de mi escritorio y reflexiono sobre la pregunta de mi madre: «¿Por qué te gustaría poner en marcha otra revista?».

Miro el corcho clavado en el muro. Las notas se extienden incluso por la pared y llegan hasta donde está el armario. Abro el cuaderno de excursiones y lo hojeo.

Escribo: «Germen: nombre, principio u origen de una cosa material o moral; esbozo que da principio al desarrollo y crecimiento».

Lo leo y añado: «Germ es para todo aquel que...».

Lo tacho.

Vuelvo a intentarlo: «Germ pretende entretenerte, informarte y hacerte sentir seguro...».

Lo tacho también.

Pienso en Edward y en Rosalie y miro la puerta del armario, donde aún pueden verse las marcas de las chinchetas que sujetaban el calendario. Pienso en aquellas X, negras y grandes, con las que tachaba cada día porque lo único que deseaba era ir dejándolos atrás.

Busco una hoja en blanco y escribo: «Revista Germ. Empiezas aquí». La arranco y la incorporo a la pared.

No tengo noticias de Edward desde marzo. Ya no estoy preocupada. Estoy enfadada. Enfadada con él por no decir ni palabra, enfadada conmigo misma porque abandonarme parece que es facilísimo y por no haber sido suficiente como para mantenerlo aquí. Hago las cosas que se hacen normalmente después de una ruptura: comer helado directamente del bote, escuchar música que insinúa que estoy mucho mejor sin él, elegir una nueva fotografía para mi perfil de Facebook.

Por fin me crece el flequillo y empiezo a parecerme a mi antiguo yo, aunque veo que no me gusta mucho. Una noche, cojo todo lo que tengo de él, lo meto en una caja y lo guardo en el fondo del armario. Se acabó

Ultrabella Marcada. Vuelvo a ser Isabella Swan.

Dondequiera que esté Edward, se ha ido con nuestro mapa. He comprado otro para poder terminar el trabajo, una tarea que tengo que hacer con independencia de que él esté aquí o no. En estos momentos solo dispongo de los recuerdos de los lugares. Nada que me sirva para enseñarlos, excepto un par de fotos y nuestro cuaderno. No sé cómo expresar todas las cosas que hemos visto y hecho juntos de un modo exhaustivo y que tenga sentido para todo el mundo, además de para mí.

De hecho, todo lo que hicimos y fuimos, no tiene sentido ni siquiera para mí.

Le cojo prestado el coche a mi madre. No me pregunta adónde voy, pero cuando me da las llaves, dice:

—Llámame cuando llegues y cuando vayas a volver a casa.

Me dirijo a Crawfordsville, donde llevo a cabo un poco entusiasta intento de visitar las siete cárceles giratorias, pero me siento como una turista. Llamo a mi madre para decirle que estoy bien y después me pongo al volante. Es un sábado muy cálido. Brilla el sol. La sensación es casi de primavera y entonces recuerdo que, técnicamente, ya estamos en ella. Mientras voy conduciendo, controlo la aparición de cualquier monovolumen Saturn, y cada vez que diviso uno siento un nudo en el estómago, aunque me digo: «Se ha terminado. He acabado con él. Tengo que seguir adelante».

Recuerdo cuando me comentó lo que le gustaba de conducir: el movimiento, la propulsión, la sensación de que podrías ir a cualquier parte. Me imagino cuál sería su expresión si me viera ahora sentada al volante. «Ultrabella —diría—, siempre supe que lo llevabas dentro.»

Cuando Ryan y Lauren rompen, él me pide para salir. Le digo que sí, pero solo como amigos.

Cenamos en Gaslight, uno de los restaurantes más elegantes de Forks.

Elijo de la carta y me esfuerzo por concentrarme en Ryan. Hablamos sobre nuestros planes en la universidad, sobre lo de cumplir dieciocho años (él los cumple este mes y yo en mayo), y aunque no es la conversación más emocionante de mi vida, es una cita normal y agradable con un chico normal y agradable, y eso ya es mucho en estos momentos. Pienso en cómo he etiquetado a Ryan igual que todo el mundo etiquetaba a Edward. De pronto me gusta su solidez y su sensación de permanencia, saber que lo que ves es lo que hay, y que siempre será y hará exactamente lo que esperas que sea y haga. Excepto en lo de robar, claro está.

Cuando me acompaña hasta la puerta de casa, le dejo que me bese, y cuando a la noche siguiente me llama, le respondo.

Unos días más tarde, Rosalie se presenta en mi casa a la salida del instituto para ver si me apetece ir a dar una vuelta con ella. Acabamos jugando al tenis en la calle, como hacíamos cuando me vine a vivir aquí, y después vamos caminando hasta Dairy Queen y pedimos unos helados Blizzard.

Luego, por la noche, vamos al Quarry, solo Rosalie y yo, y envío un mensaje a Alice, Shelby, Lara y las tres Brianas y nos reunimos todas allí. Una hora más tarde se nos han sumado también Jordan Gripenwaldt y otras de las chicas de Germ.

Bailamos hasta que es hora de volver a casa.

El fin de semana voy al cine con Alice, y cuando me proponer venir a dormir a mi casa, me parece bien. Quiere hablar sobre Edward, pero le digo que estoy intentando olvidarlo. Tampoco tiene noticias de él, de modo que me deja tranquila, aunque no sin antes decir:

—Solo para que lo sepas, no tiene nada que ver contigo. Sea cual sea el motivo por el que se ha marchado, tiene que haber sido importante.

Nos quedamos despiertas hasta las cuatro de la mañana, trabajando en la revista, yo sentada al escritorio y Alice tendida en el suelo boca arriba y con las piernas en alto apoyadas en la pared.

—Podríamos guiar a nuestras lectoras hacia la vida adulta como si fuéramos sherpas en el Everest —dice—. Explicarles la verdad sobre las tarjetas de crédito, la verdad sobre los préstamos universitarios, la verdad sobre el amor. —suspira—. O, como mínimo, la verdad sobre qué hacer cuando los chicos son unos imbéciles redomados.

—¿Tú crees que nosotras sabemos qué hacer cuando nos encontramos en estas situaciones?

—En absoluto.

Tengo quince mensajes de correo de chicas del instituto que quieren ser colaboradoras porque «Isabella Swan, heroína del campanario y creadora de HerSister (el blog favorito de Gemma Sterling), ha puesto en marcha otra revista».

Los leo en voz alta y Alice dice:

—Esto es lo que se llama ser popular.

A mediados de abril, podría decirse que se ha convertido en mi mejor amiga.


Es bonito ver como Bella trata de salir adelante y se rodea de personas extraordinarias como Alice o Ryan. Edward estaría feliz. Siempre pensé que se quedó un poco más solo para regalarle un poco de su luz a Bella. Las personas sobrellevan de diferente manera el dolor, y no creo que este mal, simplemente es algo que nos hace más humanos. Bella sale adelante, Edward se marcha. No siempre obtienes el final feliz.

Las leo en los reviews siempre (me encanta leerlas) y recuerden que: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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