1. Flechada
Kotori
Tenía cerca de siete años cuando escuche la conversación que tuvo papá con mi hermano. Tetsuya se encontraba en esa edad en la que a los muchachos se empiezan a interesar por las chicas, por lo cual, ya había salido con dos e iba por la tercera. Pero, al parecer, las cosas no estaban yendo muy bien.
De vez en cuando él le pedía uno que otro consejillo a papá. Él era alguien chapado a la antigua; así que, no me cabía en la cabeza cómo es que mi querido e ingenuo hermano mayor confiaba tanto en los consejos que papá le daba, pues no eran los más acertados para los tiempos en los que vivíamos. Tampoco es como si yo pudiera aconsejarle, pues yo era una niña pequeña que desconocía todo lo que tuviera que ver con el amor. Si le diera un consejo hoy en día, lo más probable es que eso sería igual que hablarle a una pared, pues al parecer, los consejos de su hermana menor no tienen validez y se excusaría en que nunca tuve una experiencia romántica. Aún así, las chicas nos damos cuenta de lo que los muchachos hacen mal.
En fin, fue cuando volvía de mis clases de dibujo que encontré a papá hablando con mi hermano en la sala. Papá estaba sentado en el sofá morado, cruzado de brazos, con el ceño fruncido y sus ojos dorados clavados y atentos a cualquier movimiento de su primogénito.
Por otra parte, mi hermano estaba arrodillado en el suelo como si hiciera una plegaria a Dios —O lo que sea que en ese tiempo la gente creía—, su cabeza miraba al suelo y se negaba a levantarla, sus brazos estaban reposados sobre sus muslos y se veía apenado.
Abrí la puerta tan despacio que ni se dieron cuenta de mi presencia. No sé porque, pero me escondí detrás de la pared al verlos, fue algo involuntario. Pues la situación lucía muy severa.
—Escúchame bien, Tetsuya —ordenó papá—. Nunca dejes que una mujer se dé cuenta de cuando estas inseguro. Ellas pueden llegar a ser muy suspicaces para esas cosas, y cuando menos te lo esperes, te estará dejando.
A partir de aquel momento y a esa corta edad, aquella frase quedó tatuada en lo más profundo de mi conciencia. Como ese haz que te sacas de la manga cuando la situación lo amerita, pero en mi caso, aquel haz solo era el miedo al actuar y la indecisión frente a una propuesta.
El día en que conocí a Sonoda Umi, es el recuerdo más maravilloso y hermoso del que tengo memoria.
Estábamos en medio de la época de exámenes y había tenido una semana muy ajetreada. Exámenes ridículamente difíciles, trabajos grupales, exposiciones, compañeros irritantes y flojos. Me sentía estresada.
Me dirigí a la biblioteca de la universidad porque tenía que devolver unos libros que había pedido prestados. Eran cuatro libros muy gruesos y cinco delgados —eso fue suficiente para que no pudiera ni ver quien estaba enfrente mío—, por eso, ocupaba las dos manos y poco más del esfuerzo que suelo usar para poder llevarlos.
El lugar parecía estar llenándose, las mesas alrededor cada vez eran ocupadas por más y más estudiantes. Además, la fila para la recepción estaba empezando a alargarse, así que me apresure para poder irme rápido. Nunca me gustaron mucho las multitudes ni los lugares apretados.
Alguien estaba yéndose al mismo tiempo que yo llegaba. Y cuando estuve a punto de llegar al lugar al que me correspondía como última en la fila, choqué.
El resultado de aquello fue que las dos caímos en el suelo y todos los libros terminaron esparcidos a alrededor nuestro. Tuve una mezcla de emociones. Estaba aterrada. Empecé a sudar en frío. Lo último que quería era que alguno de los libros se haya doblado o rasgado al caerse. No quería tener que pagar por haberlos arruinado pues había puesto el mismo cuidado que le pongo a todos los libros que compró. Al mismo tiempo, sentí ira. Algún idiota había chocado conmigo aun viendo que cargaba tantos libros. Quizá fue parte mi culpa por no tener cuidado, pero lo mínimo que pudo haber hecho la otra persona fue darme permiso. Reaccione de la peor manera, y ella lo hizo de la mejor manera.
—¡¿Cuál es tu problema?! —chille mientras trataba de arrodillarme y recoger los libros.
—¡Lo siento mucho! —se disculpó la chica, apenas escuche su voz, fue como si algo hiciera clic en mi cerebro.
Ella me ayudó a recoger los libros. Yo estaba muy nerviosa, mis movimientos eran torpes y de vez en cuando un libro volvía a caer de mis manos. Me sentí al igual que un animal en zoológico ante tantos ojos que observaban cada movimiento mío. Harta de todo eso, me apresure. Atisbé el último libro que me faltaba recoger y estiré mi mano para alcanzarlo. Pero, el tacto suave y delicado que tuvieron mis dedos no se parecían en nada al libro duro y rugoso que había tomado prestado.
Mis dedos estaban tocando la mano de la chica que había ocasionado toda esta situación.
Alcé mi vista, y ante mí, muy cerca, estaba la chica más hermosa que vi jamás. Todo rastro de las emociones que había sentido antes, desapareció. Mis pensamientos se nublaron y, de pronto, ya no me importo que todos nos vieran. Lo único que me importaba era que yo la estaba viendo a ella. Y en mi mente, solo existíamos las dos.
Su largo cabello caía con delicadeza sobre sus hombros y finos mechones azules de su cabeza se deslizaban hacia su frente, tapando parte de sus ojos. Ella se acomodó los mechones y sus ojos marrones miraron directo a mi alma. Desnuda y vulnerable. Por primera vez, me sentí indefensa. Y me gustó.
¿Era esto lo que llamaban amor a primera vista?
Aguante el aliento, fue como si ya no necesitara respirar. Me sentí aturdida y confundida, como si hubiera recibido un golpe crítico que, en definitiva, me dejó fuera de combate, ante tal desborde de emociones.
La definición más exacta sería que cuando sus bellos ojos observaron los míos, sentí un flechazo. Como si una flecha de acero inoxidable hubiese sido disparada a gran velocidad y terminara clavándose directo en mi pecho, justo en mi corazón. Y el dolor que se suponía que debí sentir, fue reemplazada por el amor más leal.
De pronto, ya no tuve el control de mí. Todo, le pertenecía a ella.
"He perdido la cabeza" concluí en mis pensamientos.
Y lo volvería a hacer, si se me diera la oportunidad.
—¡Lo siento mucho! —me volvió a decir, sacándome de mi transe. Su voz era femenina, pero denotaba cierta firmeza, cautivándome aún más. Pero yo no quería que se disculpara, quería que me dijera su nombre—. N-No sé qué me pasa el día de hoy. Soy un desastre...
Sonará cliché, pero si era así, ella era el desastre más hermoso.
Luego de que me ayudara a recoger los libros, apareció otra chica que también se ofreció a echar una mano. Pero ella no me importaba. Ahora, todas las demás personas eran puros personajes secundarios sin importancia. Solo me interesaba mi peliazul.
—Me tengo que ir —dijo la, ahora, dueña de mi corazón—. Estoy algo apurada. Otra vez, lo siento mucho —repitió mientras hacía varias reverencias y abandonaba a paso rápido la biblioteca.
Me quedé observándola anonadada, como su silueta se iba por la puerta de la biblioteca. Al mismo tiempo, algo en mí se iba vaciando. De pronto, me sentí sin energía. Apagada.
Solté un suspiro.
La otra chica que había ayudado antes me acompañó en la fila para devolver los libros. Ella cargaba la mitad de mis libros. En los quince minutos que estuvimos haciendo fila, no dejó de hablarme, pero la verdad, no entendí nada de lo que ella decía. Me encontraba en otra galaxia, muy muy lejos, todavía pensando en mi encuentro con la chica de los ojos color chocolate.
Llegó mi turno de devolver los libros y todo estaba en orden, por suerte.
Me estaba preparando para irme, pero la señora que recibía los libros me llamo a último momento.
—Señorita Minami, este libro no pertenece a la biblioteca.
—¿Ah?
Salí de mi trance, otra vez.
—Tomé, revíselo. Eso es todo. Que pase el siguiente por favor.
Recibí el libro en manos como si hubiera encontrado el tesoro más preciado por la humanidad o como si me hubiera sacado la lotería. También podría compararme con Gollum contemplando su preciado anillo.
Una ventana, una oportunidad, se hallaba justo ante mí.
Aquel libro de color rojo tenía un nombre escrito en la esquina inferior derecha. Pertenecía a Sonoda Umi. La dueña de mis anhelos y sueños. La que rompería mi maldición.
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NA:
Ya es 15 en Japón, así que feliz cumpleaños a la Umi-chan uwu. Es un poco raro porque este cap es protagonizado por Kotori y el siguiente será desde el punto de vista de Umi... Debí hacerlo al revés, pero no hay de otra... Planeo que esta historia sea corta, digamos tres capítulos.
En fin, gracias a todos por leer.
