Hola a todxs, lunes de nuevo y hay que trabajar, es horrible estar encerrada nueve horas en una oficina.

Disclamer.- Todo pertenece a Sir Arthur Conan Doyle, a la BBC, a Moffat a Gattis y a un montón de personas de las cuales ninguna soy yo. Mía solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Para Violette Moore, porque ella lo pidió!


La Ecuación De Dirac

por

Adrel Black


IX

John pasó la noche despierto, quisiera poder encontrar la forma de decir a Sherlock lo que siente, sin que el detective se sienta presionado o molesto.

Baja al día siguiente esperando encontrar a su amigo casi saltando en la silla, dispuesto a escuchar todo lo que John tenga para decir sobre la noche pasada, pero Sherlock no se encuentra ahí.

El Padre Samuel ocupa su lugar habitual en la mesa, Smith, el cocinero, con ojeras y cara de pocos amigos sirve el desayuno para el hombre, al ver llegar a John masculla un "buenos días" a regañadientes y le sirve también.

—Buenos días, Padre.

—Capitán Watson, —responde el hombre —creí que me tocaría desayunar solo el día de hoy.

—No, Padre —responde John —al parecer seré su compañía.

—No pensé que ninguno de ustedes se levantaría, después de la fiesta de anoche.

John se siente incómodo bajo el escrutinio del padre.

—¿El Padre William? —pregunta, intentando tanto desviar el tema, como parecer casual.

—El chico no se siente muy bien hoy.

—¿Qué le ocurre? —espera que la voz no haya sonado demasiado interesada.

—Al parecer está un poco resfriado, es un chico mimado —dice Samuel —como lo son todos hoy día, en mi época un resfriado no nos detenía de cumplir con nuestras obligaciones.

—Soy médico militar —aclara —si usted lo permite me pasaré por la sacristía para asegurar que sea solo un resfrío.

El hombre se encoge de hombros, John lo interpreta como una autorización tácita. Apura el desayuno, el Padre Samuel dice algo sobre el aula en la que imparte clases, John no le presta demasiada atención, lo deja en la casa y se va rumbo a la sacristía.

.o.O.o.

—¿Sherlock? —llama John a la puerta, no hay respuesta —¿Sherlock? —intenta abrir, pero está cerrado por dentro.

—¿John?

—Si, déjame entrar —escucha como una silla se arrastra dentro de la habitación, luego el cerrojo al abrirse, pero nada más, entra para encontrar al detective envuelto en una manta ligera, sin ropa, las ojeras moradas y el cabello revuelto. —¿Estás bien? —que pregunta tan idiota, es obvio que no está bien. —¿Qué ocurrió?

Sherlock le mira con suspicacia desde sus ojos desvelados, casi como si esperara que John dijera algo que no dice. John lo toma por el brazo y le pide que se siente en la cama, toca su frente y sus mejillas.

—Tienes fiebre, ¿por qué no estás vestido? ¿Dónde está tu pijama? —Sherlock no responde, John rebusca y toma el pijama de la maleta en la que Sherlock aún tiene las cosas que Mycroft empacó. —Escucha, voy a ir a la casa y a traer algo caliente para que comas, también voy a traerte más mantas, mientras tanto vístete por favor.

.o.O.o.

En tiempo récord John va y regresa, tiene un té caliente, varias mantas y ha comprometido a Smith a que preparará un poco de caldo de pollo para "el Padre William".

—¡Sherlock! —exclama John al entrar en la habitación y encontrarlo en la misma posición que le dejó. —¿Qué sucede? Eres un cabezota, como estás aquí en el frío sin abrigarte bien —deja las mantas, el té y se acerca por el pijama.

—¿Qué sucedió anoche? —pregunta el detective.

—Te lo contaré, pero primero tienes que ponerte el pijama y estar bajo las mantas.

A pesar de la renuencia del detective, John, logra que se enfunde los pantalones, le arrebata la manta y trata que se deslice dentro de la sudadera, es cuando lo nota.

—Sherlock —John se siente reacio a creerlo, pero está seguro de lo que es, inclina el rostro del detective para acceder mejor a su cuello —¿es una mordida? —el detective que no se ha visto en un espejo desde el día anterior había olvidado la forma en que los dientes de Bryant le castigaron, incapaz de esconder su largo cuello en ninguna parte asiente —¿quién? —pregunta John y la voz le tiembla —¿cómo? —Sherlock no responde, John le toma las manos, el detective hace una mueca de dolor, la muñeca tiene varios moretones circulares, los dedos de una mano. —Sherlock ¿quién te hizo daño?

—¿Qué sucedió anoche, John?

John toma las mejillas de Sherlock y sin siquiera pensarlo pone su frente contra la suya, tiene los ojos cerrados y la respiración acelerada.

—A menos que me digas que esto fue consentido, voy a matar a quien lo hizo ¿me dirás quién fue?

—¿Me dirás qué pasó anoche?

—Si Sherlock, —John suspira —voy a contarte todo lo que pasó y luego tú me dirás quién te lastimó —se quita la chamarra, la enrolla y junto con la almohada intenta que Sherlock esté lo más cómodo posible, lo cubre con las mantas y le deja el té en las manos frías. —y después de que me lo cuentes iré y le asesinaré.

Sherlock sonríe de medio lado, John acerca la silla a la cama y comienza a contar lo que ocurrió en la fiesta, hasta que él se fue. Cuenta sobre White tocando el piano, sobre Smith atiborrándose de comida, sobre Taylor y Davis drogados a tope, sobre Bryant drogado y mirando, se muerde los labios, pero al final le cuenta sobre White besándole, sobre Barclay interviniendo, sobre él diciendo que prefiere mirar, sobre él yéndose a su habitación después de eso.

—¿Lo disfrutaste? —pregunta el detective cuando John termina su relato.

—Fue… —busca las palabras —muy desagradable. No quiero que vuelva a ocurrir.

Sherlock asiente.

—Creí que tal vez… —Sherlock parece pensar en cómo continuar —que tal vez…

—¿Que tal vez lo había disfrutado? —Sherlock asiente, John niega. —No Sherlock, no lo disfruté, tal vez hace años, muchos años en mi juventud hubiera sido interesante para mí, pero no ahora.

—¿Porqué?

Hablar con Sherlock algunas veces es como hablar con un adolescente, John no sabe qué es exactamente lo que puede decir, el detective parece tan ajeno a las sensaciones y los sentimientos, como si nunca los hubiera experimentado. John sabe que no es así, Irene Adler es la prueba de que Sherlock siente, aunque no sepa como manejarlo.

—Porque las sensaciones, ya no son tan importantes, las sensaciones de ese tipo vienen y van —John toma la mano de Sherlock y mira los moratones con el ceño fruncido —y cuando te entregas a alguien sin amor, incluso no amor, sino sin sentimiento, la sensación que te deja es de vacío, puede funcionar para alguien como diversión, pero no para mi… —"no funciona para mí porque te amo", piensa John, "no funciona ninguna mujer, ni ningún hombre, no sirve como diversión porque tú eres lo que quiero y nada será suficiente si no eres tú" pero no lo dice, solo termina con un —no funciona para mí.

—Así que tienen drogas en el colegio.

—Si.

Ambos dejan que el silencio se instale por unos minutos, Sherlock le mira con intensidad, aún tiene la taza de té de la que da sorbos de vez en vez, la otra mano está en poder de John que sigue acariciando los moratones, como si con eso fueran a desaparecer.

—Vas a decirme qué ocurrió —pregunta al final el Doctor.

Sherlock se embarca en todo un relato, sobre la búsqueda dentro de la casa, sobre el pasillo secreto que encontró, le cuenta sobre los visillos desde donde observar todas las habitaciones.

—Pero no lo recorrí completo —aclara —me fui antes de andar por todo el camino.

—¿Por qué te fuiste? —pregunta John, aquel comportamiento no es nada propio de Sherlock, que cuando tiene un misterio suele exprimirlo hasta que no quede nada en él.

—Te vi con White —John siente el calor subirle a las mejillas y eso lo hace consciente de que aún tiene la mano de su amigo atrapada en la suya, le suelta y le mira, sabe que a Sherlock no le importa que se haya besado con White o con Barclay o con Sarah o con nadie, aun así, preferiría que no hubiera sido testigo de aquello, es muy diferente haber tenido que expresarlo en voz alta, que saber que le vieron hacerlo. Sherlock agacha la mirada hacia su mano, ahora libre y continúa —no podía ir por ti para que me ayudaras en ese momento así que decidí que lo dejaría para después.

—¿Dónde nos deja esto? —pregunta John.

—Sabemos que tienen drogas y que hacen "fiestas".

—Pudo ser un juego o una fiesta que salió mal y por eso todos se prestaron a encubrirlo, porque todos estaban juntos.

Sherlock niega el momento.

—¿Recuerdas las fotografías del asesinato? —pregunta.

—Si.

—Había saña en la forma en que lo mataron…

—Pudieron estar drogados.

—La droga que describiste, dijiste que era una anfetamina.

—No sé lo que era Sherlock, yo no la probé, era un polvo blanco, como la cocaína, White fue el que me dijo que eran anfetaminas —y antes de que Sherlock hable John recuerda algo más —también me dijo otra cosa, dijo: "ni el Padre Samuel, ni el diácono en turno vienen por aquí".

—Pudo ser un problema por drogas, pudo ser un amorío que salió mal, Samuel sabe lo que hacen en las fiestas, quiere decir que los ha visto, así que Thomas Morgan pudo verlos y contarle a alguien o amenazar a alguien con contarlo… Estas personas… —continúa Sherlock —las personas matan por amor, por dinero o por sexo, pero estas personas, no parecen necesitar dinero, ni sexo y obviamente no les interesa el amor. No lo entiendo.

—Tampoco yo —le responde John. El silencio se instala de nuevo, aunque John lo mira con intensidad esperando que continúe, Sherlock se queda en silencio. —Aún no me explicas como te hiciste eso —John señala con la nariz la mordida que Sherlock tiene en el cuello.

—Cuando vi que estabas ocupado con White —dice Sherlock y la amargura escurre en sus palabras —decidí volver a aquí —John asiente, alentando a que continúe —caminé de regreso y… ¿tienes la SIG?

—¿La SIG? No. ¿Debo matar a alguien?

—¿Lo harías?

—Si alguien te lastimó ni siquiera necesitaré la SIG.

—Me encontré con Bryant en los terrenos, estaba muy drogado y… —John aprieta los nudillos y respira pesado. —No quiero que le hagas nada.

—Esto, —y los dedos de John viajan al cuello de Sherlock —¿tú lo consentiste?

—No, pero… él estaba muy drogado…

—Eso no lo justifica.

—...no quiero más frentes, no quiero más cosas que investigar. Créeme —Sherlock sonríe un poco y John siente que se le derrite el pecho ante la visión —estoy seguro que tú y yo podríamos encubrir un asesinato, pero esto es solo parte del trabajo.

—Sherlock —el detective tiene los ojos muy claros —tiraste por la ventana a un agente de la CIA, —Sherlock asiente —¿cómo Bryant, pudo hacerte esto?

—Te lo dije, estaba muy drogado parecía eufórico y yo estaba… —se muerde los labios, como si no quisiera que escaparan las palabras —distraído.

La puerta suena y John se levanta de un salto, Smith llama de nuevo, trae para Sherlock la sopa de pollo que John pidió, John agradece, cierra la puerta y vuelve al lado de Sherlock.

—Ahora tienes que comer y dormir un poco, te sentirás mucho mejor cuando despiertes.

Después de que Sherlock haya vaciado el tazón, John se asegura que el detective se prepara para dormir y le dice que volverá para el anochecer para asegurarse de que Sherlock esté bien.

—John —le llama el detective antes de que abandone la habitación, —en verdad matarías a quien me hiciera daño.

—Bryant no va a escaparse, tal vez tenga que esperar hasta que esto esté resuelto, pero voy a tumbarle los dientes, no lo olvidaré.

—También mataría a quien te hiciera daño —aclara Sherlock.

—Lo sé Sherlock, —responde John —cierra tu puerta por dentro —aclara y sale de la habitación.


Hasta aquí, estos dos se están poniendo intensos ¿no creen?

Hola Ariniet.- No te pongas triste, prometo que esto terminará bien, en serio. Yo no soy capaz de que en mis historias estos dos se separen, eso me pondría a la misma altura de Moffat y Gatiss, lo que me haría una cobarde, no creo que llegue a perdonar a esos dos alguna vez. No, no, estos niños pasan por desavenencias para poder salir airosos, ya verás. Espero que sigas bien y que tengas una preciosa semana. Te mando un abrazo.

Hola Gloria-Corsa.- Me dio mucha risa con eso de que te habías reseteado con la imagen de Sherlock vestido de Diácono. Lamento decir que no se besarán en el campanario, hubiera sido una muy buena escena, pero no lo pensé, sorry. Ahora dime, tienes a Sherlock y John enfrente, acaso tus ojos no serían maliciosos y tus manitas inquietas, no puedes culpar a White y a Bryant por eso. Espera, Sherlock no puede envenenar a White, ¿no dicen que el veneno es arma de mujer?, no Sherlock si acaso lo verá y recitará frente a todos todas las cosas acomplejantes y penosas que pueda ver en White, lo que pasa es que Sherlock pienso que se siente un poco intimidado, porque White es guapo y rico, los celos lo ciegan. También con eso de que quieres capar a Bryant me morí, te viste super Creepy, jajaja, todavía me acuerdo y me río. Y bueno, no será mucho sufrimiento, esta historia solo tiene XIV capítulos, así que nos acercamos cada vez más al desenlace, no os preocupéis, ten una linda semana.

Me extendí mucho ahora platicando con ustedes, sorry, como sea, nos leemos en una semana.

Adrel Black