Hola, espero que hayan tenido un feliz fin de semana, aquí en México hubo elecciones intermedias, espero que hayan salido a votar.

Bueno, creo que después de este capítulo nadie dudará de quién es el culpable. Nos acercamos al final son básicamente 13 capítulos y un epílogo, así que, es hora de develar el misterio. *música de suspense* :)

Disclamer.- Todo pertenece a Sir Arthur Conan Doyle, a la BBC, a Moffat a Gattis y a un montón de personas de las cuales ninguna soy yo. Mía solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Para Violette Moore, porque ella lo pidió!


La Ecuación De Dirac

por

Adrel Black


X

Sherlock se ve mucho mejor al día siguiente, John le ha visto en el desayuno y de nuevo por la tarde en misa, después de la cena lo ve caminar hacia el techo, Sherlock le lanza una mirada que puede interpretar perfectamente "ven conmigo" y John, tal como siempre, lo sigue.

El detective camina por la pasarela del techo, hasta donde se levanta la estatua de San Miguel Arcángel, John le alcanza ahí.

—Voy a bajar esta noche hacia el pasadizo.

—Deberías estar todavía en la cama.

—Me siento mucho mejor —responde el detective, —¿vendrás conmigo?

—Sabes que sí.

—Veré la manera de deshacerme del Padre Samuel, ¿a qué hora ya no hay gente en los pasillos de la casa?

—Cerca de medianoche —dice John luego de pensarlo un momento.

Ya casi es noche cerrada, queda un leve destello de atardecer a lo lejos, en el oeste, pero es apenas una delgada línea naranja, a pesar de ello es temprano, no más de las siete.

—Bien entonces búscame en la alacena del final del pasillo de la planta baja, a media noche.

John asiente, Sherlock se aleja.

—Es una cita —dice el Soldado a la nada, cuando el detective ya se ha ido.

Permanece mucho más tiempo de pie en aquel lugar, puede ver en los terrenos a Sherlock abandonar la casa y caminar hacia la Iglesia, Bryant como un perro de presa sale detrás de él. John aprieta la mandíbula, Sherlock camina más rápido y entra a la iglesia, al parecer, cierra la puerta detrás suyo, pues Bryan no puede entrar.

Lo que ese hijo de perra está buscando es que John le parta la cara.

Entiende el punto de vista de Sherlock, entiende porque no quiere que se entrometa, sería extraño que John golpeara a un hombre por otro que, según todos los demás, apenas conoce, aun así, permitir que ese imbécil persiga a Sherlock, aun más, permitir que le haya hecho daño está más allá de lo que puede tolerarse a sí mismo.

En este trabajo Sherlock es quien resuelve, pero John, es quien le cuida y estar aquí, le hace sentir inútil, para qué puede su amigo necesitarlo si es incapaz de protegerlo.

Va a encontrar la manera, si no lo hace, no va a perdonárselo.

Camina de vuelta por la pasarela hacia la casa, hacia la armería.

.o.O.o.

Fue fácil salir de la sacristía, no tan simple llegar hasta la casa. Bryant estaba por los terrenos.

El hombre le ha dicho a Sherlock que hace rondines por la propiedad, "por seguridad", y una mierda, sabe que lo hace por parecer interesante, por presentarse a sí mismo como un protector cuando no es más que un farsante.

Sherlock apenas ha tenido tiempo de entrar en la alacena cuando escucha, muy leves los pasos de John, son inconfundibles para él. Son firmes, pero suaves, siempre apoyando más fuerte su pierna derecha, remanente del tiempo que usó bastón.

El Doctor cruza la puerta, Sherlock está de pie esperándole, John asiente al verlo, y caminan hacia el fondo, en voz muy baja le muestra por donde deben entrar.

—¿Cómo diablos cruzaste la vez anterior? —pregunta John.

—Por entre los entrepaños.

—Sherlock —John suena frustrado —yo no puedo pasar por ahí.

No es que John sea gordo, pero ciertamente es más fornido que Sherlock y sus piernas, de ninguna manera son tan largas.

—Tendríamos que mover la estantería.

—Bien.

Sherlock, refunfuñando por aquel inconveniente, toma un lado del mueble, John el otro, es muy pesada, pero logran despegarla un poco de la pared. Luego entran.

El detective camina adelante siguiendo el haz de luz de su móvil caminan por los corredores en lo que es casi como un laberinto.

—Espero que recuerdes por dónde hemos venido —susurra John, Sherlock asiente.

Hace frío y los escasos ruidos de la casa parecen no llegar a esos pasillos, todo es silencio, de vez en cuando a John le parece escuchar ratones corretear por los rincones, pero para cuando mira ya han desaparecido.

Andan por todo el pasillo de la planta baja, luego hay escaleras que los llevan al piso que está lleno de aulas y por último al piso superior donde están las habitaciones.

Desde los visillos y sintiéndose como fisgones ven escenas que no deberían atestiguar, Davis mirando pornografía, Taylor despatarrado en el suelo, parece estar borracho, o tal vez drogado, Braclay sonriéndose frente al espejo y probándose diferentes corbatas, Smith abrazando una fuente llena de aperitivos, White frente al computador escribiendo furiosamente.

A John la actitud de White le parece tan normal que le desconcierta, mira a Sherlock con la pregunta grabada en sus ojos "¿qué hace?"

Sherlock acerca los labios al oído de John y susurra:

—Es la página web de un banco.

—¿Qué hace en el banco a esta hora?

Sherlock se encoge de hombros y hace una seña a John con la cabeza para que vuelvan.

Haber sido testigos de la intimidad de esos hombres ha sido extraño, unos pisos más abajo hablan por fin.

—Hubiera preferido no ver nada de eso —aclara John.

—Lo sé —responde Sherlock —todos parecen personas horrendas y ninguno parece un asesino.

Vuelven casi al punto de partida, dispuestos esta vez a tomar la escalera que parece ir más abajo del nivel de la casa.

—¿A dónde crees que nos lleve? —pregunta John a Sherlock.

—A la Iglesia creo —responde.

Sherlock lo estuvo pensando los días anteriores, es la única otra construcción que hay en el lugar, si no hay sótano en la casa, no hay más lugares hacia los que aquella escalera pueda ir.

—Espera, —dice John cuando el detective ya se dispone a bajar. John saca de su chamarra una pistola pequeña. —Toma.

—Tu llevas el arma, —dice Sherlock —es tu parte del trabajo.

—No sabemos que hay abajo, además… quiero que te la lleves y que si Bryant vuelve a acercarse la uses.

—Puedo con Bryant —responde Sherlock y de forma inconsciente se pasa la mano por el moretón del cuello que ha tenido que esconder los días pasados con mucho cuidado bajo el collar de cura. —Ese día me sorprendió.

—Solo tenla a mano —le ataja John y se dispone a bajar. —Esperemos que nadie nos sorprenda a ambos ahora.

—Todos están en sus habitaciones, salvo por Bryant.

—Si, —responde el Doctor —y Bryant es el que está armado.

Ambos bajan la escalera, las luces de los móviles alumbran el camino, los peldaños crujen con sus pasos Sherlock siente el pulso en la garganta, lo único reconfortante en la situación es la presencia de John a su espalda, sabe que mientras John vaya con él nada va a pasar, pondría la vida en sus manos, como médico y como soldado las veces que sean necesarias.

La escalera desemboca en otro pasillo que según lo que Sherlock puede ver, va efectivamente hacia la iglesia, aunque este pasillo es distinto, los otros están hechos en la misma piedra que la casa, pero esto parece excavado en la tierra misma.

—Parece que nadie ha estado aquí por mucho tiempo.

—¿Estás seguro? —pregunta Sherlock señalando con la luz de su móvil las telarañas colgantes a ambos lados del túnel, es obvio que alguien ha pasado por allí quitando las telarañas a su paso.

—Diablos —maldice John.

—No le invoques ahora —responde Sherlock sin mirarle, andando con cuidado.

—¿A quién? —pregunta John confundido.

—Al diablo.

—¿Qué? —John adelanta a Sherlock y se para frente a él deteniendo el camino. —Repite lo que dijiste.

—Al diablo —responde Sherlock mientras las luces de los móviles ahora apuntan al suelo, Sherlock se detiene un momento como para analizar sus palabras, casi como si lo hubiera dicho sin pensar.

—Antes —dice John.

—No lo invoques…

—¿Por qué dijiste eso? —Sherlock niega con la cabeza. —Nunca habías dicho algo como eso, —el detective ve en las arrugas de la frente de su amigo la preocupación —si yo hubiera dicho algo así tú estarías burlándote de mí.

Sherlock no sabe qué decir, cada día le sienta peor estar en esa iglesia, en soledad, escuchar al Padre Samuel orando, lanzando sermones sobre condenación, sobre maldad, no hace más que hacerle sentir vulgar, marcado, malvado, maldito.

—Puedes reírte si es lo que quieres, —responde tratando de zanjar el tema, saca la vuelta al cuerpo de John y sigue avanzando.

Sherlock retiene un momento la respiración al no escuchar los pasos de John y suelta el aire, cuando por fin le siente avanzar detrás de él.

—Sherlock, —la voz de John es aun más profunda en aquel silencio de sepulcro. —Por favor, estoy preocupado, no has sido tú mismo desde que llegamos aquí, estás solo en la sacristía, eres la única compañía del Padre Samuel, que obviamente es alguien severo, la forma en la que Bryant te atacó, la forma en la que él te pudo atacar, no es lo normal en ti.

Sherlock sigue caminando, escuchando, ahí abajo con ellos solos, no parece tan grave decirle a John algunos de sus pensamientos, las confidencias entre ellos suelen ser así, asegurándose que no hay forma que nadie los escuche, con las cortinas de la calle Baker echadas para que nadie los mire, como si no pudieran soportar dar más armas a quienes preguntan sobre su relación.

El silencio se asienta entre ellos antes de que Sherlock se anime a hablar, caminan muy despacio con rumbo inequívoco hacia la Iglesia, a pesar de que el túnel no es una línea recta, sino un camino tortuoso lleno de recovecos y curvaturas.

—El Padre Samuel no deja de hablar sobre condenación, sobre castigo, sobre pecado, sobre sacrificios, sobre impureza, sobre tener que lavar con sangre los pecados, sobre holocaustos y sobre sacrificar animales ante el altar para agradar a Dios. —John no dice nada, Sherlock lo interpreta como una invitación a continuar —yo nunca había pensado en ello, mis padres, no eran religiosos, la persona más religiosa que conocí alguna vez eres tú…

—¿Yo?

—Bueno, sueles leer la biblia, te he visto hacerlo.

—Si, —confirma John, —pero no diría que eso me hace religioso.

—Pues imagínate si sé algo sobre religión, —continúa Sherlock —el parámetro eras tú, y confiaba que tú eras parámetro para los demás. —Sherlock siente una bola en la garganta, traga, caminan tan despacio, parece que ninguno quiere llegar. —Una persona justa, de principios morales fuertes, una persona que, a pesar de ser mejor que yo, me acepta por ser quien soy.

—Yo no soy mejor que tú, Sherlock.

—Pienso que lo eres, mejor que muchos, mejor que la mayoría —guarda silencio y busca cómo continuar. —Pero luego llegamos aquí y nos mezclamos con esa gente que parece tan respetable, pero no lo es y el Padre Samuel, que se vanagloria de estar en la Iglesia el día entero y no deja de juzgarme.

—Él no te conoce, ni siquiera sabe quién eres, Sherlock.

—Pero todo lo que dice parece ser sobre mí. Es como si me repitiera todo el tiempo, lo mucho que merezco el sufrimiento.

John vuelve a adelantarlo y a ponerse frente a él, se ve enojado, tiene el ceño fruncido, y respira con rapidez, pone una de sus manos frente a Sherlock marcándole el alto como lo haría un soldado a un sospechoso.

—Escúchame, voy a decir esto y vas a escucharlo y entenderlo, Sherlock. Tu no mereces sufrimiento, no estás mal, ni eres extraño, no eres un fenómeno, no eres alguien a quién juzgar, al menos no más de lo que somos todos, y si personas como Anderson o la Sargento Donovan, no pueden ver más allá, es por su propia limitación —Sherlock mira los ojos de John, son de un azul tan oscuro a causa de la poca luz, pero siguen siendo tan límpidos que Sherlock casi siente que no es digno de mirarlos. —Y si personas como Moriarty quieren hacerte daño es porque son personas malvadas, no tiene que ver contigo, ni con quien tú eres e incluso si personas que se creen piadosas como el Padre Samuel quieren juzgarte, es porque en realidad no saben lo que tú eres.

Sherlock tiene los labios entreabiertos, es incapaz de decir nada ante las palabras de John, cómo puede John realmente pensar todo eso.

—Yo te veo —dice el Doctor —y te conozco y eres un prodigio, —John sonríe un poco y busca los ojos de su amigo —Sherlock —el moreno levanta la mirada hacia su interlocutor —eres increíble, y voy a pelear contra cualquiera que diga o piense lo contrario. — Sherlock se siente mucho más tranquilo, sabe que las palabras de John jamás serán en vano. —Guarda toda esta perorata en tu palacio mental Genio, y escúchala en lugar de los sermones del Padre Samuel.

Un sonido al final del pasillo les saca del momento íntimo, John con el arma ya en la mano se vuelve, Sherlock sin perder tiempo avanza también, su amigo le sigue hasta el final del túnel donde hay una reja abierta.

—Alguien acaba de salir por aquí, —dice Sherlock.

Sube la escalera corriendo, la trampilla al final del túnel lo lleva justo al altar de la Iglesia.

Sherlock mira alrededor, pero no hay nadie, ni un solo ruido, nada. La Iglesia parece completamente vacía.

Vuelve por la trampilla, bajando la escalera, le extraña que John no le haya seguido.

—Da a la iglesia, —dice al ver a John asomando por una especie de puerta lateral que Sherlock pasó por alto, —no encontré nada.

—Pues yo sí —responde el hombre. Sherlock se acerca y mira, el lugar pareció fungir como cripta en algún momento, hay algunos nichos excavados en las paredes, en el suelo hay velas, un cuchillo herrumbroso, ropas sucias y un reguero de manchas negras que Sherlock puede apostar son sangre el olor a descomposición se acentúa desde que se acerca a la puerta. —Creo que encontré el lugar en el que asesinaron a Thomas Morgan.

—Si el túnel da a la iglesia, —dice Sherlock —y la escena del crimen está junto a la Iglesia...

—Creo que ahora tenemos un sospechoso.

—Samuel.


Bueno hasta aquí por hoy.

Hola Ariniet.- Para mi también siempre es un gusto platicar con ustedes, para un escritor de fanfics, pues es el único reconocimiento que recibimos y siempre es muy agradable saber que hay alguien al otro lado disfrutando nuestras historias. Me da gusto que hayas amado el capítulo, espero que este también lo hayas disfrutado. Te regreso el abrazo, ten muy linda semana.

Espero que todxs tengan una feliz semana.

Adrel Black