Hola a ¿cómo están?, ¿qué tal va empezando su semana? Espero que muy bien, la mía como siempre, aquí en el calabozo (oficina)

Bueno este es un momento que estaban esperando, yo lo sé, ustedes lo saben y sin duda ellos lo saben. Disfrútenlo!

Disclamer.- Todo pertenece a Sir Arthur Conan Doyle, a la BBC, a Moffat a Gattis y a un montón de personas de las cuales ninguna soy yo. Mía solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Para Violette Moore, porque ella lo pidió!


La Ecuación De Dirac

por

Adrel Black


XII

Es casi medianoche y no puede conciliar el sueño, no diría que es miedo lo que siente, tiene el arma que John le entregó en la mesilla de noche, lista y sin seguro, la puerta está cerrada por dentro y la pequeña y única ventana tiene rejas. No es miedo, es algo distinto. Tiene más que ver con las palabras del Padre Samuel y con cómo se siente, tiene más que ver con todo aquello que nunca se pregunta, sobre sí mismo y sobre John.

Escucha la voz de Samuel a través de la pared, no deja de hablar sobre llamas ardientes y la condenación para los pecadores.

Sherlock se pasa la mano por el cabello rizado volviéndolo más caótico, no quiere estar más tiempo aquí, no quiere estar más tiempo lejos de John, no maneja bien la distancia, necesita la seguridad de volver al salón de Baker Street y saber que John está ahí, listo para la siguiente aventura. John es el punto de equilibrio entre su mente y la realidad, es como la cuerda que ata la cometa evitando que el viento la arrastre sin rumbo.

La vibración del móvil le saca de sus pensamientos, un mensaje de John.

¿Sherlock? J.

Una simple pregunta, solo su nombre, responde con un monosílabo.

¿Si? S.

¿Te desperté? J.

Samuel aun no ha terminado de rezar. Escucho todas sus palabras, son demasiado oscuras, tenía una idea diferente sobre la religión. S.

¿Qué hace rezando a esta hora? ¿No le alcanza el día entero? J.

Parece que no. S.

E incluso antes de que John pueda contestar Sherlock escribe de nuevo.

Extraño Baker St. S.

Habría querido decir que extraña a John, pero sus dedos se negaron a teclear esas palabras, aun así, ellos, ambos, están tan ligados a la esencia de Baker Street que su historia parece incontable sin aquel lugar. De alguna forma parece que su vida no sería lo que es ahora si las habitaciones de la calle Baker no fueran parte de ella.

También quiero volver, también lo extraño. J.

¿John? S.

¿Sí? J.

Si nos vamos de aquí una noche, sin que nadie se entere, solo desaparecer, volver a nuestras vidas, donde atrapamos criminales en lugar de sentarnos a comer con ellos. Volver a la calle Baker, olvidar todo esto, no es el juego que yo quería, es demasiado confuso y ya no quiero estar aquí. S.

Está arropado con todas las cobijas, aun así, siente frío, pero aquel lugar es así, frío, si tuviera que describir el espacio sería así, lejano, solitario y frío, tal como esa celda.

Hay una corriente leve de aire que se cuela por la ventana a pesar de estar cerrada, la voz de Samuel sigue llegando amortiguada por las delgadas paredes, pasan muchos minutos sin recibir ninguna respuesta al grado que piensa que John se ha quedado dormido.

Casi quince minutos después se siente adormilado, las palabras de Samuel se escuchan como una letanía que ha dejado de tener sentido cuando siente el celular vibrar en sus manos. La pantalla se enciende en la oscuridad de la celda, le quitó todo el brillo, pero aun así, tiene que parpadear un par de veces para enfocar, el nombre de John aparece en la pantalla.

Ábreme, estoy fuera de tu puerta. J.

El corazón de Sherlock da un vuelco, en cualquier otro momento le sorprendería la capacidad de John para ser silencioso cuando la ocasión lo requiere, en Baker Street, por lo general es capaz de escuchar sus pasos apenas cruza la puerta que da a la calle.

Se levanta con mucho cuidado, es inútil tratar de evitar que su cama cruja cuando se levanta, pero Samuel no parece darse cuenta y sigue con su letanía incoherente.

Da vuelta a la vieja cerradura despacio, mordiéndose el labio con fuerza y entornando los ojos en la oscuridad, escucha su propia respiración y presta toda la atención posible a la voz del Padre Samuel.

John aparece de pie al otro lado cuando abre, no hay luz por ninguna parte, pero sería incapaz de no reconocer la silueta de John.

El Doctor entra, el detective cierra la puerta con el mismo cuidado, puede escuchar como Samuel se interrumpe, ninguno de los dos habla, casi contienen la respiración, el Padre parece satisfecho con el silencio pues retoma sus rezos un minuto después.

Sherlock se acerca a John y le susurra al oído.

—¿Qué haces aquí?

—Nunca habías querido abandonar un caso —le susurra John a la vez, mientras Sherlock se mantiene inclinado para que la boca de John alcance su oído.

Sherlock enciende la luz de su celular John va completamente vestido, y lleva su arma en la pretina del pantalón, contrario a Sherlock que va en pijama. No hay ningún lugar donde sentarse salvo la cama, pero si el Padre Samuel vuelve a escuchar ruidos seguramente sospeche, incluso podría ir a la celda de Sherlock.

El detective señala el montón de cobijas, luego el suelo y John asiente, en el mayor silencio posible dejan desnudo el colchón de la cama, John deja a un lado el arma, también se quita las botas, ambos se sientan en el suelo sobre las cobijas y continúan cuchicheando.

—¿Estás bien? —pregunta John, Sherlock asiente, la luz del celular les da el aspecto de niños alrededor de la fogata. Sherlock se sienta con las piernas cruzadas, John hace lo propio, ahora no piensa en niños, sino en indios alrededor de la fogata, contando viejas historias de la tribu.

Sherlock se inclina hacia adelante el cabello de John le hace cosquillas en la nariz, puede sentir su oído contra sus labios, la respiración de John le hace cosquillas en la clavícula.

—Recuerdas el día que nos conocimos —siente como John asiente, entonces continúa —hacía menos de un mes que Mycroft y Lestrade me habían encontrado en un antro de drogadictos. John, me había inyectado tanto que estaba seguro que iba a morir, incluso Mycroft estaba seguro que iba a morir.

John se aleja un momento tiene los ojos muy abiertos, el azul de sus pupilas parece marrón en la oscuridad que les rodea. Sherlock no necesita que John diga nada, tiene las palabras grabadas en las arrugas de su frente "¿por qué?"

Sherlock se acerca de nuevo, y le habla al oído.

—Estaba cansado y solo, no tenía nada que me importara.

—Tu familia, —susurra John, —Mycroft…

—Su vida continuaría como si nada sin mí. —La respiración de John es pesada. —Y no me importaba, me daba lo mismo, luego te conocí y me pregunté qué hubiera sucedido si hubiera muerto...

—También habría muerto, —escucha la voz de John.

—No me refiero a eso, —John se aleja un poco para mirarlo, están tan cerca que respiran en el mismo espacio, podría solo inclinarse, serían apenas unos centímetros para atrapar los labios de John. Sherlock cierra los ojos y se acerca para hablar —me refiero a que siempre creí que era solo un montón de huesos y músculos, un montón de impulsos eléctricos…

—Solo transporte —susurra John. Sherlock asiente.

—Pero ahora siento que es distinto, hay algo más, algo más que solo la química de mi cerebro, algo más que solo transporte.

Se aleja, John, despacio le toca la mejilla, los huesos angulosos que a la luz del celular le oscurecen los ojos, el Doctor asiente y Sherlock sabe lo que quiere decir "claro que eres más que solo química, más que solo transporte".

—Pero si lo que ahora siento está mal… —susurra Sherlock.

—También me he preguntado —responde John —si algunas cosas que siento están mal, —traga —pero hace mucho que llegue a la conclusión que, si no haces daño a nadie, no hay nada de malo en los pensamientos, ni los sentimientos.

—El Padre Samuel, no deja de hablar en las noches sobre la condenación de las personas como yo.

—No hay personas como tú Sherlock.

La mirada de John es tan límpida que Sherlock se queda sin respiración, siempre ha podido leer a John, siempre ha podido saber lo que hay en su agenda, lo que está sucediendo con él, pero por primera vez, puede leer eso que siempre ha estado ahí y que se negaba a comprender: Amor.

Está claro, en cada mota de azul de sus pupilas, casi se derrama en promesas que Sherlock nunca se atrevería a considerar como simples posibilidades.

La mano de John se desliza por su mejilla de nuevo, y en las arrugas en torno a sus ojos, Sherlock puede ver grabadas las preguntas "¿Puedo?" "¿Está bien?" "¿Está bien para ti?"

Sherlock, asiente apenas y cierra los ojos, si hay alguien en quien confiaría con los ojos cerrados es John, esta es la muestra.

.o.O.o.

John siente las manos temblar, mientras acuna los pómulos imposibles de Sherlock, los ojos de su amigo cerrados, en muestra de confianza, los labios apenas entreabiertos en una invitación que John jamás creyó que recibiría.

John besa despacio, con tiento, leve, escucha a Sherlock suspirar y abrir los ojos, nublados de principio, pero luego brillantes.

—Nunca, —susurra —voy a disculparme por quererte así, Sherlock, nunca voy a pedir perdón por sentir de esta manera.

Sherlock no dice nada, se acerca y besa a John, de nuevo. Más, más exigente, más necesitado, más fuerte, más, más rápido, más húmedo, sin aire, sin parar, es un beso grandioso, lleno de la lengua y los dientes de Sherlock. John sonríe un poco, es como si un hombre al borde de la deshidratación acabara de encontrar un manantial.

Sherlock atrae a John hacia abajo, recostado sobre las cobijas, John sabe lo que sucederá. Lo siente en el vientre, en la excitación de Sherlock contra su pierna.

—Despacio —le susurra.

—No John, por favor no.

John se toma su tiempo para desnudar a Sherlock, con cuidado, sin apresurarse, de vez en vez le recuerda al detective que debe guardar silencio, de vez en vez, él mismo tiene que recordárselo cada vez que deja un parche más de piel al descubierto, Sherlock es tan hermoso que por momentos parece imposible que realmente exista, que realmente esté ahí, en aquel instante a punto de entregarse a él.

John se desviste, de pie, junto a las cobijas donde Sherlock le espera desnudo, el pecho del detective sube y baja sin parar, John no puede dejar de mirarlo es… perfecto, más de lo que la mente de John puede incluso comprender.

Sus manos vacilan en el cinturón. ¿John realmente puede tomar algo tan asombroso para sí mismo, para su disfrute?

Sherlock se pone de pie, John está seguro que sabe lo que hay en su cabeza, los dedos largos se deslizan por los hombros de John, hasta su cicatriz, respinga ante el tacto, no es un lugar que nadie suela tocar, incluso sus amantes, jamás han parecido demasiado interesadas en esa parte en particular. Pero Sherlock parece fascinado, luego sigue hacia abajo, por el abdomen de John que ya no es tan plano como solía ser en otra época.

—No lo puedo creer, John —susurra Sherlock en su oído —he esperado tanto. —John suelta una risilla sofocada y sin gracia, a él le parece que ha vivido cientos de vidas para poder llegar hasta este momento, que la vida horrible que tuvo de niño, que las desveladas en la escuela de medicina, que la guerra, las heridas, todo fueron sólo pasos para llegar hasta Sherlock, aún más, el conocimiento de ello, solo le hace estar seguro que viviría todo de vuelta con tal de llegar hasta el aquí y el ahora, y el saberlo siente que va a hacerle llorar. —¿John? —pregunta el detective.

—Está todo bien, Sherlock, es sólo que también he esperado mucho.

Los dedos de Sherlock continúan desvistiendo a John, terminan sobre las cobijas, envueltos en una manta, besándose.

—¿Podemos irnos, John? —pregunta el detective —¿Podemos volver con este conocimiento a Baker Street, quedarnos ahí, lejos de todo esto?

—Si eso es lo que quieres, —responde el hombre —si tú quieres que nos vayamos podemos irnos mañana por la mañana.

Sherlock parece feliz, sonríe en una de esas sonrisas cálidas tan poco comunes en él, en un movimiento deja a John de espalda y se sienta sobre su vientre.

—Por favor, Capitán Watson —le susurra al oído —no puedo esperar a mañana.

Sherlock se retuerce sobre la erección de John.

—Espera —intenta John detenerlo, moja sus dedos en saliva y lo prepara lo mejor que puede en una situación tan apremiante y silenciosa. Sherlock parece incapaz de detenerse, John desliza sus dedos fuera de Sherlock, mientras este suspira y se permite deslizarse en la erección de John. —Cuidado —susurra el Doctor, los ojos de colores están cerrados, apretados.

—¿Sherlock? —el detective con los ojos aun cerrados, la respiración acelerada y sentado por completo en la virilidad de John no responde, pero mueve su mano hacia sus labios y le hace señas a John de que guarde silencio.

Pasa lo que parecen segundos antes de que abra los ojos, plateados a la luz blanca del celular.

Se mueve casi imperceptiblemente, John siente el movimiento en el bajo vientre, le atraviesa la columna y le hace, de forma involuntaria, empujarse dentro de Sherlock.

—Lo siento, —susurra casi sin aliento.

Sherlock tiene la risa bailando en los ojos.

—Hazlo de nuevo, John —su voz es decadente, sibilante, el susurro de una serpiente, es lava deslizándose por una pendiente, John sabe que Sherlock es fuego azul, sabe que va a quemarse y no podría importarle menos.

Toma a Sherlock por las caderas y rogando porque la fuerza de sus brazos sea lo que recuerda que era, tumba a Sherlock, lo sostiene y lo toma sin piedad, el detective parece inconsciente por completo de su entorno, tiene los ojos apretados, el cabello de tinta derramado sobre las almohadas amarillas por el tiempo, es como una figura de colores nítidos entre grises y sepias.

John trata de controlar el movimiento, durar el tiempo suficiente para llevar a su compañero al clímax, ser una ocasión memorable en la biografía de Sherlock, dejar huella en su mente, ser un pilar pulsante hecho de arabescos dentro de su palacio mental.

De pronto la voz del Padre Samuel se filtra aún más fuerte, casi como si quisiera sobreponerse a toda la obra silenciosa que se desarrolla en la habitación de Sherlock.

¿No sabéis que los malvados no tendrán parte en el reino de Dios?

Sherlock se tensa al momento, John lo siente, no sólo en el cuerpo, sino en el ambiente, es como si de pronto todo fuera de vidrio a punto de estallar.

—No le escuches —susurra John acercándose al oído de Sherlock en medio de una embestida. —Solo escúchame a mí, Sherlock…

No os dejéis engañar, ...

…estás aquí conmigo, no importa lo que nadie diga, no importa lo que nadie opine, —Sherlock cierra los ojos de nuevo y aprieta en un puño las cobijas ásperas, John sabe que está cerca, Sherlock desliza la mano que no estruja la cobija hacia su erección, …

...pues en el reino de Dios no tendrán parte los que cometen inmoralidades sexuales...,

…John va más rápido, están tan cerca, pero como un caballero, va a esperar a su amante, Sherlock abre la boca a punto de llegar, John pone una de sus manos sobre la boca del detective, acallándole —no hagas ruido querido, no queremos herir la castidad del Padre Samuel.

Los ojos de Sherlock se arrugan con diversión, acelera la forma en que se masturba, John entiende la indirecta y apresura también el movimiento, está tan cerca.

...ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los afeminados,...

John siente la tibieza de la semilla de Sherlock derramarse entre ellos, aprieta las caderas blancas más fuerte y lo atrae ahora en busca de su propia satisfacción, no pasa mucho antes de sentirse pulsando, aprieta los ojos porque es incapaz de mantenerlos abiertos, necesita privarse de los sentidos para que su cuerpo no enloquezca ante la sensación.

...ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los tramposos.

John saca la funda de una de las almohadas y la usa para limpiarlos a ambos. Sherlock lo observa con diversión.

—Al Padre Samuel no le va a gustar que ensucies sus benditas almohadas —dice el detective cuando John vuelve a su lado.

—Será un pequeño recuerdo para que no nos olvide cuando nos vayamos.

John aprieta a Sherlock contra el pecho, lo rodea con los brazos, enredan las piernas unas con otras, son casi dos piezas de un rompecabezas, encajando a la perfección.

—¿John?

—¿Sí?

—Mañana cuando nos vayamos, todo será como hoy.

—Si Sherlock, hasta que tú lo quieras, será como hoy.

Y con esa declaración, Sherlock en tranquilidad, se duerme envuelto en los brazos de John.


¿Cómo podría existir, alguien en el mundo, que no quiera que esto suceda? ¿cómo podría existir alguien en el mundo que no piense, que la relación de John y Sherlock da para esto? Mark Gatiss jamás te perdonaré. ;)

La parte en la que el Padre Samuel está leyendo está en la Biblia, solo no me exijan que sepa demasiado, está en Corintios, es todo lo que puedo decir.

Hola Ariniet.- Jajaja, si, me imagino a John mirando alrededor como venado deslumbrado en la carretera, viendo un auto venir y sin saber si debe correr o no. Pero bueno, ya ves que las cosas salieron bien y los niños están aquí haciéndose arrumacos, son tan lindos! Gracias a ti por escribirme. También te deseo una bella semana.

Hola Gloria-Corsa.- No podía quitarme de la cabeza "la caída" mientras escribía esa escena, pero no pierdas de vista esto, Sherlock está en la escalera y el Padre Samuel aparece de pronto *guiño, guiño*. Bueno creo que ya puedes hacer tu propia teoría sobre si entendió o no lo que John trataba de decir. Mira, de cualquier manera, si no lo entendió entonces, no creo que después de esto se le escape ;) Ten una linda semana.