Hola a todos, espero que estén muy bien. Este es básicamente el final de la historia, después de eso solo nos quedará un capítulo más, un epílogo para ver a los niños de vuelta en Baker Street y el cierre de la historia de Thomas Morgan. Espero que lo disfruten.
Este capítulo debería llamarse, Greg salva el día :)
Disclamer.- Todo pertenece a Sir Arthur Conan Doyle, a la BBC, a Moffat a Gattis y a un montón de personas de las cuales ninguna soy yo. Mía solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Para Violette Moore, porque ella lo pidió!
La Ecuación De Dirac
por
Adrel Black
XIII
—Sherlock —susurra John cuando falta un poco para las seis de la mañana, lo único que recibe en respuesta es un sonido adormilado —Sherlock tengo que irme, ya va a amanecer.
—¿Qué importa? —responde, —si de todas maneras nos vamos a ir.
—¿Entonces estás decidido? —pregunta John —¿Qué le dirás a Mycroft?
Sherlock se sienta de golpe entre un remolino de cobijas.
—Mycroft… —la mirada en la pared de enfrente, casi sin parpadear —¿Porqué Mycroft nos mandó a este lugar?
—Dijo que era amigo de uno de los padres, alguien que tiene a un hijo aquí.
—Si, pero no quería saber quién era el culpable, solo asegurarse que es un hecho aislado.
—Si —responde John incapaz de saber hacia dónde se dirigen los pensamientos de Sherlock.
—Una joven promesa en el campo de la física —repite Sherlock las palabras que Mycroft había dicho en el salón de Baker Street días atrás. —¿Es que no lo ves? —John niega —necesitaba asegurarse que era un hecho aislado, porque temía que su hijo fuera una víctima.
—Suena lógico, si su hijo está aquí durante meses… —Sherlock sonríe y niega —¿qué me estoy perdiendo? —pregunta John.
—Quería asegurarse que era un hecho aislado porque temía que su hijo fuera el siguiente, el hombre que grabó la ecuación de Dirac en las estatuas, el amante de Thomas Morgan…
.o.O.o.
Es la tarde de ese mismo día, Sherlock y John se encuentran en el techo de la casa, la pasarela está vacía, el campo también, el atardecer está pisándole los talones al día y Sherlock ha cambiado de opinión.
—¿Estás seguro que quieres permanecer aquí? —no es la primera vez que hace esa pregunta desde que llegaron.
—No quiero, —responde el detective —pero no quiero irme y dejar a Samuel aquí, entre los alumnos.
—Lo sé —responde John —es solo que no puedo con la idea de que estés cerca de ese tipo, puedes venir una vez que se haga de noche y quedarte aquí.
—Si, supongo que podría escabullirme de Samuel y entregarme a otra noche de inmoralidad contigo.
John se ríe un poco, es raro escuchar a Sherlock hablar al respecto se siente casi como si fuera un universo paralelo, algo que solo ha existido en la mente de John.
—O podrías solo venir a dormir y dejar la inmoralidad para cuando volvamos a Baker Street, recuerda que hay visores en las paredes de las habitaciones.
—Si, —dice Sherlock —supongo que así fue como Samuel se enteró del amorío entre ellos, —el detective se acerca de nuevo a la estatua y pasa los dedos por la inscripción —lo asesinó porque estaba enamorado —lo dice de manera ofendida, casi como si aquello fuera personal. —No era solo una cuestión de inmoralidad, no como lo que mantienen los profesores, ellos realmente estaban enamorados.
John le pasa la mano por la espalda, claro que entiende a lo que Sherlock se refiere, él no juzga a los profesores por su banalidad, a pesar de que no le agrade, si no están haciendo daño a nadie a él no le importa en lo más mínimo, pero destruir un amor, de dos personas tan jóvenes, solo porque eres incapaz de comprenderlo…
—¿Estás bien Sherlock?
—Es solo que ellos sabían que no podían estar juntos, eso es lo que simboliza esta ecuación, lo que afecta a uno, afecta al otro, aunque estén lejos. —John asiente —en cuanto Samuel se encierre en su habitación vendré a quedarme contigo esta noche.
—Si Sherlock.
—Entonces tomaremos la decisión, sobre qué hacer con Samuel —suena peligroso, suena como una amenaza, Sherlock parece dispuesto a hacer, lo que sea necesario.
Ninguno sabía que los eventos se precipitaban.
.o.O.o.
Sherlock abandona pues su celda durante la noche, se siente distraído, pero la idea de pasar otra noche entre los brazos de John sería suficiente para distraer a cualquiera.
Trata de salir por la puerta de la iglesia, sin querer cruzar por el pasadizo, pero la puerta del frente está cerrada, aquello debió ser un aviso, aquello en cualquier otro día habría hecho a Sherlock dudar, aquello debió hacer que saltaran todas las alarmas, pero ahora debía ir a encontrarse con John y John era la única cosa que tenía en la cabeza.
Se dirige entonces a la puerta del pasadizo y se prepara para bajar, está ya a mitad de la escalera cuando un golpe duro y seco le nubla la vista, le golpean justamente en la base del cráneo, no tiene oportunidad ni siquiera de quejarse, el aire se escapa de los pulmones, casi como si no alcanzara a llegar de su nariz hacia el resto de su cuerpo, las manos se sueltan de los barrotes y las piernas se le doblan, tiene un segundo para pensar en que si se suelta va a caer, luego la escalera se aleja y recibe otros dos golpes, uno en la espalda cuando golpea contra el suelo y otro en la nuca cuando su cabeza rebota.
Luego nada.
.o.O.o.
Ha estado mirando por la venta de su habitación hacia los terrenos desde que volvió de la cena, las ventanas de la sacristía se apagaron hace al menos quince minutos, pero aun así no ha visto a Sherlock salir de la Iglesia, creyó que tal vez bajaría por el pasadizo, pero no ha llegado.
John toma el móvil de la mesilla de noche y manda un escueto mensaje.
¿No puedes salir? J.
Nada, el mensaje sigue sin respuesta cinco minutos después algo nada propio de Sherlock.
Tiene un mal presentimiento, el corazón le late a prisa y las manos le sudan, podría hacer un último intento, pero no puede esperar.
Recuerda la época de Afganistán, el instinto era lo único que podía salvarte de morir la mayoría de las veces, ahora el instinto le dice que las cosas están mal y prefiere quedar como un imbécil después que no anticiparse y que pase algo a Sherlock.
Toma la SIG y se asegura que el cargador está lleno, la asegura en la pretina y se dirige a la puerta que da a los jardines, lleva el celular en la mano mientras activa la marcación rápida.
—Greg...
.o.O.o.
Sherlock tiene un dolor sordo por todo el cuerpo, la cabeza más que nada, le duele como si tuviera una jaqueca de varios días. Han pasado años desde la última vez que se metió una droga realmente fuerte, pero la sensación del día siguiente, cuando el cuerpo lucha contra sí mismo para lograr salir del efecto es la misma.
Tiene la boca seca y al pasarse la lengua por los labios el sabor de la sangre, es fuerte y metálico, debe de tener el labio roto.
Abre los ojos casi por reflejo más que por voluntad, piensa por un momento que se ha quedado ciego, le cuesta enfocar a causa del dolor y como si abrir los ojos fuera la razón de que el resto de sus sentidos se encendiera, puede escuchar al momento al padre Samuel orar.
—¿Padre Samuel? —las palabras le salen arrastradas e inconexas, pero es obvio que habla con el hombre. Se hace el silencio, la oración se corta, pero la respiración que es lo único que puede escuchar sigue ahí. —¿Padre Samuel? ¿qué sucede?
—Creo que lo sabes Padre William. —El hombre mayor entra en su campo de visión parece enloquecido, tiene los ojos inyectados en sangre y agrandados por la locura.
—Está drogado —dice Sherlock y parece una pregunta, pero no lo es. Se ha visto en el espejo antes mientras tenía la misma locura en los ojos que ahora le regresa la mirada desde el rostro redondo del padre Samuel.
.o.O.o.
Va cruzando los jardines por junto a los grandes árboles del borde de la propiedad cuando lo escucha, es por instinto que se lleva la mano a la SIG.
—Es tarde para una visita social —suena la voz de Bryant, John no lo había visto en la oscuridad, el hombre enciende su linterna, y la dirige directamente a los ojos de John.
—Baje la linterna, Teniente —responde John, baja el arma con el dedo aun en el gatillo. —Podría decir lo mismo, es tarde para estar en los terrenos.
—Es mi trabajo —la luz se centra ahora en las manos de John. —No debería estar armado.
—Teniente, llevo prisa, tenga una buena noche. —John se da media vuelta.
—Deténgase, Capitán —Sherlock puede estar en problemas y este imbécil sigue interrumpiendo su camino. —Se ha donde va. A visitar a nuestro joven Diácono. —John se vuelve, siente el enfado burbujeando bajo la piel. —Hace días me encontré con él, creo que es muy caliente, debajo de esos ojos fríos que tiene.
El puño de John se estrella contra la nariz de Bryant aun antes de que haya registrado la idea de atacar. El sonido del hueso al romperse contra sus nudillos es reconfortante. El Teniente suelta la pistola y la linterna y trata de contener la hemorragia de la nariz con las manos.
John recoge la veintidós de Bryant y la acomoda en su pantalón, lanza lejos la linterna aun encendida y dice en voz baja.
—Si vuelvo a verte cerca de él voy a matarte.
—¿Tu y él tienen algo especial? —dice Bryant, es una pregunta, pero no lo parece en absoluto, su voz suena nasal y gangosa, pero había risa en ella.
John, mira hacia la linterna, algunos metros lejos de él y le dispara, la luz se apaga al momento, el disparo resuena en los terrenos, sus ecos rebotan en los lindes del bosque, John puede ver que se encienden algunas luces en la casa, es hora de ponerle fin a toda aquella locura.
—Te mataré —aclara John de nuevo y luego se da media vuelta hacia la Iglesia.
.o.O.o.
—Los túneles me los mostró el Padre anterior, me los mostró como si se tratara de una clase de historia —dice el Padre Samuel, a una pregunta de Sherlock. —Por otro lado, las drogas las descubrí hace tiempo. Taylor suele guardarlas en el bosque para no tenerlas en la escuela, fue una casualidad, el día que asesiné a Thomas, fue la primera vez que las probé, entonces entendí que eran un regalo de Dios, para que hiciera su voluntad.
Sherlock intenta analizar la situación, el brazo le duele, y está siendo difícil enfocar. Le quitó el saco y lleva rasgada la camisa.
—Padre Samuel, ¿qué hace?
—Lo correcto.
—No he hecho nada malo.
—Yo te vi con él, en el túnel —Samuel se le acercó tanto a la cara que Sherlock puede sentir su aliento, huele a vino de consagrar y a locura. Es entonces que siente que está atado, también se da cuenta que hay velas alrededor. —Ya estaba dispuesto a matarte el día que limpiabas el vitral, iba a tirarte de la escalera, ya había cubierto un crimen y aquel sí parecería un accidente, pero el Capitán estaba contigo. Ganaste unos días más, pero cuando los escuché, realmente creíste que no me daría cuenta lo que hacías.
—No es lo que usted cree.
El hombre saca una navaja de afeitar.
—Es la misma con la que maté al otro.
—Padre Samuel… —la lengua de Sherlock está pastosa y no puede pensar con claridad, las llamas de las velas tienen un aura sobrenatural en su visión.
—El otro estaba apenas consciente, mientras lo cortaba, se quejó, pero no demasiado, no me sorprende que tu estés hablando, vi todas las marcas que tienes en las venas, así que además de sodomita eres un drogadicto. —El padre pasó la navaja por la parte interna del codo, su piel se cortó como mantequilla, sintió un dolor sordo, pero no el latigazo que debió ser.
—Él y yo…
—Déjame adivinar, —dice el hombre —él y tú están enamorados, —sonríe y tiene el rostro rojo —fue lo mismo que el otro dijo, pero yo los había visto, los he visto a todos, desde el túnel, yo vi lo que hacían, yo vi como Thomas se escapaba para verse con uno de los chicos, a saber, con cuántos se veía.
—El Capitán Watson y yo…
—Al menos Thomas tuvo la decencia de llevar sus fornicaciones a esa casa del infierno, pero tú, trajiste al hombre hasta aquí, en la casa de Dios, como si fuera un tugurio.
Entonces se escuchó un disparo lejano, amortiguado por las paredes del túnel y de la iglesia, puede no ser nada, pero el corazón de Sherlock salta en el pecho.
—John —suspira.
—¿Crees que vendrá por ti?
—Padre Samuel, —Sherlock habla aún más quedo, —matará al que se atreva a hacerme daño. Él me lo prometió.
.o.O.o.
John va hasta la puerta de la iglesia, pero está cerrada, la sacude, pero debe de tener la llave echada por dentro. Sin pensarlo, dirige el cañón de la pistola hacia la cerradura y dispara.
.o.O.o.
Samuel hace otro corte justo a la altura del pecho, justo sobre el corazón y uno más atravesándolo.
—Una cruz para que no olvides a nuestro Señor. Él sabrá que te envié con él. Me agradecerá.
—¿No es él, amor? ¿compasión?
—Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir al Señor, porque Él es Dios Santo, Él es Dios celoso; Él no perdonará vuestra transgresión ni vuestros pecados.
Otra detonación puso fin al discurso. Samuel mira hacia la entrada al túnel.
Sherlock puede escuchar el sonido de la trampilla al abrirse.
—John —dice de nuevo, pero la voz no le sale. Necesita que John le escuche, tiene que prevenirlo. —Cuidado John. —Suena un poco más fuerte pero no demasiado, intenta levantar la cabeza, intentando ver lo que sucede. La luz le ilumina los cortes que tiene en el torso y la sangre que ha manado de ellos, apenas los siente, aunque parecen profundos, el músculo y la piel cortados se abren como canales y la sangre sigue corriendo tiene algunos cortes más sobre las costillas que ni siquiera sintió y que también parecen graves. —John —vuelve a llamar.
—¿Sherlock?, —escucha la voz de John, luego un grito ahogado y sonidos de movimiento, luego dos disparos.
.o.O.o.
John abre la trampilla, hay un poco de luz que baña el túnel, luz titilante, parecieran velas, pero es sólo un manchón, el resto del túnel está a oscuras.
Lleva el arma en la mano, intenta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad, saber si hay alguien acechando, pero la luz no ayuda a ver más allá, sería más fácil si todo estuviera a oscuras.
—¿Sherlock? —pregunta, hay ruido en la puerta lateral, es el lugar en el que, sabe, mataron a Thomas Morgan.
Está a punto de llegar a la base de la escalera cuando un dolor punzante le hace soltar el arma.
Es el padre Samuel, lleva una navaja de afeitar en la mano, el rostro enloquecido. John ha visto la representación de los demonios de las películas, con cuernos, cola y alas, pero nada ha sido tan malévolo como esto.
Tiene las manos cubiertas de sangre, al igual que la navaja, los ojos negros y agrandados, por algo que parece miedo y locura a la vez.
John se mira la mano, tiene un corte profundo a lo largo de los dedos y la mano, el tajo se extiende hasta donde la navaja se deslizó contra la tela de su chamarra.
Quizás Dios haya tenido algo que ver con dos hechos en aquel momento, uno John es zurdo, por lo que dispara con ambas manos, el tener herida la derecha no le incapacita, dos entre aquella oscuridad no podría encontrar la SIG rápidamente, pero tiene la veintidós que le arrebató a Bryant.
De un movimiento la saca y sin pensarlo dispara a las piernas del hombre que cae al momento. "Apóstata" balbucea.
—¿Sherlock?
—John —la voz apagada de Sherlock, suena horrible, lo encuentra en aquel lugar, el olor a sangre es penetrante, hay velas encendidas Sherlock está atado, en el suelo y tiene varios cortes en el pecho.
—No te muevas, —pide John —está bien, todo va a estar bien.
John suelta los nudos que atan a Sherlock y trata de revisarlo.
—Me drogó —dice Sherlock como si se disculpara.
—Está bien, te tengo.
Escuchan movimiento, a John le sorprende mirar al padre Samuel intentando subir las escaleras.
—También está drogado —le dice Sherlock tratando de explicar que, con dos balas en el cuerpo, el hombre aun esté de pie, John se quita la chamarra y se la entrega a Sherlock.
—Toma, cúbrete, voy a encargarme de él.
Al final no es necesario, cuando el padre Samuel llega a la parte superior de la trampilla el rostro de Lestrade aparece.
—Padre Samuel —dice Greg —somos Scotland Yard, no oponga resistencia.
Bueno hasta aquí, hemos atrapado al culpable, desvelado el misterio, rescatado al "damiselo en apuros" y ahora solo nos queda algo por saber ¿qué pasó realmente a Thomas Morgan?
Hola Ariniet.- Cuando escribiste en tu review "me transporté a mi adolescencia" me morí de amor. Me pareció tan lindo que lo hayas leído de esa forma. Mil gracias por eso. Ahora, respecto al Padre Samuel citando la Biblia, bueno, yo, como persona no religiosa pero creyente tengo que decir que estoy consciente que en la Biblia se pueden encontrar citas realmente oscuras y citas que son amor y bondad, no creo que haya solo una cosa, al final, aunque el Dogma diga que fue escrita por Dios, los hombres fueron quienes escribieron, interpretaron, tradujeron y siguen dando a conocer esas palabras, de modo que considero, esos escritos, esas interpretaciones y esas traducciones dignas de estar equivocadas, como también dignas de ser correctas. Es solo que un malvado, como lo es el Padre Samuel, es alguien que obviamente se enfocaría en un verso que le de la razón a su visión horrible de las cosas. No por eso quiero decir que todos los padres o que todos los religiosos sean personas malvadas, tampoco todos son bondadosos, al final, son personas, personas buenas, personas malas y personas regulares. Creo que el enfoque de todas debería ser hacer lo correcto, no por el miedo al castigo o porque alguien nos obliga, si no porque es lo correcto. Y como tu dices, si es amor entre dos adultos, con pleno consentimiento y no haces daño a nadie con ese amor, no creo que nadie tenga el derecho a juzgarlo. Me explayé demasiado, sorry. No sé en qué parte del mundo estás, pero sea donde sea, espero que todo vaya muy bien. No leemos pronto, un abrazo.
Y bueno, hasta aquí por hoy, nos estamos leyendo en una semana, para ver el desenlace de esta historia.
Adrel Black
