Hola a todxs, bueno, con este capítulo cerramos esta historia, no me quiero alargar, mejor charlamos al final.
Disclamer.- Todo pertenece a Sir Arthur Conan Doyle, a la BBC, a Moffat a Gattis y a un montón de personas de las cuales ninguna soy yo. Mía solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Para Violette Moore, porque ella lo pidió!
Para Ariniet, por todo el tiempo que ha dedicado a esta historia.
La Ecuación De Dirac
por
Adrel Black
XIV
John está de pie en la pasarela del techo de la casa, en el enorme patio está el helicóptero en el que Mycroft y Greg llegaron para salvar la noche.
Ahora ha amanecido, Sherlock está en la habitación de John durmiendo; John se encargó de vendar sus heridas y pidió que le dejaran descansar un par de horas, tendrá resaca, seguramente, y habrá que mantener más de un ojo sobre él para asegurarse de que no recaiga luego de que Samuel le haya inyectado las anfetaminas que le dio. Fuera de eso ambos están fuera de peligro y se irán a casa pronto.
Mycroft se ha negado a tratar de encontrar las drogas que Taylor tiene, solo se llevarán a Samuel, a John no le gusta nada esa decisión, pero Mycroft, según dice, no puede meterse en más problemas contra la escuela. Además, como él mismo lo aclaró, seguramente aquel escándalo llevará a que la escuela desaparezca.
Ahora solo está aquí despidiéndose del lugar, fue un lugar lleno de cosas horrendas, pero también fue el lugar en el que su anhelo de estar con de Sherlock se hizo realidad.
—¿De modo que, John Watson? —suelta la voz de White acercándose a él y mirando al igual que John como la gente de Scotland Yard viene y va entorno a la Iglesia, John no fue consciente antes, pero ahora ve como a la luz de la mañana brilla su anillo de zafiro, su reloj y un broche azul que supone también será un zafiro en su corbata. —¿Tu y el Padre William…?
—Sherlock. —aclara John
—Claro Sherlock Holmes ¿tú y él…? —pregunta White.
—Si, él y yo.
—Vaya, —White se pasa la mano por la nuca —me parecías muy misterioso, —dice —ahora veo porque.
John le regresa la mirada, no hay nada en el hombre que delate el tipo de persona que es, parece solo un hombre adinerado, pero normal. ¿Acaso no lo parecen todos ellos? Hombres normales y corrientes. "La banalidad del mal" piensa John, esas pequeñas personas que no son grandes villanos en el esquema de las cosas, no están pensando en destruir el mundo, o en dominar la tierra, pero que son malvadas, simple y sencillamente porque quieren, porque pueden, porque no hay consecuencias, porque esa maldad les lleva más lejos.
—Debo irme —aclara John, pasando por última vez los dedos por la ecuación que está grabada en el demonio. Entiende el significado de aquella ecuación, lo entiende de manera profunda y asertiva, pero no está dispuesto a confirmar su postulado, no volverá, de forma alguna, a alejarse de Sherlock.
—Por supuesto Capitán. —John le da un asentimiento a modo de saludo —John… —le llama White —si las cosas entre ustedes no funcionan…
—Van a funcionar.
—Bueno, si alguna vez ustedes quieren experimentar algo diferente…
—Soy profundamente celoso —aclara John y sonríe al decirlo —no voy a compartirlo con nadie.
—Es una lástima… —dice White por último, John no dice más, solo da media vuelta y se aleja.
.o.O.o.
Han vuelto a Baker Street en uno de los autos de Mycroft, van ambos en el asiento de atrás muy serios, Sherlock lleva acunada entre sus manos la mano derecha de John, la que Samuel hirió.
Mycroft ha dicho que alguien estará esperándolos en Baker Street, ambos preferirían dormir en lugar de tener visitas, pero el mayor de los Holmes no entró en detalles.
Al cruzar el umbral la Señora Hudson está ya esperándolos con los brazos en jarras y riñéndoles sobre lo peligroso que es el mundo.
Sherlock, que parece mucho más suave de lo habitual, abraza a la mujer haciendo muecas cada que se mueve y la besa en la frente y las mejillas marchitas, John hace lo propio también y le da las gracias por esperarlos cada vez.
Luego la mujer les comenta que hay un joven aguardando en el salón.
Lo pueden ver desde que pasan el rellano, está sentado muy quieto en el sofá. Realmente es joven tal vez apenas empezando sus veintes, tiene el cabello rubio y los ojos azules, además de esa postura de las personas con dinero, va muy bien vestido, incluso un poco recargado para su edad.
—Soy Daniel Bradley, —dice cuando ellos entran en el salón, él extiende la mano con mucha educación y estrecha con la de Sherlock y luego con cuidado la mano vendada que John le ofrece. —Mi padre me dijo que han solucionado el asesinato de Thomas.
Sherlock se deja caer en su sillón y John en el propio, el hombre vuelve a sentarse e interpreta el silencio como una invitación a seguir hablando.
—No sé qué tanto hayan descubierto, pero sea lo que sea, debo decir que Tom no merecía morir.
—Nadie aquí piensa lo contrario —aclara Sherlock, —si por lo que has venido es por su secreto, debes saber que nosotros no diremos nada, sobre ustedes.
—No, —aclara Daniel —en realidad quería asegurarme que es cierto, que fue el Padre Samuel quien lo hizo y que no podrá asesinar a nadie más.
—El padre Samuel, —comienza John, —pasará el resto de su vida en Pentonville.
—¿Fuiste tú quien grabó las ecuaciones? —pregunta Sherlock. —Eso me intriga. Ustedes estaban juntos, eran una pareja, ¿por qué esa ecuación?
—En realidad ya no éramos una pareja.
—¿Qué? —pregunta John.
—Él me amaba, yo nunca voy a dudarlo, pero su vocación era grande, estuvimos juntos una vez, fue cuando grabé la palabra amante en su pecho, fue un juego, estábamos demasiado felices y jóvenes y ese momento era casi como estar ebrio, como si no hubiera consecuencias, —con cuidado suelta su corbata, luego abre la camisa y retira la playera interior, se descubre el pectoral y muestra la palabra Amante grabada también, —pero después de aquello él tuvo una crisis, su fe y sus votos eran demasiado fuertes para abandonarlos y entonces decidimos que ni siquiera teníamos que estar juntos para amarnos, que íbamos a amarnos igual, incluso lejos. Planeaba quedarse en la parroquia el tiempo que yo permaneciera en la escuela, luego yo me iría a la Universidad de Durham y con los contactos de mi padre pediríamos su traslado a la Catedral del lugar. No importaba que no estuviéramos juntos, no importaba que no fuéramos amantes o no pudiéramos pasear de la mano por la calle. Aquello no hacía que lo que sentíamos fuera menos fuerte, ni menos poderoso, grabar aquellas ecuaciones fue una promesa de que lo que sentíamos era algo que estaba incluso escrito en la naturaleza.
John siente que se le oprime el pecho ante aquellas declaraciones, entiende perfectamente al chico, el mismo estaría dispuesto a corretear de por vida tras Sherlock aun y cuando no pudieran estar juntos, jamás le dejaría, nunca. Seguiría a su lado como una constante, para siempre.
—Pasábamos mucho tiempo juntos, leyendo o solo paseando, no era nada excepcional, era lo que podrían hacer dos amigos, luego le mataron.
—Lamentamos profundamente tu pérdida —aclara Sherlock.
—Mi padre me dijo todo lo que hicieron a Tom, me dijo lo mucho que sufrió —se pone de pie, tiene los puños apretados, pero parece listo para irse. —Solo quería agradecer que su muerte, realmente sea considerada lo que fue, un asesinato de parte de un hombre incapaz de entender que el amor puede sentirse de muchas maneras.
Sherlock asiente y John a la vez, luego el hombre solo susurra un "gracias" y abandona la estancia.
Sherlock se pone de pie y mira por la ventana, como Daniel Bradley, abandona el 221, John se acerca también.
—¿Qué piensas? —pregunta el doctor.
—Él definió su amor en términos cuánticos, —responde el aludido —ahora yo pienso en él, no como una partícula cuántica, sino como un satélite que perdió su planeta.
—Se recuperará —responde John pero sus palabras suenan dudosas, casi como más a tono de pregunta.
—No lo creo.
John mira a Sherlock, el perfil recortado contra el color de las cortinas y contra la luz que se filtra por la ventana, él nunca se recuperaría de perderlo, sería un dolor más allá de lo manejable.
Sherlock vuelve la vista hacia él, tiene los ojos melancólicos, se agacha un poco y pega la frente junto a la de John.
—Yo tampoco lo creo —responde el Doctor. —Yo no lo lograría.
—Por suerte no tenemos que averiguarlo.
—¿Crees en Dios? —pregunta John.
—No lo sé, —Sherlock vuelve la vista hacia la ventana de nuevo, hacia la calle Baker, —definitivamente creo que hay algo más.
—Yo creo que nos trajo hasta aquí, que nos llevó hasta esa escuela y que lo que aprendimos fue su designio.
—Eso implicaría que también fue designio que asesinaran a Thomas Morgan.
—Tal vez Él solo nos envía hacia los lugares pero las decisiones y los aprendizajes vienen de nosotros.
Sherlock vuelve la vista y sonríe, los ojos aún están melancólicos, pero también tienen un dejo de alegría, es la mirada de alguien que ha visto cosas realmente malas y que aún conserva la esperanza.
—Me gusta esa idea, me gusta la idea de que decidiste estar conmigo.
—Hace años que lo decidí Sherlock, es bueno que por fin te des cuenta.
Sherlock no dice más, solo desliza su mano en la de John y se permite disfrutar de la calma de aquel momento.
Y fin...
Eso es todo amigxs.
Me deja un sabor agridulce, ¿a ustedes también?
Ahora unas cosas que tengo que decir, Nuestra Señora de la Soledad es el nombre de la Iglesia en la que me casé hace ya algunos ayeres, solo me pareció lindo que apareciera por aquí, aunque no se parece a la de esta historia. La Iglesia en la que está basada la descripción de esta historia incluido el vitral sobre el altar y la escultura de San Miguel son de la Iglesia St. Mary y St. Finnan en Escocia. Los personajes de Thomas Morgan y Daniel Bradley, o al menos sus descripciones están basadas en Colin Morgan y James Bradley, que son Merlín y Arturo de la serie Merlín de la BBC. Una vez al año mis sentimientos Merthur regresan y vuelvo a ver esa serie y vuelvo a llorar por ellos y vuelvo a soñar que al fin Arthur a vuelto y Merlín y él están juntos, y vuelvo a leer metas y fics y a ver fanarts y fanvids y luego se me pasa, y con el tiempo el ciclo comienza de nuevo. *yo y mis traumas*
Hola Ariniet.- Gracias a ti, por seguirme en toda esta loca historia, de verdad estoy muy agradecida. Yo soy del Norte, ya sabes, el Estado con nombre de perro ;). Espero que te haya gustado el final, que lo hayas disfrutado, te lo dedico con mucho cariño por echarme porras semana a semana. Te mando un abrazo y ánimo para ti también. Muchas gracias por tanto.
Y bueno, a todos quienes han leído esta hsitoria, la han disfrutado y les ha movido las fibras sensibles. Les mando un abrazo, que estén muy bien.
Adrel Black
