¡Hola! Gracias por la espera, estoy trabajando en otro proyecto (la versión de Infieles novelizada) y me consume mucho tiempo, pero ya pronto la sacaré a la luz. Si os interesa y queréis seguirme, mi instagram es esth.199

Espero que os guste este capítulo y ya me contaréis vuestras impresiones. ¡Un abrazo! :)


Disclaimer: Ni la serie Naruto ni sus personajes o escenarios son míos, pero sí la trama de esta historia. No doy permiso para usarla y cualquier reproducción la consideraré plagio.

Advertencia: Spoilers del 614-615. Violencia, sangre y tripas.


5

El enmascarado saltó de árbol en árbol hasta el hospital de Konoha. Tenía la misión de destruir a ese Hyuuga, pero le desconcertaba que siguiera vivo si la misión era de destrucción de cadáveres. Así que por ahora, lo más urgente sería llevar a Hinata Hyuuga a que le trataran las heridas.

Al llegar a su destino, se dirigió directo al área de urgencias y uno de los médicos ninja se dirigió a él con presteza para atender a la herida Hinata (que para entonces ya estaba desmayada por la pérdida de sangre) pero él lo rechazó, buscando a otra persona con la mirada.

—Quiero a Sakura Haruno para esta tarea.


El ANBU había realizado una copia de sí mismo que se dirigió a la torre Hokage para informar de toda la situación, a la vez que el original dejaba a Hinata en el hospital.

—Hokage-sama, tengo noticias sobre la misión de destrucción.

El Rokudaime levantó su vista de Icha Icha Paradise para posarla en el ANBU que acababa de aparecer.

—¿Y bien?

—Sé que mi orden era hallar y destruir el cuerpo de Neji Hyuuga, pero ya tengo la respuesta a por qué ha desaparecido y por qué va a ser imposible eliminarlo.

Kakashi le miró desde detrás de su mascarilla, levantando una ceja.

—¿Qué pasa?

—Sigue vivo.

—¿Qué? –el hombre dejó su libro en la mesa—. Pero si los médicos certificaron su muerte.

—Pues yo lo he visto bien vivo, y Hyuuga Hinata fue atacada por él; también me dijo que debía salvar su vida.

El Hokage siguió escuchando con atención todos los detalles de su encuentro y cómo había llevado a la primogénita del clan Hyuuga al hospital para dejarla a cargo de la ninja médico con la que tenía más confianza. Cuando el ANBU se marchó, se quedó pensando. Recordó el día en que habían tratado de destruir el cuerpo de Neji, que había sido enterrado el mismo día que habían vuelto.

Uno de los trabajos de un ANBU era destruir los cuerpos de los ninjas muertos para eliminar así cualquier forma de perjudicar a la aldea. Normalmente los clanes quemaban a sus fallecidos, pero alguien había decidido que el genio sería enterrado. Cuando quisieron usar sus técnicas para eliminar el cuerpo, no pudieron producirle ningún rasguño. Lo intentaron incendiándolo y con técnicas que hubieran asqueado a la mayoría de civiles, pero era como si el cadáver fuese poseedor de una maldición que lo hacía indestructible. Optaron por dejarlo como estaba y mantenerlo vigilado.

¿Y ahora estaba supuestamente vivo? Aquello se escapaba de su conocimiento.

Sacó un pergamino de uno de sus cajones y escribió y mandó a uno de sus perros ninja para que avisara al primer grupo de Jounin libre: Si Hinata había sido encontrada en tan mal estado, debía comprobar que el clan Hyuuga estaba en buenas condiciones.


La médico realizó un chequeo completo de todo el cuerpo con un chakra verdoso que salía de sus manos. Lo hacía tan natural como respirar. Hinata estaba demasiado pálida. El ANBU se encontraba a su lado.

—Ha perdido una cantidad increíble de sangre —dijo cuando terminó —.¿Qué ha pasado?

—La estaba mordiendo justo en la herida, como un animal.

Sakura le miró impávida y un escalofrío le recorrió la espalda. Sabía que detrás de la máscara se escondía Sai, y no supo si se estaba burlando o siendo serio.

—¿Quién?

Pero Sai no respondió y se dispuso a marcharse. Antes de salir, se giró y le habló:

—Mantenme informado, Sakura.

Sakura tensó los puños mientras le veía marchar. Sai pensaba que podía mandarle así sin más sin recibir más información de por qué esa chica tenía esas heridas. Como médico, necesitaba saber qué las había producidocomes preocupaba como amiga, aunque la suya no fuese una amistad de larga duración.

Muy decidida, la médico se dispuso a trabajar con las heridas. Cuando acabase de allí, pensaba ir con Kakashi-sensei y preguntarle si sabía algo de lo sucedido con Hinata.


Cuando un grupo de jounin llegó a revisar los terrenos Hyuga, el silencio era ominoso. Nada parecía fuera de lugar pero había una sensación de tensión en el aire, como si de un momento a otro fuese a suceder algo.

Sin embargo, terminaron yéndose porque todo parecía correcto, sin ver a Hanabi, que soltaba lágrimas de impotencia mientras aquel ser le tapaba la boca, coartando la única posibilidad de pedir ayuda.


Hinata pasó parte del día siguiente con fiebre y sus signos vitales como tensión y latidos del corazón eran tan bajos que Sakura temió por su vida. Le habían puesto una barbaridad de transfusiones sanguíneas y de plasma, y aún así la fiebre era intensa y no bajaba.

Al analizar su sangre, en el laboratorio se habían dado cuenta que sus glóbulos blancos, los defensores del sistema inmune, estaban aumentados y se defendían probablemente de una infección. Y había algo más: la sangre de Hinata producía unas células extrañas que jamás había visto y no sabía exactamente por qué.


Apenas se dio cuenta que podía usar sus habilidades ninja, Neji realizó un jutsu de cambio de aspecto y se encaminó al hospital para poder ver a su prima. Se sentía con plenas capacidades, capaz de controlar su sed. Sin embargo, cuando intentó entrar, no podía. Simplemente le era imposible traspasar más allá de la puerta. Una fuerza invisible estaba ante él y le impedía pasar.

—Ey , qué haces ahí parado, entra —le dijo una ninja médico desde dentro—. Los pacientes no se curan solos.

Fue como si se descorriese un cerrojo, la barrera se borró y pudo pasar al fin Así aprendió que solo podía pasar a un lugar al ser invitado o bien si era su propia casa.

Se concentró para tratar de sentir a Hinata. Sabía que estaba allí, pero no el número de habitación. Al final, halló su chakra, pero estaba tan débil que temió por ella. Subió como un rayo y al entrar, la vio conectada a unas máquina que dejaban ver unos números alarmantes por lo bajos. La máquina pintaba débilmente y ella estaba blanca como las sábanas que la cubrían.

Por instinto, se acercó y supo exactamente lo que hacer.


Entre las brumas de la inconsciencia, Hinata sintió la calidez de una piel y un líquido que tocaban sus labios y se introducían en su boca. No estaba segura de qué era, pero la reavivó lo suficiente como para abrir los ojos y distinguir una silueta borrosa cerca de ella.

Y sin poder evitarlo, arrastró sus débiles manos hasta esa piel y bebió con avidez ese "agua" que le ofrecían. No supo durante cuánto tiempo, pero notó sus mejillas colores, su debilidad irse y finalmente quedar dormida en un sueño reparador que no duró demasiado, pero que a ella le pareció casi como dormir antes de la guerra , sin ninguna pesadilla sobre la muerte de compañeros o seres queridos.

Para cuando despertó, descubrió que sus manos estaban manchadas de sangre y su boca debía estarlo también, porque Sakura corría hacia ella con cara de susto.


La noche había sido horrible y Hanabi tenía tantas ojeras que parecía un oso panda. Aquel ser se paseó de un lado a otro de la sala con tranquilidad. Detrás de la mujer estaba una temerosa Hanabi que terminaba de ser dejada en el suelo de forma violenta y Hiashi, con rostro serio.

—Sigue comportándote como hasta ahora, el Hokage no debe saber nada. Te dejaré vivir, pero si veo alguna tontería más como la que ha hecho esa hija tuya… —hizo el símbolo de cortar el cuello con un dedo—. Te agujerearé el cuello y me beberé toda tu sangre, ¿entiendes?

Hanabi compuso una mueca horrorizada, y se juró a sí misma que iba a encontrar el modo de acabar con esa mujer en algún momento.

Hiashi apretó los puños. No entendía, en el pasado su dulce madre no había tenido ese comportamiento tan cruel y sanguinario. ¿Por qué había cambiado tanto? La mujer pareció pensarlo por lo que le parecieron horas y Hanabi aguantaba la respiración.

—Madre, ¿por qué has venido ahora?

—Quien me liberó me dio la oportunidad de vengarme de quienes me encerraron. Quiero matar a cada uno de ellos y vaciarlos.

—Pero ya has matado a papá y a varios consejeros y miembros del bouke esta noche, ¿qué más buscas?

—Eso fue porque me atacaron, y sabían cómo hacerlo… —Hanabi recordó las estacas al oírla y frunció el ceño—. Pero hay algo más, ¿o acaso no recuerdas las leyendas que te contaba de pequeño?

—Jamás me las creí; pensé que solo querías asustarme con monstruos.

—Pero no eran leyendas, y pronto lo descubriréis.


Hinata abandonó el hospital pese a los regaños de Sakura sobre su salud horas antes, pero ella no podía perder el tiempo allí. Necesitaba encontrar respuestas. Sentía una vitalidad que le llenaba el cuerpo y casi supuraba desde su piel desde que despertó cubierta de sangre.

Se tapó los ojos con una mano para protegerse del sol, que daba fuerte a aquellas horas a pesar del frío del casi invierno. Al llegar, el complejo Hyuuga le pareció tan normal como siempre, pero un ambiente extraño envolvía el lugar.

Fue entonces que una mano la cogió de un brazo, y un grito no salió de sus labios de milagro: reconoció el rostro de su hermana, que la condujo a trompicones por entre los árboles de un pequeño bosquecillo en los territorios Hyuuga.

Entonces pararon, y después de mirar a ambos lados, la niña abrazó a su hermana como si no la hubiese visto en meses.

—Pensé que ese ser te había hecho daño, hermana —Hinata se dio cuenta que lloraba y la abrazó de vuelta.

—Tssh, n-no llores, Hanabi -chan —le acarició espalda—. ¿De qué ser me hablas?

—Padre te está buscando, ven y lo sabrás todo.


—Hinata… —su padre, sentado en la mesa baja de su despacho, mantenía una pluma en la mano y un pergamino en la otra cuando ella entró junto a Hanabi—. Tomad asiento las dos. Como mis herederas, debéis estar al tanto de ciertas cosas.

—Hija, sé que alguien te atacó , y ese alguien es tu abuela paterna, Himiko.

—Pensé que había muerto cuando eras pequeño.

—Eso pensaba yo, pero ayer la vi viva y mató a varios miembros del bouke. Hanabi es testigo.

Hinata se quedó helada en su lugar.

—¿Los mató?

Su padre se levantó y de un cajón escondido en la pared, sacó un libro que guardaba polvo, como si no lo hubiesen abierto en muchos años. Era un tomo enorme que no cabía en la mesa, así que lo dispuso en el suelo y ellas se acercaron a mirarlo de rodillas. Lo abrió sin sacudir el polvo que cayó al tatami, ensuciándolo. Su padre pasó las páginas: había todo tipo de dibujos de seres, insignias de los clanes de Konoha, y él paró en el lugar correspondiente al clan Hyuuga. Hanabi leyó lo que le indicaba su padre con el dedo.

"Cuenta la leyenda que los dioses que crearon la vida amaban tanto su creación, que algunos otros kami tuvieron envidia y decidieron maldecir a algunos de esos humanos. Solo podrían vivir en la noche, beberían la sangre de sus congéneres y tendrían unas características físicas que les impedirían relacionarse con los humanos comunes.

Entonces, la diosa de la misericordia se apiadó de ellos y les dio el poder de que podrían aguantar la sed si encontraban a su ser predestinado. Además, limitó la maldición a unos pocos clanes en el mundo. Estos seres fueron llamados bebedores por el común de las gentes o "Jiang shi".


Himiko tanteó la tierra fresca donde habían sido enterrados los Hyuuga recién fallecidos. No tardaría mucho en darse el proceso, dado que habían perdido toda su sangre (ella la había consumido) y eso daba pie a que estuviesen listos antes.

Palmeó una de las lápidas y se levantó, sacudiéndose las manos. Pronto la división del bouke y el souke ya no tendría sentido, porque todos tendrían la misma sed de sangre.