Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.
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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!
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Maullidos a la Luz de la Luna
(Reto Marichat para el mes de Mayo)
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Día 25: Estudiar
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La noche era estrellada. El cielo, amplio y de una tonalidad azul oscuro se retorcía en una espiral de lucecitas brillantes y aromas deliciosos hasta cubrirlo todo con su manto nocturno.
Por fin pensó feliz Chat Noir, que surcaba los cielos con energía y entusiasmo. El sonido de su bastón sobre las cornisas era como el apresurado latido del corazón de un roedor.
¡Soy libre! canturreaba su mente entre salto y salto. Estiraba sus articulaciones, llenaba sus pulmones de aire fresco y puro y a veces, se le escapaba una risita eufórica.
Había sido un día largo. Repleto de las mismas y aburridas actividades de cada día, con las mismas y repetitivas órdenes que escuchaba una y otra vez. En las sesiones de fotos (ahora mira aquí, sonríe más, ¡ese perfil no, el otro!) En sus clases de dicción para los comerciales (¡No arrastres la ese al hablar!) en las de Chino (¡Repite la oración más despacio!), las de esgrima (¡Estira las piernas), las de piano (¡Otra vez desde el principio!), en las pruebas de vestuario (Ahora ponte la camisa azul, no, la verde. Con esos zapatos, no, con las chanclas…)
Bufó sin poder evitarlo solo con acordarse.
Los días parecían no acabar nunca para Adrien, y justamente eso era lo que Chat Noir ansiaba con más ganas; el final del día. Soportaba las horas interminables, obedeciendo lo mejor posible, para que el tiempo pasara más rápido, siguiendo el tortuoso avance de las manecillas del reloj que le acercaban hasta la hora de la cena.
Tras la cena, la espera se hacía más llevadera. Entonces le atacaba esa dulce anticipación; el nerviosismo, el cosquilleo en el estómago, el placer de imaginar lo que vendría.
Medianoche.
Era la hora mágica. Cuando daba la última campanada, a diferencia a lo que decían todos los cuentos, él se transformaba y podía salir corriendo hacia su otra vida. La que se estaba convirtiendo en su vida auténtica, la que realmente esperaba y disfrutaba. Y vivía con intensidad.
Por eso no podía perder un minuto. Su mente, llena de ideas, le espoleaba a moverse más rápido para alcanzar el café y aprovechar cada instante de libertad, cada instante con Marinette.
Al fin, vislumbró el edificio y sus ojos, aún más veloces, encontraron la pequeña figura oculta en el callejón y su pecho palpitó con regocijo. Cayó con suavidad tras ella y cuando la chica se volvió le dedicó esa sonrisa; la que él ansiaba ver durante todo el día pues, aunque coincidieran en clase, esa era una sonrisa especial que solo veía por las noches.
Marinette no se la dedicaba a nadie más en el instituto, ni siquiera a él mismo.
Adrien no la disfrutaba, pero Chat Noir, sí.
Henchido de alegría, casi saltó sobre ella para abrazarla. La estrechó con ganas y Marinette soltó una risita por la sorpresa. Pasó sus manos por la espalda de la chica, las bajó por su cintura y apoyó la cabeza sobre la de ella antes de bajarla buscando sus labios. Todo el día esperaba ese momento, el instante del reencuentro cuando las emociones explotaban como fuegos artificiales en su cuerpo. En clase, Adrien tenía que reprimir sus impulsos románticos y en ocasiones era muy duro fingir que seguían siendo solo amigos, pero él sabía que era necesario y que lo compensaría después, cuando se volvieran a encontrar.
Aunque tal esfuerzo cada vez le pesaba más. En los últimos días, se había estado preguntando, más a menudo de lo que era conveniente, qué sentía Marinette por su otra parte.
¿Qué pasaría si algún día descubría su identidad? ¿Llegaría eso a ocurrir? En realidad no lo sabía, pero una parte de él deseaba que sí. ¿Era tan descabellado que quisiera decírselo y que no hubiera más secretos entre ambos?
Solo son ideas tontas se decía, después, para tranquilizarse. Pero poblaban su mente cada vez con más insistencia.
Marinette acarició su rostro con dulzura y entonces él, trató de cogerla en brazos para subirla a la azotea, pero ella se escabulló.
—¡Espera! —Se dio la vuelta y agarró una abultada mochila que estaba en el suelo.
—¿Y eso? —preguntó él, confuso—. Demasiada comida, ¿no crees?
—No es solo comida —respondió ella, divertida—. Son mis libros y apuntes.
. Mañana tengo un examen de química y voy muy retrasada.
¿Todavía? Pensó el chico.
—¿Y piensas estudiar aquí?
—Pues sí —determinó ella. Se echó la mochila al hombro y adoptó una expresión seria—. Me temo que esta noche tengo trabajo, gatito. No podremos jugar, ni hacer la siesta…
—¡Oh, pero eso es…!
—Y nada de mimos.
Las orejas de Chat Noir se estiraron al instante y su expresión se congeló.
—¿Cómo? —murmuró. La expresión de ella no flaqueó un instante. Ahora las orejas cayeron sobre su cabeza y sus hombros se hundieron—. ¿Nada de mimos?
—Tengo que estudiar.
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Chat Noir arrugó el ceño y también la nariz mientras devoraba la caja con galletas de mantequilla que Marinette le había llevado.
La chica se había parapetado en la mesa redonda. Había extendido sus libros, sus cuadernos y sus numerosos folios con apuntes para después imbuirse en un silencio poco prometedor. Y él, aburrido, se había puesto a comer, sentado sobre sus piernas, al otro lado de la mesa.
Él ya sabía que Marinette iba atrasada con ese examen.
Esa misma mañana, durante una hora libre que habían tenido por la falta de un profesor, todos sus compañeros habían salido al patio a pasar el rato pero ella se quedó en el aula estudiando. A Adrien le pareció una buena oportunidad para pasar unos minutos a solas, así que se acercó y cuando la vio tan nerviosa, se prestó a ayudarla.
Pero la cosa no fue muy bien.
En primer lugar, no fue la decisión más inteligente por su parte sentarse a su lado, casi pegado a ella, en vez de ayudarla desde su propio pupitre, pues eso hizo que su cerebro le jugara malas pesadas y se distrajera continuamente. Cuando le daba explicaciones sobre un problema o le recitaba una fórmula de química estaba bien, pero mientras esperaba a que ella lo resolviera, se quedaba mirándola y entonces… se perdía como siempre en sus ensoñaciones. En una ocasión la chica había estado a punto de sorprenderle oliéndole el pelo.
De todos modos, Marinette estaba a su vez tan nerviosa que no entendía nada de lo que él le decía. No paraba de caérsele el lápiz, y tenía que leer las preguntas más de una vez para centrarse. Ella también parecía muy distraída, cosa que le sorprendió.
Chat Noir torció la cabeza, llenándose la boca de galletas.
Ahora parece más centrada se dijo. Pero todavía, estresada y él detestaba verla así pero… también se sentía decepcionado.
Se pasaba el día ocupado en tareas que no le gustaban y solo tenía esos momentos para disfrutar. Pero esa noche también iba a ser aburrida…
Chat Noir odiaba el aburrimiento.
Siguió comiendo, tratando de guardar silencio, hasta que su mano rozó el fondo de la caja y extrañado, bajó los ojos para encontrarse solo con migajas.
—¿Ya te las has comido todas? —preguntó Marinette, levantando los ojos un momento.
—Ah… parece que sí —Ella chistó y movió los ojos—. ¿Qué?
—Nada… —Una sonrisa burlona bailó en sus labios—. ¿Sabes que es típico de los gatos comer más de la cuenta cuando están aburridos?
El chico dio un respingo, estirándose en la silla y soltando la caja en el suelo.
—Eso también es habitual en algunas personas —replicó él con el rostro algo colorado. Se frotó las manos y apartó las migas que habían quedado en su regazo, al tiempo que se estiraba—. ¿Cuándo harás un descanso?
—No tengo tiempo para descansos.
—¡Oh, venga!
—Lo siento, Chat —Le dijo, regresando sus ojos resplandecientes a los libros—. ¡Voy súper retrasada! ¡Y si suspendo este examen será un desastre!
Reconoció ese tono agudo en su voz que era tan potente que incluso vibraba al final de las sílabas y que iba asociado a un estado de nervios que podía ser temible, así que no insistió más.
En vez de eso se puso en pie, haciendo una mueca y empezó a dar vueltas por la azotea en busca de algo que le distrajera.
Así que los gatos comen más cuando se aburren se dijo, frotándose el estómago. Su princesa no tenía un gato como mascota así que… ¿cómo lo sabía? ¿Habrá estado estudiando el comportamiento de los gatos por alguna razón?
Al principio, esa posibilidad le hizo gracia e incluso se giró con una mano alzada para hacer un chiste. Pero luego dudó, pensándoselo mejor.
A pesar de su prodigio él seguía siendo humano. ¡Marinette no necesitaba estudiar a los gatos para comprenderle! Aunque lo cierto era que cuando pasaba mucho tiempo dentro del traje de Chat Noir notaba una suerte de instintos e impulsos que le resultaban naturales, pero que luego le avergonzaban cuando volvía a ser él mismo.
Como ronronear se recordó. Aún le daba vergüenza al recordar cómo descubrió que poseía tal habilidad.
Resultaba agradable cuando Plagg se hacía un ovillo sobre su pecho y ronroneaba mientras él le acariciaba la cabeza, pero en él… sospechaba que la imagen desde fuera no sería tan encantadora.
Se acercó a la estantería que había contra el muro y se quedó repasando los objetos que allí había, mientras se preguntaba sin demasiado interés qué otras cosas harían los gatos cuando se aburrían.
—¿Quieres que ponga música relajante? —Se le ocurrió, de pronto—. Puede que te ayude a concentrarte.
—¡No, los ruidos me distraen!
Hablaba de manera más aguda todavía, y también más deprisa.
Esa no es buena señal…
Chat Noir volvió a arrugar la nariz y repasó los discos con la mirada y la punta de su garra, uno a uno, haciendo pequeños cortes en el canto. Por alguna razón, le resultó divertido. Eran discos viejos, con cientos de grietas en las caratulas, y que no tenían gran significado para él, así que continuó.
De ahí pasó a los libros. Fue repasando las cubiertas y los lomos hasta que sintió el impulso de tirar uno al suelo. Cuando este se estrelló contra el cemento se le escapó una sonrisa, así que lo repitió.
Lo hizo unas cuatro veces, hasta que Marinette habló.
—¡¿Se puede saber qué haces?!
Chat Noir parpadeó, volviendo en sí como si saliera de un ligero trance o un sueño. Se miró la mano y los volúmenes esparcidos por el suelo. Miró a la chica que le observaba con las cejas arqueadas y expresión confusa.
—Eh… no sé —contestó con sinceridad. ¿Por qué había hecho eso?—. ¡Perdón!
Se agachó a toda prisa y los recogió para devolverlos a su lugar.
Decidió, entonces, alejarse de la estantería y seguir paseando por la azotea.
Se balanceó unos minutos en la hamaca con los ojos cerrados, pero sin sentir el calor y el peso de la chica sobre su cuerpo la somnolencia no acudió, así que contempló el cielo. Nada pasaba, nada cambiada. Era como mirar una postal o una imagen en el ordenador.
Qué aburrido.
Saltó al suelo y se propuso recorrer el borde completo del edificio haciendo equilibrios con su bastón. Lo repitió cinco veces, pero iba tan rápido que incluso se mareó. Así que se tumbó sobre el césped artificial y estiró su cuerpo…
Pero seguía aburrido.
Odio el aburrimiento pensó.
Regresó donde la chica y se sentó en una silla a su lado.
—¿Cómo vas?
—¡Fatal!
Abrió la boca para hablar, pero en seguida la cerró. Había sentido, de nuevo, el impulso de prestarle su ayuda. Las ciencias se le daban bien, pero por lo visto no era muy buen profesor. Lo último que quería era confundirla más ahora de lo que ya lo había hecho en el instituto.
Guardó silencio durante un rato, sin apartar los ojos de ella.
Y sin darse cuenta, empezó a estudiarla. No fue del todo consciente de la atención que ponía a sus gestos y expresiones, hasta que se encontró a sí mismo analizándolos y sacando conclusiones a partir de ellos.
¿Por qué lo hacía?
Aunque sentía que la conocía mejor que a nadie en el mundo, aún había cosas de ella que le extrañaban. Como la diferente disposición que mostraba a la hora de enfrentarse a las cosas cuando era Marinette y cuando era la heroína. Y también (sobre todo) el modo tan dispar en que lo trataba a él cuando llevaba la máscara y cuando no.
Clavó sus pupilas en ella y, para empezar, se fijó en lo más obvio; Marinette había soltado el bolígrafo y el cuaderno, y los miraba con los brazos fuertemente cruzados sobre su pecho.
Está claro que todo lo que hay en esas hojas la disgusta se dijo. Y fue todavía más claro cuando ella resopló y se echó hacia atrás, pegándose lo más probable al respaldo de la silla. Lo que quiere es huir de todo eso.
Siguió con un movimiento rápido de ojos de un lado a otro y con unos toquecitos que hacía sobre su boca con la punta de sus dedos. No estuvo seguro pues no era un gran experto, pero Marinette parecía cada vez más nerviosa.
—Oye… ¿quieres que te prepare una infusión relajante?
—¡No, que me entra sueño!
Su voz se estaba volviendo más alta y más aguda por momentos, además las palabras se le amontonaban por la velocidad a la que hablaba. Dentro de poco podría ver humor saliendo de su cabecita.
Se centró en captar los detalles más sutiles que revelaban, sin lugar a dudas, el estrés que la chica soportaba. Observó la curva de su mandíbula, apretada, e iluminada por la blancura de los focos cuando inclinaba el rostro sobre el papel. El cuello estaba tenso, encogido entre los hombros que se alzaban como dos picudas montañas y fruncía el ceño cada vez con más fuerza.
¡Y sus piernas!
Le temblaban tanto por debajo de la mesa que esta se agitaba con violencia sobre el suelo.
Chat Noir resopló, agobiado, y aunque sabía que no serviría de nada, se acercó a ella y le tocó en un hombro. La chica dejó de temblar, se paró en seco y le miró con graciosa estupefacción.
Todavía estaba fresco en su memoria lo que había pasado esa mañana, lo mucho que le había costado que la chica aceptara su ayuda pues ella se había resistido una y otra vez, diciendo que no quería molestarle, y que debía salir a divertirse con los demás.
Su Lady como siempre, queriendo hacerlo todo sola y por su cuenta.
Deslizó la mano por sus hombros y la espalda, notando la rigidez de sus articulaciones debido al cansancio y a la ansiedad. Se inclinó sobre la mesa, fingiendo que echaba un vistazo entre los papeles.
—¡Oh, esto es parecido a lo que yo di en mis clases hace un tiempo! —exclamó él. Su voz se volvió dubitativa—. Si quieres… puedo ayudarte con…
—¡Sí, sí, ayúdame! —respondió ella de inmediato. Sus ojos abiertos, sus labios dibujando un arco triste—. Por favor, Chat Noir, no entiendo nada.
—¿Ah… sí? ¿Quieres que te ayude?
¡Pero si esta mañana…!
—¡Sí, por favor!
Más animado, se sentó a su lado y revisó los apuntes para ver por dónde iba. ¡Qué extraño! Ese cambio de actitud tan marcado… Chat supuso que se debía al poco tiempo que faltaba ya para el examen y a que ahora la presión era mayor.
¿No será por mí? Se preguntó, no obstante, cuando esa idea apareció súbitamente en su mente. No se le ocurrió razón para ello… ¿Rechazar la ayuda de Adrien para aceptar la del héroe? Sería inexplicable.
No, era por el tiempo. Seguro.
—Verás, este problema por ejemplo… —Comenzó. Lo leyeron juntos y después él le explicó la manera más simple para resolverlo. Le apuntó las formulas necesarias y después, con el corazón encogido, le preguntó—. ¿Lo has… entendido?
Temió que ella le mostrara la misma expresión de incomprensión de esa mañana y fracasar por segunda vez, pero entonces ella sonrió al tiempo que su ceño se relajaba.
—Creo que… ¡Sí! —anunció. Bajó la cabeza y garabateo unos cuantos números, siguiendo los pasos que él le había indicado. Le mostró el resultado obtenido—. ¿Está bien?
—¡Sí, lo está!
Marinette resopló, expandiendo su pecho y por fin surgieron los coloretes en sus mejillas.
—¡Menos mal! —Continuó con el siguiente problema del temario y Chat Noir meneó la cabeza.
—Fantástico… creí que era un terrible profesor…
—¿Por qué?
—¡Pues porque…! —La miró y se contuvo antes de meter la pata—. Ah… no sé —añadió una risita, tocándose el cuello—. Solo era una suposición.
Marinette se encogió de hombros y retomó la tarea.
Ahora brillaba en su rostro una expresión ligera, esperanzada. Su sonrisa alargada aunque suave, sus ojos bien abiertos, estirada sobre la silla pero con los pies clavados al suelo, con confianza.
El chico se recostó en su silla sin apartar los ojos de ella y contempló cada uno de estos detalles, complacido, profundamente satisfecho, degustando esa sensación tan placentera que le llenaba cuando se sentía útil para alguien.
Cada vez que seguía las órdenes de su padre tenía una sensación parecida, solo que más leve y desangelada. Aun así era todo lo que podía obtener y se había aferrado a ella durante años. No era mucho, pero sentir la gratitud de su padre era más fácil que sentir su cariño.
Gabriel Agreste no era dado a mostrar sus sentimientos.
Con el tiempo, Adrien llegó a pensar que para él era más fácil inspirar eso que cariño o simpatía en otras personas. La gente, por lo general, se mostraba amable y dispuesta cuando le conocían, pero eran sentimientos superficiales que no llegaban a germinar y tras estudiar sus opciones, el chico apostó por ser útil y complaciente siempre que pudiera. Porque cuando complaces a los demás, ellos se muestran felices y tú eres recompensado con la satisfacción de sentirte necesario para otros.
Aunque ser necesario para alguien, no es lo mismo que ser querido por alguien.
Eso cambió al entrar en el instituto y hacer amigos de verdad; Adrien sentía su amistad y aprecio como verdaderos. Y ahora además…
Sonrió más ampliamente mirando a la chica.
Marinette le quería, hiciera lo que hiciera o incluso si no hacía nada, podía sentir el amor de la chica hacía él. Igual que él suyo por ella. Y gracias a eso, Chat Noir había descubierto que cuando ayudas a alguien que ya te ama de manera desinteresada, lo que obtienes a cambio es un tipo de placer más puro y especial que la simple gratitud, algo que no se parecía a nada que hubiera sentido antes.
Quizás por eso se había empeñado tanto en ayudarla esa mañana y se había sentido tan mal al no conseguirlo. Puede que incluso hubiera ido esa noche al café tan impaciente por verla, con tantas ideas y planes cuyo único fin era el de divertirla y hacerla sentir mejor, por la misma razón.
Todavía había veces que olvidaba que no era necesario que se esforzara tanto.
Con el ser él mismo bastaba.
Se dedicó a seguir observando a la chica, estudiando y registrando el modo en que ahora parpadeaba con seriedad o como de vez en cuando se le escapaba una sonrisa al desentrañar una nueva fórmula. Memorizando cada expresión, no por nada, solo porque eso le hacía feliz.
No hacía falta hacer nada más. Cada instante a su lado, ya fuera como Adrien o como Chat Noir, era precioso y le llenaba el corazón.
—A ver, gatito, explícame cómo va esto…
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A la mañana siguiente, Adrien oyó los movimientos nerviosos de su amiga en el pupitre de atrás y fingiendo naturalidad y calma, se volvió hacia ella.
—¿Qué tal? —le susurró.
La profesora Mendeliev había comenzado a repartir los exámenes por la parte de arriba del aula, pero la clase era un hervidero de energía nerviosa y susurros contenidos.
Marinette dio un respingo y se encogió de hombros. Otra vez estaba nerviosa, presa de los temblores y la rigidez.
—¡Suerte! —le dijo y la sonrió—. Seguro que te sale bien.
Ella suspiró, pero le devolvió el gesto.
—Gracias.
La profesora apareció con mala cara y les mandó callar. Adrien se volvió hacia delante y cogió aire. Le pusieron la hoja delante y trató de concentrarse.
Primera pregunta leyó mentalmente. ¿Cuál es el peso atómico de…?
Se quedó en blanco. Ningún pensamiento acudió a su mente. Meneó la cabeza y, aún tranquilo, se lanzó a por la segunda.
¿Cuál es la fuerza de un objeto que cae a una velocidad de…?
Algo no iba bien.
Las fórmulas que había memorizado empezaron a acudir a su cerebro, pero antes de que pudiera verlas con claridad, el rostro de Marinette apareció interponiendose, tan bonito y adorable como siempre, con las mejillas sonrojadas y los labios apretados en un mohín…
Marinette pensó él, sonriendo. Entonces volvió en sí y sintió un escalofrío. ¡¿Qué me pasa?!
Se puso a leer la tercera pregunta y apenas la entendió. Se puso con la cuarta, con la quinta… ¡y nada! Cada vez que buscaba en su cabeza las respuestas lo único que veía era imágenes de la chica; sonriendo, con el ceño fruncido, apretando los labios, lanzando uno de sus graciosos resoplidos que hacían volar los pelillos de su flequillo.
¡Oh, no! Pensó él.
No había nada. Toda la información para el examen se había borrado. Había puesto tanta atención en estudiar los gestos y expresiones de su princesa que el resto de conocimientos… se habían desvanecido.
¿Qué voy a hacer ahora?
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¡Hola a todos y a todas!
Quizás ya pensabais que no, pero he vuelto, jejeje.
He estado unos días ausente, como habréis notado, pero no he dejado el reto, ni lo he pausado ni nada. Solo necesitaba un pequeño descanso y tomar los capítulos que quedan con un poco más de calma.
Estaba tan emocionada con el reto que deseaba escribir y subir cada capítulo en su día indicado *_* Y como lo iba consiguiendo, pues me emocioné más y sin darme cuenta dejé de hacer otras cosas que también son necesarias para que mi mente siga funcionando de la mejor manera posible. Los últimos capítulos, como os dije, me costaron más T.T Eran palabras que, por lo que sea, no me inspiraban tan bien como las primeras y, me ponía a escribir sin tener claro qué quería contar, por eso son más largos y liosos, jejeje.
Al final, me agobié. Y antes de que la cosa fuera a más, decidí a hacer una pausa para coger fuerzas.
Mi principal objetivo para este reto era llegar hasta el final. Y tenía claro que lo haría, aun cuando no pudiera seguir el ritmo y me retrasara un poco. ¡Y oye, llegué hasta el día 24, que no es poca cosa! Si en marzo o abril me hubieran dicho que volvería a escribir todos los días, y que en tan poco tiempo armaría un fic de más de 270 páginas, me habría parecido una locura.
Lo importante es, que el fic sigue adelante. No voy a obligarme a actualizar cada día si no puedo, pero seguiré haciéndolo. Quizás cada dos o tres días, lo que sea necesario también para que no decaiga la calidad de los capítulos.
Y bueno, eso es todo. Quería decirlo para que no os preocuparais; el fic continuará hasta el capítulo final, jejeje.
¿Qué os ha parecido el capítulo?
Estudiar… ¿A quién de aquí le gusta estudiar? A mí en su día no es que me desagradara del todo, pero tampoco es que me encantara, jajaja. ¡Y menos las ciencias! Era horrible en eso, así que la ansiedad de Marinette por los números está en parte inspirada en mí. ¡Ays, ojala yo hubiera tenido un profesor tan majo para que me ayudara! Jajajaja.
Espero que os haya gustado el capítulo ^^ Gracias por vuestros comentarios del último día; Manu (gracias por tus reviews, no es que sean molestas, pero como ya te comenté en "Luces Apagadas" yo soy fan del cuadro amoroso, así que el resto de ships no me inspiran mucho. Con Ranma y Akane me pasa parecido, todos mis fics son Rankane porque el resto de personajes no me inspiran igual), Arianne Luna, Nhymc9, Ialiceiamagodness, Karen Agreste, Ranma84, Mizuki0709 y Gabriela Jaeger (¿Nuevo nombre? jaja). Muchas gracias a todos por haber llegado hasta aquí ^^ y lamento estos pequeños retrasos.
Nos vemos en el siguiente
¡Besos para todos y todas!
-Erolady-
